CS #277 – Brinco rabioso

Cartas

El idioma inglés, entre otras cosas por su manera peculiar de construir palabras a partir de componentes más simples, se caracteriza por una gran riqueza léxica. Por ejemplo, el sufijo –manship, construido él mismo a partir de man (hombre) y la desinencia –ship, ésta de uso variable, como en los casos de scholarship (estudio o logro académico, aprendizaje de alto nivel, beca) o apprenticeship (período durante el que se es un aprendiz o el proceso de serlo). En algunos casos esta desinencia se refiere a una habilidad especificada por la raíz que la precede. Por caso, el término marksman (que emplea mark en el sentido de un blanco para puntería y se une, de nuevo, a man para designar a un tirador experto) da origen a marksmanship, que connota la destreza de un tirador experimentado y preciso.

Bien, la palabra inglesa brink se aplica al borde de un precipicio, al borde de un terreno justamente antes de convertirse en una pendiente empinada o vertical; de un acantilado, digamos. El inglés no se detiene allí; a partir de tal vocablo fabrica el concepto de brinkmanship, cuya definición ofrece el Oxford American Dictionary en los siguientes términos: “El arte o práctica de proseguir una política peligrosa hasta los límites de la seguridad antes de detenerse, especialmente en política”. (Obviamente, la palabra política se refiere en el primer uso a una política, como puede ser la política de salud o la política económica o la de seguridad. La segunda vez que aparece en la definición está referida al sentido convencional de la actividad de consecución y empleo del poder).

Este preámbulo se hace necesario porque el castellano no tiene un equivalente de brinkmanship, palabra precisa que describe la conducta reciente de Álvaro Uribe Vélez, quien ordenó la penetración de fuerzas militares colombianas, el sábado 1º de marzo a las cero horas veinticinco minutos (hora local), a territorio de Ecuador para una misión que concluyó con la muerte de Luis Edgar Devia Silva, alias Raúl Reyes, el segundo jefe de las FARC, y de otros dieciséis (o veinte) guerrilleros, además de la muerte del soldado colombiano Carlos Hernández. Una vez consumada la operación, Uribe levantó el teléfono e informó al presidente ecuatoriano, Rafael Correa, acerca de la violación de territorio, alegando que este hecho fue un caso de legítima defensa ante los disparos que los efectivos colombianos habrían recibido de los irregulares de las FARC tras la frontera de Ecuador. Por esta acción ofreció inmediatamente sus excusas. A continuación, y una vez ordenadas las movilizaciones de tropas de Venezuela y Ecuador hacia sus respectivos límites con Colombia, Uribe declaró que las de Colombia no harían lo mismo. Brinkmanship. Uribe llegó al borde del precipicio y se replegó.

………

Como era de esperar, Ecuador protestó de inmediato la incursión colombiana, violatoria de su espacio territorial. Más tarde, afirmó que de sus propias investigaciones in situ se desprendía que la relación colombiana no se ajustaba a la verdad. Según el gobierno ecuatoriano, los guerrilleros extranjeros estacionados en su territorio no habrían atacado a las fuerzas de Colombia, y que en cambio habían sido muertos en medio de plácido e inocente sueño. Correa se mostró más airado que al comienzo y, luego de consultas con Hugo Chávez, procedió a cortar relaciones diplomáticas con Colombia y movilizar efectivos militares hacia la frontera con este país, en ejercicio propio de brinkmanship.

Pero Colombia se asomó de nuevo al precipicio de la guerra. Aduciendo haber tomado posesión de tres computadores de Devia, mientras aquella movilización se iniciaba dijo haber encontrado en uno de ellos un informe del jefe guerrillero en el que se daba cuenta de una reunión suya con Gustavo Larrea, el Ministro de Seguridad Interna de Ecuador, en la que habría obtenido seguridades de que no sería molestado por autoridades militares o policiales ecuatorianas mientras se encontrara dentro de Ecuador con su tropa irregular.

Larrea se vio entonces impelido a admitir que se había reunido con Devia, pero declaró que el encuentro, sostenido en enero, se habría efectuado en un tercer país distinto de Colombia y Ecuador, y que los asuntos tratados no habían sido los expuestos por la policía colombiana. El ministro implicado aseguró que sólo había dialogado sobre la liberación de algunos rehenes en poder de las FARC y que había advertido a Devia que sus guerrilleros no debían ingresar a tierra ecuatoriana. (“Desde luego que incumplió la palabra”, dijo Larrea de un Devia que ya no está en capacidad de contradecirlo).

Es evidente que Colombia violó la territorialidad de Ecuador, como acaba de declarar (por aclamación) el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos. Pero estamos ante dos opciones, ambas muy problemáticas. La primera es que la verdad está del lado de Colombia (o, más bien, del lado de Devia): que el gobierno ecuatoriano toleraba la ocupación de parte de su espacio por irregulares colombianos. Esta opción es gravísima, naturalmente; implicaría que Rafael Correa ha tomado partido contra el gobierno de Colombia y a favor de su enemigo interno.

Pero la segunda posibilidad es que Ecuador dice la verdad, y que su gobierno ignoraba la presencia de un campamento guerrillero dirigido por Devia en su territorio. En este caso, la guerrilla colombiana ejercía uti possidetis de facto dentro de Ecuador. Dicho de otro modo, el grupo de Devia ejercía posesión de territorio ecuatoriano; ya la parcela en la que al menos dormían sus integrantes no era controlada por Ecuador sino por la guerrilla. Vista la cosa así, si el gobierno de Correa desconocía esta ocupación Colombia no penetró en territorio ecuatoriano sino en dominios guerrilleros, usurpados a Ecuador. Pero esta usurpación no ha sido en ningún momento reprobada por las autoridades ecuatorianas, mucho menos en los mismos términos tajantes, insultantes y airados que han sido dirigidos contra Uribe y sus colaboradores. Todavía no hemos visto, proveniente de Ecuador, una protesta iracunda contra las FARC, dirigida por ejemplo a Pedro Antonio Marín (alias Manuel Marulanda, alias Tirofijo o marksman), por el hecho de que serían sus fuerzas los originales violadores del territorio de Ecuador. Esta inconsistencia constituye una conducta que deja muy mal parados a Rafael Correa y su gobierno.

A mayor abundamiento, la doctrina del uti possidetis juris—originada por cierto en América Latina para curarse ante pretensiones europeas luego de la derrota de España en estas tierras, y para reducir la probabilidad de conflictos entre los estados que asumieron sus antiguos dominios—tiene su fuente remota en la noción romana de la posesión, distinta de la figura de propiedad. (La propiedad del terreno ocupado por Devia y sus secuaces, sin duda, es de Ecuador; no así lo era su posesión hasta el sábado 1º de marzo, cuando Colombia le hizo el favor de eliminar a sus presuntos usurpadores). Guatemala, por ejemplo, ha pretendido desde hace mucho que Belice, las antiguas Honduras Británicas, le pertenecería, y para sostener tal pretensión ha oscilado entre un principio de uti possidets juris y uno de uti possidetis de facto. Así lo revelan las siguientes palabras de Pedro de Aycinena, en su momento canciller de Guatemala, dirigidas a la Cámara de Diputados de su país (se traduce de la versión inglesa): “Al examinar esta situación, no podemos dejar de reconocer que el derecho que hemos alegado constantemente, como presuntos herederos de la soberanía de España, fue considerablemente debilitado, debido a nuestra falta de medios para tomar posesión de estos territorios que habían sido desertados y abandonados por España misma y subsecuentemente por nosotros. Más aún, tal derecho, enfrentado a una posesión real y el ejercicio práctico de soberanía [por Gran Bretaña primero y por Belice después], independientemente de los medios por los que fueron adquiridas, pudiera conducir a una discusión prolongada que, aunque soportada con algún fundamento por nosotros, no ofrecía ninguna esperanza razonable de éxito”.

En suma, Ecuador no puede alegar que ejercía control sobre el terreno ocupado por los irregulares colombianos, si es que quiere aducir ignorancia de su presencia; para reivindicar posesión—no la propiedad, por supuesto, que no se discute—tendría que admitir que los guerrilleros eran sus huéspedes.

Otrosí. Algún lúcido abogado ha ilustrado a doctorpolítico sobre un recoveco jurídico que ignoraba: la llamada “culpa de la víctima”, que gravita sobre una “compensación de las culpas”. Para usar su ejemplo, si una dama de edad avanzada muere al ser atropellada por un carro, estamos ante un caso de homicidio cuya culpa recae sobre el conductor del vehículo, así sea un caso de homicidio culposo, esto es, sin intención. Pero si la víctima se abalanzó imprudentemente a la calle vestida de negro y con el rostro embetunado, en una vía carente de iluminación durante la fase de luna nueva o bajo un cielo enteramente nublado, entonces hay una culpa en la víctima que “compensa”, en algún grado a determinar por el juez, la culpa del conductor y la atenúa. Como él mismo señala, habría sido una clara imprudencia de Larrea haber puesto su confianza en un personaje delincuente como Devia, quien “[d]esde luego incumplió la palabra”.

Otrosí. Si el gobierno de Colombia faltó gravemente, por la violación de territorio ecuatoriano sin advertir de su intención a Rafael Correa, igualmente grave es que el ministro Larrea haya sostenido conversaciones con Devia a espaldas del gobierno de Colombia, por más que ellas hayan sido para tramitar la “humanitaria” liberación de personas secuestradas por las FARC o para decidir la construcción de un templo dedicado a la Virgen del Putumayo. (Cuya existencia ignoramos). Ningún tercer estado tiene derecho a entrometerse en el difícil proceso que debe ser regido únicamente por el legítimo gobierno de Colombia, sin que éste le haya autorizado expresamente. El derecho no asiste a los entrometidos. Es asqueroso que un tercer gobernante cualquiera se inmiscuya en tan complicada cosa, con el fin de desacreditar al gobierno colombiano y presentarse a sí mismo como campeón de causas humanitarias.

………

Otro es el caso de la intromisión del gobierno “bolivariano”, a todas luces impertinente y desmedida. La resolución del Consejo Permanente de la OEA, ciertamente, declaró que “el hecho ocurrido constituye una violación de la soberanía y de la integridad territorial del Ecuador y de los principios del derecho internacional”, pero ni fue tan lejos como una condena de Colombia, ni aludió para nada a Venezuela. Sin decirlo expresamente, la organización multilateral ha opinado que nuestro país no tiene vela en tan literal entierro.

El brinkmanship de Chávez también ha salido a relucir. Chávez, el “brinkman” (en su caso, el hombre que se la pasa brincando), ordenó mayestáticamente la movilización de tropas hacia parte de la frontera con Colombia e interrumpió las relaciones diplomáticas con este país, no sin su acostumbrada descarga cloacal de insultos e injurias interesadas. (Como es de esperar, la mediocridad de su canciller, de su embajador ante la OEA o de una negatividad tan extraviada como la de Iris Varela, le han hecho coro. Esta última, bajo la creencia de que es una política muy atenta, amenazó con declarar traidores a la patria a los medios de comunicación que reportaran sobre los movimientos de tropa venezolana. Cuando el papá del Bush ahora encaramado desató la inexcusable invasión de Panamá en diciembre de 1989, el mundo entero supo de la operación a través de imágenes difundidas por CNN, que captaron la partida de los invasores desde el Fuerte Bragg. Hasta José Vicente Rangel ha salido a defender la obligación de nuestros medios de reportar nuestros movimientos militares).

Un editorial del diario Tal Cual ha conjeturado que la desmesura de Chávez se explica por su temor de que efectivamente el gobierno colombiano encontrara, en el campamento donde murió Devia, pruebas que le comprometieran, y por tal razón habría intentado picar adelante con una alharaca que fungiese como cortina de humo.

A esta explicación puede añadirse una observación simple. Uribe no autorizó la penetración de territorio ecuatoriano para apropiarse de productos agrícolas, o bienes muebles de cualquiera otra índole. No lo hizo para tomar posesión permanente de un trozo del suelo de Ecuador. Uribe ordenó a conciencia la grave violación para ponerle la mano a un criminal, común y de guerra, que era el responsable de todo género de atrocidades y delitos y se encontraba refugiado en santuario de Ecuador. Por supuesto, también esperaba capturar, como aparentemente lo hizo, información útil a la lucha que libra contra los irregulares. Que Chávez, entonces, haya ordenado una desproporcionada movilización militar, y haya ofrecido como justificación que tal decisión obedece al temor de que el gobierno vecino pudiera ordenar una incursión análoga en territorio nuestro, equivale prácticamente a la admisión de que en nuestro suelo es posible encontrar pretextos idénticos: la presencia de guerrilleros colombianos ante, al menos, la vista gorda de Chávez y su combo.

El gobierno de Uribe sostiene que “Tirofijo” se encuentra en Venezuela, en una finca aledaña al departamento del Norte de Santander. (En Táchira o el Zulia). La inteligencia brasileña tiene al líder máximo de las FARC como enfermo necesitado de atención médica de consideración, y si es verdad que Devia debió su muerte a una llamada de Chávez, tal cosa sería porque el reporte personal de éste sobre la más reciente liberación de rehenes tenía que hacerse al jefe real de las FARC, impedido Pedro Marín de ocuparse directamente de las cosas por causa de incapacidad física. Raúl Reyes era a Marulanda como Raúl Castro es a Fidel, al menos mientras el “Mono” Jojoy y otros competidores por la herencia de “Tirofijo” así lo toleraran.

Claro, la cosa se ha puesto más seria para Chávez. No tiene nada de “risible” la posibilidad de una acusación en su contra ante la Corte Penal Internacional, de cuyo estatuto constitucional (Estatuto de Roma) son signatarias tanto Venezuela como Colombia. El gobierno de Uribe dice tener pruebas de unas amplias connivencia, complicidad y cooperación del gobierno “bolivariano” con los irregulares de las FARC. Chávez dice no tener miedo, pero la espada de Damocles que Uribe ha colgado sobre su cabeza es mucho más ominosa que cualquier penetración de piquijuye por tropas colombianas en nuestro territorio, que es lo que Chávez dice prevenir, “amante de la paz” como sería, con sus ramplones ejercicios de guerra.

Rafael Correa y Hugo Chávez, pues, se han puesto ellos mismos en evidencia. Que la OEA no haya mencionado siquiera de pasada a Venezuela en su recentísima resolución sobre la crisis andina, no sólo dice que nuestro país no tiene competencia o interés en el asunto, sino que muy pocos quieren verse asociados ya con Chávez, al menos en el tema de las guerrillas colombianas.

El pueblo venezolano tampoco. Podía argüirse que en la guerra que ya no tendrá lugar Venezuela podía aspirar a una superioridad de ataque aéreo, o en materia de equipo blindado. Con lo que Chávez no iba a poder contar era con la moral de la población, el más importante de los factores de un esfuerzo bélico exitoso.

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FS #184 – Chávez hipotético

Fichero

LEA, por favor

Por estos mismísimos días se hace sentir muy mucho la falta de Alberto Garrido, el más experto y atinado de todos los chavólogos de este país. Inmerso con enjundioso método en la historia del chavismo, produjo importantísimos y profundos análisis de la revolución “bolivariana”, al punto que el propio Hugo Chávez admitiera públicamente que él era el más serio de los analistas políticos de la oposición.

Garrido esperó a que ocurriera el referéndum del pasado 2 de diciembre para morir, cuarenta y ocho horas después de su celebración. Conocedor como ninguno de los vínculos de Chávez con las FARC colombianas, habría sido el más agudo de los intérpretes del teatro de variedades en que se ha convertido la interacción de nuestro gobierno con el colombiano desde que aquél fuera despedido por Uribe de su cargo de mediador.

El promedio de bateo de Garrido en cuanto a predicciones de la conducta chavista y su entorno era particularmente alto, y su penetración asombrosa. Tan temprano como hace casi seis años ya preveía, por ejemplo, un papel destacado para Raúl Isaías Baduel. El 8 de julio de 2002, a menos de tres meses del “carmonazo”, la revista Newsweek certificaba: “El comentarista político Alberto Garrido cree que el cauto Baduel es una alternativa militar tanto ante Chávez como ante los golpistas”.

Si en algún área era Alberto Garrido un especialista es en materia de la guerra, y en particular en lo tocante a los objetivos militares del presidente Chávez. La Ficha Semanal #184 de doctorpolítico reproduce un artículo suyo, “Las hipótesis de guerra de Chávez”, del 7 de agosto de 2006. Su lectura resultará altamente oportuna en estos momentos de ruido de sables, recrudecido a raíz de la acción colombiana en violación de territorio de Ecuador.

El texto desarrolla con más amplitud consideraciones ya anticipadas en entrevista que concediera a Casto Ocando, de El Nuevo Herald, el 9 de octubre de 2005. Francisco Toro, al reproducir en inglés la entrevista en su agudo blog, hace un tributo inicial al desaparecido estudioso en los siguientes términos: “…Garrido se ha tallado un nicho analítico escrutando cuidadosamente la palabra misma de Chávez, de ahora y de antes y, novedad de novedades, haciéndole caso… Garrido, durante años, ha sido una de las voces más consistentes entre las que argumentan que Chávez quiere implementar en verdad una dictadura… Ha sido ridiculizado por implicar que todo lo que Chávez hace ha sido planeado con años de antelación… pero el hecho es que el hombre ha tenido la razón muy a menudo…”

En la entrevista, dice Garrido: “Ahora existe una nueva doctrina. Un general del Ejército, Isaías Baduel, ha formulado hipótesis de guerras posibles. Una, un aumento del conflicto fronterizo con Colombia. Dos, la posibilidad de una intervención multilateral bajo mandato de la ONU o la OEA, que considero muy improbable. Tres, un golpe de Estado. Cuatro, la posible invasión de Venezuela por los Estados Unidos”.

Por implicación, la primera, la tercera y la cuarta posibilidad no serían tan improbables. Alberto Garrido era un hombre sabio. Mosca, pues.

LEA

Chávez hipotético

Desde que se propuso la toma del poder Hugo Chávez planteó, como hipótesis final del proceso revolucionario, una confrontación bélica en dos planos. En primer lugar, con Estados Unidos, caracterizado como el enemigo estratégico a derrotar. Por otra parte, con los aliados, externos o internos, de Estados Unidos.

En sus largas conversaciones con Agustín Blanco Muñoz, (Habla el Comandante, UCV, Caracas, 1998), Chávez es explícito en cuanto a su concepción guerrerista de la realidad política: “Nosotros hablamos de la lucha política como de la guerra política; es decir, de la guerra o el combate militar que hicimos. Estamos ahora en una guerra política, estamos en otra forma de guerra, y no sabemos si más adelante pasaremos a la guerra nuevamente” (op.cit., pp. 344-345).

Esa guerra intermitente tiene dos fines: a) instalar la multipolaridad mundial, para que no cuaje la intención unipolar de Estados Unidos; y, b) impulsar la revolución socialista y antiimperialista venezolana y continental.

En esa guerra el enemigo externo también puede tener aliados internos. Chávez le recordó a Blanco Muñoz que así ocurrió en el Chile de Allende (Ibídem, p. 605).

En julio de 1992 Chávez sostenía la misma posición. En la cárcel de Yare escribió: “Se inicia, asimismo, en este lado del escenario, una acumulación de fuerzas transformadoras que van siendo encarriladas por una sola vía. La escalada del conflicto y su desencadenamiento en una guerra civil, fratricida, pero justa y legítima” (ver Hugo Chávez, “Terrorismo de Estado y Guerra Civil”, en Alberto Garrido, De la Guerrilla al Militarismo, Ediciones del Autor, Mérida, 2.000, p.73).

Con Chávez en pleno ejercicio del poder real, Raúl Baduel, su compañero de ruta desde la fundación del MBR-200 y actual Ministro de Defensa, organizó de manera sistemática las distintas hipótesis de guerra que Hugo Chávez había formulado en términos generales.

El periodista y director del diario Ultimas Noticias, Eleazar Díaz Rangel, al resumir las hipótesis de guerra enumeradas por Baduel, las ordenó de la siguiente manera: “1) Guerra de Cuarta Generación, con posible confrontación asimétrica; 2) desestabilización y desarticulación del país mediante golpe de Estado, subversión o acciones de grupos separatistas; 3) conflicto regional, que podría derivarse del estado de violencia interna en Colombia, en el que participa Estados Unidos con algo más que el Plan Colombia, y usar el pretexto de que Venezuela es promotor de violencia en ese país para utilizarlo como ‘casus belli’ y propiciar una intervención en el nuestro: y, 4) invasión directa de Estados Unidos, no descartable en vista de la política desarrollada por Estados Unidos, sobre todo en Oriente Próximo”.

De esta forma, las hipótesis de guerra (Chávez-Baduel) pueden agruparse en dos grandes líneas: a) guerra internacional, que pueden ser de alta intensidad (invasión directa de Estados Unidos) o de mediana intensidad (confrontación bélica en el marco del Plan Colombia-Andino); y, b) guerra interna de baja intensidad (separatismo regional zuliano, intento de golpe de Estado, violencia callejera, desestabilización).

En el Alto Mando se maneja, en fin, el concepto de guerra total (externa e interna), y los frentes son múltiples (relación directa con el conflicto de Medio Oriente, acusaciones de amistad con la guerrilla colombiana con el fin de llevar a Venezuela a formar parte de la guerra del Plan Colombia-Andino, enfrentamiento con movimientos desestabilizadores o fraccionalistas venezolanos).

Baduel incorpora en sus hipótesis, además, la guerra del petróleo, que marca la presente etapa de la historia mundial. Esta pasaría por la posible interrupción de suministro petrolero de Venezuela a Estados Unidos “si se produce una agresión externa”, tal como lo han advertido en varias oportunidades tanto el Presidente Hugo Chávez como el Ministro de Energía, Rafael Ramírez. Para la potencia del Norte el resguardo de sus fuentes petroleras tradicionales es parte de su estrategia de seguridad nacional y encabeza las hipótesis de intervención del Comando Sur en América Latina y el Caribe (ver Tom Barry, “Nuevas Prioridades para el Comando Sur”, Americas Program, IRC, julio 05, 2005).

La dinámica geopolítica mundial ha colocado en el primer lugar de las hipótesis de guerra, más que la ampliación regional del conflicto colombiano, que pasa previamente por la fase de ejecución del Plan Patriota en la Frontera Norte de Ecuador y el reacomodo de los “ejes” político-militares regionales, otra extensión, impredecible en el tiempo, pero potencialmente más peligrosa: la prolongación de la Guerra del Medio Oriente.

La alianza estratégica de la revolución bolivariana con Irán y con el mundo musulmán da origen a la pregunta de hasta dónde puede llegar el compromiso de Chávez con Ahmadinejad y con el mundo musulmán en caso de que estalle una guerra que involucre a la nación persa. Esta circunstancia significaría que, además de Israel, en la Guerra de Medio Oriente intervendría Estados Unidos, que ya ha expresado, por intermedio de su Secretaria de Estado, Condolezza Rice, su deseo de crear un “nuevo mapa” en esa región.

Chávez ha condenado al Estado de Israel por la desproporción de su respuesta militar ante el caso de los dos soldados hebreos secuestrados en territorio israelí por parte de Hezbolláh. Además, ordenó el retiro del Encargado de Negocios de la Embajada de Venezuela en Tel Aviv. También acusó a Washington de ser el verdadero propiciador de la guerra de Palestina y del Líbano. Chávez ha planteado, a su vez, en Mali, un “plan de integración para enfrentar la era imperialista, neoliberal y de atropellos”.

Pero la amenaza real para Estados Unidos es el corte del flujo petrolero venezolano, equivalente al 15 por ciento de sus importaciones.

En este aspecto pudiera encontrarse, tal vez, el acuerdo estratégico antiestadounidense Irán-Venezuela. El Ministro de Energía, Rafael Ramírez afirmó en Teherán que “si Estados Unidos quiere tener una política hostil hacia nosotros dejaremos de exportar petróleo a ese país. Si Irán fuera atacado definitivamente actuaría igual que nosotros”.

Igualmente Irán y Venezuela han propuesto pasar el valor financiero del petróleo al euro y sacarlo así de la esfera del dólar, decisión que significaría un golpe letal a la moneda y a la economía estadounidense, con rebote sobre el sistema económico mundial.

Lo que no aclaró Ramírez es si la acción—la interrupción del flujo petrolero—sería simultánea, en el marco de la alianza estratégica con Irán, o individual. Ése será el gran test que tendrá la alianza si la contienda de Medio Oriente (que incluye la cuestión nuclear), incorpora abiertamente a Irán, ya que saldrían del mercado aproximadamente 7 millones de barriles de petróleo diarios.

El jefe del estado persa ha advertido de una “explosión islámica” que “no se limitará a fronteras geográficas, sino que quemará también a los que crearon Israel en los últimos 60 años”. Para que no quedaran dudas sobre quienes eran los “creadores” a los que se refería, Ahmadinejad dijo que “Gran Bretaña y Estados Unidos son cómplices del régimen sionista en sus crímenes en el Líbano y Palestina” (AP, 23,07-2006). En una cumbre de la Conferencia Islámica realizada el jueves 3 de agosto, Ahmadinejad afirmó que “la verdadera solución al conflicto armado del Líbano y de Palestina es la eliminación del régimen sionista”, aclarando que, sin embargo, “en esta etapa debe haber un cese del fuego inmediato”.

Israel, la tercera potencia nuclear del planeta, que además cuenta, en términos convencionales, con el quinto ejército más poderoso del mundo, y que tiene como aliado estratégico a Estados Unidos, la primera potencia militar de la tierra, difícilmente será borrado del mapa de Medio Oriente pasivamente.

Chávez ha comprado una poderosa flota aérea de cazas rusos Su-30 y decenas de helicópteros multipropósito, así como barcos de guerra. También ha anunciado la instalación de un sistema de defensa antiaérea de última generación.

En realidad, ese tipo de armamentos son poco útiles para confrontar militarmente con Estados Unidos, cuya superioridad bélica en términos convencionales es abrumadora frente a cualquier otro país, incluidos Rusia y China.

Estratégicamente, dentro de la hipótesis de Guerra Asimétrica de Resistencia, son mucho más útiles los fusiles Kalashnikov, así como la instalación de una fábrica para construirlos, junto con sus proyectiles. La experiencia de combate a base de cohetes ensayada en el Líbano por Hezbolláh, que libra igualmente una guerra asimétrica contra Israel (Hezbolláh no usa aviones, helicópteros, ni tanques, ni barcos) orienta las compras de armamento convencional efectuadas por Venezuela hacia una guerra de primera fase tradicional, contra Ejércitos regulares de estados vecinos, que debería convertirse, en plazo breve, en una Guerra Asimétrica (irregular ilimitada en la metodología y en el tiempo) al producirse la esperada intervención estadounidense.

Esta hipótesis es alimentada por algunos movimientos del Pentágono. El Comando Sur, por ejemplo, acaba de patrocinar una reunión en Lima que contó con la presencia de altos mandos y representantes militares de 14 países de América Latina. La cita culminó el pasado viernes 4 de agosto. Los jefes militares de los ejércitos de Argentina, Brasil y Bolivia estuvieron presentes. Los acompañaron sus pares de Colombia, Ecuador, El Salvador, Uruguay, Guatemala, Chile, Paraguay, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Perú. La reunión fue coordinada por el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas Peruanas y se hizo para “compartir experiencias en operaciones de mantenimiento de paz” (EFE, 04-08-2006).

Si el ataque contra Venezuela se concreta, en ese momento se incorporarán a la contienda, si las palabras se traducen en hechos, milicianos cubanos, argentinos, nicaragüenses y salvadoreños (dirigentes y militantes revolucionarios de esos países han manifestado públicamente su voluntad de participar en una guerra en defensa de la revolución bolivariana), así como las FARC, que ya anunció esa intención, en la frontera colombo-venezolana.

La atomización de la resistencia pudiera trasladarse a otros países con importante población indígena radicalizada (Ecuador, Bolivia, Perú). Si esa situación ocurre, la región andina estaría en guerra, con Ejércitos de estado apoyados por Estados Unidos, contra oponentes no estatales, al estilo de la resistencia iraquí o libanesa, mientras algunos jefes de estado (Cuba, Venezuela, Bolivia) desarrollarían, hasta donde les fuera posible, una guerra combinada (convencional y asimétrica).

Solamente que en el caso de América Latina, donde el factor dominante no sería el geopolítico-religioso-energético, sino el geopolítico-antiimperialista (energético en el caso de Venezuela y Bolivia), la Guerra Asimétrica tendría un mayor peso como guerra irregular desparramada, tal como hace décadas fue planteada por Ernesto Guevara (“uno, dos, muchos Vietnam”).

En este contexto las elecciones presidenciales venezolanas son un paso necesario para legitimar la presencia de Hugo Chávez en el concierto institucional internacional.

En cuanto al dolor de cabeza que tiene el gobierno con la oposición, el Zulia, la activación de la hipótesis de guerra anti-separatista dejará en posiciones cada vez más incómodas al actual gobernador de ese Estado, participe o no en el proceso electoral nacional.

Sobre la subversión callejera y el golpe de Estado, otras de las hipótesis de guerra interna, la debilidad estructural de la oposición hace que queden instaladas en un espacio alejado 180 grados del previsto originalmente.

Por ahora se trata de hipótesis. Pero ya son mucho más que juegos de guerra. Ésa es la cuestión.

Alberto Garrido

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LEA #276

LEA

No puede ocultarse el hecho de que el Islam incluye gente de muy radicales convicciones, que se siente autorizada por el Creador (Alá) a matar o mutilar congéneres con extraordinarias violencia y crueldad. La Sura del Arrepentimiento, parte integral del Corán, incluye la siguiente prescripción: “Maten a los paganos donde los encuentren”. Es esta consigna la que se emplea, con pasión fundamentalista, para justificar una idea de “guerra santa” que ha permitido, por mencionar una sola cosa, condenar a muerte al escritor Salman Rushdie, por hacer mofa de la religión musulmana en su libro Los versos satánicos.

Pero los musulmanes que adoptan esa posición extrema son una minoría. Intelectuales islámicos como Muhammad Shahrour sostienen que aquella orden asesina sólo podía aplicarse a la guerra concreta de Mahoma por establecer un estado musulmán en la Península Arábiga, y no debe ser entendida como un mandato general de Alá válido para todo tiempo y lugar. Son claridades como ésa las que terminarán desasociando la religión musulmana de la violencia que se comete en su nombre.

Entretanto, es refrescante pasearse por la consideración de la sorprendente conducta, durante la Segunda Guerra Mundial, de todo un país de mayoría musulmana: Albania. A pesar de que el dominio soviético de 45 años proclamó, por primera vez en la historia, que Albania era oficialmente un estado ateo, nunca pudo suprimir el hecho de que un 60% de los albaneses es de religión islámica. Al norte del país predomina el catolicismo, y en zonas del sur siempre ha habido una fuerte presencia cristiana ortodoxa.

Pero Albania es el único país de Europa ocupado por los nazis que emergió de la Segunda Guerra Mundial con una población judía mayor que la que alojaba al comienzo. Sólo una familia judía de seis miembros fue deportada de Albania y muerta durante toda la duración de la guerra. Los albaneses no sólo protegieron sus propios judíos, sino que ofrecieron refugio a los judíos que llegaban de países vecinos. Negándose a las exigencias de los nazis, en vez de suministrarles listas de judíos proveyeron a éstos con documentos forjados y les ayudaron a ocultarse dispersándolos en el seno de la población albanesa. Ni un sólo judío cayó en manos de los nazis en febrero de 1944, cuando éstos atacaron los refugios en las montañas de Albania.

No fue este insólito resultado la obra de unos pocos héroes individuales, de unos cuantos señores Schindler; fue todo un pueblo, en su mayoría musulmán, el que ahorró a su población judía y a la de naciones vecinas la atrocidad de los nazis. La tolerancia religiosa de los albaneses es proverbial, y es ella la causa de numerosos y habituales matrimonios interreligiosos de su gente. Quienes desde este lado albergan en su corazón un pernicioso prejuicio antimusulmán, que consideren el caso albanés para seguir su ejemplo.

LEA

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CS #276 – Siempre listos

Cartas

En principio, el actual período de gobierno concluye al comienzo de febrero del año 2013, casi exactamente cinco años desde hoy. De aquí hasta allá, varias consultas electorales marcan la agenda política de la Nación, comenzando por las elecciones de gobernadores y alcaldes previstas para noviembre de este mismo año. Pero aun con eso, es indudable que el elemento dominante en la psiquis política nacional es la presencia del factor Chávez: el ejercicio de la Presidencia de la República por su actual titular. Mientras Hugo Chávez sea Presidente, el sobresalto continuará marcando nuestro proceso político, y a la muy considerable cantidad de estropicios institucionales y sociales causados por su atípica administración habría que añadir los que se le ocurrirán a lo largo de todo un quinquenio por agotar.

Ahora bien, no es en absoluto despreciable la probabilidad de que este quinquenio no culmine. Muchos factores, en convergencia no necesariamente planeada, pueden suscitar un desenlace distinto: la interrupción del mandato de Chávez antes de que llegue a su término constitucional.

En efecto, Chávez debe vérselas ahora con un cúmulo heterogéneo de tendencias adversas: externamente, un juicio francamente negativo de su gobierno, muy generalizado en la comunidad internacional, con sólo muy pocas excepciones (Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Irán, quizás Cuba y Argentina por motivos clientelares); internamente, una oposición escarmentada y aprendida que comienza a atinar políticamente, un patio interno en grado considerable de desarreglo (con signos claros de insatisfacción y crítica dentro de sus propias filas), una economía desabastecida críticamente, una protesta social creciente y desilusionada.

Para el manejo de esta complejidad adversa, la coartada del imperio será cada vez menos convincente. Es difícil atribuir al Departamento de Estado estadounidense un servicio deteriorado de la Electricidad de Caracas o de CANTV, puesto que éstas son ahora empresas estatizadas, y cualquier tropiezo importante de nuestra actividad petrolera ya no será excusable con el chivo expiatorio de ninguna transnacional cerril, pues el Estado venezolano ejerce el control absoluto de esa industria. Y ya se nota que los aportes de PDVSA a las distintas misiones inventadas por el gobierno han descendido marcadamente: en el primer semestre de 2007 PDVSA aportó a las misiones 26,7% menos recursos que en igual período del año anterior, con las consecuencias naturales. Por señalar un caso, “…la Misión Madres del Barrio llegó a su clímax con 250.000 beneficiarias que recibían un monto que equivalía hasta a 80% del salario mínimo. El número de mujeres prometía crecer pero, al contrario, el año pasado la cifra bajó a 62.000 beneficiadas por el programa”. (Marianna Párraga, El Universal, 26 de febrero de 2008).

Tampoco está disponible la excusa de la “Cuarta República”. Después de casi una década de hegemonía chavista, ya no hay gobierno anterior al que echar la culpa del deterioro, menos aún cuando el que lo precediera, el segundo de Rafael Caldera, no fuese precisamente un gobierno del bipartidismo. De hecho, cualquiera de las excusas esgrimidas para intentar la justificación de los alzamientos de 1992 ha sido reproducida y excedida con creces por los resultados de la administración de Chávez. La corrupción es mayor, la inseguridad es mayor, la pobreza es mayor. La habladera, sobre todo, es mayor.

Superpuesta a este cuadro, la personalidad errática y pendenciera de Hugo Chávez, y su invasión de cuanta instancia de decisión política pueda existir en el país (como la elección de las autoridades del PSUV y sus candidatos para noviembre), resaltarán meridianamente que la situación nacional, que se deteriora por minutos, tiene un supremo y único responsable: Hugo Rafael Chávez Frías.

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Es sabido que en el seno de la sociedad venezolana persisten convicciones, no poco justificadas, de que hay que salir de Chávez cuanto antes. Algunos de quienes las sostienen conspiran activamente para que este objetivo se cumpla a como dé lugar. Sin embargo, no es necesario que tal conspiración sea exitosa, ni siquiera que sea real. En ciertas condiciones, una convergencia perfectamente natural y azarosa de tendencias e intereses hace que los sistemas complejos se comporten como si hubiera una conspiración centralizada, aunque ésta no exista. A pesar de que el efecto de prédicas como las de Alejandro Peña Esclusa es verdaderamente marginal, un deterioro continuado—muy difícil de detener—puede generalizar la impresión de que la situación es insostenible. En este caso, varios incidentes y secuencias relativamente aleatorias e inconexas pueden desembocar en la salida de Chávez del poder, sobre todo porque éste persiste en mantener un curso general que es, precisamente, el que nos ha traído hasta aquí.

Pero es que incluso si rectificare una vez rebasado cierto límite, la rectificación misma sería signo de debilidad, y entonces una corrección de rumbo sería, más bien, un acelerador de su caída. Cuando Carlos Andrés Pérez resistía, luego del 4 de febrero de 1992, a la designación de un consejo consultivo (que terminó nombrando a regañadientes), lo hacía precisamente por no mostrarse más débil de lo que estaba, así como la cascada de cambios ministeriales de Pérez Jiménez entre el 1º y el 23 de enero de 1958, sólo sirvió para generalizar la impresión de la grave crisis, terminal, de su gobierno. Si Hugo Chávez no es capaz de rectificar la dirección de su gobierno antes de las elecciones del 23 de noviembre de este año, y éstas reportan a la oposición una ganancia significativa—al menos ocho gobernaciones, en las circunscripciones donde se derrotó la propuesta constitucional de Chávez el pasado 2 de diciembre—es posible que se haya excedido ya el tiempo útil para la rectificación. De aquí hasta aquella fecha, no parece probable que el gobierno tenga éxito en revertir la percepción generalizada de una situación mala del país.

Todas estas cosas, pues, han aumentado considerablemente la probabilidad de una falta absoluta del Presidente de la República. Suponiendo que ella no ocurriera por un golpe de Estado, ¿a qué nos enfrentaríamos en términos constitucionales?

Dos casos son factibles, Si se le hiciera posible a Chávez llegar reptando hasta enero de 2011, lo que sería ciertamente muy difícil, entonces se aplicaría el último parágrafo del Artículo 233 de la Constitución, que dice : “Si la falta absoluta se produce durante los últimos dos años del período constitucional, el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva asumirá la Presidencia de la República hasta completar el mismo”. Quienquiera que Chávez haya designado en ese cargo para la fecha—y seguramente veríamos más de un enroque en la posición—completaría el traumático período.

Pero si se diera el caso más probable, que este gobierno no sea capaz de sostenerse tres años más—porque sea revocado o por cualquiera otra causa constitucional—, entonces rige el tercer parágrafo del mismo artículo, que reza: “Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente o Presidenta de la República durante los primeros cuatro años del período constitucional, se procederá a una nueva elección universal y directa dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva”. Es decir, el Consejo Nacional Electoral, que no es precisamente de gran celeridad funcional, tendría que organizar una elección presidencial en el plazo de un mes, lo que significa que los candidatos a suceder a Chávez tendrían, en el mejor de los casos, treinta días de campaña a su disposición, y los electores treinta días para formar su intención de voto. Se trata, evidentemente, de un plazo harto insuficiente.

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Suceder a Hugo Chávez en la Presidencia de la República es, sin duda, un asunto enormemente complejo, y al menos cuatro niveles de la cosa son teóricamente distinguibles. El primero es obvio: como dice el adagio político norteamericano, you can’t fight somebody with nobody. Si se ve la cosa desde el punto de vista de la oposición a Chávez, la ausencia de una figura nacional clara, con suficiente arraigo, es la más evidente carencia política.

Luego, sustituir a Chávez significa sustituir sus programas de gobierno. En una elección en la que participarían también figuras del chavismo—Diosdado Cabello, por caso—el aspecto programático tendría alguna gravitación sobre la brevísima campaña, aunque probablemente esta dimensión sería menos importante que un mero cambio estilístico-ideológico, que en esencia sería lo que los electores apreciarían.

En tercer término, sustituir exitosamente a Chávez comporta arribar al escenario político con una gramática política diferente, pues es toda una teoría interpretativa e histórica la que Chávez ha impuesto como discurso explicador de absolutamente todo. (Algunos llaman a esto el problema de la “narrativa”). Aquí se trata no de una dimensión programática, sino de una legitimación paradigmática. La viabilidad de un sucesor de Chávez, no sólo de su simple elección, dependerá fuertemente de su capacidad para pensar y articular la política desde un plano conceptual radicalmente distinto, más moderno y convincente.

Las dos últimas condiciones, estos dos últimos planos, pueden entenderse como indisolublemente ligadas al primero. Un nuevo paradigma político no ocurre en el vacío, sino que debe ser encarnado por una persona concreta. Es una persona concreta la que debe hablar el nuevo idioma, y es también de una persona concreta su plataforma programática.

Falta el cuarto nivel: el organizativo. En ausencia de una estructura opositora monopolista—ningún partido entre los existentes, ni siquiera uno de los más nuevos, tiene fuerza suficiente, no digamos aplastante—basta la capacidad para organizar un grupo nacional de electores que sea eficaz. Aunque sigue siendo de gran importancia la movilización de electores el día de la votación, ha bajado en importancia el problema del cuidado de los votos con la automatización de nuestro proceso electoral. (El Grupo La Colina ha argumentado convincentemente a este respecto). Iniciativas como las de Súmate, por otra parte, han enseñado cómo es posible organizar, en tiempos más bien breves, una cantidad significativa de activistas adiestrados.

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¿En qué momento puede producirse la falta absoluta del Presidente de la República? Si se buscase ésta mediante referéndum revocatorio, la condición constitucional se cumple desde febrero de 2010. (Artículo 72 de la Constitución, Parágrafo Primero: “Transcurrida la mitad del período para el cual fue elegido el funcionario o funcionaria, un número no menor del veinte por ciento de los electores o electoras inscritos en la correspondiente circunscripción podrá solicitar la convocatoria de un referendo para revocar su mandato”). Por como van las cosas, es difícil que Hugo Chávez pudiera superar un segundo referéndum revocatorio en su contra, siempre y cuando éste sea organizado inteligentemente—por actores distintos a la Coordinadora Democrática, por ejemplo—y siempre y cuando exista para el momento una figura aceptable para la sucesión.

No es, por supuesto, la revocación la única forma constitucional que cause la falta absoluta del Presidente de la República, pero probablemente sea la más sana y viable de todas. Sólo un deterioro grandemente acelerado, que no es imposible, pudiese exigir la aplicación de otros remedios. (Inhabilitación por incapacidad física o mental o renuncia, constitucionalmente, o la abolición del régimen, supraconstitucionalmente).

Lo más probable es que el régimen de Chávez pueda superar este año de 2008, especialmente porque la población querrá esperar la consulta electoral de noviembre, que será un indicador muy significativo del apoyo que haya podido conservar. Todavía pudiera sobrevivir a 2009. La mera inercia de un ente tan enorme como el gobierno hará que su caída no sea excesivamente rápida, como debe comenzar a frenarse un supertanquero unas buenas decenas de kilómetros antes de llegar a Rotterdam, so pena de encallar en medio de la ciudad. El éxito de un referéndum revocatorio será más seguro en la medida en que se haya hecho universalmente insoportable el gobierno de Chávez, y para esto deberá invertirse lo que queda de este año y el siguiente. Así como Chávez tuvo la paciencia de esperar cinco años para revocar la licencia de señal abierta a RCTV, así debiera tenerse pulso firme para eludir atajos desesperados y asegurar la revocación.

Pero claro, tenemos en la Presidencia a una persona de psicología anormal, por una parte, y además, por la otra, los indicadores del deterioro y las oposiciones internas y externas seguirán ejerciendo su efecto corrosivo sobre el gobierno. Ante esto es lo más sensato prepararse de una vez. Es muy racional, por supuesto, prepararse para los futuros más probables, pero también para aquellos futuros improbables que, de ocurrir, tendrían un impacto desproporcionado sobre nuestras existencias.

De todos los preparativos aconsejables, ninguno es más crucial que la emergencia e identificación de una verdadera contrafigura para Chávez. A pesar de que la agenda de este año está marcada con elecciones regionales, el teatro nacional no puede ser descuidado. Que comiencen a salir las nuevas caras.

LEA

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FS #183 – Guerra y economía

Fichero

LEA, por favor

En 1960, un obeso físico norteamericano, convertido en analista de políticas estrella de la Corporación RAND, publicó un libro de título modelado sobre la obra clásica de Carl von Clausewitz (Sobre la guerra, 1816-30). Se trataba de la obra On Thermonuclear War, un estudio sobre la guerra nuclear que causó profundo impacto, especialmente sobre la comunidad estratégica estadounidense. Su autor era Herman Kahn, quien luego se convertiría en optimista estudioso del futuro—(The Year 2000, The Next 200 Years)—desde el Hudson Institute que fundara. (Kahn visitó a Venezuela en 1978; en la Ficha Semanal #45 de doctorpolítico, del 10 de mayo de 2005, se hace referencia a una interacción suya con el suscrito en esa ocasión: “…Kahn visitó Venezuela por invitación de la Fundación Neumann, y ofreció un seminario en el que tuve oportunidad de participar. Habiéndome trabado en debate sobre algunas de sus ideas, Kahn encontró una fórmula simple para saldar la discusión. En el último día del seminario consintió en autografiarme un ejemplar de Los Próximos 200 Años, y reservó la parte final de su dedicatoria ‘A Luis’ para declarar que ‘…si no hubiera sido venezolano hubiera tenido la razón’”).

Como Kahn no tenía empacho en “pensar lo impensable” con la mayor frialdad, se convirtió en figura sobre la que se creó a personajes del cine de la política ficción. (Dr. Strangelove, de Stanley Kubrick; Fail-Safe, de Sidney Lumet). En el libro mencionado, por ejemplo, se emplea, por comodidad gráfica y de cómputo, la unidad inventada por Kahn para referirse a las previsibles cantidades de bajas en una guerra nuclear: 1 megamuerte = 1 millón de muertes.

Es al término de esa misma década de los años sesenta, dominada por la Guerra Fría y la paranoia nuclear, que Leonard C. Lewin “prologa” y da a la luz el Report from Iron Mountain (1967), que daba cuenta de las deliberaciones de un supuesto think tank al que el gobierno de los Estados Unidos encarga discutir sobre “la posibilidad y la deseabilidad” de la paz.

Lewin explicó más tarde que se trataba de una sátira escrita por él mismo, pero a la publicación del libro se le tuvo por un documento verídico. La intención de Lewin era la de “caricaturizar la bancarrota de la mentalidad de think tank siguiendo su estilo de pensamiento cientificista hasta sus conclusiones lógicas”. Esa conclusión era, escuetamente, que difícilmente la paz sería posible y que, de serlo, probablemente no sería deseable. El propio Kahn procuró desacreditar la obra al opinar que como sátira era muy mala, y Henry Kissinger fue más agresivo al declarar que quienquiera la hubiese escrito era un idiota.

Lo cierto es que el libro cumplió una función pedagógica, al poner de manifiesto los absurdos a los que podía llegarse mediante un análisis desalmado como el que Kahn ejemplificaba. La Ficha Semanal #183 de doctorpolítico reproduce la sección correspondiente a la “función económica” de la guerra del Reporte de Iron Mountain.

LEA

Guerra y economía

La producción de armas de destrucción masiva ha estado siempre asociada con el “desperdicio” económico. El término es peyorativo, puesto que implica el fracaso de una función. Pero no puede propiamente considerarse desperdiciadora a ninguna actividad humana cuando logra su objetivo contextual. La frase “desperdiciador pero útil” aplicada no sólo al gasto bélico, sino a la mayoría de las actividades “improductivas” de nuestra sociedad, es una contradicción en términos. “Los ataques que, desde la época de la crítica de Samuel al rey Saúl, se han dirigido contra los gastos militares pueden muy bien haber escondido o malinterpretado el punto de que cierta clase de desperdicio puede tener una utilidad social más grande”.1

En el caso del “desperdicio” militar hay, de hecho, una utilidad social superior. Ésta se deriva del hecho de que el “desperdicio” de la producción de guerra ocurre enteramente fuera del marco de la economía de la oferta y la demanda. Como tal, ella provee el único segmento críticamente grande de la economía total que está sujeto a un control central completo y arbitrario. Si las sociedades industriales modernas se definen como aquellas que han desarrollado la capacidad de producir más que lo que requieren para su supervivencia económica (sin tomar en cuenta la equidad de la distribución de bienes en su seno), puede decirse que el gasto militar provee el único contrapeso con inercia suficiente como para estabilizar el avance de sus economías. El hecho de que la guerra es un “desperdicio” es lo que le permite llenar esa función. Mientras la economía avance más rápidamente, mayor deberá ser ese contrapeso.

A menudo tiende a verse esta función, de modo demasiado simplificado, como un dispositivo para el control de los excedentes. Sobre este punto, un autor lo dice de este modo: “¿Por qué es la guerra tan maravillosa? Porque crea una demanda artificial… la única clase de demanda artificial, más aún, que no genera ningún problema político: la guerra, y solamente la guerra, resuelve el problema de los inventarios”.2 Aquí la referencia es a la guerra desatada, pero se aplica igualmente a la economía de guerra en general. “Hay acuerdo general —concluye, más prudentemente, el informe de un panel establecido por la Agencia de los Estados Unidos para el Control de Armas y el Desarme— que un sector público grandemente expandido durante la II Guerra Mundial, como resultante de fuertes gastos de defensa, ha provisto una protección adicional en contra de las depresiones, ya que este sector no responde a contracciones del sector privado y ha provisto una suerte de amortiguador o contrapeso a la economía”.3

Según nuestro punto de vista, la principal función económica de la guerra es justamente que provee ese contrapeso. No debe confundirse esta función con las varias formas de control fiscal, ninguna de las cuales compromete directamente a vastas cantidades de hombres y unidades de producción. No debe confundirse con gastos gubernamentales masivos en programas de bienestar social; una vez iniciados, tales programas se convierten en parte integral de la economía general y ya no están sujetos a control arbitrario.

Pero incluso en el contexto de la economía civil general, no puede considerarse a la guerra como sólo un “desperdicio”. Sin una economía de guerra largamente establecida, y sin su frecuente erupción a una guerra desatada a gran escala, la mayoría de los avances industriales conocidos de la historia, comenzando por el desarrollo del hierro, jamás hubieran tenido lugar. La tecnología de las armas estructura a la economía. Según el autor arriba citado, “Nada es más irónico o revelador acerca de nuestra sociedad que el hecho de que una guerra enormemente destructiva es una fuerza de mucho progreso en sí misma… La producción de guerra es un progreso porque es producción que de otro modo no habría ocurrido. (No es muy ampliamente apreciado el hecho, por ejemplo, de que el estándar de vida civil creció durante la II Guerra Mundial)”.4 Esto no es ni “irónico” ni “revelador”, sino esencialmente una simple declaración de hecho.

Debe notarse asimismo que la producción de guerra ejerce un confiable efecto estimulante más allá de sí misma. Lejos de constituir un drenaje “desperdiciador” de la economía, el gasto de guerra, considerado pragmáticamente, ha sido un factor consistentemente positivo en el aumento del producto nacional bruto y la productividad individual. Un antaño Secretario del Ejército ha fraseado esto cuidadosamente para el consumo público: “Si existiera, como sospecho la hay, una relación directa entre el estímulo de un gasto de defensa grande y una tasa de crecimiento del producto nacional bruto aumentada substancialmente, ello sencillamente implica que el gasto de defensa per se puede sostenerse sobre bases exclusivamente económicas como estímulo al metabolismo nacional”.5 De hecho, la utilidad no militar fundamental de la guerra en la economía es más ampliamente reconocida que lo que las pocas afirmaciones citadas pudieran sugerir.

Pero abunda el reconocimiento público a la importancia de la guerra para la economía general en construcciones negativas. El ejemplo más familiar es el efecto de las “amenazas de la paz” contra el mercado de valores, v. gr. “Wall Street fue vapuleada ayer por las noticias de una aparente señal de paz proveniente de Vietnam del Norte, pero recuperó rápidamente su compostura luego de cerca de una hora de ventas algo indiscriminadas”.6 Las entidades de ahorro solicitan depósitos con eslóganes similares de advertencia, v. gr. “Si se desatara la paz, ¿estaría usted listo para ella?” Un caso pertinente y más sutil fue la reciente negativa del Departamento de Defensa a permitir que las compras alemanas sustituyeran armamento no deseado por bienes no militares en sus compromisos de compras a los Estados Unidos: la consideración decisiva fue que las compras alemanas no debían afectar la economía general (no militar). Puede encontrarse otros ejemplos incidentales en las presiones ejercidas sobre el Departamento cuando anuncia planes de clausurar alguna instalación obsoleta (como una forma “desperdiciadora” de “desperdicio”), y en la usual coordinación de la escalada de actividades militares (como en Vietnam en 1965) con unas tasas de desempleo peligrosamente ascendentes.

Aunque no queremos implicar que no pueda diseñarse un sustituto en la economía para la guerra, hasta ahora no se ha probado ninguna combinación de técnicas para el control del empleo, la producción y el consumo que pueda remotamente comparársele en eficacia. Es, y siempre lo ha sido, el estabilizador económico esencial de las sociedades modernas.

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Notas

1 Arthur I. Waskow, Hacia las Fuerzas Desarmadas de los Estados Unidos (Washington: Institute for Policy Studies, 1966), p. 9. (Ésta es la versión completa del texto de un informa y proposición preparada para un seminario de estrategas y Congresistas en 1965; más tarde tuvo una distribución limitada entre otras personas involucradas en proyectos relacionados).

2 David T. Bazelon, «La Política de la Economía de Papel», Commentary (noviembre 1962), p. 409.

3 El Impacto Económico del Desarme (Washington: USGPO, enero 1962).

4 David T. Bazelon, «Los Hacedores de Escasez”, Commentary (octubre 1962), p. 298.

5 Frank Pace, Jr., en un discurso ante la Asociación de Banqueros Americanos, septiembre 1957.

6 Un ejemplo cualquiera, tomado en este caso de un reportaje  de David Deitch en el New York Herald Tribune (9 de febrero de 1966).

Leonard C. Lewin

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