FS #186 – Balada guerrillera

Fichero

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La Ficha Semanal #186 de doctorpolítico consiste de la traducción al español—de una traducción al inglés (por Sara Sugihara)—de un artículo escrito por Bernard-Henry Lévy, filósofo francés nacido en Argelia en 1948. La versión inglesa fue publicada el 15 de marzo por The New Republic, un interesante Journal of Politics and the Arts. (www.tnr.com). Debo agradecer al amigo Rafael Rengifo que me haya dirigido al artículo de Lévy, el que lleva consigo la gravedad e inmediatez del conocimiento personal de Iván Ríos, el guerrillero colombiano muerto y mutilado por quienes debían ser sus custodios.

La sucinta pieza pinta con economía y dolorido asombro el desquiciamiento de Ríos, persona que en vida hacía gala de una retorcida argumentación. Fue escrita el día cuando las agencias de noticias daban cuenta del espantoso asesinato a sangre fría de Iván Ríos (nom de guerre de Manuel Muñoz Ortiz), y es un testimonio primario acerca del poder enloquecedor de la ideología.

Lévy es más famoso por un libro descollante entre los dieciocho que lleva escritos, el que justamente lleva por título La ideología francesa. Uno de los líderes de la Nouvelle Philosophie (1976), sus críticos lo consideran un dandy malcriado y narcisista. (Casado tres veces, es hoy el esposo de la muy hermosa actriz francesa Arielle Dombasle). Pero Lévy es un valiente intelectual y periodista que se preocupa activamente por los derechos humanos y por su violación en cualquier parte del mundo.

No se trata, sin embargo, de un conservador radical que sea incapaz de sintonizar con acciones duras de “revolucionarios”. Lévy apoyó la “Doctrina Mitterrand”, que tolera que vivan en libertad en Francia terroristas italianos de la Brigada Roja, a pesar de que hayan sido condenados por la justicia de Italia. En este caso, Lévy estima que a fines de los años setenta y comienzos de los ochenta los derechos humanos eran violados constantemente en Italia, lo que absolvería las acciones de los brigadistas.

Como puede verse, Bernard-Henry Lévy es un hombre polémico. Es preciso leer con atención sus escritos—El testamento de Dios, Las aventuras de la libertad, El siglo de Sartre, American vertigo—, para disolver la impresión de inconsistencia que una postura como la mencionada causa, si se la compara con el juicio que hace de Iván Ríos. En todo caso, estamos frente a un pensador combativo y exigente, que junto con unos cuantos más rompió con el marxismo, inconforme con la respuesta de los seguidores de esa ideología a la situación cuasi-revolucionaria del mayo francés de 1968.

Nada de lo anterior resta poder a su artículo sobre Iván Ríos, al que puso por título Balada de un hombre muerto. En ella canta un hombre que es escuchado por Nicolás Sarkozy.

LEA

Balada guerrillera

En febrero de 2001, mientras investigaba para mi libro sobre las guerras olvidadas, conocí a Iván Ríos, el comandante de las FARC que fuera recientemente ejecutado por su propio jefe de seguridad y guardaespaldas, en algún lugar de la frontera entre los departamentos colombianos de Caldas y Antioquia.

Los periódicos de esta mañana dicen que tenía cuarenta años. En mi memoria era un poco más viejo.

En cualquier caso, era el más joven de los siete miembros del secretariado general de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, o FARC.

Era también el más cultivado del grupo, quizás el más inteligente, y el único que había estudiado en la universidad en Medellín. Antes de pasar a la clandestinidad se llamaba Manuel Muñoz Ortiz, y su relación con el líder supremo de las FARC, Manuel Marulanda Vélez, de sobrenombre “Tirofijo”, era muy estrecha. Pertenecía al círculo íntimo de Tirofijo. Como dijera Osama bin Laden de otro intelectual brillante, Omar Sheikh, era una suerte de hijo adoptado.

Puedo verlo ahora en su bunker de Los Pozos, en medio de la jungla amazónica, exponiéndome la serie de eventos que lo llevaron, un joven y estudiado marxista que había crecido con el castrismo y leído en detalle a los escritores Louis Althusser y Charles Bettelheim, a unir sus fuerzas con uno de los más sangrientos movimientos guerrilleros del planeta.

Puedo verlo: tranquilo, sereno, encarnando al “asesino delicado” de Camus; un hombre que había aprendido a vencer sus recelos. Era como un Kaliayev cuyos años de soledad y de aislamiento en una jungla, cuyas paranoia y oscuridad probablemente lo convirtieron en un salvaje e iracundo Stepan Fedorov: inhumano, desprovisto de escrúpulos o dudas.

Todavía puedo verlo, su emaciada silueta, su cabello bien peinado, su barba impecablemente mantenida, hablando como un profesor que analiza una ecuación extremadamente compleja, explicando sin el menor azoro la “profunda justicia” de los secuestros planeados por las FARC, de Ingrid Betancourt, entre otros.

Lo recuerdo hablándome mientras caminábamos hacia el pequeño aeropuerto rural donde se esperaba la llegada de Camilo Gómez, el Alto Comisionado para la Paz del Presidente de Colombia. Ríos empleaba sus habilidades dialécticas para convencerme de que el cultivo de coca, la militarización de los laboratorios clandestinos donde sería refinada, el tráfico de cocaína y su comercialización masiva al servicio de las metrópolis del Imperio Americano, todo eso era una forma de resistencia a la opresión, un modo para que campesinos empobrecidos quebrados por los capitalistas se defendieran a sí mismos, una respuesta políticamente correcta al deterioro de los términos de intercambio entre Norte y Sur implantados por las corporaciones estadounidenses.

Rara vez en mi vida me he topado con una racionalidad tan desquiciada.

Nunca había estado tan cerca de esta clase de degeneración ideológica, convertida en la coartada glaseada de un gangsterismo puro.

Ahora el hombre está muerto.

Veo las fotos publicadas hoy por la prensa colombiana. Todo lo que queda de su cara, donde a veces divisé una sonrisa furtiva, una mueca ligeramente demente que se borraba lentamente, es su máscara mortuoria que sobresale de la sábana de plástico blanco con la que su cuerpo fue amortajado.

Recuerdo su elegante gesto al señalar un mapa clavado en la pared del bunker, mostrándome la zonas de los departamentos de Huila y Putumayo donde aparentemente los gringos habían estado rociando defoliantes como los que una vez usaron en Vietnam.

Su mano derecha cortada fue entregada por Pedro “Rojas” Montoya, el guerrillero que lo mató. Rojas también llevó el pasaporte de Ríos y su computador personal al comandante de la guarnición de San Mateo, que durante semanas había rodeado a las FARC.

En verdad, oscilo esta mañana entre, no dos, sino tres sentimientos.

Primero, una cierta emoción (¿por qué no admitirla?) al recordar esa mente extraviada, esa brillante inteligencia que, aun el día que exponía sus intolerables sofismas, era oscuramente seductora.

Luego, una verdadera satisfacción, porque las FARC, este gang, esta mafia, está ahora en una racha perdedora, ya que la muerte de Ríos siguió de inmediato a la de su compañero del secretariado, Raúl Reyes, el 1Ëš de marzo, lo que quizás signifique que se acerca la largamente esperada rendición de las FARC.

Por último, el pensamiento esencial—no, más que el pensamiento el temor—sobre el destino de los rehenes en general y de Ingrid Betancourt en particular, en las horas y días que vienen. ¿Quién puede decir como actuarán estas bestias salvajes, estos perros de la guerra, cuando perciban que han sido acorralados? Y cómo—a pesar del horror, de los crímenes, de los errores inerradicables de estos años de terrorismo ciego—pudiéramos no rezar por el comienzo de un último, un verdaderamente último diálogo: uno que salve a los inocentes.

Bernard-Henri Lévy

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LEA #278

LEA

Las cifras de la revolución “bolivariana” no están cuadrando. Las reservas internacionales, para empezar, experimentan el embate de transferencias a FONDEN (Fondo de Desarrollo Nacional), o el gasto de divisas en recrecidas importaciones de productos terminados por el Convenio ALADI, ligadas al desabastecimiento. En los primeros dos meses del año estas importaciones más que se duplicaron respecto de igual lapso del año anterior. (108% de aumento).

Pero esto, claro, es el “cochino capitalismo”. Es lo que la revolución corregiría con inventos tales como la cogestión obrera. Ah, pero pasa que esta línea revolucionaria, como los benditos “motores” de la revolución, se está viendo interrumpida. Los trabajadores de una empresa textil intervenida (INVETEX), algo más de doscientas personas, ya no reciben remuneraciones, mucho menos las acciones que se les había prometido. (El tentempié que obtenía cada uno de la Misión Vuelvan Caras, 614 bolívares fuertes, ya no les llega, pues la tal misión ha sido descontinuada). Los obreros de Sanitarios Maracay ya no deben contar tampoco con un esquema de cogestión, dado que el gobierno ha decidido declarar el ramo como no prioritario y devolver la compañía sus propietarios originales. Por lo que respecta a la gente que trabaja en la papelera INVEPAL, titular de 49% de las acciones, ella se queja de las pérdidas de 18 millones de bolívares fuertes en 2007, y habla desenfadadamente de corrupción en la empresa.

Claro está, allí seguimos lidiando con la economía—“ser rico es malo”—pero si miramos a actividades puramente sociales, seguramente encontraremos allí los triunfos de la revolución. ¿No es así?

No, no es así. Luis Bravo Jáuregui, investigador de la Universidad Central de Venezuela, recién termina de analizar las cifras reportadas para la matrícula de educación primaria, según las reporta el mismo Ministerio del Poder Popular para la Educación. Reporta así Gustavo Méndez en El Universal: “De acuerdo al informe oficial, la matrícula del primer grado se incrementó en 16 mil 703 alumnos con respecto al año anterior para alcanzar un total de 640 mil 54 párvulos. Pero inmediatamente saltan las comparaciones. Para el período 96-97 la cifra era de 670 mil 701 alumnos en el mismo grado. Aún más, el docente indica que el número de repitientes fue de 61 mil 912 alumnos”. La “Quinta” República va para atrás, como el cangrejo.

Jáuregui concluye que el flaco crecimiento de la matrícula de primer grado es inferior al crecimiento de la población entre 6 y 7 años de edad, que es la que debiera ingresar al sistema de educación primaria. Siendo que se estima dicha población en 984.490 niños, se colige que unos 345.000 de ellos no han ingresado a ese sistema.

La solución sea tal vez declararnos, en referéndum, como país extranjero, a ver si Hugo Chávez se digna en visitarnos y prometernos los churupos que, digamos, ha concedido a Argentina. Más modestamente, ¿no sería posible que nos regalara, al menos, lo que el señor Antonini llevó hasta allá en un maletín?

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CS #278 – El mundo encima

Cartas

Al suscrito solía causarle mucha gracia un chiste que contaba uno de sus compadres, como pretendida viñeta caracterológica del venezolano. Aquí se expondrá sólo esquemáticamente; es mucho mejor oírlo con todas las groserías necesarias a su colorida versión original.

Resulta que un venezolano, muy embriagado, se encontraba en un cierto pub londinense y arranca a gritar todo género de procaces improperios, dirigidos principalmente a la reina Isabel y su principesco consorte, Felipe de Edimburgo. Decía cosas horribles de los augustos personajes a voz en cuello. Toda la concurrencia lo observaba consternada, hasta que, casi de inmediato, un hombre vestido de negro se acercó al borracho, a quien mostró un carnet del Servicio Secreto del Reino Unido y le conminó a salir del local en su compañía. Nuestro compatriota consintió en salir, no sin gritar: “¡Ay, ¡gran vaina! ¿Me vas a asustar con ese carnet? Chapéame, pues. ¡La reina Isabel es una #@&§∑, y el príncipe Felipe es un ¶€øyΩ!”

Una vez en la calle, el agente secreto de Su Majestad le informó: “Caballero, la sección 45.1.4 del Acta Contra Actividades Subversivas del Reino puede castigarle con un juicio sumario y hasta la pena de muerte si usted persiste en su actitud”. Impertérrito, el borracho contestó: “¡Ay, qué miedo! Llévame a juicio, estúpido—esto es un eufemismo—pero la reina Isabel es una…” Etcétera.

En efecto, el agente llama a una radiopatrulla y conduce al indiciado hasta la sede de un tribunal, donde un juez convocado de emergencia le espera ya, vestido con toga y cubierta su cabeza con la consabida peluca ceremonial. Allí insiste el pintoresco personaje: “Ay, ¡qué miedo, mascarita! ¿Crees que me vas a asustar con esa peluca de afeminado? ¡La reina Isabel es una #@&§∑ y el príncipe Felipe es un ¶€øyΩ! ¿Y qué?”

Para ir recortando la cosa, digamos que el irrefrenable beodo es condenado a muerte, con ejecución instantánea en la horca, lo que le causa risa y le lleva a fanfarronerías extra y más insultos subidos de tono contra la casa real y el sistema jurídico inglés. En ruta al cadalso, llevado por dos guardias bien fornidos, camina tras un verdugo encapuchado, y a éste lo increpa: “Ay, ¡gran cosota! ¿Tú crees que me voy a asustar con esa capucha? ¡No juegue! ¡La reina, el príncipe y tú también son unos…!”

Detenidos finalmente bajo la horca, el verdugo pasa el lazo por la cabeza del inconsciente y le ajusta la soga al cuello. Y es entonces cuando el borracho le reclama: “¡Pero bueno, vale! ¿Qué te pasa? ¡Me estás apretando!”

………

Naturalmente, hay personas así en todas las culturas. En la hispánica se les designa como fanfarrones (que se precian y hacen alarde de lo que no son, y en particular de valientes), pero los sajones tienen a sus blusterers (que hablan insultante y duramente, con poco efecto) y los franceses también tienen quienes incurren en rodomontade o fanfaronnade. No es privativo de la venezolanidad esta clase de personaje costumbrista. El chiste causa gracia—aseguro que es así cuando se le escucha en lenguaje colorido—pero no debe pensarse que sea en verdad una instancia ejemplar de lo que Abraham Kardiner hubiera llamado la personalidad básica de los venezolanos.

A pesar de esta salvedad, es claro que la conducta reciente del presidente Chávez está tipificada en ese cuento. Después que alardeó en señal televisada con diez batallones y aviones Sukhoi, con el cese de relaciones diplomáticas y la expulsión de los delegados colombianos en Venezuela, amén de amenazas de expropiación contra empresas de dueños también colombianos, aderezado todo esto con insultos sin fin al presidente Uribe, una vez que se le habló de ciertos archivos digitales y guerrilleros, una vez que el Consejo Permanente de la OEA eludiera una condena específica de Colombia y no se refiriera en absoluto a Venezuela en el texto de su resolución, el presidente Chávez se presentó como cordero de la paz en la República Dominicana, para abogar por el entendimiento ante la Cumbre del Grupo de Río. Era como reclamar que lo estuvieran apretando.

El lenguaje corporal y gestual del presidente Correa era inequívoco: su rostro reflejaba inmensa incredulidad. Quien hacía apenas horas lo había recibido en Venezuela para un espectáculo a dúo de acusaciones e injurias contra Uribe, quien lo había azuzado para que rompiera relaciones con Colombia y acercara a su frontera con este país algo de las magras fuerzas militares ecuatorianas, lo había dejado en la estacada, sin aviso o anestesia. Si Correa se declara todavía suspicaz—a nivel personal, dijo—acerca de Uribe, ya ha aprendido que Chávez es perfectamente capaz de traición y deslealtad.

Como ha destacado más de un analista, las propias FARC emitieron un precoz comunicado al conocerse la muerte de “Raúl Reyes” en Ecuador, en el que indicaron que ese incidente no tendría por qué impedir el proceso de canje “humanitario”. Ellas mismas, conocedoras como nadie de su precaria situación militar, no querían interrumpir la ruta hacia su deposición de las armas, única salida que les queda. Ellas saben que sus fuerzas actuales, estimadas generosamente en 8.000 guerrilleros, ya no son sino la sombra de un cuerpo armado subversivo que hace sólo cinco años contaba con 4.000 combatientes más, y que tan sólo el año pasado desertaron de sus filas unos 2.500. Y ese comunicado fue emitido antes de que supieran del segundo golpe durísimo en dos semanas: la muerte de “Iván Ríos” a manos de su propia gente para salvarse de una situación desesperada. Su eficacia terrorista ha disminuido marcadamente: Uribe, que accedió al poder en 2002 sobre la promesa de reducir a las FARC, y que aumentó la fuerza militar colombiana en 44%, ha logrado que la cantidad de secuestros disminuyera en 83% y los ataques terroristas en 76% para 2007.

No es noticia fresca para las FARC, por consiguiente, su propio desplome, signado por el repliegue, la precariedad y la disensión intestina. Es más, ahora parece probable que hubieran depuesto ya las armas para este momento de no haber mediado el aliento y el apoyo material y financiero que les haya hecho llegar el gobierno presidido por Hugo Chávez. Es muy probable que hayan sido los sueños opiáceos—más bien cocáceos—de Chávez lo que haya frenado una capitulación más temprana de los irregulares, al persuadirles de que sus fuerzas, sumadas a las tropas hermanas de Venezuela, Ecuador y Nicaragua podrían acabar con la podrida cúpula uribista, heredera de los asesinos del Libertador en Santa Marta.

Pero ahora van a constatar que son tan desechables para Chávez como lo son Rafael Correa, Luis Tascón, Juan Barreto o Raúl Baduel. Ahora verán cómo el apoyo del gobierno venezolano se esfuma súbitamente. No es Chávez quien querrá mantenerse en sociedad con unos perdedores. Antes explicará a Fidel Castro que los guerrilleros en Colombia no sirven para nada, y que son una causa perdida.

………

Para usar un sustantivo caro a la retórica de las FARC, los áulicos de Chávez han proclamado que fue su jefe quien trajo la paz al continente. Las declaraciones del embajador venezolano en México, Roy Chaderton, han sido deplorables, pero aun son más lamentables las del oportunista general retirado Alberto Müller Rojas, quien en 1992, después de la intentona de Chávez y su banda de abusadores, pescueceaba para ser reconocido como un miembro de “Los Notables”, el grupo de intelectuales que se reunía en torno a la figura de Arturo Úslar Pietri. (En aquel año Müller adulaba a Úslar en artículos de prensa, presentándolo como el primero que había solicitado la renuncia de Carlos Andrés Pérez, cuando en diciembre de 1991 el desaparecido maestro proponía que Pérez se pusiera al frente de un “gobierno de emergencia nacional”, y a pesar de que el 21 de julio de ese mismo año El Diario de Caracas publicó un artículo en el que se propugnaba esa renuncia y el mismo Müller trató de ridiculizarlo).

Tan inconsistente personaje ha comentado el deseo formulado por Manuel Rosales, en cuanto a la traslación al interior de nuestro país del espíritu de conciliación que finalmente prevaleció en tierras dominicanas. “Yo no creo que ahora existan las condiciones”, dijo Müller, y aludiendo directamente a Rosales apuntó: “A mi me da risa oírlo, después de que se atrevió a llamar a Chávez traidor a la patria”. Una vez asentado ese preámbulo, se guindó del jefe para exponer que Chávez estaba defendiendo la “patria territorial”—que no estaba amenazada; a menos que Chávez diera consciente asilo a guerrilleros en nuestro territorio no tenía nada que temer—y luego habría exhibido “una gran capacidad política” en la isla de Santo Domingo, factor que habría asegurado la paz.

La lógica de Müller es, por supuesto, arrastradamente inconsistente. Si la siguiera, habría tenido que decir que las manifestaciones pacíficas de Chávez le movían a risa con sólo oírlas, pues éste le había dicho a Uribe poco antes de la cumbre, por la medida chiquita, que era traidor a la “Patria Grande”. (Por no mencionar el carísimo y “pacífico” desplazamiento de tropas). Los revolucionarios de pacotilla, obviamente, reivindican el privilegio de la inconsistencia, que les permite, desde una postura desgarradamente moralista, condenar a otros por pecados que ellos cometen en mucho mayor cuantía.

Lo que lleva a Chávez a su hipócrita actuación, que daba la espalda a Correa, no era otra cosa que la amenaza de acusarle ante la Corte Penal Internacional y una doble constatación: que ni las praderas sudamericanas serían incendiadas contra Colombia ni el pueblo venezolano le acompañaba en su desvarío. Sondeos rápidos de la opinión nacional llegaron a medir un rechazo de 82% a la peregrina idea de una guerra con Colombia. Presentarlo, entonces, como el gran pacificador de la comarca, es una falacia descomunal, que no se traga ni la autora de sus días.

La amenaza de Uribe no ha sido desmontada de un todo. Los equipos jurídicos colombianos no han cesado su trabajo, en cuanto a la acusación de Chávez como promotor y financista de una fuerza irregular que comete sistemáticamente crímenes de lesa humanidad. Ayer no más el gobierno de Uribe hacía entrega a la Interpol, en la persona de nadie menos que su máxima autoridad ejecutiva, Ronald Noble, quien se trasladó especialmente a Colombia, los computadores incautados en el operativo contra “Raúl Reyes”.

Los estadounidenses, por otra parte, se aprestan a la cacería. Ya hay actividad en el Congreso de los Estados Unidos en esa dirección, funcionarios del gobierno insinúan sin mucho velo que Venezuela puede ser declarada un estado que ayuda a terroristas y hasta el propio presidente Bush, que durante años había optado por ni siquiera nombrar a Chávez, ayer lo acusó por nombre y apellido ante la Cámara Hispánica reunida en Washington. Difícilmente Uribe y Bush, consistentemente insultados por Chávez, dejen pasar la oportunidad de contar, por primera vez, con evidencias harto comprometedoras para el presidente venezolano. Por de pronto, como está dicho, la pelota ha sido pasada a la policía internacional. No debe esperarse del secretario Noble, abogado y profesor de la Escuela de Derecho de la Universidad de Nueva York (de permiso), antiguamente responsable de la oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, así como ex jefe del equipo de la División Criminal de su Departamento de Justicia, unánimemente reelecto por cinco años más, en 2005, a su cargo actual, una actitud complaciente con Chávez.

………

Una cierta sabiduría emerge en Venezuela en cabezas opositoras a Chávez y parece generalizarse. En días recientes, quien escribe ha podido escuchar y leer, en más de un sitio, la paciente y sensatísima opinión de que todavía debe permitirse que Chávez se cueza en su propia salsa. Es preciso, se sostiene, que el rechazo nacional a su figura crezca hasta el borde de la unanimidad; que el aprendizaje del pueblo acerca de su malignidad se haya generalizado. Sólo así, se arguye, será posible su abandono del poder sin que sea tenido como mártir inmolado por su fe antiimperialista. Es necesario que su coartada quede descubierta universalmente.

No debe haber apuro, entonces. La oposición a Chávez por contención se ha vuelto de nuevo posible, a raíz de su primera derrota electoral el 2 de diciembre pasado y la incesante serie de traspiés internacionales con los que se ha tambaleado. Esto es, seguramente pagaríamos un costo mientras se generaliza la opinión en su contra. pero eso sería un costo muy menor al que ya hemos pagado, puesto que su capacidad para hacer estropicios se ha visto considerablemente reducida.

Además, la oposición que hace falta para su derrota definitiva no es la de una mera contención. (“Sería ingenuo suponer que ahora Chávez no apretará una tuerca más… Urge encontrar el modo de tomarle la zurda muñeca que empuñará la llave inglesa y dificultarle el opresivo giro con el que querrá expandir su totalitaria y quirúrgica manera de gobernar”. Carta Semanal #100 de doctorpolítico, 19 de agosto de 2004). La oposición profundamente eficaz es la superposición, como argumentaba el suscrito en una conocida peña caraqueña a comienzos de 1999. El mensaje que la permita debe ser transmitido al pueblo, y este proceso consumirá un tiempo, que será menor en la medida que se le ayude acelerándolo.

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FS #185 – Ideología y paradoja

Fichero

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Al Dr. Mauricio Báez, quien me obsequió La teoría pura de la ideología

El 27 de febrero de este año, falleció en el estudio de su casa de Stamford, Connecticut, a la edad de 82 años, uno de los más brillantes y combativos expositores del conservatismo norteamericano, William Frank Buckley. Aunque fuese radicalmente conservador—o libertario, como a veces se definía—su inteligencia le exigía realismo, y es así como, sin condenarla de un todo, opinó en un artículo de su propia revista (National Review, febrero de 2006), que no había dudas de que los norteamericanos habían fracasado en sus objetivos de la guerra en Irak. Antes había declarado: “…el conservatismo implica una cierta sumisión a la realidad, y esta guerra tiene una obvia irrealidad y está siendo inevitablemente capturada por los acontecimientos…” Si Bush fuese un primer ministro europeo, dijo, la experiencia de la guerra le hubiera forzado a retirarse o renunciar. Más generalmente, hizo este juicio: “La realidad de la situación es que las misiones en el extranjero que tratan de lograr un cambio de régimen en países que carecen de un estatuto de derechos o tradición democrática son terriblemente arduas”.

Quizás Buckley había aprendido algo de un famoso debate con Noam Chomsky, a quien llevó a una de las transmisiones del programa de televisión que condujo para el Public Broadcasting System durante treinta tres años (Firing Line, 1966-1999). La “entrevista” a Chomsky es característica del estilo pugnaz de Buckley, que impedía el despliegue argumental de su interlocutor con frecuentes interrupciones. En esa ocasión, los formidables personajes chocaron, justamente, sobre el tema de las intervenciones norteamericanas en terceros países. A juicio de quien escribe, Chomsky demostró un conocimiento más preciso de los hechos, mientras que Buckley se defendió, principalmente, a base de retórica. (Puede verse grabaciones del debate en YouTube, a partir de http://www.youtube.com/watch?v=VYlMEVTa-PI&feature=related).

Igualmente se encuentra en YouTube la entrevista que hiciera en 1985 a Kenneth Minogue (http://www.youtube.com/watch?v=-CIOSkrfRC4), a raíz de la publicación del libro de este último Alien Powers: The Pure Theory of Ideology. Minogue es Profesor Emérito de Ciencia Política en la Escuela de Economía de Londres, y un “euro-escéptico” miembro del Grupo de Brujas y la Fundación Europea, dos think tanks conservadores que, a pesar de sus nombres, descreen de la integración política de Europa. (La presidenta honoraria de la fundación es Margaret Thatcher).

El libro de Minogue ha sido traducido al castellano (La teoría pura de la ideología, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 1988). Es un incisivo y profundo estudio del fenómeno ideológico, de valor pedagógico inestimable. En su introducción, escribe Minogue: “La ideología participa de todo el oportunismo de cualquier uso político del lenguaje”, y la define como “la propensión a construir explicaciones estructurales del mundo humano”. La Ficha Semanal #185 de doctorpolítico reproduce la sección inicial (Las paradojas de la ideología) de su último capítulo (Conclusión). No tiene desperdicio.

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Ideología y paradoja

El gran descubrimiento de la ideología fue que la civilización europea moderna, por debajo de sus apariencias ingeniosamente artificiales, es el despotismo más sistemáticamente opresor que el mundo haya conocido jamás. Toda historia, por supuesto, es un acto de opresión, pero sólo en los tiempos modernos la opresión comenzó a esconderse a sí misma detrás de una fachada de libertad.

Para poner este argumento en perspectiva, es relevante anotar que la germinación de la ideología coincidió con la abolición británica del tráfico de esclavos, y para el tiempo en que Lincoln firmó el Edicto de Emancipación ya estaba completamente establecida. Durante este mismo período, se preparó el trabajo preliminar por el sufragio universal de los adultos, y para liberar a las mujeres de la restricción doméstica hasta un grado sin precedentes. Es verdad, por supuesto, que muchos ideólogos reconocieron estas mismas liberaciones como cumbres de la tierra prometida. Sin embargo, el hecho más notable sobre la ideología es su intento de demostrar que lo que para pruebas más ordinarias—un fin del hambre y de las más pesadas cargas de trabajo, respeto por los derechos humanos—había sido un gigantesco salto hacia adelante de la humanidad, es realmente un retraso monumental. La civilización occidental se estaba confundiendo a causa del grado en que las instituciones opositoras y adversarias habían servido realmente para incrementar antes que para destruir su estabilidad; pero en ideología, esto había producido una oposición para terminar con todas las oposiciones, un adversario no inclinado a jugar un juego competitivo sino a la destrucción total de todo lo que constituye el mundo moderno. La ideología es la más pura expresión posible de la capacidad de la civilización europea de autoaversión.

La promoción de semejante movimiento enfrenta claramente problemas formidables. Retóricamente, son problemas de cómo persuadir a una sociedad de occidentales individualistas de embarcarse en un curso de acción tan evidentemente conducente a la autodestrucción; lógicamente, estos son problemas de contradicción entre lo que el ideólogo es y lo que parece ser. Levanta el estandarte del cambio contra un establishment conservador; sin embargo, su telos es una condición puramente estática. Hay un movimiento político inclinado hacia la destrucción de las mismas condiciones de la política. Apela a nuestras respuestas morales, aunque niega la realidad de la vida moral. Los proletariados de la teoría ideológica son primero vaciados de cualquier pensamiento y sentimiento real que puedan tener, y provistos entonces de las proposiciones de la ideología. Mientras afirma la libertad, encara una comunidad en la cual sólo el único tipo de acto correcto será concebible. Ataca las desigualdades, aunque apunta a la destrucción de las únicas entidades—los individuos—que pueden en algún sentido serio ser tomados como iguales. Afirma la democracia verdadera, pero encara una unanimidad que haría innecesaria a la democracia. Reclama la rúbrica del criticismo sólo para declarar incontestables sus propias verdades. Tales son algunas de las paradojas a las cuales nos lleva nuestro análisis.

Por encima de todo, quizás, está la paradoja de que la ideología, que propone romper las mistificaciones teóricas en la liberación de la praxis, supone la entera destrucción de la práctica. Pues la práctica es una transacción, en la cual un agente deseoso se distingue a sí mismo del resto del mundo, embarcado en una actividad a la búsqueda de satisfacción, y por esa razón acepta el riesgo de la frustración. Después de la transformación ideológica, sin embargo, el hombre no estaría ya apartado del hombre (o aun de la mujer), y la humanidad no estaría apartada de la naturaleza. Todas las distinciones constitutivas de la práctica, junto con los problemas morales y filosóficos que le son consecuentes, estarían abolidas, canceladas, aufgehoben pues (como Marx lo dijo):

Ese comunismo… es la genuina resolución del conflicto entre hombre y naturaleza y entre hombre y hombre—la verdadera resolución de la contienda entre existencia y esencia, entre objetivación y autoconfirmación, entre libertad y necesidad, entre el individuo y la especie. El comunismo es el acertijo de la historia resuelto, y sabe que él es la solución.

Una situación de las cosas en las cuales toda contienda entre esencia y existencia haya sido resuelta puede posiblemente ser una cosa bella, pero no habría nadie para contemplar semejante belleza, desde que la separación entre la belleza y su contemplador estaría también entre las cosas resueltas. No es una condición posible para los seres humanos, y esto quiere decir que la ideología plantea un problema esencialmente insoluble para Occidente, AI declarar Ia putrefacción de una civilización, realmente está declarando odio por cualquier vida humana posible. Lo que propone es el equivalente cósmico de un pacto suicida.

Si giramos hacia la influencia real de esta teoría pura de la ideología sobre Europa y el mundo, nos impactarán dos cosas. La primera es que la influencia de la ideología en Occidente puede fácilmente ser exagerada. Los movimientos políticos que generó, tales como comunismo y feminismo, tuvieron que tomar una forma política y de este modo se hicieron sensibles a lo que la gente real quiere, Todos los movimientos semejantes están marcados por fuertes tendencias revisionistas. La teoría pura de la ideología aparece sólo en áreas de pura intelectualidad, o entre pequeños grupos extremistas. No hay cambio importante en los dos últimos siglos que le pueda ser atribuido con exclusividad. Por supuesto. suministró un vocabulario y un ímpetu para vastos cambios en el sistema industrial, especialmente en las condiciones del trabajador industrial y también en la condición de las mujeres, pero estos dos cambios responden a desarrollos evidentemente sensibles de la tecnología y las costumbres. La contribución directa de la ideología fue poner al trabajador contra el capitalista, al negro contra el blanco, a los hombres contra las mujeres. La ideología fue para la vida pública lo que un buen arranque de cólera es a la vida privada: consigue resultados. Y, como la cólera, puede también tener desagradables efectos colaterales, tales como la multiplicación de las inútiles antipatías generalizadas. Pero, por todo esto, poca gente en Occidente estuvo por un momento preparada a abandonar las delicias de la alienación (a las cuales podrían llamar libertad) con el fin de vivir en una sociedad entregada para reencauchar a un conjunto de revolucionarios poseedores de la verdad, y un aparato de poder despótico. Por otro lado, la influencia de los modos ideológicos de pensamiento, tales como la propensión a las explicaciones estructurales que prescinden de autonomía moral, es muy poderosa, e inclina a mucha gente culta a asimilarse a sí misma a los universales ideólogos con desprecio de las lealtades particulares hacia los amigos, la familia y el país.

Sucedió de otro modo en el mundo no occidental. El proceso de modernización disolvió evidentemente muchos de los vínculos acostumbrados de la sociedad tradicional, Si esto fue tomado como un mal, entonces muchas de las sociedades tradicionales importaron no sólo el mal, sino también la ideología como un antídoto para el mal, que también es un producto occidental. Esto inhibió no sólo sus propios poderes de asimilar lo que podrían valiosamente usar de la civilización occidental, sino también su capacidad autóctona de desarrollar antídotos de su propia cosecha. Las formas recientes de nacionalismo y anticolonialismo tienden a ser destructivas de la cultura tradicional y espiritualmente incapaces de desarrollar nada nuevo. La elite se hace opresora o cosmopolita, y no hay duda sobre el modo característico de pensamiento que impera entre las elites opresoras del mundo no europeo: es ideológico.

Kenneth Minogue

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LEA #277

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Es innegable que el actual proceso electoral de los Estados Unidos, que determinará quien será el sucesor del terrible George W. Bush, no tiene precedentes. Hasta John McCain, ya preungido como el candidato de los republicanos, no es un conservador típico, siendo como es un luchador incansable contra el predominio de poderosos intereses creados. Naturalmente, al emerger esta semana como el precandidato insuperable, ha ido a retratarse con Bush, por aquello de mantener unido al partido del Presidente con el de él mismo.

Pero lo que marca con un sello insólito la campaña por la Presidencia de los Estados Unidos es la coincidencia de dos precandidaturas muy especiales: la de la senadora Hillary Clinton, que pudiera ser la primera mujer en alcanzar tan suprema magistratura, y la del senador Barack Obama, el primer norteamericano de raza negra que pudiera lograr exactamente lo mismo.

Hasta el día martes la dinámica parecía favorecer inexorablemente a Obama, pero luego del resurgimiento de Clinton gracias a tres importantes triunfos primarios—Ohio, Texas y Rhode Island—ante su contendor, colega y copartidario, que sólo pudo ganar en Vermont,  la senadora por Nueva York ha recuperado momentum, y ahora es Obama quien argumenta con base en las matemáticas electorales. (Dijo que la cuenta de delegados a su favor arroja una ventaja que resultará insuperable. En los momentos supera a Clinton por un centenar de delegados).

Lo parejo de las posiciones amenaza con remitir la decisión al poder de los “superdelegados”, personalidades del partido que tienen un peso extra en la determinación final de la convención electoral de los demócratas. En teoría podrían revertir la decisión de los votantes en las primarias, pero las encuestas registran que un poco más de las dos terceras partes de éstos considera que los superdelegados deberán respetar la voluntad popular democráticamente expresada. En verdad, si esto no ocurriere, el Partido Demócrata debiera cambiarse el nombre.

A raíz de los resultados de las votaciones de anteayer, por otra parte, Hillary Clinton ha hecho una declaración audaz, que Obama no ha comentado hasta los momentos de redactar esta nota. Clinton ha dicho estar abierta a compartir la fórmula—el ticket—demócrata con Obama. Naturalmente, se apresuró a añadir: “Tal vez el proceso apunte en ese sentido, pero desde luego todavía debemos decidir quién encabezará la fórmula. Creo que el pueblo de Ohio dijo claramente que debería ser yo”.

La senadora Clinton no es suscritora de esta publicación, pero aquí se dijo en el #275, del 21 de febrero, comentando la posibilidad inversa—Obama como número uno y Clinton como número dos—lo siguiente: “¿Un ticket invencible? Al menos un verdadero cambio, ciertamente uno que el planeta necesita”.

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