CS #87 – Otro cuento

Cartas

Hasta 1973 la economía venezolana creció serena y consistentemente, a ritmo sensato, dentro del marco de la democracia. A comienzos de ésta (1959) el Estado venezolano propició una reforma agraria, pero también una política de industrialización que implicaba un explícito e importante estímulo a la actividad económica privada.

A partir de 1974 el país experimentó un crecimiento desmedido, cuyas consecuencias seguimos sufriendo a la fecha. En ese año se había cuadruplicado, en cuestión de meses, el valor de las exportaciones energéticas venezolanas, a raíz del embargo árabe de fines de 1973.

Es conveniente enfatizar este hecho: el crecimiento de la década 1973-83 no se debió a factores buscados por Venezuela, sino a causas totalmente exógenas determinadas por terceros actores internacionales, entre las que debe anotarse además la profusa y espléndida oferta de financiamiento internacional de la época.

Cualquier economía, por más sana que fuese, enfermaría de importancia si se viera inundada de esa forma por tan desorbitada y repentina fortuna. De hecho, se conoce con el nombre de «enfermedad holandesa» a procesos de este tipo, para designar la dolencia económica en la que el súbito influjo de ingreso petrolero y ayuda internacional puede destruir la economía. (En los años 70 la explotación de petróleo en el Mar del Norte generó una inundación, esta vez de dólares, en Holanda. La divisa holandesa se revalorizó sustancialmente, encareciendo sus exportaciones no petroleras hasta el punto de hacerlas no competitivas. Al mismo tiempo la importación se hizo barata, y los altos salarios del sector petrolero causaron su elevación en otros segmentos de la economía. Estas fuerzas se combinaron para causar estragos en la actividad privada no petrolera).

De modo que sufrimos una enfermedad por factores no endógenos. Sufrimos un atragantamiento e indigestión de divisa extranjera. (En 1963 el Primer Curso de Dirigentes Campesinos del Instituto Venezolano de Acción Comunitaria se celebraba en Caracas, con una duración de un mes. A los pocos días de haberse iniciado la angustia cundía entre los directivos del instituto, pues la gran mayoría de los dirigentes campesinos asistentes habían enfermado de aguda dolencia digestiva. El temor inicial de una intoxicación causada por presuntos alimentos descompuestos dio paso después a la comprensión de la causa real de la epidemia: los asistentes al curso rara vez habían comido tres veces diarias, y la ingesta normal que ofrecía el IVAC representaba un marcado salto en la dieta habitual de los enfermos. Lo que en principio es bueno puede perfectamente hacerse pernicioso en la práctica, en ciertas condiciones).

Y tampoco es que la gestión económica pública de la época no intentó protegerse de la enfermedad. La creación del Fondo de Inversiones de Venezuela pretendió ser el remedio que ahora se prescribe en Irak para precisamente buscar esa protección. («En Irak sus funcionarios se preocupan porque el influjo de dólares empuje hacia arriba el valor de la moneda local y dispare los salarios hasta el punto de que la manufactura y otras industrias no petroleras languidezcan… Entre los remedios que la administración Bush está considerando para contrarrestar la enfermedad holandesa está la creación de un fondo para estabilizar el ingreso petrolero del gobierno incluso ante fluctuaciones en los precios del crudo…» Michael M. Phillips, U.S. Tries to Gird Iraq for the Perils of Oil-Cash Glut, The Wall Street Journal, 19 de enero de 2004).

Debe apuntarse, por otra parte, que la República de Venezuela trató de emplear el excedente de ingresos en inversión económicamente razonable. En 1975 cualquier economista del planeta hubiera recomendado al gobierno venezolano que hiciera lo que precisamente emprendió: el desarrollo, mediante concentradas e importantes inversiones, de sus «ventajas comparativas». Si Venezuela se caracterizaba, además de por su elevado ingreso petrolero, por una abundancia de minerales de hierro y aluminio en una región bendita por la presencia de energía hidroeléctrica abundante y relativamente barata, entonces hacia allí debía ir la inversión pública. El Plan IV de SIDOR fue el programa emblemático de esa política.

Pero nadie entreveía entonces que una profunda transformación de la economía mundial estaba en marcha y haría eclosión en el último cuarto del siglo XX. Así, hubo que esperar a 1986 para leer un comentario como el siguiente: «La Revolución Industrial estuvo en gran medida basada en mejoras radicales en los métodos de modificación de materiales básicos tales como el algodón, la lana, el hierro y más tarde el acero. Desde entonces, continuas mejoras en las técnicas de producción han hecho disponible un creciente número de productos basados en materiales a un número mayor de mercados. De hecho, desde la Revolución Industrial un aumento en el consumo de materiales ha sido un signo de crecimiento económico… En años recientes parece haberse producido un cambio fundamental en este patrón de crecimiento. En Norteamérica, Europa Occidental y Japón la expansión económica continúa, pero la demanda por muchos materiales básicos se ha estabilizado. Pareciera que los países industriales han alcanzado una encrucijada. Ahora están saliendo de la Era de los Materiales, que abarcó los dos siglos siguientes al advenimiento de la Revolución Industrial, y se están adentrando rápidamente en una nueva era en la que el nivel de uso de los materiales ya no constituye un indicador importante de progreso económico. Puede ser que la nueva era llegue a ser la Era de la Información, aunque es probablemente demasiado temprano para bautizarla con alguna seguridad». (Eric D. Larson, Marc H. Ross y Robert H. Williams, Beyond the Age of Materials, Scientific American, junio de 1986).

Sólo entonces advirtieron: «Dado que el procesamiento de los materiales básicos consume mucho más energía por dólar de unidad producida que lo que lo hacen las actividades de fabricación intermedia y final, aún un pequeño cambio en el procesamiento puede tener un profundo efecto en la energía consumida por la industria (que en 1984 representó dos quintas partes de toda la energía consumida en los Estados Unidos). Nuestro análisis sugiere que la producción agregada de materiales en los Estados Unidos permanecerá en términos gruesos constante entre 1984 y el año 2000 (cuando se la mide en términos de kilogramos de producto ponderados por la energía consumida en fabricar cada producto). Ya que esperamos que la industria mejorará su eficiencia en el uso energético a una tasa de entre 1 a 2 por ciento por año durante ese período, el resultado puede muy bien ser una disminución en el consumo industrial de energía, quizás en tanto como 20%…»

Finalmente concluyeron: «Como cualquiera otra profunda transformación histórica, traerá consigo beneficios así como pesados costos para aquellos que han hecho una inversión en la era que termina. Los países industriales están siendo testigos de la emergencia de una sociedad centrada en la información, en la que el crecimiento económico está dominado por productos de alta tecnología que tienen un contenido de materiales relativamente bajo. En esta sociedad los materiales básicos continuarán siendo usados, y a muy altas tasas si se les compara con las tasas de otras sociedades. El hecho económico crítico es que su uso ya no estará creciendo. En los años por venir, el éxito y el fracaso económicos estarán determinados por la capacidad de adaptarse a esta realidad».

Pero eso no lo sabía nadie en 1974. Aun doce años más tarde los autores del trabajo reseñado formulaban su visión en términos tentativos. («Puede ser que la nueva era llegue a ser la Era de la Información, aunque es probablemente demasiado temprano para bautizarla con alguna seguridad»).

En suma, fuimos atacados desde 1973 por patología económica de origen extraño y no sabíamos que poner todos los huevos en la cesta de Guayana crearía rigideces de tanta consideración que aún gravitan sobre nosotros. Esta lectura es importante para desmontar la impresión estándar que se tiene de nuestro desempeño económico general en tanto sociedad: que habríamos exhibido una conducta esencialmente censurable. Dentro de una general propensión nacional a la autodenigración, una interpretación incorrecta de la trayectoria económica venezolana contribuye a la entronización de un marco cognitivo asfixiante.

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CS #86 – Cosas del doctor Daktari

Cartas

A comienzos de la década de los ochenta el Grupo Roraima—una asociación formada por destacados empresarios jóvenes—tomó su denominación del Edificio Roraima, donde se reunía. (En las oficinas de Luis Augusto Vegas Benedetti). Seguía de este modo la tradición del llamado «Grupo Karam», que celebraba sus reuniones en el edificio del mismo nombre veinte años antes que los jóvenes del Roraima. A las reuniones del Grupo Karam asistían los líderes empresariales de la época: Eugenio Mendoza Goiticoa, Gustavo Vollmer Herrera, Oscar Machado Zuloaga, Pedro Tinoco h., el presidente de la Creole Petroleum Corporation, el presidente de la Compañía Shell de Venezuela, etcétera.

Era el comienzo de la democracia en Venezuela, así como también el arranque de un impulso a la industrialización. El gobierno de Rómulo Betancourt había emprendido una reforma agraria, pero también un vigoroso programa de financiamiento a la industria local, bajo el concepto de sustitución de importaciones que administraban el Ministerio de Fomento encabezado por Lorenzo Fernández y la Corporación Venezolana de Fomento que presidía Luis Vallenilla. (El mismo chavista aristocrático del affaire CAVENDES).

El país era, todavía, institucionalmente simple. El Grupo Karam no necesitaba un salón particularmente grande para reunir a los factores determinantes del empresariado nacional. En 1962 estaba muy preocupado con la emergencia de focos guerrilleros en Venezuela y la posibilidad de una instauración del castrismo en el país, vista la actividad exportadora emprendida por el régimen cubano y la gestión foquista de su principal ejecutivo itinerante: Ernesto «Che» Guevara.

En ocasiones asistían a las reuniones en el edificio Karam personas que no formaban parte del círculo principal. A fines de 1962 un mediano empresario—reservamos el nombre—propuso al Grupo Karam el financiamiento de grupos paramilitares que pudieran combatir directamente contra las guerrillas de izquierda, que el año anterior habían aflorado por los lados de La Azulita, en el estado Mérida, y ya se encontraban dispersas en varios puntos del territorio nacional. Pedro Rafael Tinoco hijo tomó entonces la palabra, y con su episcopal parsimonia enterró la peregrina proposición con una sola y sencilla, pero definitiva, declaración: «El monopolio de la violencia legal pertenece al Estado. Eso no es asunto de particulares. Lo que la empresa privada debe financiar es la iniciativa de desarrollo social, para eliminar el subdesarrollo que es el caldo de cultivo del castro-comunismo».

Así se logró neutralizar la radical y violenta idea del proponente de acciones paramilitares en Venezuela, y los años sesenta fueron la década de oro de la inversión social empresarial venezolana. El episodio ilustra, no obstante, cómo es que siempre hay cabezas para cada cosa y, en particular, para esquemas de violencia armada de uno y otro signo.

No es, por tanto, algo totalmente nuevo un esquema como el debelado por el gobierno con la aprensión de paramilitares de origen colombiano en la zona de La Mata, al sur de El Hatillo. Sólo que ahora el gobierno, con gula evidente, se da banquete con este plato servido por la estupidez radical.

Obviamente no disponemos de información fidedigna respecto de los detalles de la conspiración. En un país en el que los civiles, como Capriles Radonski, no pueden conocer los expedientes en su contra hasta que no consienten en alojarse en los sótanos de la DISIP, menos aún pueden saberse los datos que procesan los fiscales militares en el caso de la finca Daktari. Podemos, sin embargo, suponer que es bastante posible que esta vez el gobierno tenga en sus manos un caso real de crimen contra la seguridad del Estado.

Robert Alonso, cubano por nacimiento, el dueño de la finca comprometida, exhibe rasgos caracterológicos que hacen muy creíbles los alegatos gubernamentales. Anticastrista furibundo, está convencido de que combate a Castro al luchar contra el gobierno de Chávez. A un año de los sucesos de abril de 2002 todavía ofrecía una solución: preparar acciones de calle que provocaran al gobierno y le impulsaran a ordenar la ejecución del «Plan Ávila», lo que causaría unos cuantos muertos que, en principio, debían llevar a la misma situación del 11 de abril. Y la segunda vez ya no habría equivocaciones como las cometidas por el blandengue de Carmona.

De avasallante discurso, pretendía asentar su «autoridad» para prescribir el remedio descrito sobre su trayectoria personal de inveterado luchador antifidelista. Decía sin tapujos que había combatido en Angola contra tropas cubanas y que en alguna ocasión había formado parte de un grupo que tuvo por misión asesinar a Fidel Castro. Creía un honor ser reconocido por persona que sostuvo nexos operativos con la CIA norteamericana. Procuraba causar el horror de sus oyentes con dramáticas descripciones de la crueldad del G2 cubano y los soldados que Castro había enviado a África. Y siempre procuró desacreditar esfuerzos de signo pacífico en el esfuerzo por salir del gobierno chavista. Él no veía otro camino que la violencia.

En esta impresión coincide con la interpretación de Carlos Andrés Pérez, quien se empecina en ignorar el ejemplo de Nixon, que guardó prudente y no poco digno silencio luego de su defenestración. Pérez no sabe callarse, y la semana pasada había declarado a Radio Caracol de Colombia que sólo la violencia podía dar al traste con el régimen chavista. El lunes de esta semana, luego de conocido el apresamiento de los paramilitares, insistió: «Es que Chávez ha rechazado todas las salidas pacíficas que se le han presentado, de manera que ya no queda más que el último recurso: la violencia. No es que yo sea partidario de la violencia, sino que no hay otro camino para salir de Chávez. Un Caracazo no se presentará, pero inevitablemente habrá muertos como en toda acción armada». (Nota de Associated Press del 10 de mayo sobre nuevas declaraciones de Pérez a la Cadena Caracol). Es decir, ya Pérez considera colmadas las exigencias de Santo Tomás de Aquino para emprender una «guerra justa».

Así que Alonso ostenta el perfil psicológico que le podría llevar a intentar operaciones como las que el gobierno ha descubierto. En meses recientes se autoproclamaba el único inventor de la «guarimba», y manifestaba no poco desagrado ante lo que percibía como intentos por robarle su paternidad, cosa que debía inscribirle en la historia como el salvador de los venezolanos. Su producto era el único verdadero. «No acepte imitaciones». Tal vez consentiría más adelante en permitir el establecimiento de franquicias, pero siempre bajo su control de propietario.

Su radicalidad le llevó a afiliarse al Bloque Democrático, organización que le recibió con los brazos abiertos. A fin de cuentas, su prédica coincidía con la dirección emprendida por el grupo, el que parecía más interesado en combatir a la Coordinadora Democrática que al propio gobierno. (El reciente reto a debatir que Alejandro Peña Esclusa ha lanzado a Teodoro Petkoff es la manifestación más reciente de esta tendencia).

Pero el Bloque Democrático ha sabido reconocer la gravedad del asunto. Por esto ha emitido un comunicado en el que afirma: «Las asociaciones civiles que pertenecen al Bloque Democrático siempre han rechazado la presencia de fuerzas armadas de otras naciones en Venezuela, ya sean milicianos cubanos, guerrilleros colombianos, células fundamentalistas, paramilitares de cualquier nacionalidad e, incluso, ‘cascos azules; puesto que hemos dicho reiteradamente que la crisis nacional debe ser resuelta única y exclusivamente por los venezolanos. La presunta presencia de paramilitares colombianos en una finca ubicada cerca de Caracas o en cualquier otra región del país, no tiene nada que ver con el Bloque Democrático. No descartamos que, aunque el hecho puntual de la presencia de paramilitares colombianos tenga visos de realidad, se trate de una maniobra orquestada por el Régimen a través de infiltrados en la Oposición». Es decir, se cuida de negar la veracidad del hallazgo de los cuerpos de seguridad.

También han reconocido que lo de los paramilitares de Daktari no es un invento chavista el gobierno colombiano—»nos alegra muchísimo que las fuerzas de seguridad venezolanas hayan capturado el domingo a gente que está o pretende delinquir allá», dijo el Vicepresidente de Colombia—y el Centro Carter: «…condena de manera enérgica la presencia de todo tipo de contingente irregular o paramilitar, así como el uso de la fuerza con fines políticos». El gobierno norteamericano ratificó su repudio a «todos los intentos violentos y extra constitucionales que amenacen la democracia venezolana». La Organización de Estados Americanos se expresó en el mismo sentido.

El gobierno sabe, por tanto, que tiene en sus manos un bocado de cardenal al que, por supuesto, le va a sacar hasta la última gota de jugo. Por eso emplaza, con aires de magnanimidad, a la «oposición democrática» para que se le una en la más enérgica de las condenas a la presencia de militares colombianos en nuestro país. Y mientras la mayoría de los dirigentes de la oposición y buena parte de los medios de comunicación insistan en presentar el asunto como invención o montaje gubernamental, el gobierno seguirá cobrando dividendos políticos aquí y en el exterior.

Por ejemplo, El Universal del lunes pasado reportaba: «El presidente de Alianza Bravo Pueblo, Antonio Ledezma, considera que la detención de 79 presuntos paramilitares colombianos es una ‘novela’ en la que participan no sólo el presidente Hugo Chávez sino también ‘su reparto’, entre quienes se encuentra el ministro de la Defensa, Jorge Luis García Carneiro».

Y también: «El portavoz de la Coordinadora Democrática, Jesús Torrealba, dijo que la detención de los presuntos paramilitares colombianos en la madrugada del domingo es un montaje destinado al consumo exterior».

Y también: «El dirigente del Bloque Democrático, Alejandro Peña Esclusa, respondió que la intención de la operación es involucrar a la oposición para perseguir a sus líderes y preparar la aplicación de un Estado de emergencia».

Y también: «El líder del grupo opositor Frente Militar Institucional—formado por oficiales retirados—, Rafael Huizi Clavier, dijo que la detención de los ‘paras’ es una operación de ‘inteligencia montada para desaparecer de la escena política a figuras de la oposición'».

Y también: «Alvarenga considera que ‘lo que ocurrió en el día de ayer fue un mal montaje'».

Y también: «El presidente del Movimiento Al Socialismo, Felipe Mujica, considera la captura de presuntos paramilitares como una ‘patraña del Gobierno para desnaturalizar la lucha de la oposición por alcanzar el revocatorio'».

Y también (Globovisión): «César Pérez Vivas, vocero del partido Copei, señaló que la denuncia de los paramilitares responde a un ‘show político y propagandístico’ cuyas motivaciones se desconocen». «El secretario general de Acción Democrática, Henry Ramos Allup, señaló que es necesario salirle al paso a lo que calificó como una maniobra del gobierno». Poco antes de ser apresado Henrique Capriles Radonsky pudo declarar que: » no cree en ‘paramilitares sin armas’. Calificó de ‘show’ la actuación de los cuerpos de seguridad nacional, en la detención de un grupo de presuntos paramilitares colombianos».

Etcétera. Por fortuna, dos voces sensatas dijeron lo que había que decir. Enrique Mendoza atinó a declarar acertadamente: «No hemos pretendido, no pretendemos ni vamos a aceptar la salida del señor Presidente por un acto de fuerza, de lo que se ha llamado vulgarmente golpismo, cosa que él sí ejerció contra un presidente constitucional». Y, según reportó Unión Radio, «Pompeyo Márquez, durante una rueda de prensa desde la Quinta La Unidad, ratificó que el pueblo venezolano sacará este régimen del poder por medio de los votos. ‘La oposición democrática no cree en atajos o salidas violentas. Todo factor o individualidad que coquetee con esas opciones está fuera de la Coordinadora Democrática’, advirtió».

La mejor manera de disminuir el rédito político que el caso Alonso está reportando al gobierno es, en efecto, condenar de manera inequívoca aventuras violentas como la que ha sido debelada. Condenar la «carmonada», condenar los llamados a golpe. Sin regateo. La consigna correcta es: «No a Chávez; no al golpismo».

A corto plazo el gobierno está ganando con este caso y, naturalmente, lo explotará golosamente. A mediano plazo el incidente puede hacer mucho bien a la oposición, siempre y cuando aproveche el momento para cortar nítidamente cualquier vinculación con los sectores más radicales e irracionales que, presentándose como los dueños de la valentía, no son otra cosa que imagen especular del chavismo violento. De ser así, el affaire Daktari habrá sido una bendición.

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LEA #85

LEA

Altos de Pipe. Territorio del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, IVIC. Hasta allí llegan metástasis del chavoma. Por primera vez en la historia del instituto se niega la entrada a su cuerpo de investigadores a un candidato claramente idóneo para integrar sus filas por razones exclusivamente políticas.

El candidato tiene impecables credenciales, fue un destacado investigador en INTEVEP, tiene un merecido doctorado de una prestigiosa universidad, estaba avalado y solicitado por un notable investigador titular que ostenta más de un premio de ciencia. Pues no valió que todas las instancias de calificación del instituto aprobaran el ingreso. No se permitió porque el candidato se opuso a la huelga laboral en el IVIC de 1992, el año del primer abuso de poder de Hugo Chávez.

Valle de Sartenejas. Universidad Simón Bolívar. Asamblea para que la comunidad tome conciencia de trapaceras maniobras oficialistas que buscan desacreditar a la universidad y facilitar el control definitivo de la misma. Las autoridades logran, por los momentos, refutar la ofensiva.

La campaña contra la inteligencia institucionalizada nacional ha comenzado hace rato.

Es una campaña que el doctor Orlando Albornoz ha descrito en reciente libro—en inglés—que traza la parábola de la penetración del régimen en el sistema de educación superior. Tres mil investigadores, señala, conforman el sistema de ciencia y tecnología nacional. En el exterior, al mismo tiempo, nueve mil profesionales venezolanos se restan a la inteligencia nacional. Tres mil de ellos son doctores. Pero el régimen prefiere que la civilización huya, lo que requiere la entronización de la barbarie.

Pareciera que en la Universidad Central de Venezuela se ha logrado contener el avance electoral de este ataque totalitario. Pero partidarios de la plancha ganadora en la primera vuelta de las elecciones de autoridades en Los Chaguaramos parecieran entender el asunto como una restauración cuasiborbónica. Al conocer los resultados se lanzaron a cantar el himno de Acción Democrática y procedieron a festejar la victoria con profusa libación alcohólica. Hay gente que no aprende.

Es preciso que las universidades piensen agresivamente su conducta próxima. Es urgente que se unan para impedir que el cáncer crezca, también, en su seno. Esta pelea no puede pelearse sólo caso por caso o plantel por plantel. Aquí también vale la pena un frente unido. Si no pronto escucharemos que las universidades son golpistas y después sólo quedará apoderarse de la vinotinto y los diablos de Yare.

Pero aquí también, en esta nueva lucha, debe asentarse una exigente claridad: que esta revolución no se combate con restauraciones.

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CS #85 – Hugeorge Bushávez

Cartas

Si el lema de Enrique Mendoza—trabajo, trabajo y más trabajo—fuese suficiente legitimación, nadie más legitimado que Hugo, pues nadie defiende su proposición política más que él defiende su revolución. Hugo está, seguramente, entre las personas que menos duermen en el país. Esto, seguramente, afecta la calidad de su comando y le pone en riesgo elevado de surmenage.

Hugo trabajó mucho desde antes de encargarse del coroto. Ya electo pero aún sin que la banda presidencial hubiera cruzado su pecho se ocupaba de su espejismo: reunía la Comisión Presidencial Constituyente en La Viñeta, por ejemplo. Combellas, Olavarría, Quijada, Escarrá (Herman), Mayz Vallenilla, Ángela Zago, Elechiguerra… O se reunía con la Presidenta de la Corte Suprema de Justicia, Cecilia Sosa, en el apartamento de Alfredo Peña, haciéndose acompañar por quien sería después su primer Director de la DISIP: Enrique Urdaneta Hernández. (¿Qué función cumpliría, por cierto, un policía político en esa reunión previa al 2 de febrero de 1999 que no fuese imponer una atmósfera intimidatoria desde el comienzo para asegurar la decisión del 19 de enero que abriría la puerta a la Constituyente?) Chávez trabaja mucho y tiene trabajando mucho tiempo. ¿No es así, Mendoza?

¿Algo así como George Bush? ¿Qué hacía Bush ya electo antes de tomar posesión de la Presidencia de los Estados Unidos? Por ejemplo, recibía un briefing del Secretario de Defensa de Clinton, William S. Cohen.

La reunión tuvo lugar el 10 de enero de 2001, diez días antes de la toma de posesión de Bush y a dos años de la llegada de Chávez a la Jefatura del Estado en Venezuela. Dick Cheney, el Vicepresidente norteamericano, especificó de antemano lo que Bush quería oír: de lo primero que debía informársele era sobre las opciones con respecto a Irak. Sólo unos poquísimos habitantes del planeta podían imaginar entonces que ocho meses y un día después dos altivas torres neoyorquinas se verían reducidas a escombros y el Alto Mando Militar norteamericano recibiría el insulto en su propia casa. Y que dos meses después del 11 de septiembre Bush ordenaría a Rumsfeld, mientras se desarrollaba la invasión de Afganistán, la preparación acelerada y secreta de un plan de invadir Irak para deponer a Hussein y anular sus posibles armas de destrucción masiva y su presumible apoyo a Al Quaeda.

Uno supone que Cohen no tendría, en realidad, que sorprenderse con tan específico pedimento de Cheney; a fin de cuentas los Bush son clan petrolero, Dick Cheney venía de presidir Haliburton, Irak es un país petrolero, Bush padre—del que Cheney había sido, precisamente, Secretario de Defensa—no había hecho el mandado completo con Sadam, etcétera.

A la reunión asistió el propio estado mayor de George, hijo: Cheney, Colin Powell, Secretario de Estado, Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa, Condoleezza Rice, Asesora Nacional de Seguridad. Un equipo compacto y experimentado. (Rumsfeld ya había sido Secretario de Defensa de un gobierno republicano, el gris período de Gerald Ford, y Colin Powell, naturalmente, había comandado la Operación Tormenta del Desierto, la primera guerra contra Irak bajo la presidencia de Bush, padre).

El joven Bush está ahora ante una elección que no tiene asegurada. No necesita más malas noticias, realmente. Y ahora resulta que mientras Chávez trata de manejar sus quemados en Fuerte Mara, Bush tiene que declarar a televisoras árabes sobre los abusos a prisioneros iraquíes, tiene un altercado con Rumsfeld (porque se ha enterado por los medios de comunicación—¿dónde está Jesse?—sobre este asunto), y auxiliares de Powell adelantan que no acompañaría a Bush cuatro años más, que los resultados en Irak le preocupan mucho y que el embargo sobre Cuba es la política más estúpida del mundo. (En declaraciones a la revista GQ). Este arreciar después de que hace poco Condoleezza Rice se viera forzada a ofrecer explicaciones. ¿Se rompe el equipo que escuchó el 10 de enero de 2001, como primera cosa, cuáles eran las opciones militares en Irak? ¿Puede Bush darse el lujo de perder a Powell y Rumsfeld, nada menos, a seis meses de las elecciones? ¿Está Cuba mal cuando el comando del Departamento de Estado descree de la política de embargo contra la isla?

Bueno, Fox y Toledo están a punto de una ruptura de relaciones con La Habana. ¿Formidables oponentes al Tirano del Caribe? La aceptación de Toledo en Perú sigue en el piso, y Fox, aunque mucho más fuerte que el primero, continúa bajando en las encuestas. Quizás aspire a que su feudo con el comunista le reporte un alivio a este respecto.

Por de pronto Chávez parece resbalarse por la ventana de inmunidad que la campaña electoral norteamericana le provee. Junto con Fidel observa con regocijo cómo se produce la baja enemiga de Otto Reich y lee el comentario de El Universal junto a la noticia que el periódico anunciaría en su titular de primera plana: «EEUU auspicia solución negociada en Venezuela». Tenía que ser así en una política de oposiciones: si Kerry está recomendando mano dura contra Chávez, entonces Bush debe suavizarse.

Cuando la política de poder entra en ciertas barrenas lo absurdo emerge: a Chávez le conviene más que gane Bush en noviembre. Y mientras tanto, como asegura El Universal, negocia con George. ¿Qué cosas? De las más variadas. Petróleo, of course. O tal vez que no mandará acusar al pobre Shapiro en La Haya de haber visitado Fuerte Tiuna o a Carmona en horas muy curiosas de días muy particulares. «You know, Hugo, sería una big raya en la carrera diplomática de Charles. No le eches esa broma. ¿OK?» «Cuenta con esa vaina, George. No te voy a venir a fastidiar precisamente durante tu campaña. Más bien ¿por qué no le ofreces el puesto que tenía Reich?»

Pero George, malcriado como es, no se quedará con esa. «Ah no, Hugo, pero no seré yo solo quien tendré campaña electoral que ganar. ¡Tú también contarte!» Y nuestro comandante ofrecerá: «¡Claro George! Mira, esta gente no va a recoger las firmas, pero yo les voy a ofrecer renunciar para que haya elecciones. Y tú preferirás que gane yo. Mira que Mendoza no sabe nada de petróleo, que es nuestro negocio. Yo sé más de petróleo, pues, que la Gente del Petróleo. Yo cogí mi curso con Mandini & Ciavaldini. Por cierto, ya le puedes decir a Dick que el cheque de CITGO para tu campaña está listo».

Después, cada quien a lo suyo. Bush a enjabonar las orejas de Rumsfeld, esencialmente, porque se supo lo de los soldados abusivos en Irak. Chávez a intentar el remiendo imposible de la conflagración de Fuerte Mara. ¡Cómo se parecen Hugo y George!

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LEA #84

LEA

Fue durante el segundo gobierno de Rafael Caldera que la noción de derecho a la «información veraz» fue introducida al debate público en Venezuela. Se llegó a intentar que los países de la Comunidad Iberoamericana, reunidos en Margarita hacia el final del período, incluyeran un explícito apoyo a la idea en su declaración final. La iniciativa fue finalmente rechazada, y ni siquiera se atendió el pedimento en concesión cortés al anfitrión del encuentro.

Y es que la definición de lo que es información veraz es asunto realmente enrevesado. En cambio, es bastante más fácil identificar una mentira. (Por ejemplo, en el derecho norteamericano el perjurio es uno de los más graves delitos, al que se castiga implacablemente). Tal vez, por tanto, ha debido irse a la caza de la información falaz, en lugar de pretender la garantía de una inasible información veraz, lo que en todo caso se prestaría para toda clase de abusos por parte de un censor público y vulneraría la más preciada conquista de las repúblicas democráticas: la libertad de expresión.

De modo análogo, la defensa activa, políticamente intensa, de la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia pareciera tener de su lado a la lógica. En esta misma publicación hemos argumentado que la Sala Electoral es la Sala de los Electores, y que si alguna sala del TSJ debiera tener preeminencia ésa debiera ser la Sala Electoral.

Pero es que el Tribunal Supremo de Justicia debiera ser, en un Estado de Derecho, una instancia colocada más allá del bien y del mal, y por esta razón involucrar a la Sala Electoral en la diatriba política, a la larga, le haría un flaco servicio. Haríamos el juego así al corrosivo programa del gobierno, que no tiene escrúpulos a la hora de vulnerar todo elemento de nuestra precaria armazón institucional.

El camino correcto es, entonces, no la defensa de la Sala Electoral. Ella se está portando muy bien, y ante ella debiéramos limitarnos a acatarla y respetarla. El verdadero camino político es el ataque a la Sala Constitucional. Es ésta uno de nuestros peores enemigos; es ésta la que adultera el Derecho. La consigna, por tanto, antes que la defensa de la Sala Electoral, es el más generalizado e indignado repudio de la Sala Constitucional. Es contra sus vendidos componentes que debemos apuntar las baterías.

LEA

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