CS #57 – ¿Quién tiene la razón?

Cartas

Carlos Andrés Pérez vuelve a ser noticia por obra y gracia de Hugo Chávez Frías, que con una denuncia sin pruebas implica al ex presidente en planes de magnicidio contra su persona y procede a cortar el suministro petrolero a la República Dominicana que, según el acuerdo de San José, es beneficiaria de condiciones comerciales especiales.

Es por tal razón que Fausto Malavé, el conductor del programa ¿Quién tiene la razón?, viajó a Nueva York para entrevistar a Pérez sobre ésa y otras acusaciones. Malavé tiene por misión producir un programa que genere rating para Televén, así sea que para tal cosa deba dar espacio privilegiado a la insolente Lina Ron o al desacreditado Carlos Andrés Pérez.

Durante la entrevista Pérez no dejó lugar para la duda: sus posturas ante el referendo y ante el problema más general de salir de Chávez coinciden milímetro a milímetro con la de una federación paralela a la que se reúne como Coordinadora Democrática: el Bloque Democrático que lideran los más radicales entre los activistas de la oposición al gobierno.

Pérez no cree en el referendo revocatorio, no cree en otra salida que no sea la del manido Artículo 350 de la Constitución. Este artículo dice a la letra: «El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos».

Eso es lo que desea invocar el Bloque Democrático, que además postula » que las soluciones modernas, aplicables a las crisis como la que vive Venezuela, no son solamente de carácter electoral, sino más bien de desobediencia civil generalizada, que es definitivamente apoyada por las Fuerzas Armadas, las cuales obligan al Dictador a someterse a la voluntad de las mayorías».

En la fórmula del Bloque Democrático está implícito que las fuerzas armadas deben hacer un ejercicio de interpretación final. Serían ellas las que «definitivamente» se pronuncian. Para que lo hagan sólo tenemos que declararnos en desobediencia civil generalizada. Tenemos que dar a los exégetas militares el indicio, el pretexto, la señal que esperan.

¿Pero no fue precisamente eso lo que ocurrió el 11 de abril, cuando un texto instantáneo y masivo de desobediencia civil, de diecinueve párrafos puntuado por diecinueve muertes, proporcionó la coartada que unos cuantos militares esperaban para actuar?

Un connotado miembro y directivo del Bloque Democrático, por otra parte, era quien más insistentemente propalaba la idea de que un paro terminaría con el régimen chaveco. En eso andaba desde comienzos de 2002, hay que reconocerlo, bastante antes del 11 de abril. Decía, además, que si no parábamos al país antes de que Lula resultase electo, más nunca íbamos a salir de Chávez.

Bueno, tuvimos paro. Un paro de dos meses sobre la navidad y el año nuevo. Un paro suicida, demencial, agotador, como pudo verse. Con, por ejemplo, casi 20 mil personas despedidas de PDVSA, que perdieron sueldos, casas, escuelas.

Bueno, tuvimos paro. No es necesario demostrar que quienes lo propusieron no tenían razón. ¿Por qué la tendrían ahora? ¿Por qué debiera confiar uno en médico alguno que hubiera aplicado en sucesión dos tratamientos desastrosos a un mismo paciente e insistiera en que ahora sí acertará?

No puede dejarse a la interpretación de los militares en qué momento estamos en presencia de una desobediencia civil generalizada. A los militares se les ordena, y sólo hay un jefe superior al actual Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Venezolana: el Pueblo. Por esto, sólo es el Pueblo quien puede dictar un decreto como el siguiente:

Nosotros, la mayoría del Pueblo de Venezuela, Soberano, en nuestro carácter de Poder Constituyente Originario, considerando

Que es derecho, deber y poder del Pueblo abolir un gobierno contrario a los fines de la prosperidad y la paz de la Nación cuando este gobierno se ha manifestado renuente a la rectificación de manera contumaz,

Que el gobierno presidido por el ciudadano Hugo Rafael Chávez Frías se ha mostrado evidentemente contrario a tales fines, al enemistar entre sí a los venezolanos, incitar a la reducción violenta de la disidencia, destruir la economía, desnaturalizar la función militar, establecer asociaciones inconvenientes a la República, emplear recursos públicos para sus propios fines, amedrentar y amenazar a ciudadanos e instituciones, desconocer la autonomía de los poderes públicos e instigar a su desacato, promover persistentemente la violación de los derechos humanos, así como violar de otras maneras y de modo reiterado la Constitución de la República e imponer su voluntad individual de modo absoluto,

Por este decreto declaramos plenamente abolido el gobierno presidido por el susodicho ciudadano y ordenamos a la Fuerza Armada Nacional que desconozca su mando y que garantice el abandono por el mismo de toda función o privilegio atribuido a la Presidencia de la República.

Tan sencillo y tan directo como eso. Aquí el problema es el de dirimir quién manda en Venezuela: Chávez o el Pueblo.

Carlos Andrés Pérez, que metió su mano el 11 de abril, que acompañó el paro, que comulga con el Bloque Democrático, no tiene la razón, por ejemplo, cuando dice a Malavé que el Artículo 350 ordena a los venezolanos que desconozcamos el régimen de Hugo Chávez. El Sr. Pérez no entiende de derecho constitucional, porque si lo hiciera sabría que las constituciones no ordenan nada al Pueblo, sino que es éste quien ordena la constitución. Como decía el Sr. Nuncio Apostólico en Venezuela, Monseñor Dupuy, así como Jesús de Nazaret expuso que el sábado está hecho para el hombre y no el hombre para el sábado, es el caso que la Constitución está hecha para el Pueblo y no el Pueblo para la Constitución.

Ahora ofreció Pérez, en el espacio de Malavé, venir muy pronto a Venezuela. Comoquiera que en el mismo programa se presentó a sí mismo como «el único» que había podido derrotar a Chávez, pudiera suponerse que vendrá a ofrecerse como nuestro salvador, una vez más.

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CS #56 – Dos generales

Cartas

Los Estados Unidos de América no pudieron, al principio, diseñar un poder ejecutivo presidencial. En 1776 se aprueban los Artículos de la Confederación—la Constitución es de 1787—en los que se prescribe un gobierno colegiado para el descargo de las labores ejecutivas. Pero para el asunto de la guerra contra Jorge III se nombra un general en jefe: George Washington.

El símil sirve para pensar el asunto de la Coordinadora Democrática, pues es obvio que falta en ella unidad de mando. Una cosa es unir a los factores de la Coordinadora, y para esto basta, como se ha demostrado a la hora de suministro de tropas, una estructura federativa y colegiada, y otra bastante diferente ganarle la guerra a Chávez, para lo que se requiere capacidad estratégica y operativa.

Enrique Mendoza parece ser un buen general de campo, un líder que puede manejar operaciones complejas y llevarlas a buen término dentro de márgenes de seguridad bastante buenos. Es posible, por esta característica, que se asemeje mucho a la figura del general Patton, brillante militar táctico de la Segunda Guerra Mundial. Es muy posible que Eisenhower no hubiera podido ganar las batallas que Patton ganó.

A pesar de lo cual Eisenhower era el jefe. Él era, por así decirlo, quien escogía las batallas que Patton debía librar.

La visión estratégica es lo que puede echarse en falta en la Coordinadora. No es necesario enumerar una vez más la serie de aventuras fallidas en las que muchos ciudadanos nos hemos enrolado, ni las graves y debilitantes consecuencias que esos errores han acarreado. Lo cierto es que si en la dirigencia de esas aventuras hubiera habido más penetración de la situación, visión más profunda, más imaginación estratégica, una mejor comprensión de la Política, otras aventuras hubieran sido emprendidas.

……………

En 1999 fue posible recomendar que no se entendiera la oposición a Chávez como su negación. Era imposible negarle. Era un fenómeno telúrico, como el Caroní.

Lo primero que puede intentarse ante un fenómeno así es la contención. Se contiene el río con diques para que no se desborde asolándolo todo. La oposición pudo hacer bastante más contención de la que hizo. ¿Era posible hacer más? Recordaremos que uno de los primeros decretos de Chávez era la pregunta que se propondría a los Electores para consultarle sobre la convocatoria a elecciones de representantes a la Constituyente, y esta pregunta afirmativamente contestada equivalía a convertir a Chávez en el determinante omnímodo en materia constituyente. La intención totalitaria había sido expresada de modo muy burdo, brutalmente. A pesar de esto, a pesar del miedo con el que Chávez paralizaba al país entero al comienzo de su gestión, el hielo que se generó a su alrededor, un vacío tan grande como el que causó la lectura del decreto de Carmona, le forzó a rehacerlo.

Pero no basta, naturalmente, la mera contención. Para ganarle a Chávez hay que rebasarlo con un discurso de orden superior. La única oposición viable a Chávez es por superposición.

Y aquí la cosa es más grave, pues nunca ha habido un discurso opositor que haya sacado la alfombra argumental del piso de Chávez, cosa que fue posible durante la campaña de 1998 y no se hizo, cosa que fue posible desde su primer año de gobierno y no se hizo. Nadie ha sido capaz, no ya de acusar a Chávez, sino de refutarlo. (Por lo menos entre quienes han tenido las oportunidades comunicacionales para hacerlo).

Por ejemplo, en 1999 Chávez sostenía que la Constituyente debía ser considerada originaria, y la oposición tenía que ir a proponer a Catia que debía tenérsela por derivada. La desventaja es obvia, y si no hay heridos de esa época, es porque los operadores de entonces no iban a dar mítines a Casalta para defender el carácter derivado de la Constituyente, donde hubieran corrido el riesgo de ser lapidados. A nadie se le ocurrió decirle a Chávez que verdaderamente quien era originario era el Pueblo mismo, el conjunto de Electores, y que ese carácter sólo se expresaría en el referendo aprobatorio final, y que mientras tanto la Constituyente era poder constituido, tan constituido como lo era el Congreso de la República que todavía por esa época, mutilado y desahuciado, existía.

Por ejemplo, puede predicarse al enjambre ciudadano que es el verdadero jefe, el Soberano, y que en ese carácter está por encima de la Constitución y mucho más todavía por encima del Presidente de la República, no digamos del Consejo Nacional Electoral.

Pero existe el miedo al enjambre democrático, por no entenderlo, y sin confianza en él no será posible vencer a Chávez. Es necesario hacer el trabajo de reinterpretación del país para este enjambre, es necesario quien sea capaz de neutralizar, por superioridad, el catecismo que Chávez vende cada vez que abre la boca.

Pudiera ser que haya que tomar al pie de la letra la recomendación, que varias veces hemos citado, de Alfredo Keller: «Debe darse espacio, recursos y promoción a una contrafigura de Chávez, aunque esa contrafigura no vaya a ser candidato». Esto es, identificar a quien pueda hacer el trabajo refutador, interpretativo y comunicacional de superar el discurso chavista. Una mera acusación (de la que hay tantas), repetimos, no es una refutación.

Pudiera ser que la Coordinadora encontrara su Eisenhower, que puede ser alguien distinto del anterior. O que al Patton que tiene se encontrara la forma de suministrarle sustancia estratégica. (Por la vía de una unidad de análisis de políticas, un estado mayor o algo así). Lo cierto es que en la configuración actual, y con la muy activa resistencia del luchador sucio que es el gobierno, dada la equívoca trayectoria del alto mando opositor, el riesgo de un nuevo y aplastante fracaso es significativamente grande.

La clave puede estar en la grandeza de Enrique Mendoza. Se requiere ser verdaderamente grande para aceptar las propias limitaciones. De Enrique Mendoza se dice que preferiría no presidir la transición, para optar legítimamente a un período constitucional completo. ¿Por qué no comienza por aceptar sobre su comando operativo una autoridad estratégica de orden superior, o tal vez a su lado?

La Coordinadora Democrática puede estar en omisión legislativa desde hace tiempo ya. Hace ya tiempo que la Coordinadora ha debido normar unas primarias abiertas para la selección y postulación de un candidato unitario, si es que está tan segura de que sacará a Chávez por revocatorio antes del 19 de agosto de 2004 y de que, por consiguiente, habrá elecciones para elegir a quien sea el Presidente por el resto del período. ¿Por qué sus estrategas no lo han hecho? Sería interesante ver si, después de acusar al gobierno de intentar bloquear la participación popular en el referendo revocatorio del Presidente, la Coordinadora sería capaz de tramitar la candidatura por vía de cogollos o por unas primarias más bien cerradas, de difícil penetración por parte de candidatos no convencionales.

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LEA #55

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Continúa el desfile de «presidenciables» por las sesiones de una prestigiosa y ya venerable reunión de ilustres caraqueños. De hecho, puede aventurarse la predicción de que quien aspire a convertirse en el «Presidente de la Transición» no podrá serlo a menos que se someta al escrutinio de los habitués de esas tenidas. Paso infaltable para estar in.

En esta ocasión le tocó el turno a Américo Martín, quien el lunes de esta semana hizo una brillante demostración de su dominio de la oratoria y planteó su candidatura sin decirlo, de modo elegantemente oblicuo.

Martín fue presentado, justamente, como una de las personas que ha sonado con más insistencia como posible presidente de cierre de período. A pesar de esto, jamás dijo que él quería serlo. Por lo menos no directamente.

Con gran habilidad habló durante una hora y cuarto acerca de las vicisitudes de la extinta Mesa de Negociación y Acuerdos, en la que él, naturalmente, participó. Con gran elocuencia fue tejiendo un tapiz interpretativo en el que el dibujo mostraba a la tal mesa como la verdadera protagonista del esfuerzo opositor por salir de Chávez. Ocasionalmente hacía referencias anecdóticas, que lo mostraban como interlocutor de Gaviria u otros importantes personajes de la actual escena internacional, como si se tratase de la figura de Guillermo el Conquistador sobre el Tapiz de Bayeux. La tesis a demostrar ni siquiera fue dicha, dejando a los circunstantes la tarea de atar cabos y producir la conclusión: premisa mayor, la política es algo verdaderamente muy complejo que requiere un conocimiento de primera mano de los actores principales del elenco; premisa menor, evidentemente Martín tiene este conocimiento, puesto que se permite tomar por el brazo y decirle «vale» o «chico» a, por e! jemplo, Roger Noriega («Entonces yo le dije…»); conclusión, Martín debe ser el candidato único de la oposición.

Después de este nutrido periplo, dedicó diez minutos al tema de la transición, diciendo entre otras cosas que había que reactivar la economía, que había que pedir prestado para no imponer un nuevo ajuste a los golpeados venezolanos, y que había que hacer un gobierno tan inclusivo que aun podría—o debería—tener ministros del chavismo en el gabinete. (Así lo enfatizó con ejemplos históricos, entre los que destacaba el caso de la sucesión de Francisco Franco: Adolfo Suárez había guiado un consejo mixto de ministros, en el que algunos miembros lo habían sido del último gabinete falangista).

Uno de los asistentes le formuló una pregunta que no quiso contestar (ni siquiera referirse a ella ante reiteradas peticiones de que la afrontara): «¿Cuáles entre los ministros de Chávez conservaría Ud. en un gabinete de transición?» Con esta evasiva concluyó la presentación, que había comenzado por una aclaratoria probablemente innecesaria, pero que él consideró de ineludible importancia: no debía pensarse que él gustaba de maquillarse; la uniforme lisura de su tez se debía a que venía de un estudio de televisión, donde habían aplicado pancake a su rostro. (Con lo que de paso hacía notar a los oyentes que él era, además, persona profusamente televisada). Eso fue exactamente lo primero que dijo.

Es digno de notar que Martín se mostró decididamente de acuerdo con elecciones primarias para determinar un candidato unitario de la oposición a Chávez. Buena cosa. Martín tiene seguramente títulos para medirse en ellas.

En suma, una muy hábil peroración de un hábil y educado político convencional, que demostró un detallado manejo de la anécdota y la alusión histórica, en la que convenientemente dejó de incluir una referencia tal vez importante: que en 1961 fue uno de los principales líderes del MIR (el fenecido Movimiento de Izquierda Revolucionaria). El MIR se escindió en protesta de Acción Democrática en ese año, cuando el gobierno de Betancourt decidió buscar sanciones de la OEA contra Fidel Castro porque el tirano caribeño estaba financiando movimientos guerrilleros en Venezuela—hasta el desembarco de armas en las playas de Machurucuto—actividad violenta y asesina que luego el partido de Martín decidió apoyar.

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CS #55 – Está escrito

Cartas

El periodista Roberto Giusti acaba de escribir un clarísimo y pertinente análisis para El Universal, en el que insiste sobre temas adelantados en la presente publicación. Su tema es el de las desventuras y traspiés de la oposición formal en Venezuela.

Después de una compacta y exacta caracterización del régimen chavista Giusti concluye: «Nunca antes un gobierno había fracasado tan estruendosamente y nunca antes una oposición fue tan inepta a la hora de meterse en el corazón de la gente y de identificarse con sus penurias». Y luego de exponer esta carencia fundamental, señala la siguiente verdad estratégica: «A todas luces se nota el imperativo de un liderazgo único, firme y con la autoridad para desarrollar una sola política, una sola estrategia y un solo discurso, lo cual no significa un solo líder».

En intuición que apunta en dirección aun más penetrante, José Antonio Gil formula: «carecemos de un paradigma basado en el justo medio». (Lunes 22 de septiembre, en el auditorio del IESA). La presentación de Gil Yepes registraba un aumento reciente en el apoyo popular a Chávez (de 31% a 35,6%) que igualmente preocupaba a Giusti: «A estas alturas, y con los resultados de los últimos sondeos, nos encontramos conque en realidad los problemas ahora son dos, el ya existente de un referendo aún sin fecha ni reglas y el de la posibilidad de que Hugo Chávez continúe su ascenso en las encuestas».

Se nos asegura que un llamado «Comando Luisa Cáceres de Arismendi» es en realidad la mampara de quien estaría empatado en el proyecto presidencial de Enrique Mendoza. En cualquier caso, un texto que por estos días ha circulado y ha sido atribuido al tal «comando» se permite una inmisericorde disección de los intestinos de la Coordinadora Democrática. El tal texto procede a armar su contexto: 1. «En la oposición hay tres grupos: el Bloque Democrático (0.1%), Salas Römer (2%) y la Coordinadora Democrática (97.9%). Por su parte, la Coordinadora Democrática está respaldada por un 35% proveniente de los partidos políticos, particularmente AD, Movimiento Trabajo, Primero Justicia, Proyecto Venezuela, Copei, Bandera Roja, MAS, en ese mismo orden, un 5% es de la multitud de ONGs existentes y el 60% restante es una enorme masa de independientes a la espera de liderazgos sólidos».

A continuación procede a descalificar sumariamente a la siguiente lista de nombres (en este orden): Salas Römer, Santana, Urbaneja, Borges, Naime, Torrealba, Parra, Aguiar, Sosa, Zambrano, García Defendini, González González, Peña Esclusa. En una sola andanada. El pontificante «comando» salva a Enrique Mendoza de la salva y «le pide» que encabece de una vez por todas la oposición. Éste cavila sin decidirlo todavía, mientras administra operaciones desde la recién inaugurada «Quinta Unidad»—¿emulación inconsciente de la Quinta República?—situada en la populosa y popular barriada de Campo Alegre.

Así están las cosas en la oposición. No en balde José Antonio Gil y Roberto Giusti se manifiestan tan preocupados, aunque se detienen a escasos centímetros del inevitable corolario de sus análisis: que hace falta un liderazgo totalmente diferente al descrito, pues éste no tiene salvación.

……………

¿Cuál puede ser la causa profunda de esta ineptitud dirigencial, exacerbada por la multiplicidad de pescueceantes cabezas?

El 20 de octubre de 1991 Arturo Úslar Pietri escribía en El Nacional y diagnosticaba ya que era la Política misma la que estaba ante una crisis conceptual de magnitud descomunal: «Esto significa, entre otras muchas cosas importantes, que de pronto el discurso político tradicional se ha hecho obsoleto e ineficaz, aunque todavía muchos políticos no se den cuenta.» Echaba en falta un nuevo lenguaje político, una nueva gramática, pero concluía con no poco dolor: «Toda una retórica sacramentalizada, todo un vocabulario ha perdido de pronto significación y validez sin que se vea todavía cómo y con qué substituirlo… Hasta ahora no hemos encontrado las nuevas ideas para la nueva situación…» (Subrayado de doctorpolítico).

A un año de las elecciones que pretendía ganar, las nuevas ideas continuaban perdidas para Salas Römer, quien decía: «En Venezuela hace falta un nuevo modelo político, pero yo no sé cuál es». (Auditorio Hermano Lanz, UCAB, 3 de diciembre de 1997).

Hoy se puede señalar unas cuantas buenas ideas, y esto es ahora la oportunidad de exponerlas. Ya basta de repetir, numerosamente, la misma estrategia que, durante décadas, no tiene éxito.

Está escrito:

Intervenir la sociedad con la intención de moldearla involucra una responsabilidad bastante grande, una responsabilidad muy grave. Por tal razón, ¿qué justificaría la constitución de una nueva asociación política en Venezuela? ¿Qué la justificaría en cualquier parte?

Una insuficiencia de los actores políticos tradicionales sería parte de la justificación si esos actores estuvieran incapacitados para cambiar lo que es necesario cambiar. Y que ésta es la situación de los actores políticos tradicionales es justamente la afirmación que hacemos.

Y no es que descalifiquemos a los actores políticos tradicionales porque supongamos que en ellos se encuentre una mayor cantidad de malicia que lo que sería dado esperar en agrupaciones humanas normales.

Los descalificamos porque nos hemos convencido de su incapacidad de comprender los procesos políticos de un modo que no sea a través de conceptos y significados altamente inexactos. Los desautorizamos, entonces, porque nos hemos convencido de su incapacidad para diseñar cursos de acción que resuelvan problemas realmente cruciales. El espacio intelectual de los actores políticos tradicionales ya no puede incluir ni siquiera referencia a lo que son los verdaderos problemas de fondo, mucho menos resolverlos. Así lo revela el análisis de las proposiciones que surgen de los actores políticos tradicionales como supuestas soluciones a la crítica situación nacional, situación a la vez penosa y peligrosa.

Pero junto con esa insuficiencia en la conceptualización de lo político debe anotarse un total divorcio entre lo que es el adiestramiento típico de los líderes políticos y lo que serían las capacidades necesarias para el manejo de los asuntos públicos. Por esto, no solamente se trata de entender la política de modo diferente, sino de permitir la emergencia de nuevos actores políticos que posean experiencias y conocimientos distintos.

Amén.

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El caso de una Licenciatura en Política

 

politica9ap

1. La Política es un arte. A pesar de la legítima existencia de “ciencias políticas”, la Política no es en sí misma una ciencia, sino una profesión, un arte, un oficio. Del mismo modo que la Medicina es una profesión y no una ciencia, por más que se apoye en las llamadas “ciencias médicas”, la Política es la profesión de aquellos que se ocupan de encontrar soluciones a los problemas públicos.

Por tal razón, las soluciones a esta clase de problemas no se obtiene, sino muy rara vez, por la vía deductiva. La esencia del arte de la Política, en cambio, es la de ser un oficio de invención y aplicación de tratamientos. En este sentido, hay un “estado del arte” de la Política.

El paradigma así delineado se contrapone a una visión tradicional de la Política como el oficio de obtener poder, acrecentarlo e impedir que un competidor acceda al poder. Esta formulación, que los alemanes bautizaron con el nombre de Realpolitik, es el enfoque convencional, que en el fondo es responsable por la insuficiencia política—exactamente en el mismo sentido que se habla de insuficiencia cardiaca o renal—de los actores políticos tradicionales. El tránsito de un paradigma de Realpolitik a un paradigma “clínico” o “médico” de la política se hará inevitable en la medida en que la sociedad en general crezca en informatización y acreciente de ese modo el nivel general de cultura política de los ciudadanos.

2. Siendo que la política es una profesión, y de las más complejas, se sigue que debe beneficiarse de una formación sistemática de educación superior, la que debe ser impartida por una escuela universitaria de Política, en la que pudiera ganarse una licenciatura y, posteriormente, grados superiores.

No son lo que se requeriría las Escuelas de Ciencias Políticas. Los “politólogos” egresados de tales escuelas están preparados para el estudio y la enseñanza sobre los procesos políticos, no para hacer Política. Tampoco son la solución los postgrados en políticas públicas, encaminados a preparar para el rol de analistas—policy analysis—al estilo de instituciones tales como la Escuela Kennedy de Gobierno (Harvard) o el doctorado en Policy Analysis de la Corporación RAND, puesto que, de nuevo, sus egresados están en capacidad de servir como auxiliares científicos a la toma de decisiones públicas, y no como decisores ellos mismos. (Típicamente, el análisis de políticas se conduce en institutos especializados que en inglés son designados con el nombre de think tanks).

3. Tradicionalmente—y sobre todo en Venezuela—el político profesional es un autodidacta, proveniente en mayoría del campo jurídico, aunque ocasionalmente de otras profesiones—Belaúnde Terry, arquitecto; Lusinchi, médico; Chávez, militar. Esas formaciones inciden de modo muy colateral sobre la profesión política propiamente dicha, y se da preferencia a destrezas o técnicas más relacionadas con el proceso de obtención de poder.

Así, la oratoria es una práctica apetecida por nuestros políticos, como lo es también el conocimiento de la técnica propagandística y demás instrumentos de análisis y manejo de la opinión pública. Una comprensión suficiente de los procesos de negociación y resolución de conflictos resulta útil al modelo prevaleciente de política de poder y conciliación de intereses.

Este modelo prescribe, en consecuencia, que la legitimación de un actor político se da en función de su éxito como “combatiente” o “luchador”, en la medida de su éxito en el descrédito de un adversario, y muy poco en términos programáticos relacionados con la solución de problemas públicos. Por otra parte, las organizaciones que típicamente alojan a quienes compiten por el poder se parecen muy poco a las instituciones del poder público, por lo que el adiestramiento en la creación y mantenimiento de alianzas dista mucho de ser útil a la hora de dirigir un aparato público organizado de manera muy distinta. La coordinación de una marcha de protesta es asunto muy diferente a la toma de decisiones en gabinete, o a la formulación de una política exterior, por ejemplo.

4. No se trata de postular que el know how en artes como las mencionadas sea totalmente impertinente al ejercicio político. A fin de cuentas, la emulación y la competencia son conductas connaturales a las personas. En este caso, sin embargo, es posible concebir una disciplina del combate, un encauzamiento del mismo con privilegio de una legitimación programática. (“No se trata de eliminar el «combate político», sino de forzar al sistema para que transcurra por el cauce de un combate programático como el descrito. Valorizar menos la descalificación del adversario en términos de maldad política y más la descalificación por insuficiencia de los tratamientos que proponga… Este desiderátum, expresado recurrentemente como necesidad, es concebido con frecuencia como imposible. Se argumenta que la realidad de las pasiones humanas no permite tan ‘romántico’ ideal. Es bueno percatarse a este respecto que del Renacimiento a esta parte la comunidad científica despliega un intenso y constante debate, del que jamás han estado ausentes las pasiones humanas, aun las más bajas y egoístas. El relato que hace James Watson—ganador del premio Nobel por la determinación de la estructura de la molécula de ADN junto con Francis Crick—en su libro «La Doble Hélice» (1968) es una descarnada exposición a este respecto… Pero si se requiere pensar en un modelo menos noble que el del debate científico, el boxeo, deporte de la lucha física violenta, fue objeto de una reglamentación transformadora con la introducción de las reglas del Marqués de Queensberry. Así se transformó de un deporte «salvaje» en uno más «civilizado», en el que no toda clase de ataque está permitida… En cualquier caso, probablemente sea la comunidad de electores la que termine exigiendo una nueva conducta de los «luchadores» políticos, cuando se percate de que el estilo tradicional de combate público tiene un elevado costo social”. Carta de Política Venezolana, Nº 51, 28 de agosto de 2003).

Por otra parte, una buena proporción del trabajo político tiene que ver con negociación y manejo de conflictos, así como es de mucha utilidad estar familiarizado con los principales protocolos y técnicas del análisis de políticas—diseño de escenarios, análisis de sensibilidad, etc. No es esto suficiente, sin embargo, y Tocqueville hizo un preciso apunte a este respecto, cuando comentaba cómo los políticos de Luis XVI fueron incapaces de prever la Revolución Francesa: «…es decididamente sorprendente que aquellos que llevaban el timón de los asuntos públicos—hombres de Estado, Intendentes, los magistrados—hayan exhibido muy poca más previsión. No hay duda de que muchos de estos hombres habían comprobado ser altamente competentes en el ejercicio de sus funciones y poseían un buen dominio de todos los detalles de la administración pública; sin embargo, en lo concerniente al verdadero arte del Estado—o sea una clara percepción de la forma como la sociedad evoluciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas y una capacidad para predecir el futuro—estaban tan perdidos como cualquier ciudadano ordinario». (Alexis de Tocqueville: El Antiguo Régimen y la Revolución, citado en Carta de Política Venezolana, Nº 50, 21 de agosto de 2003).

Tal vez sea aun más fundamental la ignorancia o más bien desactualización epistémica de la inmensa mayoría de los políticos. (“A través del análisis de las fracturas que se producen en los contenidos de ciertos campos del conocimiento cuando se pasa de una época a otra, Fou­cault propone la noción de “episteme”, para referirse al núcleo de nociones básicas y centrales de una determinada época… Foucault analiza en detalle el campo de la biología, el de la economía y el de la lingüís­tica. Así llega a encontrar cómo hay una radical diferencia conceptual, una verdadera fisura de separación, entre la biología moderna y la clásica, la que ni siquiera se pensaba a sí misma como biología sino como “historia natural”. Igual discontinuidad se observa entre la economía y la ciencia que la precedió, la “teoría de las riquezas”, y entre la lingüística y la “gramática” que fue su antecesora. En cambio, logra demostrar la comunidad de imágenes e ideas que se da entre la historia natural, la gramática y la teo­ría de las riquezas, del mismo modo como en­cuentra nociones comunes a la economía, la lingüística y la biología posteriores”. De Un tratamiento al problema de la calidad de la educación superior no vocacional en Venezuela, diciembre de 1990). Nuestros políticos, como prácticamente todos los hombres, comprenden al mundo y a la sociedad desde una episteme, un conjunto de paradigmas que en el mejor de los casos corresponden a nociones prestadas de la física clásica. Así lo revelan expresiones tales como “fuerzas políticas”, “vectores políticos”, “espacios políticos”. (“¿Hay espacio para una nueva fuerza política?”)

Y resulta que en los últimos cuarenta años la ciencia ha podido arribar a un conocimiento altamente pertinente al caso de la Política: se trata de la comprensión de los sistemas complejos con las teorías de la complejidad, de los fenómenos caóticos, del comportamiento de enjambres, etc. Un político profesional que ignore estas nuevas estructuras para la interpretación de los sistemas complejos será incapaz de comprender las sociedades contemporáneas y por tanto de prescribir tratamientos a sus problemas.

5. El pénsum, en consecuencia, de una Escuela de Política, deberá componerse de un conjunto de materias que correspondan a la complejidad del campo profesional de ese oficio y la responsabilidad implicada en ejercerlo. Los siguientes pueden ser, entre otros, los bloques que lo compongan.

  1. Bloque epistémico:
    1. Teoría de la complejidad y el caos: sistemas dinámicos complejos (no lineales); autoorganización; propiedades emergentes; comportamiento caótico; manejo y control del caos
    2. Teoría de enjambres
    3. Episteme general a comienzos del siglo XXI: nociones elementales de cosmología, física de partículas e incertidumbre, teoremas de Gödel, hipótesis de Sapir-Whorf, interpretación de McLuhan, etc.
  2. Bloque de Política General:
    1. Elementos de Política General: noción de “sociedad normal” y de “normalización de sociedades”.
    2. Psicología Social
    3. Sociología General
  3. Bloque de Política Especial:
    1. Política Económica, con énfasis en macroeconomía y finanzas públicas.
    2. Política Internacional: Derecho Público Internacional, Instituciones Internacionales.
    3. Política de Defensa: nociones de geopolítica y doctrinas modernas de defensa.
  4. Bloque de Política Analítica
    1. Nociones de análisis de políticas.
    2. Futurología.
  5. Bloque Instrumental:
    1. Técnicas de oratoria.
    2. Negociación y resolución de conflictos.
    3. Toma de decisiones.
    4. Campañas electorales.
    5. Castellano.
    6. Inglés.
    7. Otro idioma moderno.
    8. Manejo práctico de computadores.
  6. Bloque de Gestión Pública
    1. Nociones generales de gerencia
    2. El problema especial de la gerencia y la administración pública
    3. Tecnologías de manejo de información y gestión pública
  7. Bloque de Derecho
    1. Introducción al Derecho y Filosofía del Derecho
    2. Nociones de Derecho Público
    3. Nociones de Derecho Privado
    4. Nociones de Derecho Constitucional
    5. Nociones de Derecho Administrativo
  8. Bloque de Procesos Contemporáneos
    1. Fenómenos de globalización e informatización
    2. Tendencias hacia instituciones de gobierno mundial
  9. Bloque de Ética
    1. Nociones de Ética General.
    2. Un código deontológico para el ejercicio de la Política.
  10. Bloque de Historia
    1. Historia del Siglo XX
    2. Historia de las ideas y las instituciones políticas.

Una buena dotación de materias electivas—políticas especiales como la educativa, la sanitaria, la comunicacional, etc.—junto con talleres, seminarios y un régimen de pasantías, complementará la redondez necesaria a la carrera.

No pasaría mucho tiempo, por otra parte, sin que debiera responderse a ulteriores necesidades de postgrado.

6. Será preciso el desarrollo de un proyecto más completo y detallado, así como armar la estrategia necesaria a la obtención de las autorizaciones que deberá proveer el Consejo Nacional de Universidades para la creación de esta novísima y fundamental carrera.

Es pronosticable que la demanda de cupo será muy nutrida, en una sociedad que, como la venezolana, se encuentra inmersa en graves problemas de índole política, necesitados de solución.

Por último, la innovación implicada en la fundación de una Escuela de Política, única en su clase en el mundo, conllevará un inusitado interés internacional en torno a su existencia y evolución.

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LEA

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