Por Ernesto Ecarri Hung

UNA SOLA FIESTA /// Cuestionan prioridades del jefe del Estado

Labor presidencial en entredicho

Los politólogos Ángel Álvarez y Luis Enrique Alcalá analizan el trabajo presidencial. Advierten que «las peleas que afronta contra enemigos que crea» le restan tiempo para gobernar

ERNESTO ECARRI HUNGecarri

EL UNIVERSAL             3 de febrero de 2002

Actos multitudinarios y marcha en Caracas, viaje a Bolivia, otra concentración en Cúa y viaje a San Cristóbal, Mérida, Bolívar y Barquisimeto todas estas actividades han concentrado gran parte de la agenda presidencial de esta semana, dejando poco tiempo para la labor gubernamental.

Los politólogos Ángel Álvarez y Luis Enrique Alcalá al hacer un análisis de las obligaciones presidenciales cuestionan la jerarquización realizada por el primer mandatario nacional a la hora de desarrollar su rol como presidente de la República.

Álvarez utiliza el símbolo de la ‘hamaca’ a la hora de opinar del trabajo del Presidente. ‘Se mueve mucho pero no va ninguna parte’.

Asegura que la gran cantidad de actividades proselitistas le impiden realizar una efectiva labor. ‘Chávez hace esto no por limitación ni incapacidad mental o física, sino porque él cree que está haciendo una revolución más allá incluso de Venezuela, una transformación con vocación continental. El Presidente no entiende que los venezolanos lo eligieron para gobernar y no para hacer una revolución. Es más, la verdadera revolución que podría hacer es gobernar’.

Álvarez resume los errores en dos ideas. La primera es que ‘le dedica demasiado tiempo a la confrontación con enemigos que él mismo construye y eso lo hace porque cree tener la necesidad de tener una pera de boxeo enfrente con lo cual escuda la incapacidad de realizar políticas’.

El otro error en el que cae, dice Álvarez , es el irrespeto a la organizaciones de la sociedad civil. ‘Está de espaldas a la mayoría y trata de afectar los intereses organizados de la minoría, es decir, de empresarios, Iglesia y trabajadores’.

Reconoce el politólogo que a pesar de estos cuestionamientos el primer mandatario nacional ‘se mantiene dentro del Estado de derecho’.

Recuerda Álvarez que ‘todas las encuestas revelan que el primer mandatario nacional fue elegido para resolver dos problemas: el desempleo y la inseguridad personal. No los ha resuelto y más bien se han profundizado’.

Formalmente un Presidente tiene sus atribuciones reseñadas en su Constitución que están dirigidas a los principios de gobernar a la mayoría y respetar a las minorías. ‘Debe recibir cuentas de sus ministros, pero en este estado de confrontación y de giras nacionales e internacionales no le da mucho tiempo para recibirlos’, señala Álvarez.

Otra obligación del primer mandatario es velar por la adecuada administración de la Hacienda Pública. ‘Pero aquí en su pugnacidad no sólo no le da tiempo sino que ha estimulado políticas como el Plan Bolívar 2000 y 2001 que han quedado al margen de este control de la sociedad y del Estado produciéndose situaciones cercanas a la malversación de fondos’, asegura Álvarez .

El combate

Por su parte, Luis Enrique Alcalá cree que el error del Presidente parte de su concepción de la política.

‘Para Chávez hacer política es combatir. Es la exacerbación de un modelo político entendido como la manera de controlar el poder por cualquier medio’, afirma el politólogo.

Explica Alcalá que ‘en ese modelo la justificación de la política no es resolver problemas de carácter público. Olvida que hay un Estado porque hay problemas que trascienden la esfera privada y por ello se requiere de una organización que maneje lo que es de carácter público. Lo que nos atañe a todos’.

Sostiene el analista político que el primer mandatario nacional ‘cree que su deber es pelear, destruir, eliminar. Eso pudo estar semijustificado al inicio de su gobierno, pero ahora hace falta que se apliquen los planes para resolver los problemas’.

Comparte la idea de que la confrontación le puede quitar tiempo para la labor gubernamental pero advierte que esa situación ‘la origina él con su tono agresivo y sus acciones’.

Alcalá piensa que ‘todas las marchas y actividades proselitistas están fuera de la función de un Presidente’.

El politólogo también cuestiona el ¡Aló, Presidente! ‘Se puede concebir que a través de un programa el Gobierno pueda explicar las políticas, pero casi no habla de eso. Son más bien menciones autobiográficas y cuentos los que relata el primer mandatario nacional en ese programa. Existen intentos en todo el mundo y en Venezuela eso no es nada nuevo. No es mala la idea si se centrara en puntos específicos’.

Derecho de la mayoría

El politólogo Luis Enrique Alcalá cree que la actual composición de fuerzas y la demostración realizada por la sociedad civil el pasado 23 de enero son elementos suficientes para obligar un cambio en el Ejecutivo.

Cita el politólogo la declaración de derechos de Virginia de junio 1776 que fue dada a conocer meses antes de la Declaración de Independencia de EEUU. ‘Cuando cualquier gobierno resultare inadecuado o contrario a estos propósitos: el beneficio común, la protección y la seguridad del pueblo, la nación o la comunidad. Una mayoría de la comunidad tendrá un derecho indubitable, inalienable e irrevocable de reformarlo, alterarlo o abolirlo del modo que sea más conducente a la prosperidad pública’.

Alcalá resalta que este derecho señalado en la mencionada declaración es de la mayoría y no de una personalidad o de ‘unos comandantes como sucedió el 4 de Febrero’. Sostiene que en la actualidad esto se podría aplicar pero reiterando que debe entenderse como una mayoría de la población de manera ‘institucional’ y no por una salida de fuerza.

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Los tiempos tranquilos

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La intensa lluvia del martes 8 de mayo, comenzada a media mañana, produjo un extraño fenómeno de racionalidad exacerbada en al menos la zona de Sebucán, Sta. Eduvigis, Los Palos Grandes, Altamira y La Castellana de Caracas. A una hora normalmente terrible, la hora del transporte escolar de mediodía, el tráfico se mostraba relativamente fluido, los conductores se daban paso unos a otros y se escuchó una sola voz de corneta automotriz no repetida, mientras yo buscaba y traía escolares atravesando dos veces las urbanizaciones mencionadas.

Era como si la intensidad del agua, sobre conciencias asumidas por recuerdos de inundación y piedra, lodo y arena, sobre conciencias que ya saben evaluar instantáneamente magnitudes hidrodinámicas, hubiera rescatado ese espíritu de solidaridad que tiende a manifestarse como consecuencia de las calamidades, y hubiera disuadido la salida a la calle de transeúntes y transportes no imprescindibles.

Tiempo de catástrofes

La teoría de catástrofes es una creación relativamente reciente de la ciencia. No hace mucho tiempo desde que Per Bak y su grupo de colaboradores del Centro de Investigaciones Thomas Watson de IBM registrara lo que pasaba en un modelo a escala de avalanchas orográficas. Con un aparato tan sensible que era capaz de hacer caer arena grano por grano sobre una superficie circular, observaban la formación de colinas con una determinada “pendiente crítica”, a partir de la cual la caída de un solo grano de arena podía provocar avalanchas. Largos períodos de observación documentaron la regularidad de una distribución con sentido intuitivamente previsible: que una secuencia larga de granos de arena cayendo sobre la colina genera un buen número de pequeños aludes; que en menor medida ocurren aludes de mediano tamaño; que son posibles avalanchas de gran talla, aunque muy poco frecuentes. Y, dicho sea de paso, que no se observa hasta ahora ninguna avalancha que desmorone la colina íntegra.

Los grupos humanos, como los ríos y las montañas, como la población de huracanes y  la de terremotos, también son asiento de episodios caóticos de pequeña, mediana y gran magnitud. Y también pueden ser expuestos a tensiones que agraven la intensidad de esos episodios. Si a un estadio en Ghana se le cierran las puertas mientras se suscita en él un arranque de desorden, y si al enjambre de espectadores se le acomete con gases lacrimógenos y ruido de explosiones, hay que contar conque el resultado no será una trifulca entre una media docena de fanáticos, sino una estampida con saldo de centenares de muertos y heridos. Por cierto, el último incidente de Ghana es el sexto que se registra en la zona en tiempos recientes. Algo pareciera causar el aumento de los desórdenes en patrones endémicos: pareciera siempre haber conflictos en el Oriente Cercano, en los Balcanes, en Colombia. Como los forúnculos.

Cuando los precios del petróleo subieron hacia el tercer trimestre del año pasado, una protesta de camioneros franceses prendió la mecha de una eclosión que se extendió por España, los Países Bajos, Italia, Nueva Zelanda y pare de contar. (Por cierto, no era una protesta contra la OPEP, sino como esta misma organización advirtiera, contra el nivel impositivo que los gobiernos de países consumidores aplican al gasto de energía). Los enjambres humanos, que a diferencia de las piedras y las arenas cuentan con un creciente grado de intercomunicación, están gradualmente adquiriendo la capacidad de catastrofizar a escala transnacional. No es solamente el comercio lo que se globaliza: también el alcance de la conflictividad social. No está lejos el día de un 27F a escala subcontinental o intercontinental.

Avestruces académicas

Estas cosas parecen ignorarlas analistas de éxito e ingresos profesionales considerables. Gente como Moisés Naím, cuyo más reciente “estudio”—en inglés, naturalmente, con el título The Venezuelan Story: revisiting the conventional wisdom–—se distribuye ahora por selectos lotes de direcciones electrónicas. Naím vuelve a exhibir una notable capacidad de confusión entre la dimensión de la síntesis y aquella de la simpleza, para rechazar la interpretación de Chávez como “evidencia de la fermentación de una reacción contra la globalización, el capitalismo al estilo estadounidense, la corrupción y la pobreza”.

El propio Naím indica que su explicación de las cosas es contraria a esa lectura, a pesar de que “por la mayor parte, la situación de Venezuela es citada como una señal temprana de alerta sobre una reacción planetaria contra las ideas políticas, las políticas económicas y las relaciones internacionales que dominaron los años 90, esto es, la democracia liberal, las reformas de mercado y la globalización”.

En ninguna parte de su documento de 41 páginas Naím se refiere a los múltiples otros signos de molestia planetaria contra, precisamente, ese “Consenso de Washington” cuyo descrédito prefiere ignorar. No menciona para nada, por poner un caso, que desde hace ya un tiempo a esta parte, cada reunión internacional relacionada con esa manera de entender la globalización, es objeto de significativas manifestaciones de protesta. (Las que se conoce, por cierto, que no son organizadas por el MVR).

La superficialidad de la tesis de fondo naimista se pone en evidencia en simplistas afirmaciones como ésta: “…la desaparición del sistema de partidos que dominó la política venezolana por más de cuatro décadas no fue un súbito colapso al estilo soviético que resultara de una excesiva concentración de poder en manos de una pequeña clique de políticos. Más bien ocurrió como consecuencia de la descentralización del poder político y económico que comenzó a fines de los 80”.

Y no es que Naím carezca de razón en todo lo que dice, o que no sea fácil establecer conexión entre dos hechos simples cualesquiera de la reciente historia venezolana. Por lo contrario, como Naím cita con profusión un número de hechos incontestables, adquiere por ese procedimiento la falaz apariencia de científico social cuando fabrica sus tendenciosos enlaces factuales.

Todo esta bien, nos dice Moisés Naím. Chávez no es sino un incidente anómalo aislado. No viene ningún terremoto, no vendrá ninguna avalancha, sino tal vez solamente en Venezuela, donde ahora impera la barbarie. No hay descontento contra las prescripciones de gente como él mismo. Política homeopática: para curar a los pobres es preciso hundirlos más en la pobreza, siempre pedirles más sufrimiento, más “ajustes”.

La única manera de explicar cómo un gobernante tan obviamente dañino e incompetente como Chávez ha prevalecido últimamente, es precisamente reconocer que su irracionalidad y su iracundia se asientan sobre muy reales substratos.

La globalización es un proceso que, gracias a Dios y a su ingeniería de la complejidad del mundo, es bastante más rico que la casi estrictamente económica globalización de Naím y gente como él. El mundo construye, ciertamente, una economía que incluye—no es el único—un nivel planetario. Pero también construye un cerebro y una cultura del mundo, una polis del mundo. Mientras esa polis no adquiera las inéditas instituciones que pudieran satisfacerla mejor, la potencia de la protesta planetaria jugará un papel cada vez mayor. No, profesor Naím, no vienen todavía los tiempos tranquilos.

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El Llanero Solitario en Québec

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“La democracia participativa está revolucionando la política local en América y borbotea hacia arriba para cambiar también la dirección del gobierno nacional. Los años 70 marcaron el comienzo de la era participativa en política, con un crecimiento sin precedentes en el empleo de iniciativas y referenda… Políticamente, estamos en un proceso de desplazamiento masivo de una democracia representativa a una democracia participativa… El hecho es que hemos superado la utilidad histórica de la democracia representativa y todos sentimos intuitivamente que es obsoleta… Esta muerte de la democracia representativa también significa el fin del sistema de partidos tradicionales”.

El texto precedente no es de Hugo Chávez Frías. Tampoco lo es de ningún ideólogo del Movimiento Quinta República o de algún ministro del gobierno venezolano actual. Las palabras citadas han sido extraídas de la edición de 1984 del libro Megatendencias, bestseller de un gurú de la futurología, consentido de los gerentes de la globalización, y muy exitoso y próspero vendedor de libros, cursos y conferencias: el muy norteamericano y estadounidense John Naisbitt, el que, por cierto, no ha dejado de venir al país invitado por organizaciones empresariales locales. Más aún, el país al que Naisbitt se está refiriendo con ese usurpado cognomento de “América”, es nada menos que su propio país, los Estados Unidos.

Pero basta que al llanero Chávez se le ocurra solicitar que la Declaración de Québec vaya más allá de la consabida frase laudatoria de la democracia representativa, y que ninguno de los mandatarios asistentes a esa reciente Cumbre de las Américas le acompañara, para que un buen número de analistas cope los espacios nacionales de opinión para declararlo solitario y asegurar que con tal actitud Venezuela queda aislada en el concierto de las naciones del continente.

El pez muere por…

Chávez tiene, entre muchos, un problema constante: el del prejuicio en su contra que ha logrado construir él mismo diligentemente, gracias a sus reiteradas manifestaciones de malacrianza y agresividad. Es un problema que me complaceré en denominar el “efecto Radhakrishnan”. Resulta que por allá por los fines de los cincuenta o comienzos de los sesenta, el autor hindú Sri Radhakrishnan escribía un librito titulado Kalki o el futuro de la civilización, en el que hacía un análisis comparado de los valores occidentales y orientales, para predecir, al final, una fusión de ambas culturas en el largo plazo.

Cuando hacía el análisis de los valores de la civilización occidental, nuestro hindú tomó el caso de las famosas convenciones de Ginebra que regulan el uso lícito de armas en la guerra, para destacar que era muy bien visto despaturrar el cráneo de un enemigo con una granada o ametralladora, así como arrasar un poblado con el empleo de bombas incendiarias. En cambio es visto como del todo incivil y grosero, como diría Carreño, proceder a la exterminación de combatientes mediante un bombardeo con gases venenosos. El comentario de Radhakrishnan a esta sutil distinción fue el siguiente: “Eso equivale a criticar al lobo, no porque se coma al cordero, sino porque se lo come sin cubiertos”.

Si uno se pone a ver, la frase “constitución moribunda”, que tanto nos alarmó por lo inoportuna e irrespetuosa que fue en boca de Chávez en el solemne acto de su primera toma de posesión, es menos radical que la de “muerte de la democracia representativa”, que Naisbitt emitiera, con el aplauso de sus muchos admiradores, hace ya diecisiete años.

Chávez, pues, no come con cubiertos. Ya es tiempo de que nos percatemos de ese extraño fenómeno y aprendamos a descontarlo del contenido mismo de sus aseveraciones.

Tomemos por caso el siguiente texto: “El régimen latifundista es contrario al interés social. La ley dispondrá lo conducente a su eliminación, y establecerá normas encaminadas a dotar de tierra a los campesinos y trabajadores rurales que carezcan de ella, así como a proveerlos de los medios necesarios para hacerla producir”. Parece un postulado programático de la “Quinta República”, ¿no es así? Pues no, el entrecomillado contiene íntegramente la redacción del Artículo 105 de la Constitución de 1961, la constitución de Betancourt y Caldera, la moribunda muerta, por decirlo así.

Ah, pero si Chávez la emprende contra el latifundio, el aderezo que él le pone de temblores de oligarcas y otras yerbas, produce una ensalada intragable para quienes ahora le vislumbran como el Llanero Solitario de Québec. Acá hay, por supuesto, una lección para Chávez: que su eficacia política se ve reducida por su irresistible concupiscencia verbal. Debe aprender, por tanto y si le es posible, que la función presidencial no se identifica con la esencia de una sustancia irritante, so pena de aislarse por aquello de los cubiertos. ¿Podrá María Isabel, con la excusa de enseñar a Rosa Inés el arte del buen comer, instruir a Chávez en el uso del cuchillo y el tenedor?

Chávez el moderno

Volviendo al fondo del asunto, Chávez tiene razón. O por lo menos, Naisbitt sostendría que la tiene. Oigámoslo de nuevo, refiriéndose, igualmente, a la patria de Mr. Bush: “Hemos creado un sistema representativo hace doscientos años, cuando ésa era la manera práctica de organizar una democracia. La participación ciudadana directa simplemente no era factible… Pero sobrevino la revolución en las comunicaciones y con ella un electorado extremadamente bien educado. Hoy en día, con una información compartida instantáneamente, sabemos tanto acerca de lo que está pasando como nuestros representantes y lo sabemos tan rápidamente como ellos”.

Las ideas de Naisbitt no dejan lugar a equívocos, y vale la pena recordar que fueron escritas bastante antes de la explosión de posibilidades abiertas por la Internet, que durante la última década ha comenzado la construcción, cada vez más acelerada, de la mente del mundo.

No es timbre de ningún orgullo para Fox, para Pastrana, para Cardoso o para Bush, el haber rechazado la sugerencia chavecista de incluir en la redacción de Québec, el corazón mismo del separatismo canadiense, el concepto de democracia participativa como meta deseable para los pueblos de América. Chávez, que tanto tiene de trasnochado y anacrónico, esta vez se les fue por delante. En este caso los reaccionarios son ellos, los atrasados son ellos; el futurista es Chávez, el correcto es Chávez.

Y es que la muy moderna teoría de los sistemas complejos, y su hermana la teoría del caos, ofrecen ahora el más sólido de los fundamentos a la bondad de una democracia participativa. No creo que Hugo Chávez tenga ideas claras acerca de tales exquisiteces teóricas, pero lo cierto es que los sistemas complejos, tales como los de una sociedad complejamente entrelazada por múltiples y constantes nexos de comunicación, exhiben “propiedades emergentes”, comportamientos que son indeducibles de la calidad de sus componentes. Esto es, que aunque en una población dada, muchos de sus componentes no estén bien educados, el conjunto será capaz de rendir decisiones eficaces. Esto por lo que respecta a quienes creen que su voto personal contiene mayor calidad que el de la mayoría de sus compatriotas.

No digo nada respecto de las reservas de Chávez respecto de la fecha de entrada en vigencia de los convenios de libre comercio. Creo como él, eso sí, en que lo que hace tiempo hemos debido establecer es una entidad política multinacional al sur de los Estados Unidos. Para mí que un ámbito como el latinoamericano y caribeño es desmedido. Creo que lo que tiene sentido es el condominio político y ecológico suramericano, el continente de mayor espectro de latitudes, el que produce la mitad del oxígeno del planeta.

Pero eso es harina de otro costal. En cuanto a la Declaración de Québec, pienso que es un honor para nosotros que el único mandatario que se haya atrevido a defender la noción de democracia participativa haya sido el Presidente de Venezuela. Que se fue después de Québec, traviesamente, a la localidad de Hickory, en Carolina del Norte, para elogiar, in situ, sus procesos de democracia participativa.

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To understand Chávez

 

BP quería entenderlo

 

En junio de 2000, la directiva de British Petroleum Exploración de Venezuela me solicitó una presentación que le permitiera «entender a Chávez», según explícito interés expuesto en la carta de invitación. (En ese mismo año, BP emprendió una agresiva campaña mundial de imagen corporativa y empezó a publicar, junto con su balance financiero, uno de impacto ecológico y uno de inversión social.)* Acá está el guión de la misma, que conduje el 21 de aquel mes.

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+ UNDERSTANDING CHÁVEZ

A presentation by Luis Enrique Alcalá to BPXV’s Leadership Team (June 21, 2000)

            Methodological note

Behind the analysis lies a viewpoint of history as a fractal process. The presentation will be of an impressionistic nature: painting large blotches of political reality with the aid of metaphors.

 

           Recent country trajectory

Crisis and supplanting the oligarchy

Venezuelans suffered a major disruption of quiet economic growth and social progress from the 1973-74 oil market upheaval, which was neither sought by nor originated in Venezuela. Any economy in the world that would see the value of exports multiplied by a factor of four in six months, would have been severely shaken. This distortion lasted for about a decade and still influences Venezuelan development.

Along this period the Venezuelan political establishment exhibited a stubborn reluctance to change. After several years of resisting increasing petitions of modernization of the political and judiciary systems, a previously very weak political movement (6-8% of preferences in 1997, one year before the election), took power in 1998 to bring Chávez to the Presidency.

In essence, an oligarchy or hegemony has succeeded another. (AD & COPEI, acting as owners of political power for 40 years, have been neatly supplanted by the hegemony of Movimiento Quinta República).

The Mule’s metaphor

The appearance of an unforeseen mutant and sterile powerful leader (The Mule), in the second volume of Isaac Asimov’s trilogy Foundation, can serve as a metaphor for understanding Chávez’ phenomenon. He may be sterile in the sense of not being able to produce a successor with his same features.

 

            Need of an anthropological viewpoint

– New sets of values, styles

In order to comprehend this new period in Venezuelan politics the focus should be centered in an anthropological approach, in the sense of understanding that a totally new set of political values and styles has emerged with Chávez’ ascension to power. This implies, among other things, discarding common analyses of his “breaches of political etiquette” in order to grasp essential processes.

 

            The logic of Chávez

Motives of the wolf

A second metaphor, this time from Rubén Darío’s poem Los motivos del lobo, serves as an explanation for Chávez very aggressive style of confronting political adversaries. This aggressiveness is in his biography and/or his nature.

People are angry

COPEI’s leader in 1997 (Eduardo Fernández) coined the phrase “el pueblo está bravo”, referring to a long felt dissatisfaction on the part of the impoverished masses.

Representation of anger

Chávez is the perfect representative of this anger of the people. His blunt attacks on almost any institution in the country should not surprise anyone.

Short range effectiveness

After a while, a permanently aggressive behavior would start to show diminishing returns. Once Chávez has vanquished all his enemies, there would be no way for him to avoid tackling real governance issues.

Surgical politics

A surgeon’s approach to politics indicates total control of the patient (through anesthetics or immobilization) and the use of invasive techniques.

 

            The driving dream of Chávez

Bolivarian United States

Chávez dream of power clearly extends beyond Venezuelan frontiers to include, at the start, the area represented by countries liberated by Simón Bolívar. In this mindset, for example, the present Colombian government pertains to the same category of “cúpulas podridas” (rotten domes) which he denounces in Venezuela and explain his tolerant postures towards Colombian guerrillas.

 

            The political fractal

This political state of affairs might branch in the near future (2-3 years) towards one of four main avenues:

Continuity

Chávez may achieve stability and even be reelected. (Even a full-fledged dictator as Hitler could establish very friendly relations with the private entrepreneurs in his country and reactivate the economy, obtaining popular support through such a device).

Political collapse

The accumulation of political mistakes might lead to a very overloaded situation, with distinct breakup possibilities.

Civic deposition

Gradual insatisfaction of the people might allow activation of new political procedures (revocatory referendum) to legally depose Chávez.

Civic substitution

Chávez might be defeated in the next presidential election. (2006).

 

            The economic outlook

Present recession (quite diminished cement consumption)

Every indicator signals the extent of a hard economic recession.

Oil driver (new casting)

Oil starts to behave favorably for public income in Venezuela. New authorities, compliant to the government, have been appointed at PDVSA, to assure political control of the economic monster.

Gas conversion

At a certain moment energy authorities in Venezuela will become aware of the pending world conversion to gas. Venezuela has gas reserves amounting to 5-7 times those measured at Trinidad, for instance. (BP could have the technological advantage in case Venezuela wants to fast-track gas production and exports).

Telecommunications

After oil, telecommunications will be the economic sector in which the government will want fast and important developments. New legislation has already opened the field to significant investments.

Treatment of foreign investors

In the short term, a friendly stance on the part of the government regarding foreign investment can be expected.

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* En 1964 los empresarios venezolanos concibieron y emitieron su Declaración de Responsabilidad Social de la Libre Empresa, que daba piso principista a la organización y el concepto del Dividendo Voluntario para la Comunidad, que cumplió 40 años de existencia en 2004. El documento fue conceptualmente tan importante que la explicación venezolana de sus nociones fue requerida en el continente y en Europa, y misiones de empresarios nacionales fueron a distintos países a llevar el evangelio de la responsabilidad social, tan lejos como a Filipinas, donde la iniciativa del DVC fue copiada en la asociación Phillipine Business for Social Progress (1971). Treinta y seis años antes de que British Petroleum comenzara la publicación de balances sociales y ecológicos (año 2000), ya el liderazgo empresarial venezolano había establecido las líneas conceptuales de la responsabilidad social de la empresa, noción que terminó estando de moda en el mundo sólo al inicio del siglo XXI. (El empresario es pana, 12 de julio de 2012).

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Cirujano Presidente

El Diario

Hace años que algunas ideas leídas en alguna parte u oídas de otras personas—la noción original no es mía—me llevaron a concluir que la Política es un arte o profesión que, bien entendida, se parece mucho a la Medicina. Porque no se justifica la política que no tenga por objeto absolutamente primario la solución de problemas de carácter público.

Claro, la política cotidiana tiende a ser entendida, con toda razón, como una lucha por el poder, por la actividad que consiste en obtener poder e impedir que otros lo obtengan. Cada vez más, sin embargo, esta concepción atrasada pierde vigencia: esta Realpolitik, o política “realista”, cada vez funciona menos, y en medio de una sociedad cada vez más informada y consciente sus posibilidades serán reducidas hasta el nivel que debe tener.

No es que va a desaparecer la lucha por el poder. La competencia por el poder es una manifestación claramente humana, consubstancial a nuestro modo específico de ser gente. Lo que digo es que a la larga la legitimación del poderoso habrá tenido que ser fundada sobre su capacidad para proveer soluciones a los problemas públicos. La legitimación será de carácter programático porque los Electores lo exigiremos.

En una junta médica, por ejemplo, no se impone el criterio del médico más corpulento o de voz más estentórea, sino el de quien sea más acertado en el diagnóstico y en la prescripción del tratamiento. A mí no me interesa para nada la musculatura o estatura del médico que vaya a tratar a un familiar gravemente enfermo. Lo que me interesa es su eficacia terapéutica. Del mismo modo, la cantidad de poder previa que tenga un determinado político, porque sea el jefe de un partido poderoso, o porque tenga acceso a mayores recursos económicos, es menos importante que la pertinencia de sus soluciones.

La Medicina es, probablemente, la profesión que ostenta el más antiguo de los códigos de ética. Es el famoso Juramento de Hipócrates que, con variantes más modernas, es la base de la deontología de la profesión médica, de su código de ética profesional. En su primera redacción el código distinguía claramente entre el arte de los médicos y el de los cirujanos, pues estipulaba que Hipócrates no cortaría “bajo la piedra” sino que dejaría esas operaciones a “quienes practican ese arte”. Hasta tiempos relativamente recientes los cirujanos formaban un gremio distinto de los médicos, y se les agrupaba más bien junto con los barberos y los sacamuelas.

Hoy en día, naturalmente, las cosas son distintas, y nuestros facultos se gradúan en las universidades de médico-cirujano. Pero la especialización restituye luego la diferencia y lo normal es que quien es cirujano no es a la vez un internista.

Tienen, por lo demás, psicologías diferentes el médico y el cirujano. Éste es caricaturizado como hombre extrovertido, arriesgado, de sangre fría, asertivo, presuntuoso, dueño de un potente carro deportivo al que maneja con sus botas de vaquero bien calzadas, y no poco agresivo. Esa caracterización corresponde a la técnica invasiva y traumática de su modo de proceder. Las herramientas del cirujano son las tenazas, la sierra, el martillo, la legra, el bisturí.

La personalidad arquetípica del cirujano tiende a no ser del agrado de los médicos. Los cirujanos, por su parte, se impacientan con la “lentitud” y la “cobardía” de los médicos, que resisten a las radicales soluciones quirúrgicas. ¿Tenemos el cuadro?

 

Cirugía política

No cabe duda de que el presidente Chávez es un cirujano político. No sólo es que pretendió operarnos en 1992 con toda la potencia de sus herramientas traumatizantes, sino que ahora su impaciencia, su locuacidad, su militarización del Poder Ejecutivo, su fijación sobre lo corrupto, indican a las claras que su protocolo de actuación es quirúrgico.

Estamos en manos de un cirujano.

Y el cirujano, a diferencia del médico, toma control total sobre el paciente, al punto que lo amarra o lo duerme. Eso es exactamente lo que está haciendo el presidente Chávez.

Esto es importante tenerlo en cuenta. Porque no resulta prudente empujar el codo del cirujano mientras se encuentra operando, sobre todo si se trata del codo de la mano que empuña el bisturí. Si lo hacemos corremos el riesgo de que en vez de sacarnos la vesícula nos seccione la aorta de un tajo.

Todavía es discutible si existía la posibilidad de un tratamiento médico, no quirúrgico, en estos momentos de la política nacional. Lo cierto es que el 6 de diciembre de 1998 el pueblo venezolano optó por ponerse en manos de quien no había ocultado nunca su orientación quirúrgica, en lugar de en manos de un médico que se demostró insuficiente.

Por estas razones vale la pena preguntarnos por los límites éticos a la actuación de un cirujano. Por más que el código de ética del cirujano sea más laxo que el de un médico, la actuación de aquél debe quedar limitada por al menos dos condiciones.

La primera es que las intervenciones quirúrgicas deben ser lo más breves que sea posible. El cirujano somete al paciente a un trauma que debe acortarse en el tiempo. La más compleja y arriesgada intervención quirúrgica durará, tal vez, catorce horas, con un corazón abierto, con una trepanación, con un transplante. Pero no una semana. No se puede tener anestesiado a un paciente, ni someterle a una invasión de su estructura corporal, durante cuatro o cinco días.

El tiempo político es más largo, por supuesto. Un año, por ejemplo.

Si se cumple el cronograma constituyente más o menos anunciado, en el lapso aproximado de un año el país contaría con una nueva constitución política para su Estado, y estaría enfrentando, por ese mismo hecho, una necesidad de relegitimación de sus poderes constituidos. Uno de esos poderes constituidos es, justamente, el del Presidente de la República.

Es el mismo presidente Chávez quien ha argumentado en este sentido. Según sus propias palabras, dentro de un año volveríamos a tener elecciones para la Presidencia de la República y para los cuerpos deliberantes diseñados en el proceso constituyente.

Para ese momento reconoceré el derecho del presidente Chávez a postularse de nuevo para la Primera Magistratura. Pero para ese momento, en tanto Elector, requeriré que Hugo Chávez me muestre un protocolo médico, no uno quirúrgico, pues a esas alturas deberemos estar entrando en el lapso postoperatorio. Tendrá que legitimarse, entonces, como médico, no como cirujano.

 

El mayor cuidado

La segunda condición estipulable como límite ético de la cirugía es la siguiente: el cirujano debe procurar, en la medida de lo posible, afectar la menor cantidad de tejido sano. Que en la necesidad de extirpar el tumor reseque lo menos posible del tejido sano circundante.

Por ejemplo, hasta donde yo entiendo, la periodista Marisabel Párraga de Amenábar es tejido venezolano eminentemente sano. No hay nada en su limpia trayectoria profesional que la ligue a los procesos de corrupción que deben ser eliminados. No es ella una “viuda del paquete”, ni alguien que vive mejor porque haya entrado en arreglos con factores políticos inconvenientes. Por lo contrario, ella fue la valiente periodista que plantó ante el rostro de Carlos Andrés Pérez, al término de la primera de las penas que le fueran impuestas, una fotocopia del movimiento de sus cuentas mancomunadas, en un inolvidable acto de arrojo y conciencia pública.

Pero resulta que el jueves 4 de febrero de 1999, el mismo día que el presidente Chávez arengaba a los militares en su patio, a escasas cuarenta y ocho horas de su asunción al poder, el programa que Marisabel conducía desde hace varios años fue sacado intempestivamente del aire en plena transmisión, por orden del dueño de la planta televisora, porque sus entrevistados estaban expresándose críticamente del espectáculo de Los Próceres. En medio de la propia Semana de la Patria, pues.

Por lo que se sabe, todo apuntaría a que se trató de un episodio de autocensura, cobardemente asentado sobre la precariedad de una planta que todavía no tiene licencia plena para una señal abierta. Pero aun cuando no hubiera habido una expresa reconvención de Miraflores, está claro que el dueño de la planta actuó por miedo, y por miedo los medios impresos no han dado cuenta del desaguisado, y Miguel Henrique Otero no ha elevado el asunto ante la Sociedad Interamericana de Prensa, ni el Ministro de la Secretaría, periodista, ni el Canciller, periodista, ni la Jefa de la Oficina Central de Información, ligada al primero de los nombrados, han dejado oír su voz ante la evidente vulneración de la libertad de expresión. Entretanto el Presidente del Colegio Nacional de Periodistas, Sr. Levy Benshimol, con posterioridad al hecho y en vez de manifestar su alarma, ha entregado sendas placas de “reconocimiento”, a los colegas que ahora están en el gobierno, incluidos los ministros mencionados y el también periodista Alexis Rosas, Gobernador de Anzoátegui.

Pido acá entonces al Cirujano Presidente que encuentre tiempo para explicar al Sr. Hernán Pérez Belisario que la licencia de su señal no está condicionada a la ausencia de crítica en sus espacios. Que como cirujano que es, valiente, aprecia la valentía de Marisabel, aunque se le oponga, por cuanto él mismo dijo que necesitaba oposición. Ese tejido sano de la Párraga debe ser restituido, con las debidas excusas, además. Está bien que el Cirujano Presidente no la haya cortado directamente con su filo, pero falta su mayor cuidado para que lo certero de su intervención no genere efectos nocivos indirectos, como el miedo que daña injusta e innecesariamente a lo más sano de nuestro tejido nacional. LEA

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