por Luis Enrique Alcalá | Sep 7, 2006 | LEA, Política |

En más de una ocasión se ha hecho acá comparación entre los dos archienemigos del comic político planetario: Batman Bush y el Guasón Chávez. Desde su apego a las más crudas reglas de la Realpolitik hasta su simétrico gusto por la innovación nomencladora, pasando por su fundamentalismo cuasirreligioso. Ahora se añade una nueva dimensión a la analogía: George W. Bush ha concedido a la cadena CBS una entrevista en la que revela que concibe su presidencia en términos, no de su último período presidencial, sino en términos de la centuria.
Con la cercanía de las elecciones de congresistas, el gobierno norteamericano ha iniciado una ofensiva de propaganda, con el fin de apuntalar la debilitada credibilidad presidencial y reforzar la racionalidad de su política exterior, centrada en la guerra. Procura, de este modo, evitar una derrota electoral que pudiera representar para los republicanos al menos la pérdida de la mayoría en la Cámara de Representantes, la cámara baja del Congreso. En los últimos días el discurso se ha hecho más agresivo y ya no hay ocultamiento de ciertas cosas, al punto de que Bush admitiera ayer que la Agencia Central de Inteligencia mantiene prisiones secretas en otros países, en las que interrogatorios «duros» han permitido conocer y desmantelar proyectos terroristas.
El martes de esta semana, pues, George Bush fue entrevistado por Katie Couric, de CBS—la entrevista fue transmitida anoche en horario prime time—quien obtuvo del primer ejecutivo estadounidense la siguiente admisión: «Estoy preocupado porque de aquí a cincuenta años la gente mire atrás y diga ¿cómo es que Bush y los demás no vieron el hecho de que este grupo de gente usaría el petróleo para afectar nuestra economía? ¿Cómo es que no confrontó la amenaza de Irán y sus ambiciones nucleares? ¿Por qué no apoyó los gobiernos moderados que hay allí en la región? Y yo creo verdaderamente que ésta es la lucha ideológica del siglo XXI. Y las consecuencias de no lograr el éxito son espantosas».
Ya está: desde la Casa Blanca se piensa también en el siglo XXI, al que entiende como período de luchas ideológicas. ¿No le da Bush así la razón a Chávez? Éste pudiera, ya que le gusta tanto tener al primero de contendor, sugerirle un referendito para quedarse en Washington mediante la reelección indefinida. Así pudieran el coloso y el colosito perpetuar la retórica que les sirve para ejercer el poder con muy poco respeto por las libertades ciudadanas.
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por Luis Enrique Alcalá | Ago 31, 2006 | LEA, Política |

No hay ya ninguna duda; el gobierno ha sentido el devastador efecto causado por las recientes actuaciones del alcalde Barreto y se ha apresurado a distanciarse de sus ejecutorias. El demencial sujeto ha logrado rebajar en modo apreciable el atractivo electoral de su jefe último, y producir rechazo a su persona y sus decisiones en el seno mismo del chavismo. Tan evidente ha sido su locura que casi añorábamos la llegada de Chávez para que viniera a poner orden en su casa. El vicepresidente Rangel, en segura conexión y acuerdo con Chávez, optó por anticiparse con un comunicado urgente, en nombre del Gobierno Nacional, para expresar su desacuerdo con los decretos de expropiación de los terrenos destinados a la práctica del golf en la ciudad de Caracas. El costo político de Barreto se había hecho claramente excesivo.
La decisión expropiatoria, sin embargo, tenía tiempo preparándose. A escasas horas del primer ataque de Barreto contra los alcaldes López y Capriles, Mikel (antes de que llegara Chávez al poder se escribía Michael) Menéndez, Presidente del Instituto Metropolitano de Urbanismo, se complació en precisar que los estudios sobre el uso público de terrenos de La Lagunita Country Club, así como los del Caracas Country Club y los del Valle Arriba Golf Club, estaban en marcha. (El arquitecto Menéndez se busca unos jefes… A comienzos del octenio andaba empatado con Luis Vallenilla, el capo de Cavendes que huyó del país para evitar juicios en su contra por noticia críminis y por miles de demandas privadas que seguramente le caerían encima. Con él pretendía Menéndez ser contratado por el gobierno para encargarse ¡de la recuperación del estado Vargas!).
Así que todo estaba fríamente calculado.
Ahora bien, dirá Barreto, ¿no son sus actuaciones la más fiel de las aquiescencias a la ideología y el estilo del líder máximo de la revolución, por estos días ocupado en la altísima prioridad de firmar con Malasia un acuerdo contra la doble tributación?
Porque si a ver vamos, no ha sido otro que Chávez quien trajera a los discursos de la Primera Magistratura la procacidad más ramplona y agresiva, el chiste obsceno y la doctrina de que Venezuela—sus mejores haciendas y campos de golf especialmente—ahora es de todos. Y su mejor imitador había sido, hasta ahora que ha sido destronado por Barreto, justamente el vicepresidente Rangel, que ha perorado más de un discurso grosero y amenazante.
¿Cómo pudiera consistentemente castigarse a Barreto cuando no ha hecho otra cosa que arremeter contra representantes del imperialismo yanqui y la más rancia expresión de la oligarquía caraqueña? ¿No había dedicado la cloaca televisada que es «La Hojilla», una jocosa y aprobatoria entrevista a Barreto en el canal «de todos los venezolanos» para burlarse con él de los alcaldes de Chacao y Baruta? Si no se hubiera sentido la generalizada indignación ciudadana ¿habría habido contra Barreto la reconvención del Comando Táctico Nacional del MVR, la refutación de Calixto Ortega, la advertencia de Jesse Chacón y ahora el comunicado del vicepresidente como anticipación del juicio sumario del próximo Aló Presidente? ¿Es que no son los decretos de Barreto y Menéndez la más pura manifestación del socialismo del siglo XXI?
Rangel ha dicho que las expropiaciones decretadas por el antisocial alcalde sobre las bases proporcionadas por su asesor ni siquiera cuentan con financiamiento, y que probablemente coliden con disposiciones constitucionales respecto del derecho a la propiedad. Pero no hace nada que el ministro Giordani, que trabaja para la misma revolución de Rangel y Barreto, solicitara un ajuste de las normas constitucionales precisamente para adecuar la República al socialismo. (Artículo 2.021. Ser rico es malo).
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por Luis Enrique Alcalá | Ago 24, 2006 | LEA, Política |

La primera tarea asumida por Juan Barreto una vez que Hugo Chávez llegara a presidir la república fue la de dirigir una empresa editorial aduladora y abusiva que fracasó estrepitosamente: El Diario del Presidente, periodicucho que fue incapaz de sostener su circulación por más de seis meses, ni siquiera porque se vendía por precio irrisorio. Nunca pudo conseguir lectores en número suficiente.
Hasta llegar, parásito de la popularidad de su demagogo jefe, a la Alcaldía Metropolitana de Caracas, no destacó en otro arte que el de ladrar en castellano. Pomposo perdonavidas, enfermo de odio, estéril, siempre ha procurado imitar lo peor de Chávez, su gusto por la violencia y por la saña.
Con su alevosa «disertación» de este pasado martes creyó, estúpidamente, que «se la comía», aplaudido por un coro de borregos a destajo cubiertos con franelas rojas, obsequiado con la sonrisa del alcalde Rangel Ávalos, igualmente estúpida, mientras defecaba por la boca. Es como él cree que hace méritos históricos.
Ignoraba, entonces, que ya su retrato había sido pintado para la posteridad, aunque no con óleos o pasteles, sino con palabras. He aquí tres detalles del cuadro-texto que lo inmortaliza:
«La envidia es una adoración de los hombres por las sombras, del mérito por la mediocridad. Es el rubor de la mejilla sonoramente abofeteada por la gloria ajena. Es el grillete que arrastran los fracasados. Es el acíbar que paladean los impotentes. Es un venenoso humor que mana de las heridas abiertas por el desengaño de la insignificancia propia. Por sus horcas caudinas pasan, tarde o temprano, los que viven esclavos de la vanidad: desfilan lívidos de angustia, torvos, avergonzados de su propia tristura, sin sospechar que su ladrido envuelve una consagración inequívoca del mérito ajeno. La inextinguible hostilidad de los necios fue siempre el pedestal de un monumento».
«La dicha de los fecundos martiriza a los eunucos vertiendo en su corazón gotas de hiel que los amargan por toda la existencia; este dolor es la gloria involuntaria de los otros, la sanción más indestructible de su talento en la acción o el pensar. Las palabras y las muecas del envidioso se pierden en la ciénaga donde se arrastra, como silbidos de reptiles que saludan el vuelo sereno del águila que pasa en la altura. Sin oírlos».
«No sólo se adula a reyes y poderosos; también se adula al pueblo. Hay miserables afanes de popularidad, más denigrantes que el servilismo. Para obtener el favor cuantitativo de las turbas, puede mentírseles bajas alabanzas disfrazadas de ideal; más cobardes porque se dirigen a plebes que no saben descubrir el embuste. Halagar a los ignorantes y merecer su aplauso, hablándoles sin cesar de sus derechos, jamás de sus deberes, es el postrer renunciamiento a la propia dignidad».
El escritor-pintor: José Ingenieros. El título del libro-retrato: El hombre mediocre.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Ago 17, 2006 | LEA, Política |

No parece auspicioso para un partido político relativamente recién nacido exhibir fuertes divisiones en su seno. Que un grupo de importantes dirigentes de Primero Justicia desconozca a las autoridades del partido—o a sus decisiones—no augura nada bueno para una organización que, al decir de Carlos Ocariz y sus muy precisos cálculos, aportará exactamente 3.963.008 votos, ni uno más ni uno menos, a la candidatura de Manuel Rosales.
En la sala Ana Julia Rojas del Ateneo de Caracas, Ramón López, Gerardo Blyde, Liliana Hernández, Leopoldo López, Ramón José Medina y Delsa Solórzano, declararon, por boca del primero (Coordinador General de Primero Justicia en Caracas), que desconocerán «a aquellos que arbitraria e ilegítimamente pretenden conducir al partido de espaldas a la militancia y a las bases. No reconocemos sus decisiones e instrucciones». Se referían, primariamente, a Julio Borges, y a la decisión de separar a Blyde de la Secretaría General del partido.
No se trata de militantes cualesquiera. Además de que Ramón López es autoridad partidista, Liliana Hernández y Ramón José Medina, venida una de Acción Democrática y el otro de COPEI, han sido dirigentes emblemáticos—otrora diputados de la Asamblea Nacional—así como lo han sido el más vistoso de la pareja de alcaldes justicieros, Leopoldo López, Delsa Solórzano—ex consultora jurídica de la Coordinadora Democrática—y nadie menos que Gerardo Blyde, hasta hace nada Secretario General de Primero Justicia. (Blyde, que es persona en extremo inteligente, saltó a la notoriedad en 1999, cuando un recurso suyo ante la extinta Corte Suprema de Justicia forzara una nueva redacción del decreto de Chávez para un referendo consultivo sobre la elección de una asamblea constituyente. Luego jugaría por un tiempo como segundo de Alberto Franceschi—ex diputado constituyente, ex militante de Proyecto Venezuela y de Acción Democrática, ex trotskista—en la idea de constituir una nueva fuerza política, antes de sumarse a las filas de Primero Justicia).
Esta división viene preparándose desde hace un buen tiempo. Ya el año pasado Julio Borges conjuró un alzamiento de la misma fracción con ayuda de los secretarios regionales de Primero Justicia. Se exigía al partido elecciones de base para relegitimar sus autoridades y Borges logró posponerlas para 2007. Ahora irrumpe el cisma sobre líneas políticas, y Blyde ha sido acusado de abstencionista. Para desmentir tal especie, el grupo reunido en el Ateneo anunció su apoyo a la candidatura de Rosales.
También antes de estos más recientes incidentes, una competencia entre Borges y Leopoldo López por la candidatura presidencial de Primero Justicia se había hecho notar. Entre el 10 y el 23 de septiembre de 2005 Alfredo Keller había levantado los datos de encuesta cuyos resultados fueron conocidos poco después. Al preguntar por nombres de personas que fuesen reconocidas como líderes, Julio Borges fue mencionado por el 40% y Leopoldo López, demasiado cerca, por 39%.
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por Luis Enrique Alcalá | Ago 10, 2006 | LEA, Política |

Se cae de maduro que la defenestración y sustitución de Alí Rodríguez Araque como Ministro de Relaciones Exteriores tiene que ver con sus malas caras ante los recientes bretes en los que la procaz e irresponsable locuacidad de Hugo Chávez le ha metido. De éstos, el más visible fue el diferendo insultante contra Alan García, pero luego se ha añadido a ése otros incidentes y ocurrencias. Por ejemplo, la reciente alineación de Chávez con Irán y su tratamiento del conflicto del Líbano.
Precisamente al partir a su último y dispendioso viaje, Chávez anunciaba despidiéndose que Rodríguez había sufrido un «preinfarto», a pesar de que la Cancillería aseguraba que todo el caso médico era un malestar pasajero, en comunicado oficial sobre la salud del ahora ex ministro. No es el primer ministro que sufre un patatús mientras gobierna bajo Chávez. (Ignacio Arcaya sufrió lo suyo siendo Ministro de Relaciones Interiores a raíz de los deslaves de Vargas en 1999, como su antecesor «el policía» Izaguirre fue presa de un vahído ante las cámaras de televisión por los días del «caracazo»).
Alfredo Toro Hardy tendrá que seguir esperando por su ansiado nombramiento como canciller. La investidura ha recaído sobre el tirapiedras de Nicolás Maduro, hasta hace nada Presidente de la Asamblea Nacional, y uno de los más descarados aquiescentes de todo lo que diga el máximo líder de la revolución «bolivariana» y «socialista». Maduro es de línea dura, y que se le convoque al Ministerio de Relaciones Exteriores en momentos de campaña electoral—interna y externa, si se cuenta la búsqueda de un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU—emite la clara señal de endurecimiento gubernamental en el campo. Será Maduro—a quien sustituirá Desireé Santos Amaral en la dirección de la Asamblea Nacional—y no Rodríguez quien deba comunicar al embajador israelí la ruptura de relaciones diplomáticas entre Venezuela e Israel de manera oficial.
No hay hasta ahora posición fijada por la comunidad judía nacional ante el desafío de Chávez a Israel. La que sí se ha pronunciado es la comunidad judía argentina, que es sólo segunda tras la norteamericana en el continente. El Presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas, Jorge Kirszenbaum, declaró: «Estamos sumamente preocupados por las declaraciones del presidente Chávez, quien hace una comparación, inaceptable para la comunidad judía latinoamericana, de Israel con el nazismo».
¿Habrá calculado Chávez el efecto que esa poderosa agrupación pudiera tener sobre su pana burda Néstor Kirchner?
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por Luis Enrique Alcalá | Ago 3, 2006 | LEA, Política |

La cosa se está poniendo muy fea en el entorno planetario. La geopolítica es ahora geotectónica. ¿Cómo evitar el choque de la placa continental de mil doscientos millones de musulmanes contra la de trescientos y tantos millones de estadounidenses? (Más la anexidad inglesa y la israelita). Un salto cualitativo adicional en la nueva guerra del Líbano puede conducir a la apertura de válvulas de escape que tal vez alivien la sismogénica presión.
Sobre un telón de fondo de profundo desarreglo económico—los rendimientos decrecientes de una burbuja de revalorización de bienes raíces, que ha venido financiando la merma en el poder de compra norteamericano por el aparentemente imparable incremento de los precios de los combustibles; el deterioro de la atención hospitalaria a la salud y la complicación en el sistema de seguridad social—los Estados Unidos no estarían muy lejos de un proceso de impeachment de George W. Bush, para replegarse de su sobrextensión por el planeta. Hace nada que la Corte Suprema de Justicia le paró el trote en Guantánamo, y ni siquiera el Chief Justice Roberts, su ostensible aliado, pudo impedirlo. Los Estados Unidos son peligrosos para sus enemigos, pero el gobierno de Bush es ya inadmisiblemente peligroso para los Estados Unidos.
Afganistán, Corea del Norte, Irak, Irán… y ahora la guerra de Israel contra Hezbolá en el Líbano. Son demasiadas emergencias juntas, y ya antes de la emergencia de este último conflicto el embajador de Arabia Saudita en la ONU temblaba ante la posibilidad de una triplicación de los precios del petróleo como secuela de cohetes lanzados sobre el estrecho de Ormuz.
El polemólogo favorito de doctorpolítico contempla un terrible «peor caso» si se repiten «los cañones de agosto», el «efecto dominó» de trabados intereses nacionales que no pudo ser detenido por la más febril actividad diplomática en vísperas de la Gran Guerra de 1918. Si se interrumpe el paso de tanqueros en el neurálgico estrecho, predice, tendremos a los marines ocupando el Zulia o induciéndolo a la secesión tras el escudo del ejército colombiano, y hasta un golpe de Estado en Brasil para llevar sus tropas hasta Maturín, en procura del aseguramiento de los yacimientos de la Faja Petrolífera del Orinoco.
Es con esta nitroglicerina con lo que el delirante Presidente de Venezuela juega, llamando «subanimales» a los imperialistas de los Estados Unidos desde Vietnam, y declarando que «si nos invaden» resistiremos como los vietnamitas. ¿Quién le ha dado derecho de meternos en brete tan preocupante y peligroso? Si los Estados Unidos se dirigen, aparentemente, a su colapso—ya la ocupación de Irak ha costado 800 mil millones de dólares—y se muestran excedidos ¿qué puede pensarse de esta república «quinta» y «bolivariana» que se amorocha con Irán, Bielorrusia y Vietnam, que interfiere en México, Nicaragua y Perú, que soborna a Rusia, Bolivia y Argentina?
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