por Luis Enrique Alcalá | Feb 10, 2005 | LEA, Política |

Los nuevos desastres pluviales, amplificados sin duda por la desidia oficial en Vargas, han distraído al Presidente de la República de su agenda preferida: su epopeya antigringa. Ya la tragedia de 1999 había cortado en su momento los festejos de la promulgación de la Constitución vigente. Un poco más de seis años después de aquella calamidad comprobamos que las recomendaciones técnicas de prevención—muros de contención en concreto armado, entre otras cosas—fueron sustituidas por curitas ineficaces. (Gaviones que no resisten el embate de las aguas).
Así que el líder continental de la revolución socialista tendrá que ocuparse de un fastidioso e inoportuno problema local y distraerse de su épica tarea. Es posible que sueñe con recibir ayuda china para esta nueva prueba de los elementos. Pero una vez que haya dado su condolido discurso—»Si la Naturaleza se opone haremos que nos obedezca»—volverá a dejar el asunto en manos de sus lugartenientes para continuar en su papel de héroe transnacional. (Exógeno, pues).
Un aventurado pronóstico de Stratfor para la década 2005-2015 supone que Chávez continuará «retando los intereses de seguridad de los Estados Unidos en la región, particularmente en Colombia» y que buscará «expandir su revolución bolivariana con el establecimiento de redes de apoyo político y financiero con líderes políticos y organizaciones bolivarianas o extremistas de pensamiento parecido por toda la región».
Pero los analistas de Stratfor también creen que los Estados Unidos «responderán a los obstáculos que Chávez representa buscando aislarlo políticamente y tal vez económicamente». Esto es más fácil decirlo que hacerlo. No será nada fácil para la diplomacia de Washington lograr que la Organización de Estados Americanos reduzca a Venezuela a un status análogo al de Cuba. Si, como pareciera implicar el pronóstico de Stratfor, los Estados Unidos se limitaran a una política de ese tipo, pronto comprobarían que esa postura no les conduciría a nada. Y si insisten en sus frecuentes declaraciones críticas—Rice, Noriega, etc.—no harán otra cosa que trabajar a favor de Chávez, al reforzar la noción de que este señor efectivamente encarna una actitud muy generalizada en el mundo actual: el rechazo al reciente comportamiento de los Estados Unidos. Lo harían más popular aún entre los desposeídos de la tierra. Por otra parte, es Chávez quien pareciera buscar ese aislamiento, al menos de los Estados Unidos, con acciones como la avisada desinversión en CITGO y la búsqueda de un mercado chino que pudiera sustituir la importación estadounidense de crudos venezolanos.
Mientras tanto los voceros del proceso siguen el simplista guión antinorteamericano. Nicolás Maduro, poseído de la majestad que le confiere la Presidencia de la Asamblea Nacional, ha adelantado la sospecha de que la laberintitis que pospuso la visita conciliatoria de Uribe Vélez no es otra cosa que una patraña que enmascara «órdenes» de Washington, que no querría entendimientos entre los presidentes de Venezuela y Colombia. ¿No habrá quien postule que nuestro nuevo castigo pluvial obedece a alguna arma meteorológica secreta de DARPA? (Defense Advanced Research Projects Agency).
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Ene 27, 2005 | LEA, Política |

Estos son días de portentosa conmemoración. Sesenta años se cumplen de la liberación de los prisioneros judíos del infierno de Auschwitz, uno de los más terribles entre los campos de concentración creados por el régimen de Adolfo Hitler.
No ha faltado quien considere que el siglo XX, época de enormes logros civilizatorios pero también de espantosos acontecimientos, pudiera en propiedad ser tenido como “el siglo judío”. Naturalmente, una de las razones para tenerlo de esa forma es el holocausto mismo. Seis millones de vidas aniquiladas en la primera “guerra asimétrica” de la historia marcan al siglo XX con una infamia imborrable, y a la humanidad misma con una culpa difícil de asimilar.
No ha bastado, sin embargo, que tan incomprensibles números sean conocidos por el mundo para acabar con la xenofobia y el racismo, y lamentablemente los movimientos neonazis no han desaparecido de un todo. Hasta la banal inconsciencia de algún vástago de la parasitaria familia real inglesa le impele a lucir una svástica en una reciente fiesta de disfraces. Por esto es que el recuerdo, aunque doloroso y deprimente, es necesario. No puede permitirse nunca más una pesadilla de esa clase. Un cierto revisionismo proclive al perdón constructivo, a lo Peter Sloterdijk, no puede ser pretexto para el olvido.
Pero el siglo XX fue también un siglo judío porque una desproporcionada porción del progreso de la humanidad en ese tiempo se debe a esfuerzos sobresalientes de personas excepcionales de religión judía. El más descuidado inventario de aportes culturales importantes en el siglo XX tiene que registrar la destacadísima presencia de sus protagonistas judíos. De la gran física de Alberto Einstein a la revelación de Sigmund Freud en la psicología de los hombres, del cine magistral de Steven Spielberg a la música enérgica de Ernest Bloch, de la fantasmagórica pintura de Marc Chagall a la poesía cibernética de Gerd Stern. Los judíos marcaron el siglo XX con un sacrificio que no tiene parangón en la historia humana, pero también con un aporte de cultura de magnitud invalorable. No hay esfera de elevación espiritual en la que personalidades judías se hallen ausentes.
Por ambas cosas, el martirio y el aporte, el mundo debe estar agradecido. Por ambas cosas los judíos orgullosos.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Ene 12, 2005 | LEA, Política |

Vuelve a ser atravesada la frontera política colombo-venezolana, su interfase, su ventana y su puerta. El gobierno colombiano admite haber pagado por información que condujo a la detención del «canciller» de las FARC pero no admite haber violado nuestra soberanía. El gobierno venezolano mete presos a policías y guardias nacionales de nosotros, presuntamente involucrados en el secuestro de Granda. (No Bienvenido). Y Silvino Bustillos pidiendo asilo en Colombia, después de que ciertas histéricas fuentes le dieran, una vez más, por muerto. En esta dinámica pareciera convenirle a los colombianos negar la solicitud de asilo de Bustillos, a menos que la Casa de Nariño esté buscando pleito. Bustillos no pudo escoger peor momento para buscar asilo en Colombia. Cuidado como cambiamos a Granda por Bustillos.
Al mismo momento se prosigue en el curso de reforma agraria. Todas las huestes estadales y algunas municipales han tomado posiciones, y ahora cuentan con decreto presidencial y pronto con reforma a la ley de tierras. Hasta Rosales, que hoy por hoy le firmaría a Chávez un decreto idéntico al que le firmó a Carmona, se ha sumado a la revolución en el agro.
Mientras tanto, idénticamente implacable agenda se cierne sobre la CTV. El gobierno irá, como es su costumbre y su disfrute, a unas elecciones sindicales, regidas por reglamento de su CNE y en las que inscribirá a los sindicatos que le dé la gana.
La Conferencia Episcopal Venezolana advierte sobre la poca autonomía de los poderes y pide amnistía para los perseguidos políticos. (Políticos perseguidos, en la nomenclatura del gobierno). André Dupuy ofreció una de sus hábilmente construidas piezas, y la misma habilidad de parte de los obispos se manifiesta en su asunción—en discreta pero clara alusión—del emplazamiento de Caldera: «Perdone, Presidente, que usted fue perdonado». Pero también hacen notar que ni la oposición ni el gobierno han trabajado suficientemente por la paz.
Este enero mojado y peligroso ha comenzado a calentarse, pues. Como parece calentarse el futuro para Fidel con el contacto con el Papa y su noticia del año: que ha habido hallazgos petrolíferos importantes en aguas cubanas. Ya se argumenta que se debiera permitir el ingreso de petróleo cubano a los Estados Unidos. Mejora el flujo de fondos de la revolución.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Ene 6, 2005 | LEA, Política |

Al finalizar el año 2004 (31 de diciembre), The New York Times publicaba un artículo firmado por Joseph Kahn en Yanzhou, China, el 24 de diciembre. La pieza en cuestión contiene un análisis de las circunstancias, precedentes y consecuencias de desórdenes ocurridos en esa pequeña población portuaria del Yangtsé el 18 de octubre del año pasado.
Los desórdenes se suscitaron a partir de un incidente completamente aleatorio. Un hombre que llevaba una bolsa cargada pasó al lado de otro hombre y su mujer en una acera. La bolsa del hombre rozó el pantalón de la mujer, sobre el que dejó una mancha de fango. Al cruce de palabras sucedió la riña, profusa en golpes. ¿Por qué tendría que surgir la agitación social de un episodio tan pedestre?
Pues resulta que uno de los hombres, Yu Jikui, era un simple e inferior portero, mientras que el otro, Hu Quanzong, se jactaba de ser un alto funcionario gubernamental. El señor Hu golpeó al señor Yu con el palo que este mismo portaba para su trabajo complementario de cargador y luego amenazó con mandarlo a matar. Incluso mencionó la cantidad que tendría que desembolsar—20 mil kuai (US$ 2.500)—para asegurarse el resultado. Fue el desprecio social con el que se expresó del señor Yu, y su seguridad respecto de que los funcionarios de su clase pueden disponer de la vida de un «patán»—así llamó al señor Yu—lo que inflamó los ánimos de los habitantes de Yanzhou. Al anochecer decenas de miles de habitantes abarrotaban la plaza central del pueblo, destrozaron vehículos gubernamentales, atacaron a los policías y prendieron fuego al ayuntamiento.
Según Kahn, una docena de incidentes similares han ocurrido en China recientemente, y las estadísticas policiales dan cuenta de cerca de 60 mil protestas públicas en 2003. Son tantas porque son pequeñas y locales, pues un movimiento con fuerza nacional sería impensable en China, donde sería implacablemente reprimido. Muchas de las protestas fueron detonadas por la prepotencia clasista y gubernamental, por » la corrupción, el abuso policial, la inequidad de las riquezas adjudicadas a los poderosos y bien conectados», dice Kahn. Apunta también: «Aunque está experimentando una de las expansiones económicas más espectaculares de la historia, China está pasando más trabajo para mantener el orden que en cualquier otro momento posterior al movimiento pro democrático de la Plaza Tiananmén en 1989».
Y es con un país así con el que el Estado venezolano pretende establecer relaciones preferentes. Ésa es la clase de democracia con la que el gobierno chavista nos quiere emparentar, una vez que se ha casado con la satrapía cubana. Ése es el modelo de respeto a los derechos humanos de los pobres que nos quiere vender a raíz de sus más recientes aventuras extranjeras.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Dic 23, 2004 | LEA, Política |

En el número 111 de esta Carta Semanal de doctorpolítico, de hace siete semanas, se adelantaba, a raíz de la aplanadora electoral del 31 de octubre, la siguiente predicción: «¿Qué va a hacer Chávez, gladiador sin oponentes? Supremamente aburrido con Venezuela, cuyo manejo político confiará a algún lugarteniente de confianza—ya tiene el encargo el teniente Jesse Chacón desde el Ministerio del Interior y Justicia—volverá la mirada al exterior y tratará, con los bolsillos llenos, de extender la revolución ‘bolivariana’ por el mundo».
Así, pues, luego de Cuzco y Ouro Preto—y de la inevitable visita a Cuba—el presidente Chávez pasará navidades en China, una vez que Gadaffi le impusiera un premio como defensor de los derechos humanos y que antes dejase una estela escandalosa en España y fuese a comprar fusiles incomprensibles a Putin mientras se envenenaba con dioxina a Yushchenko en Ucrania. Muy ocupado, como acá se previó, internacionalmente.
De hecho, al tiempo que el Airbus presidencial traga kilómetros, se prepara una «mesa de diálogo» de dos patas—¿no será harto inestable?—cuyos ejecutivos son William Brownfield y Bernardo Álvarez, el embajador norteamericano en Caracas y el venezolano en Washington, para intentar arreglar las relaciones entre ambos países. Por el olvido de los comprometedores documentos de la CIA sobre el golpe de abril de 2002 pudiera pactarse el enterramiento de los insultos que Chávez ha lanzado contra Bush en más de una ocasión.
Por lo que respecta al vecino suroccidental, unas declaraciones de Pedro Gómez, negociador colombiano en la Comisión Binacional, ofrecieron pretexto para que Julio Borges intentara proyectarse como estadista; esto es, como hombre preocupado por temas de Estado. Gómez declaró a la prensa de su país que Venezuela habría reconocido los derechos de Colombia en el Golfo de Venezuela, lo que a su vez motivó un emplazamiento de Borges al gobierno venezolano para que aclarase en qué consistiría tal reconocimiento. Alí Rodríguez Araque señaló de una vez que el tema del Golfo de Venezuela no fue incluido, por expresa petición del mismo Gómez, en la agenda de la comisión, por lo que mal podría haberse discutido o reconocido nada al respecto. Borges ripostó diciendo que la clarísima declaración del Canciller era poco clara. Ergo, Borges es un estadista de duras entendederas.
Aquí adentro, prosigue la ejecución del plan delineado por Chávez el 12 de noviembre y reflejado en los apuntes de clase de Marta Harnecker, que se han convertido en best seller digital. No ha faltado quien señale con agudeza que lo que la oposición tendría que hacer es copiarle ese plan a Chávez y ejecutarlo ella misma.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Dic 16, 2004 | LEA, Política |

El Día de la Inmaculada Concepción el diario El Universal publicó un artículo cuyo autor era el ex presidente Rafael Caldera Rodríguez, en el que le cantaba la cartilla al presidente Hugo Chávez Frías. Luego de repasar con algún laconismo— «Si se examinan los seis años de gobierno del presidente Chávez se llega a la conclusión de que lo único que ha hecho es ganar elecciones»—el tiempo que Chávez lleva gobernando, el doctor Caldera le llama, como su única autoridad puede hacer, a la conciliación. Así escribió el ex presidente:
«Yo, en mi gobierno, acordé el sobreseimiento de los juicios de los alzados del 4F, porque el anhelo de la población era la paz. ¿Y este gobierno qué hace? Es el momento de demostrar que existe la posibilidad de que haya una oposición y de que los derechos humanos se respetan. Las organizaciones internacionales creadas para asegurar los elementos fundamentales de la democracia se están pronunciando sobre la actitud de este gobierno, que cuenta con el apoyo de las minorías extremistas que con un revolucionarismo anticuado viven armando disturbios en sus respectivos países. Es hora de decir Punto y aparte. Vamos a reconstruir los partidos políticos, a fortalecer las instituciones y demostrar que el pueblo venezolano puede vivir y reconocer el combate político como uno de los atributos fundamentales del sistema democrático».
Lo más probable, no obstante, es que ese llamado del pacificador de la insurrección armada de la década de los sesenta, el libertador de Chávez, caiga sobre oídos sordos. No parece ser que la compasión sea virtud que adorne al actual presidente. Todo lo contrario. Ante una implacable agenda retaliatoria, no hay opositor político a Chávez que pueda dormir tranquilo. (Tal vez Manuel Rosales, que ahora se da abrazos con José Vicente Rangel y ofrece súbitamente «borrón y cuenta nueva»).
Entretanto, parece que ya llega al millar el número de médicos y odontólogos cubanos que vinieron a trabajar en el país y han optado por irse a los Estados Unidos o a Colombia. Según reporta Stratfor, «…una creciente red de grupos opositores, familias voluntarias en Venezuela, diplomáticos latinoamericanos, cristianos evangélicos y activistas cubanos anticastristas basados en Miami» estaría manejando el tráfico de evadidos. (Por mar y a través de la frontera con Colombia). Claro, esta gente no desea esperar a que Chávez le haga caso a Caldera, y sabe muy bien que en Cuba no se concede amnistías.
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