por Luis Enrique Alcalá | Jul 24, 2010 | Miscelánea, Notas, Política |

Una explosión que pudo ser evitada
Lo último en razones del accidente en la plataforma Deepwater Horizon, que explotara sobre el pozo Macondo en el Golfo de México el pasado 20 de abril, ha emergido en declaraciones del técnico en electrónica Michael Williams, a cargo del mantenimiento de sus sistemas electrónicos. Hasta ahora, la mayor parte de la culpa por el accidente que ha causado inconmensurable daños ecológicos y económicos ha sido colocada sobre BP, siendo que esta petrolera internacional es la operadora del pozo, pero las revelaciones de Williams podrían reubicarla sobre los hombros de Transocean, la contratista a cargo de las operaciones.
Durante una sesión de la investigación en progreso que sigue el gobierno federal de los Estados Unidos, Williams explicó que los sistemas de alarma se encontraban desconectados, así como otros mecanismos de seguridad. Más aún, indicó que ese estado era el producto de decisiones deliberadas.
El día de la explosión no hubo alarmas que advirtieran del peligro; un año atrás fueron desactivadas intencionalmente porque los jefes en la plataforma, como Williams personal de Transocean, no querían que los trabajadores despertaran en la madrugada por causa de falsas alarmas. Otro sistema que habría cerrado la cabina del taladro en caso de detección de gas en niveles peligrosos, estaba desactivado, y el supervisor de Transocean, Mark Hay, descartó la advertencia de Williams confiándole que así llevaba cinco años y que en todas las plataformas de la compañía el sistema operaba desactivado. Finalmente, Williams contó que un sistema computarizado que vigilaba la cabina del taladro se colgaba constantemente y, en una ocasión en particular, ofreció información errónea. Éste era el sistema que debió informar que una válvula del dispositivo encargado de cerrar el pozo en caso de problemas estaba dañada.
La gravedad de las declaraciones de Williams parece indicar que el villano principal de la tragedia, que mató a 11 trabajadores y ya ha descargado más de cuatro millones de barriles de petróleo en el Golfo de México, no es BP sino su contratista, Transocean Limited, y esta compañía dista mucho de tener el músculo financiero de la petrolera británico-estadounidense. Un desastre de esta magnitud puede acabar con la contratista incorporada en Suiza, pero no liberará de culpa a BP, de la que el Presidente del Comité de Energía y Comercio del Congreso de los EEUU, Henry Waxman, dijera el mes pasado: “Una y otra vez, parece que BP ha tomado decisiones que aumentaron el riesgo de una explosión para ahorrar tiempo y dinero a la compañía”.
Es muy difícil que una cosa así concluya sin responsabilidades penales. LEA
por Luis Enrique Alcalá | Jul 23, 2010 | Notas, Política |

El mimo Roy
Ahora, una vez que el recién concluido Mundial de Fútbol masificara el pantalleo—miembros del público pendientes de que las cámaras se fijen sobre ellos para agitarse con saludos y pancartas—, el oficialismo ha adoptado la práctica con fruición. Anteayer actuaron así muchos y muchas de los graduandos y graduandas de licenciados y licenciadas en menciones Culturo y Cultura en el Teatro Teresa Carreño y Carreña. En cuanto se percataban de que estaban enfocados, se reían emocionadamente y mostraban algún papel de difícil lectura.
Ayer, por su lado, el embajador Roy Chaderton hizo gala de recursos adicionales. Poco antes de las once de la mañana, mientras su colega colombiano, Luis Alonso Hoyos, descargaba sus acusaciones contra el gobierno venezolano, se dio cuenta de que una cámara se fijaba en él. Miró por breves instantes directamente a ella, pero pronto inició una recuperación algo accidentada pues, por un lado, preservó el gesto de desagrado al desviar los ojos y luego se tocó la nariz—gesto clásico del mentiroso—y un lado de la cara, antes de comenzar a sonreír mecánicamente, con obvia premeditación, como si indicara falta de seriedad, hasta algo de divertido, en la presentación del Embajador de Colombia. Remató la actuación manteniendo la sonrisa y señalando a alguien, probablemente el embajador de alguna nación del ALBA, a quien se dirigía con el gesto de agitar en su dirección el índice de su mano derecha en señal que parecía aprobatoria. Una secuencia verdaderamente postiza, con demasiados gestos distintos para tan breves segundos.
Su jefe último estuvo gestualmente mejor. A Hugo Chávez le sienta bien la compañía de Diego Armando Maradona. Mientras justificaba la ruptura de relaciones con Colombia no torció la boca, ni aportó los gestos que típicamente le acompañan cuando dice enormidades.
Fueron sus persuasivas palabras las que parecieron traicionarlo, con una sugerencia que pareciera poner en duda la materia de la denuncia colombiana ante el Consejo Permanente de la OEA. Dijo: “Uribe es capaz de mandar a montar un campamento simulado del lado venezolano para atacarlo y causar una guerra”.
Bueno, Uribe no ha hecho eso y difícilmente pueda hacerlo en los quince días que le quedan como gobernante. No es eso lo que Chávez quiso decir, sino sugerir que si por algún azar, un satélite estadounidense lograre fotografiar campamentos extraños cerca de La Villa del Rosario en el estado Zulia, eso sería obra de Álvaro Uribe Vélez.
Pero si esto es así, si Uribe puede hacer eso sin que Venezuela lo impida, la defensa de las fronteras nacionales es muy incompetente. LEA
por Luis Enrique Alcalá | Jul 23, 2010 | Argumentos, Política |

El color de la corbata predice más que un sueño
Hay una diferencia entre ser persuasivo y ser convincente. Para quien sólo dispone de un televisor con qué juzgar la validez de las denuncias presentadas por Colombia ante la Organización de Estados Americanos, sobre la presencia numerosa, creciente y consolidada de irregulares colombianos en territorio de Venezuela, el embajador Luis Alonso Hoyos fue lo primero pero no lo segundo.
Cuando se conoció que el Consejo Permanente de la OEA se reuniría ayer para escuchar las acusaciones colombianas, comentaristas de varios medios se preguntaron por qué había esperado el gobierno de Álvaro Uribe, que cesará en quince días, una oportunidad tan tardía para presentar el caso. La mayoría opinó que se trataba de un modo de encajonar al gobierno entrante, que presidirá Juan Manuel Santos. Después que éste y Uribe se reunieran sobre el asunto, Santos emitió declaraciones esperanzadoras de que en un futuro pudiera resolverse el problema de la presencia de terroristas en países vecinos, evitando usar el término guerrilleros.
Ayer, conocida ya la decisión venezolana de ruptura de relaciones diplomáticas adoptada por el gobierno venezolano, ha mantenido una abstención metódica y neutral: «Sobre el tema de las relaciones nuestras con Venezuela, la mejor contribución que podemos hacer es no pronunciarnos». Para dejar más claras las cosas añadió que Uribe es el Presidente de Colombia hasta el 7 de agosto.
Naturalmente, la presentación de Hoyos tiene un impacto en la opinión pública y en la de quienes toman decisiones en Colombia, Venezuela y el resto del continente y el mundo. El gobierno de Venezuela no puede desconocer que adolece de un serio problema de credibilidad respecto de su relación con las FARC; el Presidente de la República propuso que se las considerara beligerantes según el concepto de Derecho Internacional, y nunca escatimó elogios para el fallecido Marulanda. Existe el video del ministro Rodríguez Chacín alentando a guerrilleros colombianos en su lucha. No puede quejarse de la propensión a creer las denuncias de Hoyos.
Por esa razón se beneficiaría de una verificación in situ. Es comprensible que el gobierno venezolano considere una afrenta a la soberanía nacional la visita de una misión multinacional de verificación, y el gobierno colombiano ha debido presumir que su propuesta en ese sentido no prosperaría, sabedor de que la OEA no puede forzar una cosa así sin la anuencia de Venezuela, como explicara prontamente Insulza. En consecuencia, Colombia propuso la inspección para obtener la negativa de Venezuela, para sugerir que la negación era un indicio de culpabilidad.
Pero el movimiento Voluntad Popular ha propuesto algo que puede rendir los mismos efectos de exculpación: la constitución de una comisión nacional mixta que haga la observación en las coordenadas suministradas por el embajador colombiano. Sólo observadores venezolanos para dejar a salvo la soberanía bicentenaria, cuidando de que la comisión sea más amplia que la que estuvo trabajando en el Panteón Nacional. Que incluya, por ejemplo, a Ismael García, a algún representante de la Conferencia Episcopal Venezolana, a Globovisión, por supuesto. La idea de Voluntad Popular es muy buena.
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Hay quienes han sugerido que el gobierno de Venezuela sacaría ventaja electoral de esta tensa situación bilateral para las inminentes votaciones del 26 de septiembre. Lo contrario han debido calcular quienes diseñaran la oportunidad de la denuncia, y tal vez esto explique mejor el timing de la cosa que la hipótesis de un deseo de Uribe de forzar la mano de Santos. En cualquier caso, es un sobresalto más en una década y un año de sobresaltos, en un período venezolano de constante tensión. Aunque sólo fuera por una añoranza de la tranquilidad perdida en cuanto Hugo Chávez vino a gobernar, un episodio como éste no puede representar rendimiento electoral para el oficialismo.
Ahora bien, debe observarse que, aunque nunca se había llegado, como ahora, a la ruptura de las relaciones diplomáticas—Chávez dijo «de todo tipo de relación»—, la instrucción de alerta militar máxima en las fronteras es bastante menos abrasiva que la orden de movilizar una decena de batallones hacia ella, como ocurrió en la última crisis. No hay riesgo inminente, pues, de conflagración. El mismo Chávez ha dicho: «Espero que se imponga la racionalidad en la Colombia que piensa».
Así que un recuerdo preocupante se ha disuelto. Era el año de 1980, y tuve una pesadilla en la que sólo veía una gran escena panorámica, donde algo insólito ocurría a una hora de temprano anochecer: naves de guerra colombianas circunnavegaban Caracas con impunidad. Vista la ruptura del más reciente absceso, creo que esa pesadilla, que soñé unas tres o cuatro veces por aquellos días, era un sueño proyectivo, ciertamente, pero no premonitorio. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Jul 22, 2010 | Notas, Política |

Todos los hombres son mortales
El fundamentalismo es una postura realmente simplista y muy peligrosa socialmente. Es la postura de Khomeini, es la que lleva a decretar la muerte de Salman Rushdie, es la que MacCarthy asumía en los Estados Unidos de los años cincuenta, es la que personificó Robespierre durante la época del Terror durante la Revolución Francesa.
Los resultados de la política fundamentalista en esa fase de la Revolución Francesa configuran una lección histórica que no conviene olvidar. Aun cuando, en teoría, la Revolución era un movimiento a favor de las clases más bajas de la sociedad francesa de fines del siglo XVIII, la distribución por clases sociales de las víctimas del Terror arroja un resultado paradójico y terrible: el 7 y el 8% de los guillotinados provenían, respectivamente, del clero y de la nobleza, en tanto que 31% pertenecía a la clase trabajadora, 28% era de la clase de los campesinos y un 11% adicional correspondía a la clase media baja.
Los procesos sociales guiados por un código fundamentalista tienden a salirse de control con rapidez, y de hecho son iniciados, muchas veces, bajo el manto de imagen de sus moralistas postulados por actores sociales que en realidad emplean técnicas de Realpolitik de modo disimulado. El puño de hierro dentro del guante de seda de Metternich. No es éste, por cierto, el caso de Hugo Chávez, que ni come con cubiertos ni usa guantes. Su protocolo, por lo contrario, pareciera regodearse en el descaro.
La sociedad venezolana debe sustituir el malsano código ético de la política “realista” por un código mucho más maduro que el de los santones fundamentalistas. Un código clínico, que libre por todos, que reconcilie a todos, que castigue y expurgue lo que es debido, sin incurrir en los excesos destructivos e hipócritas de una inquisición que sería incapaz de dar de comer a los venezolanos.
Después de agotar gestos dramáticos, ocurrencias vistosas, circo macabro, cortinas de humo y trapos rojos, un gobierno que se conforme con un despliegue de actos supuestamente justicieros, pero obviamente vengativos, se verá en muy serios problemas. Además de la parodia épica, ¿tiene otra cosa que ofrecer al pueblo el más notorio demagogo de la política venezolana? LEA
por Luis Enrique Alcalá | Jul 21, 2010 | Miscelánea, Notas, Política |
La Nota del Día de hoy se contrae a reproducir el comunicado emanado de Globovisión, en respuesta a un desinformado Presidente de la República, sobre el modo de nombrar los miembros de su Junta Directiva:

Aclarandito
Al pueblo de Venezuela: accionistas todos de GLOBOVISIÓN
A través del presente comunicado GLOBOVISIÓN precisa:
1. La única concesionaria del canal de televisión GLOBOVISION es la empresa “Corpomedios GV Inversiones, C.A.”, tal como se evidencia de oficio No. 002056 suscrito por el Director General de CONATEL. Ninguna persona natural es concesionaria en el caso del canal GLOBOVISIÓN.
2. Los accionistas de la concesionaria (Corpomedios GV Inversiones, C.A.) son 3 personas jurídicas, una de las cuales es Sindicato Ávila, cuyo único accionista es Nelson Mezerhane. Esta empresa, la cual fue intervenida por estar presuntamente relacionada al Banco Federal, posee veinte por ciento (20%) de las acciones de Corpomedios.
3. De conformidad con los estatutos sociales de la empresa (artículos 15 y 18), los accionistas de forma individual NO tienen derecho a designar miembros de la Junta Directiva de Corpomedios. Los miembros de la Junta Directiva son designados por la Asamblea de Accionistas, con el voto de más del cincuenta y cinco por ciento (55%) del capital social.
4. En caso que Sindicato Ávila, accionista de Corpomedios, designe nuevos representantes, los mismos tendrán en la Asamblea de Accionistas de Corpomedios los mismos derechos que tienen los accionistas según los estatutos sociales de la empresa.
Más allá de las personas que puedan estar sentadas en su Junta Directiva, la línea editorial de GLOBOVISIÓN no tiene porcentaje de acciones.
La línea editorial de GLOBOVISIÓN ni se expropia ni se interviene.
Caracas, 20 de julio de 2010.
por Luis Enrique Alcalá | Jul 20, 2010 | Notas, Política |

El pueblo como populacho
En otras oportunidades se ha expuesto acá la idea de que la causa más importante de insuficiencia política es de orden paradigmático. Esto es, las nociones básicas y generales de nuestros políticos acerca de sus propios quehacer y campo. Son ellas las que explican su conducta; por tanto son ellas la causa de sus equivocadas acciones.
Una noción en particular es persistente en prácticamente todos nuestros políticos: la idea de que el pueblo venezolano es de algún modo despreciable.
El concepto adopta variadas formas, y se expresa con fuerza variable en distintos discursos. Algunas veces simplemente emerge en la frecuente referencia a “las masas”, claramente diferenciadas de una élite muy superior. Así, alguna vez dijo un candidato presidencial: “Es que nosotros somos, a lo sumo, el 2% de la población”. Hablaba ante unas cuantas decenas de personas que él reconocía como de su misma clase. Allí, en confianza, exponía lo difícil que era que hombres como él, aristócratas, pudieran “gobernar sobre un país” con características similares al nuestro. Así se expresa la noción a través de alguien que pudiéramos llamar “de derechas”, para usar la fórmula española. A través de un escuálido oligarca, si empleamos la terminología chavista.
Pero el propio Chávez carece del más mínimo respeto por el valor político de los Electores. Cuando comenzaba 1998 y la campaña electoral de ese año arrancaba definitivamente, el chavismo anunció que forzaría la convocatoria de una asamblea constituyente mediante un referendo originado en la iniciativa popular. Recogiendo firmas, pues. (La Ley Orgánica del Sufragio había sido objeto de una reforma por parte del Congreso de 1997, mediante la que se había introducido todo un nuevo título sobre referendos para consultar al pueblo sobre materias “de especial trascendencia nacional”. La convocatoria podía hacerla el Presidente en Consejo de Ministros, el Congreso de la República o 10% de los Electores inscritos).
Más avanzada la campaña, cuando Chávez veía que triunfaría en las elecciones, se olvidó pronta y convenientemente de la recolección de firmas. Ya no necesitaba al pueblo para convocar a referendo sobre la constituyente, dado que como Presidente podría hacerlo directamente. En efecto, fue uno de sus primeros actos de gobierno. Tal vez recordemos que la primera formulación del decreto de convocatoria debió ser retirada y sustituida por otra, puesto que la redacción de la pregunta a los Electores era obviamente totalitaria. Chávez pedía que le dejásemos a él, solamente a él, la responsabilidad de determinar todo lo concerniente a la bendita asamblea constituyente. No necesitaba al pueblo para nada. LEA
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