Una victoria pírrica

El madrugonazo. (Foto de Eduardo Mayorca)

La multimillonaria maquinaria electoral del Partido Socialista Unido de Venezuela, bajo la asfixiante jefatura de Hugo Chávez, candidato único, no pudo «pulverizar» a la oposición democrática, no pudo obtener la mayoría calificada que se proponía, no pudo obtener la mayoría en el conteo de los votos totales emitidos. El paciente esfuerzo de la Mesa de la Unidad Democrática rindió sus frutos, aun dentro de unas reglas de juego sesgadas a favor del oficialismo. Datos y Datanálisis no tenían razón; IVAD y Consultores 21 la tuvieron, pues sus últimas mediciones indicaron con mucha precisión la mayoría opositora.

En el Consejo Nacional Electoral, el rector Vicente Díaz ya no estaba relegado a un extremo de la mesa, cuando la rectora-presidenta, Tibisay Lucena, leyó el primer boletín oficial, con resultados irreversibles. Lucena lo sentó a su lado izquierdo. Medio país estaba despierto para escuchar que la oposición había conseguido, prácticamente, el máximo logro dentro de lo posible. Hoy amaneció sereno: una calma extensa es el sentimiento dominante; la semana arranca con un país diferente, consciente de que todo es posible.

La abstención electoral fue del orden de 35%. Una participación mayor habría empeorado la situación para el gobierno que, aun así, recibió sólo el 48% del apoyo nacional frente al 52% recabado por la oposición. Ya no es mayoría; Hugo Chávez tiene enfrentada a más de la mitad de la nación. No va ser reelegido en 2012; en el seno del PSUV debe haber ya una angustia preelectoral pues, como siempre, Chávez insistió en funcionar como el único candidato para la Asamblea Nacional. Y más desinflado todavía como posible candidato presidencial está Henri Falcón: dos diputados pudo sacar Patria Para Todos en el país entero, que para este partido se convirtió en Amazonas. En Lara, su bastión, no sacó ni uno.

Otros recibieron un golpe tan mortal como el propinado al empecinado Presidente; aquellos que siempre han predicado rutas desviadas de lo electoral. El aprendizaje político del país es enorme.

Entretanto, que disfrute, por el poco tiempo que le queda de mando, Hugo Chávez su victoria de m. LEA

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Diálogo en la bomba

En la mañana del viernes 24 de septiembre fui a poner gasolina en la estación de servicio de Sta. Eduvigis, sobre la avenida Rómulo Gallegos. Mientras se llenaba el tanque el operario gritó a uno de sus compañeros: «Entonces, ¿vas a votar por el comandante?»

No pude contener una pregunta: «¿Y el comandante es candidato a diputado?» El individuo contestó: «No, pero hay que votar por los de él». «Ah—repuse—¿y por cuáles diputados votará usted en su circunscripción?» El interpelado dijo: «El que más recuerdo es uno de lentes». «Estamos bien informados», respondí. «Yo me informo después, en La Cremallera», completó.

El tanque ya estaba lleno; pagué y recuperé las llaves. Cuando me iba volvió a gritar al compañero, con clara intención de que yo lo oyese: «El comandante va a agarrar cincuenta escuálidos y los va a mandar a Cuba. Para que se los coman los tiburones».

Todo un demócrata que participa. Con amenazas calcadas de su líder, por supuesto. Su voto lo dará al señor de lentes. LEA

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Elecciones de Asamblea Nacional

El siguiente video lo debo a la hermana cibernética, María Elena Alcalá, quien a veces graba nuestras conversaciones por Skype cuando son de trabajo. En este caso, extrajo de la última que tuvimos, el domingo 19 de septiembre, el fragmento que dedicamos a las inminentes elecciones de Asamblea Nacional. LEA

Sólo el archivo de audio:

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Nota del Día 27/07/10: Trance en la quebrada

El Chamán del Guaraira Repano entra en trance de cuando en vez, y en más de una ocasión murmura en lenguas incomprensibles. Ayer en la mañana temprano le acompañé a los pozos de la quebrada Tocomé, donde sufrió una súbita parálisis durante unos cinco minutos, con la vista clavada sobre algún punto en lo alto de un eucalipto. Al terminar el episodio, comenzó a musitar, repetidamente, algo que sonaba como «nonivén». Por fin me di cuenta de que las lenguas incomprensibles que habla lo son porque las pronuncia muy mal. A juzgar por lo que después pronosticó, el término que repetía era inglés: «nonevent». (Un evento u ocasión decepcionante o insignificante, especialmente uno que se esperaba o quería que fuese excitante o interesante. Un evento programado que no ocurrió. Oxford American Dictionaries).

Un poco más tarde, sentado en cuclillas frente a mí, me dijo que no iba a pasar lo que todo el mundo estaba esperando con la visita del cardenal Urosa a la Asamblea Nacional. «Doña Cilia—explicó—sólo necesitaba la comparecencia para congraciarse con el Sumo Sacerdote de la rama maisántica de la Iglesia Bolivariana. No quiere averiguar nada; lo que quiere es poder decirle al Jefe: ‘¿Vio, Presidente? Puse al Sr. Urosa en el banquillo de los acusados’. Con eso saldrá del paso». Eso fue lo único que dijo, tres horas y media antes de la cita del prelado en el Palacio Legislativo. Después pasó a otros temas, y no hubo forma de que contestara nada más sobre la confrontación cardenalicio-parlamentaria, que a esas horas me parecía ominosa. Nada; hizo algunas referencias botánicas, habló extensamente del casabe y su valor nutritivo y luego comenzó a adentrarse más en la montaña, advirtiéndome que no le siguiera.

Quedé solo, preguntándome si la negativa de Cilia Flores a la presencia de medios de comunicación durante la comparecencia arzobispal, porque podrían incitar alteraciones del orden público, no era en sí misma la admisión de que no podían garantizarlo. Pero luego pensé que ella podría tener razón. A fin de cuentas, la garantía del orden público es asunto del Poder Ejecutivo, y tomando en consideración aquello de la separación de los poderes, la Presidenta de la Asamblea no podía comprometerse con asunto fuera de su incumbencia. He permanecido en el cerro a ver si el Chamán reaparece, y no sé qué pasó en la reunión. Pero bajaré antes de que anochezca; ya me enteraré de si la sangre ha corrido. LEA

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Nota del día 26/07/10: Chisme no es diplomacia

Acto diplomático

El enfoque correcto sobre el diferendo entre Colombia y Venezuela fue planteado ayer. Se hizo una invitación a los venezolanos en general a fortalecer la unidad colombo-venezolana, con el objeto de “lograr que nuestra frontera sea un espacio de paz y de bienestar “.

La invitación precedente partió del Vicepresidente Ejecutivo de la República, Elías Jaua. Pero mientras Jaua decía eso en Perijá, el Presidente de la República, Hugo Chávez Frías, aseguraba en el estadio de La Rinconada que en los últimos cien años no había habido una probabilidad tan alta de ataque militar de Colombia contra Venezuela, y que todo indicaba que detrás de esa posibilidad estaba el designio de los Estados Unidos.

Cuando Roy Chaderton tomó la palabra en la sesión del Consejo Permanente de la OEA, el jueves pasado, en respuesta a las acusaciones de Luis Alfonso Hoyos, el embajador colombiano, nuestro diplomático adoptó una línea que cualquier abogado defensor asumiría en un juicio penal: las pruebas son malísimas, las fotos pueden haber sido tomadas en un sitio que no pertenece al territorio nacional. Tenía razón; las fotos de Hoyos no tienen la contundente irrefutabilidad de las satelitales exhibidas por John Kennedy durante la peligrosa Crisis de los Misiles. (Quien escribe no ha podido obtener de Google Earth una vista de las inmediaciones de La Villa del Rosario en Perijá que sea suficiente como para detectar campamentos guerrilleros, y tampoco conoce las coordenadas que Hoyos habría suministrado para hacer la búsqueda más precisa).

Pero el gobierno de Venezuela tampoco presenta pruebas de sus repetidas acusaciones de planes agresivos en su contra, de las tramas de magnicidio o invasión. Basta que diga que ha interceptado la carta de alguien, o que un terrorista majunche venía a asesinarlo—ya el incompetente fue convenientemente detenido y enviado a Cuba—, sin presentar siquiera pruebas que Chaderton descartaría, para justificar alarmas amarillas en PDVSA y otras posturas que evidencian desagrado y decisión de confrontar amenazas.

Pareciera entonces que los gobiernos de Colombia y Venezuela deben enseriar las cosas y plantear pruebas reales y no chismes, porque entretanto los pueblos de ambos países sufren las consecuencias y se hace imposible el “espacio de paz y de bienestar”. Si lo más sólido que tiene Hoyos son las declaraciones de desertores que se han acogido a ofertas de pacificación y reintegración, la cosa no parece bien fundamentada. Ya tuvimos la experiencia de los Geovanny Vásquez, los testigos estrella que son capaces de decir cualquier cosa. Nelson Mezerhane sabe de eso.

Entretanto, hay gente que se compara con el Cid Campeador y disfruta su papel de protagonista arrecho (del latín arrectus) en una epopeya planetaria que imagina. ¿Qué mejor premio que tener pretexto para retar a las cúpulas que descienden de las que envenenaron a Bolívar, quizás en acuerdo secreto con Andrew Jackson? Es para molestarlas que elogia a Tirofijo y pone por modelo al Che Guevara. LEA

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Nota del día 25/07/10: La política que debe cesar

Otro uso para las piedras

La política convencional se la entiende, en palabras de Hess, ocupada del asunto de “la adquisición y el empleo del poder político”. En ambientes democráticos, su tecnología cotidiana es la conciliación de intereses opuestos, y por tanto son para ella importantes el diálogo, la negociación y la transacción. Pero a esa tarea ostensiblemente beneficiosa, subyace el propósito de la dominación, y en la práctica es el modo normal de actuación política la competencia, el combate. Los políticos convencionales, por consiguiente, pasan paradójicamente la vida confrontándose para acceder a un poder que les permitiría conciliar.

Actitudinalmente, además, el político convencional “parte del principio de que debe exhibirse como un ser inerrante, como alguien que nunca se ha equivocado, pues sostiene que eso es exigencia de un pueblo que sólo valoraría la prepotencia”. Los partidos son, en consecuencia, agrupaciones de personas que creen que siempre tienen la razón.

Es claro que estos dos rasgos del paradigma político prevaleciente—el de la política de poder o Realpolitik—impiden que el aparato público cumpla cabalmente con la única función que lo justifica: la solución de los problemas de carácter público. (De hecho, es esto lo que ha sido medido una y otra vez por estudiosos del fenómeno; por ejemplo, John A. Vasquez en The power of power politics). Si la cuestión es alcanzar el poder e impedir que el competidor haga lo propio, el adiestramiento más importante del político es el de un arte marcial, pues la lucha es su actividad constante. Las destrezas a adquirir son las requeridas para ese combate: artes retóricas y de manipulación.

Si el paradigma “realista” es la causa última de la insuficiencia política, aquí y en toda latitud, no habrá solución de fondo hasta que no lo suplante un paradigma “clínico”, que entienda la política como arte o profesión de solucionar los problemas públicos, y hasta tanto nuestros políticos no reciban un adiestramiento correspondiente. En particular: “El nuevo actor político… tiene la valentía y la honestidad intelectual de fundar sus cimientos sobre la realidad de la falibilidad humana. Por eso no teme a la crítica sino que la busca y la consagra”. LEA

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