LEA #132

LEA

Hasta donde recuerdo, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICIT) financia preferentemente la investigación nacional en cabeza de investigadores específicos, en lugar de financiar globalmente a los centros de investigación. Hay programas, por supuesto, para el fortalecimiento de los centros, pero el financiamiento típico va—o iba—al investigador responsable de un determinado proyecto de investigación.

Un investigador responsable, probablemente líder de un equipo de varios investigadores, presentaba la solicitud al CONICIT (a una Comisión Técnica de su especialidad) en un formulario S-1, en el que especificaba los objetivos y la estrategia técnico-metodológica del proyecto, el tiempo estimado para la investigación, los miembros del equipo investigador, los materiales, instrumentos y equipos que requeriría, etc. Y tenía que certificar, además, su propio prestigio como investigador, su comprobada idoneidad. Así, debía enumerar los artículos que le habían sido publicados en revistas científicas (mientras más prestigiosas mejor), las conferencias o congresos a los que había asistido y en los que había expuesto algún trabajo y cualquier otro indicador a este respecto. La trayectoria del o de los investigadores era, sin duda, un importante factor de decisión para la comisión que examinaría la solicitud de fondos y recomendaría a favor o en contra de la adjudicación de los mismos.

Si éste fuese el único canal para el apoyo a la investigación, sin embargo, esa reglamentación hubiera eliminado toda posibilidad de financiar a investigadores noveles, recién salidos del cascarón académico, puesto que en este caso nadie podría mostrar que había publicado artículos en Annalen der Physik o en The New England Journal of Medicine, ni tampoco que había participado como ponente en una Conferencia Solvay. Un investigador novato, por más que sus profesores lo tuviesen por genio, no podría obtener bolívares del CONICIT. Nadie lo habría citado jamás, y por tanto su nombre no aparecería en el Science Citation Index.

Pero el CONICIT tuvo la sabiduría de concebir un programa especial para manejar este problema, por el que la regla de la trayectoria demostrada se suspendía, haciendo posible que los investigadores jóvenes tuvieran acceso al financiamiento de sus primeros proyectos. El Estado venezolano había encontrado la manera de auspiciar los primeros pasos de un futuro investigador.

Este problema se presenta en política, y es más agudo ahora, cuando por definición el país requiere caras nuevas en esa actividad, dado que los políticos convencionales se han revelado como ineficaces. Es decir, las nuevas vocaciones políticas tendrán mucha dificultad en obtener los recursos que les permitan presentarse a los Electores, dar a conocer sus personas y sus ideas, probar que pueden generar resonancia y apoyo.

En un proyecto para una nueva asociación política de febrero de 1985, por tal razón, se preveía un mecanismo similar al instituido por el CONICIT, y así estipulaba una parte de la cláusula sobre «Operaciones Electorales» de su acta constitutiva: «En complemento de lo antedicho, la Asociación contará con los mecanismos por los cuales sea posible promover en los Electores el conocimiento de nuevos e idóneos actores públicos».

Lo «antedicho» consistía en las siguientes estipulaciones:

«La Asociación en ningún caso postulará a persona alguna para cargos públicos electivos, pero podrá apoyar técnica y financieramente la postulación de miembros suyos a tales cargos siempre y cuando los miembros en cuestión soliciten ese apoyo luego de que hayan obtenido la postulación de un Grupo de Electores. Esta condición deberá expresarse en un número de Electores superior al que determinen las leyes electorales venezolanas como definición de un Grupo de Electores, según reglamentación que la Asociación elaborará al respecto. Igualmente, los miembros que aspiren al apoyo de la Asociación deberán haber completado un programa de formación análogo al descrito en la cláusula de operaciones estatutarias para autoridades y funcionarios de la Asociación.

Finalmente, quienes aspiren al apoyo de la Asociación en su postulación para cargos públicos, deberán someter sus programas o plataformas a la consideración y evaluación de una comisión técnica provista por la Asociación según reglamentación que ella elaborará al respecto».

Ahí queda eso, para la consideración de los asignadores de recursos, financieros o de otra índole, a quienes quieran lanzarse a la actividad política. Ahora vienen varias instancias electorales.

LEA

Share This:

FS #40 – Padre nuestro que estás en los cielos

Fichero

LEA, por favor

Para escoger al sucesor de Juan Pablo II en la Sede de San Pedro, 117 cardenales (12 menos que la cantidad de países visitados por el gran Papa) se reunirán para expresar la iluminación del Espíritu Santo. A lo mejor quien venga a ocupar su lugar será también un grande Pontífice, pero es difícil imaginar que pueda equiparar su reinado al del gigante polaco que acaba de fallecer en Roma.

De la pluma del Santo Padre, por otra parte, manó una incesante enseñanza pertinente a casi cualquier asunto de fe y de costumbres, a cualquier problema y actividad humanas. (Varios libros, innumerables discursos y homilías, catorce encíclicas). No es por consiguiente fácil decidirse por un texto para construir esta Ficha #40 de doctorpolítico. La ayuda especial de un especial amigo, amigo asimismo de Juan Pablo II, que compartió su mesa más de una vez, y que siempre me prohíbe su identificación, facilitó la escogencia. Es así como pude decidir componerla con la reproducción de dos secciones de la encíclica Sollicitudo rei socialis, del 30 de diciembre de 1987, escrita y publicada en conmemoración de la predecesora Populorum progressio, de Paulo VI, quien sería sucedido por Juan Pablo I. A la muerte de éste, de fugaz reinado, la escogencia de Karol Wojtyla del nombre con el que todo el mundo le conoció ya fue una señal de humildad, que repetía lavando pies en Semana Santa o besando el suelo de cada país al que arribara. Un Papa firme, pero jamás prepotente.

El innominado amigo me sugirió revisar también el discurso que Juan Pablo II pronunciara en París, el 2 de junio de 1980, ante la UNESCO. Allí aboga por una fuerte defensa de la diversidad cultural de los pueblos de un modo característico en él, claro y enérgico a la vez. Refiriéndose a la «soberanía fundamental que posee cada nación en virtud de su propia cultura», el «Atleta de Dios» exhortaba a los funcionarios de la agencia de la ONU para la educación, la ciencia y la cultura: «Protéjanla como la pupila de sus ojos para el futuro de la gran familia humana. ¡Protéjanla! No permitan que esta soberanía fundamental devenga en presa de algún interés político o económico. No permitan que se haga víctima de los totalitarismos, de los imperialismos o de las hegemonías, para las cuales el hombre ya no cuenta sino como objeto de dominación y no como sujeto de su propia existencia humana».

En línea con las enseñanzas sociales de la Iglesia de Roma, iniciadas en la iluminación del problema social moderno desde Rerum novarum de León XIII y continuadas con Quadragesimo anno de Pío XI, Mater et magistra de Juan XXIII y Populorum progressio de Paulo VI, Juan Pablo II denunciaba con igual entereza las aberraciones extremas del marxismo y el capitalismo. Así escribió en Laborem exercens (1981):

«Así pues, en el conjunto de este difícil proceso histórico, desde el principio está el problema de la propiedad. La Encíclica Rerum Novarum, que tiene como tema la cuestión social, pone el acento también sobre este problema, recordando y confirmando la doctrina de la Iglesia sobre la propiedad, sobre el derecho a la propiedad privada, incluso cuando se trata de los medios de producción. Lo mismo ha hecho la Encíclica Mater et Magistra.

El citado principio, tal y como se recordó entonces y como todavía es enseñado por la Iglesia, se aparta radicalmente del programa del colectivismo, proclamado por el marxismo y realizado en diversos Países del mundo en los decenios siguientes a la época de la Encíclica de León XIII. Tal principio se diferencia al mismo tiempo, del programa del capitalismo, practicado por el liberalismo y por los sistemas políticos, que se refieren a él. En este segundo caso, la diferencia consiste en el modo de entender el derecho mismo de propiedad. La tradición cristiana no ha sostenido nunca este derecho como absoluto e intocable. Al contrario, siempre lo ha entendido en el contexto más amplio del derecho común de todos a usar los bienes de la entera creación: el derecho a la propiedad privada como subordinado al derecho al uso común, al destino universal de los bienes».

Es un mensaje inequívoco, cuyo recuerdo tiende a desdibujarse en estos tiempos maniqueos de política en blanco y negro.

LEA

……

Padre muerto que estás en los cielos

14. La primera constatación negativa que se debe hacer es la persistencia y a veces el alargamiento del abismo entre las áreas del llamado Norte desarrollado y la del Sur en vías de desarrollo. Esta terminología geográfica es sólo indicativa, pues no se puede ignorar que las fronteras de la riqueza y de la pobreza atraviesan en su interior las mismas sociedades tanto desarrolladas como en vías de desarrollo. Pues, al igual que existen desigualdades sociales hasta llegar a los niveles de miseria en los países ricos, también, de forma paralela, en los países menos desarrollados se ven a menudo manifestaciones de egoísmo y ostentación desconcertantes y escandalosas.

A la abundancia de bienes y servicios disponibles en algunas partes del mundo, sobre todo en el Norte desarrollado, corresponde en el Sur un inadmisible retraso y es precisamente en esta zona geopolítica donde vive la mayor parte de la humanidad.

Al mirar la gama de los diversos sectores de producción y distribución de alimentos, higiene, salud y vivienda, disponibilidad de agua potable, condiciones de trabajo, en especial el femenino, duración de la vida y otros indicadores económicos y sociales, el cuadro general resulta desolador, bien considerándolo en sí mismo, bien en relación a los datos correspondientes de los países más desarrollados del mundo. La palabra «abismo» vuelve a los labios espontáneamente.

Tal vez no es éste el vocablo adecuado para indicar la verdadera realidad, ya que puede dar la impresión de un fenómeno estacionario. Sin embargo, no es así. En el camino de los países desarrollados y en vías de desarrollo se ha verificado a lo largo de estos años una velocidad diversa de aceleración, que impulsa a aumentar las distancias. Así los países en vías de desarrollo, especialmente los más pobres, se encuentran en una situación de gravísimo retraso. A lo dicho hay que añadir todavía las diferencias de cultura y de los sistemas de valores entre los distintos grupos de población, que no coinciden siempre con el grado de desarrollo económico, sino que contribuyen a crear distancias. Son estos los elementos y los aspectos que hacen mucho más compleja la cuestión social, debido a que ha asumido una dimensión mundial.

Al observar las diversas partes del mundo separadas por la distancia creciente de este abismo, al advertir que cada una de ellas parece seguir una determinada ruta, con sus realizaciones, se comprende por qué en el lenguaje corriente se hable de mundos distintos dentro de nuestro único mundo: Primer Mundo, Segundo Mundo, Tercer Mundo y, alguna vez, Cuarto Mundo. Estas expresiones, que no pretenden obviamente clasificar de manera satisfactoria a todos los Países, son muy significativas. Son el signo de una percepción difundida de que la unidad del mundo, en otras palabras, la unidad del género humano, está seriamente comprometida. Esta terminología, por encima de su valor más o menos objetivo, esconde sin lugar a duda un contenido moral, frente al cual la Iglesia, que es «sacramento o signo e instrumento… de la unidad de todo el género humano», no puede permanecer indiferente.

15. El cuadro trazado precedentemente sería sin embargo incompleto, si a los «indicadores económicos y sociales» del subdesarrollo no se añadieran otros igualmente negativos, más preocupantes todavía, comenzando por el plano cultural. Estos son: el analfabetismo, la dificultad o imposibilidad de acceder a los niveles superiores de instrucción, la incapacidad de participar en la construcción de la propia Nación, las diversas formas de explotación y de opresión económica, social, política y también religiosa de la persona humana y de sus derechos, las discriminaciones de todo tipo, de modo especial la más odiosa basada en la diferencia racial. Si alguna de estas plagas se halla en algunas zonas del Norte más desarrollado, sin lugar a duda éstas son más frecuentes, más duraderas y más difíciles de extirpar en los países en vías de desarrollo y menos avanzados.

Es menester indicar que en el mundo actual, entre otros derechos, es reprimido a menudo el derecho de iniciativa económica. No obstante eso, se trata de un derecho importante no sólo para el individuo en particular, sino además para el bien común. La experiencia nos demuestra que la negación de tal derecho o su limitación en nombre de una pretendida «igualdad» de todos en la sociedad, reduce o, sin más, destruye de hecho el espíritu de iniciativa, es decir, la subjetividad creativa del ciudadano. En consecuencia, surge, de este modo, no sólo una verdadera igualdad, sino una «nivelación descendente». En lugar de la iniciativa creadora nace la pasividad, la dependencia y la sumisión al aparato burocrático que, como único órgano que «dispone» y «decide» —aunque no sea «Poseedor»— de la totalidad de los bienes y medios de producción, pone a todos en una posición de dependencia casi absoluta, similar a la tradicional dependencia del obrero-proletario en el sistema capitalista. Esto provoca un sentido de frustración o desesperación y predispone a la despreocupación de la vida nacional, empujando a muchos a la emigración y favoreciendo, a la vez, una forma de emigración «psicológica».

Una situación semejante tiene sus consecuencias también desde el punto de vista de los «derechos de cada Nación». En efecto, acontece a menudo que una Nación es privada de su subjetividad, o sea, de la «soberanía» que le compete, en el significado económico así como en el político-social y en cierto modo en el cultural, ya que en una comunidad nacional todas estas dimensiones de la vida están unidas entre sí.

Es necesario recalcar, además, que ningún grupo social, por ejemplo un partido, tiene derecho a usurpar el papel de único guía porque ello supone la destrucción de la verdadera subjetividad de la sociedad y de las personas-ciudadanos, como ocurre en todo totalitarismo. En esta situación el hombre y el pueblo se convierten en «objeto», no obstante todas las declaraciones contrarias y las promesas verbales. Llegados a este punto conviene añadir que el mundo actual se dan otras muchas formas de pobreza. En efecto, ciertas carencias o privaciones merecen tal vez este nombre. La negación o limitación de los derechos humanos —como, por ejemplo, el derecho a la libertad religiosa, el derecho a participar en la construcción de la sociedad, la libertad de asociación o de formar sindicatos o de tomar iniciativas en materia económica— ¿no empobrecen tal vez a la persona humana igual o más que la privación de los bienes materiales? Y un desarrollo que no tenga en cuenta la plena afirmación de estos derechos ¿es verdaderamente desarrollo humano?

En pocas palabras, el subdesarrollo de nuestros días no es sólo económico, sino también cultural, político y simplemente humano, como ya indicaba hace veinte años la Encíclica Populorum Progressio. Por consiguiente, es menester preguntarse si la triste realidad de hoy no sea, al menos en parte, el resultado de una concepción demasiado limitada, es decir, prevalentemente económica, del desarrollo.

Karol Wojtyla

Share This:

CS #131 – Precursor de un mulo

Cartas

El Premio Hugo no tiene nada que ver con Hugo Chávez, por más que a algún adulador, o a él mismo, el establecimiento de una cosa así pudiera haberle pasado por la cabeza. En cambio, instituido en honor al Padre de las Revistas de Ciencia Ficción, Hugo Gernsback, es el equivalente al Oscar que concede anualmente la Sociedad Mundial de Ciencia Ficción, por logros sobresalientes en este activo campo literario. Se hace posible a partir de postulaciones de los miembros de esa asociación, y se adjudica por el voto democrático de los mismos miembros para obras aparecidas el año previo a la premiación.

Al igual que el Oscar, el Premio Hugo se ha concedido en versiones especiales. El propio Gernsback, por ejemplo, recibió la primera de ellas en 1960. Otro de esos premios especiales, único hasta ahora, fue para reconocer el extraordinario logro de un autor de lamentadísima ausencia, Isaac Asimov, fallecido en 1992, por la Mejor Serie de Ciencia Ficción de Todos los Tiempos: la serie de tres volúmenes que los aficionados conocen con el nombre de Fundación. (Fundación, Fundación e Imperio, Segunda Fundación).

Asimov nació en las cercanías de Smolensk, Rusia, en 1920. Sus padres emigraron hacia los Estados Unidos, donde Isaac se convertiría más tarde en bioquímico de profesión, con toda la intención de proseguir una carrera de investigador y docente. Su verdadera vocación era, sin embargo, la de escritor.

Posiblemente no haya habido nadie que pueda equipararse al talento de Asimov en su calidad de divulgador científico. Leer los tres volúmenes de Understanding Physics, o el gordo tomo The Intelligent Man’s Guide to Science, permite comprobar que en la pluma de Asimov la arcana Teoría de la Relatividad, o la no menos difícil Mecánica Cuántica, se convierten en agua cristalina que su poder didáctico acerca al entendimiento del ciudadano común. (Bertrand Russell, por ejemplo, intentó hacer algo parecido en su The ABC of Relativity, pero jamás llegó a acercarse a la claridad de Asimov). Más de 500 libros escribió Asimov en su prolífica vida, en los que no sólo fungió como prístino divulgador de ciencia, pues en un acto de característico arrojo escribió un enjundioso y respetable volumen sobre la obra de William Shakespeare, y en otro se convirtió en sugestivo comentarista de la Biblia.

Pero su papel más popular es el de autor de ciencia ficción. Fue él quien formulara las «tres leyes de la robótica», ahora expuestas en la película I, robot, protagonizada por el cotizado actor Will Smith y más o menos inspirada en libro del mismo nombre de Isaac Asimov. Y sus ingeniosas historias, escritas desde la ventaja de un verdadero conocimiento de las ciencias, conforman un numerosísimo conjunto. Ninguna, no obstante, tan apasionante como la trilogía de Fundación.

………………

Fundación es una saga galáctica muy adelante en el futuro, y trata de la declinación de un imperio extendido en el espacio, que es prevista en las ecuaciones, enrevesadas pero hermosas, de la «Psicohistoria», una ciencia nueva de fundamento matemático y establecida por Hari Seldon, su gran maestro. Las ecuaciones indican que el imperio cuya capital es el planeta Trantor entrará en acelerada decadencia, abriendo el tiempo a decenas de milenios de una edad oscura, análoga a la Edad Media que sucediera a la caída del Imperio Romano de Occidente.

Seldon logra explicar este asunto al emperador sin perder la cabeza en el intento, y de hecho obtiene la autorización y los fondos necesarios para establecer en un planeta distante una «fundación» compuesta por científicos y técnicos, ente los que se encontrarán, sin duda, sus discípulos en el arte de la Psicohistoria. (Al emperador le conviene la lejanía de sabios tan impertinentes que insisten en predecir el colapso del imperio que preside). La misión de la fundación es similar a la de un monasterio benedictino medieval: preservar, en una enorme «Enciclopedia Galáctica», todo el conocimiento acumulado por la civilización, con el que pudiera emprenderse una reconstrucción que acortaría a un solo millar de años la época de oscuridad.

Así pues, Seldon coloniza el planeta deshabitado que se le asigna en compañía de sus seguidores, dispone lo relativo a la vida en comunidad, y fija las líneas del trabajo de recopilación. Después puede morir.

El conocimiento psicohistórico, por otra parte, es tan preciso e inexorable, que Seldon es capaz de calcular con exactitud los momentos en los que la Fundación se enfrentará a momentos críticos en su evolución, décadas y siglos antes de que ocurran, y tiene tiempo de registrar antes de morir pequeños discursos que pronunciará después de muerto, en proyecciones holográficas de su persona que aparecerán, justo a la emergencia de estas «crisis de Seldon», en el salón de sesiones del consejo de la Fundación. De este modo su consejo es útil en los momentos cruciales y la Fundación puede sortear las crisis y proseguir tranquilamente su fundamental misión civilizatoria.

Pero algo imprevisto por Seldon acaece en el segundo tomo de la saga (Fundación e Imperio). La impresionante y poderosa estructura matemática de la Psicohistoria, que trabaja con grandes números, no pudo prever el minúsculo detalle de una mutación. Aparece entonces en la historia un mutante, un militar autoritario, ávido de poder, capaz de influir determinantemente la voluntad de los hombres, y que por tal razón posee más fuerza que «una decena de flotas de batalla».

Entonces este mutante autocrático e inmisericorde, conocido por el apodo de «el Mulo», se impone a los cuidadosos diseños de Seldon y echa por tierra sus elaborados cálculos. Ninguna voluntad puede oponérsele, que él controlará con su poderes psíquicos anormales. Sus más amargos enemigos quedan reducidos a la condición de siervos obedientes. Implacable, va extendiendo rápidamente su dominación por todos los confines de la galaxia. El plan de reconstruir la civilización, en menor tiempo del previsible a partir del colapso de Trantor, ha quedado hecho trizas.

A este dictador galáctico se le llamaba el Mulo no tanto por su tenacidad, sino porque la mutación que lo produjo le dio ese carácter estéril que tiene la progenie híbrida de caballo y asno. El Mulo no puede tener descendencia, no puede tener hijos que perpetúen una sucesión dinástica.

Pero otro factor relativamente accidental dará por tierra con el Mulo. Arcadia Darell, una joven mujer, poseída ella misma de una coraza psíquica—algo así como «la Fuerza» en «La Guerra de las Galaxias» de George Lucas—logra que el Mulo baje la guardia, como Dalila del futuro, y precipita su impensable caída.

(Hasta aquí lo que necesitamos para nuestra analogía política actual y local. En el tercer tomo de la saga, baste decir, una «Segunda Fundación», establecida en secreto por Seldon en el «extremo opuesto de la galaxia», emerge de la derrota del Mulo y completa la misión entrevista por el psicohistoriador. Es ésta la historia que le valió a Asimov el premio único por la mejor serie de ciencia ficción de todos los tiempos, superando con ella a gigantes como J. R. R. Tolkien—El Señor de los Anillos—Robert Heinlein, E. E. Smith y Edgar Rice Burroughs, el creador de Tarzán).

………………

Ya el lector habrá articulado las obvias semejanzas de Hugo Chávez con la figura del Mulo. Militar, autoritario, peligroso, implacable. Imprevisto. Mentalmente poderoso. Estéril.

Militar, es obvio. Pero de formación aleatoria. Chávez quiso ser pelotero, y escuchó que en el ejército estaban los mejores profesores. Así se alistó, fusionando al arma la potencia de su asombrosa inteligencia.

Autoritario. Ningún venezolano, ni siquiera el más fanático entre sus seguidores podrá regatearle este carácter, que a él le gusta.

Peligroso. No es lo mismo un autócrata presidiendo un programa eficaz, que otro dirigiendo una terapéutica fundamentalmente equivocada. Ni siquiera un demócrata que actúe desde convicciones fundamentalmente equivocadas puede ser beneficioso.

Implacable. Su agenda procede, más que sin pausa, a rápido ritmo. No tiene contemplaciones con ningún poder distinto del suyo. Si Fidel Castro se le opusiere, él lo declararía traidor.

Imprevisto. Chávez no estaba en el mapa. Sólo muy pocos conocían de sus tendencias y andanzas antes del 4 de febrero de 1992. En mi caso personal, equivoqué mi lectura en 1987, cuando consideré improbable un golpe de estado de corte izquierdista. Chávez fue una sorpresa, un mutante.

Mentalmente poderoso. Es capaz de cautivar durante horas a multitudes. Ha dominado la psiquis colectiva desde que tuvo el poder. La cantidad de veces que los venezolanos hemos pensado en Chávez, o pronunciado su nombre, en los últimos seis años, es casi inconmensurable. Ha desplegado una explicación de las cosas, de la sociedad, de la historia de la humanidad, de nuestra propia historia venezolana, de nuestra situación económica, que propala con eficacia de predicador, sin que para propósitos prácticos se le refute o, mejor, supere.

Estéril. No tendrá descendencia, en tanto tipo de liderazgo. A Hugo Chávez lo hicieron y rompieron el molde. (Aunque pertenece ciertamente a un tipo: el de Castro, el de Hitler, que son más o menos infrecuentes. Oradores interminables, ególatras, muy construidos y postizos). No todo el mundo combina en grado tan superlativo la inteligencia, la tenacidad, la voluntad de poder, los talentos histriónicos, la creatividad publicitaria, de Hugo Chávez. En su movimiento ya no habrá sucesor que se le equipare.

Acá se detienen por un instante las semejanzas. No es probable que la perdición de Chávez sea una mujer, ni que resucitara María Callas a cantarle Mi corazón se abre a tu voz, de Sansón y Dalila de Saint-Saëns. En esto Chávez sigue el método de Juan Vicente Gómez, que tuvo bastante actividad sexual, pero no dormía con mujer. Creer otra cosa es tan iluso como la peregrina noción que le escuché a alguien en 1998: que la solución era acercarse a Chávez con una maleta de dinero para nombrarle sus ministros de la economía.

¿Qué clase de figura pudiera dar al traste con una perduración de Chávez en el poder?

Siendo que Chávez tiene el mayor control del poder posible en Venezuela—político, militar, económico—una oposición al estilo cacical debe fracasar. Es un brujo, no un cacique, quien puede suceder a Chávez a corto plazo. (2006). No es otro «tío tigre» menor que pretenda discutirle la posición alfa a Tío Tigre en su manada. Es Tío Conejo.

LEA

Share This:

LEA #131

LEA

Al mejor estilo de un adulante vividor, el señor Heinz Dieterich, de quien se dice es uno de los más cercanos asesores intelectuales de Hugo Chávez, ha publicado un panegírico que mueve a risa, por el simplismo (y facilismo) de sus afirmaciones centrales.

Olvidando convenientemente que él mismo había empleado ya—en entrevista concedida a Luis Juberías Gutiérrez, de AVANT, el 7 de abril de 2004: «El socialismo del siglo XXI. La economía de equivalencias»—la expresión «socialismo del siglo XXI», Dieterich se desata en rastreras lisonjas al comandante sucesor del comandante Fidel. En efecto, el título del trabajo de Dieterich es La Revolución Mundial pasa por Hugo Chávez.

Así escribe, por ejemplo, en la segunda parte del texto: «En una audaz operación de comando, Hugo Chávez estableció el 27 de febrero del 2005 su ‘cabeza de playa’ de vanguardia mundial en el campo de batalla ideológica con la burguesía, al proclamar la necesidad de ‘inventar el socialismo del siglo XXI’ y ‘seguir alejándonos del capitalismo’. Caso seguido, el Comandante consolidó la posición con dos divisiones de blindados indestructibles, cuando enfatizó que el socialismo en Venezuela sería de carácter democrático y participativo, ‘en concordancia con las ideas originales de Carlos Marx y Federico Engels’.» Se guinda con buena técnica el Sr. Dieterich, no sin sugerir como quien no quiere la cosa que su nombre pudiera estar involucrado en un esfuerzo de recolección de ideas por Internet (lo que costaría sólo 100 mil dólares), dado que «no tenemos acceso a las supercomputadoras marca Marx, Engels o Einstein», que él estima necesarias al esfuerzo.

Dieterich exhibe su ignorancia, o su interés de manipulación histórica, al pretender que «no hay ningún Karl Marx o Friedrich Engels a la vista, quienes tuvieron la genialidad de concebir en apenas tres meses la ruta crítica hacia la sociedad postcapitalista, el ‘Manifiesto Comunista’ (1847). Tampoco se vislumbra a un Albert Einstein, quien en el mismo lapso de tiempo sentó las bases del mundo postnewtoniano (1905) con la teoría cuántica y la teoría de la relatividad». El Manifiesto Comunista publicado en 1848 fue ciertamente encargado a Marx y Engels a fines del año anterior, pero no es que estos autores inventaron de cero sus nociones en tres meses. Fue precisamente la circunstancia de que la pareja de teóricos tuviera ya un buen tiempo rumiando, escribiendo y hablando de esas ideas lo que determinó su escogencia. Del mismo modo, tampoco es el caso de que Einstein decidiera brusca y repentinamente que escribiría unas cositas para revolucionar la Física en 1905. Hacía largos años que lidiaba con los conceptos de lo que fuera después su teoría de la relatividad especial. De hecho, al menos desde su adolescencia jugaba con estas ideas, al preguntarse por primera vez cómo vería el mundo un observador que pudiera cabalgar sobre un rayo de luz. Y, naturalmente, Einstein jamás tuvo nada de comunista, por lo que su asociación con Marx y Engels en este contexto es simplemente otra manipulación más, idéntica a la técnica publicitaria de asociar un hembrón en bikini con una cierta marca de cerveza.

En su romántica concepción—el mismo Marx le hubiera llamado sin pensarlo mucho un «socialista utópico»—el Sr. Dieterich declara, en la entrevista mencionada, que el asunto se reduce a la democracia participativa y a «una sociedad en la cual el objetivo sea dar igual nivel de vida a todos los ciudadanos». Y explica: «El ideal de justicia de que todos tengan la misma gratificación por el mismo esfuerzo laboral, a mi juicio, sólo se consigue en el comunismo. Para que esto suceda no es suficiente la voluntad, sino que se exigen unas condiciones objetivas. Para que cada uno pueda aportar lo mismo con igual esfuerzo, necesitas niveles semejantes de alimentación, educación, participación, etc., es un proceso de voluntad política y de condiciones prácticas que te hacen una sociedad homogénea en cuanto a realizar y aportar más o menos lo mismo».

Es decir, una sociedad de hormigas idénticas, clonadas, sobre las que por supuesto es muy fácil perpetuar una dominación. Ése es, para Dieterich—y pronto para Chávez—el socialismo del siglo XXI.

LEA

Share This:

FS #39 – Caracas incomprendida

Fichero

LEA, por favor

Los humanos somos, por la mayor parte, seres bastante ocupados con el quehacer de la subsistencia. Involucrados en rutinas de ocupación, no disponemos de mucho tiempo para pensar, con alguna profundidad, las innumerables cuestiones que una sociedad cada vez más compleja nos propone. De allí que nos convenga pasar por la vida armados de esquemas simples que, como abreviatura del pensamiento, nos permitan discurrir lo necesario sin demasiado trabajo. De allí la utilidad de los mitos, tanto de los propiamente dichos, esas estructuras clásicas de la verdadera mitología, como de los más pedestres y comunes. Son fórmulas cortas, convenientes, soluciones prêt-à-porter con apariencia de verdad ineludible, lapidarios dictámenes inapelables.

Uno de estos mitos ha gravitado desde hace mucho sobre Caracas. En el debate sobre los extremos de la centralización vs. la descentralización, se tiene a la capital de la República como culpable de una apetencia desmedida, la que a su vez sojuzgaría, como en una suerte de imperialismo local, al resto de las urbes del país.

En sucintas palabras, el arquitecto Frank Marcano, Director del Instituto de Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela, sale al paso de esta especie falaz, en entrevista que concediera a Rafael Arráiz Lucca y William Niño Araque, los editores del muy extraordinario e invalorable libro Santiago de León de Caracas, 1567-2030.

El libro en cuestión ha sido producido por la Gerencia de Asuntos Públicos y Relaciones Gubernamentales de ExxonMobil de Venezuela, a cargo de Richard Bailey Lazzari. (Quien a pesar de sus nombres es más criollo que la alpargata). Esta nueva producción bibliográfica de esa Gerencia, precedida de los maravillosos volúmenes Tierra Negra y Paria, entre otros, supone de una vez la existencia de una verdadera biblia, prácticamente definitiva, para la cabal comprensión de la ciudad capital de Venezuela. Profusa en mapas, imágenes, fotografías y documentos, armada con textos inteligentes, profundos y desusados, es ahora la referencia obligada para cualquier discurso serio sobre Caracas.

La Ficha Semanal #39 de doctorpolítico se contrae a reproducir la exposición inicial del Arqto. Marcano en la entrevista mencionada, la que inaugura la sección Visión Metropolitana. Vocación y Mercadeo de Ciudad, Gobernabilidad, Territorialidad, en la Segunda Parte del libro. La informalidad de las palabras de Marcano delata que, en efecto, se trata de una conversación en sosegada entrevista, y de algún modo esta familiaridad potencia la eficacia de sus justas afirmaciones.

LEA

……

Caracas incomprendida

La vocación de una ciudad es un horizonte que se plantea y se replantea continuamente. Hay vocaciones innatas por localización, por tradición histórica, pero cada ciudad se reinventa a cada momento y tenemos muchos casos que lo confirman. Por ejemplo, Barcelona, España, es una ciudad que tiene una capacidad enorme de reinventarse a cada rato y se traza un nuevo horizonte de ciudad de una manera muy rigurosa y realmente lo cumple. Entonces, teniendo claro que la vocación de una ciudad es algo que se tiene que definir por etapas, por períodos, si entramos en el caso de Caracas, vemos que ha tenido varios escenarios en el pasado, que contrastan mucho con el no escenario actual, que es una cosa no digamos insólita, pero sí extraña, pero que nos caracteriza mucho en este momento, hay una falta de escenarios, una falta de pensamiento sobre la ciudad.

Hay una primera decisión del gobierno del territorio de definir a Caracas como centro y capital, eso fue muy importante. Durante todo el período que va hasta principios del siglo XX, Caracas mantiene ese rol, es la ciudad más importante, la del gobierno, la central. Es una ciudad que además empieza a acumular una tradición, un peso específico como ciudad que no tienen las otras y empieza a tener también un cierto peso que cada vez va creciendo con respecto al centro venezolano del Caribe.

A principios de 1900 Caracas no tenía fuerza sino como capital de un país muy desmembrado, muy sectorizado, muy alejado entre sí. Maracaibo tenía más contacto con Curazao que con Caracas, Carúpano tenía más contactos con Trinidad, Martinica y con Europa, que con Caracas. Mi mamá decía que en el puerto de Carúpano llegaban a la semana dos o tres barcos franceses e italianos y el barco de La Guaira llegaba una vez al mes, entonces ahí había una relación muy clara. Pero Juan Vicente Gómez lo cambia y hay una nueva definición de la vocación de la ciudad de Caracas, que cuando Gómez unifica al país, él centraliza, a pesar de que trata de hacer de Maracay el centro, pero no pudo, creo que por unas condiciones geográficas importantes. Caracas está, además de en el centro, muy cerca del mar y Maracay es una ciudad mucho más enclaustrada, mucho más difícil, no era ni siquiera Valencia, que también estaba enclaustrada, porque de Puerto Cabello a Valencia era una odisea.

A partir de la muerte de Gómez, Caracas refuerza su centralidad y su vocación. Depués hay otra etapa muy importante, que es en los años 50. Antes, en los años 40, cuando viene Rotival, empiezan todos los planes que se cristalizan en el 50, que es cuando sí se define muy agresivamente la vocación de la ciudad, y Caracas para Rotival iba a ser, por definición, el centro del Caribe.

Luego la vocación de la ciudad otra vez se refuerza por toda la labor de Pérez Jiménez de dotar a esta ciudad de un equipamiento como no había en toda América Latina y mucho menos en el Caribe. Esa época duró hasta los años 70: en ese momento estábamos construyendo una capital. En el año 70 vuelve a renacer una suerte de castigo a Caracas, con un pensamiento, otra vez, que parte del interior de Venezuela. Entonces se paralizan por decisión política, las inversiones en la ciudad y se empiezan a hacer fuera, porque había que balancear el territorio, había esta teoría de evitar la macrocefalia, que no era correcta porque Venezuela no es un país de macrocefalias urbanas, no es el caso de Colombia, de Perú, de Argentina, ni de Chile. Este es uno de los pocos países en América del Sur en donde su capital tiene el 20%, el 21% de la población; en otros países la capital tiene el 50%, aquí afortunadamente no es así, pero había esa sensación de que todo el dinero se iba a la centralidad.

En este momento, en el 2003, uno ve que la gran infraestructura de la ciudad de Caracas es la infraestructura que se hizo entre el 50 y el 70, porque creo que no se ha hecho casi nada en 30 años.

Frank Marcano

Share This:

FS #38 – Epístola autocrática

Fichero

LEA, por favor

Como fuera anunciado la semana anterior, esta Ficha Semanal #38 de doctorpolítico reproduce el texto íntegro de la carta que Hugo Chávez dirigiera a los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, a pocos días de su asunción al poder en Venezuela.

El documento es interesante en más de un sentido. Por una parte, en sí mismo es una anticipación de lo que se proponía hacer desde la Presidencia de la República, así como una condensación de los conceptos más arraigados en su pensamiento, que justificarían su autocracia. Por ejemplo, hacia el término de su farragosa y pedante correspondencia, incluye un defectuoso teorema, por el que pretende extraer, como conclusión «lógica» de la lucha internacional por territorios, la idea de que él debe ser el exclusivo ductor del Estado. («Esas son las razones por las cuales el Jefe de Estado conduce, en soledad, la política exterior y, en soledad, es el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales».)

Algo parecido había adelantado en la residencia de La Viñeta cuando, ya Presidente electo pero antes de su toma de posesión, había dicho en el acto de instalación de su Comisión Presidencial Constituyente—Escarrá, Mayz Vallenilla, Olavarría, Álvarez Paz, Combellas, entre otros—que él tenía, personalmente, poderes constituyentes. Ninguno de los nombrados le contradijo jamás a este respecto.

Tampoco le contradijo la propia Corte cuando afirmó lo siguiente en su comunicación: “La Asamblea Nacional Constituyente debe ser originaria en cuanto personifica la voluntad general y colectiva de las muchedumbres nacionales como elemento esencial del Estado, superorganismo que, para sobrevivir en el escenario planetario debe estar en condiciones de hacerlo”. Tan sólo una voz esteparia había comentado en 1998, en documento de escasa circulación: “La constituyente tiene poderes absolutos, tesis de Chávez Frías y sus teóricos. Falso. Una asamblea, convención o congreso constituyente no es lo mismo que el Poder Constituyente. Nosotros, los ciudadanos, los Electores, somos el Poder Constituyente. Somos nosotros quienes tenemos poderes absolutos y no los perdemos ni siquiera cuando estén reunidos en asamblea nuestros apoderados constituyentes”.

Chávez ha sido descarado cultor del arte de la falacia. Con frecuencia extrae, de las más tenues conexiones, tesis realmente peregrinas, que proclama y propala con audaz irresponsabilidad. Normalmente se sale con la suya.

En otra dimensión, el documento reproducido aquí contiene numerosos puntos oscuros, crípticos, insertados con la probable intención de irritar, camuflados tras la máscara de una ansiedad de recién venido por ser reconocido como gente intelectual. Se trata de otra de sus técnicas favoritas: emplear una forma irritante o pretendidamente inculta para desviar la atención de los contenidos realmente fundamentales, de ésos que son verdaderamente peligrosos.

La carta era incomprensible en cuanto a oportunidad. Parecía ser un texto totalmente extemporáneo, traído por los cabellos, que no venía al caso. Era, sin embargo, una clara advertencia. No pasaría mucho tiempo sin que tratara a los mismos Magistrados a quienes llamaba «Honorables» con particular saña e irrespetuoso insulto.

LEA

……

Epístola autocrática

Señores Honorables.

Presidente y demás Miembros

de la Corte Suprema de Justicia

Su Despacho.

Montesquieu evidenció que las verdades no se hacen sentir sino cuando se observa la cadena de causas que las enlaza con otras y, en términos de introspección e inferencia de relaciones entre ideas y contenidos descubrió que las leyes son relaciones necesarias que se derivan de la naturaleza de las cosas.

Auscultando en lo profundo del alma nacional podríamos percibir, de observación en observación, una creciente y desbordante acumulación de necesidades vitales reprimidas a punto de explosión (Ley Psicológica de la Compensación). La evidente isostasia de las masas tiende a romper toda resistencia, todo desequilibrio: pega en el rostro el huracán de pasiones ocultas en los sufrimientos de quienes, traicionados y humillados, callaron sus padecimientos porque el pudor y la dignidad les impedía revelarlos.

Estadísticas recientes hablan de millones de seres humanos despojados y excluidos de todo: a ese ochenta por ciento de venezolanos que vive en pobreza crítica prometí abrir caminos mediante una Asamblea Constituyente originaria que permitiera transformar el Estado y crear el ordenamiento jurídico necesario a la democracia social y participativa.

Eso conlleva—mutatis mutandis—rescatar el estado de derecho de manos de la criminal partidocracia para estructurarlo en la Nación como ordenador esencial de las instituciones.

La radiografía psico-social del Estado revela una persistente y secular internación de agravios, desesperanzas, carencias y sufrimientos que retratan la injusticia a que ha sido sometido, y descubren en el inconsciente nacional una potencialidad expectante, ávida de equilibrios. Es evidente que ese olvidado pueblo me catapultó a la Presidencia con la poderosa humildad de su sufragio para evitar desencadenamientos destructivos.

En respuesta a la esperada promesa electoral, la nación asumió el 6 de diciembre de 1998 su decisión política constituyente extrapolando su voluntad política creadora, fuente única y originaria de la Constitución Bolivariana que habrá de promulgarse en enero del Tercer Milenio: El pueblo soberano, titular del poder constituyente y único sujeto de su voluntad política, dio su veredicto. Yo no quiero que me llamen nunca usurpador: las silentes urnas del 6 de diciembre guardan el secreto de la potencial explosividad de la Nación; es incuestionable que el respeto a los resultados frenó en las muchedumbres nacionales esa creciente energía detonante que persiste en su inconsciente, latente… y, si a la actual legislación se le impidiere hacer justicia se romperían las resistencias de las muchedumbres, cumpliéndose otras leyes: las precitadas leyes psicológicas de la compensación.

La promesa electoral que espera ver cumplida el soberano hace eco en todas partes: la nación votó por la estructura de poderes que pudiere resolver eficazmente sus problemas y en ese campo psico-físico nació la idea de la Asamblea Constituyente originaria que permitiera refundar la República y restituir el estado de derecho constitucional y democrático. Ese estado de derecho no es -como dice Gaitán- «el de la simple igualdad de los hombres ante la Ley, como si la Ley fuera una fórmula taumatúrgica que pudiera pasar por encima de los valores económicos, de las causas étnicas, de los hechos funcionales, de las causas de la evolución y de la cultura que hacen la desigualdad y que resulta un solo mito metafísico». No; no es esa la justicia; la justicia que se propone es la zamorana, la de hacer imposible la imperceptible violación de los derechos humanos, violación que ha sido perpetrada por los cada vez más ricos en perjuicio de los cada vez más pobres. La prepotencia económica impide que la justicia llegue a ellos, a los hombres y mujeres del común que han sido despojados de casi todas las posibilidades de iniciativa personal y de responsabilidad y los arrastra a vivir en condiciones de vida, trabajo, desempleo y pobreza atroz, indignas de la persona humana. Ya lo expresé con cristiano acento en el Acto de Instalación de la II Cumbre Iberoamericana de Presidentes de Cortes Supremas de Justicia, cuando ratifiqué el postulado que informa la promesa electoral que acogió la voluntad colectiva nacional en su decisión del 6 de diciembre de 1998. Entonces dije: «No es ágil la justicia, como acordaron los presidentes en la Cumbre de Margarita: no llega al pobre; sólo llega al que pueda pagarla; para la oligarquía sí es rápida. ¿Y es eso justicia? No; y en consecuencia, es obligante rehacer el estado de derecho para que la verdadera justicia cubra con su manto a todos los venezolanos, sin distinción de clases».

La evidencia cartesiana fuerza a transformar la República, inventando, creando o descubriendo caminos mediante una Constituyente originaria que encauce la necesaria revolución educativa; es imposible desarraigar los ancestrales males de Venezuela sin la eficiente cirugía de largo aliento que está pidiendo a gritos la primera de todas las fuerzas: la opinión pública. No hacerlo traduce colocarse a espaldas del derecho.

Celebro infinito que la Corte Suprema de Justicia se encuentre en el camino de la revolución, leyendo su legislación; celebro que haya vislumbrado su desencadenamiento a partir de la Constituyente originaria convocada por decreto del 2 de febrero de 1999 para transformar el Estado y crear el ordenamiento jurídico que requiere la democracia directa y que los valores que ésta insufle deben ser respetados; valoración que informa las pulsiones óntico-cósmica, cosmo-vital y racional-social inherentes al iusnaturalismo y su progresividad, pero también la interpretación de los deberes actuales y futuros en cuanto al mandato preludial de la actual Constitución, que exige mantener la independencia y la integridad territorial de la nación y explica la existencia, razón de ser y encauza la misión de las Fuerzas Armadas Nacional en su artículo 132.

La Asamblea Nacional Constituyente debe ser originaria en cuanto personifica la voluntad general y colectiva de las muchedumbres nacionales como elemento esencial del Estado, superorganismo que, para sobrevivir en el escenario planetario debe estar en condiciones de hacerlo.

Ad libitum y a los fines geopolíticos inherentes a la sobrevivencia de un Estado cuya ubicación geográfica y especialísima potencialidad minero-petrolera le hacen fuerte o débil, podríamos vislumbrar a Venezuela, en el escenario de las grandes potencias según se consolide o no el Pensamiento Conductor del Estado y vistos como han sido, primero penetrados y luego mutilados, los países que han estado paralizados por debilidad de sus gobiernos, por facciones intestinas y bajo amenaza permanente de penetración y/o de guerra exterior.

Los Estados son especie de superorganismos dinámicos que abarcan conflictos, cambios, evoluciones, revoluciones, ataques y defensas: involucran dinámica de espacios terrestres y fuerzas políticas que luchan en ellos para sobrevivir. Si no observamos arte y ciencia en la conducción y actuación política del organismo estatal corremos el riesgo de propiciar su debilitamiento, fraccionamiento y consecuencial disolución, que equivale a su muerte. En menos de 170 años de la desaparición física de Bolívar, hemos visto reducir el suelo en más de trescientos mil kilómetros cuadrados.

El Estado, investido de soberanía, en el exterior sólo tiene iguales, pero la justicia internacional no alcanza a quienes, por centrifugados, tendrían que ser mutilados (Ratzel; McKinder). Esas son las razones por las cuales el Jefe de Estado conduce, en soledad, la política exterior y, en soledad, es el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales.

Inmerso en un peligroso escenario de Causas Generales que dominan el planeta (Montesquieu; Darwin), debo confirmar ante la Honorabilísima Corte Suprema de Justicia el Principio de la exclusividad presidencial en la conducción del Estado.

Bolivarianamente

Hugo Chávez

Share This: