por Luis Enrique Alcalá | Mar 17, 2005 | Cartas, Política |

Primera parábola: entre nosotros los venezolanos las siglas YMCA (Young Men’s Christian Association) están vinculadas desde hace un buen número de décadas con la actividad deportiva. Para los estadounidenses, en cambio, la asociación cognitiva más inmediata es con su servicio de alojamiento gratuito o a bajo costo en las grandes ciudades de su país. No muchos saben, en cambio, que la celebración del Día del Padre fue inventada, por una hija agradecida, en la YMCA de Spokane, estado de Washington, en 1909. Y claro, a finales de la década de los años setenta, el grupo de «música disco» que se llamó Village People convirtió en hit de popularidad mundial una exultante pieza que tuvo precisamente por nombre «YMCA», y que saludaba justamente el servicio de alojamiento de esta institución como una estupenda ayuda a jóvenes que no tuvieran dónde ir.
Bueno, regresemos a Venezuela. Además de las canchas deportivas YMCA, las siglas identifican un evento anual que se celebra en Caracas y, en el interior del país, al menos en Maracaibo. Se trata de la carrera de carritos de fabricación casera en la que participa un buen número de jóvenes. Los carritos, que no tienen propulsión autónoma, adquieren velocidad al deslizarse por una cuesta pronunciada. La gravedad y la inercia se encargan del asunto. Hasta hace no mucho la cuesta perfecta era la de la avenida Venezuela de El Rosal. Me han dicho que ahora la carrera ocurre en Altamira.
Los participantes de estas carreras han sido típicamente jóvenes de nuestros barrios, que construían sus carritos a partir de materiales desperdiciados, con el aporte de ruedas desechadas del taller mecánico cercano, cajas de madera provenientes de la bodega del barrio o flejes que proveyera la ferretería de más abajo.
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En el campo de la oposición venezolana pareciera haberse iniciado una carrera de carritos YMCA, y la meta se la entiende colocada en 2006, año de las próximas elecciones presidenciales, dado que seguiría siendo la salida de Chávez «el primer problema nacional a resolver».
Hay, de nuevo, una incipiente pleamar de actividad opositora que comienza a expresarse en dos planos. Uno es el que ocupa el enjambre ciudadano, partes del cual comienzan a moverse y retomar manifestaciones y marchas—en la consabida territorialidad de Chacao—o a celebrar reuniones en las que se pregunta si las asambleas de ciudadanos han muerto. En el otro plano se disponen, en pistas paralelas, una cantidad de iniciativas competidoras. Sus respectivos carritos están hechos con mucha similaridad de materiales y programas, pero correrían cada uno por su cuenta hacia la meta: la candidatura única de oposición en las presidenciales del año que viene. Cada quien busca posicionarse, presentando su propio carrito, con la esperanza de hacerse con ese papel.
Varias veces ha hecho esta carta alusiones a líneas sostenidas por Primero Justicia y la llamada Izquierda Democrática de Esculpi. Por lo que respecta al primero se presenta a sus miembros como «los únicos», mientras Julio Borges «cede» funciones partidistas a Liliana Hernández y él prepara su candidatura—ya nos repetirá que él es de la generación a la que toca el turno—mientras la aguerrida ex adeca gerencia «la única fuerza política que Chávez teme».
En cuanto a la ID esculpiana, ha nacido con la falla de origen de identificarse con criterios políticos del siglo XIX y con el considerable pasivo contra su credibilidad que representa su larga asociación con la figura comodín de Francisco Arias Cárdenas.
En COPEI su actual presidente puso este cargo a la orden al culminar las elecciones regionales del 31 de octubre y excitó a los demás miembros de la dirección nacional del partido a hacer lo propio. Al cabo de un trimestre ha superado el intento de atornillarse del secretario general quitándole funciones, para engrandecer el poder de la presidencia de la cual ahora no se aleja, y desde la que intenta relanzar al partido como «fuerza» de «centro» y eje alrededor del cual sueña que se reunirían, además de COPEI, Convergencia, Proyecto Venezuela y Primero Justicia, en reencuentro familiar socialcristiano. (Otra formulación que parece necesitar la referencia a las decimonónicas nociones de izquierda y derecha, liberalismo y socialismo, para definir su sustantividad. Ellos nos traerían la mezcla ideal de ambas cosas: una «economía social de mercado»). En su discurso del 3 de noviembre Eduardo Fernández sugirió que el partido no se había perdido en sus manos, al destacar que se venía de seis años de estrategia opositora equivocada y doce años de declinación partidista. Es decir, desde 1992, cuando abandonó la Secretaría General para medirse y ser derrotado por el más radical de derechas Oswaldo Álvarez Paz. Fernández no habría tenido que ver nada en el problema verde.
Acción Democrática pareciera estar, una vez más, en situación alfárica. Esto es, en un partido que no parece alojar figuras presidenciables y que es controlado burocráticamente, a lo Alfaro Ucero, sólo que Ramos Allup es más educado y mucho más vocal que el viejo y defenestrado caudillo y Acción Democrática es hoy aun más débil que en 1998. Por ahora asiste al acto de presentación en sociedad de una reedición, de una versión compacta, mini, de la Coordinadora Democrática (sin la transmisión automática de una constelación ensamblada a partir de ONG’s), el Polo Democrático, junto con el presidente de AD, Jesús Méndez Quijada, Gerardo Blyde, de Primero Justicia, Felipe Mujica del MAS, Pompeyo Márquez, Américo Martín y Milos Alcalay.
Con el nombre—Polo Democrático—este carrito de Rafael Simón Jiménez quiere sugerir que se nos vendría encima, una vez más, la necesidad de combatir a un Polo Patriótico. La dimensión de la lucha exigiría la adquisición de escala. Por eso una alianza del Bloque Socialdemócrata, OFM-Vamos y Solidaridad pretende ser la fundación de un «movimiento de movimientos» que sea «capaz de reactivar el ánimo reivindicativo del movimiento opositor frente a las pretensiones militaristas, caudillescas y autocráticas del presidente Hugo Chávez». La Coordinadora Democrática fue precisamente una federación de este tipo, con mucha mayor fuerza que este «polo». La CD fue justamente un «movimiento de movimientos», cuando lo que se precisaba era un movimiento de ciudadanos.
Pero el mismo día anuncia Súmate, por boca de su líder María Corina Machado, que hace metamorfosis para convertirse en la crisálida de un «movimiento ciudadano nacional»—aún no es el tiempo de emergencia de la final mariposa política—dedicado a «defender los derechos democráticos de la ciudadanía». Es decir, en una especie de Queremos Elegir más moderno. (Y sobre todo más poderoso. Los dos colosos del diarismo venezolano, El Universal y El Nacional, reportan la transformación pública de Súmate, el mismo día de la presentación del Polo Democrático, sólo que El Universal convierte el acontecimiento en el titular principal de su primera página, evidenciando la clase de cañones a disposición de María Corina, mientras que El Nacional, que uno pudiera suponer afecto a presuntos proyectos candidaturales de Gustavo Cisneros, la ignora en portada, aunque la reseña en nota ligeramente más breve al lado de la que dedica al «polo»).
Súmate 2.0 se mercadea con tres módulos operativos incorporados de fábrica: fomentar elecciones limpias (léase cazar la pelea del Consejo Nacional Electoral), luchar contra la discriminación política (listas de Gascón) y profundizar la contraloría ciudadana (aplicación para representación del enjambre). Con esperables modernidad e inteligencia, María Corina presentó el significado de su carrito con las siguientes palabras: «El enemigo que tenemos no es el jefe del gobierno y sus cercanos colaboradores, como generalmente se piensa. No son los jefes militares de la llamada revolución ni sus seguidores. Tampoco sus imposibles ideas de transformación económica y social del país, que más temprano que tarde demostrarán su torpeza histórica y su sensatez (sic) política. El mayor enemigo de nuestra democracia está en nosotros mismos. El dejarnos llevar por la ilusión rota y no comprender que los derechos y la libertad se conquistan fracaso tras fracaso, lucha tras lucha, victoria tras victoria. El peor enemigo de la democracia son los ciudadanos que se dejan imponer condiciones». (El Nacional, domingo 13 de marzo de 2005).
O sea, se proponen líneas concretas de acción, se aparenta deslindarse de una confrontación directa contra Chávez y su revolución (pero no puede eludírsele en el discurso para denunciar sus «imposibles ideas»), se declara que el enemigo no es Satán propiamente dicho, sino nuestra propia y pecaminosa carne que acepta ingerir las secreciones demoníacas. Un discurso calculado para mover, para galvanizar, un discurso de poder, vulnerable aún por las dudas que se ciernen sobre su líder y su presunta asociación con el estúpido experimento de Pedro Carmona.
En el género de opciones modernizantes puede asimismo inscribirse a «Venezuela de Primera», que hasta ahora no ha sacado la cabeza al público, pero igualmente intenta ser el carrito YMCA de Roberto Smith Perera. Basado en su experiencia de «Vargas de Primera», un interesante intento de tomar la gobernación del estado Vargas en las elecciones de octubre pasado, ha auspiciado reuniones con el expreso propósito de «lanzar una nueva iniciativa política nacional». La susodicha iniciativa contendría «una oferta superior para el futuro del país, superior a la hegemonía actual, y una narrativa histórica y social de gran alcance, superior a la de la V República y a la del regreso al pasado». (Ambas por desarrollar). Smith plantea: «Una parte relevante de la inspiración de este grupo está en el trabajo que hicimos en Vargas el año pasado. Entre conocedores de los quehaceres de la política se piensa que el esfuerzo de Vargas debe ser expandido y replicado en muchos otros contextos, y que ésta es la única vía racional y segura para construir una fuerza capaz de retar a la actual hegemonía en el mediano y largo plazo».
Esto es, de nuevo la justificación por oposición y la creencia de que su carrito es el «único» que puede garantizar eficacia en un enfrentamiento ulterior con el Ferrari de Schumi Chávez. En sus encuentros ha regresado por sus fueros la misma llovizna del «movimiento de movimientos», ya encontrado en la relación sobre el Polo Democrático, aunque ciertas fuentes de muy alto nivel en el grupo de Smith indican que una cierta crítica a tan difundido lugar común—en la liga del abortado «consenso-país»—habría causado en su seno un impacto sobre este mito tan popularizado en ciertas cabezas de la «sociedad civil».
Tulio Álvarez, por su parte, busca reflotar su imagen de agente demostrador de fraudes electorales y se acomoda en uno de los carriles de la bajada del 2005 con la «Federación Verdad Venezuela», a la que presenta con el calificativo de «resistencia». Si desapareciera el dominio de Chávez ya no tendría nada que resistir, y por ende dejaría de tener sentido. Como Súmate, ha puesto sus miras iniciales sobre el CNE. (Ya compitieron poco después del revocatorio, con la colocación prácticamente simultánea en el mercado político de los fanfarriados pero inocuos Informe Álvarez e Informe Hausmann-Rigobón).
Otros actores, se asegura, buscarán ubicarse en unos pocos carriles aún restantes. Todavía siguen en el mapa figuras como la de Guaicaipuro Lameda, Rafael Alfonzo y Carlos Alfonso Martínez, y siempre está latente una candidatura de Teodoro Petkoff. Por lo que respecta al general recientemente liberado, ha puesto magnánimamente su «movimiento»—minúsculo—a la orden de candidaturas de otras iniciativas para las dos elecciones de 2005, no para 2006.
Petkoff es el único estadista reconocible en la enumeración precedente. Es evidente la sensatez y tino políticos que ha exhibido desde su trinchera de TalCual y su programa semanal en CMT, y es el ideador de agudas observaciones. Hace nada puso de relieve el siguiente teorema, pasado por alto por muchos analistas políticos: si Chávez ha dicho que hay que inventar un socialismo del siglo XXI, dado que los distintos modelos históricos del «socialismo real» han fracasado, esta última caracterización se aplicaría muy especialmente al fracaso del proyecto castrista en Cuba. En frase peligrosamente feliz ha sugerido que en Venezuela es preciso «inventar la oposición», para atenuarla de inmediato y sustituir «oposición» por «alternativa» u «opción», lo que, una vez más, continúa requiriendo la presencia del rival para cobrar sentido existencial. Por ahora es muy requerido en el interior de la República, donde tiene la esperanza de aliar liderazgos locales que llegaron de segundos en la competencia del 31 de octubre.
Pero las encuestas—de donde también han desaparecido nombres otrora pujantes, como los de Herman Escarrá y Juan Fernández—ya no registran en sus pantallas a Petkoff, a pesar de su longeva exposición pública. Tal vez tal cosa se deba a que sus pertinentes análisis se detienen en el borde de las soluciones sin exhibirlas. Hace nada le contestó a César Miguel Rondón, que buscaba precisarlo sobre el punto más allá de la declaración de opositor a Chávez: «¿Tú lo que quieres es que me coja el toro?» Uno barrunta la siguiente implicación: Petkoff sí sabe cuál es «la solución», pero cree que ella no debe ventilarse en público.
En una órbita totalmente diferente debe ser colocado, si es que tal cosa existe, el presunto proyecto de una candidatura del empresario Gustavo Cisneros Rendiles. La ingente cantidad de recursos financieros y comunicacionales que podría colocar en juego, su innegable condición de jugador de grandes ligas, su transnacionalidad, su familiaridad con importantes jugadores de peso internacional, no son cosas que puedan cargarse en un carrito desprovisto de fuerza motriz, impulsado sólo por sus piernas y la inercia que una cuesta en bajada convertiría en energía cinética. Si Chávez maneja un potentísimo Ferrari, Cisneros conduce un no menos potente Williams. Pero como todo esto es especulación—no hay nada oficial por parte de Cisneros—no es posible hacer evaluaciones medianamente serias acerca de sus pretendidas intenciones, así como tampoco cabe adelantarlas respecto de Marcel Granier, de quien también se dice pretende competir y que, sobre todo, tiene por ahí una «tesis», la tesis, que estaría exponiendo en círculos bastante discretos y cerrados.
En fin, trayectorias planificadas para su recorrido en carriles separados, paralelos, que no se tocan.
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Segunda parábola: María Corina Machado debe conocer por relación de sus padres, que estuvieron entre los fundadores, la historia del surgimiento del Grupo Santa Lucía, un importante espacio de encuentro de miembros de élites venezolanas. Cuando celebró su primera reunión en 1977, en la isla caribeña de la que tomó su nombre, no existía la intención de perpetuarlo. El entusiasmo generado por la exitosa experiencia natal llevó a la periodicidad de sus reuniones.
El Grupo Santa Lucía es, como ha quedado dicho, la sesión de una muestra de élites venezolanas que en lenguaje oficialista serían caracterizadas como mayoritariamente «cuartorrepublicanas» o «escuálidas». Empresarios importantes, políticos, académicos, militares, fueron inicialmente seleccionados porque ya eran decisores clave en Venezuela o porque estarían a punto de serlo. A lo largo de los años han celebrado muy serios eventos de análisis, auxiliados con el aporte de expertos extranjeros o nacionales sobre problemas o tendencias vigentes.
Más allá de esto, ciertas condiciones formales en el diseño del grupo han garantizado su eficacia como organizador de consensos dirigenciales. Entre ésas destacan el que de preferencia se reúne fuera de Venezuela y el que no permite la observación de periodistas.
Que se procure reunirse fuera del país obedece a una sola intención: asegurar el sosiego proclive al análisis, que sería impedido en nuestro territorio por el acoso de secretarias y celulares, con la tentación de ausentarse «por un rato» para atender «asuntos urgentes» si se delibera en sitio demasiado cercano a las oficinas de los asistentes.
Que se proscriba la asistencia de periodistas en tanto tales busca relajar las aprensiones, los pescueceos, los pantalleos y las disensiones rituales que aquejan sobre todo a los políticos de oficio y que parecen hacerse ineludibles en cuanto anda cerca un micrófono o una cámara. De allí que funcionase muy bien un ambiente de discreción, en el que un adeco y un copeyano pudieran expresar acuerdos fundamentales sin que por eso se les tuviera como contemporizadores a la vista de la opinión pública. Sin la presencia de periodistas era posible integrarles a consensos. En público se hubieran visto fatalmente impelidos a disentir.
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Para tratar el proliferado paralelismo de las iniciativas reseñadas en la parábola anterior, las reglas del Grupo Santa Lucía pudieran convenir grandemente. Debe reconocerse que todas tienen su base, su mérito, su verdad. Algunos protagonistas, corredores de la YMCA, son héroes de cuño reciente pero admirable, otros creen que su excelencia ejecutiva y su valor les legitima de algún modo, o su intransigencia ante el régimen actuante, la prolijidad y dedicación de sus esfuerzos. No hay duda de que entre todos componen una experiencia política o social de magnitud nada despreciable y que, si estuvieran compactados en una sola asociación, pudiera esperarse de tal conjunto un desempeño más poderoso.
Petkoff ha apuntado atinadamente que, si bien el foco debe estar puesto en 2006, hay dos etapas previas que cumplir: las elecciones de munícipes y las de asambleístas. También señala que las probabilidades de presentar una oposición razonable a Chávez en 2006— «retar a la actual hegemonía», para emplear terminología de Smith Perera—quedarían muy disminuidas si las elecciones intermedias resultaren en la previsible caída y mesa limpia a favor del gobierno. Todo el ventajismo gubernamental, todo su estilo de jugador sucio, cada vez más refinado y aprendido, con «morochas» y con «kinos», pudiera conformar una próxima Asamblea Nacional, por ejemplo, tan desequilibrada como lo estuvo la Asamblea Constituyente de 1999, en la que sólo cuatro diputados de oposición disentían—más o menos—de la abrumación oficialista de la época. Eso es una cabeza de estratega funcionando.
Pero ¿qué pudiera pasar si pudiera ejercerse suficiente exigencia sobre los protagonistas del evento YMCA para que, antes de lanzarse por la bajada, consintieran en reunirse con el único propósito, ya no de estructurar un insostenible «movimiento de movimientos», sino de arribar a morochas y kinos unitarios del lado contrario al del gobierno? ¿Si pudieran entender, en un cónclave discreto, protegido de cámaras y micrófonos, tal vez en Aruba o Antigua, que antes que sus legítimas carreras individuales por el poder máximo hayan adquirido dinámicas irreversibles es preciso enseriar el asunto de las dos elecciones de 2005? No se les exigiría un acuerdo para las presidenciales, tan sólo que cooperen todos hacia una unificación de la oferta electoral de este año crucial.
¿Quiénes pudieran conformar presión suficiente para asegurar la nueva convergencia de tan tenaces paralelas? Básicamente, los factores que asignan recursos financieros y espacio comunicacional, grupos que impactan a los líderes—como ciertas peñas influyentes, como ciertas iniciativas reeditables (la vieja idea de Pablo Moser sobre la búsqueda de un «estadista con moto propia», tal como los cazatalentos buscan gerentes), como ciertas ONG’s con peso, como otras instituciones de propósito no político. Si estas organizaciones e instancias, si sus líderes, no piensan competir, entonces pueden exigir la conducta descrita a los pilotos en competencia, y facilitar lo conducente a la realización, en condiciones de Santa Lucía y con la logística requerida, de este concilio de unidad. Ya una vez, cuando la caída de Pérez Jiménez había terminado por considerarse inevitable, pudieron tres grandes líderes—Betancourt, Caldera, Villalba—acordarse en Nueva York, protegidos de la inquisitoria reporteril y las demandas de sus propias militancias.
Reunamos, pues, en monasterio inaccesible a Petkoff, a Machado, a Smith, a Jiménez, a Fernández, a Ramos Allup, a Borges, a Esculpi, a Álvarez, a Cisneros, a Granier, etcétera. Apoyémosles con el juicio de brujos y de expertos: Keller, Gil, Bottome, gente así. Secuestrémoslos como cardenales hasta que puedan salir con el acuerdo operativo que la hora requiere.
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Tercera parábola: en el hotel El Parque, colindante con el parque Rodó, en un agosto lluvioso de Montevideo, se reunía en 1962 el Congreso Mundial de Pax Romana, la organización cupular que federaba la pareja del Movimiento Internacional de Intelectuales Católicos (los mayores) y el Movimiento Internacional de Estudiantes Católicos (los jóvenes).
En un evento que contó con la presencia de gigantes como Eduardo Frei Montalva, el hasta los momentos líder del movimiento de estudiantes, un lituano que respondía al nombre de Peter Vygantas, resultó elegido Presidente de Pax Romana.
Vygantas optó por imprimir carácter pedagógico a su discurso inaugural como presidente de la organización dual, y básicamente explicó que Pax Romana era cuatro cosas a la vez, cada una de las cuales había surgido de la anterior, en secuencia histórica a partir de la cosa primigenia.
Pax Romana era y había sido, en un comienzo, una idea. Una idea con sentido, convincente, estimulante. La fuerza de la idea era tal que su difusión y comunicación hicieron que apareciera un movimiento, la coalescencia de conciencias diversas sobre el propósito de materializar la idea primaria. Pero este movimiento, para ser eficaz, debió proveerse una organización, y así se estableció para mantener el movimiento inmune a las fuerzas centrípetas de la insatisfacción y la entropía. Finalmente, esta organización produjo un servicio, que llegaba a los militantes del movimiento. Estas cuatro cosas eran, afirmó, Pax Romana.
Desde luego, no dejó de advertir que el servicio debía ser mantenido y prestado a toda costa, pues sin él el movimiento se desencantaría y desagregaría, con lo que su prole, la organización, moriría, y con estos decesos la misma idea procedería a fallecer.
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No hay duda de que entre los corredores de nuestra carrera YMCA de 2006—los pretendientes al título de contendor o retador democrático de Hugo Chávez—hay gente que sabe de organización. Descuellan entre éstos Roberto Smith, con un impresionante aunque no muy extenso (por su juventud) historial de éxito ejecutivo, y María Corina Machado, pues el logro de Súmate desde 2002 es verdaderamente destacado. En esta misma publicación se asomó su nombre como muy atractiva opción para la Vicepresidencia Ejecutiva de la República, al elogiar su elevación política, expresada en gestos como el de ofrecer los servicios de Súmate al Comando Ayacucho. No hay duda de que entre los operadores políticos de aquel conjunto hay quienes saben arrear movimientos en marchas y manifestaciones de toda índole. Y si se suman a esa trouppe líderes provenientes de ONG’s, también se encontrarían en el grupo actores acostumbrados a la prestación de servicios. Pero ¿hay allí la capacidad para generar la idea? A fin de cuentas, en el esquema de Vygantas nada existe sin la idea. Es la idea la que produce el movimiento, que establece la organización, que presta el servicio.
¿Dónde buscar las ideas? Pues en las cabezas de la gente que se ocupa de producirlas. Parece una verdad de Perogrullo, pero en lo tocante al papel político de las mujeres y hombres de pensamiento gravita un prejuicio de raíces anchas y profundas. Argenis Martínez resumió la cosa así en El Nacional para la campaña de 1998: «La característica general de la política venezolana hasta ahora es que si usted está mejor preparado en el campo de las ideas, es más inteligente a la hora de buscar soluciones y tiene las ideas claras sobre lo que hay que hacer para sacar adelante el país, entonces usted ya perdió las elecciones».
La situación política nacional no es rutinaria, no es normal. Sería verdaderamente difícil que aun los mejores actores políticos de tipo convencional—curtidos operadores políticos, organizadores excelsos, avezados cultores de la Realpolitik, gente poderosa, servidores altruistas—puedan resolverla.
Es prescripción responsable de esta publicación que se busque ese liderazgo primario y pinacular en dirección distinta de la convencional. Y acá viene al caso rescatar una impresión escrita, hace veinte años, en febrero de 1985: «Serán, precisamente, actores nuevos. Exhibirán otras conductas y serán incongruentes con las imágenes que nos hemos acostumbrado a entender como pertenecientes de modo natural a los políticos. Por esto tomará un tiempo aceptar que son los actores políticos adecuados, los que tienen la competencia necesaria, pues, como ha sido dicho, nuestro problema es que los hombres aceptables ya no son competentes mientras los hombres competentes no son aceptables todavía».
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Mar 15, 2005 | Fichas, Política |

LEA, por favor
Dos particulares documentos marcaron el inicio de la dominación de Hugo Chávez Frías en 1999. Uno fue la famosa carta al autóctono terrorista Ramírez Sánchez (El Chacal); el otro la aparentemente incomprensible carta a la Corte Suprema de Justicia, que concluyó «bolivarianamente» con la siguiente y tajante afirmación: «Inmerso en un peligroso escenario de Causas Generales que dominan el planeta (Montesquieu; Darwin), debo confirmar ante la Honorabilísima Corte Suprema de Justicia el Principio de la exclusividad presidencial en la conducción del Estado». Toda una profecía de autocracia.
La alusión a Darwin estuvo precedida por una a Friedrich Ratzel, autor de la teoría geopolítica del «espacio vital» (Lebensraum) de las naciones, a la que eventualmente denominaría un «darwinismo social». (Las ideas de Ratzel fueron empleadas, en su momento, como coartada teórica de Hitler en su parábola expansionista). Chávez, por tanto, explicó muy temprano que a su criterio el asunto político es cuestión de predominio del más fuerte en una lucha por la supervivencia.
En cambio, la referencia a Montesquieu—a quien por ese entonces el presidente venezolano llamaba «Montesquiú»—es un simétrico cierre de la misiva, que justamente había iniciado con la siguiente oración: «Montesquieu evidenció que las verdades no se hacen sentir sino cuando se observa la cadena de causas que las enlaza con otras…»
Esa barroca y ampulosa carta de Chávez a la Corte Suprema de Justicia fue objeto de burla. Se la tuvo por mero intento de aparecer culto y de este modo adquirir algo de respeto. Se la estimó trasnochada, febrilmente escrita por un alucinado que descargaba su paranoia en horas de madrugada en una soledad de La Casona. La verdad es que, más allá de cumplir tan útiles funciones, fue una advertencia milimétricamente esculpida y una admirable síntesis de su programa. El texto completo estará contenido en la Ficha Semanal #38 de doctorpolítico, prevista para la semana que viene. En esta muy breve ficha #37 se reproduce, en cambio, más o menos la mitad de la sección segunda del Libro VIII de El Espíritu de las Leyes, la obra cimera de Charles Louis de La Brède Secondat, Barón de Montesquieu.
Este libro central de la teoría política moderna fue comenzado por Montesquieu en 1743. A su conclusión, fue editado en Ginebra en 1748, en contra de amistosas advertencias que anticipaban represalias contra su autor. En realidad, en su propio país la obra fue recibida con animosidad tanto por parte de oponentes al régimen absolutista de Luis XV como de sus partidarios. Pero el resto de Europa, especialmente Inglaterra, acogió el impar tratado con grandes elogios, que incluso llegó a manifestarse en un aumento de la importación inglesa de los vinos de La Brède. El mismo Montesquieu, ya tenido por fino wit desde la publicación de sus «Cartas Persas», comentó divertidamente: «El éxito de mi libro en ese país contribuyó al éxito de mi vino, aun cuando creo que el éxito de mi vino ha hecho aún más por el éxito de mi libro».
El fragmento escogido para esta edición corresponde al tema «De la Corrupción de los Principios de la Democracia».
LEA
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Democracia corrupta
En el Banquete de Jenofonte se encuentra una muy vívida descripción de una república en la que el pueblo ha abusado de su igualdad. Cada huésped ofrece a su vez la razón de su satisfacción. «Estoy contento», dice Cámides, «a causa de mi pobreza. Cuando era rico, estaba obligado a hacer la corte a los delatores, pues sabía más probable que me dañaran que ser capaz de dañarles a ellos. Constantemente la república me exigía un nuevo impuesto; y yo no podía excusarme de pagarlo. Desde que me he hecho pobre, he adquirido autoridad; nadie me amenaza; más bien amenazo yo a otros. Puedo ir o quedarme donde quiero. Ya los ricos se yerguen de sus asientos y me ceden el paso. Soy un rey, antes era un esclavo: yo pagaba impuestos a la república, ahora ella me mantiene: ya no tengo temor de perder: en cambio tengo la esperanza de adquirir».
El pueblo cae en este infortunio cuando aquellos en quienes confió, deseosos de esconder su propia corrupción, buscan corromperlo. Para disimular su propia ambición, sólo le hablarán de la grandeza del estado; para esconder su propia avaricia, adularán incesantemente la del pueblo.
La corrupción aumentará entre los corruptores, y también entre los que ya han sido corrompidos. El pueblo se repartirá los dineros públicos y, habiendo añadido la administración de los asuntos a su indolencia, se pronunciará por la mezcla de su pobreza con las diversiones del lujo. Pero con su indolencia y su lujo, no otra cosa que todo el tesoro público podrá satisfacer sus exigencias.
No deberemos sorprendernos de ver sus sufragios entregados por dinero. Es imposible extender grandes liberalidades al pueblo sin al mismo tiempo causarle grandes exacciones: y para abarcar esto el estado debe ser subvertido. Mientras mayores sean las ventajas que parezca derivar de su libertad, más estrechamente se acercará al crítico momento de perderla. Insolentes tiranos se alzarán con todos los vicios de un tirano único. Los pequeños restos de libertad pronto se harán insoportables; un único tirano emergerá, y el pueblo será despojado de todo, incluso de los beneficios de su corrupción.
La democracia, por tanto, tiene dos excesos a evitar—el espíritu de la desigualdad, que conduce a la aristocracia o a la monarquía, y el espíritu de la igualdad extremada, que conduce al poder despótico, este último coronado por la conquista.
Charles Louis de La Brède Secondat, Barón de Montesquieu
por Luis Enrique Alcalá | Mar 10, 2005 | Cartas, Política |

El lunes 28 de febrero pasado el diario El Tiempo (Puerto La Cruz) publicaba dos avisos a página completa de autorías y significados contrapuestos, aunque ambos se referían exactamente al mismo acontecimiento. El primero, a todo color, apareció en la impar página 3, justo al voltear la página de portada. El otro, en más modestos blanco y negro, contestaba al primero al pasar la página, en la número cinco que le seguía.
El primero de los avisos fue sufragado por la Gobernación del Estado Anzoátegui, en gasto autorizado por el poeta (?) y gobernador Tarek William Saab. Su titular gritaba en mayúsculas cerradas: «La verdad es ésta: 100 días de dignidad». El segundo ripostaba frontalmente:»100 días sin dignidad».
El desusado debate publicitario había sido causado por un tráfico virtual: las direcciones electrónicas de nacionales venezolanos—así como de más de uno en el exterior—se cansaron de recibir mensajes con una reproducción fotográfica de otro aviso anterior, también pagado con dinero de la Gobernación de Anzoátegui, a la que se había sobreimpuesto una red de círculos y líneas que identificaban y conectaban personajes repetidos. Esto es, que la fotografía que sirvió para construir un aviso anterior, del lunes 21 de febrero de 2005, era en realidad un montaje en el que se repetían las figuras de unas cuantas personas, asistentes a un mitin del burdo bardo enviado por Hugo Chávez a gobernar el gran estado oriental. Esto es, que se trataba de una incompetente y desvergonzada manipulación, la que no tenía otro propósito que causar la impresión de que Saab—nombre que en este caso no tiene nada que ver con aeroplanos o automóviles suecos—tiene más partidarios de los que le siguen en realidad.
Tanto fue el efecto deletéreo que causara la afanada distribución electrónica de la evidencia de esa patraña sobre la credibilidad de su persona política, que Saab se sintió en la obligación de insertar el aviso del día 28, esta vez organizado en tres paneles que mostraban aspectos distintos de la concentración celebrada el 19, con la esperanza de demostrar que sí le habían escuchado, o por lo menos aparentaron hacerlo, unas diez mil personas.
De nada le valió. El abogado Luis Edgardo Mata, que asumió la responsabilidad del aviso que confrontaba la mentira—publicó su número de cédula, su número de registro en el Instituto de Previsión del Abogado y hasta el número de su teléfono celular—declaró a vuelta de hoja: «Asumiendo responsablemente la defensa de mis derechos y el de millón y medio de anzoatiguenses, conforme lo establece el Art. 26 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, he solicitado al Ministerio Público, que investigue el uso irregular de fondos públicos para promocionar el supuesto liderazgo del ‘Por ahora’ Gobernador del estado, empleando publicidad adulterada y fraudulenta». En el encabezado de su letal contraposición aseguraba que el despacho regional había gastado el 21 de febrero 60 millones de bolívares en publicidad a la que calificó de engañosa, luego de advertir que en la foto insertada por los publicistas de Saab, había no menos de 40 personas repetidas.
De nada le valió a Saab la autodefensa que de por sí revelaba su debilidad; de nada le valió que su nuevo aviso saliera en colores y seguramente en más diarios. Era patente el embuste que coronaba la obscena, inmodesta, inexacta y cursi proclamación de su «dignidad».
Por supuesto, no es el bardo AA (no en términos financieros sino de béisbol) el inventor de tan indecente práctica. Con el desarrollo de la democracia en Venezuela, la mercadotecnia política incluyó crecientemente avisos «oficiales» en los que destacaba más la persona del gobernante, su propia promoción personal, que la información de una gestión a través de un despacho. Recuerdo claramente una valla publicitaria de grandes dimensiones, colocada en las cercanías del Hospital Domingo Luciani de El Llanito, en la que se aconsejaba, sobre la foto de unos zapatos deportivos sueltos, no perder la vida por tratar de preservarlos—creo que todos recordamos cómo la mísera delincuencia caraqueña cobró vidas numerosas por apoderarse de un par de zapatos informales «de marca»—y que el aviso venía firmado así: «Enrique Mendoza. Gobernador». Siempre creí, aunque pudiera estar equivocado, que el ex gobernador Mendoza no sufragó esa valla, que por largos meses dominó la vista del transeúnte de la zona, con sus propios recursos financieros.
Pero este gobierno de Chávez ha exacerbado la malversación a este respecto hasta límites desconocidos por el descaro de funcionarios anteriores. En mimética imitación de su líder máximo, que ha llevado el asunto hasta el culto a la personalidad típico de dictadores y personalidades políticamente ególatras—aquella estatua ecuestre de Carlos Andrés Pérez en su pueblo natal de Rubio, por caso—los funcionarios subalternos han reflejado—a sus modestas escalas, por supuesto—la glorificación propagandística de sus nada augustas personas. Así, por ejemplo, Isaías Rodríguez publicó y distribuyó, poco después de que dejase la Vicepresidencia Ejecutiva de la República para encargarse de su Fiscalía General, un lujoso y persuasivo folleto descriptivo de las actividades de su nuevo despacho, ilustrado con fotos de algunos de sus subalternos principales, sólo que en tamaño muy marcadamente menor al de su propia y destacada efigie. Así, para mencionar otra instancia, los empleados del Municipio Sucre del Estado Miranda visten franelas rojas que sólo indican atrás: «José Vicente: Alcalde». Esto para no hablar del «Aló Presidente» o el ya olvidado, ineficaz y dilapidador «Correo del Presidente», que fuera el primer proyecto que Juan Barreto desbarrancara para su ídolo y jefe.
Es decir, los dineros de la Nación y de sus componentes estatales, municipales y funcionales, se emplean con desvergüenza deslavada en el «posicionamiento» de los comisarios más notables del «socialismo del siglo XXI».
Repito, no se trata de un fenómeno cualitativamente novedoso. (¿O es que no recordamos el 800-IRENE?) Lo que ocurre es que las más atávicas lacras de la previa práctica política han hecho eclosión con el sistema chavista, y desde el foco original de la tumoración de Miraflores surgen metástasis que reproducen en pequeño, regadas por donde haya llegado el dinero de la dominación, la egolatría del Presidente.
Compárese esta «ética» con lo sostenido por Christopher Hodgkinson en su libro The Philosophy of Leadership: «El actor no debe atarse afectivamente al resultado sino al proceso… El compromiso es con la obra misma; con la carrera y no con el premio; con la batalla y no con la victoria. El trabajo se vuelve en este sentido intrínsecamente honorable y satisfactorio a través de un proceso de compromiso moral y comprensión
La indiferencia debe entenderse acá, naturalmente, en un sentido especial. No es que al líder no le importe. Al líder le importan y tienen que importarle los resultados, especialmente aquellos resultados humanos y organizacionales en los que tiene responsabilidad plena o parcial. A lo que, en razón del honor, debe ser indiferente es a los resultados de las acciones en tanto le afecten personalmente. Suponiendo que su curso de acción sea correcto, que ha descubierto cuál es su deber y cumplido con él, lo que es entonces un asunto de indiferencia, de despreocupación, es su propio éxito o fracaso. Ése es el ideal. Su propio ego debe dejar de importar, tiene que ser eliminado de la ecuación de las variables organizacionales. Tiene que ser trascendido. Y aunque esto pueda parecer escandalosamente idealista, esa praxis es también posible».
Claro que la comparación es injusta. Todavía Saab debe recorrer mucho camino moral para apreciar completamente lo que Hodgkinson preconiza. Tal vez por eso mide «su dignidad» en días. Quizás cuando era niño los mandados que haya podido hacer en bodegas de su infancia le hicieran concebir una que otra metáfora primitiva, en las que su incipiente vocación de poetastro le haya hecho imaginar que la dignidad podía adquirirse, como ahora la computa en días, por kilos o por litros o por metros. «Déme usted un metro de dignidad», habrá escrito al comienzo de horribles versos hoy afortunadamente perdidos, en algún cuaderno de escolar.
A lo mejor se siente hoy, sin embargo, orgulloso de resonancias allende nuestras fronteras. En el segundo país que Bolívar fundara y el único que Sucre presidiera, Evo Morales ha anunciado, en estúpida e irresponsable respuesta al póquer inmaculado de Carlos Mesa, que formará una coalición o alianza «de la dignidad» para seguir protestando luego de que la Bolivia inteligente desautorizara su inmoral juego. Definitivamente, los mochos se juntan para rascarse.
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por Luis Enrique Alcalá | Mar 8, 2005 | Fichas, Política |

LEA, por favor
En esta ocasión la Ficha Semanal #36 de doctorpolítico es una inmodesta autocita. Se trata de la reproducción de artículo que me solicitara la revista Zeta, escrito el 25 de abril de 2001, a raíz de la participación de Hugo Chávez en la cumbre presidencial «de las Américas», celebrada ese año en Québec, Canadá.
En tal ocasión Chávez quería que se insertara, en el documento de la declaración final del evento, una frase favorable a la idea de «democracia participativa», petición que fue desatendida por los restantes presidentes y comentada muy negativamente en Venezuela como impertinente.
Es entonces cuando desempolvo, para el artículo solicitado por Rafael Poleo, el ejemplar que poseía—lo he prestado o regalado sin recordar a quién—del libro Megatendencias (en su edición de 1984), cuyo autor, John Naisbitt, lo escribió en 1982.
Naisbitt había adoptado un método para otear el futuro, el que consistía en un análisis de contenido en centenares de periódicos locales de los Estados Unidos, con la idea de detectar la incipiente formación de patrones generales que se convertirían en tendencias abiertas al porvenir. Entre las grandes o «megatendencias» que postulaba se encontraban el cambio de jerarquías a redes, de la centralización a la descentralización, de Norte a Sur y, también de la democracia representativa a la participativa.
En octubre de 1999, poco antes de la aprobación en referendo de la nueva Constitución venezolana, Michael Lindemann opinaba sobre esta última «megatendencia» (en el artículo Megatrends: Then and Now): «De manera similar, la optimista predicción de Naisbitt de una tendencia hacia la democracia participativa (se refería a los Estados Unidos, pero sus observaciones tenían más amplia aplicación) se ha quedado muy corta. No era que Naisbitt estuviese solo en su observación de que un computador en cada hogar (lo que, en 1982, era aún un prospecto distante) ofrece la posibilidad de referendos públicos directos sobre cada asunto socialmente importante, incluyendo nueva legislación y la elección de funcionarios públicos. Pero, aunque esta posibilidad existe, no ha habido ningún movimiento significativo en esta dirección desde 1982, y no hay ninguna indicación de que un desarrollo tal esté emergiendo».
A casi seis años de la evaluación de Lindemann, pareciera que su crítica a Naisbitt hubiera perdido fundamento, si se toma en cuenta la mayor frecuencia de referendos en los Estados Unidos, principalmente en California, donde un referendo revocatorio abrió las puertas para que Conan el Bárbaro, Arnold Schwarzenegger, se convirtiera en gobernador de ese estado.
LEA
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El Llanero Solitario en Québec
«La democracia participativa está revolucionando la política local en América y borbotea hacia arriba para cambiar también la dirección del gobierno nacional. Los años 70 marcaron el comienzo de la era participativa en política, con un crecimiento sin precedentes en el empleo de iniciativas y referenda… Políticamente, estamos en un proceso de desplazamiento masivo de una democracia representativa a una democracia participativa… El hecho es que hemos superado la utilidad histórica de la democracia representativa y todos sentimos intuitivamente que es obsoleta… Esta muerte de la democracia representativa también significa el fin del sistema de partidos tradicionales».
El texto precedente no es de Hugo Chávez Frías. Tampoco lo es de ningún ideólogo del Movimiento Quinta República o de algún ministro del gobierno venezolano actual. Las palabras citadas han sido extraídas de la edición de 1984 del libro Megatendencias, bestseller de un gurú de la futurología, consentido de los gerentes de la globalización, y muy exitoso y próspero vendedor de libros, cursos y conferencias: el muy norteamericano y estadounidense John Naisbitt, el que, por cierto, no ha dejado de venir al país invitado por organizaciones empresariales locales. Más aún, el país al que Naisbitt se está refiriendo con ese usurpado cognomento de «América», es nada menos que su propio país, los Estados Unidos.
Pero basta que al llanero Chávez se le ocurra solicitar que la Declaración de Québec vaya más allá de la consabida frase laudatoria de la democracia representativa, y que ninguno de los mandatarios asistentes a esa reciente Cumbre de las Américas le acompañara, para que un buen número de analistas cope los espacios nacionales de opinión para declararlo solitario y asegurar que con tal actitud Venezuela queda aislada en el concierto de las naciones del continente.
El pez muere por…
Chávez tiene, entre muchos, un problema constante: el del prejuicio en su contra que ha logrado construir él mismo diligentemente, gracias a sus reiteradas manifestaciones de malacrianza y agresividad. Es un problema que me complaceré en denominar el «efecto Radhakrishnan». Resulta que por allá por los fines de los cincuenta o comienzos de los sesenta, el autor hindú Sri Radhakrishnan escribía un librito titulado Kalki o el futuro de la civilización, en el que hacía un análisis comparado de los valores occidentales y orientales, para predecir, al final, una fusión de ambas culturas en el largo plazo.
Cuando hacía el análisis de los valores de la civilización occidental, nuestro hindú tomó el caso de las famosas convenciones de Ginebra que regulan el uso lícito de armas en la guerra, para destacar que era muy bien visto despaturrar el cráneo de un enemigo con una granada o ametralladora, así como arrasar un poblado con el empleo de bombas incendiarias. En cambio es visto como del todo incivil y grosero, como diría Carreño, proceder a la exterminación de combatientes mediante un bombardeo con gases venenosos. El comentario de Radhakrishnan a esta sutil distinción fue el siguiente: «Eso equivale a criticar al lobo, no porque se coma al cordero, sino porque se lo come sin cubiertos».
Si uno se pone a ver, la frase «constitución moribunda», que tanto nos alarmó por lo inoportuna e irrespetuosa que fue en boca de Chávez en el solemne acto de su primera toma de posesión, es menos radical que la de «muerte de la democracia representativa», que Naisbitt emitiera, con el aplauso de sus muchos admiradores, hace ya diecisiete años.
Chávez, pues, no come con cubiertos. Ya es tiempo de que nos percatemos de ese extraño fenómeno y aprendamos a descontarlo del contenido mismo de sus aseveraciones.
Tomemos por caso el siguiente texto: «El régimen latifundista es contrario al interés social. La ley dispondrá lo conducente a su eliminación, y establecerá normas encaminadas a dotar de tierra a los campesinos y trabajadores rurales que carezcan de ella, así como a proveerlos de los medios necesarios para hacerla producir». Parece un postulado programático de la «Quinta República», ¿no es así? Pues no, el entrecomillado contiene íntegramente la redacción del Artículo 105 de la Constitución de 1961, la constitución de Betancourt y Caldera, la moribunda muerta, por decirlo así.
Ah, pero si Chávez la emprende contra el latifundio, el aderezo que él le pone de temblores de oligarcas y otras yerbas, produce una ensalada intragable para quienes ahora le vislumbran como el Llanero Solitario de Québec. Acá hay, por supuesto, una lección para Chávez: que su eficacia política se ve reducida por su irresistible concupiscencia verbal. Debe aprender, por tanto y si le es posible, que la función presidencial no se identifica con la esencia de una sustancia irritante, so pena de aislarse por aquello de los cubiertos. ¿Podrá María Isabel, con la excusa de enseñar a Rosa Inés el arte del buen comer, instruir a Chávez en el uso del cuchillo y el tenedor?
Chávez el moderno
Volviendo al fondo del asunto, Chávez tiene razón. O por lo menos, Naisbitt sostendría que la tiene. Oigámoslo de nuevo, refiriéndose, igualmente, a la patria de Mr. Bush: «Hemos creado un sistema representativo hace doscientos años, cuando ésa era la manera práctica de organizar una democracia. La participación ciudadana directa simplemente no era factible… Pero sobrevino la revolución en las comunicaciones y con ella un electorado extremadamente bien educado. Hoy en día, con una información compartida instantáneamente, sabemos tanto acerca de lo que está pasando como nuestros representantes y lo sabemos tan rápidamente como ellos».
Las ideas de Naisbitt no dejan lugar a equívocos, y vale la pena recordar que fueron escritas bastante antes de la explosión de posibilidades abiertas por la Internet, que durante la última década ha comenzado la construcción, cada vez más acelerada, de la mente del mundo.
No es timbre de ningún orgullo para Fox, para Pastrana, para Cardoso o para Bush, el haber rechazado la sugerencia chavecista de incluir en la redacción de Québec, el corazón mismo del separatismo canadiense, el concepto de democracia participativa como meta deseable para los pueblos de América. Chávez, que tanto tiene de trasnochado y anacrónico, esta vez se les fue por delante. En este caso los reaccionarios son ellos, los atrasados son ellos; el futurista es Chávez, el correcto es Chávez.
Y es que la muy moderna teoría de los sistemas complejos, y su hermana la teoría del caos, ofrecen ahora el más sólido de los fundamentos a la bondad de una democracia participativa. No creo que Hugo Chávez tenga ideas claras acerca de tales exquisiteces teóricas, pero lo cierto es que los sistemas complejos, tales como los de una sociedad complejamente entrelazada por múltiples y constantes nexos de comunicación, exhiben «propiedades emergentes», comportamientos que son indeducibles de la calidad de sus componentes. Esto es, que aunque en una población dada, muchos de sus componentes no estén bien educados, el conjunto será capaz de rendir decisiones eficaces. Esto por lo que respecta a quienes creen que su voto personal contiene mayor calidad que el de la mayoría de sus compatriotas.
Claro que el problema de fondo, más allá de este análisis un tanto teórico, es que no es lo mismo una institución o un sistema en manos de Antonio José de Sucre, pongamos por caso, que de Hugo Chávez Frías. La democracia participativa no es lo mismo en manos de Roosevelt que de Hitler o Mussolini.
En más de una ocasión Chávez ha demostrado que piensa en los ciudadanos como si fuesen tropa. Llegado del Norte se le ha ocurrido ahora—apuesto a que lo inventó cinco minutos antes de decirlo—que el MBR 200 debe ser reeditado, para resolver el problema de un Movimiento Quinta República que pareciera haberlo defraudado. (Cada vez hay menos «chusma» en los sucesivos actos del circo chavecista, y a alguien hay que echarle la culpa). Al hacer el anuncio expuso que lo que pasa es que al pueblo hay que «ideologizarlo». Es decir, manipularlo. El problema con Chávez es que él no se entiende para servir al pueblo. Él entiende al pueblo puesto al servicio de sus objetivos de perpetuación. Para que participe democráticamente en su proyecto bonapartoide.
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por Luis Enrique Alcalá | Mar 7, 2005 | Cartas, Política |

Definitivamente, no es hora de derechas en América del Sur. Una gravísima situación política se ha suscitado en Bolivia con las últimas ejecutorias de los agitadores del Movimiento al Socialismo, partido dirigido por el diputado y líder cocalero Evo Morales, uno de los buenos amigos de Hugo Chávez. Varias carreteras troncales han quedado interrumpidas por centenares de palos y piedras y la propia ciudad de La Paz ha quedado aislada. Negándose a provocar derramamientos de sangre—seguramente buscado por sus opositores—con el envío de la fuerza pública para desbloquear las vías, el presidente Carlos Mesa anunció anoche su dimisión e indicó que en horas tempranas de hoy lunes la oficializará ante el Congreso.
Mesa explicó su disposición en transmisión especial por las emisoras de radio y televisión, en discurso que fue asimismo un ataque frontal contra la irresponsable oposición que lidera Morales. Después de señalar que no continuaría gobernando «en función de las locuras que me plantee cualquier sector», el presidente renunciante increpó así a su oponente: «Evo Morales, con quien he hablado muchas veces y le he explicado detalladamente esta realidad, tiene mucha facilidad para salir a bloquear Bolivia, porque eso es muy cómodo. Honorable Evo Morales, es muy cómodo bloquear Bolivia, es muy fácil bloquear Bolivia. Venga usted a gobernar y verá lo que es la administración, la responsabilidad de un hombre de Estado. Usted, honorable Evo Morales, es el jefe de la oposición, ya no puede permitirse el lujo de salir a las calles como un dirigente sindical».
Al explicar su determinación Mesa indicó: «»No estoy dispuesto a matar y le debo decir algo bien clarito: no voy a poner a las Fuerzas Armadas, ni a la Policía a desbloquear».
Al cierre de la ruta principal entre Cochabamba y Santa Cruz, iniciado hace una semana, se ha interrumpido la comunicación carretera entre el oriente y el occidente del país. También han sido puestos bajo sitio algunos de los campos petroleros bolivianos, en especial los operados por la empresa Chaco, subsidiaria de British Petroleum. A esto se suma otra interrupción, en este caso en la población de El Alto, cercana a La Paz, impidiendo el cruce de pasajeros y carga desde la capital al resto del país y hacia los vecinos Perú y Chile. Para el día de hoy Morales había anunciado otro bloqueo en el departamento de Cochabamba.
¿Cuál es la justificación esgrimida por el MAS boliviano para asfixiar a sus conciudadanos? En el caso de El Alto el pretexto blandido por un grupo distinto al de los cocaleros—dirigentes vecinales—es la exigencia de expulsión de la compañía francesa Suez, empresa que administra el servicio de agua al pueblo en cuestión y también a La Paz, en protesta iniciada el miércoles pasado por las tarifas cobradas por el suministro. En cambio, el movimiento más amplio de los cocaleros se presenta como exigencia al Congreso, para que apruebe la proposición del MAS de incluir en la nueva ley de hidrocarburos un impuesto de regalías de 50% a las compañías petroleras foráneas.
Esta propuesta había sido ya discutida y rechazada en el parlamento de La Paz, y en su lugar se había mantenido la tasa de 18%, pero añadido un nuevo impuesto de 32% a la producción de hidrocarburos. Comoquiera que Evo Morales no fue complacido en sus deseos, optó por la siembra del caos, con la técnica del chantajista o el gángster: «Si no me das por las buenas lo que quiero, te lo quitaré por las malas». Podemos suponer que Morales llamará a eso democracia. De hecho, declaró cínicamente a emisoras de radio lo siguiente: «Las comunidades van saliendo a tomar caminos, no porque quiera Evo Morales ni el MAS. sino ya es un sentimiento nacional, un interés nacional, un pensamiento del pueblo, de que la Cámara de Diputados debe aprobar 50 por ciento de regalías para el Estado».
Apartando el efecto político, y la grave disrupción generada por los bloqueos, la incertidumbre causada sobre cuál será finalmente la legislación boliviana respecto de actividades petroleras y de producción de gas—todavía no ha sido discutida en el Senado—descarrila totalmente el esquema de negocios elaborado pacientemente por Bolivia, que esperaba concretar importantes acuerdos en materia gasífera con Perú, Argentina y Brasil.
La situación es incierta. Por una parte, el Congreso podría desestimar la dimisión de Mesa, forzándole así a permanecer en el cargo que asumió hace diecisiete meses y debía entregar en 2007. (En agosto). En cambio, de aceptar el parlamento la renuncia, el encargado de la Presidencia sería el Presidente de su cámara alta, Hormando Vaca Díez.
Por otro lado, no han dejado de producirse manifestaciones a favor de Carlos Mesa. Al conocerse sus intenciones, centenares de paceños se agolparon en la Plaza de Murillo, justo enfrente del palacio de gobierno, así como en la céntrica zona de El Prado. Para hoy varias organizaciones de vecinos convocaron a más amplias manifestaciones de apoyo al exigido presidente.
Pero este movimiento contrario, del que falta conocer la magnitud que asumirá y cuán popular sería, se produciría dentro de una ciudad asediada, prácticamente paralítica, bloqueada en sus comunicaciones habituales. Si Morales se sale con la suya, es muy difícil imaginar que pueda impedírsele la toma del poder, con lo que un violento demagogo—éste sí de estirpe chavista—interrumpiría, tal vez por mucho tiempo, la sensatez y la inteligencia que Carlos Mesa había impreso a los asuntos bolivianos desde que echara sobre sus hombros la responsabilidad de sacar al país de una delicada crisis. Muy mala noticia sería para los bolivianos. Morales no es Tabaré Vásquez. Por esto, lamentablemente, la determinación tomada por Carlos Mesa no es signo de su fortaleza política, menos cuando dijo a Morales en su alocución: «Tenga tranquilidad porque aquí no van a haber muertos bolivianos ni en mi espalda… siéntase cómodo y bloquee».
Como para demostrar que es en realidad un clon de Chávez, Morales había dicho—después de que nuestro mandatario hubiera declarado que el 12 de octubre debía tenerse por el comienzo de un genocidio de cinco siglos, y justo a la asunción de Mesa a la Presidencia de Bolivia—que estaba pensando en demandar por daños y perjuicios de 500 años al gobierno de Aznar en España. En aquel entonces esta carta emitió la siguiente opinión: «Por las primeras declaraciones del nuevo presidente Mesa pudiera pensarse que tal vez Bolivia represente el regreso del péndulo de la barbarie a la civilización. En su primera alocución arrancó los más nutridos aplausos de las bancadas partidistas del congreso boliviano al anunciar que compondría su gabinete prescindiendo de los partidos, con puros independientes. Expuso que su gobierno debiera ser entendido como transición breve, mostrándose dispuesto a convocar elecciones para fecha anterior a la conclusión del período que le toca. Remitió al referendo popular cuestiones de economía del Estado que han dividido a la población. Y no dejó de advertir que el Estado boliviano no puede satisfacer todas las necesidades que la población exprese. Por esto hay que apostar al éxito de Mesa». Es triste registrar que el péndulo de La Paz parece haberse devuelto, como en el fondo hacen todos los péndulos.
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por Luis Enrique Alcalá | Mar 7, 2005 | LEA, Política |

Justamente—¿oportunamente?—al lado de la atribulada Bolivia, en Perú, el vicepresidente venezolano, José Vicente Rangel, concedió una de sus más desafiantes e inconsistentes entrevistas. (Al periodista Ricardo Uceda, del diario El Comercio de Lima). Por supuesto, repitió como urraca parlanchina la novísima teoría de Chávez el Supremo: la nebulosa ideológica del «socialismo del siglo XXI», que ni ellos mismos saben qué es, dado que por propia admisión no saben en qué consiste y dicen que habría que inventarlo.
Pero quiero enfatizar lo de la inconsistencia. En un momento de la retadora interviú, Rangel dice lo siguiente: «Una periodista, que escribe en el diario El Nacional, ahora sometida a proceso, Ibéyise Pacheco, publicó una columna en la que decía: en la sala del Consejo de Ministros la noche tal, se reunieron el presidente Chávez el vicepresidente Rangel, los ministros de Educación, de Trabajo, y varios jefes militares, y acordaron el asesinato de dirigentes políticos. Yo tengo la grabación, decía ella. Bueno, nosotros exigimos al Ministerio Público que presentara la grabación. Es lógico, ¿verdad? Tú entiendes que si a una persona se la acusa de haberse reunido mafiosamente para asesinar a opositores y, además, tiene la grabación, lo mínimo que se puede hacer es presentar esa prueba ante el Ministerio Público».
Para ese instante había aparentemente olvidado que el entrevistador había comenzado por preguntarle sobre el tema del magnicidio contra Chávez, suscitándose el siguiente diálogo:
Hugo Chávez dijo que tiene pruebas de que Estados Unidos lo intenta matar. ¿Cuáles son?
Primero, solicitar pruebas es un sofisma.
Pero han dicho que tienen pruebas. Se supone que, al decirlo…
Las pruebas son materia de seguridad, de inteligencia. No se pueden estar discutiendo.
Pero, si se mostraran, tendría mayor fuerza la denuncia.
Creo que la mayor prueba es el cadáver. Esa es la prueba plena. Preguntémosles por las pruebas a los chilenos, a los salvadoreños, a los guatemaltecos, a los dominicanos.
Etcétera. Ofrezco excusas por no repetir la trillada y pavosísima frase esa de pavos y de salsas, pero es evidente que al igual que con sus particulares guerras, los más altos funcionarios de nuestro gobierno emplean una lógica también asimétrica. (Además de inculta, porque lo que Rangel llama sofisma no tiene nada que ver con lo que esa palabra significa).
Claro, magnánimo, Rangel también declaró en Lima: «Yo quisiera ayudar a construir una oposición. Uno de los problemas de este gobierno es que hemos carecido de una oposición». Esto, después del cinismo de afirmar que ni Isaías Rodríguez, ni Clodosvaldo Russián eran chavistas, sino independientes, como nuestro Poder Judicial, y que Germán Mundaraín no tenía «ninguna afinidad política ni ideológica con el gobierno». Un descaro asqueroso.
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