11 musicales: 1 obertura, 1 marcha, 17 canciones

Efigies de Rossano Brazzi y Mitzi Gaynor en poster original de South Pacific

El género de los musicales es propiamente de ámbito anglosajón. Es menos musical—es más teatro—que una zarzuela, opereta u ópera. El tiempo del parlamento sin música comprende mayor duración que el de los números cantados o bailados y éstos no son meras inserciones incidentales; cada canción y cada danza hacen que la acción avance, son elementos narrativos.

Seguramente la obra de Gilbert & Sullivan en Inglaterra—trece operas cómicas en colaboración—es una de las raíces del género, pero el teatro musical propiamente dicho, o musical, se fecha con la obra The Black Crook (1866), que tuvo por autores tres músicos y un escritor de letras. La obra alcanzó 474 representaciones, lo que para la época señalaba un éxito notable.

Pero el musical es una forma característica del siglo XX, y su apogeo tuvo lugar entre 1940 y la década de los sesenta. Siendo ése su tiempo, no podía no ser influida por el cine. Así, tanta importancia tiene para su desarrollo la música de Cole Porter como el baile de Fred Astaire.

Nombres como el de Porter, George Gershwin, Irving Berlin, Richard Rodgers, se unían al de escritores de calidad, como Nöel Coward, para producir teatro musical. Son, sin embargo, las colaboraciones estables de socios especializados—compositor y lyricist—las que establecen el musical en el gusto de las masas, con obras que inevitablemente pasaron de las tablas al cine. Es, por supuesto, la colaboración más famosa la de Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II—Oklahoma, Carrusel, South Pacific, El rey y yo, Cenicienta, La novicia rebelde—, la más representada y reproducida. En menor medida, la colaboración de Alan Jay Lerner (letras y libreto) y Frederick Loewe (música), produjo éxitos como Brigadoon, Gigi, Camelot, El principito (más bien fracaso) y, naturalmente, la aclamadísima My Fair Lady, obra a la que se tiene como el musical perfecto.

Rodgers & Hammerstein

Lerner & Loewe (der. a izq.)

 

 

 

 

No son los únicos, por cierto. El primer audio acá propuesto es Mein Herr, del musical Cabaret (libreto de Joe Masteroff, música de John Kander  y letras de Fred Ebb). Nadie mejor que la gran Liza Minnelli para cantar el número que ella inmortalizó en el cine:

Liza Minnelli en el rol principal de Cabaret

O podemos escuchar los dos números estelares del lechero Tevye en El violinista sobre el tejado, obra ambientada en la Rusia de 1905, con libreto de Joseph Stein, música de Jerry Bock y letras de Sheldon Harnick. Quien emblemáticamente encarna la figura de aquel personaje no es otro que Chaim Topol, nacido en Israel en 1935, y es él quien aquí canta en sucesión Tradition y If I were a rich man.

Chaim Topol en el papel de Tevye en la película


O, también, escuchar la versión de teatro musical de melodías tomadas de Alexander Borodin. La música de este compositor ruso fue adaptada en 1953, por Robert Wright y George Forrest, al libreto de Charles Lederer y Luther Davis, a su vez basado en una pieza teatral escrita en 1911 por Edward Knoblock: Kismet, que en idioma turco quiere decir hado o destino. Su canción más conocida es Stranger in paradise—aquí cantada por Tony Bennett con un coro muy cincuentoso—, y su melodía está tomada de las Danzas Polovetsianas, de la ópera El príncipe Igor, de Borodin. A continuación, un breve fragmento de la composición del ruso con su tema, antes de escuchar la versión en plagio de Wright y Forrest.

El musical es un género que debe ser tomado muy en serio. Gente muy seria, como Leonard Bernstein, compositor de música seria y director por largos años de la muy seria Filarmónica de Nueva York, fue cultor del musical. De los varios que compuso es el más famoso West Side Story.

Compositor de musicales

La obra es, esencialmente, una traslación de la tragedia de Romeo y Julieta a la ciudad de Nueva York, donde los Montescos y los Capuletos son suplantados por bandas rivales de norteamericanos y portorriqueños. Un número con canto y baile es America, en el que descuella la voz y la figura de Rita Moreno.

Pero escuchemos por fin unas cuantas canciones de Rodgers & Hammerstein, los príncipes del musical. Para hacerles justicia, nueve de ellas se escuchan en sucesión.

Un bajo de postín

 

Loló Sylva de Álvarez, quien decía ser mi madre putativa, deliraba por el actor italiano Rossano Brazzi, a quien tenía por más apuesto que Clark Gable. Adquirió esta postura luego de ver South Pacific, la película del musical de R&H en la que Brazzi enamora a Mitzi Gaynor. Pero Brazzi sólo movía los labios mientras cantaba nadie menos que Giorgio Tozzi, y en la versión original en las tablas era Ezio Pinza, otro bajo italiano de largo reinado en el Metropolitan Opera House, quien cantaba, sobre todo, Some Enchanted Evening. La voz que se escucha ahora es la de Pinza.

Una escena de danza en Oklahoma

Oklahoma fue la primera colaboración y el primer triunfo de Rodgers & Hammerstein. What a beautiful morning se escuchaba originalmente a lo lejos cantada a capella, pero aquí está en la versión fílmica de 1955, en la voz de Gordon MacRae.

Las colinas están vivas con el sonido de la música

Pasemos ahora al sonido de la música, La novicia rebelde, The Sound of Music. Llevada al cine para consagración de Julie Andrews, era promocionada con esta invitación: Ve a verla con la persona que más quieras. La fui a ver en el cine Florida con mi hermana María Elena, que por estos días muere poco a poco de cáncer cerebral. Pongo acá la hermosa canción de apertura—The hills are alive—seguida por My favorite things, cantadas ambas por Julie Andrews, la grande dame del musical.

Poster de la película (1956) El rey y yo

Las siguientes cinco piezas son todas de The King and I, posiblemente el musical mejor compuesto y orquestado por Richard Rodgers. Cinco años después de su estreno en Broadway, llegaba al cine con las figuras estelares de Yul Brynner (el Rey de Siam) y Deborah Kerr (Ana, la institutriz inglesa de los hijos del Rey). En esta ocasión, Kerr doblaba la voz de Marni Nixon, especializada en cantar lo que las actrices sin voz no podían. (La llamaron la Voz de Hollywood). En sucesión, la Obertura de la obra—algunos de cuyos temas se reconocen en los números que las siguen—; I whistle a happy tune; Hello, young lovers; Marcha de los niños siameses; Getting to know you.

Marni Nixon aún canta

Harrison & Hepburn en el set (clic amplía)

La más fuerte competencia de R&H era, obviamente, la de Lerner & Loewe. Su obra cumbre es Mi bella dama, una adaptación de Pigmalión, la conocida obra teatral de George Bernard Shaw. Julie Andrews la interpretó mucho tiempo en su versión teatral junto al insuperable Rex Harrison en el papel del profesor Higgins. Pero los productores de la versión fílmica prefirieron la distinguida belleza de Audrey Hepburn para el papel de Eliza Doolittle. Es la rendición de I could have danced all night por Andrews la colocada aquí; luego oímos al barítono Bill Shirley en la estupenda On the street where you live y, por último, Rex Harrison canta y murmura I’ve grown accustomed to her face, que cierra la película y el musical.

Andrew the Lord Lloyd-Webber

¿Está agotado el género del musical después de las maravillas logradas por R&H y L&L? En absoluto; después de ellos llegó un gigante: Andrew Lloyd-Webber. Su misma aparición indica que el musical está vivito y coleando, y que seguramente le seguirán otros buenos cultores del género. Lloyd-Webber nos ha regalado Jesucristo Superestrella, Evita, Cats, El fantasma de la ópera, Sunset Boulevard, entre otras obras magníficas. Sineád O’Connor canta, de Evita, Don’t cry for me, Argentina. Y como Barbra Streisand es al canto lo que Meryl Streep a la actuación, ha sido convocada para clausurar este concierto de musicales con su invencible versión de Memory, de uno de los más taquilleros musicales de todos los tiempos: Cats.

No llores por mí, Argentina

Un nuevo día ha comenzado

 

 

Evita llorar; la aurora despunta. LEA

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La voz de la serenidad

Serenity, por Arthus en Deviantart

 

bálsamo. 4. m. Med. Medicamento compuesto de sustancias comúnmente aromáticas, que se aplica como remedio en las heridas, llagas y otras enfermedades.

Diccionario de la Lengua Española

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Dios, dame la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que puedo y sabiduría para conocer la diferencia.

Reinhold Niebuhr  Oración de la serenidad

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Señor, dame paciencia… ¡pero dámela ya!

Anónimo – Oración de la paciencia

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El alma del mundo está lesionada: el dolor de Japón, el de Libia. Nosotros, los venezolanos, sumamos esas penas a nuestra cotidiana crispación—que, hay que admitir, últimamente es de tensión menor—y, para colmo, se nos ha muerto Elizabeth Taylor. El alma del mundo pide música que la alivie. La serenidad no es tanto un ingrediente de la conciencia como una capa que la envuelve en toda su extensión. Ella es capaz de empacar, bajo su tranquilo celofán, dolores, pasiones, amores, deseos. La música es su más fiel retrato; la música serena es el papel adecuado para el envoltorio del desasosiego. He aquí dieciséis piezas que, juntas, son un poco más de una hora y cuarto de música balsámica. Cada quien puede dosificar su audición según sus necesidades de impavidez.

1. Adagio

El domingo del Adagio

El segundo movimiento de la Toccata, adagio y fuga en Do menor de Juan Sebastián Bach (BWV 564) es una de las composiciones más hermosas del decano de la música occidental. Como en otras de su repertorio, las notas que la componen hablan, dicen, conversan, explican, convencen. Esta rendición de Vladimir Horowitz—en vivo desde Carnegie Hall, el domingo 9 de mayo de 1965—deja en claro ese carácter conversatorio de las obras de Bach que, en este caso, se manifiesta con decires calmados.

 

 

2. Ave María

María, madre de Jesús de Nazaret, es remanso de los fieles cristianos. Sujeto de penas horribles, ella misma ha conocido el dolor y por eso aprovecha su poderosa influencia para calmar a los hombres. Ella es, proclaman las letanías, Madre del buen consejo, Madre de misericordia, Virgen clemente, Causa de nuestra alegría, Estrella de la mañana, Salud de los enfermos, Refugio de los pecadores, Consoladora de los afligidos, Auxilio de los cristianos, Reina de la paz. Franz Schubert logró decir todo eso en su Ave María, aquí cantada por Plácido Domingo, los Niños Cantores de Viena y la sinfónica de la ciudad. Su nombre es la placidez.

3. Poco allegretto

El más noble de los músicos

La nobleza caracterizó la persona y la música de Johannes Brahms, de corazón tan generoso como el del plácido tenor que acabamos de escuchar. No hay nobleza sin serenidad; la histeria, la iracundia, el resentimiento y la crueldad no son pasiones serenas. Se puede, en cambio, ser serenamente apasionado. Así es el tercer movimiento de la Tercera Sinfonía de Brahms en Fa mayor, opus 90. Wolfgang Sawallisch dirige la Orquesta Sinfónica de Viena que oímos también antes.

4. Panorama

Pas de six

Un recurso que el compositor puede usar para transmitir placidez es, por supuesto, el ritmo. En este número del ballet La bella durmiente, de Pyotr Illich Tchaikovsky, la partitura lleva la marca leggiero, es decir, sin acentuación. El tempo viene marcado por el pizzicatto de las cuerdas graves, pero si se pone atención a la canción de los violines y las insistentes figuras de las maderas—más tarde las trompas—uno se percata de que sus notas no llevan acento; todas suenan con la misma intensidad. Anatole Fistoulari dirige la Orquesta Sinfónica de Londres en esta serenidad paisajista.

5. Consolación

La liga de Liszt

Si esta pieza de Franz Liszt—la tercera con ese nombre—no fuera consoladora, habría estado muy mal bautizada. Se trata del acto de conseguir serenidad como resultado del consuelo. El pianista británico Peter Katin la interpreta para nuestro apaciguamiento.

 

6. Dueto de la flor

No son flores de Bach; son de Delibes

La ópera Lakmé, de Léo Delibes, incluye en su primer acto la hermosísima aria Viens, Malika, en la que Lakmé y su sirviente cantan mientras recogen flores río abajo. La música refleja la serenidad que suscita la naturaleza bella y paciente. Dos grandes del canto, Katherine Jenkins y Kiri Te Kanawa, logran una versión difícil de superar.

7. Danza de los espíritus benditos

Gluck en buena compañía

Cristoph Willibald Gluck fue finísimo compositor del período clásico—el mismo de Haydn y Mozart—de la música occidental. Compuso principalmente óperas y ballets; su obra puramente instrumental es breve. De la serenísima danza de su ópera Orfeo, interpretan su sección media los músicos de la Orquesta de Cámara Inglesa, dirigidos por Raymond Leppard. Serenidad mística, pudiera decirse.

8. Mantras tibetanos

Lamas en oración

Pero lo místico no es, en absoluto, exclusivo de Occidente. De hecho, es muy anterior en Oriente. Los monjes budistas del Monasterio de Maitri Vihar entonan ahora tres mantras del Tíbet en sucesión, y el efecto que obtienen no está lejos, gracias a su simplicidad, de la serenidad típica del europeo Canto Gregoriano.

9. In Paradisum

Sin duelo

El Réquiem en Re menor, opus 48, de Gabriel Fauré es único porque su último número no es sobre la muerte, sino sobre la vida perdurable en el Paraíso. El Coro del King’s College de la Universidad de Cambridge interpreta este consuelo, unas estrofas que parecen cantar muy tranquilas las almas resurrectas. La angustia por la inmortalidad se tranquiliza.

10. Au fond du temple saint

Dos grandes amigos

La serenidad que sucede a la renuncia, esa liberación del objeto deseado, emerge en el dúo de barítono y tenor del Acto I de Los pescadores de perlas, fina ópera de Georges Bizet. Dos hombres recuerdan a una mujer que enamoró a ambos, a la que renunciaron para preservar la amistad. Zurga y Nadir son los pescadores de Ceilán (hoy Sri Lanka) personificados por Jussi Bjoerling y Robert Merrill, quienes cantaron el dueto como ningún otro par de cantantes pudo hacerlo.

11. Preludio en Mi menor

De sus Preludios del opus 28, el #4 en Mi menor ilustra cómo era Federico Chopin capaz de envolver la melancolía romántica en canto sereno, que cubre las tensiones que surgen de la mano izquierda, la mano del corazón. La serenidad las envuelve y las protege. Vladimir Ashkenazy al piano.

Espectro (sonoro) de Chopin (clic para ampliar)

12. Claro de luna

Philippe Entremont, por francés y por refinado pianista, es muy indicado para tocarnos la serenidad de esta pieza de la Suite bergamasca de su compatriota, Claude Debussy, Claude de France. El Día de San José tuvimos la infrecuente Luna Grande, pero Debussy capturó para siempre su impertérrita dulzura en pentagramas inmortales.

Mar de la Tranquilidad

13. Salut d’amour

Cómo escribir variaciones hermosas

El opus 12 de Edward Elgar es una sencillísima y tranquila canción sin palabras, aquí dirigida por David Zinman al frente de la Orquesta Sinfónica de Baltimore. Se trata del saludo de un amor apacible pero alegre, seguro de sí mismo, sereno en la conciencia de su naturalidad.

La máquina Enigma de Alan Turing

14. Nimrod

La variación IX de las catorce Variaciones Enigma de Elgar—designadas con títulos en clave—alude a uno de sus grandes amigos, Augustus Jaeger, quien le ofreció a lo largo de su vida sinceros y útiles consejos críticos. Es el número la más bella de las variaciones; en ella, el espíritu crece con la crítica y adquiere fortaleza que no está reñida con la serenidad. La gente superior sabe que la crítica es el mejor de los alimentos. Eugene Ormandy dirige la Orquesta de Filadelfia.

15. Sehr ruhig

Muy calmo (Sehr ruhig) es la indicación dinámica para el trozo final de la Noche transfigurada (Verklärte Nacht) de Arnold Schönberg, una obra de su período tonal, antes de que desarrollara los principios atonales dodecafónicos. (Aquí por la Orquesta de Cámara de Viena, dirigida por Raphael Eröd). Una mujer cuenta, al hombre enamorado que la acompaña en su paseo nocturno, que lleva en su vientre el hijo de otro. El hombre le dice: «No dejes que el niño concebido sea en tu alma una carga. ¡Mira como brilla el universo! (…) Me has inundado de esplendor, haz hecho un niño de mí». Es la serenidad del amor que sabe perdonar.

Transfiguración nocturna

16. Aire en la cuerda de Sol

Denme aire, por favor

Juan Sebastián Bach tuvo veinte hijos. Imaginemos a la mitad portándose mal al unísono y entenderemos que la serenidad era, para él, asunto crucial en materia de salud psicológica. De su Tercera Suite Orquestal en Re mayor (BWV 1.068) es el movimiento más famoso el segundo: Aire («en la cuerda de Sol». Lo toca al cierre la Orquesta de Filadelfia, dirigida por Eugene Ormandy). Es, en efecto, la atmósfera toda, el aire que respiramos, lo que se confunde con la esencia de la serenidad. Hace algún tiempo pensé que sería la música que quisiera escuchar mientras muriera. En paráfrasis de Andrés Eloy Blanco, es la mejor música para decir me muero. LEA

………

Su Majestad Serenísima (Q. E. P. D.)

 

 

 

 

 

 

 

 

(Las distintas piezas aquí colocadas pueden ser descargadas al disco duro de su computador desde el Canal Dr. Político en www.ivoox.com; también conduce allí oprimir la letra «i» a la derecha de cada reproductor o, directamente a la pieza en cuestión, la pequeña flecha vertical naranja a la izquierda).

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Música política

Música y política, tema de la XIX Conferencia de la Asociación Argentina de Musicología (2010)

Cuando oigo a Wagner, me entran ganas de invadir Polonia.

Woody Allen

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La música ha acompañado la pena y las alegrías del hombre desde que en la tierra se escuchara la primera melodía. Desde siempre, por tanto, las tensiones políticas han suscitado la composición de obras musicales. En la entrada precedente en este blog, se trajo al recuerdo una de las más famosas, la Tercera Sinfonía, Heroica, de Ludwig van Beethoven. Cuando todavía no había recibido el título por el que hoy la conocemos, Beethoven la había denominado Sinfonía Grande y bajo este nombre estaba la inscripción Intitulata Buonaparte, que luego tachó y rasgó por las razones conocidas. El Romanticismo musical, que esta pieza anticipa, fue una época de rebelión en el arte y la política que desatara Goethe en literatura (Las desventuras del joven Werther, 1775), Beethoven en música, Goya, Delacroix y Géricault en pintura. He aquí el movimiento final, Allegro molto, de la Tercera Sinfonía en Mi bemol mayor (op. 55, 1805) de Beethoven, interpretada por la Orquesta Real del Concertgebouw de Amsterdam, bajo la dirección de Wolfgang Sawallisch:

Dedicatoria tachada y rasgada

Cinco años más tarde, Beethoven quiso expresar musicalmente su repudio de Bonaparte con la Obertura Egmont, op. 84, que exalta la figura heroica de Lamoral, el holandés Conde de Egmont, condenado a muerte por su valeroso rechazo de la tiranía y cuyo sacrificio redundaría a la postre en la emancipación de los Países Bajos. Aquí está tocada por la orquesta Sinfónica NBC, el conjunto creado para ser dirigido por Arturo Toscanini, en audio tomado de una transmisión radial histórica del 18 de noviembre de 1939, poco después del inicio de la Segunda Guerra Mundial con la invasión de Polonia por Hitler.

Polonia ha sido, precisamente, una nación muy atribulada, políticamente hablando. Hace mucho tiempo, eran los polacos quienes predominaban sobre los rusos, pero en tiempos más recientes los papeles se invirtieron. En época de Federico Chopin (1810-1839), el Levantamiento de Noviembre, acaecido simultáneamente en Lituania, Ucrania, Bielorrusia y Polonia (1830), duró todo un año antes de ser aplastado sin miramientos por el Imperio Ruso. Chopin compuso su famoso Estudio Revolucionario (op. 10, #12) o Estudio sobre el Bombardeo de Varsovia, en 1831. Lo interpreta aquí Alfred Cortot quien, irónicamente, fue un connotado colaboracionista de los nazis en Francia:

Chopin por Delacroix

La ironía permanece en la siguiente rendición del coro Va, pensiero, de la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, por el Coro (ampliado) del Ejército Rojo de la Unión Soviética, destacada nación opresora. Verdi fue figura importante del Risorgimento italiano; llegó a ser diputado y senador, nombrado a este último cargo por Víctor Emanuel II. Muchas de sus óperas tienen obvias connotaciones políticas; Nabucco trata del sojuzgamiento de los esclavos hebreos a manos de Nabucodonosor, Rey de Babilonia.

Letra de Va, pensiero (clic para ampliar)

Pero los rusos pueden también ser víctimas. Como dijimos antes, de los polacos, pero también de los alemanes. En 1938, el cineasta soviético Sergei Eisenstein produjo la película Alexander Nevsky, sobre las batallas heroicas de este héroe contra la invasión de los Caballeros Teutones del Sacro Imperio Romano, en el siglo XIII. Al año siguiente, Stalin y Hitler firmaban el Pacto de Acero entre la Unión Soviética y Alemania, pronto roto por la invasión de Hitler a Rusia en 1941. El tocayo del gran director de cine, Sergei Prokofiev, compuso la música del filme en forma de cantata. Su séptimo y último número (Entrada de Alexander en Pskov) es interpretado de seguidas por la Orquesta y Coros de la Filarmónica de Los Ángeles, que conduce André Previn:

Prokofiev y Eisenstein

Naturalmente, las más de las veces son los rusos victimarios opresores. Finlandia ha sido coto de caza de Rusia desde hace mucho tiempo, y el poema tonal que lleva ese nombre (op. 26), compuesto por el músico finés Jan Sibelius, es tenido hoy como una declaración acerca de su libertad, como himno sentimental. Fue compuesto en 1899 para las Celebraciones de Prensa de ese año, que fueron una mal disimulada protesta por la censura de prensa impuesta por el Imperio Ruso. Eugene Ormandy dirige esta versión sinfónico-coral que ejecutan la Orquesta de Filadelfia y el Coro del Tabernáculo Mormón.

Finlandia: Castillo Olavinlinna

Las obras anteriores son de épocas de reyes y emperadores. Es una pieza enteramente democrática, en cambio, la Fanfarria para el hombre común, del estadounidense Aaron Copland, compuesta cuando aún faltaba un año para que la Segunda Guerra Mundial concluyera. De hecho, el título de la obra es antítesis de la noción nazi del superhombre ario. Es música muy poderosa, sugestiva de la fuerza que reside en el enjambre de los ciudadanos comunes. Cerremos, pues, esta excursión por la música política con una obra de la democracia, escuchándola en los instrumentos de la Orquesta Sinfónica de Detroit, dirigida por el gran maestro Antal Doráti.

Partitura de trompeta (en Si bemol) de la Fanfarria de Copland

La partitura lleva como indicación esta exigencia de Copland a los intérpretes: Muy deliberadamente. LEA

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Ad nauseam

El país de las sonrisas

A Ramón Peña, Orden del CHAPATEC (Comité de Habladores de Paja Tecnológica) en grado de Comendador

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Ramon Fernandez, tell me, if you know,
Why, when the singing ended and we turned
Toward the town, tell why the glassy lights,
The lights in the fishing boats at anchor there,
As the night descended, tilting in the air,
Mastered the night and portioned out the sea,
Fixing emblazoned zones and fiery poles,
Arranging, deepening, enchanting night.

Oh! Blessed rage for order, pale Ramon,
The maker’s rage to order words of the sea,
Words of the fragrant portals, dimly-starred,
And of ourselves and of our origins,
In ghostlier demarcations, keener sounds.

Wallace Stevens

The Idea of Order at Key West

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Dos rasgos tiene esta nueva entrada musical en el blog: un carácter obsesivo y una buena dosis de arbitrariedad.

La obsesión es compartida con quienes tienen la placentera costumbre de escuchar música en compañía. Con relativa rapidez, adquieren un hábito complementario: el de comparar versiones distintas de una misma pieza con el ánimo de discutir hasta la muerte acerca de las virtudes de un director sobre otro, de un cantante sobre otro, de una orquesta sobre otra y hasta, en el caso de verdaderos especialistas, de una casa grabadora sobre otra.

Así, es lo más frecuente que los melómanos se organicen en bandos o partidos, y lo más común es que los líderes de los respectivos movimientos sean cantantes, usualmente de ópera. (En La voz de titanio, se refiere en este blog cómo en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado se dio una larga guerra entre los católicos partidarios de Mario Del Mónaco y los inteligentísimos hugonotes que apoyábamos—lo hicimos con éxito de gran facilidad—la causa de Jussi Bjoerling).

Los cotejos de esta clase llegan a la obsesión, y la entrada que propongo no es otra cosa que una manifestación aguda de tal enfermedad musical. Se trata de traer aquí nada menos que ocho versiones de exactamente la misma pieza: Dein ist mein ganzes Herz (Eres el deleite de mi corazón), aria-canción de la opereta El país de las sonrisas (Das Land des Lächelns), de Franz Lehár.

Por supuesto que la canción es bellísima: en esta entrada se la propone, primeramente, en versión instrumental, para establecer colonia en nuestros oídos con sus maravillosas melodías (dos temas en una clásica forma ABA; primer tema o sección, segundo tema, repetición del primero). Inmediatamente después, seis tenores diferentes la cantan, uno de ellos dos veces en una versión en inglés y, luego, también en el original alemán.

La arbitrariedad es otra cosa. Ruego ser creído cuando digo que he considerado el efecto de tedio o náusea que esa conducta obsesivamente repetitiva puede causar en algunos visitantes. Pero mi esposa me ha dicho: «Ése es tu blog; tú puedes poner allí lo que te dé la gana». Animado, pues, de tan altruista sentimiento, incurro en acto arbitrario perché mi piace.

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André Rieu es, no cabe duda, un gran popularizador de la música culta. Sus conciertos reciben la asistencia, muy principalmente, de gente joven poco familiarizada con el repertorio de concierto. Caballero de la Orden del León de los Países Bajos, Rieu nació en Maastricht, pero proviene de una familia francesa de hugonotes, buena gente de Dios. Es a él y a su animosa orquesta de divulgación musical que confiamos la tarea de presentar aquí la hermosa canción de Lehár:

André Rieu

Manteniéndonos en terreno familiar, es seguramente la rendición que José Carreras hace de la pieza la más conocida entre las versiones recientes puesto que, en la serie de conciertos de Los Tres Tenores, Domingo y Pavarotti se la dejaban las más de las veces a él. Carreras, entre muchos honores y títulos que ostenta, es Chevalier de la Légion d’Honneur de Francia. (Bajo el archivo de audio, la letra de la canción en alemán).

José Carreras

Dein ist mein ganzes Herz!/ Wo du nicht bist, kann ich nicht sein./ So, wie die Blume welkt,/ wenn sie nicht küsst der Sonnenschein!/ Dein ist mein schönstes Lied,/ weil es allein aus der Liebe erblüht./ Sag mir noch einmal, mein einzig Lieb,/ oh sag noch einmal mir:/ Ich hab dich lieb!

 

Wohin ich immer gehe,/ ich fühle deine Nähe./ Ich möchte deinen Atem trinken/ und betend dir zu Füssen sinken,/ dir, dir allein! Wie wunderbar/ ist dein leuchtendes Haar!/ Traumschön und sehnsuchtsbang/ ist dein strahlender Blick./ Hör ich der Stimme Klang,/ ist es so wie Musik.

 

Dein ist mein ganzes Herz!/ Wo du nicht bist, kann ich nicht sein./ So, wie die Blume welkt,/ wenn sie nicht küsst der Sonnenschein!/ Dein ist mein schönstes Lied,/ weil es allein aus der Liebe erblüht./ Sag mir noch einmal, mein einzig Lieb,/ oh sag noch einmal mir:/ Ich hab dich lieb!

Ahora es un primer sueco quien canta la canción. Nicolai Gedda, el tenor supuestamente más grabado de la historia, recibió la Medalla Real Litteris et artibus de Suecia.

Nicolai Gedda

Con Herbert Ernst Groh, exitoso tenor suizo nacido en Lucerna, nos acercamos a la fuente germánica del manantial. Es probablemente la parsimonia suiza la que nos impide conseguir noticia de algún honor o condecoración que haya sido impuesta a Groh, pero él murió reconocido como una de las más finas voces del siglo XX.

Herbert Ernst Groh

Una muy seria competencia proviene del canto claro, preciso y fuerte del alemán Fritz Wunderlich. A sus 36 años murió al caer bajando la escalera de la casa de vacaciones de un amigo. (Mi accidente decembrino, también en una escalera, fue más afortunado). Wunderlich no tuvo tiempo de recibir condecoraciones.

Fritz Wunderlich

Y llegamos, por fin, a oír Dein ist mein ganzes Herz cantada por quien fuera, en vida, el verdadero dueño de la canción: el austriaco Richard Tauber, cantante de excepcional timbre y gran control de la voz. Primero la canta en inglés (la letra abajo), luego en alemán. Lehár y Tauber eran grandes amigos, y El país de las sonrisas fue compuesta con el Tauberlied (canción de o para Tauber) de rigor: Eres el deleite de mi corazón. (Una primera versión de la opereta, Die gelbe Jacke, La chaqueta amarilla, estrenada en Viena en 1923, fue revisada y convertida en El país de las sonrisas, presentada en Berlín en 1929 con Tauber en el papel principal de Sou-Chong). Tauber ha recibido el honor de más de un premio instituido en su memoria, como la Medalla de la Sociedad de Música Anglo-Austriaca.

Richard Tauber

You are my heart’s delight,/ And where you are, I long to be/ You make my darkness bright,/ When like a star you shine on me/ Shine, then, my whole life through/ Your life divine bids me hope anew/That dreams of mine may at last come true/ And I shall hear you whisper, “I love you”.

In dreams when night is falling/ I seem to hear you calling/ For you have cast a net around me/ And ‘neath a magic spell hath bound me/ Yours, yours alone/ A wondrous air is your beautiful hair/ Bright as a summer sky is the night in your eyes/ Soft as a sparkling star is the warmth of my love.

You are my heart’s delight,/ And where you are, I long to be/ You make my darkness bright,/ When like a star you shine on me/ Shine, then, my whole life through/ Your life divine bids me hope anew/ That dreams of mine may at last come true/ And I shall hear you whisper, “I love you”.

Pero por más que Tauber tuviera un timbre de gran variedad, fue Jussi Bjoerling (otro sueco más), La voz de titanio, quien cantara con mayor riqueza de armónicos y la voz más educada de todas. Aquí canta la canción en vivo, al inicio en sueco y en alemán a su conclusión. Más que una condecoración vale lo siguiente: en 1999, una encuesta entre críticos del Reino Unido lo ubicó en la cima como el más grande cantante del siglo XX. Ahí queda eso, monegascos ridículos.

Jussi Bjoerling

Haga usted, si ha sobrevivido a las náuseas, su propia selección entre los seis cantantes presentados. ¿Quién ha cantado mejor Dein ist mein ganzes Herz?

La obsesión es para toda una vida. Usted puede escucharla cantada por un gentío. Por ejemplo, puede ver en YouTube otras versiones por Plácido Domingo, Rolando Villazón, Luciano Pavarotti (en italiano), Joseph Schmidt, Piotr Beczala, Rudolf Schock, James Longacre, Richard Tucker, Paul Potts (con fama de Britain’s got talent), etcétera. Está visto que no es sólo a mí a quien le gusta la canción. Cambio y fuera. LEA

Franz Lehár orquestando

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Estudio de Scriabin

El teclado de colores de Scriabin

 

A ME, hermana mística

 

Nunca se había dedicado en este blog, en las previas trece entradas de tema musical, una de ellas a un solo compositor. Ésta viene centrada sobre Alexander Scriabin (1872-1915) porque fue un músico que influyó decisivamente la composición del siglo XX, porque en sus escasos 43 años de existencia desarrolló una asombrosa y rara metamorfosis estilística y porque, sencillamente, su obra es muy hermosa y no demasiado conocida.

Alexander Nikolayevich Scriabin

Alexander Nikolayevich Scriabin escribió obras puramente orquestales: cuatro estupendas sinfonías y dos poemas sinfónicos (siendo uno Prometeo: el Poema del Fuego), pero era esencialmente un compositor para el piano, instrumento que aprendió a construir él mismo con sus manos. Es de su obra pianística que se escoge la selección aquí presente. Ella es comúnmente clasificada en tres períodos, que van del temprano grupo de composiciones à la manière de Chopin (del opus 1 al 29), al intermedio (op. 30 al 53), en el que su lenguaje asume un carácter impresionista y, finalmente, hasta el período tardío (op. 54 al 74), que es decididamente atonal, aunque renuente a las exigencias canónicas del dodecafonismo de Arnold Schönberg, cuya música no apreciaba.

Pero presentemos de una vez la música de Scriabin. Nada mejor para introducirla que la joya que compuso a sus 19 años, el muy hermoso Estudio #1 del opus 2, en Do sostenido menor—tal como Rachmaninoff, que a la misma edad compuso su más famoso preludio (op. 3, #2), exactamente en la misma tonalidad. Abajo está interpretado por quien fue seguramente el mejor de sus intérpretes en el siglo XX: Vladimir Horowitz. (En YouTube puede verse un video enternecedor, cuyo código de inserción está desactivado y no puede ponerse aquí. Cuando Horowitz regresó a Rusia después de sesenta años de ausencia, tocó en el piano del compositor, para la hija de éste, la prodigiosa pieza).

Mucho más chopinianos resultarían los estudios del opus 8. El melancólico #11 (Andante cantabile) es tan chopiniano que lleva, como el que acabamos de escuchar, la marca contrapuntística de Chopin, rasgo de la música del polaco que Harry Corothie (Ingeniero Forestal y Doctor en Música, mi tío materno) me hizo notar. (Chopin componía, en realidad, en textura de contrapunto: la conjunción de dos o más voces que cantan melodías distintas pero consonantes). De nuevo, quien ejecuta es Horowitz, que conoció a Scriabin desde que era niño, cuando tocó para el compositor.

Y, por supuesto, el #12 del opus 8—Patético, en Re sostenido menor, una endemoniada clave de seis sostenidos—evoca, en su agitación, al famoso Estudio Revolucionario (#12 del opus 25) de Chopin. Horowitz lo interpreta en Carnegie Hall en este video (debajo, los tres primeros compases de la partitura):

Scriabin era él mismo un magnífico pianista, aunque sus dedos eran cortos y abarcaban un poco más de una octava a duras penas. Sintiéndose retado por el virtuosismo de Josef Lhèvinne, dañó seriamente su mano derecha mientras se esforzaba por ejecutar difíciles piezas de Balakirev y de Liszt. De esa época (1894), es su Preludio y Nocturno para la mano izquierda (op. 9). He aquí el Nocturno en versión de John O’Conor. A la izquierda del archivo de audio, los tres primeros compases de la pieza.

Para cerrar la muestra del período temprano de Scriabin, he aquí une autre fois Vladimir Horowitz, interpretando el Preludio #8 del op. 11:

Hace 100 años y 1 año, a comienzos de febrero de 1910, Alexander Scriabin registró ocho rollos para pianola en un piano Welte-Mignon. Seis de ellos han sobrevivido; acá podemos oír al propio Scriabin interpretando su Poème (op. 32, #1), una obra del período intermedio en idioma impresionista.

Del mismo período es el #1 de su opus 31 (Cuentos de la vieja abuela, Moderato), interpretado aquí por Marta Deyanova:

La evolución musical de Scriabin corresponde estrechamente a la de su filosofía personal. Scriabin fue el compositor más destacado del Simbolismo Ruso; de allí su lenguaje impresionista a mitad de su carrera. Más adelante, se dejó influir por Federico Nietzsche—a fin de cuentas, éste había sentenciado: “Sin la música, la vida sería una equivocación”—y el ocultismo teosófico de Madame Blavatsky. Él mismo exploraría el misticismo esotérico y, hacia el final de su vida, cuando ya ataba música y color, concebía un espectáculo multimedia que debía tener lugar al pie de los Himalayas. Este proyecto no se llevó a cabo, pero Scriabin creía que la ejecución, que duraría una semana entera, tendría el poder de traer una nueva era para la humanidad: «Una grandiosa síntesis religiosa de todas las artes, heraldo del nacimiento de un mundo nuevo». En su lugar, en 1914 se iniciaba la Gran Guerra, y Scriabin moriría de septicemia al año siguiente.

Scriabin, en la mística penumbra de su estudio

De ese último período son las dos piezas que siguen: el Estudio #3 (Molto vivace) del opus 65, tocado por Marta Deyanova, y Vers la flamme, en video de ejecución informal por Vladimir Horowitz.

La riqueza musical de Scriabin se pone diáfanamente de manifiesto en su único Concierto para piano y orquesta (op. 20), escrito en la tonalidad de Fa sostenido menor (1896), de nuevo, en la mismísima tonalidad del Primer Concierto de Rachmaninoff, que precedió al suyo por cuatro años. Sus tres movimientos, Allegro, Andante, Allegro moderato, son de duración creciente; en la ejecución que sigue (Vladimir Ashkenazy y Lorin Maazel dirigiendo la Sinfónica de Londres), 8′ 23″, 9′ 55″ y 12′ 28″ respectivamente. Este maravilloso concierto, obra maestra de Scriabin, es de corte enteramente romántico. El primer movimiento, cuyo segundo tema causa evocaciones orientales, cierra con una elegante coda; el segundo es inusual, un tema (expuesto inicialmente por la orquesta) con variaciones; el tercero tiene un hermoso segundo tema a guisa de «canción sin palabras», y concluye con la persistencia del último acorde en el piano, cuando la orquesta ya ha callado, prolongado por el pedal derecho sostenido.




No he hecho otra cosa que escuchar este concierto durante el último mes, el mes de la hermana. LEA

Rublo de 1997, conmemorativo de Scriabin

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Curso de la Casa Úslar

El estilo de cuatro grandes directores

Es un grande honor para mí que la Fundación Casa Arturo Úslar Pietri me haya solicitado construir un curso compacto de apreciación musical, centrado sobre el tema de la dirección de una orquesta sinfónica. El curso será ofrecido en la sede del ITER en Altamira (3ra. Avda. con 6a. Trvsal.) los día lunes 15, 22 y 29 de noviembre y el lunes 6 de diciembre, en sesiones de dos horas cada una (5:30 a 7:30 p. m.) He aquí el programa:

EL TEMPERAMENTO DEL DIRECTOR DE ORQUESTA

Menú de degustación: Solti, Dorati, Muti, Dudamel

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Sobre la base de un copioso apoyo de imágenes, audio y video, este taller presenta la labor de cuatro directores de orquesta—Sir Georg Solti, Antal Dorati, Riccardo Muti y Gustavo Dudamel—y, a través de ella, una adecuada comprensión del problema de la dirección orquestal. Ejemplos de partituras de dirección, así como la anécdota y el sonido facilitan la comparación estilística y la formación de un criterio propio de apreciación en el participante, subjetivo pero bien sustentado.

Lunes 15 de noviembreEl oficio del maestro. La complejidad de la partitura orquestal moderna. Las dotes de un buen director: oído, memoria, concepto global. Sir Georg Solti: el director total.

Lunes 22 de noviembre: Director de temperamento. El nervio sobre lo esencial de una partitura. La respuesta de una misma orquesta a distintos directores. La vivacidad incomparable de otro húngaro: Antal Dorati.

Lunes 29 de noviembreLa energía en el podio. La orquesta sinfónica es un enorme poder. La terquedad de quien tiene la razón musical. Un director conflictivo que siempre la tiene: Riccardo Muti.

Lunes 6 de diciembreEl carisma. (DRAE: 1. Especial capacidad de algunas personas para atraer o fascinar. 2. Don gratuito que Dios concede a algunas personas en beneficio de la comunidad). Gustavo Dudamel: «Un animal de la música».

Seis videos, incluyendo ensayos orquestales. Más de cincuenta ejemplos musicales. Páginas de partituras. Muestras de espectro sonoro.

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Esta información está asimismo colocada en la web de la Fundación (donde encuentra un enlace a mapa de ubicación) junto con el instructivo para la inscripción en archivo .pdf. El costo del curso es de Bs. F. 450.
LEA

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