el blog de luis enrique alcalá de sucre
la política como arte de carácter médico (y otras cosas)La Revolución Amarilla
Benjamín Franklin: «No siempre es lo mejor hacer todo aquello a lo que uno tiene derecho». Esto era en esencia la tesis de Burke: que no tiene que demostrarse un principio cuando la demostración es impráctica o inoportuna. (…) Lord Chesterfield, viendo como Horace Walpole los toros desde la barrera, tenía la habilidad de recoger lo esencial (…) Lo «absurdo» de la Ley de Estampillas, escribió a Newcastle, se equipara «a su malicia al afirmar un derecho que uno sabe que no se puede ejercer».
Barbara Tuchman
La marcha de la locura
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La historia propone varias lecciones al actual momento político venezolano. Anoche, Henrique Capriles Radonski declaró, refiriéndose al gobierno nacional: «La verdad del tamaño de nuestro país es que ustedes se robaron las elecciones; ésa es la verdad: ustedes se robaron este proceso electoral y ustedes tienen que explicarle eso al país y al mundo”. El diario El Universal reportaba:
El excandidato presidencial, Henrique Capriles, aseveró hoy que la coalición opositora esperará hasta mañana para que el Consejo Nacional Electoral dé inicio a la auditoría de los comicios realizados el 14 de abril. «Dijeron que arrancaría esta semana, mañana es jueves. No vamos a dejar que se burlen de nosotros», dijo. «Si no hay respuesta, le diremos al país cuáles serán nuestras próximas acciones», informó. (Nota de Gabriela Turzi Vegas).
Eso es un ultimátum, y una primera lección histórica se encuentra en la Crisis de Julio, que desencadena la Primera Guerra Mundial. Austria-Hungría hizo llegar—luego del asesinato del heredero del emperador Francisco José I en Sarajevo—diez demandas a Serbia, articuladas para que fuera imposible su total aceptación. Los austriacos preferían eliminar con una guerra la molestia de la oposición serbia a una expansión imperial al norte de los Balcanes. Cuando Serbia aceptó sólo ocho de las exigencias, Austria-Hungría hizo valer su amenaza: declaró la guerra el 28 de julio de 1914 y bombardeó Belgrado de inmediato, en preludio de la ocupación. Tenía con qué.
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El 6 de julio de 2006, segunda lección, Felipe Calderón fue proclamado como Presidente de México con cifras oficiales de 243.934 votos de ventaja. En la noche del día de la elección, Andrés Manuel López Obrador, su contendiente, había anunciado a sus partidarios que era el triunfador, argumentando que las encuestas de salida lo daban ganador por una diferencia de 500.000 sufragios. Luego expuso que muchas irregularidades habían viciado el proceso y exigió el recuento total de los votos. Uno lee de Wikipedia en Español:
López Obrador y grupos afines se declararon inconformes con los resultados del conteo general realizado el día de la elección, así como del conteo por actas llevado a cabo el día 5 de julio, alegando la existencia de un fraude electoral. Así comenzó una campaña ante la opinión pública que solicitaba un segundo conteo de todos los votos en todas las casillas. Finalmente, el TEPJF resolvió abrir sólo una fracción del total de las casillas, negando la solicitud formal hecha por la CPBT, de abrir la totalidad de los paquetes electorales.
El 9 de agosto comenzó el recuento parcial de los votos en 11.839 casillas, el 9% del total de paquetes electorales correspondientes a la elección para Presidente de la República. Los resultados del conteo fueron congruentes con los preliminares y los aparecidos en actas. El margen de ventaja entre el candidato que obtuvo el mayor número de votos y el segundo lugar había sido de apenas 250 mil votos y, luego de la anulación de algunas casillas impugnadas por la CPBT, este margen se redujo a 230 mil votos. Con esta diferencia de votos a favor de Felipe Calderón Hinojosa, el Tribunal decretó la validez de la elección. (…)
López Obrador y los partidos que apoyaron su candidatura han señalado insistentemente que hubo un fraude en las elecciones del 2 de julio de 2006. Sin embargo, los recursos de inconformidad presentados por la CPBT fueron desechados por el TEPJF, al considerar que las irregularidades que se presentaron no pudieron haber alterado el resultado de la elección, como asienta en su fallo final. El dictamen fue duramente cuestionado por parte de los seguidores de López Obrador, bajo el argumento de que el número de casillas que presentaron irregularidades justificaba un nuevo conteo, dado el escaso margen de diferencia entre los votos que habría obtenido Calderón y López Obrador (poco más de medio punto porcentual). (…) Los partidos de la Coalición tienen la convicción de que un recuento total pudo haber revertido el resultado. La ley electoral prevé que los materiales electorales sean incinerados cierto tiempo después del proceso electoral, sin embargo, el mismo día del fallo del Tribunal, López Obrador declaró que no permitiría la destrucción de las boletas electorales, como es mandato legal para el IFE, debido a que, en su interpretación, esta acción tendría como objeto «borrar las huellas del fraude del 2 de julio». (…)
Al desconocer el resultado electoral y su ratificación por parte del Tribunal, López Obrador declaró en un mitin de protesta que
Se fracturó el orden constitucional, ya que los magistrados se negaron a transparentar la elección para someterse a una minoría privilegiada que ha tomado las instituciones y las mantiene secuestradas para su propio beneficio. Ese atentado a la legalidad constitucional y a la vida democrática, expuso, obliga a reasumir el ejercicio de la soberanía popular y abolir de una vez y para siempre el régimen de corrupción y privilegios que impera en el país. Por eso, aunque no les guste a mis adversarios, ¡al diablo con sus instituciones!
Al definir cuál sería la estrategia a seguir, López Obrador precisó que lo primero será avanzar en la revolución de conciencia y de mentalidad que ya se inició con la resistencia civil pacífica. Hablo de revolución de conciencia porque todos nos quitaremos las telarañas que nos han metido en la cabeza, hasta el extremo de obligarnos a reconocer decisiones oprobiosas o instituciones que no merecen ningún respeto.
Al no aceptar su derrota oficial, el movimiento encabezado por López Obrador habría de tomar cauces no institucionales. Sus seguidores lo proclamaron presidente legítimo el 16 de septiembre, tomando protesta por ese cargo en un acto simbólico el 20 de noviembre de 2006. (…)
López Obrador y sus seguidores se han referido al presidente electo de México, Felipe Calderón Hinojosa como espurio y pelele.
¿Suena parecido a algo que conocemos? En 2012, y agotada su protesta de seis años atrás, López Obrador fue de nuevo candidato del PRD a la Presidencia de México; de nuevo fue derrotado.
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La tercera lección pertinente nos llega de Europa oriental: la Revolución Naranja ucraniana contra un gobierno dirigido por Viktor Yanukovych, antiguo miembro del Partido Comunista:
El régimen político ucraniano que siguió a una nueva constitución, aprobada en 1996, era criticado por sus opositores, que lo acusaban de corrupción y de concentrar excesivo poder, así como de fraude electoral e impedimento a la libre expresión, para no referir las prebendas económicas concedidas a sus seguidores, que incluyeron transferencias de propiedades públicas a sus manos. En noviembre de 2004 el Primer Ministro de Ucrania, Viktor Yanukovych, fue declarado triunfador en las elecciones de ese país. Muchos observadores estuvieron de acuerdo en que las votaciones habían sido amañadas. El 22 de ese mes se reunió una gran multitud en la Plaza Independencia de Kiev en apoyo al candidato opositor, Viktor Yushchenko, quien procedió a conducir la exitosa rebelión pacífica que el mundo conocería como Revolución Naranja. El gobierno se vio forzado a repetir las elecciones y a salir de éstas en derrota. (Glosa de pupitre, Carta Semanal #261 de doctorpolítico, 1º de noviembre de 2007).
Esta vez traduzco de la Wikipedia básica: «Las protestas fueron detonadas por reportes de varios observadores electorales domésticos y del exterior, así como por la difundida percepción pública de que los resultados de la votación del 21 de noviembre de 2004 entre los candidatos principales, Viktor Yushchenko y Viktor Yanukovych, fueron adulterados en favor de este último. Las protestas extendidas a todo el país tuvieron éxito cuando se anulara los resultados de la elección original y la Corte Suprema de Ucrania ordenara una nueva votación a efectuarse el 26 de diciembre de 2004. Bajo intenso escrutinio de observadores domésticos e internacionales, esta segunda elección fue declarada ‘justa y libre’. Los resultados finales mostraron una clara victoria de Yushchenko, quien recibió 52% de los sufragios contra 44% de Yanukovych».
La Revolución Naranja había concluido. En enero de 2010, Viktor Yanukovych obtenía la mayoría en la siguiente elección presidencial; sucedió a Yushchenko el 25 de febrero de ese año y a esta hora ejerce la Presidencia de Ucrania.
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Si Capriles Radonski ha enviado un ultimátum al Consejo Nacional Electoral es porque huele extrema debilidad en el gobierno de Maduro. El campo chavista, en efecto, ha dado señales de haber acusado el golpe del domingo 14 de abril. Son notables las fisuras: entre Merentes y Giordani, entre Molero y Rangel Silva, entre Diosdado y Nicolás. (Capriles no le dice presidente). Miguel Ángel Pérez Pirela predicó ayer la obediencia integral al legado del 8 de diciembre. Ya se habría cumplido una parte, al elegir a Maduro; ahora habría que cumplir el resto: el mandato de que la «revolución» sea dirigida por ¡un liderazgo colectivo! En vida de Chávez, no se habría atrevido a mencionarlo; correría el riesgo de ser declarado traidor o apartado sin miramientos, como Heinz Dieterich. Antes, José Vicente Rangel y Nicmer Evans han hablado de la necesidad de dialogar con la oposición. El primero de éstos sabe perfectamente que a la muerte de Juan Vicente Gómez, que gobernó en Venezuela durante 27 años, sus familiares más cercanos fueron inmediatamente conminados («por su bien») a abandonar el país.
Pero ¿es esa debilidad irreversible o definitiva? ¿Fue Chávez lo mismo que Gómez, que no tenía sintonía popular? ¿Puede Capriles oponer al chavismo una fuerza superior? ¿Tiene control sobre una mayoría militar, quizás dirigida por el general al que enviaba frecuentes mensajes en sus últimos mitines, o cree que es posible manejar una guerra civil a lo Libia con las policías del estado Miranda y los municipios Baruta, Chacao y Sucre? (Ni Henri Falcón ni Liborio Guarulla podrían reforzarlo con las suyas). ¿Emularían los marines de Obama a los de Bush padre con el secuestro de Maduro y la invasión, como en el caso de Noriega? (Alguna vez, Marta Colomina sugirió a Chávez verse en el espejo del ex gobernante panameño). Capriles ya desconoce al Poder Ejecutivo Nacional y está a punto de hacer lo mismo con el Poder Electoral, así como con el Legislativo, azuzado por la agresividad de su Presidente. Cuando el Tribunal Supremo de Justicia, muy distinto de la Corte Suprema ucraniana, dictamine lo previsible sobre la impugnación que preparan el eficaz abogado Gerardo Blyde y sus colaboradores ¿desconocerá también al Poder Judicial?
Uno debe suponer que su última declaración es una apuesta calculada, pero así como a él le cuesta trabajo creer que Maduro pudiera superar a Chávez en ninguna mesa de votación, parece ingenuo esperar que el Consejo Supremo Electoral modificará su curso por causa de su amenaza; el gobierno no le permitiría ese triunfo. ¿Que haría Capriles si la auditoría decidida por el CNE no comienza hoy, sino mañana o el lunes? ¿Interrumpir el tránsito—en imitación de López Obrador—por un mes entero en la Avenida Urdaneta (quizás mejor en la Francisco de Miranda)?
Capriles se siente fuerte; su clientela está más galvanizada ahora que antes de la elección. ¿Creerá que esa fuerza le permite jugar el juego de la incitación al adversario, como Chávez? ¿Estará procurando que lo detengan para añadir el martirio a su aumentada reputación? No son suficientes las rosas de la aprobación de sus seguidores, muchos de los cuales dicen: «Esto era lo que nos hacía falta: un hombre arrecho, como Jesús Petit Da Costa recomendaba». ¿Cree Capriles que puede capitalizar la «crisis de gobernabilidad» que aviva, en una tercera elección a la eventual caída de Maduro? Si no tiene la posibilidad de ejercer lo que considera su derecho, quizás quiera reflexionar sobre lo apuntado por el editor de El almanaque del pobre Ricardo. O, si prefiriera un precursor local, pudiera decir como Hugo Chávez el 4 de febrero de 1992: «Compañeros: lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital. (…) …los objetivos que nos hemos trazado a nivel nacional es imposible que los logremos».
O, por último, pudiera hacer caso de la lección del I Ching, El libro de los cambios, en su hexagrama #33 (Retirada):
Las condiciones son tales que las fuerzas hostiles, favorecidas por el tiempo, están avanzando. En este caso, la retirada es el curso correcto, y es a través de la retirada como se alcanza el éxito. Pero el éxito consiste en ser capaz de llevar a cabo la retirada correctamente. No debe confundirse la retirada con la huida. La huida significa salvarse bajo cualesquiera circunstancias, mientras que la retirada es un signo de fuerza. Debemos tener cuidado de no perder el momento correcto cuando todavía estamos en plena posesión del poder y la posición. Entonces seremos capaces de interpretar los signos del tiempo antes de que sea demasiado tarde y prepararnos para una retirada provisional en lugar de dejarnos arrastrar a una lucha desesperada de vida o muerte. Así, no simplemente abandonamos el campo al enemigo; le hacemos difícil avanzar mostrando perseverancia en actos individuales de resistencia. De esta forma preparamos, mientras nos retiramos, el contragolpe. Entender las leyes de una retirada constructiva de esta clase no es fácil. El significado que yace escondido en un tiempo tal es importante.
El enjambre opositor debiera exigir a Capriles, antes que un coraje mal dirigido, la responsabilidad de su conducción. Ésta pasa por la consideración del largo plazo y la conveniencia de sanar a una nación crispada. Ya habrá tiempo para una «Revolución Amarilla», el color de su partido, que tiene menos de rojo y ya fue usado por el liberalismo venezolano del siglo XIX. LEA
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El tío meloastroquímico
Probablemente tío Edgar estudió Química con la esperanza de conseguir la piedra filosofal. Nunca olvidaré el título de su tesis de grado, aprobada con honores: Métodos espectrométricos para la determinación del manganeso en aceros. El arcano y elegante nombre aumentó mi respeto de sobrino afortunado, recrecido ya por el átomo simbólico de berilio en su anillo de graduación. Luego sería el competente Director de la Escuela de Química de la Universidad Central de Venezuela, donde estudió y se graduó.
A mí me explicó qué eran los orbitales, y me regaló el libro de Química Inorgánica de Mellor, con larga dedicatoria. Fue uno de mis maestros iniciales de música clásica, y quien descubrió a mis oídos el mundo de la ópera. No puedo contar las mañanas y las tardes que dedicamos a oír sus cantantes favoritos, mientras me explicaba el drama o elogiaba una voz. Mucho antes, hizo para mí un paracaídas con cordel y un pañuelo, que lanzó desde el balcón de Aragonesa, la casa de mi abuela, mi primera casa. Nos tiramos pelotas de béisbol. Lo escuché al piano.
Supo de química cuántica y a pesar de eso quiso preservar enseñanzas astrológicas. Enseñó ciencia, aprendió música y la hizo en canto y en instrumento, fue político de la universidad. Murió hoy el varón menor de los Corothie-Chenel, hermano de mi madre, y siento un agujero negro.
En su memoria, traigo acá una canción de Jan Sibelius en la voz impar de Jussi Bjoerling, la voz suprema de su panteón de voces. De su recital en Carnegie Hall, el 24 de septiembre de 1955 y acompañado al piano por Frederick Schauwecker, tomo Svarta rosor (Rosas negras). La vida de mi tío merece unos aplausos como los que se oyen al fin. Fue un hombre que jamás se apartó de la rectitud. LEA
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Las reglas de juego
La auditoría del proceso electoral venezolano está regulada explícitamente, en la Ley Orgánica de Procesos Electorales y en su Reglamento General. En estos días tirantes, hay no poca confusión acerca de lo que debe hacer el Consejo Nacional Electoral. A este blog ha llegado un documento apócrifo (en archivo de Microsoft Word), que supuestamente sería firmado por Henrique Capriles Radonski y lleva fecha del día 17 de los corrientes (el mismo día que el CNE anunciara la ampliación de la auditoría, que de inmediato aceptó el candidato opositor). Lo que solicitaría el Comando Simón Bolívar, según ese documento, es lo siguiente:
1. Abrir todas las cajas de comprobantes de voto.
2. Contar todas las papeletas de votación.
3. Comparar el resultado del conteo con el acta de escrutinio del CNE.
4. Contar todos los votos emitidos según el cuaderno de votación.
5. Comparar la cantidad de papeletas con la del número de electores que sufragaron de acuerdo con los cuadernos de votación.
6. Verificar la autenticidad de todas las firmas y todas las huellas estampadas en los cuadernos de votación.
7. Verificar las incidencias registradas por mesa provenientes del SAI*, en los siguientes aspectos:
-Cantidad de electores sin miembros superiores que votaron
-Cantidad de electores sin huellas dactilares almacenadas en la máquina que votaron
-Cantidad de electores que votaron, aún cuando no hubo coincidencia de sus huellas (No-Match)
8. Revisión de las actas de incidencia de cada mesa
9. Realizar cualquier otra verificación que asegure el principio “un elector, un voto”.
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* Sistema Automatizado Integral.
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A fin de que el lector de este blog saque sus propias conclusiones acerca de la posibilidad legal de estos procedimientos, se transcribe acá a continuación el Título XI de la Ley Orgánica de Procesos Electorales y, de seguidas, el Título XII de su Reglamento General, que regulan las auditorías del sistema electoral venezolano.
LEY ORGÁNICA DE PROCESOS ELECTORALES
TÍTULO XI
AUDITORÍAS
Definición
Artículo 156. La auditoría es la verificación de todos aquellos recursos materiales, tecnológicos y datos utilizados en la ejecución de las distintas fases del proceso electoral, para que éstos garanticen la transparencia y confiabilidad de dicho proceso. Las auditorías podrán aplicarse al conjunto o algunas de las fases del proceso electoral.
Testigos electorales
Artículo 157. Las organizaciones con fines políticos, los grupos de electores y electoras, los candidatos o las candidatas por iniciativa propia y las comunidades u organizaciones indígenas tendrán derecho a tener testigos ante los organismos electorales subalternos.
Asimismo, podrán acreditar testigos en las auditorías de un proceso electoral y de sus etapas.
Derechos de las y los testigos
Artículo 158. Las y los testigos no podrán ser coartados en el cumplimiento de sus funciones, por las o los miembros de los organismos electorales subalternos correspondientes. Cada testigo presenciará el acto electoral que se trate y podrá exigir que se incorpore al acta correspondiente sus observaciones de aquellos hechos o irregularidades que observe.
Fases de la auditoría
Artículo 159. El proceso de auditoría posee dos fases: La auditoría electoral y la verificación ciudadana.
Auditabilidad del sistema electoral
Artículo 160. La auditoría electoral garantizará la auditabilidad del sistema electoral automatizado y comprenderá la certificación de los procesos del sistema electoral automatizado en cada una de sus fases.
Certificación del sistema electoral automatizado
Artículo 161. Con la auditoría electoral se certificará la legalidad y confiabilidad del proceso del sistema electoral automatizado.
Verificación de los comprobantes de votación
Artículo 162. La verificación ciudadana del cierre de la votación, se efectuará mediante la revisión de los comprobantes de votación con relación a los datos contenidos exclusivamente en el acta del acto de votación elaborada por los miembros de mesa.
El acto de escrutinio se efectuará una vez que finalice el acto de votación.
El Presidente o la Presidenta de la Mesa Electoral anunciará en voz alta el inicio del acto.
Reglamento para la verificación
Artículo 163. Los aspectos o elementos que se desarrollarán en la verificación ciudadana, así como las etapas que serán objeto de la misma, serán establecidos por el Consejo Nacional Electoral mediante Reglamento, para cada proceso electoral.
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REGLAMENTO GENERAL DE LA LEY ORGÁNICA DE PROCESOS ELECTORALES
TÍTULO XII
DE LAS AUDITORÍAS
CAPÍTULO I
DE LA VERIFICACIÓN CIUDADANA
ARTÍCULO 437.- La Verificación Ciudadana del cierre de la votación consiste en la confrontación del contenido de los comprobantes de votación con relación a los datos reflejados en el Acta de Escrutinio. La misma tiene por finalidad verificar la correspondencia entre los datos producto del acto de votación, referidos al número de votantes y observaciones reflejadas en el acta de escrutinio, con relación al proceso de votación desarrollado durante el evento electoral.
Bajo ningún concepto la Verificación Ciudadana se considerará escrutinio, ni forma parte de ese acto.
ARTÍCULO 438.- La Verificación Ciudadana versará sobre la votación para cargos nominales de una elección y comprenderá las Actas de Escrutinio automatizadas y los comprobantes de votos contenidos en las cajas de resguardo.
ARTÍCULO 439.- El Consejo Nacional Electoral determinará mediante resolución, el número de Mesas Electorales que serán objeto de Verificación Ciudadana para cada proceso electoral.
La selección de las Mesas Electorales con sistema automatizado que serán objeto de verificación en un centro de votación, en cumplimiento del número establecido por el Consejo Nacional Electoral para un proceso electoral, se hará por sorteo.
PARÁGRAFO ÚNICO.- En los Centros de Votación con una sola Mesa Electoral con sistema automatizado, esta será la auditada.
ARTÍCULO 440.- La realización de la Verificación Ciudadana por cada Centro de Votación con Mesas Electorales automatizadas, estará sujeta al cumplimiento de las siguientes condiciones en forma concurrente:
1. La Verificación Ciudadana se realizará una vez finalizado el acto de votación y escrutinio en todas las Mesas Electorales del Centro de Votación correspondiente.
2. La Verificación Ciudadana se realizará una vez que se haya efectuado la transmisión íntegra de los datos y los miembros, Secretaria o Secretario de las Mesas Electorales, la Operadora u Operador del Sistema Integrado y las o los testigos, hayan suscritos los ejemplares de las Actas de Escrutinio, por tipo de elección, de conformidad con lo previsto en el presente Reglamento.
3. La Verificación Ciudadana se realizará con la presencia de los miembros de la Mesa Electoral de que se trate, las o los testigos acreditados ante la Mesa Electoral durante el proceso de votación, las observadoras u observadores nacionales o las o los acompañantes internacionales, si los hubiere, y las funcionarias o funcionarios electorales, acreditadas o acreditados por el Consejo Nacional Electoral. Podrán presenciar la Verificación Ciudadana las electoras o electores presentes, sin más limitaciones que las derivadas del espacio físico donde funciona la Mesa Electoral.
4. Se iniciará la Verificación Ciudadana una vez existan las condiciones mínimas de seguridad para la realización del acto con absoluta normalidad.
ARTÍCULO 441.- La Verificación Ciudadana se efectuará con arreglo al presente procedimiento:
1. Finalizado el acto de escrutinio, transmitidos los datos, impresos los ejemplares de las Actas de Escrutinio, por tipo de elección, y suscritas las Actas de Escrutinio; las presidentas o presidentes de la Mesas Electorales anunciarán a viva voz el inicio del procedimiento de Verificación Ciudadana.
2. Seguidamente, las presidentas o presidentes de las Mesas Electorales, seleccionarán por sorteo la o las Mesas Electorales a verificar.
3. La Presidenta o Presidente de la Mesa Electoral a verificar, seleccionará entre los miembros de la misma, quienes manejarán la caja con los comprobantes de voto.
4. Se dará inicio a la elaboración de la Constancia de Verificación Ciudadana.
5. Se solicitará el número de serial de la máquina de votación objeto de Verificación Ciudadana, a la Operadora u Operador, y se asentará en la Constancia de Verificación Ciudadana.
6. Seguidamente, se abrirá la caja de resguardo de los comprobantes de voto y se procederá al cómputo de los comprobantes de votos contenidos en ella, de la manera siguiente:
a) Se cuentan todos los comprobantes de voto existentes en la caja de resguardo y se anota en el renglón correspondiente de la Constancia de Verificación Ciudadana.
b) Se procede a leer en voz alta, uno a uno los comprobantes de voto, indicando claramente la elección expresada en cada voto emitido a favor de cada candidata o candidato de la elección objeto de verificación.
c) Leído cada comprobante de voto conforme al literal anterior, se anota el resultado de la elección de que se trate, en la hoja auxiliar de constancia de Verificación Ciudadana.
d) Concluida la revisión de todos los comprobantes de votos, se contabilizan y se anotan los totales y se registran en la Constancia de Verificación Ciudadana.
e) Una vez finalizado el procedimiento anterior, los integrantes de la Mesa Electoral y las o los testigos firmarán la Constancia de Verificación Ciudadana original y cuatro copias. El original se introducirá en la maleta de resguardo de la máquina de votación; la primera copia se remitirá al Consejo Nacional Electoral; las tres copias restantes se entregarán a las o los testigos de las o los tres candidatas o candidatos que hayan obtenido mayor número de votos en la Mesa Electoral verificada.
7. Las Constancias de Verificación Ciudadana, una vez remitidas y recibidas por el Consejo Nacional Electoral, serán transcritas en una Base de Datos.
CAPÍTULO II
DE LA AUDITORÍA DEL SISTEMA ELECTORAL AUTOMATIZADO
ARTÍCULO 442.- La auditoría electoral garantiza la auditabilidad del sistema electoral automatizado y comprenderá la certificación de los procesos del mismo en cada una de sus fases.
ARTÍCULO 443.- La auditoría del sistema electoral automatizado persigue las siguientes finalidades:
1. Verificar la precisión de la solución automatizada a través de la realización de las auditorías a la misma.
2. Suscitar la confianza necesaria en la solución automatizada.
3. Refrendar la transparencia, celeridad, confiabilidad y autenticidad del sistema automatizado de votación.
ARTÍCULO 444.- La realización de la auditoría del sistema electoral automatizado se efectuará, tanto al software como al hardware, que conforman el sistema automatizado de votación a ser utilizado en un proceso electoral.
ARTÍCULO 445.- Para cada proceso electoral, el Consejo Nacional Electoral establecerá el procedimiento para la certificación de los procesos del sistema electoral automatizado en cada una de sus fases, garantizando la observación de las o los representantes de las organizaciones postulantes.
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Las normas transcritas—Dura lex, sed lex—provienen del sitio web del Consejo Nacional Electoral (ayer recibí un correo que decía: «…como no se puede entrar en la página del CNE para ver la ley de procesos electorales…»). Pero no ha sido posible obtener allí el procedimiento de certificación, descrito en el Artículo 445 del Reglamento General, para el proceso electoral del 14 de abril. Lo solicitado por el Comando Simón Bolívar viene de documento enviado por correo electrónico al suscrito, a las 6:16 p. m. del día de ayer, 23 de abril de 2013. LEA
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La cuchara de Washington
Para su Encuesta Nacional Ómnibus de hace un año (29 de febrero al 7 de marzo de 2012), la encuestadora Datanálisis encontraba que el Consejo Nacional Electoral recibía 73,9% de aprobación de su gestión por la ciudadanía, representada en una muestra de 1.300 entrevistados. Así se ubicaba en el quinto lugar en una lista de veinticuatro instituciones y personalidades propuestas en su cuestionario. (Detrás de la Iglesia Católica, los bancos, los estudiantes y los comerciantes, y justo delante de los medios privados de comunicación. Más abajo, aparecían los empresarios, Mercal, el presidente Chávez—con 62,5% en el puesto 12—, el Tribunal Supremo de Justicia y Henrique Capriles Radonski, en el vigésimo lugar, con 50,2%). En cambio, ahora registra en 657 entrevistas telefónicas (18 y 19 de abril de 2013) que 48,7% encuentra que los resultados electorales del 14 de abril «No reportan adecuadamente la votación del pueblo venezolano y están alterados para beneficiar una parcialidad política»; 51,3% cree lo contrario, según la publicación de esta medición en El Universal. (Un clic sobre ellas amplía las imágenes).
Este último dato ha debido ser lo que fundamenta las innecesarias declaraciones de Roberta Jacobson, Secretaria de Estado para América Latina de los EEUU: «la mitad de los venezolanos no tiene confianza en el resultado”. La secretaria Jacobson ha optado por descreer 98,12% de las actas de escrutinio del 14 de abril, auditadas en un nivel de 54% por muestras aleatorias y contentivas de 14.814.497 voluntades ciudadanas, para creer en 657 entrevistas tomadas, del mismo modo, aleatoriamente.
La secretaria Jacobson se ha preocupado mucho con la celeridad del proceso electoral venezolano: primero en la entrevista que concedió a El País de Madrid el 15 de marzo, cuando opinó que la elección había sido convocada apresuradamente, en aparente desconocimiento de lo que pauta nuestra Constitución; ahora al destacar que Nicolás Maduro fue proclamado al día siguiente de la votación. (En verdad, a Hugo Chávez se le proclamó tres días después del 7 de octubre).
Pero es igualmente veloz la nueva y entrometida declaración de Jacobson, que se produce, análogamente, al tercer día de que cerrara el levantamiento de campo de la encuestadora y sólo dos desde la emisión de sus datos. Claro que Datanálisis logró mejorar el valor predictivo de sus registros: mientras un mes antes de la elección tenía a Maduro ganando a Capriles por 14,4 puntos, Barclays dejó colar que la misma firma pudo medir un cerramiento de la brecha hasta un promedio de 7,2% entre el 4 y el 11 de abril, y su última toma de información midió 3% de diferencia. (Ver en este blog Final cerrado).
En general, respeto las encuestas de Datanálisis, como respeto la información de un sistema electoral que, si bien vulnerado gravemente por el ventajismo oficialista, nunca ha sido válidamente mostrado como fraudulento. Pero es muy grave que un ente vital a la democracia, en el que una marcada mayoría de venezolanos confiaba, sea cuestionado por casi la mitad de la población. Según el CNE, Capriles obtuvo el 49% de los votos, y ahora parece que 48% de la población (con potencial error de ±3,81%) no cree que la primera cifra es confiable. La oposición habría tenido un éxito inusitado en erosionar muy rápida e importantemente la confianza en el Poder Electoral.
Habrá que ver si esa labor es útil a la patria (y a posteriores participaciones electorales de la oposición), pero lo que está claro es que la secretaria Jacobson se está entrometiendo en lo que no le incumbe. No le compete hacer indicaciones al sistema electoral del país, y creo que la oposición no necesita su ayuda para lo que se propone; la Mesa de la Unidad Democrática se basta a sí misma muy suficientemente. Con su entrometimiento, Jacobson permite que la sospecha de juego coordinado recaiga sobre la MUD y su candidato. Si yo fuera Ramón Guillermo Aveledo, le diría (parafraseando a Cantinflas): «¡No me defienda, comadre!» LEA
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Complaciendo peticiones
La Rectora Presidente del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, anunció que el organismo auditará el 46% restante de las cajas que contienen las papeletas de la votación del domingo 14 de abril: “El poder electoral toma esta decisión en aras de aportar a la preservación de un clima de armonía entre venezolanos y venezolanas. Pero también para aislar a los sectores violentos que buscan irresponsablemente lesionar la democracia”.
El Presidente electo anticipó que acataría la decisión que en este asunto tomara el Poder Electoral. Por su parte, el candidato de la alianza opositora, Henrique Capriles Radonski, había declarado previamente y en varias oportunidades que aceptará los resultados electorales que esta auditoría complementaria arroje. En consecuencia, habiendo logrado su objetivo, ya no ordenará más cacerolazos y tendrá que retirar la caracterización de ilegítimo que endilgara a Nicolás Maduro, en caso de que el exhaustivo examen confirme el orden anunciado a las 11:20 p. m. del 14 de abril. El comunicado que leyera esta noche Lucena es una contribución extraordinaria a la paz de la República, y es una actuación que debe ser recibida con alivio y orgullo por la ciudadanía en general, independientemente de preferencias políticas.
Entretanto se completa el procedimiento previsto, en presencia de los técnicos designados por los comandos de campaña de los candidatos, he aquí los números del CNE en actualización de hoy a las 6 de la tarde. (Aún no se ha incorporado las cifras de la votación en el exterior).
Es clarísimo que la oposición venezolana tuvo un desempeño notable, del que puede estar satisfecha. José Vicente Rangel ha reconocido hoy: «Desde luego, a la oposición le asiste el derecho a objetar el resultado. Sólo que tiene que hacerlo respetando la legalidad y las instituciones. Hay instancias que no es posible poner de lado. La oposición tiene que canalizar su denuncia a través del CNE e impugnar el resultado recurriendo a la instancia correspondiente. De lo contrario, estará reaccionando contra el Estado de derecho. La excelente campaña electoral que ese sector hizo y el liderazgo conquistado por Capriles, lo puede arruinar un paso en falso».
El país debe su reconocimiento y su gratitud al Consejo Nacional Electoral. Las aguas podrán ahora volver a su cauce. LEA
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Terapia antihistérica
histeria. (Del fr. hystérie, y este del gr. ὑστέρα, matriz, víscera de la pelvis). 1. f. Med. Enfermedad nerviosa, crónica, más frecuente en la mujer que en el hombre, caracterizada por gran variedad de síntomas, principalmente funcionales, y a veces por ataques convulsivos. 2. f. Estado pasajero de excitación nerviosa producido a consecuencia de una situación anómala. ~ colectiva. 1. f. Comportamiento irracional de un grupo o multitud producto de una excitación.
Diccionario de la Lengua Española
Histeria, en su uso coloquial, describe excesos emocionales inmanejables. Las personas «histéricas» a menudo pierden su autocontrol, a causa de un miedo abrumador que puede originarse en eventos del propio pasado que involucraron algún tipo de conflicto severo.
Wikipedia
(traducción del artículo en inglés)
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La primera obligación de un gobernante es la preservación de la paz y la seguridad de la comunidad. Un verdadero jefe de Estado procura siempre esas condiciones esenciales de la vida social; no se conduce como miembro prominente de una pandilla pendenciera. El Presidente electo, Nicolás Maduro, está fuera de ese deber, con su verbo incesantemente belicoso e insultante. También el Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, que niega arbitraria e ilegalmente a diputados de oposición el derecho de palabra y permite su asalto físico y verbal. Si amenaza con abrir investigación de la Asamblea Nacional acerca del comportamiento de Henrique Capriles Radonski, antes debió iniciarla sobre los partidarios del gobierno que amedrentaban, armados y en gavillas motorizadas, a votantes de opinión contraria a la suya; antes ha debido señalarle al Presidente encargado su obligación de destituir al Ministro de la Defensa por la violación pública y descarada del Artículo 328 de la Constitución: «La Fuerza Armada Nacional (…) está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna».
El actual líder de la oposición acicatea esa conducta inaceptable cuando él mismo se refiere a Maduro como «el ilegítimo». Maduro se encargó de la Presidencia de la República por interpretación correcta de la Constitución, texto al que Capriles se opuso en 1999 y ahora blande como todo el resto de los opositores. Al producirse la falta absoluta de Hugo Chávez, Maduro dejó de ser Vicepresidente—cargo sobre el que pesa el impedimento del Artículo 229 constitucional—e ipso facto se convirtió en Presidente habilitado para presentarse a la elección del 14 de abril. Previamente, el 9 de enero, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia resolvió defectuosamente la laguna constitucional acerca de una falta temporal del Presidente electo (el 7 de octubre): decidió que se iniciaría al día siguiente el período 2013-2019 aunque Chávez no pudiera juramentarse en tal oportunidad. También incurrió el TSJ en negligencia al no someter la enfermedad de Hugo Chávez al escrutinio de una junta médica que pudiera certificar su incapacidad física o mental permanente. Pero una vez que decidiera así el 9 de enero, Maduro era el Vicepresidente del nuevo período en suplencia de Hugo Chávez y, al deceso de éste, pasó a ser Presidente encargado. Es la decisión del 9 de enero la que Capriles debió impugnar si no estaba de acuerdo con ella; no le asiste derecho para desconocer la correcta decisión del 8 de marzo y por tanto irrespeta al Presidente encargado, ahora Presidente electo por estricta aplicación de la ley, al llamarlo «ilegítimo».
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George W. Bush fue reelecto Presidente de los Estados Unidos en 2004 por una ventaja de 2,4% sobre John Kerry (50,7% a 48,3%), históricamente la menor alcanzada por un presidente en ejercicio, y a nadie se le ocurrió entonces solicitar allá un recuento de los votos. En cambio, cuando fue electo por primera vez en 2000, obtuvo su cargo gracias a los votos electorales de Florida, estado del que su hermano era gobernador; ganó por 5 votos electorales—271 votos contra 266 obtenidos por Al Gore—, y Florida le aportó 25. Esa vez, hubo recuento de votos en Florida (nadie exigió un recuento total en todos los estados) que determinó una ventaja de Bush de 537 votos en más de seis millones de sufragios. A pesar de que superó nacionalmente a Bush por 543.895 votos, el Premio Nóbel de la Paz—por algo lo es—respetó la microscópica diferencia y las reglas del sistema estadounidense de segundo grado y concedió la elección a su oponente. El Departamento de Estado de los EEUU no tiene el menor derecho de desconocer la proclamación de Nicolás Maduro como Presidente electo, por una diferencia de 234.935 votos (234.398 más que los que dieron a Bush su primer triunfo), cuando se disponía del 99,12% de las actas y éstas habían sido auditadas, como lo determina la normativa electoral, en 54% del total, lo que es sin duda una muestra muy representativa, bastante más que suficiente. Las previas y desconfiadas declaraciones de Roberta Jacobson (a El País de Madrid, el 15 de marzo), Secretaria de Estado para América Latina, indicaban la predisposición de Washington, y el editorial artero e irrespetuoso de El Nacional que la defendió el 20 del mes pasado delataba la existente en algunos opositores venezolanos. (Ver en este blog El sentido de María Bolívar).
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Es ciertamente muy pequeña la ventaja de Maduro sobre Capriles. Aunque las cosas resultaron en ella, hay mucho fundamento para imaginar que una semana más de campaña habría redundado en un triunfo del candidato de oposición; era la candidatura oficialista la que colapsaba con rapidez creciente en un bandazo pendular de la opinión. En sólo 39 días, Maduro se encargó de dilapidar una buena parte de la fortuna electoral que Chávez legara el 8 de diciembre y su heredero cobrara el 5 de marzo. No es, por consiguiente, descabellada la petición de la oposición; lo que ésta debe hacer es atemperar su retórica y hablar en términos de respeto, pues hasta ahora no hay prueba firme de fraude electoral alguno. (No es una prueba, sino mera retórica efectista, sugerir que es imposible creer que Maduro haya podido superar la votación de Chávez en algún centro electoral; más de una explicación alternativa de ese dato, distinta de algo sospechoso y enteramente natural, puede también imaginarse). De todos modos, luce conveniente una revisión de la cosa en procura de la paz, y hubo un acuerdo inicial entre Maduro y Capriles para el recuento total de la votación, con una muestra del tamaño del universo. Pero las mutuas andanadas insultantes—más de parte del gobierno que de la oposición—amenazan con impedir ese procedimiento tranquilizador.
Considero poco probable que un recuento del 100% de los votos invierta el orden de llegada pero, si ése fuere el caso, entonces Capriles resultaría ser el Presidente electo con legitimidad igualmente bajísima, y cabría aplicarle a su hipotético triunfo todo lo que ahora se le observa al de Maduro. (El propio candidato opositor, y otros voceros de su comando, han declarado que habría ganado «por una pequeña diferencia»). Esto, sin contar con que tendría que gobernar con el resto de los poderes nacionales en su contra; una inmediata presidencia suya sería tanto o más inestable como la que ahora es la de Maduro.
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Buena parte de los partidarios de ambos candidatos ha alcanzado el paroxismo; basta para convencerse de eso leer el tráfico de mutuas agresiones en las redes sociales. Los ánimos han llegado a cotas histéricas. Es por esto que el Estado en particular, y el liderazgo político en general, deben por encima de cualquier cosa asegurar la tranquilidad del país; a nadie sino a los más radicales de cada bando conviene la prolongación de esta condición crispada. Ayer me indicaba Eduardo Fernández, una voz prudente entre las prudentes, que de continuarse en la insensata descalificación de nuestro sistema electoral, no habrá base para estimular la votación en las pendientes elecciones municipales ni la de un eventual referendo revocatorio. Es necesario recuperar la confianza en nuestras instituciones electorales; no debemos permitir que las suspicaces especulaciones en su contra, con grave sesgo y distorsión y en ausencia de pruebas, destruyan la columna vertebral de nuestro procedimiento democrático.
La mayor responsabilidad recae sobre Nicolás Maduro; su conducta permite dudar de su competencia política. Es justamente su iracundia lo que le puso en grave riesgo de perder la elección; la repetición de la cólera lo descalificaría como estadista y barrería con la poca legitimidad que le resta. En 2007 ya se deterioraba el apoyo al mismo Chávez, de un modo que le significó la derrota en su estratégico referendo de reforma constitucional de ese año que, por cierto, perdió por sólo 1,41 puntos, en desempeño peor en 0,18 puntos que el de Maduro. (Chávez no exigió que la exigua diferencia se verificara en recuento, ni total ni parcial, de los votos, pero «Mucho antes del proceso canceroso de su organismo, partidarios que habían sido suyos ya lo desahuciaban políticamente, tan evidente era su agresivo engreimiento». Las élites culposas, pág. 380). El país pide mayoritariamente la reconciliación; no puede el Jefe del Estado conducirse como baladrón siempre amenazante, por más que su predecesor, su modelo, haya sido un redomado perdonavidas. No debe vomitar odio y presentarse, hipócrita y descaradamente, como amoroso.
Pero Capriles no debe diferenciarse de él solamente en urbanidad; la cosa no está en comer con cubiertos, en decir, como los japoneses de caricatura, honolable desglaciado. Si el Presidente de Uruguay debió ofrecer sus excusas a la Presidente de Argentina por un comentario imprudente, Capriles debe cesar de inmediato en su caracterización de Maduro como ilegítimo; yo le aconsejaría que se disculpara por eso, pues acrecentaría su autoridad moral para exigir que Maduro le respete.
Después del fracaso, en 36 horas, de la conspiración de Carmona, un grupo de militares antichavistas «liberó» la Plaza de Altamira y se asentó en ella como un forúnculo. Entonces no se habían recuperado suficientemente los partidos opositores, que entraron en catatonia en diciembre de 1998 con el primer triunfo de Chávez. (Henry Ramos Allup intentó esconder su condición adeca al postularse a la Constituyente en Apure por iniciativa propia, y Capriles Radonski, Presidente de la Cámara de Diputados, continuó despachando luego de la «preeliminación del Senado» en 1999; entonces no protestó como lo hace ahora). La resistencia contra Chávez fue liderada al comienzo por operadores atípicos, medios de comunicación y organizaciones no gubernamentales, que intentaron llenar el vacío partidista. Pero la copiosa asistencia a la plaza «forzó» a los dirigentes de partido a aparecer en su tarima, primero tímidamente, luego a ritmo cotidiano. Poco a poco se envalentonaron.
La audiencia de Altamira es la misma que exige a estas alturas el voto manual—«¡Como se hace en todos los países civilizados!» (el nuestro, según ella, no lo sería)—, cuando la reforma de diciembre de 1997, antes de Chávez, a la Ley Orgánica del Sufragio, ya establecía: «Artículo 154. El proceso de votación, escrutinio, totalización y adjudicación será totalmente automatizado». Es la misma que condenó a Manuel Rosales en diciembre de 2006 por reconocer con prontitud, como un hombre serio, la victoria de Hugo Chávez; la oposición neurotizada que hizo lo mismo a Capriles Radonski el 7 de octubre de 2012 por reconocer responsable y prontamente lo mismo. Luego vino la transformación del gentil Dr. Jekyll-Capriles en Mr. Hyde-Radonski. La breve campaña hacia el 14 de abril lo mostró más agresivo que el año pasado, y ahora puede pensar que este cambio de actitud fue lo que casi le reportó la victoria. Si esto es así, es natural que crea que debe continuar en esa tónica pugnaz, pero estaría equivocado. En la medida que alimente la cólera de su clientela, con insinuaciones que no ha demostrado, malgastará lo que ha crecido como político, que es mucho. La oposición profesional venezolana ha logrado un éxito considerable, que no creí posible; no debe mancharlo con inmadura imprudencia. LEA
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