el blog de luis enrique alcalá de sucre
la política como arte de carácter médico (y otras cosas)Nota del día 25/07/10: La política que debe cesar

Otro uso para las piedras
La política convencional se la entiende, en palabras de Hess, ocupada del asunto de “la adquisición y el empleo del poder político”. En ambientes democráticos, su tecnología cotidiana es la conciliación de intereses opuestos, y por tanto son para ella importantes el diálogo, la negociación y la transacción. Pero a esa tarea ostensiblemente beneficiosa, subyace el propósito de la dominación, y en la práctica es el modo normal de actuación política la competencia, el combate. Los políticos convencionales, por consiguiente, pasan paradójicamente la vida confrontándose para acceder a un poder que les permitiría conciliar.
Actitudinalmente, además, el político convencional “parte del principio de que debe exhibirse como un ser inerrante, como alguien que nunca se ha equivocado, pues sostiene que eso es exigencia de un pueblo que sólo valoraría la prepotencia”. Los partidos son, en consecuencia, agrupaciones de personas que creen que siempre tienen la razón.
Es claro que estos dos rasgos del paradigma político prevaleciente—el de la política de poder o Realpolitik—impiden que el aparato público cumpla cabalmente con la única función que lo justifica: la solución de los problemas de carácter público. (De hecho, es esto lo que ha sido medido una y otra vez por estudiosos del fenómeno; por ejemplo, John A. Vasquez en The power of power politics). Si la cuestión es alcanzar el poder e impedir que el competidor haga lo propio, el adiestramiento más importante del político es el de un arte marcial, pues la lucha es su actividad constante. Las destrezas a adquirir son las requeridas para ese combate: artes retóricas y de manipulación.
Si el paradigma “realista” es la causa última de la insuficiencia política, aquí y en toda latitud, no habrá solución de fondo hasta que no lo suplante un paradigma “clínico”, que entienda la política como arte o profesión de solucionar los problemas públicos, y hasta tanto nuestros políticos no reciban un adiestramiento correspondiente. En particular: “El nuevo actor político… tiene la valentía y la honestidad intelectual de fundar sus cimientos sobre la realidad de la falibilidad humana. Por eso no teme a la crítica sino que la busca y la consagra”. LEA
Las músicas azules
Hagamos una cosa: oiga usted, primero que nada, el siguiente archivo de audio y luego sigamos hablando.
Si usted está familiarizado con la música «culta», probablemente su oído ubicaría el trozo reproducido en la época del Barroco. No le faltaría razón; esa música ha sido atribuida a Giovanni Battista Pergolesi (1710-1736), violinista, organista y compositor italiano de importante obra en el género de la opera buffa. Quizás conozca usted precisamente la pieza en cuestión; si es así, sabrá entonces que en cambio se trata del primer movimiento de la Suite Polichinela, del ballet del mismo nombre compuesto por ningún otro que Igor Stravinsky (1882-1971), el mismo de Agón y El Pájaro de Fuego. (El ballet fue encargado por Sergei Diaghilev para sus Ballets Russes. Quería una obra basada en los caracteres de la Commedia dell’arte italiana, y Stravinsky reconstruyó las partituras halladas por aquél con lenguaje y rítmica moderna).
No se trata, por tanto, de que el compositor más famoso del siglo XX escandalizara a los parisinos en 1913 con su Rito de la Primavera porque no sabía componer música consonante. El nuevo idioma musical de Stravinsky no tenía que ver con incapacidades armónicas o melódicas del compositor; era, simplemente, eso: un nuevo idioma, del mismo modo que el Período Azul de Pablo Picasso desmiente la superficial e inculta especie de que el pintor malagueño hizo las Damiselas de Aviñón porque no era buen dibujante. (Picasso, por cierto, diseñó los vestuarios y la escenografía de Polichinela, estrenado en París hace noventa años).
Hay muchos ejemplos, por lo contrario, de maestría composicional de los autores modernos cuando han usado deliberadamente moldes de épocas precedentes. Muchos compositores del siglo XX tuvieron su época azul, y las razones para componer en forma, armonía o textura más antigua son de diversa índole.
Camille Saint-Säens (1835-1921), por ejemplo, eligió una textura, un motivo musical y un tempo bastante clásicos para La rueca de Onfalia, pieza a la que llamó poema sinfónico, que es una forma característica del Romanticismo ya maduro. ¿Por qué? Porque su tema es mitológico y no convenía, a su criterio, alojarlo en lenguaje más moderno. He aquí su primera parte:
Al norte de Camille los ingleses son muy dados a sentir la obligación de componer alguna pieza al estilo antiguo. Veamos varios ejemplos en sucesión.
En primer término, puede ocurrir que se adapta un tema tradicional. Éste es el caso de la muy conocida Fantasía sobre Greensleeves (Mangas verdes) que el compositor Ralph Vaughan Williams (1872-1958) incorporara en su ópera Sir John in love. El tema es tan antiguo como Isabel I de Inglaterra, y es mencionado incluso por Shakespeare (en Las alegres casadas de Windsor y en Falstaff). Todos lo reconocemos:
Otras veces, un tema antiguo es transformado en variaciones que lo tratan más allá de la mera adaptación. Henry Purcell (1659-1695), posterior a Isabel I, es el gran músico inglés del Barroco (Händel era alemán), y un tema de su música incidental para la obra teatral Abdelazar (La venganza del moro, de Aphra Behn), del segundo movimiento o Rondó, fue tomado por Benjamin Britten (1913-1976) para musicalizar una película encargada por la BBC: Guía de los jóvenes a la orquesta. (La Orquesta Sinfónica de la BBC fue dirigida en la película en blanco y negro por Sir Malcolm Sargent). He aquí, en sucesión, el tema original de Purcell y luego el tratamiento de Britten:
Pero también puede prescindirse del préstamo temático y usar material moderno, original, inventado, dentro de formas ya en desuso. El mismo Britten nos ofrece el ejemplo de esta manera de componer en azul con la Passacaglia de su ópera Peter Grimes. El tema es de Britten, con su característica acidez, pero la forma es la estricta del contrapunto barroco: un basso ostinato (una secuencia melódica que se repite una y otra vez en el registro bajo) al que se superponen variaciones en los registros altos. Facilita la comprensión escuchar primero una passacaglia del Barroco verdadero, en este caso, la de la Passacaglia y Fuga en Do menor de Juan Sebastián Bach (1685-1750). Después, la de Peter Grimes. (Cada una expone, inicialmente, el tema recurrente solo).
Un ejemplo formal más por otro compositor inglés. El movimiento Ostinato de la Suite de San Pablo de Gustav Holst (de fama por la suite astrológica Los planetas):
Naturalmente, otras nacionalidades musicales han emprendido las mismas exploraciones. Ernest Bloch (suizo-estadounidense, 1880-1959) escribió dos concerti grossi completos. Podemos oír ahora (entero) el cuarto y último movimiento del primero de ellos, para orquesta de cuerdas y piano obligado en un papel antaño reservado al clavecín. Se inicia en textura polifónica de fuga, y al final evoca el tema del primer movimiento fusionándolo con el material previo:
Mucho menos áspera es En tiempos de Holberg, Suite al viejo estilo, cuyo autor es el noruego Edvard Grieg. Su cuarto movimiento, Andante religioso, íntegro aquí, es de una nobleza incomparable:
Así que obras completas de compositores modernos en varios movimientos pueden seguir estructuralmente las reglas de formas pasadas. El ejemplo más famoso lo proporciona Sergei Prokofiev (1891-1953) con lo que llamó, justamente y sin tapujos, nada menos que Sinfonía Clásica, compuesta en el estilo de Haydn (1732-1809) y Mozart (1756-1791). Acá ponemos los movimientos centrales, Larghetto y Gavotta. (Baile este último que recuerda más atrás: el origen de la forma sinfónica en la suite barroca de danzas).
A punto de concluir esta fugaz visita a las músicas azules, admitamos que no hemos retrocedido más allá del período Barroco. Un icono cultural a partir de los años sesenta—los de Woodstock y el Mayo Francés—es, sin duda, la cantata escénica Carmina Burana (Canciones del Beuern), que Carl Orff (alemán, 1895-1982) compuso en 1937. La famosa obra trajo un lenguaje musical que es copiado ahora en Hollywood para musicalizar sugerentemente películas de exorcistas o vampiros, en la creencia de que escribiendo como Orff se hace música medieval. En verdad, los textos sobre los que Orff montara la impar cantata provienen de manuscritos del siglo XII y aún antes, hallados en el monasterio Benediktbeuern. (No hay vampirismo en ellos). Pero la música de Orff es enteramente moderna; ciertamente, por la orquestación y por los ritmos, que suenan primitivos pero son inconstantes, al estilo de Stravinsky. (De hecho, Les Noces, de este compositor—que tuvo su período azul, neoclásico–influyeron mucho en Carmina Burana). La genialidad de Orff reside en haber logrado una música de tal simplicidad que se la siente primitiva, ingenua, y el latín y el alemán antiguo, con algo de francés de la época, contribuyen a formar la impresión de antigüedad. Pongamos acá dos de los veinticuatro números de la obra. El coro Veni, venim, venias y el dulce solo de soprano In trutina mentis dubia, cuya letra copiamos abajo. (Cantado por la primerísima soprano estadounidense Renée Fleming):
In trutina mentis dubia
fluctuant contraria
lascivus amor et pudicitia
Sed eligo quod video
collum iugo prebeo
ad iugum tamen suave transeo
Lo que antecede debiera ser suficiente demostración. Los grandes compositores contemporáneos son capaces de hacer obras en formas estrictas como las clásicas y barrocas, en texturas y armonías del tonalismo convencional, en melodías tan románticas como las de Schubert o Chopin. Si se han lanzado por caminos musicales distintos es, precisamente, porque el lenguaje que han aprendido en los conservatorios donde estudiaron se ha empleado para decir casi todo y ellos quieren decir cosas nuevas.
Pero no es bueno un concierto sin encore. Aprovechando la presencia de Renée Fleming, escuchémosle cantar Baïlerò, de la maravillosa recopilación de añejas canciones del folklore profundo francés por Joseph Canteloube: Chants d’Auvergne. Recopilar lo viejo y arreglarlo para el oído y los instrumentos modernos es otro modo de componer música azul. LEA
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Nota del día 24/07/10: Do not disturb

Una explosión que pudo ser evitada
Lo último en razones del accidente en la plataforma Deepwater Horizon, que explotara sobre el pozo Macondo en el Golfo de México el pasado 20 de abril, ha emergido en declaraciones del técnico en electrónica Michael Williams, a cargo del mantenimiento de sus sistemas electrónicos. Hasta ahora, la mayor parte de la culpa por el accidente que ha causado inconmensurable daños ecológicos y económicos ha sido colocada sobre BP, siendo que esta petrolera internacional es la operadora del pozo, pero las revelaciones de Williams podrían reubicarla sobre los hombros de Transocean, la contratista a cargo de las operaciones.
Durante una sesión de la investigación en progreso que sigue el gobierno federal de los Estados Unidos, Williams explicó que los sistemas de alarma se encontraban desconectados, así como otros mecanismos de seguridad. Más aún, indicó que ese estado era el producto de decisiones deliberadas.
El día de la explosión no hubo alarmas que advirtieran del peligro; un año atrás fueron desactivadas intencionalmente porque los jefes en la plataforma, como Williams personal de Transocean, no querían que los trabajadores despertaran en la madrugada por causa de falsas alarmas. Otro sistema que habría cerrado la cabina del taladro en caso de detección de gas en niveles peligrosos, estaba desactivado, y el supervisor de Transocean, Mark Hay, descartó la advertencia de Williams confiándole que así llevaba cinco años y que en todas las plataformas de la compañía el sistema operaba desactivado. Finalmente, Williams contó que un sistema computarizado que vigilaba la cabina del taladro se colgaba constantemente y, en una ocasión en particular, ofreció información errónea. Éste era el sistema que debió informar que una válvula del dispositivo encargado de cerrar el pozo en caso de problemas estaba dañada.
La gravedad de las declaraciones de Williams parece indicar que el villano principal de la tragedia, que mató a 11 trabajadores y ya ha descargado más de cuatro millones de barriles de petróleo en el Golfo de México, no es BP sino su contratista, Transocean Limited, y esta compañía dista mucho de tener el músculo financiero de la petrolera británico-estadounidense. Un desastre de esta magnitud puede acabar con la contratista incorporada en Suiza, pero no liberará de culpa a BP, de la que el Presidente del Comité de Energía y Comercio del Congreso de los EEUU, Henry Waxman, dijera el mes pasado: “Una y otra vez, parece que BP ha tomado decisiones que aumentaron el riesgo de una explosión para ahorrar tiempo y dinero a la compañía”.
Es muy difícil que una cosa así concluya sin responsabilidades penales. LEA
Nota del día 23/07/10: Gestualidad en tiempos de crisis

El mimo Roy
Ahora, una vez que el recién concluido Mundial de Fútbol masificara el pantalleo—miembros del público pendientes de que las cámaras se fijen sobre ellos para agitarse con saludos y pancartas—, el oficialismo ha adoptado la práctica con fruición. Anteayer actuaron así muchos y muchas de los graduandos y graduandas de licenciados y licenciadas en menciones Culturo y Cultura en el Teatro Teresa Carreño y Carreña. En cuanto se percataban de que estaban enfocados, se reían emocionadamente y mostraban algún papel de difícil lectura.
Ayer, por su lado, el embajador Roy Chaderton hizo gala de recursos adicionales. Poco antes de las once de la mañana, mientras su colega colombiano, Luis Alonso Hoyos, descargaba sus acusaciones contra el gobierno venezolano, se dio cuenta de que una cámara se fijaba en él. Miró por breves instantes directamente a ella, pero pronto inició una recuperación algo accidentada pues, por un lado, preservó el gesto de desagrado al desviar los ojos y luego se tocó la nariz—gesto clásico del mentiroso—y un lado de la cara, antes de comenzar a sonreír mecánicamente, con obvia premeditación, como si indicara falta de seriedad, hasta algo de divertido, en la presentación del Embajador de Colombia. Remató la actuación manteniendo la sonrisa y señalando a alguien, probablemente el embajador de alguna nación del ALBA, a quien se dirigía con el gesto de agitar en su dirección el índice de su mano derecha en señal que parecía aprobatoria. Una secuencia verdaderamente postiza, con demasiados gestos distintos para tan breves segundos.
Su jefe último estuvo gestualmente mejor. A Hugo Chávez le sienta bien la compañía de Diego Armando Maradona. Mientras justificaba la ruptura de relaciones con Colombia no torció la boca, ni aportó los gestos que típicamente le acompañan cuando dice enormidades.
Fueron sus persuasivas palabras las que parecieron traicionarlo, con una sugerencia que pareciera poner en duda la materia de la denuncia colombiana ante el Consejo Permanente de la OEA. Dijo: “Uribe es capaz de mandar a montar un campamento simulado del lado venezolano para atacarlo y causar una guerra”.
Bueno, Uribe no ha hecho eso y difícilmente pueda hacerlo en los quince días que le quedan como gobernante. No es eso lo que Chávez quiso decir, sino sugerir que si por algún azar, un satélite estadounidense lograre fotografiar campamentos extraños cerca de La Villa del Rosario en el estado Zulia, eso sería obra de Álvaro Uribe Vélez.
Pero si esto es así, si Uribe puede hacer eso sin que Venezuela lo impida, la defensa de las fronteras nacionales es muy incompetente. LEA
Una pesadilla treintañera
Hay una diferencia entre ser persuasivo y ser convincente. Para quien sólo dispone de un televisor con qué juzgar la validez de las denuncias presentadas por Colombia ante la Organización de Estados Americanos, sobre la presencia numerosa, creciente y consolidada de irregulares colombianos en territorio de Venezuela, el embajador Luis Alonso Hoyos fue lo primero pero no lo segundo.
Cuando se conoció que el Consejo Permanente de la OEA se reuniría ayer para escuchar las acusaciones colombianas, comentaristas de varios medios se preguntaron por qué había esperado el gobierno de Álvaro Uribe, que cesará en quince días, una oportunidad tan tardía para presentar el caso. La mayoría opinó que se trataba de un modo de encajonar al gobierno entrante, que presidirá Juan Manuel Santos. Después que éste y Uribe se reunieran sobre el asunto, Santos emitió declaraciones esperanzadoras de que en un futuro pudiera resolverse el problema de la presencia de terroristas en países vecinos, evitando usar el término guerrilleros.
Ayer, conocida ya la decisión venezolana de ruptura de relaciones diplomáticas adoptada por el gobierno venezolano, ha mantenido una abstención metódica y neutral: «Sobre el tema de las relaciones nuestras con Venezuela, la mejor contribución que podemos hacer es no pronunciarnos». Para dejar más claras las cosas añadió que Uribe es el Presidente de Colombia hasta el 7 de agosto.
Naturalmente, la presentación de Hoyos tiene un impacto en la opinión pública y en la de quienes toman decisiones en Colombia, Venezuela y el resto del continente y el mundo. El gobierno de Venezuela no puede desconocer que adolece de un serio problema de credibilidad respecto de su relación con las FARC; el Presidente de la República propuso que se las considerara beligerantes según el concepto de Derecho Internacional, y nunca escatimó elogios para el fallecido Marulanda. Existe el video del ministro Rodríguez Chacín alentando a guerrilleros colombianos en su lucha. No puede quejarse de la propensión a creer las denuncias de Hoyos.
Por esa razón se beneficiaría de una verificación in situ. Es comprensible que el gobierno venezolano considere una afrenta a la soberanía nacional la visita de una misión multinacional de verificación, y el gobierno colombiano ha debido presumir que su propuesta en ese sentido no prosperaría, sabedor de que la OEA no puede forzar una cosa así sin la anuencia de Venezuela, como explicara prontamente Insulza. En consecuencia, Colombia propuso la inspección para obtener la negativa de Venezuela, para sugerir que la negación era un indicio de culpabilidad.
Pero el movimiento Voluntad Popular ha propuesto algo que puede rendir los mismos efectos de exculpación: la constitución de una comisión nacional mixta que haga la observación en las coordenadas suministradas por el embajador colombiano. Sólo observadores venezolanos para dejar a salvo la soberanía bicentenaria, cuidando de que la comisión sea más amplia que la que estuvo trabajando en el Panteón Nacional. Que incluya, por ejemplo, a Ismael García, a algún representante de la Conferencia Episcopal Venezolana, a Globovisión, por supuesto. La idea de Voluntad Popular es muy buena.
………
Hay quienes han sugerido que el gobierno de Venezuela sacaría ventaja electoral de esta tensa situación bilateral para las inminentes votaciones del 26 de septiembre. Lo contrario han debido calcular quienes diseñaran la oportunidad de la denuncia, y tal vez esto explique mejor el timing de la cosa que la hipótesis de un deseo de Uribe de forzar la mano de Santos. En cualquier caso, es un sobresalto más en una década y un año de sobresaltos, en un período venezolano de constante tensión. Aunque sólo fuera por una añoranza de la tranquilidad perdida en cuanto Hugo Chávez vino a gobernar, un episodio como éste no puede representar rendimiento electoral para el oficialismo.
Ahora bien, debe observarse que, aunque nunca se había llegado, como ahora, a la ruptura de las relaciones diplomáticas—Chávez dijo «de todo tipo de relación»—, la instrucción de alerta militar máxima en las fronteras es bastante menos abrasiva que la orden de movilizar una decena de batallones hacia ella, como ocurrió en la última crisis. No hay riesgo inminente, pues, de conflagración. El mismo Chávez ha dicho: «Espero que se imponga la racionalidad en la Colombia que piensa».
Así que un recuerdo preocupante se ha disuelto. Era el año de 1980, y tuve una pesadilla en la que sólo veía una gran escena panorámica, donde algo insólito ocurría a una hora de temprano anochecer: naves de guerra colombianas circunnavegaban Caracas con impunidad. Vista la ruptura del más reciente absceso, creo que esa pesadilla, que soñé unas tres o cuatro veces por aquellos días, era un sueño proyectivo, ciertamente, pero no premonitorio. LEA
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Nota del día 22/07/10: También hay santones socialistas

Todos los hombres son mortales
El fundamentalismo es una postura realmente simplista y muy peligrosa socialmente. Es la postura de Khomeini, es la que lleva a decretar la muerte de Salman Rushdie, es la que MacCarthy asumía en los Estados Unidos de los años cincuenta, es la que personificó Robespierre durante la época del Terror durante la Revolución Francesa.
Los resultados de la política fundamentalista en esa fase de la Revolución Francesa configuran una lección histórica que no conviene olvidar. Aun cuando, en teoría, la Revolución era un movimiento a favor de las clases más bajas de la sociedad francesa de fines del siglo XVIII, la distribución por clases sociales de las víctimas del Terror arroja un resultado paradójico y terrible: el 7 y el 8% de los guillotinados provenían, respectivamente, del clero y de la nobleza, en tanto que 31% pertenecía a la clase trabajadora, 28% era de la clase de los campesinos y un 11% adicional correspondía a la clase media baja.
Los procesos sociales guiados por un código fundamentalista tienden a salirse de control con rapidez, y de hecho son iniciados, muchas veces, bajo el manto de imagen de sus moralistas postulados por actores sociales que en realidad emplean técnicas de Realpolitik de modo disimulado. El puño de hierro dentro del guante de seda de Metternich. No es éste, por cierto, el caso de Hugo Chávez, que ni come con cubiertos ni usa guantes. Su protocolo, por lo contrario, pareciera regodearse en el descaro.
La sociedad venezolana debe sustituir el malsano código ético de la política “realista” por un código mucho más maduro que el de los santones fundamentalistas. Un código clínico, que libre por todos, que reconcilie a todos, que castigue y expurgue lo que es debido, sin incurrir en los excesos destructivos e hipócritas de una inquisición que sería incapaz de dar de comer a los venezolanos.
Después de agotar gestos dramáticos, ocurrencias vistosas, circo macabro, cortinas de humo y trapos rojos, un gobierno que se conforme con un despliegue de actos supuestamente justicieros, pero obviamente vengativos, se verá en muy serios problemas. Además de la parodia épica, ¿tiene otra cosa que ofrecer al pueblo el más notorio demagogo de la política venezolana? LEA


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