el blog de luis enrique alcalá de sucre

la política como arte de carácter médico (y otras cosas)

FS #31 – Historia sorprendida

Fichero

LEA, por favor

El septuagenario profesor de Ciencias Políticas (Wolfson Professor) de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Yehezkel Dror, puede ser considerado tal vez la mayor autoridad del mundo en los procesos de toma de decisiones públicas de alto nivel. Nacido en Viena en 1928, obtuvo su título en Derecho en la Universidad de Harvard, y ha descrito una trayectoria de creciente importancia en la profesionalización y modernización de la formulación de políticas públicas en varios países del mundo.

Uno de sus primeros aportes surgió de su paso (1968-70) por el más grande y prestigioso think tank del planeta: la Corporación RAND, cuyo cuartel general está situado en Santa Mónica, en las afueras de Los Ángeles. Allí escribió el libro Crazy States: A Counterconventional Strategic Problem como respuesta a encargo de RAND sobre el problema de «amenazas» poco comunes. En el libro esboza una tipología de gobiernos que obedecen a agendas agresivas y conjuntos de valores que se apartan de la práctica convencional, bastante antes de que Kaddaffi, Hussein o Chávez hicieran acto de presencia en la escena política mundial.

El profesor Dror ha sido asesor de alto nivel ante los gobiernos de Inglaterra, Canadá y Holanda, así como ante la Comunidad Europea en Maastricht, y también ha contribuido con el diseño de mejores estructuras de gobierno en su país de residencia, Israel, donde no sólo ha ejercido la docencia, sino que se ha desempeñado como Científico Jefe del Ministerio de Industrias y en varios cuerpos de inteligencia de alto nivel. De notable capacidad predictiva, fue de los poquísimos analistas que pudo anticipar el colapso del régimen del Shah de Irán, evento que tomó por sorpresa a las cancillerías occidentales.

Pero no sólo su prédica y sus libros revelan mejores protocolos para tratar con sorpresas históricas, sino que ha llegado a la prescripción de sorpresas como modo de cambiar situaciones en apariencia intratables. En 1979 ofreció una conferencia que llevó por título «Cómo darle sorpresas a la historia», en la que estipula varias condiciones prácticas para el logro de tan desusado objetivo. Es de este texto de donde han sido extraídos los fragmentos que componen la Ficha Semanal #31 de doctorpolítico.

Yehezkel Dror estableció conocimiento directo de Venezuela con ocasión de conocer en México, en un congreso internacional, al Dr. Enrique Tejera París, a la sazón interesado en establecer en la Universidad Simón Bolívar un programa académico sobre lo que este último denominaba «bulemática» (arte de la decisión, del griego «bulé», decisión). Era el año de 1971. Al año siguiente vino Dror a dictar su primer taller de «análisis de políticas» para decisores de alto nivel. Un poco más de una docena de personas tuvimos la suerte de descubrir el riquísimo mundo conceptual de Dror, no sin someternos a su muy rigurosa disciplina intelectual. A partir de entonces Dror vino al menos una vez por año al país, para dictar su taller en forma cada vez más actualizada y enriquecida y para asesorar a distintas instituciones, entre las que pueden contarse el Gobierno Nacional, el Consejo Nacional de Seguridad y Defensa, PDVSA y el ILDIS (instituto de investigaciones de la periferia de Acción Democrática). Esta última asociación era natural. Dror ha estado afiliado por mucho tiempo al Partido Laborista israelí, del que fue igualmente «científico jefe», o brujo residente. Dror, sin embargo, no pudo ejercer una influencia decisiva sobre el gobierno venezolano. En 1977 un importante ministro del gobierno de entonces escuchó su prescripción para mejorar la formulación de políticas en Venezuela, sólo para decirle a continuación que «la clave de la política venezolana residirá, por mucho tiempo más, en el número de compadres que el presidente tenga en el territorio nacional». Su última visita al país la realizó luego del intento de toma del poder de febrero de 1992 por el actual presidente Chávez. Poco después expresaría a un común amigo su «profunda desilusión» con Venezuela. Su consistente prédica por una racionalización de la toma de decisiones públicas no parecía haber encontrado terreno fértil entre nosotros.

LEA

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Historia sorprendida

Suponiendo que uno desee planear una discontinuidad y suponiendo que uno ha analizado la dinámica de la situación para alcanzar la conclusión de que eso puede ser posible, ¿cómo se procede? O, para retroceder un paso, ¿cómo puede uno analizar el mérito y la factibilidad de darle una sorpresa a la historia? La literatura disponible en planificación y análisis de políticas, en pensamiento estratégico, etc., tiene poco que ofrecer a este respecto, pues se concentra más sobre micro-problemas que sobre tales problemas de «gran estrategia». Permítaseme ofrecer un cierto número de pensamientos preliminares sobre esta materia:

—Una buena inteligencia estratégica y el análisis de ambientes esperables puede identificar tendencias negativas y diagnosticar situaciones inestables.

—Las estructuras y procesos gubernamentales normales son incrementales por naturaleza. Aún si llegan a sentir una situación en deterioro se conducirán según una microrracionalidad, buscando encontrar un mejor punto en una curva dada; pero usualmente se opondrán o reprimirán proposiciones «radicales», las que tratan de moverse a otra curva e incluso a otro espacio por la vía de discontinuidades conscientemente creadas.

—La política democrática tiene algunos aspectos adicionales que refuerzan el incrementalismo e inhiben estrategias «sorpresivas» (aunque no completamente). Esto puede hacer surgir problemas de competencia entre regímenes democráticos y no democráticos, los que pueden ser resueltos pero requieren atención.

—Un empresariado político (policy entrepreneurship) es un requisito para darle sorpresas a la historia. Involucra a gobernantes especiales que sean innovadores, anulen el conservatismo y quizás sean más aventureros, aceptadores de riesgo y propensos a apostar. Esto hace surgir un dilema: demasiado poder concentrado en gobernantes especiales o en un grupo muy pequeño de tomadores de decisiones aumenta los peligros de acciones precipitadas y de equivocaciones. Un sistema cuidadoso de frenos, contrapesos y controles mutuos puede impedir las innovaciones políticas radicales del tipo histórico-mutante. Pequeños núcleos de políticos de alto nivel, auxiliados por pequeñas islas de excelencia bajo la forma de equipos altamente calificados, pueden ser lo óptimo para darle sorpresas a la historia. Este tipo de estructuras gubernamentales es aceptado en países democráticos bajo condiciones de crisis aguda; también disfrutan acá de algunas ventajas los regímenes presidencialistas. Un problema abierto es el de cómo permitir acciones sorpresa adecuadas en países de gobierno de gabinete bajo condiciones que no estén políticamente definidas como críticas, lo que añade una dimensión importante a los temas más amplios de una reducción en la capacidad de gobernar y de tendencias hacia lo que llamo «política del estancamiento». (Stalemate politics).

Moviéndonos de la factibilidad política y del delicado balance entre riesgosas concentraciones de poder y equilibrios de poder inhibidores de acción radical, hacia los problemas intelectuales—cómo se planifica mejor una sorpresa a la historia—la ya mencionada escasez de estudios y metodologías pertinentes debe ser enfatizada. Para movernos hacia terra incognita , algunos de mis trabajos preliminares sobre las posibilidades del análisis macropolítico y la planificación de gran estrategia me conducen a los siguientes comentarios tentativos:

a. La selección y el éxito de intentos de mutar tendencias depende del macroanálisis de situaciones sociopolíticas y político-estratégicas y su evolución. Algunas veces un individuo se muestra capaz de asir tales Gestalten. Pero, para hacerlo sistemáticamente, son necesarias unidades especiales compactas, altamente calificadas e interdisciplinarias. Los equipos de análisis político y de inteligencia del tipo regular son incapaces de hacer el trabajo.

b. Es posible definir situaciones cuando intentos de ir más allá del incrementalismo y de sorprender a la historia son justificadas. Tendencias al deterioro que constituyen amenazas cada vez más serias, ideologías y aspiraciones que no tienen chance sin rupturas radicales de la continuidad, turbulencia histórica que o se vuelve demasiado riesgosa o provee oportunidades que pasarán; todo esto, como ya ha sido mencionado, son condiciones que pueden ser analíticamente diagnosticadas y que justifican políticas de shock.

c. Puede ser posible a veces el diseño de una política de shock dominante, la que en el mejor de los casos logra desplazamientos muy deseables en los eventos y que en el peor de los casos no envuelve costos serios. (Por ejemplo, en mi análisis, la iniciativa de paz del Presidente Sadat se aproxima a una situación de ese tipo). En otras situaciones puede ser posible reducir los riesgos de fracaso o sus costos, mediante un sondeo y aprendizaje preliminares, construyendo sobre la base de la reversibilidad o por varias estrategias de «compensación de apuestas». (Hedging). En vista de la incertidumbre de la post-discontinuidad, las políticas de cambio radical usualmente confrontan riesgos irreductibles e indefinibles. Por tanto, a pesar de las posibilidades arriba mencionadas, tales políticas son intelectual y emocionalmente «apuestas difusas». Todas las metodologías de confrontación de incertidumbre son útiles, pero de utilidad limitada.

d. La prudencia (que es un juicio de valor en loterías) requiere por tanto un «análisis del peor caso», en el que lo pésimo de la continuación de tendencias o la no intervención en la turbulencia ambiental se compara con lo pésimo de los intentos de causar discontinuidad. La comparación de lo pésimo de la no intervención con lo óptimo de la intervención es un enfoque muy riesgoso que no puede ser recomendado. (Aunque, inherentemente, esto es un asunto de juicios de valor sobre las actitudes ante el riesgo). Por el otro lado, la comparación de lo óptimo de la no intervención contra lo pésimo de la intervención tampoco puede ser recomendada, por más que esto sea una difundida postura intelectual del incrementalismo y el conservatismo.

Yehezkel Dror

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CS #122 – Revolución in fraganti

Cartas

En alguno de los innumerables cuentos de Calleja el protagonista debe salvar la vida con su astucia. Está retenido en los dominios de un señor que le ejecutará si no acierta a contestar una pregunta dificilísima. “Dime cuánto valgo yo”, dice el soberano, “y si aciertas te perdono la vida”.

Naturalmente, el héroe de la historia se preocupa mucho, pues cree que cualquier cantidad que nombre resultará pequeña al vanidoso rey, hasta que encuentra una respuesta invencible. “Vuestra Majestad vale 29 monedas de plata”, sentencia. Había encontrado la tasación perfecta: una moneda menos que Dios.

Una estimación correcta de la magnitud de las cosas sociales es muy importante a la hora de tratarlas con la acción pública. La dosificación de políticas adecuadas exige un reconocimiento lo más objetivo posible del tamaño de las amenazas. Por ejemplo, desde una perspectiva de oncología política ¿cuán maligno es el chavoma? En este caso podemos establecer la comparación, ya no con tan excelso ser como el que fuera vendido por treinta denarios de plata, sino con el peor de los casos históricos de neoplasia estatal. Cuando el Presidente de la República fue a la Asamblea Nacional para presentar memoria y cuenta, no sólo ofreció indicadores de sus exitosas misiones y sus prolíferos ministerios, no sólo anunció la interrupción de relaciones comerciales con Colombia, sino que declaró que el proyecto que él conducía era para doscientos años.

Una cosa tal pudiera parecer en extremo pretenciosa, pero en comparación con el hitleroma, cuya ambición llegaba al milenio, ya no lo es tanto. En términos de pretensión o arrogancia temporal, el chavoma arroja sólo la quinta parte del valor del hitleroma, que intentó establecer el Reich que duraría mil años. No estamos tan mal. Es como si nuestro tumor fuese cinco veces menos virulento que el que aquejara a Europa durante doce años. (Por ahora).

O, por ejemplo, en términos de agresividad agraria el gobierno actual es marcadamente más agresivo que el programa de reforma  agraria de la democracia con la ley de 1960—en el papel no mucho, aunque sí en la práctica—pero ciertamente más benigno que lo que se viera en Cuba o Rusia comunistas. El chavoma tiene abonado a su cuenta un buen número de muertes políticas entre 1999 y 2005, pero ¿cuántos fusilamientos se debieron al castroma en Cuba entre 1959 y 1965?

En fin, la cosa es bastante maligna, pero hasta ahora no es de las peores neoplasias que el mundo ha conocido. Lo que no deja de preocupar, porque una arrogancia de dos siglos es demasiado. Nadie tiene el derecho de imponer su particular epopeya febril a un pueblo. Chávez no tiene el derecho de llevarnos a una guerra con Colombia.

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Pareciera claro que el segundo período de Bush presagia peores relaciones entre Venezuela y Estados Unidos. Las advertencias que llegan del norte son más frecuentes y más exigentes. No hay duda de que el gobierno de Bush ha decidido poner más atención a Venezuela, y es razonable apostar a que los insultos de Chávez al presidente norteamericano no han sido olvidados. Primero sus voceros oficiales expresaron disgusto por un rearme ruso para Venezuela, y ahora la inminente Secretaria de Estado, Condoleeza Rice, no dejó dudas del desagrado estadounidense hacia nuestro gobierno, nada menos que en el contexto de las audiencias para su confirmación en el Senado de los Estados Unidos. Rice es un “halcón”, bastante más dura que su predecesor Powell, y sus declaraciones al Comité del Senado no dejan lugar a equívocos: Chávez es oficialmente mandatario no grato a la Casa Blanca, la que ha decidido ejercer presión sobre él. El asunto es ahora tan obvio y reiterado que ya no puede pensarse que Chávez sea tenido por la diplomacia y la inteligencia norteamericanas como un bufón de poca monta. Ya existe el plan para reducirlo.

El solícito interés del gobierno norteño en el caso Granda, manifestado en el rapidísimo apoyo a la idea de una confrontación Chávez-Uribe ante testigos y en su insistencia en que el gobierno venezolano ofrezca explicaciones satisfactorias sobre la decena de guerrilleros-terroristas importantes de presunta presencia en el país, según lista suministrada por el gobierno de Uribe, evidencian que Washington no está dispuesto a dejar pasar las cosas esta vez. Sus cálculos incluirán, naturalmente, el escenario extremo de la confrontación armada abierta entre Colombia y Venezuela—la guerra—y estaría más dispuesto a asumir el riesgo cuando el armamento ruso para las fuerzas armadas venezolanas aún no reposa en nuestros arsenales. En los actuales momentos Colombia puede oponer a Venezuela una fuerza armada que nos duplica en exceso, una capacidad militar ya no adiestrada en meras simulaciones y ejercicios, sino en guerra de verdad. Y si Chávez sueña con un aliado cubano, Uribe está más que respaldado por la íngrima superpotencia norteamericana.

Estas cosas las sabe Hugo Chávez, y si logra mantenerse alejado de arranques temperamentales, tarde o temprano deberá absorber y contabilizar como pérdida neta los efectos del affaire Granda. Ningún malabarismo retórico, ninguna vestidura rasgada ante la operación de secuestro por encargo, puede ocultar el hecho de que el gobierno venezolano concedió al “canciller” de las FARC no sólo santuario, sino nacionalidad y derechos políticos en nuestro territorio. Que para los criterios del Departamento de Estado, Chávez ha protegido al menos a ese terrorista y entrado en contubernio con él. Y por menos que eso los Estados Unidos han intervenido, directa o indirectamente, en otras partes. Agentes de la DEA han detenido gente en territorio mexicano, y no han tenido la delicadeza bogotana de recompensar agentes locales para la captura. No es el caso, por tanto, que Bush esperará que Chávez se refuerce con Migs 29 y termine de desviar sus exportaciones petroleras hacia China. Actuará—ya lo está haciendo—mucho antes de que tales cosas ocurran.

La dinámica es ciertamente preocupante. Ya una encuesta levantada en 21 países ha revelado que una mayoría considera que la segunda presidencia de Bush hace al mundo más peligroso, y Colombia no puede despreciar un conflicto armado con Venezuela, porque en tal caso combatiría contra el ejército venezolano en alianza ya abierta con las FARC y el ELN.

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Conozco una dama de afición magallanera que es tan furibundamente anticaraquista que si los Leones del Caracas llegan a representarnos en la Serie del Caribe, entonces prefiere pujar por Puerto Rico, México o la República Dominicana. Primero muerta, dice, antes que aupar a los caraquistas. Algo así ocurre con quienes detestan a Chávez de tal manera que prefieren transferir su incondicional apoyo a Uribe o Condoleeza Rice. Y esta patología de una política de odio imita y exacerba al protocolo chavista. Ningún venezolano con juicio debiera apostar a intervenciones colombianas o norteamericanas en nuestro territorio. Ningún ciudadano debiera permitir que el proyecto revolucionario de Chávez se convierta en guerra.

Que haya recurrido al insulto procaz contra la protosecretaria de Estado definitivamente nos impone adicional vergüenza, pero tal cosa debe interpretarse más como signo de debilidad, incapacitado como está para referirse al fondo del asunto: que en el caso Granda el gobierno venezolano ha sido sorprendido con los pantalones abajo. Además, un exceso de esa clase debe ser visto con atenuantes porque se produce en el contexto de una arenga mitinesca, en la que la adrenalina del contacto con la masa le impele a ser más deslenguado que de costumbre. Ante sus partidarios de calle vuelve a desempeñar el papel de troglodita, vuelve a desplegar su machismo idiota que le impide ser esposo porque no quiere ser otra cosa que padrote. Es lo que José Vicente Rangel o Aristóbulo Istúriz han absuelto desde siempre como característico del “estilo del Presidente”.

En todo caso, y como lo revela la suspensión de la visita de Rodríguez Zapatero, sus invectivas contra Rice le han hecho perder muchos puntos. ¿Quién va a querer retratarse con el obsceno comandante de América del Sur?

LEA

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LEA #122

LEA

Estos son días de portentosa conmemoración. Sesenta años se cumplen de la liberación de los prisioneros judíos del infierno de Auschwitz, uno de los más terribles entre los campos de concentración creados por el régimen de Adolfo Hitler.

No ha faltado quien considere que el siglo XX, época de enormes logros civilizatorios pero también de espantosos acontecimientos, pudiera en propiedad ser tenido como “el siglo judío”. Naturalmente, una de las razones para tenerlo de esa forma es el holocausto mismo. Seis millones de vidas aniquiladas en la primera “guerra asimétrica” de la historia marcan al siglo XX con una infamia imborrable, y a la humanidad misma con una culpa difícil de asimilar.

No ha bastado, sin embargo, que tan incomprensibles números sean conocidos por el mundo para acabar con la xenofobia y el racismo, y lamentablemente los movimientos neonazis no han desaparecido de un todo. Hasta la banal inconsciencia de algún vástago de la parasitaria familia real inglesa le impele a lucir una svástica en una reciente fiesta de disfraces. Por esto es que el recuerdo, aunque doloroso y deprimente, es necesario. No puede permitirse nunca más una pesadilla de esa clase. Un cierto revisionismo proclive al perdón constructivo, a lo Peter Sloterdijk, no puede ser pretexto para el olvido.

Pero el siglo XX fue también un siglo judío porque una desproporcionada porción del progreso de la humanidad en ese tiempo se debe a esfuerzos sobresalientes de personas excepcionales de religión judía. El más descuidado inventario de aportes culturales importantes en el siglo XX tiene que registrar la destacadísima presencia de sus protagonistas judíos. De la gran física de Alberto Einstein a la revelación de Sigmund Freud en la psicología de los hombres, del cine magistral de Steven Spielberg a la música enérgica de Ernest Bloch, de la fantasmagórica pintura de Marc Chagall a la poesía cibernética de Gerd Stern. Los judíos marcaron el siglo XX con un sacrificio que no tiene parangón en la historia humana, pero también con un aporte de cultura de magnitud invalorable. No hay esfera de elevación espiritual en la que personalidades judías se hallen ausentes.

Por ambas cosas, el martirio y el aporte, el mundo debe estar agradecido. Por ambas cosas los judíos orgullosos.

LEA

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FS #30 – Historia de dispendio

Fichero

LEA, por favor

Como saben los suscritores de doctorpolítico, este servidor se aproxima a la Política desde un punto de vista médico; esto es, hace Medicina Política. Comoquiera que se trata de un punto de vista poco común, ha sido un alivio comprobar que una honestidad y capacidad intelectuales y profesionales como las del Dr. José Toro-Hardy hace tiempo han indicado que la insistencia médica no es un desvarío. El Dr. Toro-Hardy es, sin duda, uno de los más prestigiosos economistas venezolanos, y uno de los más conocidos también, gracias a sus recientes y aleccionadores programas de televisión, en los que exhibe el dominio de su profesión y del especial tema petrolero enmarcado en un detallado conocimiento de la historia pertinente, sea ésta local o mundial.

En uno de sus múltiples y positivos roles, el de educador, el Dr. Toro-Hardy propone que se organice a la Economía según el patrón de la Medicina: una Anatomía Económica, una Fisiología Económica, una Patología Económica. Así dice en el capítulo Conceptos Fundamentales de sus Fundamentos de Teoría Económica (Panapo, mayo 2003): «En un intento por facilitar la comprensión de la economía, nos ha parecido oportuno sugerir que ésta sea enfocada de la misma forma como se estudia la medicina».

Fundamentos de Teoría Económica es un transparente y utilísimo libro de texto de Economía que además contiene una extensa segunda parte: Un Análisis de la Política Económica Venezolana. Se trata de un compacto y bastante completo recuento de las políticas económicas del Estado Venezolano de 1936 hasta fines de 1992, organizado por períodos presidenciales y presentado desde la virtud pedagógica que caracteriza al autor. Pero el Dr. Toro-Hardy ha escrito otros libros, y esta Ficha Semanal # 30 de doctorpolítico se compone de un trozo de la amplia introducción de Oil: Venezuela and the Persian Gulf, libro que puede ser considerado la biblia argumental de la apertura petrolera venezolana. Publicado en 1994 y escrito originalmente en inglés, constituyó el discurso promotor principal del regreso de operadoras petroleras a Venezuela durante la segunda presidencia del Dr. Rafael Caldera. En este período el Dr. Toro-Hardy perteneció al Directorio de PDVSA que presidió el ingeniero Luis Giusti.

Este libro-motor esboza su tesis fundamental en una sucinta nota introductoria de dos de los obsequiantes del libro, la Editorial Panapo y el Grupo Zuma, empresa privada venezolana a la que el Dr. Toro-Hardy estaba entonces asociado. Al advertir que el libro repasaría las crisis petroleras más importantes de la segunda mitad del siglo XX, la nota en cuestión expone y anticipa: «Todos estos conflictos y factores han interrumpido periódicamente la estabilidad de los mercados petroleros mundiales. En cada crisis Venezuela vino al rescate de un mundo atribulado por la escasez de energía. En la actualidad, este país ha admitido la necesidad de promover nuevas fórmulas de asociación en su industria petrolera con participación de capital privado extranjero y nacional».

Todo el libro es un impecable discurso sobre la profunda lógica de la inversión extranjera en la industria petrolera venezolana desde el punto de vista de las compañías transnacionales, vista la estabilidad política ofrecida por el país a lo largo de la media centuria recontada en el libro: «Venezuela nunca ha puesto el petróleo al servicio de ninguna causa política…» Este rasgo otrora distintivo de Venezuela ha dejado de poderse asegurar al mundo con las orientaciones del gobierno de Hugo Chávez, que justamente hace lo contrario. El gobierno del sobresalto es, ante todo, el mayor factor de inestabilidad endógena para los venezolanos y, como mantiene un esquema de despliegue transnacional, asimismo uno de los mayores desestabilizadores en América del Sur. Y si el libro del Dr. Toro-Hardy funciona como un nutrido y válido teorema, no debe ser tan difícil sacar conclusiones. LEA

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Historia de dispendio

Tal vez el efecto más sorprendente de los drásticos aumentos de los precios del petróleo a partir de 1974 se sintió en las propias naciones de la OPEP. En términos de ingreso, el petróleo había contribuido con 7 mil millones de dólares a las naciones de la OPEP en 1970, mientras que en 1980 la cifra excedió los 300 mil millones.

La pregunta a formular es la siguiente: ¿qué ha sucedido con el enorme volumen de recursos que estas naciones tuvieron a su disposición? ¿Qué efecto tuvo esta riqueza sobre estas sociedades?

La respuesta es simple. Ninguno de estos países estaba en condiciones de absorber eficientemente el volumen de ingreso en un tiempo tan breve. De hecho, la calidad y cantidad de los recursos humanos no fueron suficientes para lograr las ambiciosas metas de desarrollo que habían sido establecidas. Por tanto, en la mayoría de los países miembros de la OPEP la bonanza trajo más daño que beneficio.

Examinemos por ejemplo el caso de Irán. Hacia 1979 la desestabilización debida al exceso de riqueza había alcanzado tales proporciones que la posición política del Shah se hizo insostenible y éste fue forzado a abandonar el país. El control pasó a manos de un gobierno teocrático encabezado por el Ayatollah Khomeini. A partir de entonces Irán, dirigido por musulmanes fundamentalistas pasó a ser por un buen tiempo—quizás todavía—un elemento desestabilizador en toda la región del Medio Oriente.

Poco tiempo después, en 1980, explotó la guerra entre Irán e Irak, causando el sacrificio de la vida de cientos de miles de jóvenes, con notable éxito en ocasionarse mutuamente el mayor daño posible. Ahora ambos países sufren las ominosas consecuencias de una guerra que terminó ocho años más tarde, sin que rindiera ventajas especiales para ninguno de los bandos y dejando exhaustos a ambos contendores.

Como resultado de esa guerra, la economía de Irak quedó en serios problemas y la tasa de endeudamiento del país llego a ser astronómicamente elevada. Para resolver el problema, Irak decidió, unos años después, invadir a Kuwait, un estado vecino pequeño pero inmensamente rico, que antaño había sido uno de sus principales benefactores—cerca de 16 mil millones de dólares habían sido prestados a Irak por esa nación durante el conflicto con Irán. Esta invasión dio origen a un serio trauma en todo el mundo en momentos cuando se creía que el fin de la guerra fría pudiera introducir una prolongada era de paz que pudiera beneficiar a toda la humanidad.

Incluso Arabia Saudita, el más rico de los miembros de OPEP, ha tenido que enfrentar serios problemas económicos que han llevado a esta nación a sucesivas devaluaciones monetarias y la posposición de sus ambiciosos programas de desarrollo. Muchos analistas consideran que la casa reinante en Arabia Saudita podría encontrar dificultad a largo plazo para sobrevivir ilesa el trauma causado por la invasión de Kuwait a manos de Irak.

En una situación igualmente comprometida está Nigeria, un país sumergido en problemas sociales tremendos como consecuencia de una población recrecida de casi 95 millones de habitantes. Desde 1979 ha habido allí varios intentos de golpe de Estado.

Por lo que respecta a Libia, los problemas de esta nación son también de proporciones dramáticas. Este país se ha convertido en un factor desestabilizador cuyos tentáculos se han extendido por el mundo entero en el patrocinio de las más variadas actividades terroristas. La consecuente y trágica pérdida de incontables vidas por este concepto es difícil de evaluar. Según autoridades norteamericanas, existe evidencia de que Libia es capaz de fabricar armas de guerra química, incluyendo gas letal. Los intentos de esta nación para la procura de cohetes que puedan alcanzar territorio israelí son bien conocidos. En diversas ocasiones Libia ha tenido confrontaciones agresivas abortadas con los Estados Unidos, incluyendo el bombardeo norteamericano de varios enclaves estratégicos en territorio libio.

En el caso de Venezuela, después de la bonanza de los 70, la aguda y prolongada crisis que ha sufrido el país es conocida por todos. En 1990 el nivel y estándar de vida de los venezolanos era inferior al de 1973. La más deplorable consecuencia de la súbita riqueza que envolvió a esta nación durante esos años fue la profunda crisis moral y el tremendo desarreglo de valores que había sufrido la sociedad.

Como resultado de los ingresos extraordinarios cosechados con ambos shocks petroleros, el país se acostumbró a un nivel de gasto público que se hizo insostenible una vez que los precios petroleros bajaron. Sin embargo, los gobiernos sucesivos fueron incapaces de reducir los gastos. Esto trajo consigo un endeudamiento externo masivo, la progresiva devaluación de la moneda y niveles inflacionarios desconocidos en esta nación hasta ese momento. Una reducción en el salario real de los trabajadores y la percepción de una corrupción generalizada condujo al enjuiciamiento del presidente Carlos Andrés Pérez por el Congreso en 1993. No obstante, Venezuela nunca abandonó el camino constitucional y continúa siendo la nación democrática más vieja de América Latina.

José Toro-Hardy

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CS #121 – Política ambidextra

Cartas

En 1996 el señor Amos Davidowitz introdujo al espacio digital de la Internet un extenso artículo en el que explicaba sus andanzas partidistas en Israel, donde se había afiliado al MAPAM, partido al que describe posicionado a la izquierda del Partido Laborista. (Al comienzo de la república de Israel—1948—el MAPAM era el segundo partido israelí en importancia y predicaba un «sionismo socialista»). Davidowitz manifiesta con gran candor cómo había llegado a la conclusión de que «no tener una postura política clara en Israel era un lujo inaceptable», y que ésta debía incluir la afiliación a un partido. Así, refiere, salió a «ver las vitrinas de los partidos» y tomó su decisión luego de esa excursión de compras. (The Internet and the Transformation of the Political Process: MAPAM, a Case Study).

Demos ahora la palabra a Davidowitz para que nos cuente lo que encontró:

«Al convertirme en un miembro activo y al asumir responsabilidades dentro del partido me di cuenta de que la estructura organizativa del partido no estaba funcionando tan bien como pensaba. Inicialmente creí que el problema fuese gerencial, pero a medida que estudiaba los asuntos en profundidad caí en cuenta de que éstos eran más profundos.

Los partidos políticos alrededor del mundo son un fenómeno relativamente nuevo que es desarrollo de la Revolución Industrial. Cada partido afronta los problemas creados por el nuevo orden social según su propia filosofía política. El MAPAM, como partido, estaba operando de acuerdo con ese modelo. Un segundo aspecto de esto es que los partidos políticos clásicos, y el MAPAM es uno, son una manifestación de los grandes movimientos sociales de principios de siglo. [Del siglo XX. N. del T.] Todo esto implica una estructura organizativa de segunda ola. [El analista social y futurólogo Alvin Toffler, autor del best seller El Shock del Futuro, argumentó que la humanidad entraba, a comienzos de la década de los ochenta, en una «tercera ola» civilizatoria—comunicacional, informática, de bioingeniería—luego de haber experimentado la primera gran ola de la agricultura y la segunda ola, que correspondió a la era iniciada a partir de la Revolución Industrial. N. del T.] Al percatarme de esto se hizo claro que el problema no era gerencial sino un sistema estructural inapropiado. En los partidos políticos de segunda ola, los temas principales han sido el control de los medios de producción, el trabajo y los recursos naturales. Un partido de segunda ola proveía LA RESPUESTA: socialismo, capitalismo, marxismo, fascismo, dando por sentado que si todo el mundo siguiera sus dictados todos los problemas del mundo se resolverían. No es necesario decir que ninguna de las agendas mencionadas ha traído la era utópica que anunciaban».

El señor Davidowitz emprende a partir de aquí un camino en el que prescribe funciones muy diferentes a las de un partido tradicional: «Me parecía que si un partido de segunda ola centra sus actividades sobre la producción, el trabajo y los recursos en una estructura jerárquica centralizada, un partido moderno debía tratar con información, comunicaciones, medios y servicios en un sistema más abierto, interactivo y distributivo, un sistema que necesita los medios para procesar y distribuir información. Sólo una red computarizada como la Internet puede proveer el vehículo necesario para esto».

Ciertas circunstancias (la celebración de la undécima convención anual del partido, en marzo de 1995) permitieron que el señor Davidowitz introdujera computadoras e Internet, así como la propia red interna, al MAPAM y suscitara cambios que describe de este modo: «El primero es que el centro de actividad se desplaza del cuartel general del partido en Tel Aviv a las comunidades locales. En lugar de un sistema de segunda ola que provee LA RESPUESTA, el sitio de Tel Aviv se convierte en un nodo que provee información y servicios a los nodos de las comunidades locales donde suceden las actividades partidistas principales. El segundo desplazamiento es de una mentalidad partidista que estaba basada en los grandes movimientos sociales que implicaban sacrificio por parte del individuo a favor del partido, a un partido cuya función es proveer soluciones reales a gente real con necesidades reales».

Digamos ahora adiós al señor Davidowitz para comentar sobre la médula de su planteamiento: que el partido tradicional es disfuncional porque permanece anclado sobre agendas y problemáticas excedidas y obsoletas. Una de ellas—problema ideológico de «segunda ola»—es la persistente discusión sobre la ubicación política en términos de un eje derecha-izquierda. Para algunos actores no parece haber manera de eludir una «obligada» definición a este respecto.

No es que la distinción entre derechas e izquierdas no haya tenido su utilidad. Así como en la fisiología del sistema nervioso autónomo hay dos subsistemas contrapuestos—el subsistema simpático acelera la respiración y el ritmo cardiaco mientras el parasimpático hace todo lo contrario—siempre ha podido distinguirse entre temperamentos conservadores (derecha) que procuran el mantenimiento del statu quo y posturas radicales a favor de la modificación del estado de cosas imperante. (Izquierda). Luego, a partir de una definición del «problema social moderno» (libros enteros se han escrito bajo exactamente ese título) se entiende por izquierda a los actores y organizaciones políticas (buscadoras de poder) que prefieren favorecer a los obreros antes que a los empresarios. Lo contrario es la derecha. (En efecto, se definía como «problema social moderno» la cuestión de dirimir cuánto de la renta social debe ir a los patronos y cuánto a los trabajadores, o en un sentido estricto al sufrimiento de pobladores pobres en las ciudades como consecuencia de la Revolución Industrial). De este modo, los «liberales» son gente de derecha y los «socialistas» gente de izquierda.

Pero esa distinción derecha-izquierda (proveniente terminológicamente de la ubicación de diputados en las asambleas de la Revolución Francesa) ya no es capaz de explicar todo lo político. Su utilidad ha sido excedida.

Veamos un ejemplo. Supongamos que se constituyese una asociación política que formulase sus objetivos así: «La Asociación tiene por objeto facilitar la emergencia de actores idóneos para un mejor desempeño de las funciones públicas y el de llevar a cabo operaciones que transformen la estructura y la dinámica de los procesos públicos nacionales a fin de: 1. Contribuir al enriquecimiento de la cultura y capacidad ciudadana del público en general y especialmente de personas con vocación pública; 2. Procurar la modernización y profesionalización del proceso de formación de las políticas públicas; 3. Estimular un acrecentamiento de la democracia en dirección de límites que la tecnología le permite; 4. Aumentar la significación y la participación de la sociedad venezolana en los nuevos procesos civilizatorios del mundo». ¿Es esa asociación hipotética una organización de derecha o una de izquierda?

La verdad es que tal pregunta es incontestable, puesto que la asociación así dibujada no se define en términos de la vieja dicotomía. Su discurso y su finalidad se encuentran en otro plano enteramente diferente, que ha dejado atrás, como parte de una vieja concepción, la «necesidad» de definirse como de derecha o de izquierda.

A pesar de estas constataciones, todavía se pretende que la nueva reflexión y creación política que el país necesita debe venir determinada en términos de izquierdas y derechas. Por ejemplo, Alonso Moleiro da cuenta en El Nacional del domingo 9 de enero de una iniciativa que busca establecer una nueva organización y anota (refiriéndose a información aportada por Ernesto Alvarenga y Pablo Medina): «Se trataría, dicen, de crear un bloque ‘de centro izquierda’, que asume que el Gobierno es ilegítimo y que constituye una minoría incrustada en el poder a través del ilícito y la trampa». Más adelante, en el mismo trabajo, menciona Moleiro que Luis Manuel Esculpi—antes del MAS y luego de Unión con Arias Cárdenas, partido del que sale al «descubrir», después de las recientes elecciones regionales, que el golpista del 4 de febrero en Maracaibo mantenía una posición ambigua frente a Chávez—está también involucrado en el esfuerzo. Así habría declarado Esculpi: «Estamos tratando de nuclear un frente opositor desde la perspectiva de la izquierda, con personas valiosas y experimentadas».

Y esto no puede ser, en virtud del análisis precedente, la organización política que sustituya con ventaja los partidos tradicionales a punto de extinción, puesto que sus promotores parten nuevamente de esquemas que nuestro amigo Davidowitz calificaría como «de segunda ola». La iniciativa reseñada por Moleiro, definitivamente, «no va p’al baile».

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LEA #121

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Vuelve a ser atravesada la frontera política colombo-venezolana, su interfase, su ventana y su puerta. El gobierno colombiano admite haber pagado por información que condujo a la detención del «canciller» de las FARC pero no admite haber violado nuestra soberanía. El gobierno venezolano mete presos a policías y guardias nacionales de nosotros, presuntamente involucrados en el secuestro de Granda. (No Bienvenido). Y Silvino Bustillos pidiendo asilo en Colombia, después de que ciertas histéricas fuentes le dieran, una vez más, por muerto. En esta dinámica pareciera convenirle a los colombianos negar la solicitud de asilo de Bustillos, a menos que la Casa de Nariño esté buscando pleito. Bustillos no pudo escoger peor momento para buscar asilo en Colombia. Cuidado como cambiamos a Granda por Bustillos.

Al mismo momento se prosigue en el curso de reforma agraria. Todas las huestes estadales y algunas municipales han tomado posiciones, y ahora cuentan con decreto presidencial y pronto con reforma a la ley de tierras. Hasta Rosales, que hoy por hoy le firmaría a Chávez un decreto idéntico al que le firmó a Carmona, se ha sumado a la revolución en el agro.

Mientras tanto, idénticamente implacable agenda se cierne sobre la CTV. El gobierno irá, como es su costumbre y su disfrute, a unas elecciones sindicales, regidas por reglamento de su CNE y en las que inscribirá a los sindicatos que le dé la gana.

La Conferencia Episcopal Venezolana advierte sobre la poca autonomía de los poderes y pide amnistía para los perseguidos políticos. (Políticos perseguidos, en la nomenclatura del gobierno). André Dupuy ofreció una de sus hábilmente construidas piezas, y la misma habilidad de parte de los obispos se manifiesta en su asunción—en discreta pero clara alusión—del emplazamiento de Caldera: «Perdone, Presidente, que usted fue perdonado». Pero también hacen notar que ni la oposición ni el gobierno han trabajado suficientemente por la paz.

Este enero mojado y peligroso ha comenzado a calentarse, pues. Como parece calentarse el futuro para Fidel con el contacto con el Papa y su noticia del año: que ha habido hallazgos petrolíferos importantes en aguas cubanas. Ya se argumenta que se debiera permitir el ingreso de petróleo cubano a los Estados Unidos. Mejora el flujo de fondos de la revolución.

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