por Luis Enrique Alcalá | Abr 1, 2013 | Fichas, Política |
Actualizado con inserción de tabla de encuestas al final y audio a continuación de entrevista por Manuel Felipe Sierra para su espacio Análisis, en Noticias 24 Radio.
Análisis en Noticias 24 Radio

Medición de intención de voto por los principales candidatos a la Presidencia por Hinterlaces
La encuestadora Hinterlaces ha dado a conocer su más reciente medición de la intención de voto por Nicolás Maduro Moros y Henrique Capriles Radonski, de un levantamiento concluido el 25 del mes que acaba de terminar. El primero habría aumentado en dos puntos desde el sondeo de una semana antes, mientras el segundo se habría mantenido estancado. De los entrevistados, 61% cree que Maduro resultará electo; Capriles suma un punto a los que piensan que él ganará, para 22% de creyentes.
Consultado privadamente, Oscar Schemel atribuye esta distribución de la intención de voto al impacto de los funerales de Hugo Chávez Frías, de cuyo fallecimiento no se ha cumplido todavía un mes. También conjetura que esta brecha de veinte puntos se reducirá en las próximas dos semanas; esto es, que Maduro terminaría ganando por una ventaja menor.
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Lo que llama la atención es que, entre las encuestas difundidas (además de Hinterlaces, sólo digna de ser tomada en cuenta Datanálisis), es una que se tiene como de inclinación oficialista—GIS XXI, por ser dirigida por Jesse Chacón—la que atribuye menor ventaja al presidente Maduro. El estudio que realizara entre el 18 y el 23 de marzo arroja 55,3% de intención de voto por Maduro y 44,7% por Capriles, para una brecha de sólo 10,6%. Pero Chacón, como Schemel, estima una ventaja menor para el 14 de abril: sólo 9 puntos de diferencia. (Convenientemente menor que la que el Segundo Redentor, el Cristo de los Pobres obtuvo el 7 de octubre sobre el mismo candidato; sería herético que Maduro superara a Chávez a sólo treinta y nueve días de su ascensión al cielo).
Es muy curioso que Chacón declarase: «Un elemento importante es que, entre el estudio de febrero y el de marzo, Nicolás Maduro crece aproximadamente 7% en la intención directa de campo, y Capriles cae unos cuatro puntos». Entonces, si es así la cosa, según GIS XXI Maduro tenía 48,3% de intención de voto en febrero y Capriles 48,7%. ¡Un empate técnico con Capriles ligeramente en ventaja!
Una propensión ocasional—muy ocasional—a la malicia pudiera llevarme a pensar que el oficialismo está tan seguro del triunfo de su candidato que puede darse el lujo de mejorar la imagen de GIS XXI, posicionándola como la más moderada de las encuestadoras. LEA
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Tabla de encuestas difundidas

Mediciones de varias encuestadoras en febrero y marzo
Y ¿qué es de la vida de Consultores 21?
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por Luis Enrique Alcalá | Mar 20, 2013 | Entrevistas, Notas, Política |
He aquí el audio de la entrevista que Manuel Felipe Sierra me hiciera en Radio Venezuela, en la misma fecha de inserción de esta entrada. Previamente, el audio de un micro sinóptico para el noticiero de la emisora.
En 790AM hoy
Entrevista en 790 AM – 20/03/13

María, la legitimadora
Entendiendo que ningún Estado puede darle entera satisfacción material ni cultural a la sociedad, le corresponde mantener un ambiente propicio para que la sociedad trabaje en su propia satisfacción y en la provisión de recursos para el Estado. No debe subordinarse la sociedad al Estado. Debe subordinarse el Estado a la sociedad.
Programa de Gestión de María Bolívar
Uno de ellos argumentó que el gobierno no era demócrata y por tanto jamás sería derrotable por vía electoral, (…) razón por la cual “lo que había que hacer” era crear, mediante el retiro de la candidatura, una “crisis de gobernabilidad” que pudiera ser aprovechada por otros factores de poder que acabaran con el régimen.
Las élites culposas
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Además de Henrique Capriles y Nicolás Maduro, María Bolívar, Eusebio Méndez, Julio Mora, Reina Sequera y Fredy Tabarquino son candidatos a la Presidencia de la República en las elecciones del próximo 14 de abril. ¿Qué sentido tienen sus candidaturas? Bolívar y Sequera también fueron postuladas para las elecciones anteriores, las del 7 de octubre de 2012; la primera obtuvo 0,04% de la votación total, la segunda diez veces más: 0,47%. ¿Es que alguna de las dos cree que tiene el más mínimo chance de suceder a Hugo Chávez, venciendo al Presidente en funciones?
La utilidad real para el oficialismo de, no uno, sino cinco candidatos adicionales, es la de proveer legitimidad al inminente acto electoral, suscitado por la falta absoluta de Hugo Chávez Frías, en caso de que se retire la candidatura de Capriles, como ya ocurrió en 2005 con las candidaturas de oposición a la Asamblea Nacional. En aquella ocasión, un hallazgo en la Fila de Mariches—donde el Consejo Nacional Electoral sometió las máquinas de Smartmatic a un examen técnico—que no significaba la posibilidad de fraude electrónico, aunque sí una potencial violación del secreto del voto, sirvió de pretexto para que Henry Ramos Allup llamara a la retirada en estampida. Como refiero en Las élites culposas, «recordé que el 31 de octubre, un mes antes del descubrimiento en la Fila de Mariches, me había escrito un precandidato presidencial de oposición: ‘…estamos preparando un retiro masivo de candidatos… seguido de un evento espectacular de lanzamiento de campaña 2006′. La demostración de González [el técnico del Grupo La Colina llevado por Primero Justicia] fue un golpe de suerte a favor de una retirada que estaba decidida de todos modos». (Pág. 275). Y no quiero decir con esto que alguno o todos los candidatos menesterosos hayan sido colocados en la boleta electoral del 14 de abril por obra del gobierno; para serle útiles basta que estén allí.
Al año siguiente de la entrega de la Asamblea Nacional por forfeit de la oposición, una insólita alegría se manifestaba en algunos personajes de la periferia opositora: creían que había sido un acierto estratégico profundo la retirada de noviembre de 2005, pues habría deslegitimado a la Asamblea Nacional enteramente roja, al causarse una abstención electoral de 75%. Ya nadie osa defender esa torpe maniobra; junto con el Carmonazo y el paro petrolero de 2002-2003, es ahora generalmente evaluada como una grande estupidez política.
Pero antes de que tal toma de conciencia llegara a generalizarse, se creyó que la fórmula era repetible, con mayor eficacia, en el proceso electoral de 2006, que enfrentó a Hugo Chávez y Manuel Rosales.
El miércoles 5 de abril de 2006, una reunión extraordinaria de la peña más longeva de Caracas, cuyo anfitrión es Luis Ugueto Arismendi, antiguo Ministro de Hacienda de Luis Herrera Campíns, se convocaba para escuchar a María Corina Machado, quien había solicitado la sesión con urgencia. Unas setenta personas, entre quienes me encontraba, asistieron a la exposición de la indiscutible líder de Súmate.
Machado comenzó con el enunciado de la premisa mayor de su presentación: nos hallábamos enfrentados a un gobierno que no creía en la alternabilidad democrática, uno que jamás entregaría el poder si lo llegare a perder en elecciones. La premisa no fue más comentada ni expandida durante toda la exposición, aunque proyectó su sombra sobre todo el resto de lo argumentado.
Luego, describió a grandes rasgos el mecanismo de primarias y rebatió, de forma persuasiva, los inconvenientes que usualmente se oponían a la idea de las mismas. Lo que más enfatizó, sin embargo, fue la exigencia de que el candidato más votado tendría que convertirse en el sumo adalid de la lucha por condiciones electorales confiables para retirarse de las elecciones, no con 5% en las encuestas, sino con 40% gracias a las primarias, lo que era preferible y sí “tendría impacto”, en caso de “ser necesario”.
Fue luego de todo eso que se suscitó una ronda de intervenciones de algunos asistentes. Uno de ellos* argumentó que el gobierno no era demócrata y por tanto jamás sería derrotable por vía electoral—la premisa mayor del inicio—, razón por la cual “lo que había que hacer” era crear, mediante el retiro de la candidatura, una “crisis de gobernabilidad” que pudiera ser aprovechada por otros factores de poder que acabaran con el régimen. Entonces, María Corina Machado se dirigió al ponente de la receta descrita para decirle: “Pues mira, eso es exactamente lo que estamos buscando”.
Las primarias, definitivamente, permitirían que los electores participaran en la decisión de escogencia del candidato. Serían, era obvio, más democráticas. Pero si se las quería emplear, en diabólica, insincera y arrogante manipulación, para entusiasmar a muchos electores en una candidatura cuya misión, sin que los ciudadanos lo supieran, era retirarse para generar problemas de gobernabilidad al gobierno y ejecutar después alzamientos o intervenciones extranjeras, entonces debíamos rechazarlas con el mayor denuedo. Ya se nos había llevado una vez, como corderos, al riesgo de la muerte el 11 de abril de 2002, mientras una necia conspiración se aseguraba de capitalizar, para una autocracia que jamás fue escogida en primarias, el beneficio del sacrificio.
Un articulista con seudónimo había ya sugerido que un supuesto pacto de Teodoro Petkoff con Fidel Castro, buscaba evitar “una gigantesca crisis de gobernabilidad que empuje definitivamente a Chávez a su propio abismo. De Miraflores al infierno… dadas las condiciones internacionales y el endurecimiento de las posturas del Pentágono hacia Caracas, una profunda crisis interna con el aislamiento internacional y la dureza de los Estados Unidos, el futuro para Chávez, para Castro y sendas ‘revoluciones’ sería de pronóstico reservado”. Ha habido siempre quienes celebran en Venezuela que los militares de los Estados Unidos se endurezcan.
De nuevo, los sostenedores de este récipe creían haber descubierto, luego de la masiva ausencia electoral del 4 de diciembre de 2005 y el evidente impacto sobre el discurso gubernamental, que la abstención en retirada de último minuto era el fusible eficaz que detonaría impepinablemente la crisis buscada. Pero claro, se añadía, para que la retirada surtiera efecto debía primero adquirirse fuerza, una masa crítica opositora construida, por ejemplo, mediante la organización de elecciones primarias que “calentaran la calle”. Naturalmente, no debía explicarse toda la estrategia al elector común, quien no tenía por qué saber que lo de las primarias era una carantoña, pues de sospecharlo no se produciría la participación masiva que el plan requería. De nuevo, como “teníamos la razón”, estaríamos moralmente autorizados a manipular a la población opositora mediante el engaño. (Las élites culposas, págs. 283-285).
Ayer, Día de San José, el diario El Nacional publicó un irrespetuoso editorial, enteramente alineado con entrometidas declaraciones de Roberta Jacobson, Secretaria de Estado para América Latina de los Estados Unidos de Norteamérica. (En entrevista concedida a El País de Madrid el 15 de los corrientes). Allí dijo Jacobson: «Creemos que los venezolanos merecen unas elecciones abiertas, justas y transparentes en las que todos pueden ejercer su voto con la confianza de que su decisión será respetada». Más adelante, y luego de cuestionar el proceso venezolano en materia de la observación internacional, reiteró: «…lo importante ahora es que las elecciones sean limpias y transparentes. Será un poco difícil, pero eso es lo que los venezolanos y la comunidad internacional debe [sic] de [sic] apoyar». El periódico madrileño quiso que la funcionaria estadounidense cuestionara la celeridad de la elección—que la Constitución Nacional manda en treinta días ante una falta absoluta del Presidente de la República—, al preguntarle: «¿No han sido convocadas estas elecciones con demasiada rapidez?» Aquí, El Nacional dijo que la reacción enteramente explicable de Tibisay Lucena, Presidenta del CNE, equivalía a haber «montado en cólera» y a salir «como Juana de Arco del trópico» por sugerencia de, tal vez, Nicolás Maduro, Diosdado Cabello o Elías Jaua. También aludió cobarde y desalmadamente a problemas de salud de la Sra. Lucena. ¿Cómo reaccionaría el Departamento de Estado de los EEUU a la declaración de un vocero autorizado de la Unión Europea, que expresara deseos de que alguna elección en ese país fuera abierta, justa, limpia y transparente? Es una vergüenza que El Nacional haya publicado la insultante pieza; el digno Miguel Otero Silva se revuelve en su tumba. ¡Cómo se nota la ausencia del sentido común de Simón Alberto Consalvi! (Apunte de Manuel Felipe Sierra).
La razón real de la estampida opositora en 2005 fue que los sondeos de opinión no auguraban a sus partidos más de 15% (entre todos) de la votación de diciembre de ese año. Ahora las encuestas conocidas colocan a Capriles Radonski, de quien todas las mujeres estarían enamoradas, en desventaja insalvable. Espero que él no se preste a una maniobra artera retirando su pobre candidatura—casi tan pobre como la de Maduro—, como estoy seguro de que con estas líneas aumenta mi propensión a accidentes o encuentros con el hampa asesina y mi favoritismo entre opositores neuróticos. LEA
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*Luis Betancourt Oteyza
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por Luis Enrique Alcalá | Mar 19, 2013 | Notas, Política |

Todo en rojo
Un hecho básico de la fisiología celular es la polarización de cargas eléctricas al exterior e interior de las células. Usualmente—es decir, en reposo—, el interior de la célula es eléctricamente negativo respecto del medio exterior. Cuando sobreviene la excitación de la célula, esta situación se invierte por un cierto tiempo, característico de cada tipo celular. Luego, la célula se repolariza y regresa al potencial de reposo, hasta que sobreviene una nueva excitación. Las células políticas de Venezuela han sido ya excitadas electoralmente el 7 de octubre y el 16 de diciembre de 2012; ahora lo serán para el 14 de abril de este año. Cada excitación implica un gasto, una fatiga, y pareciera que las células opositoras están más fatigadas que las oficialistas, a juzgar por dos mediciones que han sido dadas a conocer en las últimas horas.
La primera en conocerse es una encuesta realizada por Datanálisis para Barclays, el conglomerado transnacional de banca y servicios financieros. (Contactado por Noticias 24, Luis Vicente León declinó confirmar o negar las cifras difundidas por Barclays, y reiteró que la firma que dirige no publicará encuestas durante el actual proceso electoral).

La ventaja aumenta
Según Barclays, Nicolás Maduro puntea para la semana pasada con una ventaja de 14,4 puntos, un poco más que la diferencia porcentual de votos entre Hugo Chávez y Henrique Capriles Radonski el pasado 7 de octubre (55,07% a 44,31%). La brecha ha crecido entre el 20 de febrero y el 13 de marzo; para esta última fecha era de 12,1%. Datanálisis habría medido 16% de electores indecisos o que votarían por otros candidatos menores. Los analistas de Barclays resumieron la cosa en estos términos: “Maduro continúa siendo el favorito para las elecciones presidenciales del 14 de abril. Sin embargo, su popularidad es volátil y descansa en el apoyo emocional que Chávez le transfirió. Aunque esto podría ser de corta duración, en una campaña corta lo favorece”. Y es justamente una campaña corta a lo que nos enfrentamos.
Por su parte, Hinterlaces distribuyó hoy datos parciales del Informe Ejecutivo Confidencial para clientes de su Monitor-País, precedidos de teorizaciones acerca de la situación política general. Ellos corresponden a un levantamiento de campo entre el 11 y el 16 de marzo sobre una muestra de 1.100 entrevistados, de los que 69% lo fueron directamente en hogares y 31% por vía telefónica.

Capriles sacaría menos votos que en octubre
Los resultados son similares. Como Datanálisis, el estudio de Hinterlaces registra un aumento de la ventaja de Maduro sobre Capriles, respecto de una medición anterior concluida el 13 de febrero. Sus datos, sin embargo, adjudican a Maduro una ventaja mayor: 18 puntos. (Fue de 16% en febrero, para los mismos dos puntos de ventaja adicionales registrados por Datanálisis). Según la firma de Oscar Schemel, la intención de voto por Maduro es ahora de 53%, contra 35% para Capriles. Esto deja 12% de indecisos o para otras candidaturas, 6 puntos menos que lo medido por la gente de José Antonio Gil y Luis Vicente León.

La gran mayoría cree que Maduro ganará
También es significativa la expectativa de la opinión acerca del ganador en el cotejo de abril. Una holgadísima mayoría de 61% a 21%, cuarenta puntos de diferencia, cree que Maduro será el vencedor; sólo uno de cada cinco entrevistados piensa que lo será Capriles. Este candidato ha declarado que «no conoce» la encuesta de Datanálisis; menos todavía debía estar enterado de la de Hinterlaces, la encuestadora a la que su comando atacó más el año pasado, cuando ella terminó teniendo la razón.
Hinterlaces añadió algunas evaluaciones de las tareas que tendrían por delante el oficialismo y la oposición. Por ejemplo, sostiene que el chavismo debe pasar a una fase «post-hegemónica», en la que sería importante que extendiera su «base social de apoyo» y ampliara los consensos, incorporando a otras clases sociales. En cambio, Schemel cree que la oposición «necesita dotarse de una idea, de una visión de país y de sociedad, de una oferta superior al modelo de inclusión, que la convierta en una verdadera alternativa».
Planteadas así las cosas, Hinterlaces contribuye a la película en blanco y negro de la polarización, sin imaginar la emergencia de una nueva fuerza, una opción tercera con un moderno discurso no alineado, que sepa apelar en una primera instancia a la maciza presencia de los Ni-ni, categoría demográfico-electoral que esa firma detectó tempranamente e hizo tanto por certificar como existente en su apreciable magnitud. LEA
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Enlace para descargar el informe de Hinterlaces: REPORTE EJECUTIVO PARA MCS (Caracas 19-03-2013)
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por Luis Enrique Alcalá | Mar 18, 2013 | Notas, Política |

¿El Círculo Militar como escenario y el almirante Molero como árbitro?
Henrique Capriles Radonski ha desafiado insistentemente a Nicolás Maduro a debatir. Es una táctica o práctica común en los países democráticos esto de carear a candidatos que compiten por un mismo cargo, especialmente si se trata de uno presidencial. En los Estados Unidos, donde se inició la costumbre, son seguramente los más famosos cotejos los de John Kennedy y Richard Nixon, que fueron los primeros presidenciales y los primeros por televisión. Se confrontaron cuatro veces, la primera de ellas el 26 de septiembre de 1960. No se repetiría la experiencia hasta 1976, cuando Jimmy Carter se enfrentó al presidente Gerald Ford, entonces en funciones, y procedió a ganarle la elección. Pero antes, Abraham Lincoln sostuvo siete debates con el senador Stephen Douglas en 1858 y, como sabemos, entonces no había transmisiones televisivas. En esa oportunidad, Douglas preservó su cargo en el Senado; Lincoln perdió muchas elecciones antes de convertirse en el decimosexto Presidente de los EEUU.
En Venezuela se inició la cosa en 1963: debatieron Rafael Caldera—quien también perdió mucho antes de ser Presidente—y Arturo Úslar Pietri. Ninguno de los dos ganó la elección de ese año, que convirtió a Raúl Leoni en el sucesor de Rómulo Betancourt, pero Caldera pareció ganar el debate. Úslar atacó a Caldera porque COPEI había formado parte del gobierno de Betancourt (Pacto de Punto Fijo), la encarnación comunista del demonio, y en 1964 el partido de Úslar (FND) entraría en el «Gobierno de Ancha Base», presidido por otro demonio adeco (Leoni). Caldera se mostró sorprendido de la postura uslariana, pues el partido de Isaías Medina Angarita—Partido Democrático Venezolano—, del que Úslar era dirigente, hizo alianza con el Partido Comunista de Venezuela en las elecciones de 1941, y su gobierno estableció relaciones diplomáticas con la Unión Soviética. Úslar optó por no referirse a la primera observación; en cambio, quiso defenderse de la segunda señalando que las relaciones con la URSS se establecieron «por presión abierta y expresa del gobierno de los Estados Unidos», lo que era en efecto un reconocimiento de soberanía disminuida. Veinte años más tarde, Rafael Caldera perdía el debate y la elección de ese año ante Jaime Lusinchi, quien logró sacarlo de sus casillas. Fue Caldera quien solicitó debatir.
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En general, es el candidato en desventaja—underdog (el perro que está abajo) le llaman en inglés: a competitor thought to have little chance of winning a fight or contest—quien reta al puntero en las encuestas. No es sorprendente, por tanto, que sea Capriles quien desafía. Ayer dijo en Maracaibo: “Yo creo que Nicolás no aguanta ni cinco minutos en un debate entre él y yo. Si quieren, que en el debate le pongan el teleprompter y que Ernesto [Villegas] esté al lado de él para que le sople. ¡Qué sabroso sería un debate! Allí los que tienen los ojos cerrados lo abrirían en el primer minuto de debate y toda Venezuela sabría cuál es el camino”. También dijo: «Gano la Presidencia y voy a decretar un aumento del salario mínimo, por lo menos en 40%. Así se lo digo al país, soy Presidente y lo primero que voy a hacer es decretar un aumento general de salarios en 40% para recuperar el poder adquisitivo». ¿No y que las finanzas del país están muy mal? ¿Necesita Capriles emular la irresponsabilidad demagógica y populista del oficialismo? Ayer preguntaba Marilene Alezones en Facebook: «¿Alguien me puede explicar la razón de un discurso tan bobo? ¿Quieren ser iguales?» A lo que reaccionó Jesús Mijares Pittaluga: «…estoy convencido que el debate no está dirigido a personas como tú o como yo con un cierto nivel de educación y de una cultura medianamente ‘culta’. El debate está dirigido a aquellos que el gobierno manipula a su antojo y que son la mayoría lamentablemente. (…) Mientras tanto creo que deberíamos ahorrarnos críticas que tampoco ayudan». Luis Antero Moreno añadió este comentario: «Si el candidato del cual, según él, todas las venezolanas están enamoradas—el Flaco—, no puede ser criticado, imaginemos entonces cuando sea Presidente. Ambos candidatos quieren hacer chavismo sin Chávez, ambos pretenden convertirse en herederos del chavismo. Muy lamentable para Venezuela».
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De darse un debate entre Maduro y Capriles, éste contaría con la ventaja de su mayor preparación intelectual. Capriles es graduado universitario; Maduro no ostenta ese título. Pero es que el debate no sería tal. Si Maduro aceptare debatir, la cosa sería un espectáculo tribunalicio popular, a la manera de los juicios en la Rusia de Stalin; a Maduro le bastaría actuar como fiscal acusador: «Ud. es un burgués reaccionario. Ud. violó el recinto diplomático de Cuba en Venezuela. Ud. fue parte del golpe de Carmona. Ud. dejó que Leopoldito López arrestara ilegalmente al ministro Rodríguez Chacín en la jurisdicción de Baruta, donde Ud. era alcalde. Su partido, Primero Justicia, sacó reales de PDVSA, cuando Leopoldito López y su mamá trabajaban allí. Ud. se robó unos reales en la Gobernación de Miranda». Etcétera. Creer que «Nicolás» se comportaría como Úslar Pietri en un debate es realmente ingenuo.
Por supuesto, Maduro no podría aportar temáticamente otra cosa que consignas chavistas, pura propaganda socialista y culto al héroe fallecido; no calza los zapatos de un estadista, a pesar de su pose de poderoso. El Poder Ejecutivo Nacional está hoy en manos incompetentes, a pesar de la opinión postrera de Hugo Chávez. Por tal razón, es lo más probable que Maduro no conceda el debate—a menos que las encuestas le revelen que eso le cuesta puntos—para refugiarse en el pretexto favorito de Chávez: «Águila no caza moscas». El año pasado, Capriles no pudo lograr que Chávez se midiera en un debate con él. Faltaban once días para las elecciones del 7 de octubre, cuando el extinto presidente reiteró: “¿Quién va a debatir contigo, muchacho? ¡Anda a aprender a hablar primero! Métete en la Misión Robinson, chico, tú eres un analfabeto político, majunche. ¿Qué vas a debatir tú con Chávez, chico?”
Ésa es la herencia de Chávez, clara como la madrugada. Como dijo Luis Moreno, muy lamentable para Venezuela. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Mar 9, 2013 | Argumentos, Política |
ACTUALIZACIÓN: Se ha añadido a esta entrada un apéndice que reproduce y refuta un artículo del abogado Nelson Ramírez Torres, quien amablemente me lo enviara con la siguiente advertencia: «Apreciado Luis Enrique: en el artículo que anexo explico porque Maduro no puede ser presidente de la república. Leí uno tuyo en el que sostienes lo contrario. Un abrazo. Nelson Ramírez Torres».
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Defensor e intérprete de la Constitución en nombre de parte de la oposición
A Alfredo Anzola Méndez
El Sr. Nicolás Maduro es ahora el Presidente de la República, encargado el viernes 8 de marzo de la Presidencia al haberse configurado al fin la falta absoluta del presidente Chávez, electo para el período 2013-2019, con su muerte el quinto día de los corrientes. Su juramentación ocurrió en concordancia con la decisión de la Sala Constitucional del 9 de enero de este año, que a juicio de quien escribe fue defectuosa. (Ver en este blog Voto salvado). Pero esa juramentación y, sobre todo, el anuncio del Tribunal Supremo de Justicia de que Maduro no tiene que separarse de su nuevo cargo para postularse a la elección que, con toda probabilidad, se celebrará el próximo 14 de abril, ha sido repudiada por Henrique Capriles Radonski, quien habló de fraude constitucional.
Como argumenté el 10 de enero, el TSJ intentó llenar una laguna no prevista por el constituyente de 1999, que no se paseó por el caso de falta temporal de un presidente electo. Éste era el caso hasta el 5 de marzo; no se había configurado una falta absoluta (al no haberse producido ninguno de los supuestos enumerados en el Artículo 233 de la Constitución) pero al mismo tiempo el Presidente electo el 7 de octubre no estaba en funciones. A mi criterio, el presidente Chávez no había tomado posesión de su cargo para el período que debió iniciarse el 10 de enero al no haberse juramentado. La Sala Constitucional resolvió el vacío constitucional de otra manera, al sentenciar: «A pesar de que el 10 de enero próximo se inicia un nuevo período constitucional, no es necesaria una nueva toma de posesión en relación al Presidente Hugo Rafael Chávez Frías, en su condición de Presidente reelecto, en virtud de no existir interrupción en el ejercicio del cargo».
En todo caso, según la Constitución, el Tribunal Supremo de Justicia ejerce, por órgano de su Sala Constitucional, la jurisdicción constitucional y «será el máximo y último intérprete de la Constitución» (Artículo 335). Su decisión, por supuesto, podía ser impugnada, sólo que únicamente ante el mismo tribunal. No conozco que esto se haya intentado, al menos con éxito.
De modo que, para el máximo y último intérprete de la Constitución, ya se había iniciado el período 2013-2019—a pesar de la falta de juramentación—y el titular de la Presidencia de la República para ese lapso era Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro el Vicepresidente Ejecutivo mientras no fuese removido.
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Al configurarse, el martes de esta semana, la falta absoluta del Presidente de la República, hubiera debido seguirse el procedimiento pautado para faltas absolutas antes de la toma de posesión, de no haber mediado la doctrina asentada el 9 de enero. Después de esa sentencia, lo que tenía que aplicarse era el procedimiento que regula la falta absoluta durante los primeros cuatro años del período constitucional: «se procederá a una nueva elección universal y directa dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva». (Artículo 233). Esto fue lo que ayer se hizo.
Pero la discordia prende al decidir ayer el TSJ que «el Vicepresidente Ejecutivo deviene Presidente Encargado y cesa en el ejercicio de su cargo anterior. En su condición de Presidente Encargado, ejerce todas las atribuciones constitucionales y legales como Jefe del Estado, Jefe de Gobierno y Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana» y que «Durante el proceso electoral para la elección del Presidente de la República, el Presidente Encargado no está obligado a separarse del cargo».
Esto es correcto, de nuevo, si se acata la decisión del 9 de enero que estableció que Hugo Chávez estaba en posesión del cargo de Presidente para el período 2013-2019 a pesar de no haberse juramentado. Aunque el Artículo 229 paute: «No podrá ser elegido Presidente o Presidenta de la República quien esté de ejercicio del cargo de Vicepresidente Ejecutivo (…) en el día de su postulación o en cualquier momento entre esta fecha y la de la elección», Maduro ya no está en ejercicio del cargo vicepresidencial; hasta ayer, suplía como Vicepresidente al Presidente mientras durase su falta temporal (Artículo 234), pero ahora es él mismo Presidente, encargado hasta que una nueva elección traiga otro presidente que origine su legitimidad en el voto popular. Es así como el impedimento señalado en el Artículo 229 de la Constitución no se le aplica.
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Admito lo confuso del tema; el Tribunal Supremo de Justicia contribuyó al desconcierto con su tratamiento del vacío constitucional en la sentencia del 9 de enero, y yo mismo había creído que Maduro estaría impedido de postularse por lo dispuesto en el Artículo 229. Pero antes de ella, envié un correo corrector, titulado Caída de locha y fechado el 12 de diciembre pasado, a un apreciado amigo a quien antes le había señalado el supuesto impedimento. En él ya le puse:
El 229 de la Constitución no impide que Maduro se candidatee, pues no estaría en ninguno de los cargos prohibidos: «No podrá ser elegido Presidente o Presidenta de la República quien esté de ejercicio del cargo de Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Ministro o Ministra, Gobernador o Gobernadora y Alcalde o Alcaldesa, en el día de su postulación o en cualquier momento entre esta fecha y la de la elección». En el mismo momento de la falta absoluta, su título y cargo es el de Presidente Encargado.
El error de Capriles Radonski es muy comprensible, pero no hay fraude constitucional. De hecho, es él quien debiera abandonar el ejercicio de su cargo de gobernador para aceptar la candidatura de la oposición. LEA
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APÉNDICE:
1. Artículo de Ramírez Torres en El Diario de Caracas (14 de marzo de 2013)
La decisión número 141 de la Sala Constitucional del TSJ, de fecha 8 de marzo de 2013, estableció que «el Vicepresidente Ejecutivo deviene Presidente Encargado y cesa en el ejercicio de su cargo anterior. En su condición de Presidente Encargado, ejerce todas las atribuciones constitucionales y legales como Jefe del Estado, Jefe de Gobierno y Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana”.
La Sala se equivocó al establecer que “Durante el proceso electoral para la elección del Presidente de la República, el Presidente Encargado no está obligado a separarse del cargo”. Y violó la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) por las siguientes razones:
El artículo 57 de la Ley Orgánica de Procesos Electorales ordena (principio general) que «Salvo lo previsto en la Constitución de la República, los funcionarios y las funcionarias de la Administración Pública que se postulen en un proceso electoral, deberán separarse de manera temporal de sus cargos desde el día en que se inicie la campaña electoral hasta el día de la elección, ambas fechas inclusive».
El aparte único del artículo 58 de esa Ley ordena: “Los funcionarios y las funcionarias de elección popular que aspiren a la reelección de sus cargos, podrán permanecer en los mismos durante todo el proceso electoral”.
El artículo 229 de la CRBV dice: «No podrá ser elegido Presidente o Presidenta de la República quien esté en el ejercicio del cargo de Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Ministro o Ministra, Gobernador o Gobernadora o Alcalde o Alcaldesa, en el día de su postulación o en cualquier momento entre esta fecha y la de la elección».
El artículo 230 de la CRBV establece. «El período presidencial es de seis años. El Presidente o Presidenta de la Republica puede ser reelegido o reelegida».
Tal preceptiva supone dos requisitos. El primero, que el Presidente aspira a la reelección, vale decir, es una reelección y no una elección. El segundo, que como Presidente cumplió totalmente el período de seis años. Ni Maduro va a una reelección ni cumplió los seis años, pues tales extremos son inherentes al Presidente Titular, esto es, al elegido por el pueblo.
Además de que se trata de la reelección y no de su elección, el derecho a la reelección como Presidente de la República supone el requisito de haber sido electo por el pueblo. Un Presidente Encargado carece de ese origen.
Maduro no puede postularse para el cargo de Presidente de la República porque su título o cualidad para encargarse (pocos días) de la Presidencia es el cargo de Vicepresidente. Con otras palabras, no es un Presidente titular. Su título o cualidad no lo otorga la sentencia del TSJ ni la juramentación ante la Asamblea Nacional.
Es requisito indispensable (sine qua non) para ser candidato a la presidencia de la República sin abandonar el cargo, haber sido electo por el pueblo, es decir, estar ante una reelección (como era el caso de Chávez), no ante una primera elección, como es el caso de Nicolás Maduro.
El argumento del TSJ es que el Vicepresidente, al pasar a ser Presidente encargado, por la falta absoluta del Presidente, abandona o deja de ser Vicepresidente y por lo tanto no opera la limitación impuesta por la Constitución.
Decir que un Presidente Encargado, Provisorio o Accidental, puede ser equiparado al Presidente Titular, porque ejerce todas las atribuciones, constituye un sofisma, una trampa argumental, o en el mejor caso, un error judicial inexcusable que obliga su corrección inmediata. No rectificar será expresión dictatorial.
Por lo tanto, siendo manifiesto que Nicolás Maduro no es el Presidente de la República, sino el encargado, el accidental o provisorio, no tiene el derecho a postularse al cargo de Presidente Titular.
En conclusión, la decisión de la Sala Constitucional es arbitraria y patentiza la usurpación de funciones del Vicepresidente Nicolás Maduro.
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2. Refutación
a. El Dr. Ramírez Torres anuncia que la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia «violó la Constitución» por varias razones, aduciendo inválidamente como primera de ellas una norma subconstitucional a la que eleva a la condición de «principio general», el Artículo 57 de la Ley Orgánica de Procesos Electorales. Pero justamente este artículo comienza estableciendo una salvedad: «Salvo lo previsto en la Constitución de la República…», y ésta establece: «No podrá ser elegido Presidente o Presidenta de la República quien esté en el ejercicio del cargo de Vicepresidente Ejecutivo…» (Artículo 229). Nicolás Maduro no estaba en el ejercicio del cargo de Vicepresidente Ejecutivo, sino en el de Presidente de la República, cuando fue postulado el 11 de marzo, y por tanto es meridianamente claro que esa prohibición no se aplica a su caso.
b. El Artículo 229 de la Constitución habla de elección, no de reelección, y no equivale el Artículo 230, que sí lo hace permitiéndola, a una prohibición expresa de que un Presidente encargado se postule al cargo por elección.
c. El Artículo 58 de la Ley Orgánica de Procesos Electorales, en cualquier caso de rango subconstitucional, que permite que “Los funcionarios y las funcionarias de elección popular que aspiren a la reelección de sus cargos» permanezcan «en los mismos durante todo el proceso electoral” no equivale a una prohibición de que quienes ostenten un cargo por expresa disposición constitucional, en este caso el de Presidente, se presenten a elección para el mismo cargo. Es decir, ese artículo no dice que sólo los funcionarios de elección popular pueden permanecer en sus cargos durante todo el proceso electoral.
d. Un Presidente encargado es un Presidente titular, a pesar de que no haya alcanzado el cargo por elección. No hay ninguna disposición constitucional que le rebaje en atribuciones o derechos conferidos a un Presidente que haya llegado al cargo por elección. El único «requisito indispensable (sine qua non) para ser candidato a la presidencia de la República sin abandonar el cargo» es no ser Vicepresidente Ejecutivo, Ministro, Gobernador o Alcalde. El antepenúltimo párrafo del Dr. Ramírez Torres es meramente calificativo; expresa su opinión, no una verdad jurídica.
e. En Voto salvado he expresado con lujo de detalles mi desacuerdo con la sentencia del 9 de enero de la Sala Constitucional; en tanto esa decisión no sea impugnada con éxito, la interpretación con la que quiso llenar el vacío normativo de la falta temporal de un Presidente electo (ahora falta absoluta) se sostiene sobre el Artículo 335 constitucional, que confiere al Tribunal Supremo de Justicia el carácter de «máximo y último intérprete de la Constitución». En otro caso distinto—Derecho torcido, Denuncia de violación del Art. 42 constitucional—, en cambio, sostengo que la misma Sala Constitucional ha violado la Constitución.
Sugiero al Dr. Ramírez Torres que revise su concepto de lo que es taxativo, y que se auxilie gráficamente con diagramas de Venn para determinar el alcance y significado de sus propias afirmaciones. Sus aducciones son pertinentes, pero sus conclusiones no están incluidas en ellas o su conjunción. Vale.
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