Runrunes prospectivos

 

¿La futura silla de Miraflores?

 

Después del 26 de septiembre, el presidente Chávez se fue a Cuba para regresar con una obsesión nueva: anticipar el futuro. Así, todas las salas situacionales se ocupan ahora de la «prospectiva». (Quien entiende el pasado de modo distorsionado y es incapaz de manejar el presente pretende predecir el porvenir).

La temática del análisis está centrada sobre la previsión de una explosión social que el oficialismo juzga harto probable, a partir de los datos que maneja sobre la miríada de protestas que ha emergido en el país. (A menos que la población «continúe» siendo sumisa. Para asegurar esto último los analistas gubernamentales se ocupan también de imaginar nuevos métodos de control social).

La crítica interna se extiende. Desirée Santos Amaral se dio el lujo de criticar las contramarchas sobre los aguinaldos, y destacó para censurarlo el cíclico y frecuente desmantelamiento que Chávez mismo hace de sus propias plataformas comunicacionales. Un funcionario de Miraflores expresó su temor de que «esto se le vaya de las manos al Presidente».

Éste está cada vez más amorochado con el trotskismo (Alan Woods es el nuevo favorito), que es ahora la corriente doctrinaria dominante en el entorno presidencial. Y Chávez no habría podido convencer a los cubanos de que el país no está preparado para el socialismo. Tanto Woods como Castro le han aconsejado la radicalización.

El PSUV está midiendo ahora sólo 10% de apoyo. Quiso hacer un acto en La Candelaria para lanzar la «nueva fase» del partido; esperaba 50.000 personas y reunió a 3.000. En cambio, las encuestas miden un respeto creciente a la oposición, aunque también cansancio con el tema político (lo que se ha visto antes), y miedo en proporciones altas en la población general.

La protesta por el tema de los aguinaldos fraccionados hizo colapsar las comunicaciones de la red telefónica: los ministros levantaban sus teléfonos para escuchar voces que les reclamaban el pago con insultos groseros; de allí la reculada de Chávez. Y los baños de Miraflores aparecieron pintados con mensajes favorables a Polar («Polar es amor», «No me quites a Polar»).

La intención prospectiva se ve impedida por el desorden estadístico, que es monumental. Las contradicciones entre las fuentes (BCV, INE…) hacen imposible el trabajo de las salas situacionales.

En el seno del chavismo cayó muy mal el matrimonio de Chávez con Rangel Silva. Se lo considera un grave error porque sería el empate con quien tiene, por decir lo menos, una reputación dudosa. El rechazo interno a todo el affaire es generalizado.

Esto huele a colapso, el que Chávez buscará evitar con un ataque despiadado sobre quienes imagina o postula como conspiradores en su contra—Guillermo Zuloaga-Globovisión, banca—pero la viabilidad de esta táctica es muy cuestionable. Ante la pérdida de apoyo popular y de sus propios cuadros, tal vez sus amenazas no pasen de ladridos de perro que no muerde, de gestos simbólicos, como el acto incoherente del martes 23 de noviembre en la Asamblea Nacional (para condenar la «agresión del imperialismo y por la dignidad de la patria»). Una aceleración estatizadora en diciembre sería repudiada hasta por su mamá, y debe haber sacado cuentas de su caída en opinión que le sea favorable.

La oposición, sin embargo, luce inepta para capitalizar el inocultable deterioro. (Eugenio Martínez acaba de destacar en El Universal: «…la oposición ha sido incapaz de tomar los votos que pierde el jefe del Estado. El mejor ejemplo es el 26 de septiembre cuando Chávez pierde 890 mil sufragios y la oposición sólo crece en 119 mil sufragios, menos incluso que el crecimiento del Registro Electoral»). Cada uno de los opositores actúa por su cuenta–Henry Ramos Allup en giras precandidaturales y procura de posible alianza de social-demócratas (AD, Un Nuevo Tiempo, Alianza Bravo Pueblo); Leopoldo López en construcción de alianzas de líderes antes que de organizaciones (con Henri Falcón, con César Pérez Vivas)—mientras la Mesa de la Unidad Democrática promueve marchas para defender derechos y, muy especialmente, para rechazar las estatizaciones, sin anunciar que son para repudiar el tema principalísimo de la amenaza Chávez-Rangel Silva.

Frente a este cuadro, sin embargo, el miedo y la irracionalidad pueden predominar en Hugo Chávez al saber su sueño perdido. Pudiera, por ejemplo, hacer caso a quienes—CONATEL—abogan ahora por un control definitivo de lo que se dice en Internet, mediante una reforma de la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión. La Constitución Nacional garantiza otra cosa:

Artículo 57. Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier otra forma de expresión, y de hacer uso para ello de cualquier medio de comunicación y difusión, sin que pueda establecerse censura. Quien haga uso de este derecho asume plena responsabilidad por todo lo expresado. No se permite el anonimato, ni la propaganda de guerra, ni los mensajes discriminatorios, ni los que promuevan la intolerancia religiosa.

Se prohíbe la censura a los funcionarios públicos o funcionarias públicas para dar cuenta de los asuntos bajo sus responsabilidades.

Artículo 58. La comunicación es libre y plural, y comporta los deberes y responsabilidades que indique la ley. Toda persona tiene derecho a la información oportuna, veraz e imparcial, sin censura, de acuerdo con los principios de esta Constitución, así como el derecho de réplica y rectificación cuando se vean afectados directamente por informaciones inexactas o agraviantes. Los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a recibir información adecuada para su desarrollo integral.

Pero, claro, la Constitución sólo sirve para ser mostrada, asida con mano zurda su edición de bolsillo, cuando conviene al mandamás del régimen. (Cada vez menos). LEA

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Licencia contradictoria

La escualidez de la marcha chavista

El Artículo 236 de la Constitución Nacional enumera las atribuciones del Presidente (o Presidenta) de la República. En total, especifica veintitrés, además de la genérica: «24. Las demás que le señale esta Constitución y la ley».

Hugo Chávez ha añadido una no escrita en el texto constitucional: el privilegio de la inconsistencia. Puede sostener una cosa hoy y una distinta, hasta contraria, mañana. Puede contradecirse a sí mismo impunemente. En su locuacidad irresponsable, confía en que no será llamado a cuentas.

El 21 de los corrientes no se transmitió el show dominical de Aló Presidente. Con motivo del Día del Estudiante Universitario, una marcha de estudiantes chavistas que organizó el PSUV requirió la intervención presidencial. Chávez habló a la concentración, formada en Miraflores después de marchar desde la Plaza Venezuela.

Prácticamente todos los sitios web afectos al régimen destacaron las palabras de Chávez (y también los medios independientes). Por ejemplo, el sitio Patria Grande encabezó su nota (Presidente Chávez: Felicidades mis queridos estudiantes) del siguiente modo: «Presidente celebra 53 años del Día del Estudiante Universitario. El decreto del Día del Estudiante Universitario fue publicado en la Gaceta Oficial número 25.818 del día viernes 21 de noviembre de 1958. En la Universidad Católica Andrés Bello los estudiantes quemaron la Ley Electoral, que era fraudulenta, un ejemplar del diario El Heraldo y un retrato de Pérez Jiménez».

El mismo Chávez se refirió a esa gesta estudiantil de 1957. La redacción del reporte de sus palabras en todos los medios es la misma: «Un día como hoy, en 1957, los estudiantes apoyaron al movimiento cívico-militar para derrocar la dictadura de Marcos Pérez Jiménez».

No importa que siete meses antes (25 de abril) en otro contexto, reunido con militares, hubiera hecho la alabanza del dictador. He aquí sus declaraciones de entonces:

¿Se le olvidó a Chávez el domingo pasado que había consagrado a Pérez Jiménez como el mejor presidente de Venezuela, o es que meramente hace uso de la atribución de inconsistencia? LEA

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El doctor de París vs. el de Viena

Estudiosos de la dominación: Enrique Dussel – José Manuel Briceño Guerrero

 

Enrique Dussel era argentino y ahora es mexicano. Tiene un doctorado en Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid y uno en Historia de la Sorbona. Se ocupa filosófica e históricamente del tema de la liberación. (Con preferencia por la opresión de Felipe Calderón sobre la liberación de Cristina viuda de Kirchner). Es un intelectual que atrae recientemente la atención de Hugo Chávez—quien usa y abandona intelectuales izquierdosos luego de inconstantes enamoramientos—y por eso acaba de recibir (15 de noviembre) el Premio Libertador al Pensamiento Crítico. Las sinuosas «líneas de Chávez» de esta semana, cursis y aburridas como siempre, declaran: «Para Dussel, desde la izquierda no se ha analizado suficientemente la función del liderazgo en el crecimiento de la democracia participativa. El liderazgo es un servicio y un magisterio obediencial, democrático y político: ello es así porque el liderazgo aparece simultáneamente con la emergencia del pueblo como actor colectivo y sólo puede entenderse dentro de los límites de una democracia participativa y representativa. El liderazgo es obediencial—¡qué bueno una palabra insólita que suene inteligente y especializada!—con respecto al pueblo y debe ser obediente a sus exigencias y necesidades: sólo se puede gobernar obedeciendo». Debe ser por esto que obedece a Fidel Castro.

El mismo Dussel dijo al recibir el premio: “Dicho liderazgo aparece simultáneamente por emergencia del pueblo como actor colectivo. El que lo ejerce tiene plena conciencia de los límites de su poder simbólico, que es siempre delegado e investido por el pueblo que es la última instancia soberana. El liderazgo político legítimo se transforma en lo contrario, cuando se fetichiza—casos Hitler y Pinochet—, olvidando el cumplimiento de las exigencias democráticas requeridas”. (Interesadamente, Dussel optó por no mencionar los casos de Castro o Stalin como evidentísimas instancias de «fetichización». Le habrían quitado el premio).

Chávez no ha obedecido al pueblo jamás. Las encuestas de 1991 mostraban que una clara y abrumadora mayoría del pueblo no quería aventuras golpistas para resolver el agudo problema del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez; sin embargo, Chávez hizo caso omiso y se alzó a comienzos del año siguiente. Ocasiones no han faltado en las que gente del pueblo ha logrado acercársele para pedir y reclamar y la rechaza, con el argumento de que él es el líder del proceso y sabe lo que está haciendo. Si el pueblo usuario del Metro de Caracas osa expresar «sus exigencias y necesidades» es entonces encarcelado, y los trabajadores de Barrio Adentro que se acercan a Miraflores también son reprimidos y detenidos, aun cuando sean partidarios del Presidente. El 17 de julio de 2003, en la Carta Semanal #45 de doctorpolítico, recordé lo siguiente:

Pero el propio Chávez carece del más mínimo respeto por el valor político de los Electores. Cuando comenzaba 1998 y la campaña electoral de ese año arrancaba definitivamente, el chavismo anunció que forzaría la convocatoria de una asamblea constituyente mediante un referendo originado en la iniciativa popular. Recogiendo firmas, pues. (La Ley Orgánica del Sufragio había sido objeto de una reforma por parte del Congreso de 1997, mediante la que se había introducido todo un nuevo título sobre referendos para consultar al pueblo sobre materias «de especial trascendencia nacional». La convocatoria podía hacerla el Presidente en Consejo de Ministros, el Congreso de la República o 10% de los Electores inscritos).

Más avanzada la campaña, cuando Chávez veía que triunfaría en las elecciones, se olvidó pronta y convenientemente de la recolección de firmas. Ya no necesitaba al pueblo para convocar a referendo sobre la constituyente, dado que como Presidente podría hacerlo directamente. En efecto, fue uno de sus primeros actos de gobierno. Tal vez recordemos que la primera formulación del decreto de convocatoria debió ser retirada y sustituida por otra, puesto que la redacción de la pregunta a los Electores era obviamente totalitaria. Chávez pedía que le dejásemos a él, solamente a él, la responsabilidad de determinar todo lo concerniente a la bendita asamblea constituyente.

El interés de Chávez en Dussel consiste en poder citarlo como certificación de que su liderazgo dominador no contradice la democracia; por lo contrario, sería imprescindible. Ahora bien, el mismo Dussel ha hecho advertencias acerca de la dominación del tipo chavista. En su propio sitio web oficial, Dussel ha colocado trabajos exegéticos sobre su obra, y uno de éstos es Sobre la Ética de la Liberación en la Edad de la Globalización y la Exclusión de Enrique Dussel, cuyo autor es Jesús Rodolfo Santander. En ese trabajo postula Santander la correcta interpretación de Dussel (la que éste aprueba, al publicarla):

¿Hay que pensar entonces que la ética de la liberación nos está proponiendo una nueva utopía, esta vez la de la definitiva superación de toda opresión? Por cierto, no. Siempre estará el hombre en una situación de opresión. Aunque una determinada situación de opresión pueda ser superada, otra situación opresiva volverá a renacer al instaurarse una nueva moralidad, la cual con el tiempo tendrá que ser nuevamente superada, pues se habrá convertido a su vez en una totalidad opresora.

Bien por Dussel y su libro de 2006 (Filosofía de la cultura y la liberación); le felicito por el premio al segundo volumen de su Política de la liberación. Pero ya nos habían dicho antes que la superación de una situación de opresión conduce a una nueva totalidad opresora. Entre 1977 y 1982—no podía ser en referencia a Chávez—escribió José Manuel Briceño Guerrero, apureño con doctorados en Filosofía y Filología de la Universidad de Viena, los trabajos que componen El laberinto de los tres minotauros. Dejo que su pluma ayude a cerrar este comentario. Ella ha escrito Discurso salvaje, una de las tres partes del libro mencionado. Allí dice, hablando como oprimido:

Suele ocurrir también que pardos de ambición impaciente quieran forzar el ascenso dentro de su categoría, acelerarlo para llegar por un canal extraordinario al rango superior. Entonces se sirven de nosotros; nos organizan política o militarmente con una ideología revolucionaria, con planes revolucionarios, con promesa de cambios radicales. Nos hacen combatir y cuando logran llegar a importantes magistraturas desde donde se acomodan, se desligan de nosotros o nos mantienen organizados en las capas bajas de partidos políticos reformistas, en calidad de clientela y tropa de choque.

En el esfuerzo que hago para esta lucha me comprometo más que en el trabajo de los campos, el servicio doméstico, la construcción y las fábricas; me doy entero, arriesgo todo. Mi salario es la ilusión de triunfo, la exaltación momentánea, el desahogo, los instantes del asalto y del grito. Pero no logro realizar mi anhelo. Al contrario, mi rebeldía se incorpora aún más al dinamismo del sistema opresor, le sirve y lo fortalece. Mi peligrosidad se ve disminuida y retardada por esa masturbación periódica.

En cambio ellos sí logran sus fines; además de mantenerme en cintura, canalizan mi torrente hacia sus molinos, me cogen de escalera, arriman mi brasa a su sardina.

Amonedan mi furia para comprar poder los dirigentes revolucionarios. Se vuelven ricos con la plusvalía de esa empresa llamada lucha revolucionaria en la que yo pongo mi fuerza de combate, mi capacidad de sacrificio, mi agonía, Plusvalía revolucionaria.

¿No te has fijado, hermano, que los dirigentes revolucionarios son blancos o pardos? Los caudillos negros o indios de las revoluciones han sido «cachicamos trabajando para lapa».

He visto también—deseara no haberlo visto—que la revolución, caso de ser practicada en serio y caso de triunfar, conduce a formas de injusticia y opresión más abominables que las actuales. Esas formas nuevas de injusticia y opresión las he visto en los ojos y en las palabras de los dirigentes más sinceros, más esforzados, más leales a la causa. Se sienten salvadores mesiánicos, avatares de la historia; creen conocer mis intereses, mis deseos y mis necesidades mejor que yo mismo; no me consultan ni me oyen; se han constituido por cuenta de ellos en representantes míos, en vanguardias de mi lucha; son tutelares y paternalistas; prefiguran ya el Olimpo futuro donde tomarán todas las decisiones para mi bienestar y mi progreso; las tomarán y me las impondrán en nombre mío, a sangre y fuego en nombre mío. Yo bajo la cabeza diciendo «Sí camarada, sí compañero, eso es lo que hay que hacer, tiene razón, viva». Les sigo la corriente para que no me peguen y para no desanimarlos; pueden producir esos momentos de relajo, de caos, cuando parpadea la vigilancia de los gendarmes, cuando puedo descargar impune mi rencor, mi cólera reprimida, mi odio; después de todo, ese alivio esporádico es el mendrugo que me toca en el tejemaneje revolucionario mientras llegan días peores, los del triunfo revolucionario.

La dominación de Chávez, sólo obediencial al G2 cubano, es ante todo una descomunal estafa: con el pretexto de liberar, domina y oprime. Él se gloría en premiar al pensamiento crítico, con tal de no ser el criticado. LEA

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Carta Magna, carta digna

Carta Magna de los barones ingleses a Juan Sin Tierra en 1215 (clic para ampliar)

Juan Sin Tierra fue una triste figura de la longeva monarquía inglesa. Hermano de Ricardo I de Inglaterra, Corazón de León, no tuvo otra gloria que la de ser el déspota cobarde combatido por Robin Hood. En 1215, los barones ingleses decidieron pararle el trote, y redactaron el primer documento constitucional de la historia, la Carta Magna, a la que Juan no tuvo más remedio que acatar y refrendar con el sello real. Casi 800 años después, un varón venezolano, el general Carlos Julio Peñaloza, ha escrito una carta al Presidente de la República, Hugo Con Tierra Expropiada, que es tan magna como su predecesora, en razón de su dignidad.

El general Peñaloza fue quien debelara las intenciones golpistas de Hugo Con Tierra en 1989; sus gestiones y advertencias fueron desestimadas por la torpe arrogancia de Carlos Andrés Pérez, a quien el suscrito sugirió la renuncia el 21 de julio de 1991 (Salida de estadista: «El Presidente debiera considerar la renuncia. Con ella podría evitar, como gran estadista, el dolor histórico de un golpe de Estado, que gravaría pesadamente, al interrumpir el curso constitucional, la hostigada autoestima nacional. El Presidente tiene en sus manos la posibilidad de dar al país, y a sí mismo, una salida de estadista, una salida legal»). Tampoco hizo caso a este llamado, y seis meses y catorce días después los golpistas quisieron aprovechar, como avezados delincuentes, la nocturnidad de la madrugada del 4 de febrero de 1992 para deponer a Pérez, fracasaron y se rindieron, no sin antes haber derramado sangre ajena.

La carta del general Peñaloza ha sido publicada por El Nuevo País el lunes 15 de noviembre; de allí toma su texto este blog y lo reproduce abajo. Es clarísima, es valiente, es terrible, puesto que pinta el paisaje posible de la guerra civil. Como él mismo advierte, sin embargo, no tiene armas para tal empresa, como tampoco las tienen los «líderes jóvenes, inteligentes y corajudos dispuestos al combate» que a juicio de Peñaloza sobran en Venezuela. Aparentemente, la cosa sería desproporcionadamente asimétrica; aparentemente, el Presidente de la República manda tropas a las que se ha obligado a jurar Patria, Socialismo o Muerte, y aparentemente cuenta con sus milicias, formadas precisamente para defenderlo. En teoría, los «líderes jóvenes, inteligentes y corajudos dispuestos al combate» morirían en el choque, como los jóvenes de la Carga de la Brigada de Caballería Ligera en Balaclava. (Durante la Guerra de Crimea, centenares de jóvenes jinetes ingleses recibieron la orden de atacar los emplazamientos de la artillería rusa, que los masacró. El mariscal Pierre Bosquet comentó sobre la suicida valentía: “C’est magnifique, mais ce n’est pas la guerre”).

No será necesario, sin embargo, un sacrificio de ese tipo. Primero, porque hay armas civiles para pararle el trote a Hugo Con Tierra. Es hora de que hable la Corona, el Pueblo, pues las cosas han llegado a un punto donde ya no deben ser decididas por mandatarios, ni siquiera por el primero de ellos. Podemos y debemos activar un referendo suficiente para detener el proyecto de dominación más pernicioso que hayamos conocido en el país. Segundo, porque Chávez no sería acatado, por más soles que acumule sobre charreteras ajenas o propias; ya fue desacatado en una ocasión, cuando ordenó la puesta en práctica del Plan Ávila el 11 de abril de 2002.

Hugo Con Tierra ha amenazado con resistencia armada—la que demostradamente no sabe conducir—si un nuevo Presidente de la República osa destituir los mandos militares que cree afectos a su causa. No tiene ni la razón ni el derecho. Es atribución presidencial (Numeral 6 del Artículo 236 de la Constitución Nacional) la capacidad de asignar los cargos de los altos oficiales de la Fuerza Armada Nacional. Nadie puede maniatar a un presidente en esto.

En diciembre de 1993, el vicealmirante Radamés Muñoz León fue hasta la quinta Tinajero, residencia del Presidente Electo, Rafael Caldera Rodríguez, en compañía de los demás miembros del Alto Mando Militar. Allí les dijo el presidente Caldera que no serían confirmados en sus cargos, cuando ni siquiera había tomado posesión de la Presidencia de la República. De esa entrevista salió Muñoz León con la cara descompuesta que registraron los fotógrafos de prensa y el rabo entre las piernas, domado por un civil. No pudo alzarse contra la decisión, como tampoco pudo alzarse como quiso, en octubre de ese mismo año, contra Ramón J. Velásquez. No pudo, aunque en noviembre de 1993 había exhibido en privado su talante fanfarrón, cuando dijo que él mismo se encargaría «de llevar a Fuerte Tiuna preso, desnudo en un camión de estacas, a Caldera si desconoce el triunfo de Oswaldo Álvarez Paz».

El general Henry Rangel Silva ha definido las decisiones que pudiera tomar un nuevo Presidente de la República, en cuanto a la composición del Alto Mando Militar, como «desmantelamiento de la Fuerza Armada Nacional». Está radicalmente equivocado; él no es la Fuerza Armada Nacional, y sus días, a pesar del cuarto sol, están contados.

Con algo sugerido por el general Peñaloza no estoy de acuerdo: él señala que si Hugo Con Tierra dejara de recibir instrucciones de Fidel Castro y se dedicara a gobernar (en imitación de Bachelet y Lula), podría revertir las tendencias y resultar triunfador en 2012. No creo, primeramente, que el descomunal estropicio político, social, económico e institucional del que Chávez es principal responsable pueda ser reparado por él antes de las próximas elecciones. Ni siquiera creo que sepa de gobierno, como él mismo lo sabe también a estas alturas. Ya no encuentra cómo salir del enmarañado atolladero en que se ha metido en compañía de incapaces. Y, como lo sabe, como se ha dado cuenta de haber creado una progenie de problemas que no podrá resolver, tal vez su inconsciente lo impele a buscar su salvación en un holocausto épico que lo reivindique, tal como creyó un cabo austriaco y golpista que ordenó la demolición de Berlín cuando ya tenía la derrota en la cara. Esa clase de delirio sólo puede consumarse en el suicidio. LEA

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Carta abierta del Gral. Peñaloza al presidente Chávez

Ciudadano Hugo Rafael Chávez Frías

Presidente de la Republica

Sr. Presidente,

No lo veo desde hace casi 21 años, cuando nos reunimos en mi despacho de Comandante del Ejército. Como recordará, lo detuve porque tenía pruebas fehacientes de que Ud. preparaba un golpe para el día 6 de diciembre de 1989. En esa oportunidad, un grupo de altos funcionarios y oficiales, actuando como cómplices, abogaron ante el presidente, quien decidió dejarlo en libertad «por falta de pruebas». El mismo plan, entonces abortado, Ud. lo repitió el 4F de 1992, luego de mi retiro. Ese golpe fallido lo convirtió en una figura nacional y lo llevó a Miraflores legalmente. Antes de esas elecciones ningún militar amenazó con desconocer su posible victoria. Si alguno lo hubiera hecho, yo mismo hubiera salido a defenderlo a Ud. de ese chantaje.

Hoy en día, cumplidos 70 años, me preocupa su decisión de defender en público al Mayor General Henry Rangel Silva y ascenderlo in situ, como se hace con quienes han ejecutado un acto heroico con peligro inminente de su vida. Este indigno general lo único que hizo fue jactarse de estar amancebado con Ud. y su causa. Para él, la lealtad a la patria es a medias mientras con Ud. es total. Ante esta escandalosa exhibición de adulancia, Ud., en lugar de degradarlo, corrió a ascenderlo. Antes de que la adulación del general Rangel Silva fuese premiada con el impúdico ascenso, escribí un artículo en «El Nuevo País» criticando las desdichadas declaraciones del mencionado general. Luego, un coro de protestas desde diferentes trincheras permitió palpar el descontento popular. Ud. no lo percibió porque hace tiempo perdió sintonía con el pueblo.

En vez del grotesco ascenso, el mal ejemplo merecía una sanción y destitución. Pero esto no es lo que más preocupa. Debemos acostumbrarnos a la idea de que pronto tendremos docenas de generales en jefe y así el grado que mereció Simón Bolívar, nuestro gran secuestrado, se devaluará al igual que nuestra moneda. Lo grave es que Ud. confirme de viva voz su decisión de desconocer el resultado de las elecciones presidenciales del 2012 si éste le es adverso. Semejante abuso de autoridad no puede pasar desapercibido, aunque las autoridades competentes no tomen las medidas para condenarlo. Con este acto, Sr. Presidente, Ud. le ha declarado de facto la guerra a más de la mitad del pueblo venezolano.

Aunque tengo los setenta años de aquel personaje histórico-legendario, no pretendo ser un moderno Alonso Andrea de Ledezma, enfrentando a los bucaneros ingleses que saquearon Caracas en 1595. Ni siquiera tengo un viejo yelmo y armadura, ni una lanza oxidada. Pero tengo mi conciencia y me considero en el deber de hacerle frente y recoger el guante retador con que Ud. nos abofeteó a los ciudadanos venezolanos. Nadie me ha seleccionado para ocupar esa posición, pero como soldado de la república considero mi deber asumir el riesgo. Después de todo, a Ud. tampoco nadie lo ha autorizado a ejercer chantaje electoral. Estamos en igualdad de condiciones, salvo que Ud. es Goliat. Soy un viejo que siendo todavía adolescente juró defender las instituciones hasta perder la vida si fuera necesario, y sigo fiel a ese compromiso. Ya viví bastante y la muerte no me asusta.

Por lo expuesto, Sr Presidente, le notifico que las fuerzas democráticas de la patria lo retan a enfrentarse en las metas electorales y aceptar el triunfo del que obtenga la mayoría. Si trata de poner en práctica sus amenazas del uso de la fuerza antes o después de esas elecciones, resistiremos con las mismas armas que Ud. utiliza. También le participamos que el nombramiento del general Rangel, o cualquier otro oficial señalado como presunto narcotraficante, como Ministro de la Defensa para el momento de las elecciones, será tomado como una señal de que Ud. sigue con los planes de desconocer los resultados electorales en el 2012.

Le advierto que sólo habrá paz si respeta la Constitución y a la voz de la mayoría del pueblo. Hasta ahora sus constantes violaciones de la Carta Magna se han pasado por alto, pero la acumulación de desacatos se está haciendo intolerable. El posible aborto de las elecciones del 2012 o el desconocimiento de un resultado adverso a sus intereses políticos liberará los demonios que están represados. Los venezolanos queremos la paz, pero al mismo tiempo rechazamos las dictaduras de cualquier color. A partir de este momento estamos velando las armas de la democracia y al mismo tiempo rogamos porque no se desate una guerra civil.

No pretendo ser el jefe de un movimiento en su contra, sólo soy un humilde mensajero. Sobran líderes jóvenes, inteligentes y corajudos dispuestos al combate. Espero que esta tragedia no sea necesaria. El ejército forjador de libertades no va a asesinar venezolanos.

Esto no es una amenaza de golpe o el inicio de una conspiración, es un campanazo para que Ud. entienda que estamos dispuestos a luchar por la libertad y a impedirle consolidar una dictadura siguiendo las líneas que recibe de La Habana. No queremos que el sueño de Bolívar se convierta en una pesadilla castrista.

En aras de un poder pasajero y de una ideología obsoleta y ruinosa Ud. no puede iniciar una guerra fratricida que lo convertirá en un monstruo ante la historia. No llame más a Fidel para pedir instrucciones. Dedíquese a gobernar a Venezuela con los venezolanos. La gran unidad hispanoamericana nunca se logrará con el modelo comunista. Es más, si sigue el patrón de gobierno de la Sra. Bachelet o de Lula hasta podría cambiar la tendencia actual y ganar en el 2012. Le garantizo que si Ud. gana limpiamente, su triunfo será reconocido como debe ser. Vuelva a ser venezolano, deje morir a Fidel en paz para que Venezuela pueda vivir en concordia.

Le prevengo de reaccionar con los habituales insultos y descalificaciones. Siempre estaremos listos para actuar como personas racionales y decentes, de acuerdo a lo que nos enseñaron en la academia que nos formó como ciudadanos y soldados. Entierre el hacha de la guerra dirigida desde Cuba. Venezuela lo reclama.

Atentamente,

General de División

Carlos Julio Peñaloza Zambrano

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CS #250 – Allons enfants de la Patrie

Cartas

Dicen los entendidos que no hay cosa más difícil, aun para los cantantes profesionales, que cantar una canción en francés, tan numeroso es el rango fonético de esa lengua, lleno de nasalidades y vocalizaciones intermedias, requerido de tres acentos distintos—agudo, grave y circunflejo—para representar matices de pronunciación diferentes a los de las vocales no acentuadas. Para quien el castellano sea la lengua materna, el asunto es verdaderamente dificultoso. Acostumbrado a una constancia fonética de cinco claras vocales, el idioma inglés, pero sobre todo el francés, le representan una cuesta parlante de pronunciada pendiente.

No debiera uno, por tanto, haber exigido a Hugo Chávez que dejara de pronunciar repetidamente Montesquiú—hacia 1999, ya no lo hace, pues va agotando el entusiasmo por los autores que menciona—en lugar del difícil Montesquieu. A fin de cuentas, Montesquiú suena a musiú. Si lo pronunciaba mal, por otra parte, lo escribía correctamente. Ese nombre, bien escrito, fue precisamente la primera palabra que pusiera en misiva dirigida a la Corte Suprema de Justicia cuando ya ésta había abierto las puertas, en decisión del 19 de enero de 1999, al referéndum que preguntaría a los Electores si era su voluntad convocar una asamblea constituyente. La Corte había opinado después que esta asamblea no podía ser considerada “originaria”, y a esta postura quiso oponerse Chávez en la carta aludida.

La Corte tenía razón. A este punto se había adelantado el suscrito en artículo publicado en Maracaibo en el diario La Verdad (Contratesis, 10 de septiembre de 1998):

La constituyente tiene poderes absolutos, tesis de Chávez Frías y sus teóricos. Falso. Una asamblea, convención o congreso constituyente no es lo mismo que el Poder Constituyente. Nosotros, los ciudadanos, los Electores, somos el Poder Constituyente. Somos nosotros quienes tenemos poderes absolutos y no los perdemos ni siquiera cuando estén reunidos en asamblea nuestros apoderados constituyentes. Nosotros, por una parte, conferiremos poderes claramente especificados a un cuerpo que debe traernos un nuevo texto constitucional. Mientras no lo hagan la Constitución de 1961 continuará vigente, en su especificación arquitectónica del Estado venezolano y en su enumeración de deberes y derechos ciudadanos. Y no renunciaremos a derechos políticos establecidos en 1961. Uno de los más fundamentales es, precisamente, que cuando una modificación profunda del régimen constitucional sea propuesta, no entrará en vigencia hasta que nosotros la aprobemos en referéndum.

Es así como la asunción de poderes absolutos por parte de una constituyente pretendidamente originaria, cuando el Poder Constituyente Originario reside en el pueblo y fue éste el que la creó—como órgano del Poder Constituido, por tanto—, fue una verdadera usurpación, y la eliminación del Senado en 1999 por parte de aquélla un acto írrito. Es incomprensible cómo la dirigencia opositora de la época aceptó algo así. Henrique Capriles Radonski continuó presidiendo la Cámara de Diputados hasta el año siguiente, como si la gravísima mutilación del Congreso de la República no hubiera ocurrido. Una cierta parálisis argumental caracteriza desde entonces a la oposición formal venezolana; pareciera que una pesada culpa admitida le impide refutar el muy defectuoso discurso chavista.

Pero cuando la Corte Suprema de Justicia intentó oponerse a la caracterización de la constituyente como “originaria”, Chávez remitió al máximo tribunal su particular interpretación. Esto reporta Carlos Sabino: “Cuando la Corte Suprema insinuó que la ANC no podía ser ‘originaria’ (es decir, plenipotenciaria) por cuanto eso no había sido aprobado en el referéndum correspondiente ni aparecía en la Constitución vigente, el presidente decidió elaborar una sesuda carta que mostraría a los recalcitrantes magistrados sus argumentos y sus razones. El discurso tenía cuatro páginas y, como a veces sucede, las dos últimas habían quedado en orden inverso. Todo el país vio por televisión cómo el presidente, después de leer las dos primeras cuartillas, pasó sin más a la cuarta, la leyó por completo y, dándose cuenta de que había llegado al final pero todavía le quedaba una página en la mano, leyó ésta—la tercera—y terminó así tranquilamente su alocución”.

La gaffe permite presumir que no fue Chávez quien redactara el enrevesado texto, aunque una hipótesis distinta es que su delirante retórica sugiere una redacción propia trasnochada, en madrugada apercibida de enciclopedias y diccionarios. En cualquier caso, la carta llevaba una intención política y una insegura demanda de reconocimiento. A pocas semanas de haber asumido la Presidencia de la República, Chávez parecía desesperar porque se le tuviese por persona culta, en especial si escribía a los supremos magistrados. De allí que redactara, por ejemplo: “…valoración que informa las pulsiones óntico-cósmica, cosmo-vital y racional-social inherentes al jusnaturalismo y su progresividad…”, o “La evidente isostasia de las masas tiende a romper toda resistencia, todo desequilibrio…”, o “El Estado investido de soberanía, en el exterior sólo tiene iguales, pero la justicia internacional no alcanza a quienes, por centrifugados, tendrían que ser mutilados (Ratzel; McKinder)”.

Además de estos autores, favoritos de los aficionados, como Chávez, a la geopolítica—Ratzel, por cierto, con su concepto del espacio vital (Lebensraum), fue asumido como justificador por los nazis—se cita en la misiva presidencial a Gaitán, al inevitable Bolívar, a Darwin y a musiú Montesquiú. Estos dos últimos apuntalarían la verdadera intención totalitaria, expuesta con las mayores crudeza y pomposidad en el último párrafo: “Inmerso en un peligroso escenario de Causas Generales que dominan el planeta (Montesquieu; Darwin), debo confirmar ante la Honorabilísima Corte Suprema de Justicia el Principio de la exclusividad presidencial en la conducción del Estado”. (La tipografía enfática es de Chávez).

Poco después, el órgano al que Chávez se dirigía como “honorabilísimo” sería víctima de sus primeros improperios. La Corte Suprema de Justicia se sintió obligada a responder el 12 de abril de 1999: “…la Corte Suprema de Justicia, en Pleno, examinó las declaraciones atribuidas al ciudadano Presidente de la República Hugo Chávez Frías, difundidas por la prensa nacional en esta fecha, en las cuales se refirió a esta Corte Suprema de Justicia, señalando que ‘no existe’ en ella ‘autoridad legítima y moral’…” “En virtud de las anteriores consideraciones, esta Corte Suprema de Justicia, declara: Primero: Rechaza categóricamente todas las expresiones en contra del Alto Tribunal de la República que excedan de la seria crítica de sus actos y se conviertan en ofensas e irrespeto, bajo ninguna circunstancia tolerable por esta Institución. Segundo: Exige al ciudadano Presidente de la República Hugo Chávez Frías cese en su actitud irrespetuosa y hostil contra la Corte Suprema de Justicia, a la cual le corresponde como función primordial preservar el Estado de Derecho, y la que en ejecución de sus atribuciones constitucionales y legales, cumple su labor jurisdiccional teniendo, como único límite, la recta aplicación del ordenamiento jurídico establecido”.

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Los problemas de Chávez con la pronunciación francesa han llegado hasta estos días. Estando en Buenos Aires concedió una larga entrevista al programa Dos voces, transmitida el 8 de los corrientes por Todo Noticias, una especie de Globovisión argentina. Al iniciarse la segunda mitad de la transmisión, se pidió a Chávez que dijese si consideraba que Venezuela es un país socialista, y uno de los entrevistadores—Gustavo Sylvestre—introdujo la consideración de que “…para algunos ya [el socialismo] pasó de moda, las ideologías han muerto…”

En este terreno nuestro presidente se encontró a sus anchas, y así contestó: “Mira, el socialismo nunca morirá. Cristo vino al mundo a lanzar un proyecto socialista, perfectamente socialista: la igualdad… la igualdad, el amor entre los seres humanos… la hermandad… en la comunidad, la ecclesia… Así que eso nunca morirá”.

Ante esta declaración, el segundo entrevistador—Marcelo Bonelli—intentó precisar: “Pero ¿qué quiere decir? ¿Que el cristianismo es socialismo?” Chávez prosiguió impertérrito, cómodo: “Sí, sí. Teilhard (el Presidente dijo Tallar) de Chardin (el Presidente pronunció un tolerable Shardán), el gran téologo—tú lo debes haber leído—, con un profundo raciocinio demostró que el socialismo y el cristianismo van de la mano. El capitalismo es anticristiano. Ve, Cristo llegó con un látigo, a sacar los mercaderes del templo”.


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Más, sin embargo, que problemas de fonación Chávez confronta unos de mucha mayor importancia: los de comprensión.

Jesús de Nazaret no “llegó” con un látigo. Chávez hace que un episodio específico del relato evangélico, la expulsión de los mercaderes del templo, predomine como conducta típica o principio programático. Jesús no llegó a expulsar mercaderes del templo, sino a exponer una rica doctrina del amor, que requiere muchas más páginas que las necesarias para describir su violencia cuando se trataba de la profanación de la casa de Dios.

Menos aún llegó para expulsar mercaderes: en un episodio entre cientos de episodios muy distintos, expulsó con fiereza a quienes lucraban su religión judía desde puestos de buhonero que afeaban la entrada del templo divino. Pero Jesús habló en sus sermones afectuosamente de personas ricas y tuvo más de un amigo rico—Lázaro, por ejemplo—, porque si no fuera así no se hubiera dado ni la Última Cena. Jesús abrazaba a mercaderes sin empacho, considerándoles profesionales necesarios, perfectamente capaces de bondad. Y también, dicho sea de paso, daba al César lo que es del César. Ni el episodio evangélico de los mercaderes del templo contiene el tono más frecuente de Jesús, ni éste vino a “lanzar” un proyecto socialista.

Luego, Teilhard no era un teólogo. Era un sub-teólogo, sí; su obra permite al habitante de este siglo una imagen de Dios más admisible que una zarza ardiendo o un ojo inscrito en un triángulo. Pero su profesión, aparte de la de sacerdote, era la de paleontólogo. Fue también, si se quiere, un gran místico, aunque en serenos—y no por eso menos intensos—términos fenomenológicos, y no en los poéticos de Teresa de Jesús. Más de una vez se halló en medio de una excavación sin los medios litúrgicos para oficiar misa—en su época obligación diaria de los curas—, y entonces escribió en Himno al Universo: “Porque una vez más, Señor, no ya en los bosques del Aisne, sino en las estepas de Asia, yo no tengo ni pan, ni vino, ni altar, me elevaré sobre los símbolos justamente hasta la pura majestad de lo Real y te ofreceré, yo tu sacerdote, sobre el altar de la Tierra entera, el trabajo y la pena del mundo”. Palo’e misa, sí señor.

No se puede decir, sin embargo, que con raciocinio profundo Teilhard de Chardin demostrara nada como lo que Chávez entiende. Para empezar, difícilmente puede demostrar nada lo que es una especulación; grande, bella, sugerente, poderosa, pero especulación al fin. La interpretación de El Fenómeno Humano, la obra cumbre del jesuita francés, en toda su hermosa y persuasiva espectacularidad, no es algo de lo que la ciencia más apacible pudiera decir quod erat demostrandum.

Tampoco “llegó” Teilhard con un programa socialista en la mano, mucho menos un manifiesto comunista. A lo que Teilhard llama “Socialización” es a un proceso que dará paso a una mente colectiva del planeta, a una reflexión simultánea de la humanidad, no a la estatización de compañías privadas o la constitución de cooperativas.

Para sostener estas aseveraciones nada mejor que el propio Teilhard explicando La esencia del Fenómeno Humano, al hablar de su libro capital. En esa introducción, una vez repasados los rasgos del fenómeno, escribe imponentemente: “Reunidos entre sí y con otros muchos, estos diversos indicios me parece constituyen una prueba científica seria de que el grupo zoológico humano (en conformidad con la ley universal de centro-complejidad), lejos de derivar biológicamente, a través de una individualización desencadenada, hacia un estado de granulación creciente, o tal vez de orientarse (por medio de la astronáutica) hacia un sustraerse a la muerte mediante una expansión sideral, o sencillamente de declinar hacia una catástrofe o hacia la senescencia, se dirige en realidad, mediante la ordenación y convergencia planetarias de todas las reflexiones elementales terrestres, hacia un segundo punto crítico de Reflexión, colectivo y superior: un punto más allá del cual (precisamente porque es crítico) no podemos ver nada de manera directa; pero también un punto a través del cual podemos pronosticar (conforme he explicado) el contacto entre el Pensamiento, nacido de la involución sobre sí de la trama de las cosas, y un foco trascendente ‘Omega’, principio a la vez irreversibilizante, motor y colector de esta involución”.

(Debe notarse que la monumental cita precedente está formada por sólo tres oraciones gramaticales, concatenadas de modo tal que sólo requieren un punto: el final. La impresión que causa este trozo es la de una dificultad insalvable, pero puede recordarse acá lo escrito el 4 de octubre de 2005, en la Ficha Semanal #66 de doctorpolítico: “Se necesita, pues, algún trabajo para penetrar esa literatura francesa del ensayo que es a la vez ciencia y filosofía, ambas en envoltura poética que para colmo no es clásica, ni siquiera romántica, pues ha surgido después de que los franceses inventaran el impresionismo y descubrieran el surrealismo. Al suscrito, sin ir muy lejos, le cuesta bastante desentrañar esos textos à la manière française. Hace muchos años debí dedicar algo más de un mes a comprender—creo que cabalmente—lo que Pierre Teilhard de Chardin quería decir en su introducción a ‘El Fenómeno Humano’, unas seis páginas. Pero una vez que quebré el código particular del autor, de allí en adelante la lectura se hizo cristalina”. La parsimoniosa lectura del fragmento transcrito conduce a esa diafanidad en la comprensión. Hasta Chávez pudiera entenderlo, si se lo propusiera).

Si los hombres debemos permitir que pase lo que Teilhard avizora, él no ha dicho que tal cosa sea prerrogativa del César. No hay nada en ese concepto teilhardiano que niegue o prohíba la individualidad. De lo que Teilhard habla, dicho en lenguaje actual, es de propiedades emergentes, de la inteligencia colectiva de los enjambres. Es éste un tema en torno al cual hay gran actividad, en muchas disciplinas. La Internet encarna el medio técnico para la realización de la Socialización, y de esto se habla con mucha seriedad. La Universidad de Princeton sostiene un Global Conscience Project, que lleva a cabo experimentos para registrar influencias que provienen de “mentes colectivas”: “Una Red Global de dispositivos electrónicos produce continuamente una secuencia de datos al azar. Sutiles patrones en los datos están ligados a eventos que causan pensamientos compartidos y emociones en millones de personas. Los resultados desafían ideas comunes respecto del mundo, y también indican que no pueden ser atribuidos a fuerzas físicas ordinarias o campos electromagnéticos”. (Entre los eventos que estuvieron correlacionados con alteraciones marcadas de la azarosa secuencia de datos estuvieron, por supuesto, los ataques hiperterroristas del 11 de septiembre de 2001, el estrellamiento del avión en Wellstone y la crisis de los rehenes en Chechenia).

También hay un Co-Intelligence Institute, que define su materia así: “El término ‘co-inteligencia’ se refiere a una forma compartida, integrada de inteligencia que encontramos en nosotros y a nuestro alrededor cuando estamos vivos más vibrantemente. También se encuentra en las culturas que se sostienen armoniosamente con la naturaleza y el vecino. La co-inteligencia se manifiesta cuando quiera que reunimos nuestras inteligencias personales para producir resultados que son más perspicaces y poderosos que la suma de nuestras perspectivas individuales”. Esto es, la co-inteligencia es más que nuestras inteligencias individuales, pero no puede existir sin ellas. En la medida en que se quiera sustituirla por una inteligencia central única el enjambre queda sometido y anulado, y ya no habrá co-inteligencia, ya no será la Socialización de Teilhard.

Pero es que, claro, el Instituto de Co-Inteligencia también alerta sobre la co-estupidez, que define de este modo: “La ‘co-estupidez’ describe la incapacidad colectiva de grupos, comunidades, organizaciones y sociedades para ver lo que está ocurriendo dentro de ellos y a su alrededor, y para tratar eficazmente lo que encuentran. Es lo opuesto de la inteligencia colectiva”.

Y especifica: “Es importante entender, no obstante, que decir que un grupo o sociedad se esté comportando co-estúpida o co-inteligentemente no dice nada acerca de la inteligencia de los individuos involucrados. Algunos de los grupos más co-estúpidos están compuestos por gente brillante, que usa su brillantez para socavarse los unos a los otros de forma que nada sumen”. Es posible creer, inteligentemente, en la co-estupidez de que un socialismo es la solución a todos los males de la civilización pre-planetaria.

Finalmente, puede decirse asimismo que hay gente inteligente en el país que cree, poco inteligentemente, que cuando Chávez se refiere a Tallar o Montesquiú sabe de lo que está hablando.

LEA

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