El gran remate (actualizado)

Intervenciones de un minuto vs. horas de cadena

 

La periodista María Alejandra Trujillo me entrevistó, y a su colega Pedro Pablo Peñaloza, para su programa—Palabras más, palabras menos—en Radio Caracas Radio (750AM), sobre el tema del segundo «debate» entre los precandidatos presidenciales de la Mesa de la Unidad Democrática. Por momentos, pareció que la anfitriona se proponía polemizar conmigo, y Peñaloza, quien forma parte de la planta del programa Aló ciudadano (Globovisión) que RCR retransmite, terminó teniendo palabras más y yo palabras menos. He aquí el archivo de audio de la doble entrevista, transmitida el 6 de diciembre de 2011 a partir de las 7 de la mañana.

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El formato sigue siendo malísimo. Hasta en el eficiente y disciplinado Grupo Santa Lucía los participantes pueden hablar tres minutos, que más o menos permiten el desarrollo de una idea. En Venevisión se repitió la camisa de fuerza de sesenta segundos de la UCAB, para contestar preguntas que en más de un caso fueron complejas. (El Chamán del Guaraira Repano caracterizó al evento como un remate por Twitter. «¿Quiere Ud. decir debate?», le pregunté. «No, nadie debatió nada con ningún otro; no sé porque insisten en llamar a esas subastas así. Eso se parece más a las señoritas de un concurso de belleza, presionadas para contestar en un minuto por qué quieren ser Miss Venezuela o Miss Universo. ¿Cómo puedes explicar por qué quieres ser Presidente en ciento cuarenta caracteres? Por cierto, le ha dado a ciertos locutores de televisión por aparentar que dominan la pronunciación inglesa de los gringos diciendo tuírer. Creen que porque oyen uórer para decir agua (water), deben pronunciar tuírer en lugar de simplemente tuíter. La doble consonante t no se convierte jamás en r. Es algo muy ridículo, algo así como los que pronuncian afectadamente Da jístori chánel para decir The History Channel, o como los más ridículos chavistas que escriben Waraira con una inicial extraña como si fuera autóctona, cuando la verdad es que los caribes ni siquiera teníamos alfabeto»).

Claro que el rating de Venevisión es muy superior, y el horario de domingo por la noche captó mucho más audiencia que el 1,8% de la transmisión previa de Globovisión. (A pesar de eso, Vladimir Gessen aseguró en aquel momento, tal vez irónicamente: «…ya las primeras cifras hablan de un nuevo récord en el rating de Venevisión”). La respuesta estándar de la Mesa de la Unidad Democrática a la crítica del formato es que los precandidatos primarios no deben debatir entre ellos, sino con Hugo Chávez. (Así lo dijo por tuírer Marta Colomina, repitiendo cosa dicha con ocasión del «debate» primero). Entonces, ¿para qué lo llaman debate? Lo cierto es que el producto de la cosa es decididamente pobre, aun si se entiende el asunto como una comparación implícita con la persona política del Presidente de la República. Y si éste habla durante horas, difícilmente puede rebatírsele en ráfagas cortas de sesenta segundos. Pero allá los estrategas de la MUD.

Una magnífica crónica (en inglés) del evento ha sido escrita, con gran precisión, por Francisco Toro Ugueto en Caracas Chronicles. Suscribo su análisis íntegramente. Por ejemplo, que María Corina Machado pudo exhibirse como la más competente e informada de los ejemplares exhibidos. («…María Corina barrió el piso con sus oponentes…», dijo Toro). Se atenía a la pregunta, presentaba datos pertinentes con la mayor seguridad y daba respuestas concretas. Pero su intervención final fue verdaderamente desafortunada, construida sobre la dudosa tesis de que «Venezuela necesita ovarios» para derrotar a Hugo Chávez, objetivo que fue su leit motiv a lo largo del programa, mientras decía que tal cosa era lo esencial y que era ella quien podía garantizarla. La pregunta era por qué quiere Ud. ser Presidente, y al enfocarse exclusivamente sobre el propósito de vencer a Chávez reforzó la falla de origen de la oposición venezolana: que sólo se entiende, precisamente, como oposición. Si Chávez no existiera, en consecuencia, el sentido de una presidencia de Machado dejaría de ser.

Diego Arria creyó que debía atenuar la virulencia que mostró en el primer encuentro, aunque mencionó de nuevo la constituyente y La Haya, y compitió en vaguedad con Pablo Pérez. Este señor resultó ser, en estrecha competencia con Pablo Medina, el peor de los participantes; a fin de cuentas, como me apuntó el chamán, había más expectativa acerca de lo que dijera el Gobernador del Zulia que acerca de lo que expusiera Medina, que siempre se ha comportado como un agitador. Los dos Pablos, pues, lo peor del programa de variedades. El zuliano al insistir en una gesticulación postiza—debe haberla traído de sus mítines—para sustituir el puñetazo zurdo sobre la palma derecha por un enganche de ambas manos; pareció estar hablándole a sordomudos. Medina, posiblemente creyendo que Arria se la había comido en la UCAB, quiso emularlo al decir que quería ser Presidente para que Chávez entendiera que iba contra él—dijo «Vamos por ti»—luego de acusar al alto gobierno de haber matado a Danilo Anderson.

Y es sobre este asunto donde se escuchó la única respuesta de cierto nivel: Capriles Radonski dijo que no le correspondería a él, como Presidente de la República, enjuiciar a nadie. Ésa era la respuesta. Después de este punto alto de su intervención, no dijo nada que valiera la pena recordar. Naturalmente, reiteró que era un buen gobernador como antes había sido un buen alcalde y un buen Presidente de la Cámara de Diputados. Su descubrimiento: «Cuando se hace las cosas bien, salen cosas buenas». Su punto de venta: «Soy un hombre bueno».

Queda por comentar el desempeño de Leopoldo López. Errático. Su respuesta de la primera ronda no tuvo absolutamente nada que ver con la pregunta. En la segunda se repuso, pero en general dio la impresión de haber sido aleccionado por John Magdaleno: «Leopoldo, el problema que más preocupa a los venezolanos, según miden las encuestas, es la inseguridad. Tú sólo debes hablar de eso. Si te preguntan por el deporte, por las finanzas públicas, por la salud, tú debes hablar de la inseguridad».

En síntesis, un acontecimiento del que no emergió una sólida contrafigura de Hugo Chávez. Si lo mejor que puede reunir la MUD es esta muestra donde una descollante ingeniera industrial quiere ser Presidente para derrotar a Chávez, le han hecho a éste un gran favor al exhibir tan grande pobreza. «Un suceso intrascendente», fue lo último que me dijo el chamán, antes de ascender la montaña. LEA

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El quinteto de la muerte (actualizado)

Precandidatos precomprimidos

No tenía pensado comentar el «debate» de los precandidatos de la Mesa de la Unidad Democrática, montado el lunes 14 de noviembre en territorio de la Universidad Católica Andrés Bello. Tal como preveía, el evento no cambió sustancialmente mis conclusiones respecto de estas candidaturas y las elecciones primarias que dilucidarán entre ellas, expuestas acá en varias ocasiones. (El pelotón opositor, Primarias secundarias o el mito de la unidad, Reiteraciones con pretexto). Pero Alfredo Anzola Méndez creyó que debía escribir sobre el asunto y, más obligantemente aún, mi hija Eugenia, la hija bien nacida, puso en Twitter: «Qué irá a escribir @doctorpolitico sobre el @Debate14N ???»

No tengo, pues, más remedio que registrar acá mis impresiones acerca del acto de anteayer; por supuesto, con todo el sesgo de mis muy subjetivos prejuicios.

La cosa, naturalmente, no fue un debate. Leopoldo López no dijo nunca: «Estoy opuesto a lo que señala Capriles Radonski», y éste tampoco rebatió lo que expuso Pablo Pérez. El formato no lo permitía. Por fortuna para los organizadores, ya no corrían Eduardo Fernández, Oswaldo Álvarez Paz, Pablo Medina, Cecilia Sosa, Juan Carlos Sosa, Antonio Ledezma, etcétera. Pero aun así se obligó a los participantes—alguien los llama The Jackson Five—a responder las preguntas formuladas por estudiantes seleccionados en intervenciones de un minuto, un lapso en el que no caben respuestas suficientes.

Mi impresión general es que quien se desenvolvió mejor entre los precandidatos fue María Corina Machado. A diferencia de, sobre todo, Pablo Pérez y Henrique Capriles, sus discursos—que tendían a exceder el encierro del minuto—no se fueron en declaraciones de corte general y vago: «La educación es muy importante», «Es malo que haya gente pobre» y otras declaraciones por el estilo. La participación de Machado fue la más articulada y concreta de todas, seguida en este punto por las exposiciones de López.

Diego Arria tuvo éxito al posicionarse como el antichavista más radical: amenazó al Presidente de la República con el Tribunal de La Haya, para juzgarlo por presuntos crímenes de lesa humanidad. Detrás de él se colocó Machado, quien aludió al «comunismo» que se vende en las escuelas. (Dos días antes del encuentro en la UCAB, Luis Betancourt Oteyza había escrito Los dos polos de la MUD, artículo en el que separaba a quienes confrontaban más frontalmente a Hugo Chávez—Arria, Machado—de los precandidatos que eludían ese enfrentamiento: Capriles, Pérez, López. «Los que plantean un cambio radical de régimen y los que ofrecen mejoras en el ejercicio del poder»).

En este momento cabe anotar que, con excepción de Pérez, cada precandidato tiene una rencilla personal con Chávez: Arria sufrió la expropiación de la hacienda La Carolina, López fue inhabilitado, Capriles estuvo preso por los sucesos de la Embajada de Cuba el 12 de abril de 2002 y Machado acosada por su participación en la juramentación de Carmona el mismo día. (Hace nada fue recibida con disparos en la parroquia 23 de Enero).

Como era de suponer, Pérez, López y Capriles no perdieron oportunidad de exponer que en sus administraciones estadales o municipales habían desarrollado programas específicos en las materias que los estudiantes les planteaban, especialmente en educación. La implicación era obvia: «Si lo hice en el municipio Chacao lo voy a hacer en la Presidencia». Fue López quien habló con más seguridad acerca de cuando fuera Presidente.

El 9 de septiembre de este año, al tiempo de afirmar que si las elecciones fueran en ese momento Chávez las ganaría «con una diferencia de 10% frente a cualquier candidato de oposición”, Oscar Schemel (Hinterlaces) argumentó así: “No hay en este momento un aspirante que tenga un posicionamiento sólido, robusto, cuyo liderazgo o aspiración esté asociado a una idea fundamental. Hasta ahora, las propuestas de la oposición no van más allá de proponer algunas soluciones a algunos problemas fundamentales, incluso de manera muy torpe”. Conjeturo que el debate que no fue tal no le ha hecho mudar de opinión. (Al día siguiente, Chávez ofrecía allegar a las familias pobres Bs. F. 300 mensuales por cada hijo, hasta un máximo de tres. Esto es más torpe todavía, pero el oferente tiene la chequera más nutrida y descarada).

Un apunte final: al término del evento en la UCAB, las cámaras de Globovisión registraron las enfebrecidas declaraciones de una estudiante y dirigente, que pregonaba que el movimiento estudiantil hacía historia de nuevo, creando democracia, o algo así. La autoalabanza exagerada y arrogante, intensamente empleada por Chávez, no es nueva en nuestra política. En al menos ese sentido, pues, lo que dijo la dirigente estudiantil no es renovación alguna. Un amigo y profesor comentó: «Dejó salir el chavecito que llevamos dentro». LEA

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ACTUALIZACIÓN: Luego de que Pablo Medina reuniera los churupos para comprarse un puesto en las primarias (1.100.000 bolívares «fuertes»), y de que desistiera del recurso que había interpuesto ante el Tribunal Supremo de Justicia por el cobro del uso de las máquinas de votación que exige el Consejo Nacional Electoral—»El CNE comete un hecho pecaminoso contra el socialismo al cobrar en un proceso electoral que lo hace caer en el mercantilismo. Cada precandidato debe pagar un porcentaje del costo de las máquinas y creemos que el TSJ debe fijar posición», había dicho Medina—, la Mesa de la Unidad Democrática ha admitido su candidatura para las votaciones del 12 de febrero. Habría que organizar un acto en la UCAB para que Medina contestara las preguntas ya formuladas por los estudiantes. Comoquiera que las contestaría después de una deliberación que no pudieron hacer los Jackson Five, esa ventaja pudiera reportarle que pasara de un viaje al primer lugar en las encuestas. Por cierto, hay que cambiar el nombre del grupo, que ya no tiene cinco miembros. Se trata, más bien, de las Seis Caras de un Dado. Very square and random. Vale.

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Reiteraciones con pretexto

 

IVAD: encuesta del 27 de octubre al 3 de noviembre

 

El diario El Nacional publicó ayer, jueves 10 de noviembre, la información esencial de una encuesta del Instituto Venezolano de Análisis de Datos, que a criterio de este blog es una de las consultoras de opinión más rigurosas y atinadas del país. Las mediciones procedentes del levantamiento nacional de la opinión de venezolanos mayores de 18 años de edad, con alcance nacional, realizado entre el 27 de octubre y el 3 de noviembre, no pueden ser más desoladoras para la Mesa de la Unidad Democrática y sus precandidatos. En conjunto, confirman el diagnóstico adelantado acá el pasado 10 de marzo (exactamente hace ocho meses), reproducido como epígrafe en Realpolitik en viñetas. Hablando de lo que llamó El pelotón opositor, dijo el suscrito de quienes pescueceaban entonces por la candidatura presidencial de oposición a Chávez:

Puede señalarse en cada uno de ellos algunas bondades, sin la menor duda, pero pareciera que ellas son insuficientes para la tarea de alcanzar la Presidencia de la República en un cotejo que, indefectiblemente, incluirá la candidatura de Hugo Chávez, quien repetirá y ampliará su comportamiento ventajista. No es un candidato “normal” quien puede derrotar al Presidente en ejercicio. Menos suficientes todavía serían esas bondades para manejar acertadamente el Poder Ejecutivo Nacional en las condiciones esperables para 2013, en el improbable caso de que éste cayera en sus manos.

Empecemos precisamente por tales bondades. La encuesta del profesor Félix Seijas registra una competencia más o menos pareja entre Henrique Capriles Radonski y Pablo Pérez, y preguntó entre muchas otras cosas acerca de los rasgos más apreciados o esperados en los candidatos presidenciales. Claro que la gente espera que un candidato exhiba «preocupación por la gente»—rasgo apreciado por 96,1% de los entrevistados—y apreciará en él la presencia de «carisma» o simpatía (85,2%). Sin embargo, valora significativamente más la certeza de que combatiría la inseguridad (97,2%) y aun un poco más que sea «portador de futuro»: ¡97,4%! (Este tema, por cierto, fue tratado en este blog—El futuro no es historia (todavía)—el 7 de noviembre, tres días antes de la publicación de El Nacional. La cueva de Tío Conejo, por otra parte, no es cliente del IVAD, básicamente por escasez de fondos. No podía, por tanto, conocer los datos de la encuesta).

Bien; si ésos son los rasgos que los electores querrían ver en los candidatos a la Presidencia, ¿cómo son evaluados Capriles y Pérez al respecto?

Capriles y Pérez no calzan los puntos

En términos generales, el 70% de los encuestados no percibe esas cualidades en Capriles, y tampoco sus cuatro quintas partes en Pérez.

El empate virtual Capriles-Pérez—la lucha del nuevo AD (Un Nuevo Tiempo) contra el nuevo COPEI (Primero Justicia), la del estado Miranda contra el estado Zulia—se pone de manifiesto al preguntar por quién se votaría en las elecciones primarias de oposición, previstas para el 12 de febrero. Si la pregunta sugiere los nombres, 23,6% dice que votaría por Capriles y 20,6% por Pérez. (El error muestral se estima entre 1,03 y 2,37%, de modo que puede hablarse de empate técnico). Por Leopoldo López se pronunció el 11,2%, y 3,8% se inclinó por María Corina Machado, quienes ya lucen derrotados; El Nacional no reportó sobre las patéticas candidaturas de Diego Arria y Pablo Medina. Quienes dicen no saber por quién votarían, alcanzaron 41,3% de la muestra. Si los encuestados mencionan su candidato espontáneamente, entonces Capriles obtiene 14,6% de respaldo y, técnicamente empatado, Pérez recibe 13,3%. (López baja a 5,2%, Machado no es mencionada por la reseña de Maru Morales y ¡63,7% no respondió!)

Pero lo terrible es que a estas alturas 49,3% dice que votaría por Chávez hoy, contra 37,1% de quienes votarían en contra. Si confrontara a Capriles, esa intención bajaría 1,1%, hasta 48,2%, contra 38,6% de los que votarían por el gobernador de Miranda. Chávez sacaría ventaja de casi diez puntos (9,6%) a Capriles. En el caso de un cotejo con Pérez, aparentemente tendría Chávez peor desempeño (47,8%), pero el zuliano lo haría peor que Capriles con 36,1%. La ventaja de Chávez aumentaría a casi doce puntos (11,7%).

En dos platos: ninguno de los candidatos que pudieran hacerse con la candidatura de la Mesa de la Unidad Democrática es gallo para Chávez y eso, según se advirtió acá el 10 de marzo, era cosa sabida.

Como debía ser cosa sabida que la bendita unidad que garantizaría la derrota de Chávez era no más que un mantra que, repetido, sólo sirve para calmar corazones angustiados, con razón, por el chavismo. Aquí se le llamó «mito» el 20 de marzo (Primarias secundarias o El mito de la unidad). Y también se comparó lo que pudiera lograr la Mesa de la Unidad Democrática con una definición del comediógrafo Enrique Jardiel Poncela tan temprano como el 13 de julio de 2006 (Carta Semanal #194 de doctorpolítico) y, más recientemente, el 4 de junio de 2009, en artículo (Nacimiento o conversión) que, por casualidad, comentaba mediciones del IVAD:

…ni la federación del archipiélago opositor formal garantiza que Chávez será vencido. A pesar de la medición de Seijas, la gente no alineada sigue estando allí, insatisfecha crecientemente con el gobierno nacional, pero insatisfecha también, y muy especialmente, con el discurso de los partidos de oposición. Cuidado conque una reedición de la Coordinadora Democrática o el MUN de Ledezma se comporten según la definición de bote salvavidas propuesta por Enrique Jardiel Poncela: “Lancha que sirve para que se ahoguen juntos los que se iban a ahogar por separado”.

Cuando la encuesta que reseño preguntó por simpatías partidistas o por la identificación con chavismo o antichavismo, obtuvo los siguientes resultados:

Los no alineados le ganan a la MUD

Maru Morales redactó casi exhaustivamente: «Las toldas que hacen vida en la mesa de la Unidad (AD, PJ, UNT, Copei, Proyecto Venezuela, ABP, Podemos, Voluntad Popular y otros) aglutinaron a 27,4% de los consultados». He allí, medido, el mito de la unidad. La idea de la unidad como ingrediente imprescindible es un error estratégico, como también es una equivocación fundamental creer que el asunto es definirse como opositor a Chávez, creer en uno de los lemas de la campaña de Viene María: «Somos mayoría».

Acá se dijo en Retrato hablado (30 de octubre de 2008), sobre los rasgos imprescindibles en un candidato exitoso: «El primero de ellos, paradójicamente, es que no sea una contrafigura de Chávez. Es decir, que su razón de ser no sea oponerse al actual Presidente de la República. El discurso de una contrafigura exitosa, si bien tendrá que incluir una refutación eficaz del chavismo, deberá alojar asimismo planteamientos nacionales que debiera sostener aun si Chávez no existiese. El problema político venezolano es más grande que Chávez».

Por supuesto, los voceros de la Mesa de la Unidad Democrática—MUD, que en inglés significa lodo, barro—continuarán empantanados en sus rígidos marcos mentales y asegurarán—como su progenitora, la Coordinadora Democrática, hasta un día antes del referendo revocatorio de 2004—que Félix Seijas no es un buen encuestador o que es una ficha del gobierno, que ellos tienen encuestas que dicen otra cosa. Esperable, conmovedor, pero suicida.

Quienes todavía disponen de fondos, cada vez más escasos, para colocar en apuestas políticas y quieren algo mejor que el pernicioso e indeseable continuismo chavista, debieran ir pensando si no es tiempo de explorar otro planteamiento candidatural que no sea el de políticos tan indigentes. Penúltimo aviso.

LEA

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Realpolitik en viñetas

 

Candidatos es lo que sobra

 

Puede señalarse en cada uno de ellos algunas bondades, sin la menor duda, pero pareciera que ellas son insuficientes para la tarea de alcanzar la Presidencia de la República en un cotejo que, indefectiblemente, incluirá la candidatura de Hugo Chávez, quien repetirá y ampliará su comportamiento ventajista. No es un candidato “normal” quien puede derrotar al Presidente en ejercicio. Menos suficientes todavía serían esas bondades para manejar acertadamente el Poder Ejecutivo Nacional en las condiciones esperables para 2013, en el improbable caso de que éste cayera en sus manos.

El pelotón opositor (10 de marzo de 2011)

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Escena en el amplísimo gabinete de campaña de Henrique Capriles Radonski. Se discute el tono de la campaña, de la que ya se ha decidido que no atacará frontalmente al Presidente de la República. Es tiempo, le dice su asesor electoral, de comenzar un recorrido por el país, para sacarlo del encierro regional del estado Miranda.

“Usted sabe, Gobernador, que no es tanto lo que se dice sino cómo se dice. El tono del recorrido debe ser optimista, estimulante, alegre, positivo. Nadie vota por candidatos agoreros, que van pintando un paisaje de desastre. Y también sabe que el arte de la comunicación electoral se expresa en frases cortas, en eslóganes o consignas de fácil recordación y repetición, en lemas. Necesitamos un nombre así para su inminente excursión por el país. Le propongo que la llamemos La Caminata del Progreso”.

“¿Qué piensas tú, Juan Pablo?”, preguntó el candidato. Juan Pablo Guanipa, concejal de Primero Justicia por el municipio Maracaibo, estaba en la reunión porque la cosa empezaría por esa ciudad, para meterse en territorio de Pablo Pérez, un rival que Capriles tendría que considerar seriamente en las elecciones primarias de la Mesa de la Unidad Democrática. “Yo creo, Gobernador, que la denominación que propone su asesor es perfecta; lo dice todo”. Capriles replicó: “Yo creo lo mismo. Por eso es que lo tengo de asesor”. “Por mi parte le recomiendo—añadió Guanipa—que la arranquemos por el Pozón de William en la parroquia Santa Lucía, que toquemos el Pozón de El Saladillo que viene siendo el corazón de Maracaibo, y que la terminemos en la Plaza República para inaugurar la sede de Independientes con Capriles”.

En estos detalles tácticos se consumió el resto de la planeación. Luego declararía Guanipa a la prensa: “Muchos sectores de la sociedad se unen en un solo sentir. Será un conglomerado diverso, plural que no se limitará a los partidos políticos. Muchísima gente de sectores independientes que quieren y están dispuestos a trabajar por la Venezuela que merecen, nos acompañarán. Todos somos necesarios en la construcción de esta esperanza, en la consecución de este sueño que todos anhelamos”.

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Correo con artículo de Axel Capriles (clic amplía)

Escena en el amplio gabinete de campaña de María Corina Machado. “María Corina—le dice su consejera de confianza, una dama profesional que no para de hablar—, no tienes idea de cómo ha pegado el eslogan Viene María. Yo te lo había dicho: Viene María Corina habría sido demasiado largo, y se habría desaprovechado la conexión religiosa. Tú sabes, por la asociación con Cristo viene. No es nada malo que te identifique la gente con la Virgen María, la mamá de Cristo, que de que viene viene. Y tenemos que repartir a nuestra lista de correos el artículo de Axel Capriles; ése donde dice que los Indignados son capitalistas. Se ve que le encanta tu lema de Capitalismo Popular. A él no le importa que exista Alianza Popular, de Álvarez Paz; Voluntad Popular, de Leopoldito; o que COPEI se haya llamado hasta hace poco—ya se dejó de eso—Partido Popular. Hay también una Vanguardia Popular ¿no? Pero eso no importa; nadie ha tenido los ovarios de hablar de Capitalismo Popular, de enfrentar ideología socialista con ideología capitalista. A nadie se le había ocurrido hablar de Capitalismo Popular. ¡Genial! ¡Ah, mira! La canción María, María, que hace la rima con mayoría, ha pegado también. Gusta mucho, porque de verdad somos mayoría. Por eso es que el gafo de Henrique está bien equivocado cuando dice que es mejor no meterse mucho con Chávez. ¡Qué riñones! Si somos mayoría, con él es con quien tenemos que meternos. Y dígame esa gente que dice que pobrecito, que se está muriendo de cáncer. ¡Ojalá se muera hoy, no juegue! Pero óyeme, el viernes fui a una fiesta en Los Chorros y un chamo tenía tu canción en el iPod y la puso y la bailamos todos: ¡María, María! ¡Una nota! Me acordé de West Side Story; ¡que maravilla de película! Tú no habías nacido cuando la estrenaron en el cine Broadway. Y también…” En este punto, la candidata, algo mareada, interrumpió la entusiasta catarata y dijo: “Perdona, pero tengo que ir al baño”.

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Escena en un salón de reuniones del instituto de formación que preside Eduardo Fernández; una rueda de prensa está en progreso. Pregunta el corresponsal de la revista Campaigns & Elections: “Entonces, cree Ud. ser el candidato indicado?” Fernández responde: “Quien sea candidato debe de ser alguien que combinara el carisma de Kennedy y la sabiduría de Mandela; esto sería ideal”.

Pregunta Clodovaldo Hernández, para Ciudad CCS, una publicación progubernamental: “En 1987, su eslogan era ‘El tiempo ha llegado’. En 2011, ¿no podría decirse que ‘el tiempo ha pasado’?” Fernández responde: “No. Todo lo que propuse está por hacer: propuse más democracia y descentralización y hemos tenido más caudillismo y centralismo. Propuse una economía moderna y hoy dependemos más que nunca del petróleo. Propuse ‘pobreza cero’ porque era un problema escandaloso y sigue siéndolo. Propuse dar prioridad a la educación y, aunque se ha hecho un gran esfuerzo cuantitativo, cada vez tiene menos calidad. Y propuse una transformación ética, porque había mucha corrupción y ahora hay muchísima y no sólo en el sector público, sino en la vida nacional. Muchos dicen que la oportunidad le toca a las nuevas generaciones, pero cuando les pregunto: ‘¿Tú pondrías tu negocio en manos de esas nuevas generaciones?’, me responden: ‘¡No, ni de vaina!’ La Presidencia requiere madurez, tolerancia y amplitud, que solamente vienen con las canas».

Pregunta Andrew Mulligan, de U. S. News and World Report: “En su momento, Ud. se quejaba de que Rafael Caldera no dejaba campo a los políticos jóvenes, porque quería ser candidato una y otra vez. Ud. fue candidato en 1988, hace 23 años, y quiso serlo de nuevo en 1993, cuando fue derrotado por Álvarez Paz. Ahora vuelve a las andadas. ¿No está haciendo lo mismo que criticaba a Caldera?” Fernández responde: “Quien sea candidato debe de ser alguien que combinara el carisma de Kennedy y la sabiduría de Mandela; esto sería ideal”. Insiste Mulligan: «No se le ha escuchado decir que participará en las primarias de la Mesa de la Unidad Democrática». Fernández responde: «Bueno, eso depende de las circunstancias. Kennedy participó en primarias, pero Mandela no».

Pregunta Auristela Matute, de El Correo del Caroní: «¿De dónde proceden los fondos para su campaña? Se ha escuchado que lo financia el gobierno para enredar a la oposición». Fernández no responde. Acto seguido, el moderador del acto declara: “Ha concluido la rueda de prensa. Muchas gracias”.

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Escena en el despacho del Gobernador del estado Zulia. «¡Qué molleja!—exclama Yonfitzyeral Semprún, veterano de lides políticas en Acción Democrática, hoy miembro del comando de campaña de Pablo Pérez—¡Qué riñones los de ese patiquincito de Capriles! ¡Mirá y que venir al Zulia a comenzar su campaña nacional!» Y dice Pérez: «No te preocupéis, Yon, que ya estamos planeando devolverle el golpe. Ya vais a ver cómo le queda el ojo cuando me aparezca en Los Teques. Pero ahora me preocupa otra cosa, porque el patiquincito está resquebrajando el Frente Progresista, que se iba a cuadrar con nuestra democracia social, que es lo mismo que la socialdemocracia de AD. Ya logró que la Causa R y Podemos lo apoyen. Es urgentísimo que precisemos a Ramos Allup, porque si no lo único que nos va a quedar es la alianza con Henri Falcón y el PPT; o sea, un micropartido con dos diputados por Amazonas. Ni en Lara sacaron un solo diputado. Esa vaina no es la recomposición del pueblo adeco».

«Y ¿qué estáis esperando para mandarle su caja de 18 años? ¿Que sea Navidad? Invitalo como huésped de honor a la Feria de la Chinita?», repuso Yonfitzyeral. «Ésa no se me había ocurrido. Vos si que sois arrecho, Yon. Mandale otra invitación de tu parte a Antonio Ledezma, para que yo no aparezca. Adeco es adeco hasta que se muera, y algo de militancia adeca lo sigue. Cada voto cuenta». «Arrecho sois vos, candidato. Pa’ patiquín patacón», remató Semprún.

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Escena telefónica. Conversan animadamente Jesús Petit Da Costa y Cecilia Sosa. «El estadista que requiere el país—dice Petit—es un hombre bien arrecho, Cecilia, como yo. A mí no se me enfría el guarapo». Responde Sosa: «Una persona bien arrecha, mi querido doctor, no necesariamente un hombre. ¿O es que usted me va a decir que yo no las tengo bien puestas?»

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La política de la arrechera

Escena telefónica. Otro Sosa, Juan Carlos, ha llamado a Leopoldo López. «Oye, Leo: Chávez hará que todos los militantes del PSUV voten en las primarias de la MUD según sus instrucciones. Ergo: el candidato presidencial de la ‘oposición’ lo escogerá Chávez. Yo sé que no tengo el más mínimo chance, pero tú pudieras alzarte con la cosa si eres capaz de jugar a la alta política y obtener un pacto con Chávez, lo que es, por supuesto, absolutamente insospechable. Date cuenta tú mismo: si te pones de acuerdo con Chávez,  él te dará los votos y te quitará definitivamente el dolor de cabeza ése de la inhabilitación».

López contestó muy airado: «Pero, ¿qué acuerdo sería posible?» Entonces Sosa Azpúrua mostró su hilado fino: «Que tú seas su Vicepresidente Ejecutivo con un compromiso de dos años en el cargo. Así, cuando el señor se muera de cáncer, tú serás el Presidente. Yo, siendo tú, lo trabajaría con lo de tu parentesco con Bolívar. Hazle ver que sería un lujo para él tenerte en la Vicepresidencia. Imagínate: el retátara-sobrino-nieto del Libertador». La grabación del intercambio telefónico se interrumpe a partir de esta última descripción.

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Escena en el Hospital Militar. Un hombre de cuero cabelludo desierto y rostro abotagado vocifera: «¡Me agarran a ese Navarrete donde esté! Si está en España, que me consigan al etarra que lo pueda atrapar». A lo que un joven ya maduro responde: «Pero Duce, la ETA acaba de decir que abandona de un todo la lucha armada. No va a ser fácil».

«¡Ah carajo, Nicolás! ¡Zapatero a sus zapatos! Si tengo que ofrecerle a ese bolsa que la réplica de la Santa María regresa al Parque Miranda o la estatua de Colón a Maripérez estoy dispuesto a pagar el precio, como contribución bolivariana a la crisis financiera española. Hasta podemos devolver la Agroisleña, pero a ese medicucho lo voy a joder».

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Escena en el barrio La Dolorita. Un grupo que inicialmente fue de cuatro amigos que conversaban sobre las dificultades de la vida en Venezuela, ya sobrepasa el número de treinta personas. Una de ellas habla por su teléfono celular y luego reporta: «En El Valle hay mucha indignación». Otra confirma: «Y también en el 23 de enero, y en La Silsa». Una más reconfirma: «Cuando venía para acá vi aglomeraciones en Los Palos Grandes y en La California; la cosa como que es en todos lados».

Hasta que alguien dice: «Bueno, somos el 99%. ¿Por qué no nos indignamos?»

LEA

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Archivo de audio de entrevista para el espacio Análisis, de RCR 750AM, conducido por Javier Perera Díaz. (Grabada el 26/10/2011; transmitida el 27 a las 6:20 a. m.)

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Una mejor Venezuela

En su única campaña por la Presidencia de la República, en 1963, Arturo Úslar Pietri presentó como guía central de su oferta lo que llamó «la Venezuela posible». Nunca cesó en esta prédica, que salía de la privilegiada conciencia de un ser renacentista. Seguramente sin saberlo, Asdrúbal Batista hizo, el pasado 25 de mayo, eco— «…el Dr. Asdrúbal Batista había dicho que Venezuela no podía ser un mal país, si había concebido y gestado al eximio prócer de San Juan de Colón», en referencia a Ramón J. Velásquez (Testigo excepcional)—de conclusión expuesta por mí el 17 de mayo de 1996, cuando Úslar cumpliera noventa años de edad enteramente lúcida: «Úslar es Venezuela, y como eso es así es buena Venezuela. Porque un país en el que nace Úslar, en el que vive Úslar, al que regresa Úslar, en el que se queda Úslar prefiriéndolo entre todos los que le ofrecerían patria de inmediato, no puede ser un mal país».

Úslar entendía la Venezuela posible como el resultado de un esfuerzo colectivo en el que, naturalmente, la acción de los diversos liderazgos del país estaría exigida de responsabilidad.

Ahora suenan otros ecos del desafío uslariano. Leopoldo López primero y, pocos días después, Eduardo Fernández en el lanzamiento de su precandidatura presidencial ofrecieron «una Venezuela mejor». (López no ha descartado su participación en las primarias de la Mesa de la Unidad Democrática; con mucha razón, destacó que las normas aprobadas por la MUD sólo exigen para participar en ellas las condiciones requeridas constitucionalmente al Presidente de la República: venezolano por nacimiento, sin otra nacionalidad, mayor de 30 años, de estado seglar, no sometido a condena por sentencia definitivamente firme. Aunque pesa sobre él una inhabilitación, López no ha sido condenado judicialmente. Pero él estuvo en el acto de proclamación de Fernández, en la presentación de su «propuesta». Desde el año 2009 se reúnen ambos en casa de Lewis Pérez, otrora Secretario General de Acción Democrática, con Luis Miquilena—quien estuvo también en el lanzamiento de Fernández—para conformar una «nueva» organización política. En este intercambio han debido coincidir en la frase «una Venezuela mejor», whatever that means).

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El pasado sábado 28 de mayo, en un acto en el estado Lara, Leopoldo López—puede recordarse que en noviembre de 2010 fue allá a firmar un pacto bilateral con Henri Falcón «en defensa de la Constitución», whatever that means—presentó el plan «La mejor Venezuela», diciendo: «Estamos aquí para presentarle a Venezuela la posibilidad de un país distinto, sembrando un movimiento de mujeres y hombres que hoy se comienza a consolidar». Al revelar a los asistentes que «existe otro rostro de Nación», anunció con la mayor seriedad: «La decisión que hemos tomado es construir esa Venezuela». (Entre los aspectos fundamentales del «plan», dice El Universal, «mencionó la necesidad de reducir el número de fallecidos por la inseguridad y reformar las policías del país. ‘Se necesita una posición firme para depurar los cuerpos policiales… y llenar las calles de más policías’. Dijo asimismo que es imperioso hacer reformas profundas que necesitan el sistema de justicia y el carcelario del país. El sistema de salud y la educación en el país también forman parte de este plan. ‘No se debe asumir sólo la masificación de los servicios sino también de la calidad… ésta es una deuda histórica que tenemos con el país’… Encomendándose a la Divina Pastora culminó su discurso pidiendo ‘fuerza y fe’ para Venezuela»).

López en el acto de Fernández (clic para ampliar)

Por lo que atañe al viejo «tigre»— «el tigre come por lo ligero», le aconsejaba Luis Alberto Machado en 1988—, se limitó a reconocer a los jóvenes del país: “Quiero decirles que ustedes tienen derecho a vivir en una Venezuela mejor”. En verdad, su propuesta programática fue bautizada así: «Venezuela 2013 – La explosión del crecimiento».

Ya esta denominación retrotrae a los años cincuenta, cuando la comunidad planetaria de los economistas prescribía el crecimiento económico antes de que se acuñara y popularizara la más inclusiva idea de desarrollo. (Por ejemplo, Walt Whitman Rostow: El proceso de crecimiento económico, de 1952, y Las etapas del crecimiento económico, de 1959).

Una explicación oficial de la propuesta de Fernández—Teatro del Colegio Santa Rosa de Lima, sábado 4 de junio—vino en nota de prensa de IFEDEC, la institución que preside, del 26 de mayo, a raíz de reciente visita suya al estado Bolívar:

…enumeró los cinco puntos especiales que enmarca el proyecto de país “Venezuela 2013”, a saber, en primer lugar el fortalecimiento de la democracia, profundizando la descentralización e independencia y economía del poder público. Reactivación de  la economía, generando inversiones del sector público y privado. Superación de la pobreza, promoviendo educación de calidad. Cambios culturales, erradicando la dependencia exagerada del estado e impulsando la producción y la productividad.

Y por último, pero no menos importante, el cambio ético.“Ha habido un problema muy serio desde el punto de vista de los valores y el culto a la muerte. En este sentido, esperamos que el próximo Gobierno haga un esfuerzo por fortalecer los valores de la vida, de la rectitud, de la solidaridad social y el amor, ya que en el país hay una crisis de desamor”.

El amoroso tigre se ofrece a resolverla. Uno de los más notorios asistentes al acto de lanzamiento de la candidatura Fernández fue Enrique Mendoza, quien lo enfrentara en 1997 cuando entonces promovía la funesta candidatura de Irene Sáez. Noticias 24 reportó su opinión acerca del acto del sábado pasado: «Enrique Mendoza expresó su satisfacción por el contenido carismático del discurso». Se trata de una evaluación muy apreciada por Fernández, quien sugirió sibilinamente a la revista Campaigns & Elections (marzo de 2011): «…quien sea candidato debe de ser alguien que pueda llenar esos valores y, si consideramos a alguien que combinara el carisma de Kennedy y la sabiduría de Mandela, sería ideal”.

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Un candidato a la Presidencia de la República no puede prometer una Venezuela mejor. A lo sumo, puede prometer un mejor gobierno. Es un error fundamental y extenso—no sólo lo admiten prácticamente todos los políticos, sin también muchísimos ciudadanos—creer que un presidente es el jefe del país. Hugo Chávez se entiende así, por supuesto, pero no es el único. Durante la campaña de 1998, fue frecuente la aparición de Henrique Salas Römer en Primer Plano, el programa que conducía Marcel Granier. En una de sus comparecencias, mientras argumentaba que la elección de 1998 sería crucial—tenía razón—, soltó esta frase para aludirse a sí mismo: «…porque aquel que pretenda gobernar sobre un país…» Esta idea de que se gobierna sobre un país es pretensión muy equivocada. No se gobierna sobre un país, se gobierna para un país.

Los argentinos tienen un uso peor que el de Presidente de la República; allá dicen Presidente de la Nación. Pero quien ejerce la primera de las magistraturas no preside la nación, ni siquiera la república; preside el gobierno nacional, la rama ejecutiva del poder público nacional. No puede, por tanto, ofrecer algo que sólo la república entera, la Nación misma es la llamada a producir. No es el gobierno, ni siquiera el Estado completo, quien puede lograr una Venezuela mejor.

Por lo demás, prometer una Venezuela mejor es una perogrullada, una seudoproposición. ¿Cómo podría uno oponerse a esa noción? Habría que ponerse en pie y pedir la palabra para vender la idea de una Venezuela peor. ¿Quién de los competidores de Fernández querrá proponer el debilitamiento de la democracia, la desactivación de la economía, la desinversión, una educación sin calidad y la capitulación ante la pobreza? ¿Quien de los que quieren competir con López propondrá «aumentar el número de fallecidos por la inseguridad»?

Si no somos capaces de desenmascarar y repudiar discursos tan perogrullescos, lo que vamos a tener es una Venezuela bastante peor. LEA

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