CS #61 – Mar revuelto

Cartas

Mientras las encuestas registran todas un aumento del «tercer lado» (en la terminología de William Ury) o de los «Ni-ni» (en argot local), un mar de fondo se prepara en el seno de la Coordinadora Democrática.

Sin duda la señal emitida con la constitución del «Grupo de los Cinco»—Enrique Mendoza, Henrique Salas, Julio Borges, Henry Ramos, Juan Fernández—tuvo algún efecto positivo en el sentido de mostrar una aparente unidad de los principales factores de poder dentro de la oposición. (La Asamblea de la ONU es a la Coordinadora Democrática—14 partidos, 40 plus ONGs—lo que su Consejo de Seguridad es al Grupo de los Cinco—4 partidos, 1 ONG, o tres socialcristianos, un socialdemócrata y un tecnócrata). En teoría, es allí donde está el poder efectivo (Gente del Petróleo sería, con mucho, la ONG más grande, al punto de que algunas encuestas la sitúan sólo por debajo de Acción Democrática si se la mira como partido. Lo más probable es que, efectivamente, ése sea el destino final de Gente del Petróleo: hacer metamorfosis en organización política al tiempo que deje a la organización de Horacio Medina la ingrata tarea de pelear por los intereses de 19.000 petroleros cesantes).

La unidad operativa real del Grupo de los Cinco es otra cosa. Algunos mandos medios de la Coordinadora intentaron reunirse con los Cinco para plantear que la presencia partidista fuese enfriada a cero absoluto de aquí al reafirmazo. (Y también para añorar «dirigencia» que no existiría y solidez estratégica que tampoco). Supuestamente había aquiescencia de uno de los Cinco, pero a la fecha fijada no se presentaron sino unos cuantos comacates y tres de los Cinco dijeron no estar enterados del asunto.

Pero la verdadera tranca está planteada en torno a la presidencia de la transición: la hipotética presidencia corta que transcurriría entre la cesantía de Chávez y la culminación del período en agosto de 2006. Tres de los Cinco han dejado saber que no pretenden tal responsabilidad: Borges, Ramos y Fernández. Quedan sólo dos trenes: Salas y Mendoza. Tan irreconciliables serían estas dos campañas que Alfredo Keller ha decidido medir intención de voto a tres candidatos—Chávez, Salas, Mendoza—e indicaba en septiembre que aún en estas condiciones sería posible ganarle a Chávez. (Las mediciones de Keller muestran a Salas con significativa ventaja sobre Mendoza en este escenario: Chávez 31, Salas 31, Mendoza 24, Indecisos 14).

Versiones contrarias corren sobre si Enrique Mendoza aceptaría no ir a reelección en 2006 de ser él escogido como presidente de la transición. Hay quien afirma que Mendoza aceptaría la condición, pero hay quienes aseguran que jamás consentiría, como Salas Römer, en cortarse esas alas. Y este punto puede ser el pivote determinante, porque los restantes factores probablemente optarían por apoyar al candidato «más unitario», y éste ciertamente sería el que aceptase, como Mesa en Bolivia, ser un presidente de período recortado.

¿Cómo pudieran darse los apoyos? Ya Acción Democrática se cuadró una vez con Salas Römer en 1998—a la tardía defenestración de Alfaro Ucero—por lo que un entendimiento entre estos dos factores es camino ya trillado. La posición más cómoda y fuerte pertenece en este caso a Ramos Allup, el jefe del partido tradicional más recuperado, con tiempo en sus manos, pues por tales razones es un complemento apetecible por Mendoza tanto como por Salas, y literalmente puede sentarse a esperar las ofertas de ambos pretendientes.

Pero Primero Justicia no es de despreciar, aun si sus números no son tan robustos como los de AD o, incluso, los mismos de Gente del Petróleo. PJ aportaría, a un candidato que como Mendoza aparece todavía más ligado a COPEI que Salas Römer, la cara fresca de políticos jóvenes post cuarto republicanos. En la «base» de Primero Justicia Salas Römer tiene fuerte rechazo, por otra parte, de modo que en principio sería más tragable una alineación de los primerojusticieros con el gobernador de Miranda que con el de Carabobo.

En síntesis, debe partirse de por lo memos una irreversibilidad: la candidatura de Salas. Como Chávez, no ha ocultado sus propósitos, y será candidato hasta que se convenza, para usar sus palabras, de que hay un gallo que sea más gallo que él. (O que su «pollo». Salas ha insistido en la bicefalia de su gallináceo corral valenciano. Ramsés I y Ramsés II están disponibles).

Pero si Mendoza termina por aceptar la condición de la presidencia corta, su figura, ya posicionada como la de hombre que sabe jugar en equipo en el seno de la Coordinadora, emergerá con un carácter más unitario que la del divisivo Salas—quien ha manifestado intencionalmente en más de una ocasión deslindes con la Coordinadora, pues pretende captar votos en el «tercer lado». En tal caso, Proyecto Venezuela pudiera terquear frente a Mendoza aunque éste llegue a reunir en torno suyo una coalición de los restantes factores.

Ahora bien, todo esto se mueve a espaldas de la sociedad civil, dentro de la que el estado de opinión más fuerte es justamente el de ese «tercer lado» o «Ni-ni. Tal cosa está directamente relacionada con la erosión de la Coordinadora Democrática. Alfredo Keller escribe: «Aunque ha quedado el sentimiento de desconfianza hacia la Coordinadora Democrática, causa de la neutralidad de más de un tercio de los electores, también se ha perdido su imagen de ‘factor dirigente’ de la Oposición. En los Focus Groups ninguno de los participantes pudo identificar quién la dirige porque ya no existe más una figura central que actúe como su jefe visible, como fue con el caso de Carlos Fernández y Carlos Ortega. Esto hace que se refuerce la idea de que la Oposición carece de líderes y de que, por consecuencia, está desunida. Y esta percepción refuerza la idea, a su vez, de que ‘con una oposición así Chávez es imbatible’. La solución más obvia parece ser la de fortalecer liderazgos en vez de a la CD».

Sobre esa pantalla acústica tienen algún eco proposiciones como las de Elías Santana o Aíxa Armas en dirección de unas primarias que determinen un candidato unitario fuera de los manejos entre telones de dos de los Cinco. De nuevo Keller: «…en los Focus Groups observamos dos actitudes inusitadamente firmes y convencidas: 1) la necesidad de ‘escoger muy bien’ en el futuro al próximo presidente y, 2) la necesidad de no dejarse influir por intermediarios (partidos políticos o la Coordinadora Democrática en especial). De estas dos actitudes se desprende la conclusión, en todos los grupos analizados, de que sólo el pueblo puede escoger al candidato que represente a la Oposición».

Pero tal vez el factor determinante real lo tengan otros factores de poder: los asignadores de recursos, sean éstos los financieros necesarios a una campaña o los espacios en medios masivos de comunicación.

LEA

Share This:

LEA #60

LEA

Habla muy bien de los grandes medios televisivos venezolanos que, en momentos cuando el arbitrario despojo gubernamental impide el normal desenvolvimiento de Globovisión, promuevan la transmisión del programa «El Tercer Lado» por el canal de Vale TV.

Vale TV es formalmente un canal administrado por el Arzobispado de Caracas, pero en la práctica es el consorcio de los grandes canales—RCTV, Venevisión y Televén—el verdadero determinante de la programación.

«El Tercer Lado» es la fórmula que William Ury, experto internacionalmente reconocido en negociación de conflictos, propone para el encuentro de una salida pacífica en Venezuela. Según su enfoque, los conflictos se dan entre dos polos antagónicos y extremos, incluidos dentro de un «tercer lado» que representa a la comunidad general. Y ésta, que no participa directamente en el combate, es la más afectada. (Dato de Ury: las guerras de hoy en día, a diferencia de las clásicas, se caracterizan porque nueve de cada diez muertes son de civiles «ajenos» a la confrontación).

El récipe de Ury: es preciso fortalecer el «tercer lado» para lograr la paz.

William Ury vino a Caracas a comienzos de este año bajo el patrocinio del Centro Carter, y fue el ponente principal en un taller sobre el tema que fuera auspiciado por el mismo centro y la Universidad Central de Venezuela, y al que César Gaviria, por aquel entonces todavía huésped frecuente y duradero de Caracas, asistió. El programa que Vale TV transmitiera era justamente un video editado a partir de lo transcurrido en ese evento.

Lo que llama la atención como signo de madurez y apertura de los canales es que Ury indicó, como muy mal signo de agravación de un conflicto, la politización de los medios de comunicación. Que la crítica implícita a los canales de televisión haya sido teledifundida a través de un canal precisamente controlado por ellos, dice mucho acerca de su inteligencia y su seguridad filosófica.

Y también, obviamente, que la Iglesia ande en esto. A través de múltiples ejemplos Ury mostró cómo es que los factores iniciales en la resolución de graves y recientes conflictos violentos fueron siempre las mujeres y los líderes religiosos. La iglesia católica venezolana, los medios de comunicación del país, parecieran buscar opciones distintas a las hasta ahora operantes. El Tercer Lado Ni-ni pudiera ser lo que andan buscando.

LEA

Share This:

CS #60 – Cuentas por cobrar

Cartas

De forma parecida a los comienzos del año pasado, cuando quien ahora ocupa la Presidencia de la República indicaba que los venezolanos no teníamos nada que celebrar el 23 de enero, ahora desbarra asegurando que la fecha del 12 de octubre no debe entenderse en la manera inclusiva y feliz que es tradicional, sino como aniversario del comienzo de un genocidio que se habría extendido por cinco siglos.

La lectura de Chávez encuentra eco en Bolivia: Evo Morales, el líder izquierdista que contribuyó a la estrepitosa salida de Sánchez de Losada, ha declarado con enfoque algo más práctico-financiero que está pensando en una megademanda contra el gobierno de Aznar por medio milenio de daños y perjuicios. Algo así como si a Juan Pablo II se presentase algún israelita para reclamar el pago de la cuenta de La Última Cena.

Uno tiende a pensar en aquel chiste sobre los efectos tardíos de la Guerra de Independencia: un grandote entra súbitamente en un bar y, sin mediar palabra, la emprende a golpes contra el español dueño del establecimiento, de quien hasta hace nada era amigo y a quien deja muy mal parado. Uno de sus compañeros de tragos le reclama: «¡Pero chico! ¿Qué te ha hecho el pobre José?» Y el agresor responde: «Bueno, ¿y es que tú no sabes que los españoles mataron a miles de venezolanos, violaron mujeres y torturaron?» «¡Pero eso fue hace siglo y medio!» «Sí—contesta el violento—pero tienes que comprender que yo me enteré hace media hora».

¿Qué pasaría si Aznar instruyese a los abogados del gobierno español para que presentaran querella contra la comunidad árabe por compensaciones que cubran la explotación de España a manos de los moros? ¿No debiera Inglaterra demandar a Berlusconi porque los romanos pisotearon suelo de Albión? ¿O a los noruegos que destruyeron el monasterio de Lindisfarne en el año 793 de nuestra era? ¿No querrán los nórdicos, a cambio, exigir a los ingleses el pago de honorarios profesionales por la fundación de Dublín?

Por lo menos hay de estas últimas cosas registro, como lo hay, por supuesto, del proceso de conquista y poblamiento de América desde que Colón llegara por estas tierras. De lo que no hay memoria escrita, porque los indígenas con los que Chávez se emparenta no sabían escribir (el Plan Robinson no había sido inventado todavía), es de las tropelías que los caribes cometieron contra los arawakos, de las que hayan podido ser responsables los incas en desfavor de algún araucano o guaraní, ni sabemos la cuenta exacta de los corazones arrancados por sacerdotes aztecas de sus vivas víctimas propiciatorias.

La historia de Chávez guarda parentesco con la postura del extinto Víctor Raúl Haya de La Torre, fundador del partido APRA en Perú, muy amigo de Rómulo Betancourt, odiado por Chávez. Haya de La Torre se negaba a decir «Latinoamérica», con mucha mayor energía rechazaba el término «Hispanoamérica», y prefería hablar de «Indoamérica». Los indios al poder, pues.

…………

La «hipótesis de Sapir-Whorf» en el campo lingüístico sugiere que los lenguajes imponen, por decirlo así, una metafísica sobre sus parlantes. Es decir, por el mero hecho de hablar español—más propiamente, castellano—pensamos en alguna forma diferente de cómo piensa el inglés o el bantú. Por ejemplo, en castellano diferenciamos con facilidad entre las nociones de «ser» y de «estar». Los pobres angloparlantes están impedidos de ese pensamiento, pues con «to be» están condenados a decir ambas cosas de una vez, de modo indisoluble. Uno no piensa «en chino», sino que «piensa chino».

Esto es: incluso para decir barrabasadas Evo Morales y Hugo Chávez emplean el español, piensan en español, piensan español. Si fuesen lógicamente consistentes Morales debiera amenazar en quechua y Chávez despotricar en pemón. Debieran negar sus nombres, pues Morales no es apellido inca ni Chávez es caribe. Debieran resistir los micrófonos y las cámaras, puesto que son de marca Sennheiser o Ikegami, en lugar de modelos Paramaconi XC o Atahualpa Special Edition.

Si al encuentro de la civilización occidental con una miríada de tribus por su mayor parte dispersas y enemistadas entre sí, éstas «aportaron» un continente físico que de todos modos les quedaba grande, los españoles en Hispanoamérica contribuyeron precisamente con eso, con civilización. No hay manera de que Chávez siquiera formule una sola idea si no es a partir de los hechos de Losada o Garci González de Silva.

……………

El problema es que el discursito falaz y demagógico de Chávez y Morales es harto peligroso, porque provee un marco conceptual desde el que las más estrafalarias conclusiones y los más errados criterios son posibles, y su mensaje se riega por un área que incluye, por ejemplo, los territorios habitados por la guerrilla colombiana.

Naturalmente, en la cosmogonía Morales-Chávez los aborígenes del continente eran seres angélicos, intocados por la maldad que, como viruela, trajeron los españoles. ¿Cuántas muertes, cuántos genocidios conoció nuestro condominio continental antes de que a la Reina Isabel se le ocurriera financiar con sus joyas la atrevida aventura de Colón? La palabra makiritare significa sencillamente «hombre», por lo que estaba implicado que ninguna otra tribu era humana. Por eso los maquiritare decían waika o «infrahumano» a los yanomami, a quienes procuraron exterminar. Sostener que España vino a fregar la existencia a un idílico universo de hombres buenos y felices es una colosal tontería, pues antes del Descubrimiento estas tierras vieron la sangre que los humanos sabemos verter en toda latitud y toda época.

Ahora Bolivia ha firmado con Evo Morales, el implacable cobrador de siglos, un pagaré a noventa días, que es el plazo que el líder indigenista ha concedido al gobierno de su país para que haga lo que él quiere. Por las primeras declaraciones del nuevo presidente Mesa pudiera pensarse que tal vez Bolivia represente el regreso del péndulo de la barbarie a la civilización. En su primera alocución arrancó los más nutridos aplausos de las bancadas partidistas del congreso boliviano al anunciar que compondría su gabinete prescindiendo de los partidos, con puros independientes. Expuso que su gobierno debiera ser entendido como transición breve, mostrándose dispuesto a convocar elecciones para fecha anterior a la conclusión del período que le toca. Remitió al referendo popular cuestiones de economía del Estado que han dividido a la población. Y no dejó de advertir que el Estado boliviano no puede satisfacer todas las necesidades que la población exprese.

Por esto hay que apostar al éxito de Mesa. Aquí en Venezuela todavía hace falta algo que la oposición institucionalizada se ha mostrado incapaz de hacer: superponer al marco conceptual chavista uno de nivel y calidad superiores. Nuestra oposición ostensible acusa a Chávez, pero no le refuta.

Los medios de comunicación del país debieran ofrecer espacio a un ejercicio argumental diferente al del mero discurso opositor. Y a quienes sean capaces de formularlo y decirlo. LEA

________________________________________________________

 

Share This:

CS #59 – Una extraña llamada

Cartas

Perdonen el nivel personal. Pero he recibido una muy extraña llamada.

Resulta que el lunes pasado hablé en una cierta asociación sobre temas de medicina política. (El arte u oficio de estudiar y resolver problemas de carácter público). Uno de los asistentes a la charla llamó dos días más tarde para una apertura de elogio y un planteamiento que según dijo estuvo a punto de hacer pero se inhibió.

Se trataba de una pregunta precedida de una observación: todas las proposiciones que se escuchaban de un lado para rebasar la crisis pasaban por la prescindencia—no la presidencia—de Hugo Chávez. ¿Por qué no se incluía en el análisis la posibilidad de más bien cooperar con él, acompañarlo de algún modo? Mi interlocutor aseguró que había planteado esto a alguno de los miembros de la asociación.

Yo le contesté que ciertamente tal posibilidad debía incluirse en el análisis (por aquello de ser exhaustivo) y ante su insistencia—fue una comunicación demasiado insistente de su parte—le dije: «¡Ah, no! Yo estaría dispuesto a hablar largas horas con Chávez, si él estuviera dispuesto. Son tantos los puntos, tanta la profundidad de lo que está en juego, que no se puede cubrirlo en una entrevista de media hora. Pero le diría que ha concluido hace tiempo la hora del cirujano. Para que Chávez pudiera reclamar cooperación, tendría que ser capaz de presentar un protocolo médico de actuación, no uno quirúrgico, que es lo único que sabe hacer».

La conversación continuó adquiriendo rasgos surrealistas, pues quiso hablar de «mi solución» de una «ablación» del gobierno. «¿Cómo es que tú la llamas? Una ab… ¿cómo es que tú dices? Una abo… ¿Cómo es? Abol… Pero, no, dime ¿cómo es que tú la llamas?» No me dio la gana de pronunciar la palabra que él quería y que perfectamente conocía. Su insistencia era tan particular, extraña e innecesaria, que me pareció que la conversación debía estar siendo grabada.

Yo había hablado el lunes de un procedimiento de remoción del chavoma por abolición del gobierno, y quien llamó había memorizado, no me cabe duda, el término exacto.

Extraña llamada, cuya rareza se puso de manifiesto cuando intentó refutarme al referirme yo a la intención totalitaria de Chávez. Incluso cuando le recordé que la primera versión de la pregunta para consultar sobre la deseabilidad de una constituyente fue redactada por Chávez en términos parecidos a los de un autoritario ucase, probó a medir si no habría sido que tal autoritarismo se había moderado desde entonces. ¡Qué tupé! ¡Qué ceguera—o qué cinismo—tan total es ignorar la proliferada ejecución totalitaria de Chávez!

Me puse a pensar. ¿Será que de verdad quien me llamara es emisario de una muy asustada porción del chavismo? ¿De Chávez mismo? (¿Mesmo?)

¿Será, por lo contrario, que quería comprometerme con alguna declaración que luego circularía fuera de contexto en cassettes de audio para mostrarme como proclive al gobierno?

Dejo constancia, de una vez, que no creo que se puede cooperar con Chávez más que para sacarlo del gobierno. Uno puede admitir que tal cosa pudiera darse por un curso más tranquilo. El presidente Chávez pudiera renunciar por su cuenta, porque tome conciencia de que no hay cosa que él pueda hacer en beneficio de Venezuela que no sea el abandono de su abusiva presidencia.

El presidente Chávez pudiera hacer tal cosa y previamente nombrar a un Vicepresidente distinto de Rangel, por ejemplo. Por supuesto que puede haber cooperación. De Chávez con el país bajándose de su silla tronoide.

El 15 de febrero de 1999 escribí para El Diario de Caracas de entonces (en manos del difunto Hans Neumann): «Tienen, por lo demás, psicologías diferentes el médico y el cirujano. Éste es caricaturizado como hombre extrovertido, arriesgado, de sangre fría, asertivo, presuntuoso, dueño de un potente carro deportivo al que maneja con sus botas de vaquero bien calzadas, y no poco agresivo. Esa caracterización corresponde a la técnica invasiva y traumática de su modo de proceder. Las herramientas del cirujano son las tenazas, la sierra, el martillo, la legra, el bisturí… No cabe duda de que el presidente Chávez es un cirujano político. No sólo es que pretendió operarnos en 1992 con toda la potencia de sus herramientas traumatizantes, sino que ahora su impaciencia, su locuacidad, su militarización del Poder Ejecutivo, su fijación sobre lo corrupto, indican a las claras que su protocolo de actuación es quirúrgico. Estamos en manos de un cirujano. Y el cirujano, a diferencia d! el médico, toma control total sobre el paciente, al punto que lo amarra o lo duerme. Eso es exactamente lo que está haciendo el presidente Chávez… El cirujano somete al paciente a un trauma que debe acortarse en el tiempo. La más compleja y arriesgada intervención quirúrgica durará, tal vez, catorce horas, con un corazón abierto, con una trepanación, con un transplante. Pero no una semana. No se puede tener anestesiado a un paciente, ni someterle a una invasión de su estructura corporal, durante cuatro o cinco días. El tiempo político es más largo, por supuesto. Un año, por ejemplo. Si se cumple el cronograma constituyente más o menos anunciado, en el lapso aproximado de un año el país contaría con una nueva constitución política para su Estado, y estaría enfrentando, por ese mismo hecho, una necesidad de relegitimación de sus poderes constituidos. Uno de esos poderes constituidos es, justamente, el del Presidente de la República. Es el mismo presidente Chávez quien ha argum! entado en este sentido. Según sus propias palabras, dentro de un año volveríamos a tener elecciones para la Presidencia de la República y para los cuerpos deliberantes diseñados en el proceso constituyente. Para ese momento reconoceré el derecho del presidente Chávez a postularse de nuevo para la Primera Magistratura. Pero para ese momento, en tanto Elector, requeriré que Hugo Chávez me muestre un protocolo médico, no uno quirúrgico, pues a esas alturas deberemos estar entrando en el lapso postoperatorio. Tendrá que legitimarse, entonces, como médico, no como cirujano».

Y esto es lo que Hugo Chávez pareciera estar congénitamente impedido de hacer. Que a estas alturas alguien proponga cooperar con Chávez en sus designios, sobre todo cuando quien lo hace por vía telefónica fue un dirigente de cierta monta en la llamada cuarta república—llegó a presidir una cierta corporación estatal de desarrollo, por ejemplo—resulta revelador de procesos político-mentales harto defectuosos.

Ahora ¿quiere Chávez conversar en serio? ¿Prefiere debatir, según sus combativas preferencias? Que me invite.

LEA

Share This:

LEA #58

LEA

Dictaduras mucho más estrechas que la que Chávez aspira a completar, como la de Reza Palehvi en Irán—con un estado que era la admiración del planeta por lo eficaz de sus policías, especialmente de su policía política—cayó estrepitosamente. Chávez no puede durar eternamente. El castrismo no puede ejecutarse en cámara lenta, porque mucho antes de asegurarse la parálisis del cuerpo social, éste se manifiesta como enjambre, como una eruptiva de incendios simultáneos en tantos sitios que el gobierno de una era totalmente informatizada ya no puede apagar.

Es el enjambre lo que puede perfectamente matar a Chávez. No un asesino a sueldo, no un asalto militar. Chávez pudiera morir como Mussolini, sólo que a estas alturas sin su Petacci. Si Chávez continúa en su libreto, y busca dominar a Venezuela como Castro sojuzga a Cuba; si manda a atacar ahora a una decena de urbanizaciones en Caracas, para aterrorizar las casas de sus enemigos; si llegare a ordenar una vez que se eche el común delincuente, con la seguridad de resultar impune, sobre los pobladores que le adversan, en alguna persecución de nombre y apellido, estárá sellando su suerte.

Las abejas son usualmente inocuas hacia el hombre o las bestias. Pero son letales para el más grande de los animales. Hasta el mayor de los elefantes sucumbe a los mil aguijones envenenados de un enjambre. Como mil hipodérmicas sobre un hombre, cada una de las cuales inocula la milésima de una dosis mortal.

Ojalá no. Pero si llegare a ser, en desagravio a Bolívar, que su cuerpo colgara de un poste, amoratado, herido de mordiscos y cuchillos, mojado de saliva ajena, desnudo y de cabeza de un árbol de la Plaza Bolívar, Chávez recordará segundos antes otro árbol señero, al que nunca conoció frondoso y ante el que una vez juró su desatino.

Los fascistas morían a manos de las turbas ciudadanas. No sólo su jefe.

Por eso su derrota no depende de la coordinadora, ni de la gente del petróleo, ni de la iglesia, ni de la banca, ni de los medios, ni de nadie. Si pudiera eliminar, que no puede, cada grupo, cada institución, cada poder, todavía quedaría el poder del enjambre. Lo mataríamos inevitablemente, porque Chávez habría africanizado estas abejas.

LEA

Share This: