CS #128 – Bardo burdo

Cartas

El lunes 28 de febrero pasado el diario El Tiempo (Puerto La Cruz) publicaba dos avisos a página completa de autorías y significados contrapuestos, aunque ambos se referían exactamente al mismo acontecimiento. El primero, a todo color, apareció en la impar página 3, justo al voltear la página de portada. El otro, en más modestos blanco y negro, contestaba al primero al pasar la página, en la número cinco que le seguía.

El primero de los avisos fue sufragado por la Gobernación del Estado Anzoátegui, en gasto autorizado por el poeta (?) y gobernador Tarek William Saab. Su titular gritaba en mayúsculas cerradas: «La verdad es ésta: 100 días de dignidad». El segundo ripostaba frontalmente:»100 días sin dignidad».

El desusado debate publicitario había sido causado por un tráfico virtual: las direcciones electrónicas de nacionales venezolanos—así como de más de uno en el exterior—se cansaron de recibir mensajes con una reproducción fotográfica de otro aviso anterior, también pagado con dinero de la Gobernación de Anzoátegui, a la que se había sobreimpuesto una red de círculos y líneas que identificaban y conectaban personajes repetidos. Esto es, que la fotografía que sirvió para construir un aviso anterior, del lunes 21 de febrero de 2005, era en realidad un montaje en el que se repetían las figuras de unas cuantas personas, asistentes a un mitin del burdo bardo enviado por Hugo Chávez a gobernar el gran estado oriental. Esto es, que se trataba de una incompetente y desvergonzada manipulación, la que no tenía otro propósito que causar la impresión de que Saab—nombre que en este caso no tiene nada que ver con aeroplanos o automóviles suecos—tiene más partidarios de los que le siguen en realidad.

Tanto fue el efecto deletéreo que causara la afanada distribución electrónica de la evidencia de esa patraña sobre la credibilidad de su persona política, que Saab se sintió en la obligación de insertar el aviso del día 28, esta vez organizado en tres paneles que mostraban aspectos distintos de la concentración celebrada el 19, con la esperanza de demostrar que sí le habían escuchado, o por lo menos aparentaron hacerlo, unas diez mil personas.

De nada le valió. El abogado Luis Edgardo Mata, que asumió la responsabilidad del aviso que confrontaba la mentira—publicó su número de cédula, su número de registro en el Instituto de Previsión del Abogado y hasta el número de su teléfono celular—declaró a vuelta de hoja: «Asumiendo responsablemente la defensa de mis derechos y el de millón y medio de anzoatiguenses, conforme lo establece el Art. 26 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, he solicitado al Ministerio Público, que investigue el uso irregular de fondos públicos para promocionar el supuesto liderazgo del ‘Por ahora’ Gobernador del estado, empleando publicidad adulterada y fraudulenta». En el encabezado de su letal contraposición aseguraba que el despacho regional había gastado el 21 de febrero 60 millones de bolívares en publicidad a la que calificó de engañosa, luego de advertir que en la foto insertada por los publicistas de Saab, había no menos de 40 personas repetidas.

De nada le valió a Saab la autodefensa que de por sí revelaba su debilidad; de nada le valió que su nuevo aviso saliera en colores y seguramente en más diarios. Era patente el embuste que coronaba la obscena, inmodesta, inexacta y cursi proclamación de su «dignidad».

Por supuesto, no es el bardo AA (no en términos financieros sino de béisbol) el inventor de tan indecente práctica. Con el desarrollo de la democracia en Venezuela, la mercadotecnia política incluyó crecientemente avisos «oficiales» en los que destacaba más la persona del gobernante, su propia promoción personal, que la información de una gestión a través de un despacho. Recuerdo claramente una valla publicitaria de grandes dimensiones, colocada en las cercanías del Hospital Domingo Luciani de El Llanito, en la que se aconsejaba, sobre la foto de unos zapatos deportivos sueltos, no perder la vida por tratar de preservarlos—creo que todos recordamos cómo la mísera delincuencia caraqueña cobró vidas numerosas por apoderarse de un par de zapatos informales «de marca»—y que el aviso venía firmado así: «Enrique Mendoza. Gobernador». Siempre creí, aunque pudiera estar equivocado, que el ex gobernador Mendoza no sufragó esa valla, que por largos meses dominó la vista del transeúnte de la zona, con sus propios recursos financieros.

Pero este gobierno de Chávez ha exacerbado la malversación a este respecto hasta límites desconocidos por el descaro de funcionarios anteriores. En mimética imitación de su líder máximo, que ha llevado el asunto hasta el culto a la personalidad típico de dictadores y personalidades políticamente ególatras—aquella estatua ecuestre de Carlos Andrés Pérez en su pueblo natal de Rubio, por caso—los funcionarios subalternos han reflejado—a sus modestas escalas, por supuesto—la glorificación propagandística de sus nada augustas personas. Así, por ejemplo, Isaías Rodríguez publicó y distribuyó, poco después de que dejase la Vicepresidencia Ejecutiva de la República para encargarse de su Fiscalía General, un lujoso y persuasivo folleto descriptivo de las actividades de su nuevo despacho, ilustrado con fotos de algunos de sus subalternos principales, sólo que en tamaño muy marcadamente menor al de su propia y destacada efigie. Así, para mencionar otra instancia, los empleados del Municipio Sucre del Estado Miranda visten franelas rojas que sólo indican atrás: «José Vicente: Alcalde». Esto para no hablar del «Aló Presidente» o el ya olvidado, ineficaz y dilapidador «Correo del Presidente», que fuera el primer proyecto que Juan Barreto desbarrancara para su ídolo y jefe.

Es decir, los dineros de la Nación y de sus componentes estatales, municipales y funcionales, se emplean con desvergüenza deslavada en el «posicionamiento» de los comisarios más notables del «socialismo del siglo XXI».

Repito, no se trata de un fenómeno cualitativamente novedoso. (¿O es que no recordamos el 800-IRENE?) Lo que ocurre es que las más atávicas lacras de la previa práctica política han hecho eclosión con el sistema chavista, y desde el foco original de la tumoración de Miraflores surgen metástasis que reproducen en pequeño, regadas por donde haya llegado el dinero de la dominación, la egolatría del Presidente.

Compárese esta «ética» con lo sostenido por Christopher Hodgkinson en su libro The Philosophy of Leadership: «El actor no debe atarse afectivamente al resultado sino al proceso… El compromiso es con la obra misma; con la carrera y no con el premio; con la batalla y no con la victoria. El trabajo se vuelve en este sentido intrínsecamente honorable y satisfactorio a través de un proceso de compromiso moral y comprensión… La indiferencia debe entenderse acá, naturalmente, en un sentido especial. No es que al líder no le importe. Al líder le importan y tienen que importarle los resultados, especialmente aquellos resultados humanos y organizacionales en los que tiene responsabilidad plena o parcial. A lo que, en razón del honor, debe ser indiferente es a los resultados de las acciones en tanto le afecten personalmente. Suponiendo que su curso de acción sea correcto, que ha descubierto cuál es su deber y cumplido con él, lo que es entonces un asunto de indiferencia, de despreocupación, es su propio éxito o fracaso. Ése es el ideal. Su propio ego debe dejar de importar, tiene que ser eliminado de la ecuación de las variables organizacionales. Tiene que ser trascendido. Y aunque esto pueda parecer escandalosamente idealista, esa praxis es también posible».

Claro que la comparación es injusta. Todavía Saab debe recorrer mucho camino moral para apreciar completamente lo que Hodgkinson preconiza. Tal vez por eso mide «su dignidad» en días. Quizás cuando era niño los mandados que haya podido hacer en bodegas de su infancia le hicieran concebir una que otra metáfora primitiva, en las que su incipiente vocación de poetastro le haya hecho imaginar que la dignidad podía adquirirse, como ahora la computa en días, por kilos o por litros o por metros. «Déme usted un metro de dignidad», habrá escrito al comienzo de horribles versos hoy afortunadamente perdidos, en algún cuaderno de escolar.

A lo mejor se siente hoy, sin embargo, orgulloso de resonancias allende nuestras fronteras. En el segundo país que Bolívar fundara y el único que Sucre presidiera, Evo Morales ha anunciado, en estúpida e irresponsable respuesta al póquer inmaculado de Carlos Mesa, que formará una coalición o alianza «de la dignidad» para seguir protestando luego de que la Bolivia inteligente desautorizara su inmoral juego. Definitivamente, los mochos se juntan para rascarse.

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LEA #129-130

LEA

A la manière de Chávez, George W. Bush ha interpretado su reelección como un plebiscito que le habría conferido un mandato para extender su propia revolución. Así, acelera su agenda doméstica en materia de seguridad social, expande el déficit sin miramientos y coloca sin pestañear a sus más connotados halcones en puestos clave. Bush también tiene sus Izarra, sus Otaiza y sus Rodríguez Chacín.

Después de poner a la cóndor Condoleezza al frente del Departamento de Estado, y de enviar a otro de sus halcones, John Bolton, a Nueva York para encargarse de la Embajada de los Estados Unidos ante la ONU, ahora Bush ha escogido a su Subsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, uno de los principales arquitectos de la guerra en Irak, para que sirva como ¡Presidente del Banco Mundial!

Según reporta Reuters, la candidatura de Wolfowitz no ha sido muy bien recibida mundialmente, con la esperable excepción del Reino Unido. Críticos de la postulación dentro de los Estados Unidos destacan que esta decisión de Bush no se condice con su publicitado propósito de reparar sus desencuentros con Europa, donde el tema de Irak separa la política norteamericana de las preferencias europeas. (Ya hasta Berlusconi acaba de declarar que se hace necesaria una estrategia para que las tropas de ocupación salgan de Irak). De acuerdo con fuentes europeas, la candidatura de Wolfowitz había sido circulada hace unas semanas y suscitado rechazo en el viejo continente. Una de ellas, no identificada, observó: «La nominación del Sr. Wolfowitz nos indica hoy que a los Estados Unidos les importa un comino lo que piense el resto del mundo».

La costumbre estipula que los Estados Unidos nombran, de facto, al Presidente del Banco Mundial, mientras que es decisión europea la designación del Director del Fondo Monetario Internacional. Por esta razón el desagrado de Europa probablemente no impida a Wolfowitz ejercer el cargo que Bush le encomienda, y el actual Director del FMI, Rodrigo Rato, ha elogiado la «impresionante trayectoria» del candidato norteamericano y su dilatada experiencia en Asia y el Oriente Medio. Pero la altiva (para no decir soberbia) decisión de Bush será debidamente anotada en la libreta de agravios del liderazgo de Europa.

Por estos lares ya debiera Chávez ordenar a su Ministro de Finanzas que revisara el status de nuestros negocios con el Banco Mundial, y el de otros sobre los que tan poderosa institución puede influir. Seguro que no pela uno de sus agresivos comentarios para referirse al hecho en el próximo Aló Presidente.

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FS #36 – El Llanero Solitario en Québec

Fichero

LEA, por favor

En esta ocasión la Ficha Semanal #36 de doctorpolítico es una inmodesta autocita. Se trata de la reproducción de artículo que me solicitara la revista Zeta, escrito el 25 de abril de 2001, a raíz de la participación de Hugo Chávez en la cumbre presidencial «de las Américas», celebrada ese año en Québec, Canadá.

En tal ocasión Chávez quería que se insertara, en el documento de la declaración final del evento, una frase favorable a la idea de «democracia participativa», petición que fue desatendida por los restantes presidentes y comentada muy negativamente en Venezuela como impertinente.

Es entonces cuando desempolvo, para el artículo solicitado por Rafael Poleo, el ejemplar que poseía—lo he prestado o regalado sin recordar a quién—del libro Megatendencias (en su edición de 1984), cuyo autor, John Naisbitt, lo escribió en 1982.

Naisbitt había adoptado un método para otear el futuro, el que consistía en un análisis de contenido en centenares de periódicos locales de los Estados Unidos, con la idea de detectar la incipiente formación de patrones generales que se convertirían en tendencias abiertas al porvenir. Entre las grandes o «megatendencias» que postulaba se encontraban el cambio de jerarquías a redes, de la centralización a la descentralización, de Norte a Sur y, también de la democracia representativa a la participativa.

En octubre de 1999, poco antes de la aprobación en referendo de la nueva Constitución venezolana, Michael Lindemann opinaba sobre esta última «megatendencia» (en el artículo Megatrends: Then and Now): «De manera similar, la optimista predicción de Naisbitt de una tendencia hacia la democracia participativa (se refería a los Estados Unidos, pero sus observaciones tenían más amplia aplicación) se ha quedado muy corta. No era que Naisbitt estuviese solo en su observación de que un computador en cada hogar (lo que, en 1982, era aún un prospecto distante) ofrece la posibilidad de referendos públicos directos sobre cada asunto socialmente importante, incluyendo nueva legislación y la elección de funcionarios públicos. Pero, aunque esta posibilidad existe, no ha habido ningún movimiento significativo en esta dirección desde 1982, y no hay ninguna indicación de que un desarrollo tal esté emergiendo».

A casi seis años de la evaluación de Lindemann, pareciera que su crítica a Naisbitt hubiera perdido fundamento, si se toma en cuenta la mayor frecuencia de referendos en los Estados Unidos, principalmente en California, donde un referendo revocatorio abrió las puertas para que Conan el Bárbaro, Arnold Schwarzenegger, se convirtiera en gobernador de ese estado.

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El Llanero Solitario en Québec

«La democracia participativa está revolucionando la política local en América y borbotea hacia arriba para cambiar también la dirección del gobierno nacional. Los años 70 marcaron el comienzo de la era participativa en política, con un crecimiento sin precedentes en el empleo de iniciativas y referenda… Políticamente, estamos en un proceso de desplazamiento masivo de una democracia representativa a una democracia participativa… El hecho es que hemos superado la utilidad histórica de la democracia representativa y todos sentimos intuitivamente que es obsoleta… Esta muerte de la democracia representativa también significa el fin del sistema de partidos tradicionales».

El texto precedente no es de Hugo Chávez Frías. Tampoco lo es de ningún ideólogo del Movimiento Quinta República o de algún ministro del gobierno venezolano actual. Las palabras citadas han sido extraídas de la edición de 1984 del libro Megatendencias, bestseller de un gurú de la futurología, consentido de los gerentes de la globalización, y muy exitoso y próspero vendedor de libros, cursos y conferencias: el muy norteamericano y estadounidense John Naisbitt, el que, por cierto, no ha dejado de venir al país invitado por organizaciones empresariales locales. Más aún, el país al que Naisbitt se está refiriendo con ese usurpado cognomento de «América», es nada menos que su propio país, los Estados Unidos.

Pero basta que al llanero Chávez se le ocurra solicitar que la Declaración de Québec vaya más allá de la consabida frase laudatoria de la democracia representativa, y que ninguno de los mandatarios asistentes a esa reciente Cumbre de las Américas le acompañara, para que un buen número de analistas cope los espacios nacionales de opinión para declararlo solitario y asegurar que con tal actitud Venezuela queda aislada en el concierto de las naciones del continente.

El pez muere por…

Chávez tiene, entre muchos, un problema constante: el del prejuicio en su contra que ha logrado construir él mismo diligentemente, gracias a sus reiteradas manifestaciones de malacrianza y agresividad. Es un problema que me complaceré en denominar el «efecto Radhakrishnan». Resulta que por allá por los fines de los cincuenta o comienzos de los sesenta, el autor hindú Sri Radhakrishnan escribía un librito titulado Kalki o el futuro de la civilización, en el que hacía un análisis comparado de los valores occidentales y orientales, para predecir, al final, una fusión de ambas culturas en el largo plazo.

Cuando hacía el análisis de los valores de la civilización occidental, nuestro hindú tomó el caso de las famosas convenciones de Ginebra que regulan el uso lícito de armas en la guerra, para destacar que era muy bien visto despaturrar el cráneo de un enemigo con una granada o ametralladora, así como arrasar un poblado con el empleo de bombas incendiarias. En cambio es visto como del todo incivil y grosero, como diría Carreño, proceder a la exterminación de combatientes mediante un bombardeo con gases venenosos. El comentario de Radhakrishnan a esta sutil distinción fue el siguiente: «Eso equivale a criticar al lobo, no porque se coma al cordero, sino porque se lo come sin cubiertos».

Si uno se pone a ver, la frase «constitución moribunda», que tanto nos alarmó por lo inoportuna e irrespetuosa que fue en boca de Chávez en el solemne acto de su primera toma de posesión, es menos radical que la de «muerte de la democracia representativa», que Naisbitt emitiera, con el aplauso de sus muchos admiradores, hace ya diecisiete años.

Chávez, pues, no come con cubiertos. Ya es tiempo de que nos percatemos de ese extraño fenómeno y aprendamos a descontarlo del contenido mismo de sus aseveraciones.

Tomemos por caso el siguiente texto: «El régimen latifundista es contrario al interés social. La ley dispondrá lo conducente a su eliminación, y establecerá normas encaminadas a dotar de tierra a los campesinos y trabajadores rurales que carezcan de ella, así como a proveerlos de los medios necesarios para hacerla producir». Parece un postulado programático de la «Quinta República», ¿no es así? Pues no, el entrecomillado contiene íntegramente la redacción del Artículo 105 de la Constitución de 1961, la constitución de Betancourt y Caldera, la moribunda muerta, por decirlo así.

Ah, pero si Chávez la emprende contra el latifundio, el aderezo que él le pone de temblores de oligarcas y otras yerbas, produce una ensalada intragable para quienes ahora le vislumbran como el Llanero Solitario de Québec. Acá hay, por supuesto, una lección para Chávez: que su eficacia política se ve reducida por su irresistible concupiscencia verbal. Debe aprender, por tanto y si le es posible, que la función presidencial no se identifica con la esencia de una sustancia irritante, so pena de aislarse por aquello de los cubiertos. ¿Podrá María Isabel, con la excusa de enseñar a Rosa Inés el arte del buen comer, instruir a Chávez en el uso del cuchillo y el tenedor?

Chávez el moderno

Volviendo al fondo del asunto, Chávez tiene razón. O por lo menos, Naisbitt sostendría que la tiene. Oigámoslo de nuevo, refiriéndose, igualmente, a la patria de Mr. Bush: «Hemos creado un sistema representativo hace doscientos años, cuando ésa era la manera práctica de organizar una democracia. La participación ciudadana directa simplemente no era factible… Pero sobrevino la revolución en las comunicaciones y con ella un electorado extremadamente bien educado. Hoy en día, con una información compartida instantáneamente, sabemos tanto acerca de lo que está pasando como nuestros representantes y lo sabemos tan rápidamente como ellos».

Las ideas de Naisbitt no dejan lugar a equívocos, y vale la pena recordar que fueron escritas bastante antes de la explosión de posibilidades abiertas por la Internet, que durante la última década ha comenzado la construcción, cada vez más acelerada, de la mente del mundo.

No es timbre de ningún orgullo para Fox, para Pastrana, para Cardoso o para Bush, el haber rechazado la sugerencia chavecista de incluir en la redacción de Québec, el corazón mismo del separatismo canadiense, el concepto de democracia participativa como meta deseable para los pueblos de América. Chávez, que tanto tiene de trasnochado y anacrónico, esta vez se les fue por delante. En este caso los reaccionarios son ellos, los atrasados son ellos; el futurista es Chávez, el correcto es Chávez.

Y es que la muy moderna teoría de los sistemas complejos, y su hermana la teoría del caos, ofrecen ahora el más sólido de los fundamentos a la bondad de una democracia participativa. No creo que Hugo Chávez tenga ideas claras acerca de tales exquisiteces teóricas, pero lo cierto es que los sistemas complejos, tales como los de una sociedad complejamente entrelazada por múltiples y constantes nexos de comunicación, exhiben «propiedades emergentes», comportamientos que son indeducibles de la calidad de sus componentes. Esto es, que aunque en una población dada, muchos de sus componentes no estén bien educados, el conjunto será capaz de rendir decisiones eficaces. Esto por lo que respecta a quienes creen que su voto personal contiene mayor calidad que el de la mayoría de sus compatriotas.

Claro que el problema de fondo, más allá de este análisis un tanto teórico, es que no es lo mismo una institución o un sistema en manos de Antonio José de Sucre, pongamos por caso, que de Hugo Chávez Frías. La democracia participativa no es lo mismo en manos de Roosevelt que de Hitler o Mussolini.

En más de una ocasión Chávez ha demostrado que piensa en los ciudadanos como si fuesen tropa. Llegado del Norte se le ha ocurrido ahora—apuesto a que lo inventó cinco minutos antes de decirlo—que el MBR 200 debe ser reeditado, para resolver el problema de un Movimiento Quinta República que pareciera haberlo defraudado. (Cada vez hay menos «chusma» en los sucesivos actos del circo chavecista, y a alguien hay que echarle la culpa). Al hacer el anuncio expuso que lo que pasa es que al pueblo hay que «ideologizarlo». Es decir, manipularlo. El problema con Chávez es que él no se entiende para servir al pueblo. Él entiende al pueblo puesto al servicio de sus objetivos de perpetuación. Para que participe democráticamente en su proyecto bonapartoide.

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CS #127A – El pozo y el péndulo

Cartas

Definitivamente, no es hora de derechas en América del Sur. Una gravísima situación política se ha suscitado en Bolivia con las últimas ejecutorias de los agitadores del Movimiento al Socialismo, partido dirigido por el diputado y líder cocalero Evo Morales, uno de los buenos amigos de Hugo Chávez. Varias carreteras troncales han quedado interrumpidas por centenares de palos y piedras y la propia ciudad de La Paz ha quedado aislada. Negándose a provocar derramamientos de sangre—seguramente buscado por sus opositores—con el envío de la fuerza pública para desbloquear las vías, el presidente Carlos Mesa anunció anoche su dimisión e indicó que en horas tempranas de hoy lunes la oficializará ante el Congreso.

Mesa explicó su disposición en transmisión especial por las emisoras de radio y televisión, en discurso que fue asimismo un ataque frontal contra la irresponsable oposición que lidera Morales. Después de señalar que no continuaría gobernando «en función de las locuras que me plantee cualquier sector», el presidente renunciante increpó así a su oponente: «Evo Morales, con quien he hablado muchas veces y le he explicado detalladamente esta realidad, tiene mucha facilidad para salir a bloquear Bolivia, porque eso es muy cómodo. Honorable Evo Morales, es muy cómodo bloquear Bolivia, es muy fácil bloquear Bolivia. Venga usted a gobernar y verá lo que es la administración, la responsabilidad de un hombre de Estado. Usted, honorable Evo Morales, es el jefe de la oposición, ya no puede permitirse el lujo de salir a las calles como un dirigente sindical».

Al explicar su determinación Mesa indicó: «»No estoy dispuesto a matar y le debo decir algo bien clarito: no voy a poner a las Fuerzas Armadas, ni a la Policía a desbloquear».

Al cierre de la ruta principal entre Cochabamba y Santa Cruz, iniciado hace una semana, se ha interrumpido la comunicación carretera entre el oriente y el occidente del país. También han sido puestos bajo sitio algunos de los campos petroleros bolivianos, en especial los operados por la empresa Chaco, subsidiaria de British Petroleum. A esto se suma otra interrupción, en este caso en la población de El Alto, cercana a La Paz, impidiendo el cruce de pasajeros y carga desde la capital al resto del país y hacia los vecinos Perú y Chile. Para el día de hoy Morales había anunciado otro bloqueo en el departamento de Cochabamba.

¿Cuál es la justificación esgrimida por el MAS boliviano para asfixiar a sus conciudadanos? En el caso de El Alto el pretexto blandido por un grupo distinto al de los cocaleros—dirigentes vecinales—es la exigencia de expulsión de la compañía francesa Suez, empresa que administra el servicio de agua al pueblo en cuestión y también a La Paz, en protesta iniciada el miércoles pasado por las tarifas cobradas por el suministro. En cambio, el movimiento más amplio de los cocaleros se presenta como exigencia al Congreso, para que apruebe la proposición del MAS de incluir en la nueva ley de hidrocarburos un impuesto de regalías de 50% a las compañías petroleras foráneas.

Esta propuesta había sido ya discutida y rechazada en el parlamento de La Paz, y en su lugar se había mantenido la tasa de 18%, pero añadido un nuevo impuesto de 32% a la producción de hidrocarburos. Comoquiera que Evo Morales no fue complacido en sus deseos, optó por la siembra del caos, con la técnica del chantajista o el gángster: «Si no me das por las buenas lo que quiero, te lo quitaré por las malas». Podemos suponer que Morales llamará a eso democracia. De hecho, declaró cínicamente a emisoras de radio lo siguiente: «Las comunidades van saliendo a tomar caminos, no porque quiera Evo Morales ni el MAS. sino ya es un sentimiento nacional, un interés nacional, un pensamiento del pueblo, de que la Cámara de Diputados debe aprobar 50 por ciento de regalías para el Estado».

Apartando el efecto político, y la grave disrupción generada por los bloqueos, la incertidumbre causada sobre cuál será finalmente la legislación boliviana respecto de actividades petroleras y de producción de gas—todavía no ha sido discutida en el Senado—descarrila totalmente el esquema de negocios elaborado pacientemente por Bolivia, que esperaba concretar importantes acuerdos en materia gasífera con Perú, Argentina y Brasil.

La situación es incierta. Por una parte, el Congreso podría desestimar la dimisión de Mesa, forzándole así a permanecer en el cargo que asumió hace diecisiete meses y debía entregar en 2007. (En agosto). En cambio, de aceptar el parlamento la renuncia, el encargado de la Presidencia sería el Presidente de su cámara alta, Hormando Vaca Díez.

Por otro lado, no han dejado de producirse manifestaciones a favor de Carlos Mesa. Al conocerse sus intenciones, centenares de paceños se agolparon en la Plaza de Murillo, justo enfrente del palacio de gobierno, así como en la céntrica zona de El Prado. Para hoy varias organizaciones de vecinos convocaron a más amplias manifestaciones de apoyo al exigido presidente.

Pero este movimiento contrario, del que falta conocer la magnitud que asumirá y cuán popular sería, se produciría dentro de una ciudad asediada, prácticamente paralítica, bloqueada en sus comunicaciones habituales. Si Morales se sale con la suya, es muy difícil imaginar que pueda impedírsele la toma del poder, con lo que un violento demagogo—éste sí de estirpe chavista—interrumpiría, tal vez por mucho tiempo, la sensatez y la inteligencia que Carlos Mesa había impreso a los asuntos bolivianos desde que echara sobre sus hombros la responsabilidad de sacar al país de una delicada crisis. Muy mala noticia sería para los bolivianos. Morales no es Tabaré Vásquez. Por esto, lamentablemente, la determinación tomada por Carlos Mesa no es signo de su fortaleza política, menos cuando dijo a Morales en su alocución: «Tenga tranquilidad porque aquí no van a haber muertos bolivianos ni en mi espalda… siéntase cómodo y bloquee».

Como para demostrar que es en realidad un clon de Chávez, Morales había dicho—después de que nuestro mandatario hubiera declarado que el 12 de octubre debía tenerse por el comienzo de un genocidio de cinco siglos, y justo a la asunción de Mesa a la Presidencia de Bolivia—que estaba pensando en demandar por daños y perjuicios de 500 años al gobierno de Aznar en España. En aquel entonces esta carta emitió la siguiente opinión: «Por las primeras declaraciones del nuevo presidente Mesa pudiera pensarse que tal vez Bolivia represente el regreso del péndulo de la barbarie a la civilización. En su primera alocución arrancó los más nutridos aplausos de las bancadas partidistas del congreso boliviano al anunciar que compondría su gabinete prescindiendo de los partidos, con puros independientes. Expuso que su gobierno debiera ser entendido como transición breve, mostrándose dispuesto a convocar elecciones para fecha anterior a la conclusión del período que le toca. Remitió al referendo popular cuestiones de economía del Estado que han dividido a la población. Y no dejó de advertir que el Estado boliviano no puede satisfacer todas las necesidades que la población exprese. Por esto hay que apostar al éxito de Mesa». Es triste registrar que el péndulo de La Paz parece haberse devuelto, como en el fondo hacen todos los péndulos.

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LEA #127A

LEA

Justamente—¿oportunamente?—al lado de la atribulada Bolivia, en Perú, el vicepresidente venezolano, José Vicente Rangel, concedió una de sus más desafiantes e inconsistentes entrevistas. (Al periodista Ricardo Uceda, del diario El Comercio de Lima). Por supuesto, repitió como urraca parlanchina la novísima teoría de Chávez el Supremo: la nebulosa ideológica del «socialismo del siglo XXI», que ni ellos mismos saben qué es, dado que por propia admisión no saben en qué consiste y dicen que habría que inventarlo.

Pero quiero enfatizar lo de la inconsistencia. En un momento de la retadora interviú, Rangel dice lo siguiente: «Una periodista, que escribe en el diario El Nacional, ahora sometida a proceso, Ibéyise Pacheco, publicó una columna en la que decía: en la sala del Consejo de Ministros la noche tal, se reunieron el presidente Chávez el vicepresidente Rangel, los ministros de Educación, de Trabajo, y varios jefes militares, y acordaron el asesinato de dirigentes políticos. Yo tengo la grabación, decía ella. Bueno, nosotros exigimos al Ministerio Público que presentara la grabación. Es lógico, ¿verdad? Tú entiendes que si a una persona se la acusa de haberse reunido mafiosamente para asesinar a opositores y, además, tiene la grabación, lo mínimo que se puede hacer es presentar esa prueba ante el Ministerio Público».

Para ese instante había aparentemente olvidado que el entrevistador había comenzado por preguntarle sobre el tema del magnicidio contra Chávez, suscitándose el siguiente diálogo:

Hugo Chávez dijo que tiene pruebas de que Estados Unidos lo intenta matar. ¿Cuáles son?

Primero, solicitar pruebas es un sofisma.

Pero han dicho que tienen pruebas. Se supone que, al decirlo…

Las pruebas son materia de seguridad, de inteligencia. No se pueden estar discutiendo.

Pero, si se mostraran, tendría mayor fuerza la denuncia.

Creo que la mayor prueba es el cadáver. Esa es la prueba plena. Preguntémosles por las pruebas a los chilenos, a los salvadoreños, a los guatemaltecos, a los dominicanos.

Etcétera. Ofrezco excusas por no repetir la trillada y pavosísima frase esa de pavos y de salsas, pero es evidente que al igual que con sus particulares guerras, los más altos funcionarios de nuestro gobierno emplean una lógica también asimétrica. (Además de inculta, porque lo que Rangel llama sofisma no tiene nada que ver con lo que esa palabra significa).

Claro, magnánimo, Rangel también declaró en Lima: «Yo quisiera ayudar a construir una oposición. Uno de los problemas de este gobierno es que hemos carecido de una oposición». Esto, después del cinismo de afirmar que ni Isaías Rodríguez, ni Clodosvaldo Russián eran chavistas, sino independientes, como nuestro Poder Judicial, y que Germán Mundaraín no tenía «ninguna afinidad política ni ideológica con el gobierno». Un descaro asqueroso.

LEA

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