por Luis Enrique Alcalá | Nov 10, 2005 | Cartas, Política |

Les gens que vous tuez se portent assez bien. («La gente que usted mata está bastante bien»). Así escribió Corneille en El mentiroso, y parece ser de esa frase que proviene la española «Los muertos que vos matáis gozan de buena salud». Ésta ha sido atribuida, erróneamente, al Tenorio de Zorrilla miles de veces; algo menos, también equivocadamente, a Cervantes. Igual pasa con una frase que Hugo Chávez, en su alegre barniz de erudición, gusta de repetir atribuyéndola a Don Quijote: «Ladran, Sancho, señal que cabalgamos». En ninguna de las partes de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha es posible encontrar tal declaración. En cambio, se encuentra en el diálogo de Don Quijote, película de Orson Welles estrenada en 1992, año del Quinto Centenario del Descubrimiento y el fracasado alzamiento de Chávez, lo que tal vez explique la fijación de éste con la frase.
En todo caso, el irónico concepto de Corneille, con ironía recrecida en castellano, se aplica perfectamente al presidente Chávez, quien anunció que sería enterrado el ALCA en Mar del Plata, y que dijera: «En la historia de Sudamérica habrá que hablar en el futuro antes de Mar del Plata y después de Mar del Plata. Ayer ocurrió un evento único, histórico e irrepetible que jalona el nuevo camino, la nueva historia para los pueblos del sur. El ALCA está muerto». También se vanaglorió: «De la cumbre me llevo el sabor de la victoria, el sabor a miel de la victoria. El gran derrotado es Bush. Se fue silencioso, con el rabo entre las piernas». Y también describió la resistencia de los cuatro países del MERCOSUR (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) más Venezuela como «una esgrima de cinco mosqueteros».
Pero la verdad es que el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) no ha fallecido, por lo que difícilmente pudiera habérsele enterrado. (A menos que se pretenda hacerlo mientras vive, como se asegura, otra vez falazmente, que ocurriera con el actor mexicano Joaquín Pardavé). La declaración final de la IV Cumbre de las Américas, aunque reconoce diferencias en el seno de los participantes sobre el tema, reconoce igualmente su compromiso con el ALCA. He aquí el texto pertinente de la Declaración de Mar del Plata:
«19. Reconociendo la contribución que la integración económica puede efectuar al logro de los objetivos de la Cumbre de crear trabajo para enfrentar la pobreza y fortalecer la gobernabilidad democrática:
Algunos miembros sostienen que tenemos en cuenta las dificultades que ha tenido el proceso de negociaciones del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), y reconocemos la contribución significativa que los procesos de integración económica y la liberalización del comercio en las Américas pueden y deben aportar al logro de los objetivos de la Cumbre de crear trabajo para enfrentar la pobreza y fortalecer la gobernabilidad democrática. Por ello, mantenemos nuestro compromiso con el logro de un Acuerdo ALCA equilibrado y comprensivo, dirigido a la expansión de los flujos comerciales y, en el nivel global, un comercio libre de subsidios y de prácticas que lo distorsionen, con beneficios concretos y sustantivos para todos, teniendo en cuenta las diferencias en los niveles de desarrollo y tamaño de las economías participantes y el tratamiento especial y diferenciado de las economías mas pequeñas y vulnerables. Participaremos activamente para asegurar un resultado significativo de la Ronda de Doha que contemple asimismo las medidas y propósitos del párrafo anterior. Continuaremos promoviendo las prácticas y actividades establecidas en el proceso del ALCA, que garanticen la transparencia y promuevan la participación de la sociedad civil.
Instruimos a nuestros responsables de las negociaciones comerciales a reanudar sus reuniones en el primer semestre de 2006, para examinar las dificultades del proceso ALCA, a fin de superarlas y avanzar en las negociaciones, de acuerdo con el marco adoptado en Miami, en noviembre de 2003. Asimismo, instruimos a nuestros representantes en las instituciones del Comité Tripartito a que continúen asignando los recursos necesarios para apoyar la operación de la Secretaría Administrativa del ALCA.
Otros miembros sostienen que todavía no están dadas las condiciones necesarias para lograr un acuerdo de libre comercio equilibrado y equitativo, con acceso efectivo de los mercados libre de subsidios y prácticas de comercio distorsivas y que tome en cuenta las necesidades y sensibilidades de todos los socios, así como las diferencias en los niveles de desarrollo y tamaño de las economías.
En función de lo expuesto hemos coincidido en explorar ambas posiciones a la luz de los resultados de la próxima reunión ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC). A tal efecto el gobierno de Colombia realizara consultas con miras a una reunión de responsables de negociaciones comerciales».
Es decir, Chávez miente, y por eso le es doblemente aplicable la frase de Corneille en Le menteur.
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Hubo, sí, en Mar del Plata, un espectáculo para 50.000 personas, entre cuyas estrellas estuvieron, además de Chávez, la muy desacreditada Hebe Bonaffini, el gordo cocainómano de Diego Maradona y el líder cocalero Evo Morales. (Consumidor y suplidor, demanda y oferta, pues). El encuentro estuvo pensado (y financiado) no tanto para oponerse al ALCA como para exaltar a Chávez. No sólo las banderas que flanqueaban el proscenio tenían las efigies del Che Guevara y Chávez, sino que éste mismo quiso sugerir, con un abominable juego de palabras parecido al del «método Chaaz», una «alianza contra el hambre» o ALCHA, cuando es evidente que propone tan poco eufónica fórmula porque incluye la primera sílaba de su apellido.
Con los reales gastados en el espectáculo, al que por supuesto ningún otro de los presidentes de la cumbre asistió, hasta Alejandro Peña Esclusa hubiera reunido 100.000 personas. Por lo demás, esta adulación transnacional no es única: hace nada que El Universal reportaba que, por iniciativa del emeverrista Luis Rafael Díaz Laplace, el Parlamento Andino había abierto un concurso para murales que resalten «la figura del presidente Hugo Chávez dentro de la Integración Latinoamericana». (Díaz Laplace es el Vicepresidente de la Cuarta Comisión del Parlamento Andino, que se ocupa de Asuntos Económicos, de Presupuesto y de Contraloría de los Órganos del Sistema Andino de Integración y de Turismo. Es decir, tiene que ver con viajes y reales. Los premios: 5 millones de bolívares al primer lugar, 3 al segundo, 2 al tercero. No se aceptarán proposiciones cuyas dimensiones sean inferiores a 2 metros de largo por 1,5 metros de alto).
Pero mientras la farándula revolucionaria tenía su día en Mar del Plata, Vicente Fox lograba reunir—con algunas presiones—a veintinueve países dispuestos a sumarse al ALCA. Son veintinueve guardias del cardenal contra cinco mosqueteros. El Presidente de México, naturalmente, fue criticado en su propio país por sus opositores de izquierda. López Obrador, por ejemplo, indicó que sentía «pena ajena» con la actuación de Fox en Argentina, la que no se reduce a la alineación de posibles remisos con el ALCA, sino que no ceja en una contra a Petrocaribe, que presenta como segunda fase del Plan Puebla-Panamá (PPP): «un plan de integración energética con Centroamérica que demandará una inversión de 7.500 millones de dólares e incluye la construcción de una refinería. Además de avanzar en lo contemplado en el PPP, ese programa busca aliviar la crisis que padecen los países de América Central debido a los altos precios internacionales de los combustibles». (EFE, AP).
Ni tampoco cree Lula que el ALCA está muerto y enterrado, puesto que conversa con su interlocutor a invitación suya y promete » continuar con los esfuerzos para promover la liberalización del comercio» y reafirma «su compromiso con el proceso del ALCA». Lula quería negociar con Bush bilateralmente, no dentro de un marco preestablecido para todos; por esto dijo que el ALCA no era un punto de la agenda de Mar del Plata. Brasil quería una ventaja, que lo sería también para Argentina: la reducción de los subsidios norteamericanos a sus agricultores. (Más las cosas que nunca se saben).
Por estas razones, medio chapeau para el presidente Bush. («Pero si Bush es capaz de aguantar el chaparrón que le espera en el sur del continente, y logra evitar su descalabro interno, habrá que quitarse el sombrero». Carta Semanal #162, 3 de noviembre de 2005). Para lo que le esperaba fue mucho lo que pudo lograr. No están muertos los muertos que Chávez entierra. Ni siquiera él mismo, las veces que se ha suicidado. Esta vez, con su lenguaje de peleón irredimible, quedó bastante aislado. Sus colegas entienden que no son suficientes ni su cheque de 10.000 millones de dólares (la tercera parte de nuestras reservas, en diez años) ni su percepción de que la gran contribución que puede dar es una pelea contra los Estados Unidos.
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Pero tampoco fue que Bush tuvo un resonado triunfo. En los Estados Unidos perciben la cumbre como otro fracaso, y es allá donde tal vez no logre «evitar su descalabro interno». The New York Times editorializa así: «Después de la desastrosa visita del Presidente Bush a Latinoamérica, es enervante darse cuenta de que su presidencia todavía tiene más de tres años por transcurrir. Ya sería suficientemente duro en el frente doméstico vivir con una administración sin agenda y sin competencia, pero el resto del mundo simplemente no puede darse el lujo de un gobierno americano tan malo por tanto tiempo». Es difícil concebir una cosa más pesada dicha a un presidente norteamericano. Ése es el nuevo temporal que Bush debe capear: salió de Wilma en Mar del Plata para enfrentar en Washington a Katrina. Ahora todo dependerá de la fortaleza de sus diques políticos.
El tema candente es Irak y los métodos norteamericanos para tratar a prisioneros que los Estados Unidos califican como terroristas. Y es ahora la Corte Suprema de Justicia la que entra de lleno en el asunto: ha acordado decidir sobre la legalidad de esos métodos. Bush ha sostenido que lo atinente a la detención, la interrogación, el juicio y el castigo a los sospechosos de terrorismo son asuntos que él debe decidir en tanto comandante en jefe. Ahora se sabrá cuánta falta le hace a Bush tener a Harriet Miers en la Corte Suprema.
Ahora bien, Bush acaba de declarar que los Estados Unidos no torturan. ¿Entonces qué significan las prácticas en Abu Ghraib y Guantánamo? ¿Entonces para qué son necesarias prisiones ocultas—black sites—en unos cuantos países? ¿Entonces por qué Dick Cheney busca que la CIA sea exceptuada de una prohibición de la tortura que un senador republicano propuso? ¿Por qué quiso el gobierno estadounidense que sus funcionarios no pudieran ser llevados a los tribunales internacionales de justicia? Si algo está muy establecido en esta guerra de Irak, y su subsecuente ocupación, es que la tortura de los prisioneros ha sido permitida reiteradas veces.
Por tanto, Bush miente; il est un autre menteur. Y si hay algo que el pueblo norteamericano detesta es la mentira. Hasta donde se supo, ya más de la mitad de los norteamericanos pone en duda la integridad de su Presidente.
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por Luis Enrique Alcalá | Nov 10, 2005 | LEA, Política |

El cardenal Castillo Lara no se quedó con la advertencia de Monseñor Urosa, quien pareció referirse a sus recientes actuaciones políticas al sentenciar la semana pasada: «Los sacerdotes, sea cual sea nuestro rango, no debemos participar en ninguna parcialidad política, aunque tengamos nuestras simpatías». Aludiendo a doctrina vaticana respondió: «El Concilio Vaticano Segundo dice claramente que siempre y en todo caso tiene la Iglesia derecho a predicar la fe y a ejercitar su misión, juzgando también las cosas que se refieren al orden político cuando ello sea exigido por los derechos fundamentales de las personas y por la salvación de las almas».
El problema es que el cardenal ha ido más allá del juicio de cosas que se refieren al orden político—sobre la base de que esto sería exigido por los derechos fundamentales de las personas venezolanas—hasta la prescripción de acciones específicas, como su recomendación de acogerse al artículo 350 de la Constitución. Es allí donde cruza la raya.
No es que el cardenal no tenga pleno derecho, en tanto ciudadano, a asumir una posición política y ser, incluso, activista de su causa. El punto es que entonces no puede serlo en tanto sacerdote, y no puede entonces aducir a favor de la causa el juicio o la doctrina de la iglesia. Eso es lo que claramente le ha dicho la Conferencia Episcopal Venezolana: que por muy respetado que sea, cuando anda en los menesteres que anda no habla por la iglesia.
Todo el mundo sabe, evidentemente, que la iglesia no se conforma con tan canónica asepsia. Son innumerables los ejemplos de intervención eclesial—algunos precisarían: de eclesiásticos—en muy terrenos asuntos políticos, y bastante más allá de unas declaraciones a la prensa o una alocución ante un grupo. Tal cosa ocurre, por otro lado, desde bandos enfrentados. Así como hubo Castillo Lara y Velasco, ha habido Leonardo Boff y Ernesto Cardenal.
Lo cierto es que la coincidencia de la Conferencia Episcopal, el Nuncio Apostólico y ahora el Arzobispo de Caracas, parece confirmar que la iglesia católica venezolana no quiere—ni tampoco la Santa Sede—seguir una línea de confrontación con el gobierno de Chávez. Allá el ciudadano Castillo Lara con sus cosas.
Por cosas parecidas Bolívar, el que Chávez desconoce, no quería que los militares fueran deliberantes. Y como los militares, los eclesiásticos tienen demasiada fuerza a su favor. Los antiguos bellatores, los señores de la guerra, la mayor capacidad de violencia; los oratores ciertos graves poderes divinos, como el anatema. La política común debiera ser incumbencia de los laboratores.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Nov 8, 2005 | Fichas, Política |

LEA, por favor
El 19 de agosto de 1998, hacia la recta final de la campaña electoral de ese año, escribí un artículo para su publicación en el diario La Verdad de Maracaibo, fundado y liderado por Don Jorge Abudei, empresario de gran gentileza y grata remembranza. Para el título escogí El efecto Munich. Seguramente se conjugaron en algún recoveco de mi cerebro la expresión «síndrome de Estocolmo», que alude al enamoramiento de las víctimas de un secuestro hacia sus captores, con la tragedia de las Olimpíadas de Munich, el terrible acto terrorista televisado planetariamente.
Pero el artículo no trataba de ninguna de estas cosas, sino de establecer una analogía con la blandenguería de los líderes de las democracias europeas ante Hitler en 1938 que, reunidos con el tirano alemán y el italiano, consintieron en las demandas del primero contra Checoslovaquia. Creo que se trató de la primera vez que se estableciera en público una afinidad entre Adolfo Hitler y Hugo Chávez, unos meses antes de que este último comenzara a mandar en Venezuela.
En realidad escribía estupefacto por la ceguera de algunos importantes hombres de negocios venezolanos que, creyendo congraciarse con quien poco después resultaría electo a la Presidencia de la República, contribuyeron financieramente con su campaña al suponer que así compraban un salvoconducto. Entre ellos hubo quienes probarían muy temprano el mortal agradecimiento de Chávez. Luego reincidirían en la estupidez, auspiciando dos años más tarde la candidatura de otro golpista, Francisco Arias Cárdenas, porque en su superficial ocurrencia estratégica, nada mejor para hacer el trabajo de desalojar a Chávez del poder que «una cuña del mismo palo».
La Ficha Semanal #71 de doctorpolítico reproduce íntegramente el texto del breve artículo, a la memoria de Don Jorge Abudei, quien me honró con su amistad y me invitó a escribir en las páginas de su periódico.
LEA
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El efecto Munich
Muy cerca nos encontramos del sexagésimo aniversario de uno de los más vergonzosos pactos políticos de la historia mundial. El 30 de septiembre de 1938 se firmó en la ciudad alemana de Munich un acuerdo entre los gobiernos de Inglaterra, Francia, Italia y Alemania para consagrar, a espaldas del pueblo y el gobierno de Checoslovaquia, una amputación de población y territorio exigida por Adolfo Hitler, concedida por Chamberlain y Daladier, con el beneplácito de Mussolini, el líder de la Italia fascista. Por el acuerdo se concedía a la Alemania nazi el territorio de los sudeten, pobladores de Checoslovaquia de habla alemana.
La ceguera de los líderes occidentales ostentaba proporciones rayanas en la estupidez. Hitler acababa de «anexarse» a Austria, luego de una muy bien preparada campaña de terrorismo y amedrentamiento y había violado expresas prohibiciones del Tratado de Versalles con la remilitarización de la Renania y la reconstrucción de una fuerza aérea ofensiva que, ante los ojos del mundo, fue exhibida cruel y desvergonzadamente durante la Guerra Civil Española en 1937 y cuyas atrocidades proveyeron las atribuladas imágenes que el genio malagueño plasmó en el lienzo de Guernika.
A pesar de estas inconfundibles señales, Hitler se salió con la suya. Ya el solo hecho de que la apresurada conferencia se celebrase en suelo alemán era un signo clarísimo de la debilidad o la falta de carácter de los gobernantes inglés y francés. Un angustiado Edvard Benes, el presidente de Checoslovaquia, sufrió la humillación de hacer larguísima antesala sin que nunca se le permitiera entrar al quirófano de Munich, en el que los cirujanos de cuatro países más poderosos cercenaban una extensa porción de su república. Al culminar la quirúrgica cumbre Neville Chamberlain, el primer ministro inglés, abordó su bimotor Lockheed y regresó a Inglaterra. Descendió del aeroplano agitando su copia del acuerdo y ante una multitud aliviada indicó orgulloso que la reunión aseguraba largos años de paz para Europa, pues tenía la palabra de Hitler: «Never to go to war with one another again». El acuerdo no llegó a cumplir siquiera un año: luego de otras astucias y duplicidades, Hitler invadió Polonia el 1º de septiembre de 1939. Fue sólo después de este injustificado acto de agresión que Francia e Inglaterra despertaron a la realidad: el 3 de septiembre se daba inicio a la II Guerra Mundial, con la declaración de hostilidades inglesa y francesa. La pusilánime transacción de Munich dejó como saldo seis años de guerra y más de cincuenta millones de cadáveres.
A escalas menores, pero no por eso menos preocupantes para nosotros, el efecto Munich empieza a hacer estragos en algunos empresarios y banqueros venezolanos y en algunos de sus consejeros, que atemorizados por lo que las encuestas de opinión registran respecto de la intención de voto—por ahora—han comenzado una cobarde capitulación ante la candidatura de Hugo Chávez Frías. Así, le adulan recomendándole un cambio de imagen y le compran decenas de trajes de precio millonario de un conocido sastre caraqueño; le ofrecen cenas íntimas quienes se dicen «hombres de números» que deben hacer caso de las encuestas; le entregan millones de bolívares; le ponen a su disposición aviones que lo trasladen en sus giras. He escuchado de labios de algún abogado que se mueve en «los mejores círculos» la peregrina idea de que hay que acercarse a Chávez con una «bolsa de real» y ofrecérsela a cambio de que consienta en nombrar tales y cuales ministros que asegurarían que el inefable sector privado venezolano permaneciese intocado. He oído que no hay que preocuparse mucho por Chávez porque él no querría tanto gobernar desde Miraflores como vivir en La Casona, y que por eso sería susceptible a la adulación que le domesticaría.
Y esa actitud no es menos ingenua que la de Chamberlain y Daladier. Como Hitler con el tristemente célebre putsch de la cervecería, Chávez marcó su origen político con un fracasado intento de tomar el poder por la fuerza. Como Hitler con sus camisas pardas, Chávez ha organizado fuerzas de choque a las que ha juramentado para combatir en caso de que su «inevitable» triunfo electoral le sea desconocido. Como Hitler ante el envejecido Hindenburg, ha querido adelantar las elecciones presidenciales para recortar el período de nuestro anciano presidente.
Los timoratos ricachones que pretenden salvarse de una previsible degollina chavista están ellos mismos anudándose la soga al cuello. Que sepan que entre los más íntimos colaboradores de Chávez se cuentan quienes opinan que «este país se arregla con tres mil entierros de primera clase».
Luis Enrique Alcalá
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por Luis Enrique Alcalá | Nov 3, 2005 | Cartas, Política |

Mi padre coleccionaba laboriosa y avaramente sus libros, a los que consideraba su verdadera fortuna. También tenía especial aprecio por su colección de Selecciones del Reader’s Digest, en la que podía encontrarse la propaganda de los fabricantes de armamentos, pues la había iniciado durante la Segunda Guerra Mundial. El Lightning P-38 de Northrop, el Corsair F4-U de Chance-Vought y el P-39 Airacobra de Bell estuvieron entre los aviones vendidos en las páginas de Selecciones, y no podía faltar en cada número algún reportaje épico de la guerra, en el que las fuerzas norteamericanas—en menor medida las inglesas—triunfaban heroicamente.
Siempre la continuó aumentando, así que pude leer números de la inmediata posguerra, con sus consabidas viñetas, anécdotas y chistes. Uno de ellos siempre me pareció ingenioso: cunde el pánico en la Casa Blanca, el Departamento de Estado y la Junta de Jefes cuando los Estados Unidos reciben un pedido de la Unión Soviética, por cien mil gruesas de profilácticos de doce pulgadas. Tras dos o tres días de desconcierto se decide cumplir el pedido fielmente. En cada envoltorio individual irá impresa, en destacadas letras, la palabra Medium. Eran cosas de la Guerra Fría.
Recordé el cuento al saber que el primer funcionario Chávez había amenazado a los Estados Unidos una vez más: después de denunciar que éstos entorpecían el suministro de repuestos a los Gavilán Combatiente (Fighting Falcon F-16 de Lockheed-Martin) venezolanos, sugirió que pudiera enviar (vender, prestar, donar) algunos aviones de ésos a Cuba o a China.
No es de esperar que haya cundido el pánico en ningún estamento gubernamental norteño con esa declaración de intención. Tan sólo un comentario del embajador Brownfield acerca de una obligación contractual de consultar con su gobierno el envío de F-16 a terceros países. Nuestro gobierno aduciría, probablemente, que también es una obligación contractual la de suplir los repuestos requeridos, así que lo que es igual, un incumplimiento de contrato, no es trampa. (Si China quisiera averiguar todo sobre los F-16 ¿no serían suficientes 900 mil millones de dólares en reservas internacionales para obtener la información sin ayuda de Venezuela?)
Tampoco es de esperar que ambos presidentes terminen de reunirse en Mar del Plata, para la Cumbre de las Américas. No sería muy cómodo exponer al Presidente de los Estados Unidos a reclamos en esa dirección, o tal vez a recriminaciones más duras. Chávez ya debe saber, como reporta anteayer William M. Arkin, lo siguiente:
«El Pentágono ha iniciado planes contingentes para un potencial conflicto militar con Venezuela, como parte de una amplia evaluación post Irak de las amenazas estratégicas contra los Estados Unidos. Esta planificación ha sido precipitada por instrucciones generales y específicas giradas por el secretario de defensa Donald Rumsfeld y sus asistentes civiles de política. Documentos internos asociados con la Revisión Cuadrienal de Defensa en 2005 (QDR) y la preparación del plan de defensa futura para los años fiscales 2008-2013, identifican cinco ‘países-amenaza’ específicos en tres grupos que requieren planificación de ‘pleno espectro’. El primer grupo incluye a Corea del Norte e Irán, ambos justificados porque estarían involucrados en el desarrollo de armas de destrucción masiva. A China se la clasifica como ‘creciente par competidor’ y amenaza de mañana. Siria y Venezuela aparecen como ‘naciones forajidas’.»
Chávez pudiera enrostrarle a Bush esa «comprobación» de que los Estados Unidos planifican una invasión a Venezuela, cuando a juzgar por la información pudiera tratarse de una clásica profecía autocumplida, dado que la planificación en ese sentido ha recién comenzado. Chávez habría inducido la materialización de lo que ha venido denunciando.
Probablemente tal cosa dependa de si Chávez asiste no sólo a las sesiones de la cumbre oficial de mañana y pasado mañana sino a las de la paralela «cumbre de los pueblos», a la que ha sido anunciado junto con Evo Morales y Diego Maradona. Quizás dependa de si sólo tiene un encuentro fugaz con Bush en algún pasillo o el patio de fotografías. Si Chávez se atiene al protocolo de un presidente convencional, puede que se conforme con su objetivo estratégico fundamental: el «entierro» del ALCA. Pero si Chávez no aguanta la tentación teatral de hablar en el acto de protesta, y la cancillería de Kirchner no es capaz de «amarrar al loco», podemos tener la seguridad de que aprovechará para meter el dedo en las llagas de Bush, que no son pocas.
Para empezar, Bush va a territorio emocionado en su contra. El diario bonaerense Página 12 dio cuenta de una encuesta con 60% de argentinos que desaprueban la visita de Bush y la diseminación del American way of life, sobre todo «después de las imágenes de pobreza y discriminación racial vistas durante la destrucción que el huracán Katrina causó en Nueva Orleáns».
Por otra parte, Bush llegará seriamente averiado a Mar del Plata—y con no mucha plata que ofrecer—después de la pesadilla de su más reciente semana. Casi no hay medio de comunicación en el planeta, especialmente en los Estados Unidos, en el que no se enumere la baja número 2.000 en Irak, la renuncia de Harriet Miers y la acusación a Lewis «Motoneta» Libby, el conspicuo asistente del vicepresidente Cheney por asuntos que en último término tienen que ver con las razones aducidas por el gobierno estadounidense para justificar su invasión de Irak. Desde el Christian Science Monitor hasta el Wall Street Journal, los grandes periódicos norteamericanos analizan la viabilidad de la presidencia de George W. Bush. Horas antes de su partida hacia el sur, habrá leído en el Washington Post el descubrimiento de centros secretos de detención de gente calificada como terrorista operados por la CIA, en países democráticos de Europa oriental, Afganistán y Tailandia. (Unos treinta prisioneros en estos «sitios negros» en un total de ocho países, son mantenidos en aislamiento, no tienen representación ni gozan de derechos legales reconocidos ni pueden comunicarse con personas que no formen parte del personal de la agencia de inteligencia norteamericana).
Si tales cosas no fueran suficientes, los senadores demócratas llamaron la atención del mundo sobre el creciente cuestionamiento a Bush en torno a la guerra en Irak, al convocar a una sesión a puertas cerradas del Senado para molestia de los senadores republicanos, que no pudieron impedir la táctica. Los mismos senadores demócratas le han organizado una despedida calurosa, al señalar que su negligencia hacia América Latina y sus necesidades habría dejado un vacío que Chávez no ha tardado en llenar con sus ofertas petroleras a la región, que hace no mucho fueran elogiadas por Dominique De Villepin. (Quien ahora no sabe que hacer para controlar serios y crecientes desórdenes—seis días llevan ya—en las zonas parisinas de mayor densidad de musulmanes).
El mismo Bush ha debido admitir en una entrevista concedida la víspera de su partida que las negociaciones a favor del tratado continental de libre comercio se han «estancado». Por su lado, el Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, ve difícil algún progreso en esa dirección durante la cumbre en tierras argentinas, lo que significará la ausencia de una postura americana unificada para la inminente cita en Doha de la Organización Mundial del Comercio. La agencia cubana Prensa Libre se atreve a más, al aludir a fuentes cercanas a la reunión sureña que ven peligrar incluso su objetivo ostensible: la creación de «empleos decentes» para enfrentar la pobreza y fortalecer la «gobernabilidad democrática».
No parece, pues, escampar para el atribulado presidente Bush, a quien ya se le ofrecen tres consejos para salvar su asediada administración: reconocer errores, cambiar su gabinete—¿Rice por Greenspan?—y rectificar políticas. Está por verse que esto sea política o psicológicamente transitable para el mandatario más poderoso del planeta.
Entretanto, su ambiente no cesa de enrarecerse, tanto en el flanco doméstico como en el internacional. Esta debilidad creciente es lo que habrá percibido el Chávez iraní, el presidente Mahmoud Ahmadinejad, que en retórica tan agresiva como la que atizó la Guerra de los Seis Días en 1967, declaró que Israel debía ser borrado del mapa, atreviéndose a tal gravedad justamente en momentos cuando Irán arriesga sanciones por su terca independencia en materia nuclear. (No es que el atronado presidente iraní represente la opinión unánime de sus compatriotas. Una pieza satírica producida en Irán encontró espacio en Internet: «En un golpe estratégico maestro nuestro presidente ha roto el nuevo orden mundial unipolar y creado un mundo bipolar. Ahora está Irán de un lado, y Europa, América, Asia, África y Oceanía del otro en nuestra contra».)
Para nuestra propia circunstancia nacional un importante descalabro del gobierno estadounidense en la Cuarta Cumbre de las Américas nos reportará un Chávez más locuaz y presuntuoso que nunca. Regresará con cenizas del ALCA en un puño, desenlace nada improbable que marcaría la tercera derrota norteamericana en el dominio de la diplomacia continental, luego de que fracasara sucesivamente al tratar de imponer un candidato distinto a Insulza en la OEA y luego un mecanismo de «monitoreo de la democracia», visiblemente pensado para lidiar con el «problema Chávez».
El semanario canadiense Embassy percibe como inevitable la confrontación Bush-Chávez: «Los dos más divisivos, y en consecuencia los dos más acaparadores de atención entre los asistentes serán el Presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, y el de Venezuela, Hugo Chávez. Ambos estuvieron presentes en la Cumbre de Québec en abril de 2001, pero mucho ha cambiado desde entonces. El Sr. Bush, ahora en su segundo período, ha conducido una política exterior estadounidense que ha exacerbado extendidos sentimientos antinorteamericanos en todas partes, y en gran medida olvidado o descuidado a América Latina. El Sr. Chávez, con su inflamatoria retórica, ha capitalizado estos sentimientos y se ha posicionado como el líder de los desposeídos, mientras militariza su país y erosiona las instituciones democráticas». Es decir, la clásica pelea de perros de la que Canadá preferirá mantenerse distante.
Después de Mar del Plata el presidente Bush recalará en Brasilia y Panamá, pero es difícil que cualquiera de estas dos visitas pudiera disimular un sonado fracaso en Argentina. Regresará entonces a su país, donde toda cábala opositora estará exacerbada. Esta carta decía en su edición número 117 del 16 de diciembre de 2004: «Por ahora George W. Bush parece tan firmemente atornillado en el poder como Hugo Chávez, pero ¿quién sabe? Tal vez un país tan especial como los Estados Unidos encuentre a la vuelta de unos meses alguna razón para enjuiciarle (impeachment), quizás con ayuda de la FOIA». (Freedom of Information Act).
Pero si Bush es capaz de aguantar el chaparrón que le espera en el sur del continente, y logra evitar su descalabro interno, habrá que quitarse el sombrero. Ha anunciado que hará proposiciones concretas para la creación de un número significativo de empleos en América Latina—con un ingreso per cápita promedio de 3.000 dólares por año, contra 40.000 en Estados Unidos—pero no le bastará proponer maquilas para la producción local de millones de preservativos de talla regular. El único ALCA viable sería el de un acuerdo bilateral entre dos bloques más proporcionados: el norteño agrupado en NAFTA (EEUU, Canadá. México) ante el sureño que Chávez llama ALBA. Si los Estados Unidos quisieran retomar su extraordinario aporte civilizatorio, no tendrían mejor opción que propiciar, no impedir, la integración de América del Sur.
LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Nov 3, 2005 | LEA, Política |

El Arzobispo de Caracas no es la cabeza de la iglesia católica venezolana, aunque sí el más prestigioso, una suerte de primus inter pares, dado que cada obispo manda sobre su propio rebaño. Ni siquiera la Conferencia Episcopal de Venezuela manda efectivamente en el ámbito episcopal de las distintas diócesis y arquidiócesis del país.
El nuevo arzobispo caraqueño, Monseñor Jorge Urosa Savino, ha ido a hacer una visita de cortesía al presidente Chávez, poco antes de asumir su nueva función y su nueva grey. (El próximo sábado en acto solemne a realizarse en la Catedral de Caracas). Su preocupación fundamental: procurar la tranquilidad de los venezolanos.
La conversación entre ambos líderes consideró una mejor participación eclesiástica en los programas sociales del país. A este respecto Monseñor Urosa resaltó la experiencia de los sacerdotes y las monjas católicas, sobre todo en las barriadas caraqueñas. La iglesia católica de Venezuela tiene una larga trayectoria, nada despreciable, en estos menesteres. Igualmente, expresó su opinión acerca de los «muchos» puntos de encuentro entre el gobierno y la iglesia, así como aseguró que la actitud gubernamental y la de la institución a la que pertenece es la misma: buscar el entendimiento y la armonía, a pesar de «ciertas dificultades» que haya habido.
Pero no podía escapar a la curiosidad de los reporteros, a quienes declaró a la salida de la entrevista, la reciente notoriedad política del cardenal Rosalio Castillo Lara, quien se ha cuadrado con los proponentes de una desobediencia civil predicada sobre el mandato del artículo 350 de la Constitución. Urosa eludió la referencia específica, limitándose a expresar su afecto por el militante prelado. No dejó de añadir, sin embargo, una admonición de corte general: «Los sacerdotes, sea cual sea nuestro rango, no debemos participar en ninguna parcialidad política, aunque tengamos nuestras simpatías».
Más claro no canta un gallo; ni siquiera un cardenal, que es ave de agradable trino.
LEA
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