FS #123 – Crisis de comando

Fichero

LEA, por favor

En Venezuela era necesario un proceso constituyente, argumentó el suscrito durante todo el segundo gobierno de Rafael Caldera, porque el «sistema operativo» del Estado venezolano ya no daba más. Cuando un computador corre con un sistema operativo obsoleto, no se llega al más nuevo mediante apósitos puntuales, sino montando este último de una buena vez sobre el anterior. El asunto no podía lograrse con enmiendas o reformas.

Pero más de una voz respetable se pronunció en contra de la idea de una asamblea constituyente. Entre ellas estaba la del Dr. Arturo Úslar Pietri, quien recomendaba el empleo de otros expedientes para sortear la evidente crisis nacional. A una proposición suya de mediados de 1998, reiteración de fórmulas que expusiera en 1991, opuse el razonamiento de un artículo que escribí para El Diario de Caracas el 3 de julio de aquel año. De algún modo, el artículo reproducido aquí, en la Ficha Semanal #123 de doctorpolítico, desnudaba la vaciedad semántica del habitual discurso político, pleno de vaguedades que realmente no proponen nada.

En realidad esperaba que Rafael Caldera convocara a un referendo para consultar, como se hizo en 1999, por la conveniencia de elegir una asamblea constituyente. En criterio de quien escribe, una asamblea mejor normada, convocada por quien fuera tenido como el «padre» de la Constitución de 1961, habría sido mucho más justa y serena que la elegida en 1999, no poco llena de deseos de vindicta.

Pero el presidente Caldera desoyó el llamado, y ya sabemos cómo la Constituyente de 1999 incurrió ella misma en prácticas inconstitucionales, sobre la errónea tesis de que era una institución «originaria» y por tanto omnímoda. Así, neutralizó el Senado establecido en la Constitución de 1961 mientras ésta aún estaba en vigencia, antes de que fuese derogada. (Lo único originario en el poder público es el Poder Constituyente, esto es, el pueblo mismo).

Por esto pudimos escribir a fines de 1998: «Pero que el presidente Caldera haya dejado transcurrir su período sin que ninguna transformación constitucional se haya producido no ha hecho otra cosa que posponer esa atractriz ineludible. Con el retraso, a lo sumo, lo que se ha logrado es aumentar la probabilidad de que el cambio sea radical y pueda serlo en exceso. Éste es el destino inexorable del conservatismo: obtener, con su empecinada resistencia, una situación contraria a la que busca, muchas veces con una intensidad recrecida».

LEA

Crisis de comando

Cuando Eduardo Fernández, poco después del 4 de febrero de 1992, propuso la conformación de un consejo consultivo que dijera al Presidente Pérez lo que tenía que hacer, un periodista escribió: «En síntesis, el Dr. Fernández propuso que otros propongan». Esto es, él no tenía que proponer otra cosa que un deseo de que Venezuela llegara a tener una «economía humana».

Eso que dijo el Dr. Fernández es lo que dicen casi todos. Alfaro Ucero dice que «hay que pensar» sobre alternativas que no sean la renta petrolera y Sáez «puso a la orden sus economistas para aportar ideas». Salas Römer cree que las huelgas de algunos gremios han sido iniciadas para «rentabilizar» la situación. Chávez propone que se adelanten las elecciones presidenciales, sin que sepamos a ciencia cierta qué haría él si es electo, más allá de poner a pensar unos diputados constituyentes.

Úslar propone, por enésima vez, que quienes piensen conformen «un comando de crisis, de no más de diez ministerios, bien acoplado, formado por gente capaz, que convoque al país a un gran esfuerzo de salvación nacional» y que tiene que «emprender un plan muy sencillo e inmediato» que él llamaría de «salvación nacional». ¿En qué consiste ese esfuerzo? ¿En qué consiste ese «plan sencillo e inmediato? (Sencillo, inmediato, coherente, armónico, racional, moderno, creíble, etc.) Úslar no lo sabe o no lo dice. No lo ha dicho nunca.

Lo que sí hace es oponerse a la celebración de una asamblea constituyente. Dice que «es una de las soluciones mágicas que le presentan al país», que una constituyente no va a cambiar el país, que es una ilusión, que «eso es lo mismo que hemos tenido pero con otro nombre» y que lo que Venezuela necesita son «programas, planes y concepciones de futuro». Y en cambio propone que de un «comando de crisis» (otro nombre), va a salir un plan que él llamaría (otro nombre) «de salvación nacional», mágicamente.

La primera vez que Úslar propuso tan mágico remedio fue en diciembre de 1991, a unos dos meses antes de la intentona de Chávez, y propuso que fuera Carlos Andrés Pérez quien se pusiera al frente de un «comando de crisis». Fue después de los acontecimientos del 4 de febrero de 1992 que comenzó a pedir la renuncia de la misma persona que, dos meses antes, él quería como jefe del «comando de crisis».

Tanta insistencia en tan mágica y sencilla solución de un «comando de crisis» da que pensar, porque la expresión «comando» (otro nombre), refiere inmediatamente al ámbito militar y, repito, la primera vez que Úslar recomendó un «comando de crisis»—mágica solución—fue pocos días antes de un golpe de Estado—esa vez fallido.

Hay quienes han dicho que Chávez daría un golpe de Estado preventivo, hacia el mes de octubre—mágica fecha para Úslar—en la convicción de que este «sistema político» nunca le daría el poder y le robaría las elecciones. Ese no puede ser un golpe que Úslar propiciaría. Úslar jamás permitiría que Presentación Campos se convirtiera en el jefe y el señor. Quizás esto justifique un golpe de Estado preventivo para prevenir el golpe de Estado preventivo que se dice sería ejecutado por Chávez.

El sitio en el que los hombres de pensamiento de Venezuela pueden dar su aporte a la solución de la crisis no es el de un nuevo cogollo de diez comandantes de crisis sino, precisamente, esa asamblea constituyente que Úslar aborrece. Allí podría Úslar aportar su sabiduría, como no lo podría hacer, supongo, en un «comando de crisis». Abiertamente ante el país.

Uno no rechaza, Dr. Úslar, valerse de una herramienta que permite hacer cosas importantes porque no permita hacer otras cosas importantes. No vea Ud. a una constituyente como navaja suiza que es a la vez cuchillo y lupa y sierra y lima y brújula y mondadientes. Pídale a la constituyente únicamente que recomponga este casco político e institucional carcomido de tantas formas en tantos flancos.

O si no que Úslar nos diga, de una buena vez, cuál cree debe ser ese «plan de salvación nacional» sencillo e inmediato. Y precisamente porque el problema es morrocotudo es por lo que uno supone que la herramienta que debe emplearse debe ser conmensurable con su magnitud. Usted convendrá, Dr. Úslar, que una mágica constituyente es una herramienta más poderosa que el décuple cogollo de su mágico «comando de crisis».

Tan solo una de las cosas que hay que hacer, Dr. Úslar, es reunir a la constituyente, pero es una cosa muy importante. Apelar, en medio de una crisis fundamental, nuclear, de composición, de constitución, al Poder Constituyente. Esto es más democrático que convocar a una reducida mesa redonda a diez mágicos barones. Podemos pedirle al Dr. Caldera que convoque de una vez el referéndum que pueda generar una asamblea constituyente.

LEA

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LEA #216

LEA

En momentos cuando la revista Time se dispone a llevar a su portada la efigie de Hugo Chávez como «Hombre del Año» 2006—de continuar las tendencias en una votación al efecto—vale la pena destacar una figura distinta, que a lo largo de los años, y sin la estridencia de discursos efectistas, ha traído al mundo más progreso que el que Chávez será capaz de producir entre 1999 y 2021. Me refiero al banquero de los pobres, Muhammad Yufus, el economista de Bangladesh que fundó y ha dirigido el Banco Grameen, cuyos programas crediticios han significado el abandono de la pobreza para millones de personas desatendidas por la banca convencional, especialmente mujeres.

Y no es que Yufus no tenga qué decir. En su discurso de aceptación del Premio Nóbel de la Paz en Oslo, hace cinco días, habló bien y claramente: «La pobreza es una amenaza a la paz», dijo al recibir el premio que compartiera con la institución creada por él. Yufus destacó que según los acuerdos entre jefes de Estado en las Naciones Unidas en el año 2000, el nuevo milenio había comenzado con el sueño de reducir a la mitad la pobreza del mundo en sólo quince años. «Pero luego vino el 11 de septiembre y la guerra de Irak, y de pronto el mundo se descarriló de la búsqueda de este sueño, y la atención de los líderes mundiales se desplazó de la guerra a la pobreza a la guerra al terrorismo. Creo que no puede derrotarse al terrorismo mediante la acción militar», añadió, al especificar que los Estados Unidos han gastado ya 670 mil millones de dólares en la guerra de Irak, o más de 100 dólares—215.000 bolívares CADIVI—por cada habitante del planeta.

Para que su posición fuese meridianamente clara expuso que el terrorismo debía ser condenado en los términos más fuertes, y el mundo atacar este mal de raíz: «Creo que alcanzar recursos para mejorar las vidas de la gente pobre es una mejor estrategia que gastarlos en cañones».

Una segunda advertencia a los Estados Unidos fue la proferida por Kofi Annan, en un discurso que ha funcionado como su despedida del cargo de Secretario General de las Naciones Unidas. Hablando un día después que Yufus en el Museo Harry Truman de Missouri, dijo Annan: «Ninguna nación puede hacerse a sí misma segura buscando la supremacía sobre los demás. Todos compartimos la responsabilidad por la seguridad del otro, y sólo trabajando para lograr la seguridad de los demás podemos esperar el logro de la seguridad duradera para nosotros mismos».

Dos gallos que cantan claro.

LEA

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CS #216 – Julius et Deodatus

Cartas

De haber tenido noticia de ellos—a través, por ejemplo, de una máquina del tiempo—Plutarco se habría encargado de reseñar sus caracteres y trayectoria en Vidas paralelas. Porque es que a ambos, Julio Borges y Diosdado Cabello, en aceras opuestas del espectro político venezolano, se les ha ocurrido recomendar, para sus propias agrupaciones políticas, exactamente el mismo récipe: un congreso ideológico.

Borges lo entiende como un «fortalecimiento ideológico» de su partido, Primero Justicia, «para dar la batalla por la defensa de la educación libre, de la descentralización y la distribución justa de la riqueza petrolera». Así fue presentada la cosa en reciente «acto de desagravio» a Henrique Capriles Radonsky—con notoria ausencia del munícipe chacaíno Leopoldo López—en el que PJ anunció su plan político para el año 2007 y el propio Borges defendió la corrección del lanzamiento de su candidatura hace veinte meses.

Cabello, en cambio, vislumbra su congreso como instrumento para la unificación de fuerzas. Hablando por más de un dirigente chavista que busca interpretar para la práctica la prescripción presidencial de un «partido único de la revolución», dio por sentado que los resultados electorales del 3 de diciembre hablan por sí solos—la votación del MVR más que cuadruplicó las de Podemos y el PPT—y recomienda el evento como un paso indispensable del proceso integrador.

Ambos dirigentes, pues, a pesar de sus notorias diferencias—muy precisamente ideológicas—creen que la solución está en la ideología.

………

El líder máximo de Primero Justicia ha intentado antes una comparación entre el chavismo y el justicierismo en el plano ideológico. A raíz del lanzamiento de su candidatura presidencial en mayo de 2005, por caso, fue entrevistado por Alonso Moleiro (El Nacional, 29 de mayo de 2005) y preguntado en estos términos: «¿Cómo podemos distinguir la orientación doctrinaria de Primero Justicia?» La respuesta de Borges, íntegramente trascrita, es la siguiente: «Chávez está planteando la definición de un proyecto socialista que asoma pero que no termina de describir. Es curioso: él propone que el Congreso Ideológico de su partido será en 2007. Es decir, en lugar de discutir esos temas en el año 2006, o antes, para saber hacia dónde vamos, lo hará después. Ése es un planteamiento político deshonesto. Es una propuesta, de nuevo, hecha para dividir al país: los socialistas y los capitalistas, como si estuviéramos en la Revolución Industrial. Si algo ha evolucionado en el mundo ha sido el cierre entre las contradicciones entre el socialismo y el capitalismo. Existen terceras vías, con afiliaciones socialdemócratas, como es el caso de Tony Blair, o las de la democracia cristiana. El eje izquierda-derecha está completamente obsoleto».

Tan lamentable declaración, que no contestó en absoluto la pregunta de Moleiro sino que la evadió olímpicamente, revelaba la ausencia de una postura sustantiva de parte de Primero Justicia y de Borges. No pudo hablar de la «orientación doctrinaria de Primero Justicia» sino en forma adjetiva: primero, invirtiendo la mayor parte de su respuesta en explicar la «orientación doctrinaria» de Chávez, que no es lo que se le pregunta; segundo, haciendo una débil alusión a «terceras vías», en lo que parece ser la ineludible referencia a Blair y que, dicho sea de paso, ya había sido empleada por el mismo Chávez una vez Presidente Electo para describir su propia postura antes de que se decidiera por el «socialismo del siglo XXI» de Heinz Dieterich. ¿Cómo se entiende lo que es una «tercera» vía sin referencia al eje izquierda-derecha que Borges declara obsoleto? ¿Cómo se puede declarar obsoleto a algo si no se es capaz de ofrecer lo que lo sustituya?

Por otra parte, cuando Borges opinaba que la invitación de Chávez a definir el modelo del «nuevo» socialismo—Chávez también es adjetivador de oficio—es «un planteamiento político deshonesto» porque difiere la consideración del tema, el mismo Borges dejaba de destacar el hecho de que su propio partido, Primero Justicia, tampoco tiene muy bien definido el asunto, si nos atenemos a las declaraciones de Juan Carlos Caldera, que permitieron que El Universal reportara exactamente cuarenta y ocho horas después (31 de mayo de 2005) de la entrevista reseñada: «Primero Justicia presentará en el tercer trimestre de este año su oferta ideológica y por ahora hay un ‘borrador’ que está siendo distribuido para recoger sugerencias de las bases del partido, informó Juan Carlos Caldera, miembro de la dirección nacional de esta organización. Caldera señaló que la visión de ‘derecha e izquierda es una visión que no le es suficiente a los problemas del país y deja por fuera temas muy importantes’, de modo que será a finales de año cuando en el marco del congreso ‘Centrados en la Gente’ definirán su perfil ideológico». O sea, la extemporánea candidatura de Borges no tenía nada que ver con convicción ideológica alguna, dado que tal cosa no estaba aún definida. Más precisamente, la postulación de Borges estaba montada ideológicamente sobre un borrador.

Esa definición del «perfil ideológico» de Primero Justicia, como sabemos, no se produjo, ni en 2005 ni en 2006, razón precisa por la que ahora se reanuncia el asunto para 2007, que exactamente era lo que Borges consideraba «políticamente deshonesto».

………

Cabello dado por Dios, en su propio turno, declara saldada la cuestión de si debe haber varios o un único partido reunido en torno al Führer Chávez. (Heil Hugo, o Uh, ah, Chávez no se va). El apelmazamiento del MVR, PPT, Podemos, PCV, Tupamaros, y un largo chiripero, será posible a partir de un congreso ideológico. Vladimir Villegas define la agenda: «Igualmente, una definición ideológica es necesaria para dar coherencia a una organización política. Siendo el partido de los factores que promueven, estimulan y defienden la revolución bolivariana, el pensamiento político del Libertador Simón Bolívar es una de sus fuentes integrantes. Pero a la vez, es un partido que reivindica el socialismo como alternativa. Por ende, tendrá que definir las características del sistema socialista que propone para Venezuela. He allí otro punto que invita al debate. No es suficiente hablar de socialismo a secas. Ni siquiera de socialismo del siglo veintiuno. Hay que ir a definiciones específicas con respecto al rol del partido en la sociedad, al modelo político, a las formas de propiedad, al rol del mercado y del Estado». (Los retos del Partido de la Revolución, El Nacional, 12 de diciembre de 2006).

La tarea es compleja. Se trata nada menos que de conciliar las preferencias de un héroe mitológico secuestrado por el chavismo, claramente a favor de una economía liberal, con las de un modelo socialista que se le opone. Se trata de compatibilizar el culto santero-chavista a Bolívar con la despreciativa opinión que de él tenía el Zeus del panteón socialista: Carlos Marx. (En artículo de éste sobre Bolívar para The New American Encyclopedia, 1858. Muestras: «Habiendo regulado el congreso granadino en Bogotá, e instalado al general Santander como comandante en jefe, Bolívar marchó sobre Pamplona, donde gastó alrededor de dos meses en fiestas y bailes». «Piar, el conquistador de Guayana, que una vez le había amenazado con juzgarlo en corte marcial por desertor, no ahorraba sus sarcasmos contra el ‘Napoleón de la retirada’, y Bolívar, en consecuencia, aceptó un plan para deshacerse de él». «A fines de marzo de 1830 avanzó a la cabeza de 8.000 hombres, tomó Caracuta, que se había rebelado, y luego giró hacia la provincia de Maracaibo, donde Páez le esperaba con 12.000 hombres en fuerte posición. Tan pronto como se dio cuenta de que Páez quería pelear seriamente, su valentía colapsó»).

En la misma edición de El Nacional se avisa que Elías Jaua dirigirá una comisión del MVR que revisará «los modelos existentes en el mundo» en preparación del virtual «partido único de la revolución», especificando que estos modelos son los de China, Corea del Norte y Cuba. («…tendrá la libertad de elaborar un cronograma de cómo se efectuará la transición del MVR y 24 grupos chavistas en uno solo». Acá puede haber una confusión, puesto que lo que existe en los países mencionados es el partido único único, el partido único propiamente dicho: esto es, se trata de sociedades unipartidistas. La prédica de Chávez acerca de la conveniencia de un mundo multipolar no se extiende al multipartidismo).

………

Es, pues, a partir de tan inconsistentes bases que las formaciones revolucionarias y justicieras acometerán la elaboración de sus respectivos catecismos en el año que está por comenzar. Naturalmente, se trata de un instrumento que confiere instantánea comodidad política. Una vez que estén listas las respectivas formulaciones ideológicas—a partir, en un caso, del «borrador» escrito por Borges (un agregado de postulaciones socialcristianas de calidad inferior a las presentadas, en su época, por Rafael Caldera o Enrique Pérez Olivares), y de textos, en el otro caso, de Heinz Dieterich, Martha Harnecker, Norberto Ceresole y Federico Brito Figueroa—será posible compactarlas en forma de credos sucintos para exigir la aquiescencia de los militantes correspondientes, una vez que los hayan memorizado y estén en posición de recitarlos de caletre.

Tal cosa puede ser altamente conveniente, puesto que así se determinaría unas ortodoxias respecto de las cuales sería en principio posible determinar si Hugo Chávez o Diosdado Cabello, Julio Borges o Leopoldo López, incurren en un futuro en desviacionismos—término del ámbito socialista—o en herejías—concepto preferido por los cristianos. Es decir, tendremos todo resuelto.

………

Detrás de toda ideología hay un garrafal ejercicio de soberbia. Las ideologías estipulan la forma o el funcionamiento de toda una sociedad, y los medios preferentes para llevar a la práctica esa formulación totalizante. Hay, asimismo, un monumental despliegue de holgazanería intelectual. Una vez con la fórmula maestra en las manos, basta aplicarla a una sociedad desprevenida, pues todo problema está resuelto de antemano, toda solución prevista para futuros extensos. El Tercer Reich, que tenía la suya en Mein Kampf, iba a durar mil años. El Estado fascista, provisto a posteriori de una ideología por encargo a Giovanni Gentile, proclamaba: «El Estado es no sólo una realidad viva del presente, también está ligado al pasado y sobre todo al futuro, y así trasciende los escasos límites de la existencia individual y representa el espíritu inmanente de la nación». El comunismo ruso se afincaba en la ideología marxista corregida y aumentada por Lenin, que prometía un futuro comunista eterno, un «hombre nuevo» que ya no estaría sujeto a la lucha de clases. Muy similarmente, el neoconservatismo norteamericano encontró su profeta en Francis Fukuyama, que certificaba que la historia había terminado con el colapso del «socialismo real» de la Unión Soviética.

Debe reconocerse, sin embargo, que no parece haber esa intención milenaria entre socialcristianos como Julio Borges, y que Chávez habla sólo de los próximos doscientos años como alcance práctico de su modelo. Ya COPEI había inaugurado esta moda, desde entonces latente, de los «congresos ideológicos», cuando sostuvo el propio hace exactamente dos décadas. En esa ocasión el proyecto socialcristiano no pretendía prolongar su vigencia de plan maestro más allá de cincuenta o, tal vez, cien años.

Por lo que respecta a Un Nuevo Tiempo, sólo contamos por los momentos con la definición ofrecida por Omar Barboza: desde allí procederá a lanzarse «la nueva democracia social», sea lo que tan imprecisa promesa signifique. En la actualidad el movimiento sólo busca extenderse como partido nacional a toda máquina, y no tiene tiempo para debates principistas. Pero ya anunciará su propio congreso ideológico, pues de lo contrario será tenido por pariente pobre. Tal vez lo veamos en 2008 o 2009, una vez que se haya agotado, luego de los ciclos revocatorio y constituyente, su agenda cortoplacista.

LEA

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FS #122 – Realidad segunda

Fichero

LEA, por favor

Eric Voegelin (1901-1985) es descrito comúnmente como filósofo político, aunque su docencia, tanto en Europa como en los Estados Unidos, era ejercida en el reino de la ciencia política. Es tal vez más correcta la primera descripción, y en verdad podría decirse más bien que era un filósofo que se ocupaba de la política. A su consideración llevaba sus estudios de la historia y la conciencia de la humanidad y, muy especialmente, su cultura en materia religiosa.

Nacido en Colonia, recibió su educación superior en humanidades en la Universidad de Viena, de cuya facultad de Derecho llegó a ser profesor de ciencias políticas. En 1938 huyó del nazismo para residenciarse en los Estados Unidos, país del que él y su esposa se hicieron ciudadanos. Seguramente su vida corría peligro, pues en el año del ascenso de Adolfo Hitler al poder (1933), publicó obras críticas del racismo nazi. En 1958 recibió el señalado honor de la cátedra de ciencia política en la Ludwig-Maximilians-Universität de Munich, cargo que había estado vacante desde la muerte del gran Max Weber en 1920.

La Ficha Semanal #122 de doctorpolítico es muy breve, y está construida con los párrafos introductorios y la conclusión de su trabajo Sobre debate y existencia, publicado en 1967 en The Intercollegiate Review desde Filadelfia. Versa sobre la dificultad de debatir racionalmente con personas imbuidas de una ideología (una «segunda realidad»), dado que sus supuestos gnoseológicos no son los convencionales. En la introducción enuncia este problema, y al final declara que las ideologías son una enfermedad que debe ser curada médicamente.

En el texto emplea el término «noético», que se refiere en términos generales a lo intelectual e intuitivo, y en sentido técnico (Husserl) al acto intencional de la conciencia. Una vez establecido el problema, en el trabajo se remonta hasta Santo Tomás de Aquino para describir su debate contra los paganos en la Summa Contra Gentiles, lo que lo lleva a referirse a Aristóteles y Platón, así como luego a Leibniz y Heidegger. Como puede verse, es lenguaje de filósofo, y el estilo de Voegelin fue modelo de lo abstruso. Según él, si el problema a discutir era difícil un estilo difícil era lo indicado, para advertir al lector que debía tener cuidado. Los trozos escogidos, sin embargo, se entienden con poca dificultad, y más todavía si se sabe que Voegelin es el autor de Die Politischen Religionen (1938), donde señala las semejanzas estructurales entre las ideologías totalitarias como el marxismo y el nazismo, y las religiones.

LEA

Realidad segunda

En nuestra capacidad en tanto científicos políticos, historiadores o filósofos, hemos todos tenido ocasión en un momento u otro de involucrarnos en debate con ideólogos—sean éstos comunistas o de algún credo algo más cercano. Y todos hemos descubierto en tales ocasiones que no se podía alcanzar ningún acuerdo, ni siquiera un honesto desacuerdo, porque el intercambio de argumentos era perturbado por una profunda diferencia de actitud en relación con todas las cuestiones fundamentales de la existencia humana—con respecto a la naturaleza del hombre, a su lugar en el mundo, a su lugar en la sociedad y la historia, a su relación con Dios. El argumento racional no podía prevalecer porque el socio en la discusión no aceptaba como obligante para él la matriz de realidad en la que las cuestiones específicas que conciernen nuestra existencia como seres humanos están enraizadas en último término; él ha cubierto la realidad de la existencia con otro modo de existencia que Robert Musil ha llamado la Segunda Realidad.

El argumento no podía obtener resultados, tenía que desfallecer y extinguirse, a medida que se hacía claro que no era que un argumento se opusiera a otro, sino que tras la apariencia de un debate racional acechaba la diferencia de dos modos de existencia, de existencia en la verdad y existencia en la falsedad. El universo del discurso racional colapsa, podemos decir, cuando el terreno común de existencia en la realidad ha desaparecido.

Corolario: Las dificultades del debate conciernen a los fundamentos de la existencia. El debate con los ideólogos es bastante posible en las áreas de las ciencias y la lógica. La posibilidad de debate en estas áreas, que son periféricas a la esfera de la persona, sin embargo, no deben ser tomadas como presagio de la posibilidad futura de que las áreas centrales a la persona (la distinción de Max Scheler de las áreas de la personperiphere y la personzentrale) se moverán asimismo hacia dentro de la zona del debate. Entre los estudiosos de la Unión Soviética existe una tendencia a suponer que el universo del discurso, por los momentos restringido a asuntos y temas periféricos, se expandirá, por virtud del poder irresistible de la razón, para incluir los fundamentos de la existencia. Aunque tal posibilidad no debe ser negada de plano, también debe saberse que no hay evidencia empírica sobre la cual basar tal expectativa. El asunto es de algún interés, porque filósofos del rango de Jaspers se regodean en el supuesto de que hay una comunidad humana que existe al nivel de las ciencias naturales, y de que los científicos forman una comunidad. Esto hace surgir la cuestión filosófica de si es posible establecer al nivel de la ciencia un interés común, y esta es una cuestión que en el presente dista mucho de haber sido pensada por completo.

El fenómeno de la ruptura [del discurso] como tal es bien conocido. Más aún, las distintas Segundas Realidades, las llamadas ideologías, han sido el objeto de extenso estudio. Pero la naturaleza de la ruptura misma, sus implicaciones para el avance de la ciencia, y sobre todo los métodos de tratar esta fantástica situación, no han sido todavía suficientemente explorados.

………

Las especulaciones de la metafísica clásica y escolástica son edificios de la razón erigidos sobre la base de la experiencia de la existencia en la verdad; son inútiles en una reunión con edificios de la razón erigidos sobre bases de experiencia diferentes. No obstante, no podemos retirarnos al interior de esos edificios y dejar que el mundo pase, puesto que en tal caso estaríamos descuidando nuestro deber de «debate». El «debate» tiene que asumir, por tanto, la forma de (1) un cuidadoso análisis de la estructura noética de la existencia y (2) un análisis de las Segundas Realidades, tanto en relación con sus construcciones y la estructura que motiva la existencia en la falsedad. El «debate» de esta forma es difícilmente un asunto de razonamiento (aunque sigue siendo asunto del Intelecto), sino más bien de análisis de la existencia que precede a las construcciones racionales; es de carácter médico en cuanto tiene que diagnosticar los síndromes de la existencia falaz e iniciar en su estructura noética, en lo posible, un proceso de curación.

Eric Voegelin

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LEA #215

LEA

No es el fundador del famoso restaurante especializado en carnes de la urbanización La Castellana de Caracas, sino el copresidente del Iraq Study Group el Lee Hamilton que ha declarado: «La situación en Irak es grave y se está deteriorando. La actual aproximación no está funcionando, y la capacidad de los Estados Unidos para influir los eventos está disminuyendo».

El panel bipartidista de diez miembros ha arribado finalmente a conclusiones, y a la elaboración de casi ochenta recomendaciones específicas al gobierno de George W. Bush en materia de la guerra que él solo inventó e inició. El contenido del estudio, como ocurre en los Estados Unidos, es ya de conocimiento público.

No es que sea excesivamente preciso. Deja, por ejemplo, de especificar los niveles de fuerzas norteamericanas a mantener en Irak. (Aunque aboga por retiros muy significativas para a más tardar a comienzos de 2008). De esta vaguedad, y de la carencia de «claras prioridades» se queja Michael O’Hanlon, un experto militar del más longevo y prestigioso think tank de Washington, la Institución Brookings, que fue uno de los 48 expertos que asesoraron al grupo de los diez. O’Hanlon cree que la indefinición le hará más fácil a Bush la elusión del sentido general del reporte.

De todas maneras, el campanazo no deja de ser sonoro e inequívoco: el reporte ni siquiera garantiza que de seguirse la totalidad de sus recomendaciones se obtendría un éxito.

Pero como el informe viene de un panel compuesto por republicanos y demócratas, hay esperanzas de que pueda suscitar un verdadero cambio de política. La conclusión más simple es la expuesta por el senador republicano por Nebraska, Chuck Hagel: «…un reconocimiento de que no habrá solución militar en Irak. Se requerirá una solución política a la que se llegue desde una diplomacia y un compromiso de los iraquíes y de toda la región».

Continúa, pues, la acelerada erosión de la política de Bush, que ya ha costado la defenestración de Donald Rumsfeld y la renuncia de John Bolton a su cargo interino como embajador de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas. Quizás el único dique que impida un impeachment de Bush es la conciencia de que la presidencia norteamericana recaería en el vicepresidente Dick Cheney, que siendo más inteligente que su jefe sería por eso mismo mucho peor.

LEA

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