CS #234 – De Bárcenas a Miraflores

Cartas

Prosigue la cuenta regresiva en contra de Radio Caracas Televisión. Como se sabe, el gobierno aduce que el 27 de mayo próximo expira la concesión de señal abierta de televisión en poder de las Empresas 1BC, por la que explotan el canal 2 de la banda de frecuencias VHF, y otras (7 y 9), en todo el territorio nacional. La empresa, por su parte, aduce razonablemente que tal especie es falsa. Veamos las bases de la contención.

El 20 de septiembre de 1952, mientras estaba vigente en Venezuela la Ley de Telecomunicaciones de 1940, RCTV C. A.—hoy subsidiaria de Empresas 1BC—recibió autorización para el establecimiento de una televisora comercial en la ciudad de Caracas. En aquella fecha no se estipuló un lapso de duración de la licencia. Es en 1987 (27 de mayo), cuando se publica en la Gaceta Oficial No. 33.726 el Reglamento de la Ley Orgánica de Telecomunicaciones sobre Concesiones para Televisoras y Radiodifusoras, expedido en el Decreto No. 1.577. El primer artículo del susodicho reglamento prescribe que las concesiones serán otorgadas por un lapso de veinte años. En consecuencia, dicen principalmente Hugo Chávez y sus acólitos Willian Lara y Jesse Chacón—de grata recordación, este último, por la toma sangrienta de Venezolana de Televisión del 27 de noviembre de 1992—la licencia quedará extinguida automáticamente al cumplirse veinte años del mencionado decreto.

Lo que se niega a hacer el gobierno es a leer más allá del artículo primero del reglamento, cuyo tercer artículo dice sencillamente: “Los canales de Radio y Televisión tienen derecho a que se les extienda la concesión por veinte años más, salvo que pesare sobre ellos sentencia definitivamente firme en tribunales donde se les haya comprobado faltas graves a la Ley Orgánica de Telecomunicaciones”. No hay sentencia, ni firme ni floja, que pese sobre RCTV por violación grave de ninguna ley.

Por otra parte, si el argumento gubernamental fuese sostenible—que no lo es—también se vencería para la misma fecha la concesión en poder de Venevisión. (Televén fue fundada en 1988, un año después del decreto 1.577, así que aún tendría un año de gracia). El gobierno no ha anunciado, como si lo ha hecho acerca de RCTV con mucha antelación, que no renovará la licencia de Venevisión. Aparentemente, si una televisora baja la cabeza para alinearse con los designios comunicacionales del gobierno de Chávez—recordemos la grabación de indiscreta y entreguista conversación telefónica entre Jesús Romero Anselmi y Carlos Bardasano—se salva de la retaliación. Las conductas que el gobierno encuentra censurables en RCTV para los trágicos días de abril de 2002 no difieren en nada significativo respecto de las asumidas por Venevisión, Televén y Globovisión y, en cualquier caso, ninguna de ellas ha sido objeto de acción judicial, que era lo que el “pendejo” del Secretario General de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza, sugería como ruta democráticamente correcta en caso de que se presumiera un comportamiento ilegal por parte del Canal 2.

………

Si alguien ha incurrido en faltas graves en materia de comunicaciones masivas es el propio gobierno. El mismo día 11 de abril de 2002 Hugo Chávez ordenó el cierre de las transmisiones de los canales privados de televisión, que mantuvieron la teledifusión de los sangrientos acontecimientos de esa fecha al sobreimponer su señal a la proporcionada por el gobierno, en previo intento de acallarlos con la imposición de una cadena nacional de radio y televisión en la que el Presidente de la República se dirigía al país para disimular la realidad.

Pero las acciones del gobierno y sus partidarios han ido mucho más allá de los recursos técnicos—como la incautación de equipos de microondas a Globovisión o las reiteradas “visitas de inspección” de la fuerza militar a las instalaciones de Mecedores en el Ávila. Hace mucho que los periodistas de medios privados de prensa, radio y televisión, y las propias sedes de éstos, han sido blanco de innumerables agresiones físicas. (Al hacer el recuento de los sucesos del 11 de abril de 2002, la Carta Semanal #232 de doctorpolítico, del 12 de abril de este año, recordaba: “Cuando la OEA envió a su Relatoría de la Comisión de Derechos Humanos a investigar las agresiones a medios y periodistas, un peculiar personaje atacó a un camarógrafo de televisión, para aparecer minutos después, atravesando por detrás de la figura de Diosdado Cabello, Vicepresidente de la República, en un acto transmitido desde el propio Palacio de Miraflores”).

A comienzos de ese mismo año fatídico, el 23 de enero, la DISIP prohibía los sobrevuelos de helicópteros en la ciudad de Caracas, a fin de que la ciudadanía no fuera informada sobre las verdaderas proporciones de la primera gran marcha de oposición al gobierno de Hugo Chávez.

También en 2002 el diario El Nacional fue objeto de asedio de agresivos grupos convocados y liderados por la inefable Lina Ron, exaltada por el propio Hugo Chávez como importante lideresa social, luego de que el mandatario se expresara continuadamente de forma agresiva contra el periódico. Más adelante en el mismo año, en horas de la tarde y la noche del 9 de diciembre—ya iniciado el paro cívico—fueron agredidos simultáneamente, y con gran violencia, entre otros, los siguientes medios: Globovisión, RCTV, Meridiano Televisión y Venevisión, así como los medios del estado Aragua, el diario El Aragüeño y el canal regional TVS; el canal Promar TV, en el estado Lara, también sufrió los ataques de los oficialistas, así como el diario El Impulso de Barquisimeto; también fueron rodeados el diario El Siglo y El Aragüeño en Maracay; los chavistas rodearon y tomaron las sedes de TV Táchira, Radio Valera y Radio San Juan de los Morros en Guárico; Globovisión Zulia sufrió destrozos en sus instalaciones; TVO Anzoátegui corrió con algo de mejor suerte, pues se encontraba cerrada (sólo transmitía hasta las 9 de la noche), y únicamente sufrió unos cuantos daños en su fachada.

Lo que antecede no es, naturalmente, sino una enumeración muy incompleta de las incesantes incitación y agresión gubernamentales contra los medios de comunicación venezolanos. Como en todo desmedida, esa constante agresión conforma un récord contrario a la libre expresión que no tiene precedentes en el país, ni siquiera en épocas de sus peores dictaduras.

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La apreciación anterior, sin embargo, no estaría completa si no se señalara que tampoco tiene precedentes en Venezuela el ataque cotidiano, planificado y en muchas ocasiones coordinado contra la actual figura presidencial y el gobierno que preside. Para algunas televisoras, sobre todo, es ya un asunto de principios. Y como en más de un sentido han buscado llenar el vacío dejado por unos partidos políticos de oposición prácticamente inexistentes, la naturaleza misma de algunos medios de comunicación del país se ha visto seriamente comprometida. Lo que los venezolanos hemos visto, por consiguiente, es una batalla política entre gobierno y medios de comunicación.

La posesión de un medio masivo de comunicación, por supuesto, confiere un poder considerable a quien sea su dueño. En ciertas ciudades, como Maracaibo, el poder de la prensa ha adquirido rasgos feudales. El más famoso de sus diarios, Panorama, decide que lo que no le gusta no lo publica, y veta personas concretas, que no aparecen más en sus páginas. (Esto sin reseñar otras de sus prácticas, como la de haber tenido por muchos años el cargo, no de Director del periódico, sino la muy curiosa posición de “Subdirector Responsable”; esto es, un título que indica que quien lo ocupa no es el verdadero jefe—es tan sólo un “Subdirector”—pero sí quien tiene que dar la cara en un tribunal en caso de demanda contra el diario). No otra cosa que los largos abusos de Panorama llevó a un grupo de empresarios marabinos a la fundación del rotativo La Verdad, como manera de defenderse del poder omnímodo de aquél.

Tales conductas no han sido, naturalmente, inventadas en Venezuela. La película que en opinión constante de los entendidos es la mejor de todos los tiempos es la famosa Ciudadano Kane, en la que Orson Welles hace el retrato de Randolph Hearst, que usaba el poder de sus publicaciones sin miramientos, destruyendo reputaciones, por ejemplo, con el fin de avanzar sus propios intereses, que incluían la pretensión de una candidatura presidencial.

Es así como la posesión de un medio masivo, sea éste un periódico, una televisora o una estación de radio, conlleva una potencialidad política a tomar en cuenta. El propio Marcel Granier, cuando también pertenecía a las Empresas 1BC El Diario de Caracas—periódico fundado por el ex gobernador y candidato presidencial Diego Arria—explicaba en 1988, ante rumores de que el periódico cerraría sus puertas por causas económicas, que no era únicamente la razón financiera el motivo para mantenerlo, y que la influencia que ejercía era a su juicio una razón más importante.

¿Es entonces, RCTV un actor político? Sin duda lo es. Pocas telenovelas del canal de Bárcenas han causado más impacto que Por estas calles, de altísima carga crítica contra el gobierno y la acción partidista en las postrimerías del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez. Para el gusto de quien escribe, esa telenovela significó una acción socialmente benéfica, en momentos cuando el desafuero y la corrupción caracterizaban el proceso del Estado venezolano.

En cambio, igualmente en apreciación muy personal, la oferta programática de RCTV deja mucho que desear, con sus honrosas excepciones, por supuesto. Más de uno de sus programas traspasa la línea divisoria que separa el buen gusto de la obscenidad, y no sólo por la propaganda explícita de servicios sexuales en horarios que en principio no alcanzan a los niños, sino en vulgares producciones de programas de concurso verdaderamente deplorables.

Pero es que, en general, el nivel de la programación de las grandes televisoras nacionales es de calidad bastante baja. Esto, sin embargo, no es la causa que lleva a la vindicta gubernamental contra RCTV, sino su influencia política. El gobierno no ha ocultado que cobra una factura de carácter político. De este modo se entromete en terreno que compete, en esencia, a la sociedad, que comprende la acción individual y libre de irse del canal que le disguste tanto como acciones cívicas colectivas para enderezar algún medio salido de donde debe.

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Hugo Chávez ha usado con profusión los términos democracia y democrático, tanto casi como emplea las palabras Bolívar y bolivariano. Pero en su léxico aquellos términos designan significaciones diferentes a las comunes. Él no entiende por democracia hacer caso de los deseos del pueblo. Si así fuera, tendría que escuchar la opinión de más de dos terceras partes de la población—una mayoría muy calificada—que según más de una encuesta son contrarias a la negativa de renovar la licencia de RCTV. Uno puede recordar que en campaña electoral, hace menos de un año, hizo ver que sometería a referendo popular la decisión sobre la licencia en poder de Empresas 1BC. Ya se dejó de eso. Como ha hecho más de una vez, en cuanto tiene el poder olvida las promesas de consultar, de tomar en cuenta la voz de los ciudadanos, sobre todo si, como debe saber, tal sería una consulta que perdería.

También ha anunciado que no hará caso de “presiones internacionales”, en esta materia de la señal abierta adjudicada hace más de cincuenta años a RCTV. El affaire, sin embargo, ha acelerado la erosión de su imagen política en el mundo. Ahora confronta su gobierno una demanda ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, intentada nada menos que por la relacionada Comisión Interamericana de Derechos Humanos, uno de los órganos de la Organización de Estados Americanos. La comisión señala que el gobierno ha hecho caso omiso de las recomendaciones que le hiciera llegar en diciembre del año pasado, al estimar que los derechos humanos de los trabajadores del Canal 2 han sido violentados por acciones del gobierno.

En apariencia, pues, Hugo Chávez no hará caso a nadie en este asunto; al menos así lo amenaza. Pero como apunta agudamente la comentarista Carolina Jaimes Branger, Chávez es un político que lee las encuestas y tiende a ponerles atención. Así cree ella que un escenario factible es que el Tribunal Supremo de Justicia falle a favor de RCTV, dada la obvia interpretación legal, en materia del recurso de nulidad intentado por empleados de la televisora la semana pasada. Si esto ocurre, Chávez pudiera recuperar algo de credibilidad democrática en caso de que decida acatar una decisión así. De este modo mantendría su punto y se representaría al mundo como un gobernante que “respeta” la independencia de los poderes.

Es un escenario difícil, pero pudiera estar Chávez ahora sopesando el inmenso costo político, interno y externo, de mantenerse en sus trece y presionar al TSJ para que falle según su capricho. En pocas semanas se sabrá si le queda todavía algo de racionalidad política. LEA

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FS #141 – Viva Zuloaga

Fichero

LEA, por favor

Debo agradecer al amigo Jorge Correa Romero la gentileza de obsequiarme la colección de cuatro volúmenes que, bajo el nombre Misión Riqueza: Para rehacer a Venezuela con ética y libertad, publican las asociaciones CEDICE, Conciencia Activa y la Universidad Monteávila en memoria de la vida y obra de Nicomedes Zuloaga Mosquera. El conjunto es complementado por un disco de video documental.

 Escriben en los volúmenes de la obra colectiva Pynchas Brenner, Rafael Alfonzo Hernández, Fernando Vizcaya Carrillo, Carolina Jaimes Branger, Vladimir Chelminski, Ignacio De León, Jean Baptiste Itriago, Juancho Eckhout Smith, Julio Franco Corzo, José Manuel Andrade, Carlos Machado-Allison, Leonor Filardo, Hugo Faría, Jorge González, Luis Alberto Penzini, Ricardo Pérez, Stephanie Zalzman, Jesús Zerpa, Esteban Torbar y el mismo Jorge Correa Romero. Esta Ficha Semanal #141 de doctorpolítico, sin embargo, se limita a reproducir íntegramente el artículo solicitado a Roberto Ball Zuloaga en recordación de su tío, el Dr. Zuloaga Mosquera. (Con la libertad de incluir mínimas correcciones al texto). Ball hace en él un justo y fiel retrato del gran personaje desaparecido.
 De este modo esta publicación se suma al merecido homenaje a Nicomedes Zuloaga. Era un hombre vigoroso y jovial, de clara y rápida inteligencia, de honestidad cabal y lleno de consistente amistad. Inscrito en el pensamiento liberal, fue junto con Pedro R. Tinoco hijo el más eficaz ideólogo del liberalismo moderno en nuestro país.

Hombre intenso y vehemente, en algunas ocasiones cargaba fuertemente sus apreciaciones. Así, por ejemplo, destaca Ball en su elogio cómo Zuloaga se oponía a “quienes están empeñados en llevar a Venezuela por el camino del socialismo, ya sea éste evolutivo, a la usanza adeca…” Esta postura no obstó para que CORPA, la agencia publicitaria presidida por Nicomedes Zuloaga, se ocupara de la campaña del muy adeco Carlos Andrés Pérez en 1973.

Ball alude a una presentación de Zuloaga ante el Grupo Santa Lucía. Se trató de su estudio Crítica constitucional. En trabajo compuesto en diciembre de 1997, el suscrito admitió estar totalmente de acuerdo con el criterio expuesto en aquél por Nicomedes Zuloaga: “Si regresamos a la comparación crítica de las disposiciones de la Constitución venezolana con la norteamericana nos encontramos que la americana protege derechos de sentido negativo al establecer lo que el Estado no puede hacer porque constituiría una violación de los derechos de los ciudadanos. Esa es una Constitución coherente donde el Poder Judicial puede ejercer lógicamente su facultad contralora de revisión examinando si una disposición emanada del Poder Legislativo o una medida tomada por el Poder Ejecutivo violan las garantías constitucionales. La Constitución venezolana, en cambio, otorga tanto derechos individuales en sentido negativo como derechos individuales en sentido positivo, y una constitución así resulta incoherente y sus disposiciones son de muy difícil interpretación por el Poder Judicial… La eliminación que propongo de todo el Capítulo IV de la Constitución Nacional, que establece los llamados derechos sociales no producirá una disminución de la actividad social del Estado ni de la beneficencia pública, como no produjo su inclusión un aumento de esa actividad del poder público. Esas actividades se seguirán cumpliendo al través del Ejecutivo y del Legislativo, con el destino político de los ingresos fiscales decididos por el Congreso y por el Presidente de la República siguiendo el resultado de las discusiones políticas, y el poder electoral relativo de las diversas ideologías de las organizaciones políticas en el poder”.

LEA

Viva Zuloaga

Gran honor me hacen los autores de esta obra al pedirme escribir unas reflexiones sobre Nicomedes Zuloaga Mosquera, mi tío. Hombre querido y admirado que dejó una profunda huella intelectual en el país, de la cual este libro es quizás un gran ejemplo. Para muchos fue símbolo de la aristocracia criolla, pero con su vida ejemplar demostró la razón de Jacinto Benavente cuando escribió: “La única aristocracia posible es la de las personas decentes”.

“Nico”, como sus amigos le decían, nació en Caracas en 1926 en el seno de una familia que ha producido hombres y mujeres que se han destacado por sus aportes a Venezuela por más de trescientos años. La lucha por la libertad, el orden, la prosperidad, el derecho y la justicia ha sido siempre una característica de esta familia, y por ello no es casual que desde el momento de la Independencia, cada generación ha sufrido los trastornos de la ruina, la cárcel y el exilio. Nicomedes se formó en ese contexto, donde el honor y la responsabilidad eran el eje de la vida. De su padre, Nicomedes Zuloaga Ramírez, eminente abogado y empresario, Enrique Tejera París escribe: “Era un jurista y patriota que rechazaba toda acción incorrecta o cualquier posible cliente que pretendiera hacer negocios inconvenientes a Venezuela”. Su abuelo, Nicomedes Zuloaga Tovar, sufrió los estragos de La Rotunda a la avanzada edad de setenta años, por su oposición a la dictadura gomecista. De este eminente jurista, redactor de códigos y maestro de generaciones de abogados, escribió Alejandro Urbaneja: “Ni la amistad halagadora, ni las amenazas y atropellos de los poderosos, ni las apremiantes necesidades de la existencia, ni los reclamos crecientes de la posición, fueron jamás motivos bastantes para hacerlo torcer, ni un ápice, el camino que se tiene trazado desde los albores de su vida intelectual […] Ha puesto Zuloaga al servicio de su país todas las aptitudes que posee para coadyuvar y contribuir al mejoramiento, a la prosperidad y a la honra de la República”.

Al igual que su padre y su abuelo, Nico se hizo abogado, graduándose summa cum laude en la Universidad Central de Venezuela. Si bien ejerció el derecho activamente por más de cincuenta años, al igual que sus antepasados su vida profesional trascendió en mucho la carrera de abogado. Hombre intensamente emprendedor y creativo, fue fundador y promotor de empresas, muchas de ellas tremendamente exitosas y emblemáticas. No exageramos al decir que cientos de venezolanos tuvieron el privilegio de una vida digna y mejor para ellos y sus familias por trabajar, participar y colaborar en las muchas empresas creadas por el ingenio y emprendimiento de Nico. Fe él un vivo ejemplo del círculo virtuoso que produce la acción empresarial en beneficio de la sociedad. Pionero de la industria de la publicidad moderna en Venezuela, donde se mantuvo activo hasta los últimos días de su vida, participó además en los negocios de la banca, la generación y transmisión eléctrica, los seguros, la construcción, la aviación de turismo, de la cual también fue pionero, la agroindustria y la ganadería.

El ganado y el campo fueron unas de las verdaderas pasiones de su vida, donde como en todo lo demás fue un triunfador. En ningún sitio se sentía más a gusto que en su finca en el llano; y con su energía innata, se dedicó a modernizar la industria agropecuaria, y fue uno de los primeros en utilizar herramientas computarizadas para el análisis de la productividad de los rebaños a principios de la década de los ochenta del siglo pasado.

Su actividad empresarial fue extensa y con ella consiguió la legítima recompensa del éxito económico. Como siempre sucede con los hombres que sobresalen, este éxito le aseguró no pocos enemigos, que le endilgaban peyorativamente el haber nacido en una cuna privilegiada. A uno de tantos, Nico le respondió: “Me acusa de haber ‘heredado’ millones. Fácil explicación encuentran algunos políticos del éxito ajeno, sobre todo cuando ellos no han sabido nunca cómo se gana dinero trabajando”. Pero el dinero nunca fue el propósito fundamental para Nico. A pesar de haber sido uno de los principales líderes empresariales de su generación, toda su actividad tenía como propósito fundamental hacer de Venezuela una nación más próspera, más moderna y más desarrollada; y ésa es la clave para entender la persona que fue Nicomedes Zuloaga.

Como parte de esa lucha por hacer de su país un lugar mejor, fue diputado al Congreso de la República a principios de la década de 1960, postulado por la tarjeta independiente que apoyaba la candidatura presidencial de su amigo Arturo Úslar Pietri. Su más conocido logro durante su breve paso por el Congreso fue el cambio de la hora legal de Venezuela, que hasta entonces cabalgaba sobre dos husos horarios. Pero quizás de mayor significación fue el hecho de que desde su curul en la Cámara de Diputados, Zuloaga defendió con su acostumbrada vehemencia los principios y valores de la libertad, frente a “quienes están empeñados en llevar a Venezuela por el camino del socialismo, ya sea éste evolutivo, a la usanza adeca, disfrazado con olor a incienso y a buenas intenciones, a la usanza de COPEI, o violento y asesino como lo pretenden los partidarios de Fidel”.

La defensa de los principios y valores de la libertad fue sin duda la mayor obra de vida de Nicomedes Zuloaga.

A temprana edad, Nico se interesó por el análisis de la economía. Con su insaciable curiosidad, comenzó el estudio de las ciencias económicas en la década de 1940, asistiendo a las charlas dictadas por Ludwig von Mises en la Universidad de Nueva York. Desde entonces se convenció de que la única ruta a la prosperidad de Venezuela se encontraba en la libertad económica: en el capitalismo, basado en un contrato social donde los ciudadanos se reservan el derecho a la vida, a la libertad y al fruto de su trabajo. Y dedicó el resto de su vida y cuantiosos recursos económicos a intentar convencer a sus compatriotas de las bondades de la libertad, frente a la ruina y la esclavitud implícita en el socialismo.

En 1960, junto con varios colaboradores, entre los que destacaba su amigo Joaquín Sánchez Covisa, funda el Instituto Venezolano de Análisis Económico y Social, precursor de CEDICE y uno de los primeros think-tanks liberales en América Latina, y publica la revista Orientación Económica, que llegó a ser de las más prestigiosas e influyentes publicaciones en el continente. El propósito, en sus propias palabras, era: “Construir un organismo que se dedicara al estudio y promulgación de los principios en que se basa el sistema capitalista, bajo el signo de la división del trabajo, con respeto a la verdadera libertad y al cual corresponde, al menos en teoría, la organización constitucional y jurídica de la República […] formamos parte de una comunidad capitalista y, salvo muy honrosas excepciones, nosotros los empresarios que deberíamos ser centro y motor de ese sistema, no somos capaces de defender los principios del capitalismo ante los ataques diarios de los diversos grupos marxistas e intervencionistas”.

Con el mismo propósito fundó y mantuvo el diario La Verdad entre 1965 y 1973, desde donde se defendió los principios del capitalismo, la libertad, el estado de derecho y la justicia. De allí en adelante Nico libró una batalla de más de cuatro décadas que él definió así: “He pasado años defendiendo en Venezuela a la economía de mercado. He tratado de demostrar en las más diversas formas el beneficio de un régimen económico donde funcione el mercado. He destacado las virtudes (y reconocido los defectos) de los mecanismos interpersonales y automáticos, de un sistema que aprovecha la condición humana para hacer posible la riqueza sólo a aquéllos que han sido más capaces en el servicio a sus semejantes. He criticado el intervencionismo económico por ser un sistema irracional, cuyo verdadero producto es una frondosa y bien pagada burocracia. He combatido al socialismo como sistema económico irrealizable y como sistema político esclavista”.

Pero de nada servirían políticas económicas adecuadas sin un contrato social apropiado que asegure la libertad y los derechos de los ciudadanos. Ésa es la función fundamental de la constitución, y Nicomedes Zuloaga fue uno de los más acérrimos críticos de la estructura constitucional de nuestro país, que él consideraba el origen de todos los males. Mientras que “juristas”, “expertos constitucionalistas” y más recientemente “constituyentes originarios” redactaban adefesios literarios con infinitas listas de derechos y deberes, Zuloaga alertaba que la función fundamental de la constitución es limitar el poder de las mayorías mediante garantías otorgadas a las minorías. Es ésa la única forma de asegurar la convivencia pacífica y es además la base de sustentación de la democracia. Y sin la existencia y aplicación práctica de esos límites y garantías, el Estado carecía de bases institucionales y por ende se transformaba en un poder ilegítimo. En una charla ante el Grupo Santa Lucía en octubre de 1990, Zuloaga dijo: “El poder en Venezuela, ejercido sin freno constitucional, va a cumplir treinta años de ilegitimidad a pesar de los procesos de votación que han tenido lugar en ese período. Y aunque nos damos poca cuenta, es precisamente esa ilegitimidad la que sufrimos todos los venezolanos […] que nos agobia y que otorga de paso, al funcionario de turno, nombrado por la mayoría, el poder discrecional que está detrás de todas las venalidades y corrupciones”. Las bases de la democracia venezolana estaban contaminadas, y ello representaba el mayor peligro para su supervivencia. En 1992, Zuloaga escribió: “Las reglas del juego democrático se escriben en las constituciones de los pueblos. Y nuestras actuales reglas requieren de una urgente reforma para salvar la democracia”.

Y así, durante décadas, a través de artículos de prensa, discursos, panfletos y programas de televisión, Nicomedes Zuloaga alertó que el rumbo que había tomado Venezuela era equivocado, y que éste sólo traería pobreza, atraso y eventualmente el autoritarismo. La destrucción paulatina y sostenida de la que una vez fue la nación más próspera de América Latina es la prueba lamentable de que Nico siempre tuvo la razón. Su obra, recopilada en dos libros, El poder ilegítimo y Política en pretérito: 40 años de oposición ideológica, conforma un verdadero monumento a la honestidad intelectual, al sentido común y a la tradición liberal de Occidente.

Al igual que sus antepasados, Nico tuvo que pagar un alto costo por destacarse en una sociedad donde el éxito y la integridad generan temor. En 1989 un corrupto con cargo de juez le obliga a soportar largos meses de prisión sin razón alguna. La causa real era un intento por desviar la atención del país del saqueo sistemático de las arcas públicas, cometido por una clase política profundamente corrompida y aislada de las realidades del país. El intento fracasó cuando Nicomedes Zuloaga rehusó cualquier arreglo extra-judicial y deshonesto y decidió ir a prisión, desde donde se convirtió en un símbolo de la Venezuela decente e irreductible. Este caso representó ante la opinión pública el más craso ejemplo de terrorismo judicial cometido hasta entonces en Venezuela.

En lo personal, Nico era un hombre de gran simpatía. “Muy amiguero” como alguien lo describiría recientemente. En extremo sencillo, con mucho sentido del humor, que decía siempre lo que pensaba, claramente y sin tapujos. Era un caballero en el estricto sentido de la palabra. Hablaba rápido y en su mirada reflejaba su gran inteligencia. Conoció y viajó el mundo entero. Mantuvo estrecha relación con algunos de los hombres y mujeres más importantes e influyentes en el mundo; pero su preferencia fue siempre Venezuela y los venezolanos.

Se mantuvo en actividad hasta el último día de su vida. A los setenta y siete años fue coautor de los anteriores volúmenes de la serie “Para rehacer a Venezuela”, que trata el tema del marco constitucional. Alertó al país en artículos de prensa y entrevistas de televisión sobre el nuevo adefesio salido de la Asamblea Constituyente de 1999, así como de los peligros del nuevo marxismo bolivariano. En las tertulias casi diarias que se celebraban en su casa, a las que asistían muchos de los autores de esta obra, se analizaba el pasado y se discutía sobre el presente; pero Nico siempre quería hablar sobre el futuro.

En sus últimos años sufrió los inconvenientes de serias limitaciones físicas, pero su mente mantuvo la inteligencia y lucidez de siempre, y su espíritu jamás perdió el ímpetu de la juventud. Llevó su enfermedad con la hidalguía y estoicismo característico de los hombres recios. Y al final, Dios le concedió la gracia de que la última visión que tuvo de este mundo fue aquello que él más quiso: su esposa Cachy.

Un antiguo refrán español dice: “Siempre vive con grandeza quien hecho a grandeza está”. Nicomedes Zuloaga fue un gran hombre. Venezuela pierde a uno de sus más ilustres hijos; pero nos queda su ejemplo de integridad y de lucha por la patria, y el reto de proseguir su causa por una nación más próspera y justa.

“Indispensable es que los venezolanos a quienes corresponda la conducción de la vida pública actúen guiados únicamente por esos probados principios generadores de bienestar, de libertad y de progreso. Difícil pero indispensable es que tengan suficiente entereza para resistir las presiones inmensas de las ideologías y grupos de intereses contrapuestos con el interés general. Que Dios los ilumine y les otorgue la fuerza suficiente para que […] podamos ofrecer a nuestros libertadores una Venezuela cada vez más próspera, cada vez más fuerte y cada vez más independiente”.

Roberto Ball Zuloaga

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LEA #233

LEADespués dicen que los habitantes de las zonas tropicales somos de clase moral inferior, y que se nos debe imponer—to the natives—la civilización, la democracia y el mercado; si es posible, con la asesoría de Moisés Naím.

El gobierno presidido por George W. Bush no sólo permite y protege la actuación de su cercana Halliburton en Irak; no sólo sostiene a un Fiscal General, Alberto Gonzales, que dirigió el despido de subalternos porque su lealtad partidista estaba en duda (un Rafael Ramírez cualquiera, pues); no sólo forzó—y ahora perdió—la embajada de John Bolton en la ONU, la organización objeto de sus críticas; sino que ahora defiende sin remilgos a Paul Wolfowitz, el autor de las más inhumanas estrategias bélicas de los Estados Unidos, en la presidencia del Banco Mundial, en la que lo impuso contra el malestar de muchos otros países.

El señor Wolfowitz llegó al Banco Mundial como líder de una cruzada contra la corrupción en los gobiernos del mundo. En prosecución de tal política cerró líneas de crédito a una media docena de países. (Como la India, por ejemplo, que ahora se escandaliza porque Richard Gere besó públicamente la mejilla de una de sus mejores actrices).

Pero se ha destapado que el mismo señor Wolfowitz, desde su olímpica presidencia, abogó por una ventajosa transferencia de su girlfriend a un cargo en el Departamento de Estado de los Estados Unidos, mientras ella obtenía un jugoso aumento de sueldo igualmente procurado por su novio, puesto que la funcionaria permanece en nómina del Banco Mundial.

El flagrante y farisaico doble estándar ha caído como plomo derretido sobre los empleados y ejecutivos del Banco Mundial, y ya se habla de una “guerra civil” entre quienes quieren la salida de Wolfowitz y quienes prefieren mantenerlo. (Estos últimos son quienes han sido elevados por él a cargos vicepresidenciales, nacionales de países del Próximo Oriente alineados con los Estados Unidos, principalmente).

Ayer, uno de sus segundos, Graeme Wheeler, director gerente de la institución, solicitó la renuncia de Wolfowitz en una sesión extraordinaria de sus más altos funcionarios, y está recibiendo el apoyo de América Latina y Asia del Este y del Sur, según reporta el Financial Times. El señor Wolfowitz respondió que no tenía las más mínimas intenciones de abandonar su cambur.

Claro, cuenta con el muy moralmente elevado apoyo del presidente Bush. Un vocero de la Casa Blanca anunció antes de que se conociera la petición de renuncia: “El Presidente (Bush) tiene plena confianza en el presidente Wolfowitz”.

Es exactamente lo mismo que dijo Bush sobre el asediado Alberto Gonzales, que hoy deberá explicar al congreso de su país el papel que jugó en la cesantía de ocho fiscales norteamericanos, siete de los cuales fueron defenestrados en la navidad de 2006.

Bush, Cheney, Gonzales, Bolton, Wolfowitz… ¡Qué grupito!

LEA

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CS #233 – Fecha patria

Cartas

Las efemérides son fechas, sin duda, usualmente útiles a las sociedades, pero son en sí mismas arbitrarias. Nada hay de mágico, pues, en los segundos días de diciembre, los cuartos, quintos, décimo cuartos o vigésimo sextos de julio, como tampoco en los décimo nonos de cualquier abril, como es el día de hoy.

Naturalmente, la recordación de hechos aleccionadores puede convenir a las psiquis de las naciones, cuando ellos son hechos positivos. El problema, sin embargo, es que esa positividad resulta de estimaciones totalmente subjetivas. Lo que para unos es motivo de júbilo para otros es una mala noticia. Por ejemplo, la Historia de España Alfaguara, que dirigiera Miguel Artola Gallego y que hasta donde supe iba por siete tomos—más de tres mil páginas en total—no dedica más de una decena de páginas a la emancipación de las colonias españolas de América. Digamos que ese portentoso proceso ocupa en la monumental obra algo menos de 0,4 por ciento del espacio. Algunos historiadores españoles prefieren que no se les recuerde el asunto.

Para nosotros, sin embargo, el tema es timbre de orgullo, y la fecha del 19 de abril de enorme importancia, pues marca el inicio de nuestra emancipación de la que hemos llamado, al menos hasta ahora, la Madre Patria. Pero aun en esa fecha de 1810, quienes exigieron la renuncia de don Vicente Emparan, Capitán General de la Provincia de Venezuela, se tenían por españoles. El Acta del Ayuntamiento de Caracas del 19 de abril de 1810 justificaba las cosas resaltando que los venezolanos de la época habían “ …sido declarados, no colonos, sino partes integrantes de la Corona de España, y como tales han sido llamados al ejercicio de la soberanía interina y a la reforma de la constitución nacional…”

Ciertas personas, a pesar de eso, y quizás porque sólo pueden exhibir un magro conocimiento de la historia, insisten en negar nuestro genotipo español, aun cuando se llamen Hugo o Rafael, nombres ciertamente hispánicos, no salivas o maquiritares, o se apelliden Chávez o Frías, nombres de familia que no son ni guajiros ni piaroas.

Algunas personas, pues, andan muy confundidas por la vida.

………

Así pareciera estarlo el ciudadano que responde al nombre de Hugo Rafael Chávez Frías, que no termina de decidir si está a favor del biocombustible llamado etanol—que denunciara después de encargar a Cuba nueve plantas para producirlo y volviera a absolver al ponerse duro el gobierno de Luis Inazio Lula Da Silva—, si es amigo o enemigo de Alan García o si puede o no entenderse con las instituciones públicas de Chile, en particular con su senado.

Claro que la base del reclamo de la presidenta Bachelet, a raíz de que el presidente Chávez sugiriese que una oligarquía fascista controlaba la cámara alta chilena—porque ésta condenara la negativa a renovar la concesión de Radio Caracas Televisión—no es demasiado sólida. La presidenta de la nación que Andrés Bello escogiera como patria y ayudara decisivamente a fundar, argumentó que debía respetarse la soberanía del Senado de su país. Chávez pudiera fácilmente ripostar que el senado chileno empezó la cosa, opinando sobre caso que es de indudable ámbito venezolano, entrometiéndose en negocio de nuestra soberanía.

Pero no, Chávez no hizo eso. En cambio, reclutó la indígena figura de Evo Morales para aducir que se le rechazaba al presidente boliviano y a él porque no eran blancos criollos. Más específicamente, opinó que las oligarquías vendepatria y proyanqui no le querían a él como gobernante por su condición racial de pardo. Algunos puristas han adelantado que también aquí es presa de una confusión, pues su fenotipo indicaría un origen racial menos mezclado que el de los pardos: Chávez, según estos antropólogos de salón, sería zambo.

Por supuesto que esta discusión es totalmente impertinente. Chávez es, créase o no, un ser humano provisto de plenos derechos a mera cuenta de sus cuarenta y seis cromosomas, y ninguna de sus características fenotípicas le inhabilita para el cargo que detenta, aunque otras, de corte psicológico o causa ideológica, sí le niegan idoneidad. No hay constitución venezolana, ni la de 1999 ni aquélla que declaró moribunda, que especifique que indios, negros, mulatos, mestizos, zambos o pardos tengan prohibido el ejercicio de ningún cargo público. Allí están para atestiguar esto el pelo algo chicharrón de Betancourt o el de Joaquín Crespo, el rostro presuntamente aindiado de Caldera, la tez oscurecida del segundo Castro y la más oscurecida todavía de Prieto Figueroa, que presidiera nuestro extinto Congreso y fuese candidato a la Presidencia de la República. El más reciente argumento de Chávez sobre el tema de la concesión de televisión abierta a RCTV, por tanto, no tiene otro origen que sus propios complejos y resentimientos. Es evidente que ha debido sentir, desde muy niño, la discriminación racial en su contra, y que en vez de dominar esos recuerdos con el constructivo, orgulloso y benévolo aplomo de, por ejemplo, Nelson Mandela, todavía hace política a partir de sus amarguras biográficas.

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Con lo anterior no pretendo negar que no se encuentre en un buen número de venezolanos una actitud discriminatoria de raíz racial. Encontrándonos en onda de efemérides, el suscrito se permitirá una privada, reproduciendo acá algunos trozos de material ya expuesto en esta carta; concretamente, en el número 196 del 27 de julio del año pasado. La argumentación iba así:

A fines del muy accidentado año de 2002, un cierto líder político exponía algunas consideraciones ante un nutrido grupo de oyentes. A la hora de las intervenciones del público, una persona afirmó que el grupo político del expositor no era inclusivo, que sólo captaba adeptos «de la clase media hacia arriba». El aludido negó que tal cosa fuera cierta, y adujo a su favor recientes actos de incorporación de militantes que provenían del partido favorito de los pobladores pobres. Entonces intervino una dama «de sociedad» para contradecirlo: «¡Pero chico! Yo estuve ayer en el acto que ustedes hicieron en La Guaira ¡y allí lo que había era un negrero!»

Que la señora en cuestión haya dicho tal cosa, de modo tan fresco, supone que se sintiera en un grupo que compartiría su aversión racial, naturalmente; rodeada de personas para quienes ese despectivo tratamiento fuese familiar, aceptable y útil. No ha muerto el mantuanismo en Venezuela. En son de guasa, pero sintomáticamente expresivo, un cierto personaje de la sociedad caraqueña había redactado un proyecto de ley de artículo único: «Restitúyase a sus legítimos dueños la propiedad de los negros». Repetía el chiste de mal gusto para alegría e hilaridad de muchos. Otro prohombre venezolano, ex director de empresa petrolera y promotor de institutos de educación de alto nivel, se complacía en señalar en públicas reuniones políticas: «Mi voto vale más que el de quinientos negros de Barlovento». Decir que no hay discriminación racial en Venezuela es faltar a la verdad; lo saben las personas que la sienten.

Como la mayoría del país no tiene piel blanca, mucho del menosprecio que alguna gente acomodada manifiesta hacia el país tiene su origen en la discriminación racial. Es verdad que no llegamos a establecer un Ku Klux Klan o a sentar a las personas de piel oscura en el rincón de un autobús; es decir, en términos relativos discriminamos de modo menos violento e inhumano que otras naciones, pero hay desprecio social basado en la raza en Venezuela. Tal cosa se cobra políticamente en estos tiempos.

Pero no se limitan a la pigmentación cutánea las acusaciones en contra de nuestra nación. La geografía sería cómplice del pecado original de la raza. Así se expone: «…una naturaleza sobreprotectora, que nos ha dotado a la vez de un clima benigno y de riquezas naturales, que no exigen otro sacrificio que la extracción, ha ido estimulando en nosotros… la certidumbre de que nos basta extender la mano para que el pan llueva sobre ella, y por esa vía, ha fomentado en nosotros la irresponsabilidad, la pereza y la sensación de que siempre algún milagro nos rescatará de la miseria, sin necesidad de que ofrezcamos nuestro esfuerzo a cambio».

La teoría del mal «material humano» venezolano, favorecida por algunas cúpulas políticas, sociales y económicas en Venezuela como explicación del nivel de desarrollo nacional, es que la combinación del mestizaje de grupos «inferiores»—indios, españoles dañados, negros—la geografía paradisíaca de los trópicos, y la insólita riqueza natural del país conspiran para que no seamos una sociedad moderna y avanzada, en la que sólo una élite más o menos pura e ilustrada escapa a la deyección y el abismo. No estamos mejor porque con «este piazo’e pueblo» no se podría hacer otra cosa.

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Tres notas al final del artículo (“Este piazo’e pueblo”) complementaban lo expuesto. La primera se refería al actual cobro político de la discriminación, y decía: “Unos veinte años antes de la asunción de Hugo Chávez al poder, José Manuel Briceño Guerrero escribía proféticamente El discurso salvaje, que incluyó después en El laberinto de los tres minotauros. (Monte Ávila, 1997). Comentaría luego Francisco Toro Ugueto: ‘…explica no sólo por qué existe el chavismo, sino también por qué tiene éxito. La atracción política de Chávez está basada en el lazo emocional que su retórica crea con una audiencia que resiente profundamente su marginalización histórica. Funciona al hacerse eco de la profunda resaca de furia de los excluidos, una furia que Briceño Guerrero explica poderosamente. La retórica de Chávez está basada en una comprensión intuitiva profunda del discurso no occidental/antirracional en nuestra cultura, un discurso que ha sido alternadamente atacado, descontado y negado por generaciones de gobernantes de mentalidad europea. Chávez valida el discurso salvaje, lo refleja y lo afirma. Lo encarna. En último término, transmite a su audiencia un profundo sentido de que el discurso salvaje puede y debe ser algo que nunca ha sido antes: un discurso de poder’.”

La última de las notas apuntaba que la tesis del mal material humano originario de Venezuela había sido adelantada por Francisco Herrera Luque en su libro La huella perenne.

La nota del medio, la segunda, se limitaba a identificar al autor de las palabras citadas sobre la “la irresponsabilidad, la pereza y la sensación de que siempre algún milagro nos rescatará de la miseria, sin necesidad de que ofrezcamos nuestro esfuerzo a cambio»: Marcel Granier, en La generación de relevo vs. el Estado omnipotente.

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Al quejarse Chávez amargamente de que el rechazo de que es objeto se debe a su pretendida condición de pardo, en el contexto de un debate continental-bilateral sobre su muy cacareada negativa a renovar la concesión de frecuencia abierta a Radio Caracas Televisión, ha desnudado inadvertidamente su alma atormentada y rencorosa. Ha hecho a Marcel Granier, a quien amenazara ya, poco veladamente, antes de que siquiera un mes hubiera transcurrido de su primera asunción al poder en 1999, el objeto focal de su reconcomio de resentido social. Lo ha hecho el objeto de su odio.

No tiene Chávez ningún argumento consistente para negar a RCTV la renovación de su licencia. Todos los que ha empleado, y que han repetido como loros sus más obsequiosos funcionarios, no tienen sostén válido, ni jurídico ni político, y no pueden disimular la verdadera motivación: la antipatía de un resentido, que proyecta sobre una persona específica todo el dolor, toda la vergüenza y toda la rabia que atesoró por largo tiempo.

Un verdadero estadista, por supuesto, tendría vedado el odio personal. Un político realmente benéfico se eleva sobre sus propios dolores, y no emplea su poder para conseguir la reivindicación de facturas privadas. Ningún magistrado tiene autorización para hacer políticas con su amargura.

LEA

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FS #140 – Amargo de Angostura

Fichero

LEA, por favor

En Angostura, ciudad que luego de su muerte llevaría su nombre, el Libertador Simón Bolívar inauguró el segundo congreso constituyente con su más famoso discurso. El Discurso de Angostura fue pronunciado el 15 de febrero de 1819, seis meses antes de que el general y estadista de 36 años de edad liberara a Colombia con su triunfo en la Batalla de Boyacá. (6 de agosto de 1819).

Aunque ni Venezuela, ni Colombia ni Ecuador estaban aún libres de la dominación española, ya se formó en Angostura la República de Colombia, constituida por las tres naciones nombradas y con un nombre que honraba al Descubridor, de cuya efigie el régimen imperante hoy en Venezuela toleró su asalto y demolición.

Esta Ficha Semanal #140 de doctorpolítico reproduce la primera sección del discurso de Bolívar (sin incluir el preámbulo). Es ella la sección que dedica a consideraciones sobre el tema de la libertad.

No era nueva en Bolívar la preocupación por la libertad de los pueblos. Ya en la Carta de Jamaica (6 de septiembre de 1815) cita a Montesquieu para decir: “Es más difícil sacar un pueblo de la servidumbre, que subyugar uno libre”. De hecho, emplea pedagógicamente exactamente los mismos ejemplos en la Carta de Jamaica y el Discurso de Angostura. En la primera dice: “En las administraciones absolutas no se reconocen límites en el ejercicio de las facultades gubernativas: la voluntad del gran sultán, Kan, Bey y demás soberanos despóticos, es la ley suprema, y ésta, es casi arbitrariamente ejecutada por los bajáes, kanes y sátrapas subalternos de Turquía y Persia, que tienen organizada una opresión de que participan los súbditos en razón de la autoridad que se les confía”. Como se verá, propone la consideración de los mismos hechos al Congreso reunido en Angostura.

Es muy sintomático que el Libertador haya escogido precisamente ese tema para iniciar su oratoria en Guayana. Es de ese discurso de donde se cita la siguiente admonición, clara y grave: “… nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía”. Simón Bolívar, pues, votaría en contra de la reforma constitucional por la que se pretende permitir en Venezuela la reelección indefinida del mismo ciudadano en la Presidencia de la República.

No es, por supuesto, el único punto en que la idea política de Bolívar antagoniza la de cierto gobernante que se llena la boca con su nombre. El Libertador no era gente que persiguiese a la gente de industria. Dice en el discurso—publicado en varias entregas de El Correo del Orinoco—lo siguiente: “Al proponeros la división de los ciudadanos en activos y pasivos, he pretendido excitar la prosperidad nacional por las dos más grandes palancas de la industria, el trabajo y el saber. Estimulando estos dos poderosos resortes de la sociedad, se alcanza lo más difícil entre los hombres, hacerlos honrados y felices”.

LEA

Amargo de Angostura

¡Legisladores!

Yo deposito en vuestras manos el mando supremo de Venezuela. Vuestro es ahora el augusto deber de consagraros a la felicidad de la República; en vuestras manos está la balanza de nuestros destinos, la medida de nuestra gloria, ellas sellarán los decretos que fijen nuestra libertad. En este momento el Jefe Supremo de la República no es más que un simple ciudadano; y tal quiere quedar hasta la muerte. Serviré, sin embargo, en la carrera de las armas mientras haya enemigos en Venezuela. Multitud de beneméritos hijos tiene la patria capaces de dirigirla, talentos, virtudes, experiencia y cuanto se requiere para mandar a hombres libres, son el patrimonio de muchos de los que aquí representan el pueblo; y fuera de este Soberano Cuerpo se encuentran ciudadanos que en todas épocas han mostrado valor para arrostrar los peligros, prudencia para evitarlos, y el arte, en fin, de gobernarse y de gobernar a otros. Estos ilustres varones merecerán, sin duda, los sufragios del Congreso y a ellos se encargará del gobierno, que tan cordial y sinceramente acabo de renunciar para siempre.

La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía. Un justo celo es la garantía de la libertad republicana, y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado, que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente.

………

Al desprenderse América de la Monarquía Española, se ha encontrado, semejante al Imperio Romano, cuando aquella enorme masa, cayó dispersa en medio del antiguo mundo. Cada desmembración formó entonces una nación independiente con forme a su situación o a sus intereses; pero con la diferencia de que aquellos miembros volvían a restablecer sus primeras asociaciones. Nosotros ni aun conservamos los vestigios de lo que fue en otro tiempo; no somos europeos, no somos indios, sino una especie media entre los aborígenes y los españoles. Americanos por nacimiento y europeos por derechos, nos hallamos en el conflicto de disputar a los naturales los títulos de posesión y de mantenernos en el país que nos vio nacer, contra la oposición de los invasores; así nuestro caso es el más extraordinario y complicado. Todavía hay más; nuestra suerte ha sido siempre puramente pasiva, nuestra existencia política ha sido siempre nula y nos hallamos en tanta más dificultad para alcanzar la libertad, cuanto que estábamos colocados en un grado inferior al de la servidumbre; porque no solamente se nos había robado la libertad, sino también la tiranía activa y doméstica. Permítaseme explicar esta paradoja. En el régimen absoluto, el poder autorizado no admite límites. La voluntad del déspota, es la ley suprema ejecutada arbitrariamente por los subalternos que participan de la opresión organizada en razón de la autoridad de que gozan. Ellos están encargados de las funciones civiles, políticas, militares y religiosas, pero al fin son persas los sátrapas de Persia, son turcos los bajáes del gran señor, son tártaros los sultanes de la Tartaria. China no envía a buscar mandarines a la cuna de Gengis Kan que la conquistó. Por el contrario, América, todo lo recibía de España que realmente la había privado del goce y ejercicio de la tiranía activa; no permitiéndonos sus funciones en nuestros asuntos domésticos y administración interior. Esta abnegación nos había puesto en la imposibilidad de conocer el curso de los negocios públicos; tampoco gozábamos de la consideración personal que inspira el brillo del poder a los ojos de la multitud, y que es de tanta importancia en las grandes revoluciones. Lo diré de una vez, estábamos abstraídos, ausentes del universo, en cuanto era relativo a la ciencia del gobierno.

Uncido el pueblo americano al triple yugo de la ignorancia, de la tiranía y del vicio, no hemos podido adquirir, ni saber, ni poder, ni virtud. Discípulos de tan perniciosos maestros las lecciones que hemos recibido, y los ejemplos que hemos estudiado, son los más destructores. Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza; y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición. La esclavitud es la hija de las tinieblas; un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia, de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad; la traición por el patriotismo; la venganza por la justicia. Semejante a un robusto ciego que, instigado por el sentimiento de sus fuerzas, marcha con la seguridad del hombre más perspicaz, y dando en todos los escollos no puede rectificar sus pasos. Un pueblo pervertido si alcanza su libertad, muy pronto vuelve a perderla; porque en vano se esforzarán en mostrarle que la felicidad consiste en la práctica de la virtud; que el imperio de las leyes es más poderoso que el de los tiranos, porque son más inflexibles, y todo debe someterse a su benéfico rigor; que las buenas costumbres, y no la fuerza, son las columnas de las leyes; que el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad. Así, legisladores, vuestra empresa es tanto más ímproba cuanto que tenéis que constituir a hombres pervertidos por las ilusiones del error, y por incentivos nocivos. «La libertad—dice Rousseau—es un alimento suculento, pero de difícil digestión». Nuestros débiles conciudadanos tendrán que enrobustecer su espíritu mucho antes que logren digerir el saludable nutritivo de la libertad. Entumidos sus miembros por las cadenas, debilitada su vista en las sombras de las mazmorras, y aniquilados por las pestilencias serviles, ¿eran capaces de marchar con pasos firmes hacia el augusto templo de la libertad? ¿Serán capaces de admirar de cerca sus espléndidos rayos y respirar sin opresión el éter puro que allí reina?

Meditad bien vuestra elección, legisladores. No olvidéis que vais a echar los fundamentos a un pueblo naciente que podrá elevarse a la grandeza que la naturaleza le ha señalado, si vosotros proporcionáis su base al eminente rango que le espera. Si vuestra elección no está presidida por el genio tutelar de Venezuela que debe inspiraros el acierto de escoger la naturaleza y la forma de gobierno que vais a adoptar para la felicidad del pueblo; si no acertáis, repito, la esclavitud será el término de nuestra transformación.

Los anales de los tiempos pasados os presentarán millares de gobiernos. Traed a la imaginación las naciones que han brillado sobre la tierra, y contemplaréis afligidos que casi toda la tierra ha sido, y aún es, víctima de sus gobiernos. Observaréis muchos sistemas de manejar hombres, mas todos para oprimirlos; y si la costumbre de mirar al género humano conducido por pastores de pueblos, no disminuyese el horror de tan chocante espectáculo, nos pasmaríamos al ver nuestra dócil especie pacer sobre la superficie del globo como viles rebaños destinados a alimentar a sus crueles conductores. La naturaleza, a la verdad, nos dota al nacer del incentivo de la libertad; mas sea pereza, sea propensión inherente a la humanidad, lo cierto es que ella reposa tranquila aunque ligada con las trabas que le imponen. Al contemplarla en este estado de prostitución, parece que tenemos razón para persuadirnos que, los más de los hombres tienen por verdadera aquella humillante máxima, que más cuesta mantener el equilibrio de la libertad que soportar el peso de la tiranía.

Simón Bolívar

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