por Luis Enrique Alcalá | Nov 13, 2008 | LEA, Política |

El 2 de febrero de 2006 se reportaba en el #175 de esta publicación: “No hace mucho que algún encuestador respetable reportaba que sólo un 16% de la población se había beneficiado directamente de alguna de las ‘misiones’, a pesar de haberse gastado en ellas, hasta comienzos de 2005, probablemente 5 mil millones de dólares. (El asunto no es mera transferencia monetaria: la representante de la UNESCO declaró, el día que Chávez proclamaba a Venezuela ‘territorio libre de analfabetismo’, que nuestro país era el único en el mundo que había alcanzado las metas que se había fijado a este respecto”).
Ahora es Edouard Matoko, representante de la UNESCO para Bolivia, Ecuador y Venezuela, residenciado en Quito, quien declaró ayer que “Venezuela es uno de los países que tiene ‘más oportunidades’ de alcanzar los objetivos de ‘Educación para Todos’ (EPT), acordados por la UNESCO para 2015, si mantiene sus inversiones y políticas en este campo”. (Reporta El Universal). Matoko opina que Costa Rica es otro país bien posicionado para alcanzar el mismo logro.
Matoko destacó entre otras cosas la matrícula de la educación primaria en Venezuela, con 95% de escolaridad, y estima que nuestro país “ha dado un salto cualitativo muy importante en los últimos años”, en términos comparativos con otros países de la región. Cree que ha habido buenos avances en capacitación de docentes e infraestructura.
En general, es protocolo automático de cierta oposición desconocer cualquier logro del gobierno, que un examen más serio y sosegado tendría que admitir. Por fortuna, es cada vez más frecuente conseguir cabezas opositoras de mayor inteligencia, capaces de reconocer las bondades de ciertos programas gubernamentales.
En educación, debe reconocérsele al gobierno un ingente esfuerzo, al que dedica 7% del Producto Interno Bruto. No puede combatirse, a pesar de las prédicas homeopáticas, mezquindad con mezquindad.
La oposición a los programas educativos del gobierno debe fundarse, obviamente, en otro terreno, definitivamente más importante. Éste es el de los contenidos de su enseñanza, el de la distorsión adoctrinadora de los “currículos bolivarianos”. El terreno de la libertad de educación, tanto para impartirla como para recibirla.
Pero esta claridad estratégica no debe intentar la ocultación del Sol con un dedo. El gobierno, a pesar del abuso del adoctrinamiento ideológico, ha logrado cotas muy significativas en educación. Para tener autoridad con la que rechazar frontalmente el equivocadísimo planteamiento central del gobierno, conviene reconocer sus logros con la mayor tranquilidad. Ya son dos veces que la agencia de las Naciones Unidas especializada en educación encuentra algo bueno que decir de los programas educativos del actual Estado venezolano.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Nov 13, 2008 | Cartas, Política |

Anteayer se obtuvo permiso de Eduardo Fernández, Presidente del Instituto Internacional de Formación Arístides Calvani, para reseñar acá lo esencial de lo que, en ese momento, todavía transcurría en su Salón Ávila. Había expuesto Saúl Cabrera, por Consultores 21, en una reunión privada convocada por el instituto, lo que considerando a sus clientes podía decirnos del próximo 23 de noviembre, dentro de diez días. Ayer, sin embargo, el diario El Universal publicó una nota bastante completa sobre el evento, de modo que lo que aquí se contará ya no es, técnicamente, una infidencia.
Consultores 21 es una evolución de la antigua Conciencia 21, una organización analítica de la periferia de COPEI que por muchos años condujera Alfredo Keller, quien se separó del grupo para fundar su propia encuestadora. Cabrera explicó que la firma de la que es socio y director había optado por comparar las condiciones de hoy con las pre-electorales de 2004, la última vez que hubo unas elecciones como las que ocurrirán el venidero 23 de noviembre. El cotejo reveló movimientos interesantes.
Por ejemplo: poco antes de las elecciones del 30 de octubre de 2004, 59% de los encuestados reportaba que su situación personal era buena, y 71% creía que su situación mejoraría. A estas alturas de 2008, un 55% tiene su situación por buena y 62% piensa que su situación será mejor.
En 2004, 55% pensaba que era buena la situación del país; 63% creía que ésta mejoraría. Ahora, sólo un poco menos de la mitad del país (48%) opina que la situación del país es buena y 55% que mejorará.
Para 2004, los dos problemas percibidos como más importantes, cada uno con 25%, eran la situación política general y la situación económica general; seguían el desempleo con 21%, la inseguridad con 17%, la corrupción con 1%. A fines de 2008, la inseguridad es el problema más importante para el 44% de los entrevistados; el 20% reporta la situación política, 13% la situación económica y 9% el desempleo. Ya la corrupción es señalada como el problema principal en el 6% de las entrevistas. (Si una de las teorías favoritas del gobierno—que la delincuencia es producto directo de la pobreza—fuera exacta, ese salto en la percepción de inseguridad de 17% a 44% tendría que significar que este gobierno ha dejado que la pobreza aumente).
La gestión del presidente Chávez era considerada buena o muy buena por el 49% de la muestra en 2004; a estas fechas esa opinión ha descendido a 38,5%. Hace cuatro años 60% de los encuestados creía que el Presidente era capaz de resolver los problemas; sólo 47% sustenta ahora esa impresión. En 2004 decía tenerle confianza el 53%; en 2008 esa confianza ha disminuido a 42%. Ha bajado el porcentaje (40%) que en 2004 opinaba que el liderazgo de Chávez era suficiente; ahora piensa así solamente un 29%. De 58% que creía en 2004 que se requería un nuevo liderazgo, se ha llegado a 68% que quisiera ver nuevos líderes.
No hay cambio apreciable en la disposición a votar de los electores consultados; hoy, y hace cuatro años, un poco menos de 60% dice que irá a votar.
Cabrera estima como probables gobernaciones que irían a candidatos no oficialistas las de Zulia, Nueva Esparta, Carabobo, Miranda, Táchira, Yaracuy y Sucre. Despegados del gobierno—”renegados˝—triunfarían en Guárico, Barinas, Portuguesa y Trujillo. El caso de Lara, sin estar en este último grupo, pude tenerse como en gran medida independiente de los designios del presidente Chávez.
Como otros analistas, Saúl Cabrera prevé que una cuenta nacional de los votos a favor de los candidatos no oficialistas será muy fuerte y sustanciosa.
………
La presentación descrita fue precedida, no obstante, por unas palabras de apertura de Eduardo Fernández, el anfitrión. Son los rasgos resaltantes de esta campaña, dijo, el descarado y atropellante ventajismo electoral del gobierno nacional, las amenazas de guerra proferidas por el Presidente y las candidaturas inhabilitadas, y señaló que respecto de esto último faltó respuesta de la oposición.
Más allá de esta descripción, y antes, se refirió a la significación de las elecciones del 23 de noviembre. En orden inverso, al estilo parlamentario: destacó lo que esas elecciones representan para la calidad de vida de la gente que, a fin de cuentas, quiere toda el vivir bien aristotélico. Resaltó asimismo cómo son esas elecciones una más de las batallas entre la descentralización y el centralismo. Y resaltó mucho que estas elecciones pudieran ser una ratificación de los resultados del pasado 2 de diciembre, cuando una mayoría rechazó el despótico proyecto de reforma constitucional propuesto por el Presidente y la Asamblea Nacional.
Si uno se atiene a la consideración de esos tres significados, tiene sobreabundancia de razones para ir a votar. Esa triple y profunda significación constituye la razón para hacerse presente en la votación.
………
Pero llegó a manos de doctorpolítico, por los caminos verdes de la correspondencia electrónica, un espectacular ejercicio de Datanálisis, un tour de force resumido en 63 láminas, que llevan por título “Escenarios Políticos 2009-2010”. (Datanálisis ha completado también un estudio compañero: “Escenarios Económicos: 2009-2010”).
Por acá pensamos que ese análisis valía la pena, y que contenía mucho valor agregado para la interpretación de la coyuntura y sus principales cauces de desagüe, cada uno con su propia dinámica. En consecuencia, se llamó a Datanálisis para obtener su autorización para referirse a ese su estudio, lo que se logró por amable gracia de sus autoridades. (Naturalmente, esta publicación prometió no abusar; que no pretendería siquiera mostrar un tráiler de la película. Tan sólo pescar una que otra de sus perlas; ya sabe doctorpolítico que se puede adquirir el estudio todo, que incluye un texto más completo y detallado, el que explica y enhebra la escueta información mostrada en las láminas, llamando a la empresa para pedir la ayuda de Rosario Gayol).
Tres son los escenarios considerados por Datanálisis para los resultados posibles del 23 de noviembre. En el escenario “Vienen por mí”, el oficialismo obtiene el 47,3% de los votos en suma nacional; los candidatos no oficialistas el 52, 7%, desdoblado en 44,1% para candidatos de partidos de oposición y 8,6% para candidatos disidentes del chavismo. Esta posibilidad rendiría ocho gobernaciones a la oposición: Carabobo, Cojedes, Miranda, Nueva Esparta, Sucre, Táchira, Yaracuy y Zulia. Otras tres gobernaciones no podrían ser controladas por el gobierno: Barinas, Guárico y Portuguesa, que quedarían en manos de candidatos disidentes. Es tal escenario, al educado criterio de Datanálisis, lo mejor que puede pasarle a quienes no apoyan a Chávez.
En escenario moderado, “Sin prisa y sin pausa”, se mantiene las tres gobernaciones disidentes pero las candidaturas de oposición no logran triunfar en Miranda y Yaracuy. En esta posibilidad, los no oficialistas suman nacionalmente una votación de 40,5%. (Oposición, 31,9%; disidencia, 8,6%). Los candidatos oficialistas alcanzarían casi 60% de los votos emitidos en todo el país. (59,6%).
Finalmente, una votación total de 69,6% para los candidatos gobiernistas dejaría un total de 30,4% para los no oficialistas (24,6% de oposición, 5,8% de disidentes), y conduciría al escenario de “Profundización de la revolución”. El gobierno tendría una base-pretexto suficiente para acelerar el tránsito de la ruta que se ha marcado. En este caso, sólo habría dos gobernadores disidentes (Barinas, Portuguesa) y una mezcla de sólo cinco gobernaciones en cabezas opositoras: Carabobo, Cojedes, Miranda, Nueva Esparta y Sucre. El escenario, de forma explicada en el informe completo, incluye el triunfo del gobierno en Zulia y, paradójicamente, la resurrección de la oposición (respecto del escenario intermedio) en Miranda.
Naturalmente, el ingreso del río del proceso en alguno de estos cauces disponibles depende de muchos factores. En conversación telefónica, el Dr. José Antonio Gil Yepes, Presidente de Datanálisis, explicó que si la oposición quiere lograr el escenario “más abierto” (Vienen por mí) deberá trabajar con denuedo en llevar los electores a votar, vigilar la cuenta de los votos y defenderlos. Una vez hecho eso, debe presentar la factura del triunfo; esto es, debe comunicarlo eficazmente, pues aquí el presidente Chávez ofrecería una vez más la interpretación de victoria pírrica o consistente en materia fecal. Por último, lo que a la larga importa más, administrar en beneficio de la gente, en los territorios estadales y locales ganados, las autoridades obtenidas.
Más allá de estas elecciones, un dato importante y reiterado determina la tarea política a mediano plazo. (Gil Yepes lo considera el dato fundamental, por el que las cuentas no le cuadran bien al gobierno). Sobre una base de 1.299 entrevistas, Datanálisis encuentra que 30,3% de esa muestra se define como pro gobierno, chavista u oficialista, y 19,2% como de la oposición o antichavista. La otra mitad de la torta está compuesta por 7,6% de quienes dicen no saber o prefieren no contestar la pregunta de ubicación política ¡y 42,9% de gente que está en el medio o no es de ninguno de los dos bandos! (Es muy interesante la presencia de este gran grupo en los varios rangos socioeconómicos. Es menor en la clase A/B, donde sólo 24,1% se aleja de los polos. En ese estrato, 55,2 % es antichavista y 17, 2% es chavista. Al otro extremo, en el estrato E, 38,2% apoya al gobierno y 13,1% lo rechaza; una grande porción de 40,2% no se identifica con ninguno de los bandos o se estima equidistante. Pero en las clases C y D crece este último grupo: es de 46,8% en la C y de 47,7% en la D).
Una y otra vez, se manifiesta un enorme segmento del mercado, casi una mitad que supera por trece puntos al que le sigue (el gobiernista) y permanece a la espera de un mensaje político fresco, que venga de actores con la misma cualidad.
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En un sistema político menos enfermo que el nuestro, las elecciones del 23 de noviembre se dirimirían localmente. Es el Presidente de la República quien ha empacado el asunto con envoltorio nacional, ante la alcahuetería del Consejo Nacional Electoral (su mayoría), que no logra encontrar nada censurable en su sectaria y ventajista intervención. Hay un sentido, pues, en el que la línea opositora debiera ser contraria, como en la práctica lo ha sido: se trata de asuntos estadales y locales. Cada ciudadano debiera preocuparse, tan sólo, de su municipio y su estado (en Caracas, también de la estructura metropolitana).
Vista la cosa de ese modo, quien escribe no tiene derecho a entrometerse en el proceso electoral del Municipio Salias, puesto que habita en el Municipio Sucre, y tampoco, dado que es residente del estado Miranda, en la discusión por la gobernación de Anzoátegui. (Por más tentador que sea atender el más gustoso de los chismes recientes: que Tarek William Saab, gobernador de la entidad, habría recibido en una de sus cuentas bancarias, según un ex canciller de Chávez, Luis Alfonso Dávila, un depósito por Bs. F 350.000, proveniente de una empresa contratista del estado).
Y si uno tuviera que aconsejar el voto de cualquier ciudadano con responsabilidad, debiera decirle que el criterio principal para decidir su voto no es otro que el de la buena vida aristotélica recordada por Eduardo Fernández, a la que tiene derecho. Tendría que dilucidar quiénes, entre los candidatos por los que puede votar, garantizarían mejor un buen gobierno para su propia comunidad. (No tendría autoridad moral nadie, ni del gobierno ni de la oposición, para venderle algún candidato que probablemente sea un pésimo gobernante).
Pero también debiera decírsele que, en igualdad de condiciones, si cree que los candidatos de ambos bandos pueden conducir los asuntos estadales o municipales con idoneidad, entonces debiera votar a favor del no oficialista, porque un concejal más para el gobierno refuerza sus posibilidades de extender su dominación, a todas luces abusiva y perniciosa en saldo neto. Entre otras cosas porque, como apuntara Fernández, un gobernador, un alcalde, o unos concejales que no respondieran a directrices del gobierno, serían mejor defensa de la descentralización del poder, cosa necesaria.
Sobre todo, habría que decirle que no deje de emitir su voto, que no se abstenga.
Al final de la jornada, por supuesto, no será lo importante la interpretación que ofrezcan de los resultados los líderes políticos de cada tienda, ni siquiera la que adelanten competentes comentaristas o encuestadoras. Será la interpretación que por su cuenta elabore el enjambre ciudadano lo que será decisivo. Por los vientos que soplan, es razonablemente probable que la conclusión a la que llegará el 70% de la población que no es chavista será que el gobierno habrá visto reducirse su dominación el 23 de noviembre de 2008. Esto será suficiente, por ahora.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Nov 11, 2008 | Fichas, Política |

LEA, por favor
Por estos días, unos cuantos irredentos regatean la significación de la elección de Barack Obama como cuadragésimo cuarto Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. Impedidos de negarla por completo, en vista de la oleada aprobatoria en todo confín del mundo, entresacan con pinzas los artículos más críticos para distribuirlos electrónicamente. Su líder máximo, por lo contrario, se ha sumado gallardamente al reconocimiento universal.
El presidente George W. Bush dirigió a su país, alrededor de las diez de la mañana del día 5 de noviembre, una breve y noble alocución que lo enaltece. Es la traducción de ese discurso el escueto contenido de esta Ficha Semanal #220 de doctorpolítico.
Además de llamarla victoria impresionante e histórica, Bush empleó algunas de las imágenes usadas por Obama en su discurso de la víspera en el Parque Grant de Chicago. Por ejemplo, que la nación se mueve como una sola, en dirección de una unión más perfecta, que se trata ahora de un período de cambio en Washington. Más aún, para acallar a quienes estiman peligrosa una presidencia de Obama, dijo Bush: “El gobierno de los Estados Unidos permanecerá vigilante para cumplir con su más importante responsabilidad: la protección del pueblo estadounidense. El mundo puede estar seguro de que este compromiso continuará firme bajo nuestro próximo Comandante en Jefe”.
Honrar honra, por supuesto. Así como fue elegante John McCain en la oportunidad de reconocer su derrota, la alocución de George W. Bush fue una lección universal de respeto democrático. Las posturas de Obama y Bush, evidentemente, son muy opuestas en muchos de los grandes temas del momento. Pero el presidente Bush se elevó por encima de las diferencias para dar, sin mezquindad, la bienvenida al cambio, aunque éste llegue para revertir, incluso tempranamente, muchas de sus decisiones más vistosas. Y el senador Obama dijo en la noche del 4 de noviembre: “Recordemos que fue un hombre de este estado quien primero portara el estandarte del Partido Republicano a la Casa Blanca, un partido fundado sobre los valores de la confianza en uno mismo, la libertad individual y la unidad nacional. Ésos son valores que todos compartimos. Y aunque el Partido Demócrata ha ganado esta noche una gran victoria, lo hacemos con una medida de humildad y la determinación de sanar las divisiones que han frenado nuestro progreso”.
¡Cómo hace falta esa clase en la Presidencia de la República de Venezuela, donde su titular es singularmente divisionista, mezquino, procaz y amenazante!
Ayer mismo la pareja Obama fue recibida en la Casa Blanca por la familia Bush. Antes de viajar a Washington, el Presidente Electo dejó personalmente a sus hijas en su colegio de Chicago. Las fotografías de la ocasión muestran a Obama de chaqueta casual y gorra de los Medias Blancas, la divisa de Oswaldo Guillén y Alfonso Chico Carrasquel.
LEA
…
Honrar honra
Buenos días.
Anoche sostuve una cálida conversación con el Presidente Electo, Barack Obama. Le felicité y al senador Biden por su impresionante victoria. Dije al Presidente Electo que puede contar con la completa cooperación de mi administración en su transición a la Casa Blanca.
También hablé con el senador John McCain. Lo felicité por la campaña llena de determinación que él y la gobernadora Palin emprendieron. El pueblo estadounidense siempre estará agradecido por la vida de servicios que John McCain ha dedicado a su nación. Sé que continuará haciendo tremendas contribuciones a nuestro país.
Sin importar cómo votaron, todos los estadounidenses pueden estar orgullosos de la historia que ayer fue hecha. Por todo el país, los ciudadanos votaron en grandes números. Mostraron a un mundo vigilante la vitalidad de la democracia estadounidense, y las zancadas que hemos dado hacia una unión más perfecta. Escogieron a un Presidente cuya jornada representa un triunfo de la historia estadounidense: un testimonio de trabajo duro, optimismo y fe en la duradera promesa de nuestra nación.
Muchos de nuestros ciudadanos pensaron que no vivirían para ver ese día. Este momento es especialmente edificante para una generación de estadounidenses que fueron testigos de la lucha por los derechos civiles con sus propios ojos, y cuatro décadas después ven realizarse un sueño.
Ahora ha concluido una larga campaña, y nos movemos hacia adelante como una sola nación. Estamos embarcándonos en un período de cambio en Washington; sin embargo, hay algunas cosas que no cambiarán. El gobierno de los Estados Unidos permanecerá vigilante para cumplir con su más importante responsabilidad: la protección del pueblo estadounidense. El mundo puede estar seguro de que este compromiso continuará firme bajo nuestro próximo Comandante en Jefe.
Queda trabajo importante por hacer en los próximos meses, y continuaré conduciendo los asuntos del pueblo mientras este cargo permanezca bajo mi responsabilidad. Durante este tiempo de transición, mantendré al Presidente Electo plenamente informado de las decisiones importantes. Y cuando el 20 de enero llegue el tiempo, Laura y yo regresaremos a nuestro hogar en Texas con atesorados recuerdos de nuestro tiempo acá, y con profunda gratitud por el honor de servir a este sorprendente país.
Será una visión estimulante ver al presidente Obama, su esposa Michelle y sus hermosas hijas atravesar las puertas de la Casa Blanca. Sé que millones de estadounidenses estarán sobrecogidos de orgullo por ese inspirador momento que muchos han esperado por largo tiempo. Sé que la querida madre y los abuelos del senador Obama habrían estado encantados ver al hijo que criaron ascender las escalinatas del Capitolio y jurar que respetará la Constitución de la más grande nación de la faz de la tierra.
Anoche extendí una invitación al Presidente Electo y a la Sra. Obama para que vengan a la Casa Blanca. Laura y yo esperamos darles la bienvenida tan pronto como sea posible.
Muchas gracias.
George W. Bush
por Luis Enrique Alcalá | Nov 6, 2008 | LEA, Política |

Mientras todavía las colas de votantes no habían cesado en los Estados Unidos, discutí, atónito y amargamente decepcionado, con un venerado historiador venezolano, antaño izquierdista, que postuló como rasgo definitorio de la época el peligro de “la amenaza islámica” y consagró, como obra maestra de sabiduría política, la ocupación estadounidense de los territorios iraquíes. Argumentó que las torturas en Abu Ghraib y Guantánamo, las mentiras del gobierno de Washington, las decenas de miles de muertos, los millones de desplazados, eran sólo detalles, minucias que la historia futura olvidaría para retener lo que a su juicio era lo esencial: que los Estados Unidos habían sabido crear en Irak un foco para el control del mundo árabe.
Pero ayer un ingente proceso pacífico, civil y civilizado, fue mucho más histórico que la horrorosa guerra que George W. Bush y Dick Cheney desataron para saciar sus prejuicios y conveniencias. La elección de Barack Obama como Presidente de los Estados Unidos es ya, a un día escaso de haberse producido, históricamente mucho más trascendente que aquel desatino.
Los documentos históricos de los Estados Unidos conceden pedestal privilegiado a algunos entre sus discursos: el Farewell Address de George Washington; el de Abraham Lincoln en Gettysburg—that government of the people, by the people, for the people, shall not perish from the earth—; el inaugural de John F. Kennedy—Ask not what your country can do for you; ask what you can do for your country—y su discurso berlinés cuando un vergonzoso muro aún dividía la capital de los alemanes: Ich bin ein Berliner. El discurso que Barack Obama pronunciara antenoche, en el parque que Chicago dedicara a Ulises Grant, será igualmente canonizado.
Algunos concursantes tropicales por el papel de héroes pudieran medirse por la nobleza de su contenido, para desterrar de sus alocuciones la mezquindad y el resentimiento. Obama asumió el compromiso de gobernar también para aquellos cuyo voto, según sus palabras, debía “todavía merecer”, pues si no tuvo su apoyo escucha sus voces, y recordó dos veces al primer presidente republicano, el gran Lincoln, que como él salió del estado de Illinois, en mención genuinamente admirada de su partido, opuesto al suyo propio, y antes con la cita de su imperecedera definición de democracia.
Ante este portento de elocuencia, esta carta hace metamorfosis y hoy se transforma en ficha: reproduce su versión castellana del memorable discurso de Obama en la noche del 4 de noviembre. Hoy, persuadida de la perennidad de esa oración, la pluma de doctorpolítico descansa.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Nov 6, 2008 | Cartas, Política |

Mientras todavía las colas de votantes no habían cesado en los Estados Unidos, discutí, atónito y amargamente decepcionado, con un venerado historiador venezolano, antaño izquierdista, que postuló como rasgo definitorio de la época el peligro de “la amenaza islámica” y consagró, como obra maestra de sabiduría política, la ocupación estadounidense de los territorios iraquíes. Argumentó que las torturas en Abu Ghraib y Guantánamo, las mentiras del gobierno de Washington, las decenas de miles de muertos, los millones de desplazados, eran sólo detalles, minucias que la historia futura olvidaría para retener lo que a su juicio era lo esencial: que los Estados Unidos habían sabido crear en Irak un foco para el control del mundo árabe.
Pero ayer un ingente proceso pacífico, civil y civilizado, fue mucho más histórico que la horrorosa guerra que George W. Bush y Dick Cheney desataron para saciar sus prejuicios y conveniencias. La elección de Barack Obama como Presidente de los Estados Unidos es ya, a un día escaso de haberse producido, históricamente mucho más trascendente que aquel desatino.
Los documentos históricos de los Estados Unidos conceden pedestal privilegiado a algunos entre sus discursos: el Farewell Address de George Washington; el de Abraham Lincoln en Gettysburg—that government of the people, by the people, for the people, shall not perish from the earth—; el inaugural de John F. Kennedy—Ask not what your country can do for you; ask what you can do for your country—y su discurso berlinés cuando un vergonzoso muro aún dividía la capital de los alemanes: Ich bin ein Berliner. El discurso que Barack Obama pronunciara antenoche, en el parque que Chicago dedicara a Ulises Grant, será igualmente canonizado.
Algunos concursantes tropicales por el papel de héroes pudieran medirse por la nobleza de su contenido, para desterrar de sus alocuciones la mezquindad y el resentimiento. Obama asumió el compromiso de gobernar también para aquellos cuyo voto, según sus palabras, debía “todavía merecer”, pues si no tuvo su apoyo escucha sus voces, y recordó dos veces al primer presidente republicano, el gran Lincoln, que como él salió del estado de Illinois, en mención genuinamente admirada de su partido, opuesto al suyo propio, y antes con la cita de su imperecedera definición de democracia.
Ante este portento de elocuencia, esta carta hace metamorfosis y hoy se transforma en ficha: reproduce su versión castellana del memorable discurso de Obama en la noche del 4 de noviembre. Hoy, persuadida de la perennidad de esa oración, la pluma de doctorpolítico descansa.
LEA
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Hola, Chicago.
Si queda alguien que todavía dude de que los Estados Unidos son un lugar donde todas las cosas son posibles, que todavía se pregunte si el sueño de nuestros fundadores vive en nuestro tiempo, que aún cuestione la fuerza de nuestra democracia, esta noche es su respuesta.
Es la repuesta ofrecida por las colas que se estiraban alrededor de las escuelas y las iglesias, en cantidades nunca vistas en esta nación, con gente que esperó tres y cuatro horas, muchos por la primera vez en sus vidas, porque creyeron que esta vez debía ser diferente, que sus voces podían ser esa diferencia.
Es la respuesta buscada por jóvenes y viejos, ricos y pobres, demócratas y republicanos, negros, blancos, hispánicos, asiáticos, nativos, homosexuales, heterosexuales, impedidos y no impedidos. Estadounidenses que enviaron al mundo el mensaje de que nunca hemos sido una mera colección de individuos, o una colección de estados rojos y estados azules.
Somos, y siempre seremos, los Estados Unidos de Norteamérica.
Es la respuesta que guió a todos aquellos a los que se dijo por mucho tiempo que debían ser cínicos, temerosos y dubitativos sobre lo que podemos lograr, para poner sus manos en el arco de la historia y tensarlo una vez más hacia la esperanza de un mejor día.
Tardó un largo tiempo en llegar, pero esta noche, por lo que hicimos en esta fecha, en esta elección, en este momento de definición, el cambio ha llegado a los Estados Unidos.
Esta noche, un poco más temprano, recibí una llamada extraordinariamente amable del senador McCain.
El senador McCain peleó larga y duramente en esta campaña. Y él ha peleado aun más larga y duramente por el país que ama. Ha soportado sacrificios por los Estados Unidos que la mayoría de nosotros no atina a imaginar. Estamos mejor por el servicio prestado por este valiente y desprendido líder.
Le felicito; felicito a la gobernadora Sarah Palin por todo lo que ellos han logrado. Espero trabajar con ellos para renovar la promesa de esta nación en los meses por venir.
Quiero agradecer a mi compañero en este viaje, un hombre que hizo campaña desde su corazón, y habló por los hombres y mujeres con los que creció en las calles de Scranton y viajó a casa en tren hasta Delaware, el Vicepresidente Electo de los Estados Unidos, Joe Biden.
Y no estaría parado aquí esta noche sin el tenaz apoyo de mi mejor amiga en los últimos dieciséis años, la roca de nuestra familia, el amor de mi vida, la próxima Primera Dama de la nación, Michelle Obama.
Sasha y Malia, las amo a las dos más de lo que pueden imaginar. Y ustedes se han ganado el nuevo cachorro que se mudará con nosotros a la nueva Casa Blanca.
Y aunque ya no está cono nosotros, sé que mi abuela nos está viendo, junto con la familia que me hizo lo que soy. La extraño esta noche. Sé que mi deuda con ella está más allá de toda medida.
A mi hermana Maya, a mi hermana Alma, a todos mis otros hermanos y hermanas, muchas gracias por el apoyo que me han dado. Les estoy agradecido.
Y a mi jefe de campaña, David Plouffe, el héroe no cantado de esta campaña, que construyó la mejor… la mejor campaña política, creo, en la historia de los Estados Unidos.
A mi estratega jefe, David Axelrod, que ha sido mi compañero en todo paso del camino. Al mejor equipo de campaña alguna vez ensamblado en la historia de la política; ustedes hicieron que esto sucediera y estaré por siempre agradecido por lo que han sacrificado para lograrlo.
Pero, sobre todo, nunca olvidaré que esta victoria les pertenece verdaderamente a ustedes. Les pertenece.
Nunca fui el candidato más probable para este cargo.
No comenzamos con mucho dinero o muchos avales.
Nuestra campaña no fue empollada en los salones de Washington. Comenzó en patios de Des Moines, las salas de Concord y los pórticos de Charleston.
Fue construida por trabajadores, hombres y mujeres, que excavaron en los pocos ahorros que tuvieran para dar cinco, y diez y veinte a la causa.
Adquirió fuerza de los jóvenes que rechazaron el mito de la apatía de su generación, que dejaron sus hogares y sus familias por empleos que ofrecían poca paga y menos sueño todavía.
Adquirió fuerza de los que no son tan jóvenes que aguantaron el amargo frío y el ardiente calor para tocar a las puertas de perfectos extraños, y de los millones de estadounidenses que se ofrecieron voluntariamente y demostraron que, después de más de dos siglos, un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no había perecido en la tierra.
Ésta es vuestra victoria.
Ustedes saben que no hicieron esto sólo para ganar una elección. Yo sé que no lo hicieron por mí.
Ustedes lo hicieron porque entienden la enormidad de la tarea que aguarda por delante. Porque incluso mientras celebramos esta noche, sabemos los desafíos que el mañana traerá: dos guerras, un planeta en peligro, la peor crisis financiera en un siglo.
Incluso estando aquí esta noche, sabemos que hay estadounidenses valientes que despiertan en los desiertos de Irak y las montañas de Afganistán para arriesgar sus vidas por nosotros.
Hay madres y padres que permanecen despiertos después de que sus niños se duermen y se preguntan cómo pagarán sus hipotecas y las facturas del médico, y cómo ahorrarán lo suficiente para la educación superior de sus hijos.
Hay nueva energía que aprovechar, nuevos empleos que crear, nuevas escuelas que construir, y amenazas que enfrentar y alianzas que reparar.
El camino que nos aguarda será largo. Nuestro ascenso empinado. Puede que no lleguemos allá en un año o incluso en un período. Pero, Estados Unidos, nunca he tenido más esperanza que esta noche en que llegaremos.
Se los prometo: nosotros como pueblo llegaremos.
Habrá retrocesos y comienzos en falso. Habrá muchos que no estarán de acuerdo con toda decisión o política que haga como presidente, y sabemos que el gobierno no puede resolver todo problema.
Pero siempre seré honesto con ustedes en cuanto a los retos que enfrentemos. Les escucharé, especialmente cuando estemos en desacuerdo. Y, sobre todo, les pediré sumarse a la labor de rehacer esta nación, de la única forma como se ha hecho en los Estados Unidos durante 221 años: cuadra a cuadra, ladrillo por ladrillo, mano encallecida tras mano encallecida.
Esta sola victoria no es el cambio que buscamos. Es sólo la oportunidad para que hagamos ese cambio. Y eso no puede ocurrir si regresamos a como eran las cosas.
No puede suceder sin ustedes, sin un nuevo espíritu de servicio, un nuevo espíritu de sacrificio.
Así, convoquemos un nuevo espíritu de patriotismo, de responsabilidad, con el que cada uno de nosotros se sume y trabaje más duro y cuide no sólo de sí mismo sino de cada uno de nosotros.
Recordemos que, si hay algo que esta crisis financiera nos ha enseñado, es que no podemos tener una próspera Wall Street mientras Main Street sufre.
En este país, surgimos o caemos como una sola nación, como un solo pueblo. Resistamos la tentación de retroceder al mismo sectarismo y pequeñez, a la misma inmadurez que ha envenenado nuestra política por tanto tiempo.
Recordemos que fue un hombre de este estado quien primero portara el estandarte del Partido Republicano a la Casa Blanca, un partido fundado sobre los valores de la confianza en uno mismo, la libertad individual y la unidad nacional.
Ésos son valores que todos compartimos. Y aunque el Partido Demócrata ha ganado esta noche una gran victoria, lo hacemos con una medida de humildad y la determinación de sanar las divisiones que han frenado nuestro progreso.
Como dijera Lincoln a una nación mucho más dividida que la nuestra, no somos enemigos sino amigos. Aun cuando la pasión puede habernos lesionado, no debe romper nuestros lazos de afecto.
A aquellos compatriotas cuyo apoyo debo todavía merecer, puede que esta noche no haya ganado sus votos, pero escucho sus voces. Necesito su ayuda, y también seré su presidente.
Y a aquellos que esta noche nos observan más allá de nuestras costas, desde parlamentos y palacios hasta aquellos que se agolpan alrededor de los radios en las esquinas olvidadas del mundo, nuestras historias son singulares pero nuestro destino es compartido, y una nueva aurora de liderazgo estadounidense está disponible.
A aquellos… a aquellos que romperían el mundo: los derrotaremos. A aquellos que buscan la paz y la seguridad: los apoyaremos. Y a aquellos que se han preguntado si el faro de los Estados Unidos aún resplandece: esta noche hemos demostrado una vez más que la verdadera fuerza de nuestra nación no viene del poder de nuestras armas o la magnitud de nuestra riqueza, sino de la potencia duradera de nuestros ideales: democracia, libertad, oportunidad y esperanza que no cede.
Es ése el verdadero genio de los Estados Unidos: que los Estados Unidos pueden cambiar. Lo que ya hemos logrado nos da esperanza en lo que podemos y debemos lograr mañana.
Esta elección sentó muchos precedentes, y tiene muchas historias que serán contadas por las generaciones. Pero una que tengo esta noche en mente es la de una mujer que depositó su voto en Atlanta. Ella se parece mucho a otros millones que hicieron sentir su voz en esta elección, excepto por una cosa: Ann Nixon Cooper tiene 106 años.
Nació sólo una generación después de la esclavitud: en un tiempo cuando no había automóviles en la carretera ni aeroplanos en el cielo, cuando alguien como ella estaba impedido de votar por dos razones: porque era mujer y por el color de su piel.
Esta noche pienso en todo lo que ella ha visto pasar durante un siglo en los Estados Unidos: el corazón dolorido y la esperanza, la lucha y el progreso, las veces que se dijo que no podíamos, y la gente que insistía en el credo estadounidense: sí podemos.
En un tiempo cuando las voces de las mujeres eran silenciadas y sus esperanzas despreciadas, ella vivió para verlas erguirse, y hablar y conseguir el derecho a votar. Sí podemos.
Cuando había desesperación en el polvo de las tazas y depresión en el país, ella vio a una nación vencer el miedo mismo con un Nuevo Trato, nuevos empleos, un nuevo sentido de propósito común. Sí podemos.
Cuando las bombas cayeron en nuestro puerto y la tiranía amenazaba al mundo, estuvo allí para ver una generación empinarse a la grandeza y salvar la democracia. Sí podemos.
Estuvo allí para los autobuses en Montgomery, las mangueras en Birmingham, un puente en Selma y un predicador de Atlanta que dijo a la gente: “Lo superaremos”. Sí podemos.
Un hombre descendió en la luna, un muro cayó en Berlín, un mundo fue conectado por nuestra propia ciencia y nuestra imaginación.
Y este año, en esta elección, tocó una pantalla con su dedo y depositó su voto, porque después de 106 años en los Estados Unidos, a través de los mejores tiempos y las horas más oscuras, ella sabe que los Estados Unidos pueden cambiar.
Sí podemos.
Estados Unidos: hemos llegado tan lejos. Hemos visto tanto. Pero queda mucho más por hacer. Así, preguntémonos esta noche: si nuestros hijos viviesen para ver el próximo siglo, si mis hijas tuvieran la suerte de vivir tanto como Ann Nixon Cooper, ¿qué cambio verían? ¿Qué progreso habríamos hecho?
Ésta es nuestra oportunidad de responder a ese llamado. Éste es nuestro momento.
Éste es nuestro tiempo, para poner de nuevo nuestra gente a trabajar y abrir puertas de oportunidad a nuestros hijos, para restaurar la prosperidad y promover la causa de la paz, para reclamar el sueño estadounidense y reafirmar la verdad fundamental: que a partir de muchos somos uno, que mientras respiremos tendremos esperanza. Y que cuando se nos confronte con cinismo y dudas, aquellos que nos dicen que no podemos, responderemos con el credo intemporal que resume el espíritu de un pueblo: sí podemos.
Gracias. Que Dios los bendiga. Y que Dios bendiga a los Estados Unidos de Norteamérica.
Barack Obama, Presidente Electo de los Estados Unidos
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