CS #313 – Camino despejado

Cartas

Hablaron los pueblos de Venezuela, los que no deben ser confundidos con el pueblo de Venezuela. Si uno argumentaba que estas elecciones del domingo pasado eran municipales y estadales, no nacionales como Chávez las entendió, entonces no debiera ahora, para ser consistente, extraer conclusiones nacionales del 23 de noviembre. Aquí se expuso la semana pasada: “Ni de una totalidad de triunfos en los estados y municipios puede sacarse conclusiones sobre asuntos de exclusivo dominio nacional”. Nos referíamos, por supuesto, a los deseos en Hugo Chávez de perpetuarse en el poder.

Pero por supuesto que se puede extraer conclusiones nacionales, y no sólo porque el presidente Chávez se metiera hasta el cuello en elecciones que no eran de su incumbencia.

Por ejemplo, que la muy significativa presencia de las dos terceras partes de los electores inscritos ante las máquinas de votación tiene que ser agradecida no sólo al pueblo venezolano, sino también a San Isidro Labrador que quitó el agua y puso el sol, sin permitir más que una que otra garúa intrascendente.

Por ejemplo, que la campaña emprendida por Chávez ha herido grandemente a la gente de Podemos, el PPT, el PCV y otras organizaciones disidentes—traidoras, en el léxico presidencial—, y habrá que ver entonces cómo se conducen y alinean sus diputados en los dos años que les quedan en la Asamblea Nacional. (Observación atinada que aportara Levy Benshimol).

Por ejemplo, que en contra de lo supuesto por esta publicación—“De hecho, luce probable que en términos porcentuales el avance opositor sea mayor en el ámbito municipal que en el estadal”—las candidaturas de oposición obtuvieron el 26% de las gobernaciones disputadas (tomando a la Alcaldía Metropolitana de Caracas como una), pero sólo el 18% de las alcaldías en juego (58 de 321, incluyendo la ganada por Antonio Ledezma). No hay ni uno solo de los estados del país en el que las opciones opositoras o disidentes ganaran una mayoría de las alcaldías. En Apure, Portuguesa, Sucre, Vargas y Yaracuy (más el Distrito Capital) ni una sola alcaldía recayó en candidatos de oposición o disidentes del chavismo. He aquí una lista de los estados seguidos por dos números; el primero es el número de sus municipios en los que se eligió alcalde, mientras que el segundo es el de las alcaldías obtenidas por candidatos del PSUV: Anzoátegui, 21, 18; Apure, 6, 6; Aragua, 18, 17; Barinas, 12, 11; Bolívar, 11, 8; Carabobo, 13, 11; Cojedes, 9, 7; Delta Amacuro, 4, 3; Falcón, 25, 22; Guárico, 15, 12; Lara, 9, 8; Mérida, 23, 18; Miranda, 20, 15; Monagas, 13, 12; Nueva Esparta, 11, 6; Portuguesa, 14, 14; Sucre, 15, 15; Táchira, 29, 16; Trujillo, 19, 16; Vargas, 1, 1; Yaracuy, 12, 12; Zulia, 19, 13.

Por ejemplo, que esta vez, al perder el gobierno tres gobernaciones adicionales y Caracas, se ha llegado al status que esta publicación predijo y postuló como importante: “Será la interpretación que por su cuenta elabore el enjambre ciudadano lo que será decisivo. Por los vientos que soplan, es razonablemente probable que la conclusión a la que llegará el 70% de la población que no es chavista será que el gobierno habrá visto reducirse su dominación el 23 de noviembre de 2008. Esto será suficiente, por ahora”. El ciudadano promedio en Venezuela ha leído los resultados así: que el gobierno—el presidente Chávez—ha perdido terreno, a pesar de haberse esforzado muchísimo y en característico y multidimensional abuso.

Pero esto, como hemos visto, ha sucedido en la cota de los estados; a nivel de los municipios se produjo lo contrario. Dicho de otro modo: Si Chávez tenía en contra desde 2004 a dos gobernadores entre veinticuatro (8%, incluida la Alcaldía Metropolitana de Caracas), y ahora tiene seis entre veintitrés (26%), Salas Feo tendría en contra al 85% de los municipios de su estado, Capriles Radonsky al 75%, Morel Rodríguez al 55%, Pérez Vivas al 55% y Pablo Pérez al 68%. Mientras un poco más de la cuarta parte de las gobernaciones son ahora de oposición, sólo un poco menos de la quinta parte de las alcaldías serán ejercidas por opositores. Es como si la oposición a Chávez quisiera expresarse preferentemente a través de gobernadores, o fuera su expresión más difícil mediante los alcaldes.

Y el ciudadano opositor típico en las circunscripciones perdidas por el PSUV, a pesar de que se quejara de la contaminación de las elecciones locales desde el nivel nacional, se alegra menos porque cree que su estado o municipio tienen ahora un gobernante idóneo que porque Chávez ha sufrido un nuevo retroceso.

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Hay varias cosas muy buenas de las elecciones del 23 de noviembre, las más de ellas ya expuestas por los mejores analistas del país y notadas independientemente por los propios ciudadanos, pues los hechos han hablado, en gran medida, por sí mismos. Tal vez sea la mejor de todas el refuerzo a la línea de la participación electoral como procedimiento eficaz, junto con un crecimiento en la confianza sobre nuestro sistema electoral. Lejos han quedado los tiempos en los que un amplio conglomerado de ciudadanos antichavistas denostaba de Smartmatic y de los jóvenes venezolanos que habían creado en ella una compañía de clase mundial en su ramo. Ya no parece tener cabida el otrora acostumbrado grito de fraude, ni obtendrán atención los ingenieros o estadígrafos que empleen oscuros teoremas para “demostrar” que lo ha habido desde al menos 2004. Al haber registrado dos veces en sucesión una derrota y una pérdida de terreno de Chávez, el Consejo Nacional Electoral ha visto mejorar su reputación. Hasta los antichavistas más radicales—Antonio Sánchez García, por caso—celebran los logros de la oposición en los términos proclamados por el Consejo Nacional Electoral sin discutirlos demasiado.

Obviamente, y una vez más, esta conducta seria de la máxima autoridad electoral se limita al acto de las elecciones. No hay duda de que durante el período de campaña la mayoría de sus rectores actúa en plan de alcahuete del Presidente de la República. A pesar de los dignos y valientes esfuerzos de Vicente Díaz—un miembro del Grupo La Colina cuya autoridad moral se deriva de su recta sensatez y su rechazo al obstruccionismo—el Consejo Nacional Electoral cohonestó los descarados abusos de Hugo Chávez, con la excusa de que este ciudadano no sólo es el jefe del Ejecutivo Nacional, sino mandamás de un cierto partido político. También formó parte de la gavilla de instituciones que sostuvieron las inhabilitaciones inconstitucionalmente impuestas por el contralor Russián, a quien apoyara la mayoría de la Sala Constitucional mediante la amputación falaz del sentido del Artículo 42 de la Constitución, en su infame Decisión 1.265 del 5 de agosto de este año.

Pero quienes, dentro de la oposición, proclamaron hasta el cansancio que no había destino en el camino electoral y proponían métodos non sanctos para salir de Hugo Chávez, también han sufrido, como él, su segunda derrota en fila.

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El próximo gran hito político del país, apartando elecciones locales complementarias en 2009, es sin duda la elección de una nueva Asamblea Nacional a fines de 2010. Dos años, pues, median entre hoy y esa oportunidad para emplearlos en la conquista de una mayoría de escaños parlamentarios por candidatos que porten y encarnen un paradigma de política clínica que supere al paradigma clásico, signado por la dicotomía izquierda-derecha y la práctica de una política de lucha y poder. Esta tarea es doble: de aprendizaje del paradigma nuevo, de diseño y operación de un nuevo esquema para la organización del esfuerzo.

Pero dado que hay tiempo para trabajar en ese inmenso compromiso, conviene aplicar este amanecer político en una serena e intensa deliberación. Stop the world, como dice la canción, ahora que se ha frenado significativamente el ímpetu absolutista presidencial, ahora que se ha merecido una cierta calma, para pensar y decidir la construcción de nuevos cauces políticos, de cauces no convencionales.

A este fin debe evitarse, intencionalmente, la bajadita de los simplismos superficiales y automáticos. Hay clichés estratégicos—como aquel de que ”hay que calentar la calle”—que se aceptan de un sólo envión sin mayor análisis. Por ejemplo el siguiente teorema, aparentemente impepinable: “No hay democracia sin partidos; por tanto, si queremos tenerla, es preciso fortalecerlos”. Si por partidos se entiende organizaciones políticas, entonces está bien, porque ya no sólo la democracia, sino cualquier forma de política se hace sólo a través de la organización. (Incluso puede decirse que la organización es más agudamente necesaria cuando no hay democracia, como demostrara tan contundentemente la Solidaridad de Lech Walesa en Polonia o el Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela o el Nacional Indio de Mohandas Karamchand Gandhi). Pero deducir de aquella premisa que se trata de fortalecer estos partidos, los existentes y actuantes, siendo lo que son y estando como están, ya no es procedimiento lógica o políticamente válido. El asunto exige ser acometido seria y responsablemente en la más desapasionada y honesta de las discusiones.

El foco actual, en verdad, debe ponerse de una vez en las elecciones de Asamblea Nacional, aunque también haya que atender la cotidianidad y esforzarse en una frecuente contención de los amagos y designios de Hugo Chávez. En notas compuestas el 5 de noviembre, el suscrito se atrevía a decir: “Si se hace las cosas bien, será posible presentar al país una nueva y competente camada de políticos, muy diferente a la actual, y lograr una mayoría en la Asamblea Nacional. A partir de ese momento, ya no más leyes habilitantes, ya no más autorizaciones a viajes presidenciales al exterior de duración superior a cinco días, ya no más aprobación automática de opacos presupuestos. En cambio, la potestad real de verdadera fiscalización y control del Ejecutivo Nacional, lo que ha estado ausente desde la época del Plan Bolívar 2000”.

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En una carpeta aparte, sin embargo, deberá prepararse lo relativo a una eventualidad cuya probabilidad, aunque no muy grande, es mayor que cero y produciría un gran impacto político. Los resultados del 23 de noviembre de 2008, superpuestos a los del 2 de diciembre de 2007, han perforado la armadura del chavismo; si a esto se añade la grave coyuntura económica mundial, a cuyos efectos Venezuela no podrá escapar, pudiera darse un proceso de deterioro y deslegitimación de Chávez, y en tal caso la renuncia de éste a su comando surgiría como opción, que es la que Chávez adopta cuando se halla contra la pared. (El 4 de febrero de 1992, el 11 de abril de 2002. Observación reiterada de Luis Alberto Machado).

Una dinámica de esa clase, por tanto, pudiera conducir a la falta absoluta del Presidente de la República, y si ella se produjere antes de enero de 2011 el país tendría, según la Constitución (Artículo 233), que elegir un nuevo presidente en el lapso de un mes.

Convendría entonces que los electores ya hubieran conocido suficientemente, para ese momento, unas cuantas caras políticas frescas, entre las que pudiera estar la del sucesor de Chávez en esas circunstancias. Quienes todavía pueden asignar recursos financieros y comunicacionales a los emprendimientos políticos personalizados, debieran considerar la facilitación de esos surgimientos.

Incluso si llegare a ocurrir que un nuevo referéndum revocatorio pareciera tanto viable como probablemente exitoso, sería más que aconsejable la identificación y exposición de posibles sucesores. Aquí se recordó el pasado 30 de octubre: “Cuando ya una mayoría nacional rechazaba a Carlos Andrés Pérez en 1991, se detectaba igualmente la negativa a su sustitución porque se ignoraba quién podía sucederlo”.

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FS #222 – Burbujas de amor

Fichero

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Entre los muchos expertos consultados o interpelados por el Senado de los Estados Unidos con motivo de la crisis económica, compareció ante su Comité de Supervisión del Comercio el legendario financista George Soros. La Ficha Semanal #222 de doctorpolítico reproduce un extracto de su testimonio, en el que hace referencia a sus propias nociones sobre las “burbujas” en los mercados de valores y discute el tema de los precios del petróleo, de obvio interés de nuestro país.

Soros ha escrito en plan teórico acerca del fenómeno de las burbujas. En este mismo año, la editorial Public Affairs, que ya había editado tres libros previos de su pluma, publicó The New Paradigm for Financial Markets: The Credit Crisis of 2008 and What It Means, que ataca el problema actual desde la idea de una “superburbuja” que estuvo preparándose durante veinticinco años y ahora ha estallado.

Más en general, y sobre tema geopolítico, Soros escribió en 2003 The Bubble of American Supremacy: Correcting the Misuse of American Power, igualmente publicado por Public Affairs. En esta obra Soros argumenta que la presidencia de George W. Bush ha llevado a los Estados Unidos a una situación tan comprometida que el ejercicio de su supremacía en el mundo toca a su fin. (Soros aportó grandes sumas de dinero en un vano intento por impedir la reelección de Bush en 2004). Ya esta opinión no es exclusiva de gente que, como Soros, han sido opositores de Bush; el National Intelligence Council, órgano del gobierno federal dedicado al pensamiento estratégico a mediano y largo plazo para la comunidad de inteligencia estadounidense (CIA, Agencia de Seguridad Nacional, FBI, etc.), ha puesto a la orden del público su estudio Global Trends 2025: A Transformed World, en el que se lee afirmaciones como ésta: “Aun cuando es probable que los Estados Unidos sigan siendo el actor individual más poderoso, la fortaleza relativa de los Estados Unidos—incluso en el reino de lo militar—declinará, y la influencia de los Estados Unidos estará más constreñida”. Igualmente reconoce que “Para 2025 el sistema internacional será globalmente multipolar”. Hugo Chávez puede estar contento. (La Ficha Semanal #223, de la semana que viene, contendrá una traducción del resumen ejecutivo de tan importante reporte).

En el corazón de la doctrina de Soros reside la idea de la “reflexividad” de los mercados, la noción de que hay una dinámica de mutua influencia entre las tendencias económicas fundamentales y la percepción de éstas. (El concepto de profecía autocumplida es una forma de reflexividad: quienes creen que los precios bajarán proceden a vender, con lo que en efecto deprimen los precios). Es interesante que Soros concede la existencia de una burbuja de este tipo con los precios petroleros, pero reconoce una tendencia fundamental al encarecimiento de los mismos, montada sobre factores económicos reales que describe en el texto reproducido aquí.

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Burbujas de amor

Aunque no soy un experto petrolero, tengo toda una vida estudiando las burbujas de inversión, como inversionista profesional. Mi teoría sobre las burbujas financieras, explicada en mas detalle en mi reciente libro, El nuevo paradigma para los mercados financieros, es considerablemente diferente a la visión convencional. De acuerdo con mi teoría, los precios de los mercados financieros no tienden necesariamente al equilibrio Simplemente, no reflejan pasivamente las condiciones fundamentales de la oferta y demanda; hay varias maneras en que los precios de mercado afectan los fundamentos que deben reflejar. Hay una doble vía, una interacción reflexiva entre las percepciones sesgadas del mercado y sus fundamentos, y esa interacción puede alejar al mercado del equilibrio. Cada secuencia de explosión y caída, o burbuja, comienza con algún cambio fundamental, tal como el alcance de Internet, y lo sigue una interpretación equivocada de la nueva tendencia de precios que resulta de ese cambio. Inicialmente, ese error de interpretación refuerza tanto la tendencia como la mala interpretación en sí; pero con el tiempo la brecha entre la realidad del mercado y su interpretación se hace tan amplia que ya no es sostenible.

Cada vez más, el error de interpretación se reconoce como tal, dando paso a la desilusión, y estos cambios de percepción comienzan a influir en las condiciones fundamentales en la dirección opuesta. Tarde o temprano, se revierte la tendencia de los precios en el mercado. A medida que los precios caen, declina también el valor de los colaterales empleados como seguro de los préstamos, provocando llamados al margen. Los tenedores de seguros se ven forzados a venderlos a precios de urgencia para alcanzar el requerimiento mínimo de efectivo o capital, y estas ventas hacen que el mercado se dispare frecuentemente en la dirección opuesta. La caída tiende a ser más corta y más aguda que la explosión que la precede.

La secuencia contradice la visión convencional, que sostiene que los mercados tienden hacia el equilibrio y las desviaciones de éste ocurren de manera aleatoria. Algunos instrumentos financieros sintéticos ampliamente usados—como los COD, que han jugado un papel tan importante en hacer de la crisis hipotecaria una crisis financiera mayor—se basan en esa visión.

Más aún, las instituciones financieras, las agencias clasificadoras y las autoridades reguladoras tomaron en cuenta la posibilidad inicial de autorreforzarse con el auge y luego autodestruirse con la subsiguiente caída.

Sus cálculos de riesgo fueron construidos sobre premisas equivocadas. Cuando la burbuja subprime, no óptima, se rompe, los CD AAA y otros instrumentos sintéticos pierden inmediatamente gran parte de su valor. La crisis subprime contagió los otros mercados con alarmante velocidad, y la solvencia de las instituciones financieras más merecedoras de crédito fue puesta en duda,

Actualmente, estamos viviendo la ruptura de una burbuja de crédito que ha involucrado a todo el sistema financiero y, a la vez, un auge y caída inevitable del precio del petróleo y otras materias primas, commodities, que han tenido las mismas características que una burbuja. Creo que ambos fenómenos se conectan en lo que llamo la superburbuja, que ha evolucionado a través del último cuarto de siglo. La tendencia fundamental de la superburbuja ha sido el creciente uso del apalancamiento—tomar prestado para financiar consumo e inversión—, y el concepto errado de esa tendencia fue lo que llamé el “fundamentalismo del mercado”, la creencia de que el mercado asegura una mejor distribución de los recursos.

Basta de burbujas en general. Con respecto al mercado petrolero en particular, creo que hay cuatro factores principales en juego, los que se refuerzan mutuamente. Dos de ellos son fundamentales y los otros dos son “reflexivos”, en el sentido de que describen las tendencias del mercado que ellos mismos afectan junto con las supuestas condiciones fundamentales de la oferta y la demanda.

Primero, el costo de descubrir y desarrollar reservas nuevas está aumentando, y se acelera la tasa de agotamiento de los campos petroleros más viejos. Esto se ha llamado, erróneamente, “crudo cumbre” (peak oil)—es decir, que nos habríamos acercado o habríamos llegado a la tasa máxima de producción mundial. Se trata de un concepto errado, ya que los precios altos permiten desarrollar económicamente fuentes de energía mas costosas. De todos modos, la idea contiene un elemento veraz importante: algunas de las fuentes mas accesibles y prolíficas de petróleo, en lugares tales como Arabia Saudita y México, fueron descubiertas hace más de cuarenta años y su rendimiento está cayendo rápidamente.

Segundo, hay una tendencia “reflexiva” a que el suministro de petróleo caiga a medida que sube el precio, invirtiendo la forma normal de la curva de suministro. Típicamente, mientras sube el precio los productores ofrecen más. Para los productores de petróleo que esperan que el precio suba más, sin embargo, hay menos incentivo para transformar las reservas de petróleo subterráneo en reservas de dólares en la superficie. Los productores de petróleo calculan que estarán en mejor situación si explotan sus reservas más lentamente. Esto puede ser descrito como una curva de suministro descendiente. Por otro lado, los altos precios del petróleo ha permitido que regímenes políticos ineficientes y hostiles a Occidente se sostengan en el poder, como Irán, Venezuela y Rusia. La producción petrolera de estos países está en decadencia.

Tercero, los países cuya demanda crece—los mayores productores de petróleo—, junto con China y otros exportadores asiáticos, mantienen artificialmente bajos los precios domésticos de la energía mediante los subsidios. Por consiguiente, una elevación de los precios no reduce la demanda, como ocurriría en condiciones normales. Tal cosa puede ser considerada como uno de los fundamentos del mercado, aunque las presiones presupuestarias están cambiando gradualmente políticas gubernamentales como ésas.

Finalmente, la demanda es reforzada por la especulación, que tiende a amplificar las tendencias del mercado. He aquí es un fenómeno esencialmente reflexivo. Además de los fondos compensatorios y los especuladores individuales, los inversionistas institucionales, tales como los fondos de pensión y fideicomiso, se involucraron fuertemente en la indexación de las materias primas, y no sólo el petróleo, sino también el oro y otros materiales en bruto. En realidad, esos inversionistas institucionales se han convertido en el “elefante en la cristalería de los mercados de futuros. La materia prima, o commodity, se ha convertido en un renglón de activos para los inversionistas institucionales y éstos han aumentado sus participación en ese rubro, al seguir una estrategia de inversión en índices de materiales en bruto. En la primavera y el comienzo del verano de 2008, los precios spot del petróleo y otros artículos subieron anticipadamente sobre los costos marginales de producción, y los contratos far out subieron más rápido que los precios spot. Los esquemas de costo han asumido la forma de una curva parabólica, cosa que es característica de la formación de burbujas.

Entonces, ¿es esto una burbuja? La respuesta es que hay una burbuja superpuesta a la tendencia al alza del precio del petróleo, una tendencia que tiene un fundamento basado en la realidad. En la actual recesión, es un hecho que la demanda crece mas rápidamente que el suministro de reservas disponibles, y esto persistirá aunque se eliminen el índice de compras de materias primas y la especulación.

George Soros

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LEA #311

LEA

Ayer destacaban los principales servicios noticiosos un video con declaraciones de Ayman al-Zawahri, el segundo al mando del grupo terrorista al Quaeda, en las que repudiaba la figura presidencial de Barack Obama, la insultaba y convocaba a renovados ataques de su gente contra los Estados Unidos. Es realmente una ayuda para Obama esta filípica; probablemente habría preferido que ella hubiera sido difundida durante la campaña electoral que culminó con su elección el 4 de noviembre. Al menos habría callado histéricas voces que asimilaban el hoy Presidente Electo de los estadounidenses al radicalismo islámico.

Pero el mismo día de estos ataques audiovisuales ocurrió un hecho insólito: la cabeza del Poder Judicial en Irán, el ayatollah Mahmoud Hashemi Shahroudi, del círculo íntimo del jefe supremo de los iraníes, el super ayatollah Ali Khamenei, emitió declaraciones públicas en aprobación del reciente acuerdo entre los Estados Unidos e Irak sobre un lapso para la permanencia de fuerzas estadounidenses en este último país. (Status of Forces Agreement, SOFA). El acuerdo estipula ahora, y por primera vez, un plazo de tres años para el retiro de las tropas norteamericanas.

Se trata de un viraje de 180 grados; la postura convencional de Irán había sido la de exigir el retiro inmediato de esos contingentes armados extranjeros, y Shahroudi elogió al gobierno iraquí, al decir que éste había “actuado muy bien” al firmar el acuerdo. Desde la doble posición de Shahroudi, en tanto cabeza de la judicatura iraní e íntimo de Khamenei, esas declaraciones no ocurren al azar, y han debido contar con la aprobación de su jefe. Dentro de Irak mismo, el liderazgo shiíta se había mostrado reacio a apoyar el acuerdo hasta hace pocos días, cuando varió su posición opositora. Es probable que Irán haya influido en la obtención de este logro.

Estas cosas son buenas noticias para Obama, en el sentido de aliviar las cargas que pesarán sobre él al momento de asumir la Presidencia de los Estados Unidos. Es decir, ahora podrá ocuparse menos de Irak que de la crisis económica. De hecho, como el acuerdo Estados Unidos-Irak es un compromiso entre Estados, Obama se verá forzado a mantenerlo, tal vez con algún ajuste más bien simbólico que no cambie esencialmente el cronograma acordado. Su atención se verá menos exigida por el conflicto al que se opuso antes de su inicio, de la que podrá dedicar una mayor parte al tratamiento de la difícil coyuntura económica y su agenda ecológica, de independencia energética, de salud pública y seguridad social, de reversión inmediata de algunas de las más irritantes decisiones de George W. Bush quien, de paso, logra algo de reivindicación por el acuerdo obtenido antes del cese de su mandato.

Naturalmente, a pesar del acuerdo, a Guantánamo no le queda mucho tiempo de vida.

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CS #312 – Alea iacta est

Cartas

Aunque las candidaturas auspiciadas por Hugo Chávez triunfen en todas las alcaldías del país, aunque veintitrés gobernadores electos sean los que él quiso, aunque absolutamente todo cargo electivo a determinar el próximo domingo 23 de noviembre quedase en manos de algún partidario suyo, de estos hechos no se desprende que él queda libre para promulgar que se reelegirá indefinidamente. Primero, porque ya esa posibilidad fue negada el pasado 2 de diciembre, cuando una mayoría expresa del Poder Constituyente Originario negó tal pretensión; segundo, porque eso no es lo que se estará preguntando el próximo domingo. Ni de una totalidad de triunfos en los estados y municipios puede sacarse conclusiones sobre asuntos de exclusivo dominio nacional.

Y es que si a ver vamos, tampoco tendrá que ver él con las elecciones presidenciales de 2012, pues el Artículo 230 de la Constitución no deja lugar a dudas: “El período presidencial es de seis años. El Presidente o Presidenta de la República puede ser reelegido, de inmediato y por una sola vez, para un período adicional”. A Chávez le quedan, en el caso más favorable para él, las dos terceras partes de su último período a cargo del Poder Ejecutivo Nacional.

Así que una cosa es que el Presidente haya sostenido que los inminentes comicios lo elegirían a él en cada circunscripción y otra muy distinta que la mayoría del país haya aceptado esa tesis. Sólo 30% de la población del país le apoya. No todo el resto lo ataca, pero 70% del país no ha sido convencido por su abrumadora y abusiva prédica.

En este último sentido, la revolución de Chávez es un fracaso. Después de casi diez años de dominación avasallante y los recursos que ha manejado, con dominio de todas las instituciones del poder nacional, sin oposición competente, que no haya podido convencer a más del 30% de las conciencias ciudadanas es un fracaso, y es lo que en el fondo no permitirá que el proyecto de Chávez alcance la plenitud.

Los resultados límite dibujados al comienzo son hipotéticos, obviamente. Algunas alcaldías y algunas gobernaciones no irán a los candidatos de Chávez. Una alcaldía más es un progreso, una gobernación más es un progreso. Aun la preservación de lo que ahora no está bajo el control de Chávez en manos opositoras no es peor que la situación vivida en los estados y municipios desde 2004, cuando el 30 de octubre de ese año quedó determinada la existente distribución de poder regional y local.

Esta publicación lamenta no poder predecir los resultados del domingo, ni siquiera en términos gruesos; la incertidumbre es grande: diferentes encuestadoras están midiendo cosas distintas, aunque la tendencia promedio es la de recomendar sobriedad al abigarrado frente opositor. A su juicio, no parece prudente esperar resultados extraordinariamente exitosos para las candidaturas opositoras. De hecho, hemos escuchado lecturas muy pesimistas en el habitualmente acertado Grupo La Colina, uno de cuyos miembros dijo esta semana que quizás la oposición pudiera alzarse sólo con la gobernación de Nueva Esparta. (En particular, expuso que en Carabobo, Sucre y Zulia parece haber surtido efecto la estrategia de agresiva polarización nacional seguida por Miraflores, y que las candidaturas del PSUV en esos estados no estarían claramente derrotadas, como muchos piensan). Si esta sombría interpretación llegare a materializarse, no sería nada positivo que se desempolvara la excusa del fraude como explicación de una buena cantidad de fracasos, sobre todo después de que al comenzar esta semana las auditorías del sistema de votación resultaran ser aceptables para los partidos de oposición que concurren a estas elecciones. (Reporta El Universal: “Satisfechos quedaron… los técnicos de 30 partidos políticos que acudieron a la auditoría de predespacho de las máquinas de votación que serán usadas en los comicios del próximo 23 de noviembre… Sobre las auditorías practicadas, el representante de Acción Democrática, Félix Arroyo, declaró: ‘Después de haber hecho varias auditorías, de la revisión de los códigos fuente de todos los programas, de máquinas de votación, de las captahuellas y que todo ha sido revisado, podemos decir que estamos satisfechos’. Añadió que el electorado puede estar tranquilo de que todo está funcionando como debe ser y ‘que estas elecciones van a ser bien transparentes’.”)

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El caso del estado Zulia es de antología. Siendo, como es, el principal bastión opositor en términos de poder concreto, su pérdida ejercería efectos deprimentes. Puesto a escoger entre mantener bajo su control la veintena de gobernaciones actuales—Sucre salió del redil, como Guárico—o tener quince con tal de que una de ellas fuera la del Zulia, probablemente Chávez preferiría la segunda posibilidad. De allí que contra Manuel Rosales hayan ido sus andanadas más feroces. Pablo Pérez, a pesar de ser el candidato a gobernador opuesto a Giancarlo DiMartino (el candidato de Chávez), viene a ser una figura secundaria, entendido como hombre de Rosales, cuyo desprestigio le afectaría. (Pablo Pérez es a Manuel Rosales como Emilio Graterón es a Leopoldo López).

Fue precisamente ayer cuando el diputado Mario Isea llevó a la Asamblea Nacional lo que dijo eran pruebas de presunto enriquecimiento ilícito de Manuel Rosales. Afirmó que el actual gobernador del Zulia y candidato a la Alcaldía de Maracaibo (cargo que ya ejerció entre 1996 y 2000) era el dueño de dos casas en Miami (con títulos de propiedad a nombre de su secretaria privada, Maritza Bastidas), y socio de Tobías Carrero y Luis Miquilena en empresas de seguros, y del primero (nuevamente por la persona interpuesta de Bastidas) en compañías constituidas en los Estados Unidos (RT International Group y Agropecuaria La Milagrosa). Isea se dio el lujo de aconsejar, con aires de magnánimo desinterés y en referencia a Rosales, a la dirigencia opositora: “Este señor no es un político sino un pillo. Ésta es una red de delincuencia internacional. Por eso le hago un llamado a Henry Ramos Allup, a Julio Borges y a toda la oposición para que no pongan en manos de un hombre de esta calaña sus ideas políticas y sus partidos”.

Resulta naturalmente sospechosa la oportunidad de estas acusaciones, cuatro días antes de las elecciones, cuando Rosales, que no ha atendido convocatoria de la Asamblea Nacional para su interpelación, ya no tiene tiempo para defenderse adecuadamente. (En Estados Unidos se denomina “sorpresa de octubre” a los escándalos destapados a última hora, días antes de sus elecciones, que ocurren a comienzos de noviembre. Es técnica conocida de guerra sucia, como pretendió que le rindiera resultados John McCain en su afán de vencer a Barack Obama). El propio Chávez se refirió ayer, una vez más, a Rosales, de quien dijo conocer que hacía planes para ausentarse del país. La trama no puede estar más estudiada y coordinada.

Pero el asunto, independientemente de su veracidad, hace algún daño a corto plazo a la candidatura de Rosales y, por extensión, a la de Pérez. Si los temores del Grupo La Colina respecto del Zulia son fundados, un ataque final como el desatado ayer pudiera ser mortal.

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De modo que la cosa no es fácil el domingo para las opciones de oposición. Las elecciones de ámbito regional y local no son de las que conciten gran participación electoral. La abstención esperada es considerable (entre 40% y 50%), y la maquinaria de movilización del PSUV es poderosa y bien dotada de recursos. (Se estima en un millón de bolívares fuertes su gasto promedio de movilización por cada estado para el día de las elecciones). De aquí que las organizaciones de oposición deberán hacer esfuerzos heroicos para llevar sus votantes a las urnas.

A pesar de expectativas tan limitadas, es posible suponer que otros factores permitirían un mejor desempeño de la oposición. La semana pasada se escribió acá: “Al final de la jornada, por supuesto, no será lo importante la interpretación que ofrezcan de los resultados los líderes políticos de cada tienda, ni siquiera la que adelanten competentes comentaristas o encuestadoras. Será la interpretación que por su cuenta elabore el enjambre ciudadano lo que será decisivo. Por los vientos que soplan, es razonablemente probable que la conclusión a la que llegará el 70% de la población que no es chavista será que el gobierno habrá visto reducirse su dominación el 23 de noviembre de 2008. Esto será suficiente, por ahora”.

Es el mismo enjambre que produjo los resultados del 2 de diciembre pasado. Por supuesto, el proyecto Chávez ha aprendido la lección, y sabe que en 2007 fue derrotado, principalmente, por la abstención de sus propios partidarios habituales. Para más de uno de los opositores a Chávez, ese enjambre no sería digno, y lo piensa como mal educado o mal informado. Pero es ese mismo pueblo quien rumiara el año pasado sus impresiones acerca de lo que estaba en juego, y fue a votar en número suficiente para derrotar la pretensión de alterar radicalmente la Constitución, en la que el oficialismo había puesto tanta esperanza y apostado tantos recursos como ahora. Si algo demostró el 2 de diciembre de 2007, más allá del exitoso esfuerzo de sus más notorios protagonistas—los estudiantes, el general Baduel, la mayoría de los partidos de oposición, etcétera—es que el pueblo venezolano es más inteligente de lo que muchos de sus dirigentes presumen.

Así, pues, con que tan sólo cuatro gobernaciones queden fuera del control del gobierno, y cerca de un centenar o un poco más de las 326 alcaldías en juego también se le escapen, podrá sostenerse “que el gobierno habrá visto reducirse su dominación el 23 de noviembre de 2008”. (De hecho, luce probable que en términos porcentuales el avance opositor sea mayor en el ámbito municipal que en el estadal).

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Como Hugo Chávez escogió plebiscitarse el domingo 23 de noviembre, al postular que el candidato oficialista en Carabobo no es tanto Mario Silva como él mismo, que en el Municipio Sucre no es Jesse Chacón sino él mismo, y como no hubo, en apreciación de más de un analista, una contrafigura que se le opusiera frontalmente, sino una tropa de candidatos locales a los 603 cargos en disputa, el próximo domingo dictaminará si esa estrategia fue políticamente correcta. Si el oficialismo puede presentar a posteriori un caso convincente de haber triunfado, podrá colegirse que verdaderamente hizo falta la contrafigura.

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FS #221 – Ver, juzgar, actuar

Fichero

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Es evidente que la llamada Doctrina Social de la Iglesia ha llenado buena parte de la política en Occidente durante el siglo XX. En ella se han inspirado los partidos socialcristianos o demócrata-cristianos para conformar sus plataformas ideológicas.

Una serie particular entre las encíclicas sociales que expresan aquella doctrina ocurre en el mes de mayo, para conmemorar la primera de todas, Rerum Novarum, de León XIII, que fue dada a conocer el 15 de mayo de 1891. Como su nombre lo indica, Quadragesimo Anno emanó de Pío XI cuarenta años después de la primera (15 de mayo de 1931), a la que conmemora y toma como punto de partida para un desarrollo ulterior de la doctrina. Igualmente puntual fue Juan XXIII, quien el 15 de mayo de 1961 volvió a marcar la fecha raíz con Mater et magistra. Menos paciente, Juan Pablo II promulgó Centesimus annus el 1Ëš de mayo de 1991, adelantándose en dos semanas al siglo exacto de conmemoración de las enseñanzas sociales de León XIII.

Entre todas las nombradas, Mater et magistra tuvo significación especial, pues se producía en un papado que dos años antes anunciara la intención de convocar un concilio ecuménico, y siete meses después (el día de Navidad de 1961) lo convocaba efectivamente mediante la constitución apostólica Humanae salutis. Era el tiempo del aggiornamento (puesta al día) de la Iglesia Católica en el Concilio Vaticano II, según expresión del propio Juan XXIII. El mundo de la década de los años sesenta vería importantes cambios culturales y políticos; su tres primeros años, sin embargo, estuvieron ocupados por las figuras señeras de John F. Kennedy y Juan XXIII, “el papa bueno”.

En esta Ficha Semanal #221 de doctorpolítico se reproduce cuatro secciones de Mater et magistra, comenzando por la que ofrece famosa descripción de un método simple y sensato para decidir: ver, juzgar y actuar. Al exponerlo, Juan XXIII no sólo prescribía un protocolo serio y responsable para la acción social (específicamente la acción católica), sino que exigía que los principios no quedaran relegados al reino de la pura cavilación.

Un aspecto notable de la carta es una disposición al diálogo respetuoso con quienes no sostengan idénticos criterios y valores. En estimación de Juan XXIII, siempre sería posible “colaborar lealmente en la realización de aquellas obras que sean por su naturaleza buenas o, al menos, puedan conducir al bien”, incluso con quienes “tienen de la vida una concepción distinta”.

Pero la Iglesia no es sólo Mater, y la encíclica social de Juan XXIII enfatiza su carácter de magistra. Por esto no vacila en exigir respeto y obediencia a sus enseñanzas. La eminente bondad de Juan XXIII no le impedía asentar con firmeza la autoridad de la iglesia que presidía.

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Ver, juzgar, actuar

Necesidad de la acción social católica

236. Ahora bien, los principios generales de una doctrina social se llevan a la práctica comúnmente mediante tres fases: primera, examen completo del verdadero estado de la situación; segunda, valoración exacta de esta situación a la luz de los principios, y tercera, determinación de lo posible o de lo obligatorio para aplicar los principios de acuerdo con las circunstancias de tiempo y lugar. Son tres fases de un mismo proceso que suelen expresarse con estos tres verbos: ver, juzgar y obrar.

237. De aquí se sigue la suma conveniencia de que los jóvenes no sólo reflexionen sobre este orden de actividades, sino que, además, en lo posible, lo practiquen en la realidad. Así evitarán creer que los conocimientos aprendidos deben ser objeto exclusivo de contemplación, sin desarrollo simultáneo en la práctica.

238. Puede, sin embargo, ocurrir a veces que, cuando se trata de aplicar los principios, surjan divergencias aun entre católicos de sincera intención. Cuando esto suceda, procuren todos observar y testimoniar la mutua estima y el respeto recíproco, y al mismo tiempo examinen los puntos de coincidencia a que pueden llegar todos, a fin de realizar oportunamente lo que las necesidades pidan. Deben tener, además, sumo cuidado en no derrochar sus energías en discusiones interminables, y, so pretexto de lo mejor, no se descuiden de realizar el bien que les es posible y, por tanto, obligatorio.

239. Pero los católicos, en el ejercicio de sus actividades económicas o sociales, entablan a veces relaciones con hombres que tienen de la vida una concepción distinta. En tales ocasiones, procuren los católicos ante todo ser siempre consecuentes consigo mismos y no aceptar compromisos que puedan dañar a la integridad de la religión o de la moral. Deben, sin embargo, al mismo tiempo, mostrarse animados de espíritu de comprensión para las opiniones ajenas, plenamente desinteresados y dispuestos a colaborar lealmente en la realización de aquellas obras que sean por su naturaleza buenas o, al menos, puedan conducir al bien. Mas si en alguna ocasión la jerarquía eclesiástica dispone o decreta algo en esta materia, es evidente que los católicos tienen la obligación de obedecer inmediatamente estas órdenes. A la Iglesia corresponde, en efecto, el derecho y el deber de tutelar la integridad de los principios de orden ético y religioso y, además, el dar a conocer, en virtud de su autoridad, públicamente su criterio, cuando se trata de aplicar en la práctica estos principios.

Responsabilidad de los seglares en el campo de la acción social

240. Las normas que hemos dado sobre la educación hay que observarlas necesariamente en la vida diaria. Es ésta una misión que corresponde principalmente a nuestros hijos del laicado, por ocuparse generalmente en el ejercicio de las actividades temporales y en la creación de instituciones de idéntica finalidad.

241. Al ejercitar tan noble función, es imprescindible que los seglares no sólo sean competentes en su profesión respectiva y trabajen en armonía con las leyes aptas para la consecución de sus propósitos, sino que ajusten su actividad a los principios y normas sociales de la Iglesia, en cuya sabiduría deben confiar sinceramente y a cuyos mandatos han de obedecer con filial sumisión.

Consideren atentamente los seglares que si no observan con diligencia los principios y las normas sociales dictadas por la Iglesia y confirmadas por Nos, faltan a sus inexcusables deberes, lesionan con frecuencia los derechos de los demás y pueden llegar a veces incluso a desacreditar la misma doctrina, como si fuese en verdad la mejor, pero sin fuerza eficazmente orientadora para la vida práctica.

Un grave peligro: el olvido del hombre

242. Como ya hemos recordado, los hombres de nuestra época han profundizado y extendido la investigación de las leyes de la naturaleza; han creado instrumentos nuevos para someter a su dominio las energías naturales; han producido y siguen produciendo obras gigantescas y espectaculares.

Sin embargo, mientras se empeñan en dominar y transformar el mundo exterior, corren el peligro de incurrir por negligencia en el olvido de sí mismos y de debilitar las energías de su espíritu y de su cuerpo.

Nuestro predecesor, de feliz memoria, Pío XI ya advirtió con amarga tristeza este hecho, y se quejaba de él en su encíclica Quadragesimo anno con estas palabras: «Y así el trabajo corporal, que la divina Providencia había establecido a fin de que se ejerciese, incluso después del pecado original, para bien del cuerpo y del alma humana, se convierte por doquiera en instrumento de perversión; es decir, que de las fábricas sale ennoblecida la inerte materia, pero los hombres se corrompen y envilecen».

243. Con razón afirma también nuestro predecesor Pío XII que la época actual se distingue por un claro contraste entre el inmenso progreso realizado por las ciencias y la técnica y el asombroso retroceso que ha experimentado el sentido de la dignidad humana. «La obra maestra y monstruosa, al mismo tiempo, de esta época, ha sido la de transformar al hombre en un gigante del mundo físico a costa de su espíritu, reducido a pigmeo en el mundo sobrenatural y eterno» (Radiomensaje navideño del 24 de diciembre de 1943; cf. Acta Apostolicae Sedis 36 (1944) p. 10).

244. Una vez más se verifica hoy en proporciones amplísimas lo que afirmaba el Salmista de los idólatras: que los hombres se olvidan muchas veces de sí mismos en su conducta práctica, mientras admiran sus propias obras hasta adorarlas como dioses: «Sus ídolos son plata y oro, obra de la mano de los hombres» (Sal 114 (115), 4).

Reconocimiento y respeto de la jerarquía de los valores

245. Por este motivo, nuestra preocupación de Pastor universal de todas las almas nos obliga a exhortar insistentemente a nuestros hijos para que en el ejercicio de sus actividades y en el logro de sus fines no permitan que se paralice en ellos el sentido de la responsabilidad u olviden el orden de los bienes supremos.

246. Es bien sabido que la Iglesia ha enseñado siempre, y sigue enseñando, que los progresos científicos y técnicos y el consiguiente bienestar material que de ellos se sigue son bienes reales y deben considerase como prueba evidente del progreso de la civilización humana.

Pero la Iglesia enseña igualmente que hay que valorar ese progreso de acuerdo con su genuina naturaleza, esto es, como bienes instrumentales puestos al servicio del hombre, para que éste alcance con mayor facilidad su fin supremo, el cual no es otro que facilitar su perfeccionamiento personal, así en el orden natural como en el sobrenatural.

247. Deseamos, por ello, ardientemente que resuene como perenne advertencia en los oídos de nuestros hijos el aviso del divino Maestro: «¿Qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma? ¿O qué podrá dar el hombre a cambio de su alma?» (Mt 16,26).

Angelo Giuseppe Roncalli, Juan XXIII

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