FS #216 – Despréndete arriba

Fichero

LEA, por favor

Una de las cosas más aconsejables en tiempos de vorágine es recordar lo que han dicho los profetas. A fin de cuentas, es su función empinarse sobre los muros de la percepción convencional para divisar movimientos de cosas exteriores que habitualmente no se ven. Lo que para la multitud es una sorpresa es una certeza para el buen profeta, aun si como dice de nuestro tiempo uno particularmente profundo y atinado, Yehezkel Dror, la sorpresa se ha hecho endémica.

Kevin Kelly puede tenerse por uno los más interesantes profetas, más bien heraldos, de nuestra era. Fundador y editor eterno de la revista Wired—acreedora por su excelencia al Premio Nacional de Revistas de los Estados Unidos en 1994—Kelly tiene una pasión enciclopédica que lo ha llevado desde las tareas de edición de Whole Earth Review y Whole Earth Catalogue a la más reciente operación (la Empresa Linneo) de colocar en la Internet un inventario completo de todas las especies vivientes en el lapso de una generación.

Experto de la cibercultura, publicó en 1994 el notable libro Out of Control: The New Biology of Machines, Social Systems, and the Economic World. (El texto íntegro de esta obra única puede obtenerse gratuitamente del sitio web de Kelly. Es lectura altamente recomendable para ser una “persona XXI”: alguien que entienda la actualidad y la navegue sin angustia). Allí encuentra para nosotros los sentidos de nuestra época vertiginosa, principalmente el hallazgo y las implicaciones del hecho de que la inteligencia, sea ésta la de una organización, la de un computador o la de un solo cerebro, no está centralizada sino distribuida. Es tiempo de enjambres, y quien pretenda ser el único tomador de decisiones, quien suponga que una ideología tiene todas las respuestas, está fundamentalmente desalineado en términos de futuro.

Cuando Hugo Chávez comenzaba a gobernar en Venezuela, y traía a su trabajo la extraña mezcla de su anacronismo ideológico con su modernidad tecnológica (comunicacional y de control social), Kelly volvía a publicar. Esta vez (Penguin, 1999) se trataba de New Rules for the New Economy: 10 Radical Strategies for a Connected World, libro que puede igualmente “bajarse” íntegramente del sitio www.kk.org, aunque el autor hace notar que es más barato comprar la edición rústica que imprimir su archivo digital. El capítulo sexto, del que se ofrece una sinopsis traducida en esta Ficha Semanal #216 de doctorpolítico, puede leerse online en http://www.kk.org/newrules/newrules-6.html, pero todo el libro es remunerador. En particular, Kelly nos hace entender en él que, al menos por un buen tiempo, la vida será cada vez más turbulenta y cambiante. Lo hemos notado en la década que media entre su escritura y este instante.

A medida que se hace más política, este arte se hace más difícil. Los espíritus simples debieran alejarse de su práctica.

LEA

Despréndete arriba

La naturaleza estrechamente eslabonada de cualquier economía, pero especialmente la constitución ultraconectada de la Economía de Red hace que ésta se comporte ecológicamente. El destino de las organizaciones individuales no depende enteramente de sus propios méritos, sino también del destino de sus vecinos, sus aliados, sus competidores y, por supuesto, el del ambiente inmediato.

Algunos biomas en la naturaleza escasamente tienen oportunidades de vida. En el Ártico hay sólo un par de estilos de vida, y le convendrá a una especie ser buena en alguno de los dos. Otros biomas están repletos de oportunidades, y esas posibilidades están en flujo constante, aparecen y desaparecen en el tiempo biológico mientras las especies luchen a como dé lugar hacia la adaptabilidad máxima.

La rica forma, interactiva, altamente plástica de la Economía de Red se parece a un bioma que bulle de acción. Nuevos nichos aparecen constantemente y se van igualmente rápidos. Los competidores germinan bajo nuestros pies y luego engullen nuestro sitio. Un día es uno rey de la montaña, al día siguiente no hay ninguna montaña.

Los biólogos describen la lucha de un organismo por adaptarse dentro de su bioma como una larga escalada colina arriba, donde más arriba es mayor adaptación. En esta visualización, un organismo que está máximamente adaptado a sus tiempos está situado en una cumbre. Es fácil imaginar una organización comercial en lugar de un organismo. Una compañía gasta un esfuerzo enorme en mover su mole hacia arriba, o a desarrollar su producto para asentarlo en el tope, donde estará máximamente adaptado al ambiente de los consumidores.

Todas las organizaciones (con o sin fines de lucro) confrontan dos problemas en el intento de encontrar su pico de adaptación óptima. Ambos se amplifican en una Economía de Red en la que la turbulencia es la norma.

Primero, a diferencia del ambiente relativamente simple del arco voltaico, cuando estaba bastante claro cómo lucía un producto óptimo y donde una compañía podía situarse en un horizonte de lento desplazamiento, es cada vez más difícil discernir cuáles colinas son más altas y cuáles cumbres son falsas.

Tanto las grandes como las pequeñas compañías pueden verse en este problema. No está claro si uno debe luchar por ser el mejor fabricante de discos duros del mundo cuando la montaña bajo ese pico particular pudiera no estar allí en unos pocos años. Una organización puede perfectamente aplaudirse a sí misma en la ruta de convertirse en el experto mundial en una tecnología que ha entrado en una calle ciega. En léxico de la biología, uno se atasca en una cumbre local.

Las duras noticias es que atascarse es una certidumbre en la nueva economía. Más pronto que tarde, cualquier producto será eclipsado en su apogeo. Mientras está un producto en la cima, otro moverá la montaña cambiando las reglas.

Hay sólo una salida. El organismo debe devolverse. Con el fin de ir de una altura elevada a otra, debe ir primero en bajada y cruzar un valle antes de escalar de nuevo. Debe retroceder y hacerse menos adaptado, menos adecuado, menos óptimo.

Esto nos lleva al segundo problema. Las organizaciones, como los seres vivientes, están cableados para optimizar lo que conocen y no botar el éxito. A las compañías les parece que devolverse es a) impensable y b) imposible. Simplemente, no hay espacio en la empresa para el concepto de soltar—menos todavía la destreza en soltar—algo que está funcionando, y bajar a paso lento hacia el caos.

Será caótico y peligroso allá abajo. Una adaptabilidad baja significa que se está más cerca de la extinción. Conseguir el nuevo es pico es súbitamente la siguiente tarea de vida o muerte. Pero no hay alternativa (que sepamos) a dejar productos perfectamente buenos, tecnologías costosamente desarrolladas y marcas maravillosas y zambullirse en problemas con la esperanza de ascender de nuevo. En el futuro, esta marcha forzada se hará rutina.

La naturaleza biológica de esta era significa que la desintegración repentina de dominios establecidos es tan segura como la súbita aparición de los nuevos. Por consiguiente, no puede haber pericia en innovación que no se acompañe de pericia en demoler lo asentado.

En la Economía de Red, la capacidad de renunciar a un producto, o una ocupación o una industria en su apogeo no tendrá precio. Soltar en la cima.

Kevin Kelly

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LEA #306

LEA

Entre las malas noticias, hay las que son rápidamente absorbidas. Emergen repentinamente y duran poco en la atención de las conciencias. Otras hay, en cambio, que persisten, como forúnculos tenaces.

Por ejemplo, la mala noticia del descubrimiento del maletín de Guido Alejandro Antonini Wilson es persistente. Hace más de un año que reventó el vergonzoso episodio en el terreno de los medios y la opinión, estuvo meses incubándose mientras permitía la elección de Cristina Fernández de Kirchner en Argentina y ha hecho nueva erupción en un juicio de flemática preparación que lleva ya varias semanas en las primeras páginas.

O, por ejemplo, siete meses han pasado ya desde que las fuerzas armadas de Colombia pusieran la mano sobre computadoras del difunto guerrillero Raúl Reyes, y a cada rato brotan datos inéditos sobre la relación del gobierno venezolano con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, de aquellas máquinas y de otras incautadas después en otros incidentes.

O, también, la mayoría de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia fue puesta en evidencia poco después del 5 de agosto de este año, cuando procediera a cercenar el alcance y significado del Artículo 42 de la Constitución Nacional, y así dar fundamento a la aplicación inconstitucional del Artículo 105 de la Ley Orgánica de la Contraloría General de la República y del Sistema Nacional de Control Fiscal, que Clodosbaldo Russián, para beneplácito del “benemérito” presidente Chávez, empleó para violentar derechos políticos de un buen número de ciudadanos venezolanos.

Éste será también caso de noticia mala (para el gobierno) que no será posible escamotear indefinidamente. Las vacaciones judiciales dieron un respiro momentáneo a Luisa Estella Morales Lamuño, Marcos Tulio Dugarte Padrón, Francisco Antonio Carrasquero López, Carmen Zuleta de Merchán, Jesús Eduardo Cabrera y Arcadio de Jesús Delgado Rosales, este último quien construyera el aberrante y muy defectuoso razonamiento de la decisión #1.265 de la Sala Constitucional. Pronto comenzará un aguacerito sobre esas cabezas.

Por de pronto, el Consejo Europeo—organización que no debe confundirse con órgano alguno de la Unión Europea—ha emitido un señalamiento en el que destaca que las inhabilitaciones de Russián fueron actos inconstitucionales. La cosa, pues, no está olvidada.

Refresquemos. El Artículo 25 de la Constitución dice: “Todo acto dictado en ejercicio del Poder Público que viole o menoscabe los derechos garantizados por esta Constitución y la ley es nulo, y los funcionarios públicos y funcionarias públicas que lo ordenen o ejecuten incurren en responsabilidad penal, civil y administrativa, según los casos, sin que les sirvan de excusa órdenes superiores”. Esa espada pende sobre la nuca de los magistrados mencionados.

LEA

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CS #306 – Big brother

Cartas

Puesto que el ciudadano Presidente de la República ha venido dedicando una buena parte de sus comentarios y atención a la política y economía estadounidenses, puede uno considerar comme il faut empatarse en lo mismo. A fin de cuentas, se trata de la mayor polis y la mayor economía del planeta, y a pesar de que la primera apreciación de Miraflores sugería que el brollo financiero de Nueva York no nos afectaría para nada, puesto que nuestro previsivo líder nos había desenganchado por completo—ya no exportamos ni un barril de petróleo a los Estados Unidos ni le compramos absolutamente nada—, ahora proclama el desplome del capitalismo y la simultánea aurora del socialismo, no sin reconocer que como que sí nos va a molestar algo el gravísimo desarreglo del sistema financiero mundial. (Dos de sus más recientes aliados, Rusia y China, se han puesto nerviosos: el segundo bajando sus tasas de interés para sintonizar con lo que, en coordinación internacional sin precedentes, los más grandes bancos del mundo hacen; el primero cerrando su bolsa de valores a cada rato).

………

Por lo que toca a la descomunal crisis financiera, y a la recesión generalizada que ya la acompaña, estamos apenas entrando en ella. Ni la ley de emergencia aprobada por el Congreso de los Estados Unidos sobre plan del Secretario del Tesoro, ni las extraordinarias medidas de su Reserva Federal—duplicación de la liquidez y recorte de la tasa de interés—ni las decisiones europeas parecen ser eficaces para restañar la hemorragia. Los terapéuticos anuncios logran causar mejorías momentáneas de media hora en las cotizaciones bursátiles, pero ya no son las preocupaciones por los activos tóxicos o la desvalorización inmobiliaria o el derrumbe de bancos la base del pánico; ahora es la certeza de que la economía estadounidense y mundial han entrado en recesión, y es precisamente tal vasoconstricción inmensa lo que detendrá la sangría. No hay Prozac eficaz contra esta depresión planetaria. ¿O sí?

¿Qué tiene de malo que cada cierto tiempo haya una contracción de la economía? La terre entière agradecería que se le exigiera bastante menos por un rato. La Tierra diría que ya el calentamiento global que la quebranta pudiera hacerse repentinamente fiebre, y entonces las pérdidas económicas del mundo harían que las de estos días lucieran pálidas. Nadie imagina la fuerza devastadora de un deslave a escala de cordilleras enteras, un invierno nuclear de mediano tamaño llevado por huracanes más grandes y frecuentes desde el Mar Rojo hasta la masa norteamericana, tsunamis anchos en el Océano Índico o terremotos de 9 grados Richter en media Faja del Orinoco, carcomida la dermis llanera por una succión de petróleo que cava la mayor caverna de la Tierra. Lo que puedan terminar perdiendo las economías del mundo por los actuales deslaves financieros es juego de niños ante una pérdida geofísica de proporciones mundiales, así que pudiéramos aprovechar la contracción económica para pensar la economía. Es tiempo de frugalidad, tiempo de ensimismamiento.

Hay que pensar, por ejemplo, que pésele a quien le pese, existe una economía mundial, global. La globalización está acá hace rato, y la mejor demostración de que somos, en verdad, una sola economía es esta crisis de 2008. ¿Cuáles deben ser las estructuras públicas de esa economía? ¿Cómo se escoge a quienes las operen? ¿Hasta dónde van sus facultades? ¿Tiene sentido una moneda planetaria, suerte de dólar o libra de la Organización de las Naciones Unidas? ¿Debiera haber una sola bolsa de valores del mundo?

El mes pasado pasamos a ser 7.020 millones de humanos—Homo—en el planeta. ¿En qué no estamos siendo económicamente sapiens? ¿No debiéramos, durante la pausa que fuerza la Segunda Gran Recesión, examinar la posibilidad de que hubiese un solo sistema mundial de seguridad social, que asegure la dignidad económica de todos los habitantes terrestres?

Todas estas cosas, y muchas otras, son cuestiones que pudieran y debieran ser puestas a la cavilación. Entre las erogaciones de las guerras que libran los Estados Unidos, aun si decidieran terminarlas, y las de tratamientos del cataclismo de sus mercados financieros, tan sólo, sin contar el costo financiero planetario ni las pérdidas de valor de compañías o sus accionistas, estamos hablando de no menos de 3 billones (castellanos) de dólares. Esa sola cantidad habría permitido, a comienzos del nuevo milenio, más que duplicar el ingreso diario (no más de dos dólares) de los pobres de todo el mundo (2.700 millones de personas).

Es preciso que la humanidad encuentre una forma de aumentar, al menos en 50%, el  ingreso de esa población desfavorecida, porque también son concebibles caracazos a escalas continental o planetaria y, de nuevo, las pérdidas de estos días y la talla de esta recesión terrestre empalidecerían ante la magnitud de tamaños estropicios.

Es de estos tamaños que debemos preocuparnos.

………

Por lo que atañe a la política de los Estados Unidos, nada más auspicioso que lo que parece será un deslave—landslide—de votos populares y colegios electorales a favor de Barack Obama, porque éste es el único de los candidatos presidenciales que parece percatarse de la erosión del prestigio internacional de su patria. McCain, con todos los méritos que pueda encontrarse en él, es un candidato que piensa imperialmente; Obama es más conciliador, no es belicista, sabe que el gobierno de su país ha abusado de su poder.

Hoy ha aumentado su ventaja sobre McCain en todas las encuestas, sin tomar en cuenta el efecto del segundo debate (CNN/Opinion Research midió 54-30 a favor de Obama en opinión general sobre quién lo había ganado, e Ipsos/McClatchy 61-39 en la de votantes indecisos). Pero hay un indicador importantísimo que asegura a Obama la más clara de las victorias: se está batiendo récords en la inscripción de votantes jóvenes en los Estados Unidos para su elección presidencial, y 61% de los votantes menores de 30 años prefiere a Obama, contra 32% que favorece a McCain (encuesta de USA Today/MTV/Gallup). Es todo un pueblo, la gran democracia estadounidense, que se apresta a dar un golpe de timón y cambiar la preocupante trayectoria (política) reciente de su país. Ojalá Obama esté a la altura del compromiso que va a asumir; al menos parece saber que los cambios que hay que hacer en los Estados Unidos nunca habían sido tan difíciles.

El 15 de septiembre próximo pasado llevaba Bloomberg una nota (El “Nuevo Orden Mundial” de Bush da paso a la Era “Post-Americana”, por James Neuger) que afirma que sea quien sea el próximo presidente de los Estados Unidos “heredará lo que el científico político Francis Fukuyama llama un mundo ‘post-americano’, que reemplaza el ‘nuevo orden mundial’ que proclamó el presidente George H. W. Bush después del colapso de la Unión Soviética. Ya no más la «hiperpotencia» de los noventa, los Estados Unidos están resbalándose hacia un status de primero entre iguales, estrechando las opciones de política exterior de quien sea se mude a la Casa Blanca en enero. Durante 20 años, los líderes de los Estados Unidos ‘han supuesto la dominación americana; han supuesto que trabajaban en un mundo unipolar’, dice Fukuyama, quien obtuvo fama en 1992 al declarar que el colapso del comunismo soviético anunciaba el triunfo inevitable de la democracia liberal al ‘fin de la historia’. Ahora, dice: ‘ha habido esta gran redistribución del poder’.”

Con antelación de un año se escribió acá (#252, El sueño americano”, 30 de agosto de 2007):

¿Son estas cosas signos inequívocos de una decadencia norteamericana, tantas veces anticipada? Lo cierto es que ya no es el optimismo acerca de los Estados Unidos el sentimiento dominante. A la caída de la Unión Soviética muchos se apresuraron a pronosticar una ineludible supremacía norteamericana, y Francis Fukuyama fue tan lejos como para anunciar ‘el fin de la historia’, pues ya nada podría evitar la generalización planetaria de la democracia y los mercados. Los hechos más recientes han hecho que el académico más famoso de los noventa, antaño neo-conservador partidario del gobierno de George W. Bush, se haya distanciado de éste y sugerido algunos ajustes a su simplista visión de la época. El tocayo del presidente norteamericano, el financista y activista de la democracia George Soros, ha escrito un ensayo que titula The Bubble of American Supremacy (La burbuja de la supremacía americana), en obvia analogía con las ‘burbujas’ de expansión financiera efímera. Soros argumenta que el gobierno de Bush hijo ha dejado a los Estados Unidos en situación muy comprometida, que niega la posibilidad de continuación de la supremacía estadounidense. Si evaluaciones como ésta son atinadas, lo esperable a la salida de la actual administración en Washington—que tiene cada vez menor apoyo electoral y se ha visto forzada a quedarse sin las estrellas de su estado mayor—es una contracción de la actividad y presencia norteamericana en el mundo. Ya a estas alturas, Vladimir Putin aprovecha la evidente debilidad para reafirmar su poder y restaurar la fortaleza de Rusia como potencia, Mahmoud Ahmadinejad para proseguir impertérrito en su carrera armamentista y Hugo Chávez para retar todos los días a la superpotencia norteña y culparla de todo lo malo que pueda suceder en Venezuela. Es una suerte para el mundo que pueda distinguirse en China la postura de un socio de buena fe, que no está apostando a la desestabilización, ni financiera ni política, de los Estados Unidos. Pudiera ser que, en un sentido, el sueño americano estuviese tocando a su fin. En todo caso, las nuevas realidades que ahora confrontan los Estados Unidos pudieran acelerar la conformación de una polis planetaria verdaderamente multipolar, en la que la patria de Washington pudiera aspirar, si acaso, al sitial de primus inter pares, a la usanza de una baronía medieval que elegía al monarca de su seno.

………

El nuevo presidente estadounidense también tendrá que cambiar significativamente, para mejorar, la orientación de las relaciones de su gobierno con los restantes estados del hemisferio occidental. El 3 de los corrientes escribía Stuart Grudgings desde Río de Janeiro para Reuters: “La crisis empujará a Latinoamérica aun más lejos de la influencia de los Estados Unidos”, y citaba a varias voces. La de Lula, por ejemplo, que decía: “Quienes pasaron las últimas tres décadas diciéndonos lo que tenían que hacer no lo hicieron ellos mismos”. O la de Peter Hakim, Presidente de Diálogo Interamericano, que afirma que la hecatombe financiera fortalece la credibilidad y resonancia de la retórica y el lenguaje de Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa.

El ejemplo más honesto tal vez lo provea el presidente hondureño Manuel Zelaya, que sumó su país al bloque del ALBA y pospuso por una semana la acreditación del embajador de los Estados Unidos, para solidarizarse con Bolivia cuando el gobierno de este país adujera que el principal diplomático estadounidense aupó las recientes y sangrientas protestas opositoras. Zelaya admitió con la mayor ingenuidad, ante una reunión con líderes empresariales, que cuando, hace seis meses, los elevados precios de los alimentos golpearon a Honduras, buscó la ayuda del sector de negocios de su país, de los Estados Unidos y del Banco Mundial, pero que sus peticiones cayeron en oídos sordos. Entonces, Zelaya buscó apoyo en Hugo Chávez y éste le ofreció 300 millones de dólares de inmediato. “Los aliados, los amigos, no me ayudaron cuando pedí ayuda”, explicó después en nota de prensa.

Si Barack Obama llegare a ser electo Presidente de los Estados Unidos, si no traiciona los criterios que hasta ahora ha expuesto y si no lo matan, si los Estados Unidos ponen fin a sus invasiones y a la pretensión de inmunidad por crímenes de guerra, si dejan de creerse el jefe del mundo, si son más cuidadosos y responsables con sus actividades financieras, si dejan de negarse a los deberes ecológicos, si abren su comunicación respetuosa con todas las naciones y dejan de regañarlas, entonces eso será la mejor de las noticias políticas posibles y el mundo abrirá sus admirados brazos a la que es, sin duda y a pesar de sus errores, la más admirable de las naciones y la tendrá por primus inter pares.

El 4 de este mes me escribía un apreciado y joven amigo desde los Estados Unidos: “La gente está deprimida (a veces un poco agresiva) con una visión a futuro de rendición”. Sería estupendo que esa vergüenza pudiera trocarse en nuevo e inmenso orgullo del grande y nuevo pueblo de los Estados Unidos, que ahora tiene la oportunidad de hacer un cambio difícil pero factible, un cambio políticamente hermoso, éticamente valioso, mundialmente beneficioso.

Al desplome de la Unión Soviética, los poderosos Estados Unidos han debido procurar la conciliación mundial y ofrecerse como hermano mayor, no como figura paterna. Todavía están a tiempo.

LEA

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FS #215 – Pasión de generalidad

Fichero

LEA, por favor

Tres amables suscritores de la Carta Semanal de doctorpolítico, uno de ellos marabino, coincidieron en curiosidad: preguntaron de dónde provenía el epígrafe del número 305, del jueves de la semana pasada. (“…es tiempo de que tomemos conciencia de que estamos, no ya cerrando un siglo, no ya cerrando un milenio y abriendo otro, sino en el mismo comienzo de una nueva edad de la historia, la que me atreveré… a bautizar con un nombre: la Edad Compleja”). Informados de la procedencia, reincidieron; esta vez concurrieron en sugerir que se publicara el texto fuente como Ficha Semanal, lo que se hace en la #215 de hoy.

La referencia fue extraída de exposición del suscrito, el primer día de un coloquio a la memoria de Sergio Antillano, formador de generaciones de buenos periodistas en la Universidad del Zulia. La reunión, en dos jornadas (19 y 20 de mayo de 1994), se inscribía en los actos conmemorativos del trigésimo quinto aniversario de su Facultad de Humanidades y Educación, y su tema era El comunicador necesario. A quien escribe se le encargó disertar sobre la formación del comunicador, y opinar si ésta debía ser la de un especialista o la de un generalista. Recuerdo, además, con gran placer el magnífico concierto de la Orquesta Sinfónica de Maracaibo, escenificado la noche del 19 en los soberbios espacios del Museo Lía Bermúdez. A una impecable ejecución de las difíciles Metamorfosis sinfónicas de Paul Hindemith, siguió la cálida y vivificante interpretación de la Suite zuliana, del maestro Freddy León.

El texto reproducido en la ficha de hoy contiene, por razones explicables, referencias de mi relación con Maracaibo, ciudad que acogió a mi familia y a mí entre 1989 y 1990 con calor humano equivalente al de su clima, y en la que formamos amistades muy valiosas que aún perduran. Había ido a Maracaibo a dirigir el relanzamiento del diario La Columna, de la arquidiócesis de la ciudad, que había cerrado operaciones en junio del año anterior. La Columna reapareció, en edición tabloide de 32 páginas, el 8 de septiembre de 1989, el día aceptado como el de la fundación de Maracaibo.

Más de uno de los mejores alumnos de Sergio Antillano trabajó en el periódico, y la más clara demostración de su excelencia pedagógica se dio en un hecho insólito: en un patio tradicionalmente dominado por el poder de Panorama—contra el que no habían podido ni antes el propio La Columna, ni el Diario de Occidente, ni Crítica, ni El Zuliano ni el experimento de El Nacional de Occidente—le tomó sólo seis meses al nuevo tabloide superar a Panorama en circulación pagada en la ciudad de Maracaibo. (Para furia de Esteban Pineda Belloso, editor de Panorama aquejado de dolencias vertebrales, sus compañeros de dominó en el aristocrático Club Náutico le tomaban el pelo diciéndole que últimamente, según entendían, le estaba molestando mucho “la columna”). Dos meses después, La Columna llegaba a su punto de equilibrio entre costos operativos e ingreso publicitario, y dos meses más tarde, antes de cumplirse un año de su reaparición, ganaba el Premio Nacional de Periodismo, en competencia con dos candidatos de gran peso: El Nacional y La Religión, tenido por el “decano” de la prensa nacional, que cumplía en 1990 un siglo de existencia.

El éxito de La Columna fue un triunfo de Maracaibo, y muy principalmente de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Zulia. Intereses especiales forzaron la salida de su Editor Ejecutivo, y de inmediato el Banco Latino adquirió control de la operación, por la persona interpuesta del obispo auxiliar del momento, Antonio López Castillo. La circulación del periódico fue bajada artificialmente—de más de 49.000 ejemplares en febrero a 30.000 ya para julio—, en acuerdo con Panorama que permitió la penetración del Banco Latino en el capital del Banco de Maracaibo. Las nuevas autoridades presidieron el inmisericorde desmantelamiento de la plantilla de periodistas. En 1994, ambos bancos se desplomaron durante la crisis financiera de ese año y, herida de muerte, La Columna se arrastró hasta su desaparición definitiva a fines de 1999.

LEA

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Pasión de generalidad

A María Ignacia, pluma y carácter

Desde que escuché en la voz noble de Ana Irene Méndez la idea de este coloquio que celebra los 35 años de la Facultad de Humanidades y Educación, pensé que el tema y el concepto del mismo eran la expresión de una decisión producto de cerebros inteligentes. Aquellos indican que esta Facultad, que sin la comunicación no sería una institución universitaria, quiere repensar qué comunicación necesitamos y cuál es, en consecuencia, el comunicador necesario. Que me hayan invitado, además, a disertar de primero sobre un tema que me es tan placentero, la dialéctica de lo general y lo especial, sugiere una mágica conexión: con esta tierra, con esta gente. Es un grandísimo honor para mí, un motivo de íntimo orgullo, abrir este interesantísimo coloquio de la Facultad de Humanidades y Educación. Y como eran Ana Irene y Nerio quienes me invitaban, la excitación del ego se moderaba con la suave sensación de la amistad. Fue un gesto valeroso y conmovedor de Ana Irene, que jamás olvidaré, el que fuese a buscarme a mi casa, pocos días después de que yo cesase en mis responsabilidades de Editor Ejecutivo en el Diario Metropolitano La Columna (por discrepancias con algunos eclesiásticos y un banquero), para invitarme a que hablase a sus alumnos de la Escuela de Comunicación Social, cosa que hice semanas después durante un rato cuya longitud sorprendió a los alumnos, a Ana Irene y a mí.

Es, pues, el caso de una relación amorosa entre esta Universidad y yo, a la que he venido a conversar, con ésta, seis veces al menos en los últimos cinco años. Yo debiera programar ya mi peregrinación anual a esta Meca lacustre, aunque pensándolo bien, sería estupendo para mí que la frecuencia fuese mucho mayor. La vez anterior ha sido una precursora directa de este coloquio, pues se dio en ocasión de que el Vicerrectorado Académico de la Universidad del Zulia quisiera discutir sobre la reforma de pénsum en esta casa de luz.

Yo he estado, entonces, involucrado en esta tierra en cosas de la comunicación, y he participado en ella en cosas de la educación. Es una fortuna poder estar metido en ambas, en este coloquio, al mismo tiempo.

Las dicotomías son generalmente sospechosas, pues generalmente nada que exista es ejemplo de uno solo de los polos de una dicotomía. Centralización y descentralización, como explicaba Stafford Beer—en Platform for Change—, coexisten en todo organismo biológico viable. El bien y el mal usualmente cohabitan el alma de la gente, y es difícil encontrar los tipos puros o ideales. A pesar de eso, las dicotomías son útiles modos de discutir sobre la realidad y, en el caso de una orientación generalista o especializante en los procesos formativos y profesionales, esta distinción corresponde a una verdadera disyuntiva.

Desde que García Márquez comenzara una historia por su desenlace en Crónica de una muerte anunciada, nos hemos acostumbrado a este orden inverso de las presentaciones argumentales. Comenzaré, pues, por declarar muy temprano mi preferencia personal por uno de los dos términos de la dialéctica generalista-especialista. Permítanme hacerlo a través de la relación de un cierto hallazgo pedagógico.

………

Era el año de 1975 cuando un pequeño grupo de investigadores operaba un experimento educativo, auspiciado por la Fundación Neumann, cuyo propósito ostensible era el de encontrar modos de convertir un mal aprendedor en un buen aprendedor, siguiendo la distinción de Postman y Weintgartner en La enseñanza como una actividad subversiva.

Una de las varias hipótesis del proyecto de investigación, portador del nombre código de Proyecto Lambda, era el de que el orden y método general de aproximación a la enseñanza de las distintas disciplinas tenía mucho que ver con el deplorable rendimiento promedio de los alumnos en casi cualquier universidad venezolana. Es así como uno de los miembros del equipo, profesor de Química en dos universidades caraqueñas, acometió la conducción de un curso en Termodinámica guiado por un esquema secuencial distinto del habitual que, como sabemos, consiste en empezar el primer día por el primer tema de un programa para tratarlo durante varias semanas, para pasar luego al segundo tema por varias semanas más, y así sucesivamente.

En cambio, el Dr. Juan Forster optó por exponer a sus alumnos, en menos de una semana, una visión general del campo de la Termodinámica. Esta disciplina, como toda ciencia, consiste en verdad en una media docena de conceptos clave: energía, calor, entropía, etc. Cada uno de estos conceptos genera un amplio capítulo que se despliega luego con el detalle de los especialistas. Lo que hizo el Dr. Forster, como lo había hecho yo un año antes con alumnos de la Escuela de Educación de la Universidad Central de Venezuela, fue mostrar a sus alumnos una temprana visión desde la cima, lo que permitió a éstos percibir la arquitectura del campo y entender las relaciones generales entre los conceptos fundamentales del territorio termodinámico. A continuación, readoptó el método convencional de la explicación detallada secuencial.

El hallazgo fue el siguiente: los alumnos sujetos a esta experiencia no sólo mostraron un rendimiento superior en sus calificaciones académicas en comparación con los alumnos de un curso tradicional de Termodinámica, sino que aventajaron considerablemente a estos últimos en materia de tiempo. Cuando el curso llegaba al mes de abril de 1976, sus alumnos del curso piloto llevaban una ventaja de casi dos meses sobre los alumnos del curso regular, y al mes siguiente habían concluido el programa, lo que les dio tiempo suficiente para repasar con holgura lo ya visto.

Es decir, la percepción global del campo estudiado desde el mismo inicio de la experiencia, aumentó considerablemente la eficiencia pedagógica.

Esta experiencia, junto con sesgos personales que admito, me hacen un decidido partidario de los generalistas, sin que por eso desconozca que los especialistas son necesarios y tienen un grande e indudable valor. Si yo hubiera completado la carrera de Medicina que llevé hasta la mitad, habría escogido ser un médico internista general, y seguramente opté al final por la Sociología en razón de la generalidad de este campo. Así que admito un marcado sesgo personal a favor de una formación de orientación general. Que este enfoque no es sostenible para muchos casos de carreras y profesiones, es definitivamente obvio. Pero que para el caso de la enseñanza de la Comunicación Social la estrategia adecuada es la que enfatiza la formación general, es la tesis que intentaré sustentar en lo que sigue.

………

Preguntarse hoy por el comunicador necesario, en este Coloquio de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad del Zulia, no debe ser un ejercicio insensible a la historia, intemporal, sin referencia o intención respecto de la época actual y de la que ya se avizora en el futuro con bastante claridad. Pienso, en cambio, que queremos inquirir por el comunicador necesario en esta bisagra de edades que viene siendo el fin de milenio que nos aloja. Por eso tiene pertinencia que establezcamos los rasgos sobresalientes de esta transición histórica, a fin de pensar acertadamente sobre la formación del comunicador necesario.

En el espacio del que dispongo destacaré solamente dos de los múltiples rasgos de la época actual, de este cierre y esta apertura de siglo y de milenio, que en particular me parecen pertinentes al dilema que se me ha encomendado comentar.

El primero de estos rasgos tiene una relación muy directa y esencial con los objetivos de una escuela de Comunicación Social, y es que estamos asistiendo a una brusca expansión del tejido nervioso societal, que no es otro que el tejido comunicacional: satélites, computadoras, módems y telefacsímiles, sensores remotos, fibras ópticas, telefonía celular, medios de almacenamiento compactos y compresión de la información.

Así como la embriología comparada muestra cómo es que el desarrollo de un sistema nervioso progresivamente cefalizado es el signo del crecimiento y humanización de la conciencia, así el desarrollo de la esfera comunicacional, a escalas inéditas de planetización, introduce toda una mutación histórica cualitativa y cuantitativamente insólita, por lo que no sé qué mosca ha llevado a Fukuyama a declarar el «fin de la historia». Ahora es cuando la historia verdaderamente comienza.

Por un lado, pues, este desarrollo de las redes de comunicación a escalas imprevistas—salvo para algunos observadores privilegiados como Pierre Teilhard de Chardin—determina una situación radicalmente nueva y exige la presencia de un comunicador que se entienda a sí mismo como miembro de una función planetaria.

Permítanme confiar a Uds. lo que creo fue la variable crucial en el éxito del Diario Metropolitano La Columna entre septiembre de 1989 y abril de 1990, lapso que especifico y acoto porque entiendo que muchas cosas cambiaron en ese periódico a partir de esa última fecha.

De todos los posibles aciertos que el equipo de proyecto tuvo, seguramente fueron las hipótesis acerca del lector de Maracaibo lo que determinó el logro alcanzado. Eran dos las hipótesis: la primera establecía que el lector de Maracaibo es un lector inteligente, que prefiere que se le eleve y no que se le chabacanice. Pero la segunda era aún más importante: y esta fue la hipótesis que nos guió a dirigirnos a ese lector en tanto ciudadano del mundo. Ya no pensar en el lector maracaibero como el eterno sojuzgado del centralismo caraqueño, sino como ciudadano del mundo, parte integral de la conciencia del mundo, responsable por el planeta entero.

En cuanto el lector de Maracaibo entrevió esa verdad, en cuanto supo que su casa era el planeta, desbordó su lealtad en favor de un periódico que lo entendía de ese modo. Eso ya es historia: entre septiembre de 1989 y febrero de 1990, La Columna pasó de una circulación de cero a una de 49.700 ejemplares diarios de circulación pagada y cuatro meses más tarde se hacía acreedor al Premio Nacional de Periodismo.

El ámbito planetario, pues, hoy en día una realidad tan pronta e inmediata como el localismo más extremo, exige un comunicador de visión y vocación universales.

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Pero junto con este rasgo crucial de la época, observamos otro igualmente marcador. La época que nos toca habitar es singularmente difícil porque en ella se produce la crisis de tantos paradigmas que es propio hablar de toda una metamorfosis de la episteme general. Obviamente, empleamos el término paradigma en el sentido que le dio Thomas Kuhn en La estructura de las revoluciones científicas, y el concepto de episteme según la noción desarrollada por Michel Foucault en Las palabras y las cosas.

El siglo XX se inicia, en términos epistémicos, con una ruptura paradigmática en el propio año de 1900, cuando Max Planck introduce el concepto de discontinuidad de la energía calórica. A partir de allí, Einstein generaliza en 1905 la noción de quanta a todas las manifestaciones de la energía e introduce el modelo de la Relatividad, que en 1916 incluye ya una teoría de lo gravitatorio que sustituye sin destruirlo al esquema newtoniano; en 1921 Ludwig Wittgenstein busca establecer los límites del pensamiento mismo; en 1927 Werner Heisenberg postula su Principio de Indeterminación; en 1931 Kurt Gödel anuncia a los matemáticos que más allá de cierto punto de riqueza semántica un sistema matemático será forzosamente inconsistente.

Esta revolución en la Física continúa vigente, como siguen en despliegue asombroso los nuevos ríos epistémicos de la Biología: la Genética como ingeniería, la Ecología.

Y lo mismo ocurre en las ciencias de la acción humana, como la Política, y más allá de cada una de estas disciplinas la ciencia de lo complejo, de lo caótico, produce verdaderas rupturas y reacomodos de la episteme: el contenido total de lo pensable por esta época.

Es así como estamos asistiendo, Sr. Fukuyama, a una nueva época, a una nueva edad de la historia. Cuando aprendíamos historia universal en la escuela primaria nos enseñaban a dividirla en dos eras, la prehistórica y la histórica, y a dividir a la vez a ésta en cuatro edades: Antigua, Media, Moderna, Contemporánea. Pues bien, es tiempo de que tomemos conciencia de que estamos, no ya cerrando un siglo, no ya cerrando un milenio y abriendo otro, sino en el mismo comienzo de una nueva edad de la historia, la que me atreveré, en este auditorio de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad del Zulia, a bautizar con un nombre: la Edad Compleja.

Ante esta vastísima e intrincada metamorfosis no hay mejor o más inteligente estrategia que la búsqueda de una formación general más rica y avanzada, más modernamente orientada, que la que obtiene el venezolano que cursa los estudios de bachillerato. Intentar dominar esa transformación desde una profesionalización excesivamente temprana, a partir de la base clásica que determinan los actuales programas de educación secundaria en Venezuela, es una tarea imposible.

Nuestro bachiller, nuestro mejor bachiller, es una cabeza clásica, formada en la física de Newton, detenida en el tiempo histórico del siglo XIX. El énfasis es puesto en lo canónico, en lo clásico, en el pensamiento antiguo. Se privilegia a Platón, a Hobbes, a Dalton, a Darwin, mientras se regatea la noticia sobre Einstein, Gell-Mann, Mandelbrot o Prigogine.

Es preciso impartir instrucción sobre el trabajo de los más recientes pensadores, y si en algún caso esto es más necesario es en el caso de la formación del comunicador social. Naturalmente, el adiestramiento en las más modernas herramientas de la comunicación es tarea imprescindible. No es correcto graduar comunicadores de la prehistoria informática. Pero tal vez sea más esencial, junto con la enseñanza del análisis textual y la redacción y la edición, junto con la información sobre los medios—que ahora se confunden y solapan en el concepto de multimedia—programar una educación intensa y general del estudiante en el borde mismo de la episteme actual.

Esta es una misión que debiera cumplir el sistema de educación superior, no una escuela de Comunicación Social. Pero nuestras universidades están estructuradas de forma tal que lo que enseñan—en la mayoría de los casos—es una profesión que ha dejado atrás, a la responsabilidad de la educación media, esa formación general.

Tal vez, entonces, una escuela como la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Zulia pueda acometer un reacomodo de su pénsum de estudios que sirva de modelo al resto de la Universidad, tomando sobre sí una responsabilidad que, en principio, no corresponde a una escuela de profesionalización. En ese caso, las estrategias de compresión y aceleración de la formación general serían muy útiles. Un diseño mínimo comprendería una cátedra de estudios generales a lo largo de la carrera, junto con un programa de formación de profesores de la Escuela con una óptica generalista, que en todo caso siempre sería necesario. Mi recomendación precisa se restringiría, entonces, a la incepción de este programa de actualización o formación de profesores. Con unos profesores actualizados en la episteme de este fin de siglo sería más productivo un debate interno acerca de la reforma del pénsum de Comunicación Social, así como fluiría más naturalmente, insertado en cada instancia particular, en cada materia y actividad de la carrera, el “bachillerato superior” que nos está haciendo falta.

Que esto es posible dentro de la Escuela de Comunicación Social, dentro de esta Facultad de Humanidades y Educación que ha arribado a su trigésimo quinto aniversario, es acto de fe que ofrezco junto con mi entera disposición a contribuir a su conversión en realidad.

Luis Enrique Alcalá

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El pasado domingo 28 de septiembre, otro referéndum en América del Sur fortaleció marcadamente la posición política de otro gobernante izquierdista. Ecuador aprobó, con una mayoría de 64%, la nueva constitución propuesta por Rafael Correa. Es, sin duda, un fenómeno a tomar en cuenta.

No falta quien destaque que el nuevo texto constitucional extiende los períodos de gobierno posible para Correa. Ahora puede elegirse de nuevo como si lo hiciera por primera vez—al estilo de la “relegitimación” de Chávez en 2000, luego de que se aprobara la Constitución de 1999—y reelegirse cuatro años más tarde. Si lo lograra disfrutaría del poder por un total de diez años, si es que no llegara a introducir ulteriores modificaciones constitucionales que extendieran su dominio.

Pero tal cosa no es tendencia exclusiva de gobiernos izquierdistas. No es secreto para nadie que eso es lo que justamente procura hacer en Colombia el presidente Uribe, quien busca un tercer mandato con una nueva enmienda a la carta fundamental colombiana. Las mieles del poder son pegajosas.

Apartando ese aspecto temporal, la nueva constitución ecuatoriana refuerza al poder ejecutivo nacional. Esto es, no sólo podría Correa mandar por más tiempo, sino que de una vez su poder ha recrecido. El Presidente de Ecuador podrá ahora disolver el Congreso, hacer más nombramientos en el poder judicial y controlar más estrechamente la economía y la propiedad privada. Las empresas mineras de Ecuador están en la mira presidencial.

Como en muchas otras partes, pues, el Estado invade más esferas de la sociedad en Ecuador. Es el signo de los tiempos, en un empuje de los ejecutivos de todo el mundo en busca de más poder, tal como lo ha hecho George W. Bush en los Estados Unidos. Si algunas circunstancias impiden o difieren más abiertos crecimientos o permanencias más longevas, entonces se recurre al gobierno por persona interpuesta, como ahora hace en Rusia el poderoso Vladimir Putin.

Estas cosas no ocurren sin reacción, naturalmente. Mikhail Gorbachev, nadie menos, se apresta a fundar un nuevo partido político en Rusia, el Partido Democrático Independiente, con planes de participar en las elecciones parlamentarias de 2011. En nuestro continente, Jaime Nebot, el Alcalde de Guayaquil, reivindica que en sus predios fue derrotada la propuesta constitucional de Rafael Correa. Por los momentos, sin embargo, ni Gorbachev ni Nebot representan serias amenazas a los gobiernos de sus respectivos países.

En Venezuela, Chávez pudiera estar pensando en gobernar por testaferro, como lo hace Putin, como lo hizo con tanto éxito Juan Vicente Gómez más de una vez.

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