CS #336 – Cuentas del Gran Teniente

Cartas

De una woman de El Callao nació en 1931 Oliver Campbell (MBA, DipM, FCCA, ACMA, MCIM), cuyo padre trabajaba en la minería del oro. Éste volvió a Inglaterra para la época de la Segunda Guerra Mundial, pero el hijo regresaría a su patria chica en 1953 como empleado de la Compañía Shell de Venezuela. Con el twist de la nacionalización, Oliver se encontró trabajando para el Estado venezolano, en calidad de Coordinador de Finanzas de Petróleos de Venezuela, hasta 1982. Ya retirado y de regreso en suelo inglés, escribe frecuentemente para Petroleum World y mucha de su atención, como es natural, es dedicada a Venezuela y su industria petrolera. No podía faltar su análisis preliminar de las cifras ofrecidas, con retraso de meses, por PDVSA acerca de su desempeño económico en 2008, las que acaban de ser presentadas por el gran teniente Rafael Ramírez.

Campbell está encantado con el informe de 513 páginas, y sostiene que tanto los auditores externos como los contadores internos de PDVSA deben ser felicitados por el logro. (“El reporte sobre los Resultados Financieros Consolidados, que comprende 161 páginas, es particularmente útil”). Pero muy pronto pone el dedo en la llaga: “PDVSA sufrió una pérdida antes de impuestos de más de 8 mil millones de dólares en el cuarto trimestre de 2008”. Los auditores que a juicio de Campbell son merecedores de felicitación, habían firmado los estados financieros el 29 de marzo de este año; el analista destaca que por algún motivo desconocido la publicación de los mismos fue pospuesta hasta el 9 de junio. Mientras el Estado venezolano nacionalizaba a 74 compañías privadas de servicios, obviamente, no convenía que se supiera demasiado de las dificultades de la petrolera estatal. Era mejor preservar la fantasía de las cifras no auditadas, ofrecidas justamente en marzo, las que contienen marcadísimas discrepancias con las publicadas ahora.

Las cuentas que saca Campbell son muy sencillas: durante las primeras tres cuartas partes de 2008, PDVSA tuvo un ingreso, antes de las deducciones por impuesto sobre la renta, regalías y contribuciones al desarrollo social y a FONDEN, de 54.037 millones de dólares, pero al completarse el cuarto trimestre ese rubro contable se había reducido a 50.739 millones de dólares. Al restar lo correspondiente a regalías, desarrollo social y FONDEN, todavía sin cargar impuesto sobre la renta, la pérdida del cuarto trimestre ascendió a la cantidad de 8.694 millones de dólares.

A pesar de este desempeño, los índices financieros derivados del balance son bastante decentes. El problema gordo de PDVSA es uno de flujo de fondos. Más recientemente, el problema se amplifica para ser además uno de credibilidad respecto de su solvencia. La calificadora de riesgo Standard & Poor redujo su evaluación crediticia de PDVSA, basándose en preocupaciones acerca de la liquidez de la empresa y la percepción de incertidumbre sobre su disposición a honrar obligaciones contractuales con sus suplidores. Es decir, los analistas internacionales no se comen el cuento de la coartada socialista; ellos saben que la reciente razzia estatizadora de empresas privadas que servían a PDVSA se debe en verdad a un hueco grande en el bolsillo de la petrolera roja rojita, uno que le hacía difícil pagar sus deudas con proveedores vitales. La única manera de quitarse de encima a los acreedores era poseerlos, sobre todo si más de uno había empezado ya a dejar de prestar su servicio.

………

No ayudan al tema de credibilidad reducida ni el retraso en presentar las cuentas ni las importantes discrepancias entre informes distintos separados por pocos meses. Por poner un caso, a comienzos de año el Banco Central de Venezuela había certificado que las regalías e impuestos pagados por PDVSA en 2008 alcanzaban un monto de 36 mil millones de dólares, pero el informe del 9 de junio asegura que la empresa pagó por estos conceptos un total marcadamente menor: 27,7 mil millones de dólares.

O lo señalado por Campbell (Editorial Commentary – PDVSA: Financial Results for Year 2008, Petroleum World):

“Hay una notoria incongruencia en lo relativo a regalías, puesto que sólo aumentaron en 7%, cuando el precio promedio de exportación subió en 34%. Las regalías suben y bajan usualmente alineados con los precios de exportación y, más aún, PDVSA declara que su producción aumentó en 4% en 2008. Otra anomalía es que en los resultados previamente presentados a la Asamblea Nacional varían sustancialmente de los ahora publicados. Debe admitirse que aquéllos eran cuentas no auditadas, pero es inusual que los auditores externos hagan enmiendas significativas. El cambio sorprendente es que lo entregado al gobierno descendiera de 64,2 mil millones de dólares a 48,8 mil millones de dólares… En conclusión, un aumento de 34% en el precio promedio de exportación resultó en un incremento de sólo 8% en la participación del gobierno, y encuentro dificultad para entender cómo esto pudo ocurrir”.

Pero esto, de nuevo, es asunto meramente contable o estadístico. La realidad del flujo de fondos y los inconvenientes para pagar es lo que lleva a la desconfianza y la descalificación, y la revaluación de Standard & Poor ha afectado ya a la deuda soberana de Venezuela, cuyo spread ya supera el de Argentina, lo que es una raya bien fea. ¿Qué está pasando?

Rafael Ramírez ha tenido que ocuparse de esta desagradable realidad, al asegurar a la prensa que PDVSA se propone pagar todas sus obligaciones con los suplidores, advirtiendo, de paso, que Venezuela no nacionalizará todas las empresas de servicios, y que tomó algunas porque eran “monopolistas”. En sus declaraciones admitió que para diciembre del año pasado la empresa que preside debía a contratistas locales y extranjeros 7,6 mil millones de dólares—en marzo reconoció en la Asamblea Nacional una cifra de casi el doble—, de los que ya habría cancelado 2 mil. Apresuradamente, dio seguridades de que no habría nacionalización de las perforadoras Helmerich & Payne—que paralizó ya siete de sus once plataformas de perforación por falta de pago de PDVSA—y Ensco International Inc., a la que se debe 16,9 millones de dólares por su plataforma Ensco 69, cuyo contrato ha expirado. Por lo que atañe a compañías ya expropiadas, PDVSA probablemente deberá aumentar su reserva para litigios del actual nivel de 2.100 millones de dólares. Exterran Holdings Inc., por ejemplo, proveedora de gas comprimido expropiada junto con la Williams, ha dado a conocer que se reserva el derecho de buscar compensación por los activos que le fueron arrebatados. (Una Ensco muy molesta declaró la semana pasada que había interrumpido sus servicios y denunciado el contrato porque PDVSA era mala paga, y que buscaría ser indemnizada porque no le habían devuelto su plataforma 69).

Otros síntomas de desarreglo apuntan en la misma dirección. En principio, Venezuela debía comprar en 2009 y 2010—así estaba estipulado contractualmente—150 millones diarios de pies cúbicos de gas de la estatal colombiana Ecopetrol y de Chevron, que suplen desde el campo Ballena a través del gasoducto en el que Venezuela invirtió 467 millones de dólares. (En 2011 debía reducirse esa cifra a 100 millones de pies cúbicos por día; en octubre de 2007 Venezuela comenzó con una importación de 50 millones). Pero el país importa hoy el doble de lo previsto: 300 millones de pies cúbicos diarios de gas colombiano.

O la refinería El Palito, cuya unidad catalítica de cracking debía rearrancar en mayo, luego de meses de trabajos de mantenimiento y expansión, no cumplió con la fecha planificada.

Y acá se cede la palabra al análisis de un profesional muy serio y responsable, cuya identidad debe permanecer reservada. En generosas notas enviadas ayer a doctorpolítico, pintó el siguiente cuadro:

Creo que lo importante es el efecto que el actual manejo pueda tener en los resultados económicos en los próximos dos años. Casi todos los economistas serios que he escuchado coinciden en un crecimiento del PIB de cerca de cero, acompañado con una inflación de entre 30 y 35%. Aunque hay presión por la liquidez y costos (por devaluación efectiva del dólar, al limitar CADIVI su concesión de divisas reguladas a la tasa oficial), la misma recesión económica—por reducción del gasto del gobierno—es un factor que frena el crecimiento de los precios. Muchas personas esperan un escenario peor. Estos economistas—que no veían ni predijeron una debacle en los años anteriores—consideran que para el caso de Venezuela estos son números suficientemente adversos como para crear una sensación creciente de inconformidad. Ojo: yo no creo que el problema económico es, en sí, suficiente para crear dificultades políticas. De hecho creo que el gobierno retrocedió durante 2007 y 2008, aun teniendo altos ingresos.

Estos economistas coinciden en que el problema no es en bolívares. Creen que con la reducción del gasto, la creación de dinero inorgánico y el financiamiento interno, podremos manejar el déficit fiscal. Todos, también, coinciden en que el problema son los dólares. Los 45 mil millones de dólares que debe haber entre el Banco Central, FONDEN, PDVSA y otros entes, no parecen ser suficientes para mantener el nivel de gastos, importaciones y compromisos externos, etc. (Sólo por estatizaciones se estima una deuda de 12 mil millones de dólares). Ya que los otros sectores de la economía no pueden reaccionar aumentando su actividad, el ingreso petrolero es la única tabla de salvación que tenemos. En cuanto a esto, los volúmenes parecen ser fijos y posiblemente decrecientes, dejando sólo los precios (variable exógena) para determinar el ingreso de la nación.

Precios: no ha crecido la demanda mundial. Hay 6,5 millones diarios de barriles cerrados, y esto sólo en la OPEP. Las inversiones en exploración han bajado, pero no se han parado (Brasil, México, Rusia….) Los precios han aumentado por demanda especulativa.

Volumen: creo que lo importante no es el monto absoluto, sino más bien las variaciones. Al mantener una mentira (volumen de producción) constante por varios años lo que importa son las variaciones. Tarde o temprano se sabrá si los 25 mil millones de dólares que quedan por cobrar de esas exportaciones son de verdad o de mentira.

Los volúmenes de producción de Venezuela (según la OPEP y la AIE), después de los dos recortes acordados en la OPEP (360 mil barriles diarios para Venezuela), deberían ser de 2.040.000 b/d. Este número se parece a los reportados por ambas fuentes y a los cálculos por métodos indirectos (número de taladros, consumo de insumos químicos, etc.) También por la información de las importaciones de los receptores: 100 mb/d (Cuba); 110 mb/d (otros receptores de Petrocaribe, aunque el compromiso es de 400 mb/d); 1.200 mb/d EEUU… y unos 650 a 700 mb/d de consumo interno. (PDVSA reporta un consumo menor a 500 mb/d, número constante desde hace muchos años que no concuerda con el aumento del parque automotor, el consumo adicional en plantas termoeléctricas (60mbr/d) vs. gas en el pasado, la sustitución de gas por gasoil en procesos químicos y el aumento en el contrabando de extracción). A este número se le debe agregar un “estimado” de 250 mb/d de líquidos. (Para un total de 2.300 mb/d de producción aproximada o 1.650 b/d de exportación). El aumento reportado por PDVSA de los costos de producción llega a unos 7,50 $/b vs 4,50 $/b en 2007; esto debe tomarse en consideración, aun sospechando una subestimación.

Algunos indicios que nos llevan a sospechar que la caja de PDVSA está en dificultades: 1. retrasos en pagos a proveedores vitales para la operación (probablemente aceleraron su expropiación); 2. reducción de los aportes a los programas sociales (Mercal; PDVAL); 3. retrasos en el arranque de las refinerías, entre otros. Detallo esto último: El CRP (Complejo Refinador Paraguaná) tuvo su parada de planta (aunque retrasada, normal de mantenimiento) en septiembre de 2008. El plan era el arranque en enero de 2009; fue pospuesto para marzo, luego para mayo, y el último reporte que tenemos es que sería para julio o agosto. El Palito retrasó su parada para coincidir con el arranque del CRP pero, por los retrasos de éste, comenzó en febrero de 2009, esperándose que arranque para julio de 2009. Lo importante de este caso es que los reportes que tenemos indican que el retraso no se debe a problemas técnicos, sino más bien a problemas de pagos a proveedores. Como consecuencia, apartando los costos de oportunidad de exportaciones, Venezuela ha tenido que importar entre 100 y 120 mb/d de gasolina de alto octanaje, pagándolas a precios internacionales para venderla a los deprimidos precios locales. Esto porque el alma de las refinerías que producen este tipo de componentes (FCC: Fluid Catlytic Cracker) es una de las unidades que están paradas, de nuevo, por razones de mantenimiento normal.

Esta fuente tan bien informada nos decía personalmente: “¡Cómo estará la cosa que PDVSA no puede detener la petrorragia de la importación de gasolina!” Se despidió con la siguiente advertencia: “Es verdad que el presupuesto de 2009 fue calculado a un precio del barril en 60 dólares, pero yo creo que ni con 80 puede el gobierno salir de los líos en los que se ha metido”. (En 2008, por sobre lo presupuestado, la Asamblea Nacional aprobó, obedientemente, ¡unos 140 créditos adicionales!)

¿Todo está bien, como afirmara la Presidencia de la República? ¿Se entiende ahora por qué se tardó tanto el teniente de PDVSA para presentar sus cuentas del año pasado? A mediados de 2008 el presidente Chávez había predicho que la participación del gobierno en el negocio de PDVSA alcanzaría los 75 mil millones de dólares: ahora resulta que, después de haber llegado a 60 mil al cumplirse los tres primeros trimestres, esa participación se contrajo a 48,8 mil millones de dólares para el ejercicio completo.

Bueno, uno no debe ser tan duro; es que—¡maldición!—los costos operativos de PDVSA aumentaron ¡en 50%!

luis enrique ALCALÁ

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FS #246 – Embustes longevos

Fichero

LEA, por favor

En San Pedro Sula, población de Honduras, y como sabemos todos, la trigésima novena Asamblea General de la Organización de Estados Americanos decidió, por unanimidad, el levantamiento de las sanciones impuestas a Cuba en 1962, las que excluían a este país de la comunidad política panamericana. Éstos son los dos artículos de la resolución:

1. Que la Resolución VI adoptada el 31 de enero de 1962 en la Octava Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, mediante la cual se excluyó al Gobierno de Cuba, queda sin efecto en la Organización de los Estados Americanos.

2. Que la participación de Cuba en la OEA será el resultado de un proceso de diálogo iniciado a solicitud del Gobierno de Cuba y de conformidad con las prácticas, los propósitos y los principios de la OEA.

¿Cuáles son las prácticas, propósitos y principios de la organización? Quedan claramente señalados en el segundo párrafo preliminar de la resolución del pasado 3 de junio: “…los propósitos y principios establecidos de la Organización de Estados Americanos, contenidos en la Carta de la Organización y en sus demás instrumentos fundamentales relacionados con la seguridad, la democracia, la autodeterminación, la no intervención, los derechos humanos y el desarrollo”. Es decir, muy especialmente en la Carta Democrática Interamericana.

Pero resulta muy revelador, desde el punto de vista histórico, constatar que Cuba debiera continuar fuera de la OEA en aplicación de criterio expuesto por el mismísimo Fidel Castro, en discurso pronunciado el 23 de enero de 1959 en la Universidad Central de Venezuela y antes en otro del mismo día ante la primera Cámara de Diputados de nuestra democracia.

Esta Ficha Semanal #246 de doctorpolítico recoge la versión taquigráfica cubana del discurso en la UCV. En ella dice Castro: “Hoy, en la comparecencia ante la Cámara de Diputados, propuse que se reunieran los delegados de los países democráticos en la Organización de Estados Americanos y propusieran la expulsión de los representantes de los dictadores. Hablaba, precisamente, de que esos organismos internacionales no habían servido para nada, y que había que adoptar una actitud enérgica y firme en relación con los problemas de América”.

El tupé del dictador caribeño, tan longevo como sus mentiras, se exhibe en otros momentos del discurso aquí reproducido, como se verá fácilmente. Para ayudar a encontrarlos, la ficha de hoy se ha tomado la libertad de destacarlos en cursivas. Una de las patrañas es su demagógica promesa de no darse a la buena vida; no faltaba mucho para que se habituara a los finísimos habanos Cohíbas.

La Doctrina Betancourt, pues, que llevó a Venezuela al rechazo inequívoco de las dictaduras del continente, tuvo como antecedente la hipócrita proposición de Fidel Castro, por la que su gobierno debía ser expulsado de la Organización de Estados Americanos.

LEA

Embustes longevos

Una señora, que no quiso dar su nombre, ha entregado un cheque por quinientos bolívares. Esto es, sencillamente, para empezar. Estos fondos se les entregarán a los dirigentes de la Unión Patriótica Dominicana. Es para que se vea que no es cuestión de los gobiernos, no es intervención de los gobiernos, es intervención de los pueblos.

No voy a poderme extender hoy mucho con ustedes. Es que el itinerario—me han hecho trabajar en Venezue la—está saturado de actos que no puedo dejar de atender. Lo mismo que me preocupaba mucho cuando estaba en el Parlamento el llegar aquí, aunque algo retrasado pero llegar, tengo el compromiso de asistir a una invitación de la Junta de Gobierno de Venezuela, y realmente hace rato que están esperando, por lo tanto… Ustedes sí, ustedes pueden decir, pero yo no.

Bueno, ustedes no vayan a pensar que yo soy de hierro. Es que cuando tengo que llegar a algún lugar, es una lucha grecorromana la que tengo que librar para entrar. Llevo muchas semanas en esa tarea, y no es que me falten fuerzas, lo que necesito es un poquito de descanso. Y yo que pensé que iba a descansar algo en Venezuela, me encontré con que me han puesto más trabajo que en ninguna otra parte, y, además, me han hecho firmar más autógrafos que en ninguna otra parte. Voy a hacer una campaña contra la firma de autógrafos, porque, además de todas las obligaciones que tengo, tengo que firmar como mil autógrafos todos los días. Bueno, ¿me aceptan que les firme en imprenta? ¿Entonces qué ustedes quieren que yo haga? ¿De dónde saco el tiempo?

Bueno, yo les voy a hacer una pregunta: ¿Ustedes quieren que yo me dedique a la Revolución o a firmar autógrafos? Yo no soy artista, soy revolucionario, y mi debilidad mayor es querer complacer a todo ciudadano que se me acerca, aquí, en Cuba y en todas partes, porque primero atiendo a un hombre humilde del pueblo que a un poderoso, y cuando se me acerca a pedirme algo, me cuesta mucho trabajo decir que no; pero como son miles de personas que me piden algo que no las puedo complacer, pues no sé cómo me las voy a arreglar. Por eso voy a hacer una campaña contra la firma de autógrafos, porque mi arma, el arma de la Revolución, es la opinión pública, y tengo que convencer a la opinión pública de que renuncie a los autógrafos.

Me sorprendieron, ya me traían uno para que lo firmara y me puse a firmarlo ¿Y por qué no con la gorra? Yo le di mi gorra al Rector de la universidad.

Aquí me acaban de informar que los muchachos del Orfeón van a pasar por el público, por los estudiantes, para recoger la contribución, para que ustedes no tengan que molestarse en venir hasta acá.

Por lo menos, el pueblo cubano está dispuesto a darles todos los recursos.

Les decía que me ha gustado mucho lo que dijo aquí un revolucionario dominicano, de que este año estarían ellos combatiendo en Santo Domingo.

Yo dije una vez, cuando salí de Cuba, que en el año 1956 seríamos libres o seríamos mártires, y se me criticó extraordinariamente por aquello; se dijo que no podía haber revolución a plazo fijo, se dijeron veinte mil cosas, lo que no entendían era el sentido de aquella frase. Aquella frase quería decir: Yo sé que los pueblos están cansados de promesas falsas, yo sé que los pueblos han perdido la fe en los líderes, yo sé que los pueblos no creen. Pues bien, para que el pueblo crea, ponemos nuestro honor por delante y le prometemos que iniciaremos la Revolución en Cuba en 1956. Eso fue lo que yo dije, y cuando lo dijimos fue porque estábamos seguros de que íbamos a cumplir, o de que al menos estábamos dispuestos a cumplir aquella palabra. Nos comprometimos con el pueblo y aquello ayudó a mantener encendida la fe del pueblo.

Aquí, un revolucionario dominicano acaba de decir también, emocionado, que será este año. Pues, bien, va a tener muchas más facilidades que nosotros, porque al menos no les va a pasar lo que nos pasó a nosotros, que cuando nos faltaban seis meses para que se acabara el año, nos metieron presos y nos quitaron todas las armas; que cuando volvimos a reunir fondos y a comprar armas, nos quitaron la mitad de las armas, y, por suerte, no nos metieron presos y pudimos salir, atravesar el golfo, atravesar el mar Caribe, atravesarlo todo y poder llegar a Cuba; pero que realmente se nos hizo todo muy difícil.

Al menos los exiliados ya no tendrán que padecer persecución, como hubimos de padecerla nosotros. Por lo menos en Cuba, y sé que también en Venezuela, tendrán toda la hospitalidad a que sean acreedores los perseguidos políticos de la tiranía, absoluta libertad para propagar sus ideas, absoluta libertad para organizarse, para reunirse, dar actos públicos, y tendrán siempre toda la protección, porque allí no podrá irlos a asesinar Trujillo, allí no encontrará cómplices, y ellos tendrán todo nuestro apoyo moral y tendrán todo el respaldo de la opinión pública cubana, y, con toda seguridad, el respaldo de la opinión pública continental.

Hoy, en la comparecencia ante la Cámara de Diputados, propuse que se reunieran los delegados de los países democráticos en la Organización de Estados Americanos y propusieran la expulsión de los representantes de los dictadores. Hablaba, precisamente, de que esos organismos internacionales no habían servido para nada, y que había que adoptar una actitud enérgica y firme en relación con los problemas de América. Por lo tanto, la postura del Gobierno Revolucionario de Cuba será una postura firme y sin vacilaciones de ninguna clase, porque ha llegado la hora de que los pueblos sepan defenderse y sepan plantear sus derechos. ¡Basta ya de sumisión, basta ya de cobardía y basta ya de vacilaciones!

A los estudiantes, que tan extraordinariamente han honrado a nuestro pueblo en la tarde de hoy, quiero decirles, para finalizar, una cosa: tengan la seguridad de que somos hombres conscientes de nuestra responsabilidad con nuestra patria, de nuestra responsabilidad con los pueblos oprimidos y de nuestro deber ineludible de solidaridad con todos los pueblos del continente americano; que somos revolucionarios, y que ser revolucionario no es llamarse así como se llaman muchos. Ser revolucionario es tener una postura revolucionaria en todos los órdenes, dedicar su vida a la causa de los pueblos, dedicar su vida a la causa de la revolución de los pueblos, a la plena redención de los pueblos oprimidos y explotados.

Como el poder para nosotros no ha significado un baño de rosas ni un paseo, como para nosotros el poder no significa riquezas, ni somos hombres que nos dejamos arrastrar por ningún género de vanidad, sino que para nosotros el poder es sacrificio, más sacrificio, porque ahora estamos luchando más que cuando estábamos en la Sierra Maestra, ahora tenemos menos descanso que cuando estábamos en la Sierra Maestra, ahora tenemos más trabajo que cuando estábamos en la Sierra Maestra, hemos bajado al llano decididos a seguir luchando en el terreno que sea necesario.

No vamos a aburguesarnos ni a burocratizarnos en el poder; no vamos a acostumbrarnos a la vida cómoda, ni a la buena comida, ni a la buena ropa, ni a las buenas cosas. Miren, ¿ustedes ven este uniforme?, porque es el que me he acostumbrado a tener durante dos años, lo traigo sencillamente, y porque cuesta barato; cuando tenga que quitármelo, me lo quito y me pongo otra ropa barata también.

En cuanto a dormir, los rebeldes de la Sierra Maestra, si tenemos una hamaca y dos árboles, estamos perfectamente bien; y en cuanto a comer, con pocas cosas nos alimentamos. Nuestra mayor necesidad son libros y nos los regalan, me han regalado muchísimos en Venezuela y tendré el gusto de poder llevarlos a Cuba; por lo tanto, con muy poca cosa nosotros nos conformamos. ¡Ni nos van a comprar, ni nos van a sobornar, ni nos van a intimidar! Vamos a ser sencillamente incorruptibles, no nos vamos a acomodar nunca, vamos a seguir siendo revolucionarios hasta la muerte, y vamos a hacer nuestra aquella gran verdad de que el revolucionario no tiene otro descanso que la tumba. Es nuestro deber y lo sabremos cumplir rectamente y sin mucho trabajo siquiera, porque es, además, nuestra vocación.

Nos sentimos bien cumpliendo con el deber, no nos importan los riesgos, no nos importa que tengamos que ir otra vez a las montañas cuando sea necesario o cualquier día; por tanto, nosotros sabremos ser acreedores de los honores que se nos han hecho. Nunca tendrán los pueblos motivos de arrepentirse por las muestras de cariño que nos han dado, y, más que las palabras, los hechos hablarán por nosotros.

Me despido de ustedes con un pensamiento, con un deseo que quiero que todos lo hagan suyo, y es que en un día no muy lejano podamos reunirnos en otras universidades del continente. No voy a decir Cuba; Cuba es de ustedes; no tenemos como ustedes una ciudad universitaria, pero la vamos a hacer y vamos a conceder becas—pero becas numerosas, no esas becas reducidísimas que con tanta avaricia se conceden a los estudiantes de América Latina—, por supuesto, a los venezolanos.

El deseo que quiero que todos sintamos sinceramente hoy, la promesa que todos debemos hacernos, es que—este año, o el otro, o el otro; no vamos a comprometernos a fecha fija de cuándo va a terminar, lo que sí sabemos es cuándo va a empezar, y empezar es lo que importa, porque cuando se empieza se termina—, nos veamos algún día reunidos una representación de los estudiantes cubanos, de los estudiantes de Venezuela y de los estudiantes de todo el continente americano en la universidad de Santo Domingo, reunidos allí con un pueblo libre, con un estudiantado libre.

Y ustedes los estudiantes, que han sido los defensores de todas las causas justas, que han sido la vanguardia de la libertad en nuestro continente; ustedes, que inspiraron esta idea, los estudiantes venezolanos, no deben descansar ni un minuto en el esfuerzo por ayudar a que se convierta en realidad este sueño de poder reunirnos algún día en la universidad de Santo Domingo, en la universidad de Nicaragua y en la universidad de Paraguay, con la ayuda de los pueblos, con la ayuda de los estudiantes.

Yo sé que el día en que se esté combatiendo en Santo Domingo, no faltarán voluntarios, entre el estudiantado y entre el pueblo de Venezuela, que quieran ir a combatir allá. Lo que sí les puedo asegurar a los revolucionarios dominicanos es que no los dejaremos solos, y es con esa promesa con la que me quiero despedir de ustedes: nos veremos en la universidad de Santo Domingo.

Fidel Castro

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CS #335 – Fiesta sorpresa

Cartas

¿Es posible que el barril de petróleo se coloque en veinticinco dólares en menos de un mes? ¿Es posible que el precio del petróleo suba a cien dólares por barril antes de que el año concluya? ¿Es posible una guerra entre Venezuela y Colombia? ¿Es posible un golpe de Estado en Venezuela? ¿Es posible una guerra mundial? ¿Es posible un material superconductor económico a temperatura ambiente? ¿Es posible un ataque terrorista al Metro de Caracas o a las líneas de transmisión del Complejo del Guri? ¿Es posible ganarse el Kino? ¿Es posible que el próximo Presidente de Venezuela no sea miembro del Partido Socialista Unido de Venezuela? En términos generales ¿es posible una sorpresa política en este país?

Hace ya un buen tiempo desde que Yehezkel Dror caracterizara nuestra época como una en la que “la sorpresa se ha hecho endémica”.  Ante esta situación, no obstante, es posible realizar un análisis constructivo, que nos permita manejarnos inteligentemente ante tal grado de incertidumbre.

En primer término, es conveniente caracterizar la incertidumbre que confrontamos. ¿Qué tipo de incertidumbre es?

La incertidumbre puede ser llamada incertidumbre cuantitativa cuando lo que ignoramos no es el tipo de eventos de posible ocurrencia, sino la probabilidad de que cada tipo ocurra. Esta clase de incertidumbre no es la más grave, aunque en algunos casos especiales puede llegar a ser muy molesta. Más profunda es una incertidumbre cualitativa, cuando es la forma misma de los eventos futuros lo que nos es desconocido.

Si se tratara de una incertidumbre del tipo cuantitativo, entonces habría ante ella dos cursos de acción disponibles. El primero consiste en tratar de reducir la incertidumbre, fundamentalmente por la obtención de más y mejor información. (Las encuestas de opinión que sean confiables, la información de primera mano respecto de los entretelones de Miraflores, son información que puede reducir este problema). Así, la labor de “inteligencia”—en el sentido en el que este término se emplea en la expresión “inteligencia militar”—es el primer camino. Es la labor primaria de las llamadas “salas situacionales”, tan de moda ahora entre circuitos opositores, a los que estas notas pudieran ser de alguna utilidad.

Ahora bien, nos encontramos ante una situación en la que aun la mejor inteligencia nos dejará con una incertidumbre residual, irreductible, y por tanto será necesario adoptar un expediente adicional al de los esfuerzos por reducirla. Este segundo camino es el de estructurar la incertidumbre residual, para tener la oportunidad de comprenderla mejor.

………

Pero además está presente en la consideración de una sorpresa política en Venezuela la segunda y más insidiosa forma de incertidumbre: la incertidumbre cualitativa. Es decir, es posible afirmar la posibilidad de ocurrencia de eventos políticos que ni siquiera podemos describir en términos cualitativos.

Dror ha enumerado los rasgos de un modelo de confección de políticas (policymaking) apropiado a nuestras condiciones actuales, al que llamó el “modelo de apuesta difusa” (Policy-gambling: A preliminary exploration, 1985): “Una buena imagen para considerar la confección de políticas como apuesta difusa es la de un casino inestable, donde la opción de no jugar es en sí misma un juego con altas probabilidades en contra del jugador; donde las reglas del juego, las proporciones necesarias de suerte y habilidad y los premios, cambian en forma impredecible durante la apuesta misma; donde formas impredecibles de ‘cartas locas’ (tales como un ataque terrorista o la distribución de diamantes por millonarios pródigos) pueden aparecer súbitamente; y donde la salud y la vida de uno mismo y la de sus seres amados puede estar en juego, algunas veces sin uno saberlo”.

El modelo extremo de apuesta difusa involucra situaciones en las que la dinámica que da origen a los resultados de una decisión es desconocida y toma la forma de la indeterminación, la discontinuidad y los saltos cualitativos. (Por ejemplo, la Ley Orgánica de Procesos Electorales).

Algunas de las consecuencias de este estado de cosas son las siguientes:

a. Los resultados no pueden ser predichos ni en términos de posibilidades definidas ni en términos de riesgo, en el sentido técnico de distribuciones de probabilidad.

b. La adjudicación de probabilidades subjetivas es un acto que puede ser calificado de ilusorio.

c. La no-decisión, o las decisiones incrementales (modificación de las cosas “poquito a poco”), constituyen estrategias fútiles como modo de contener la incertidumbre, dado que la repetición del mismo acto o la misma política puede dar origen a resultados radicalmente diferentes en cada ocasión.

d. Los valores, y las metas mismas, pierden su constancia en la toma de decisiones, entre otras cosas a causa de cambios impredecibles en los contextos que establecen las prioridades.

e. Una mejor inteligencia, en el mejor de los casos, no puede hacer otra cosa que hacer más explícita la ignorancia.

Se está en presencia de una alta probabilidad objetiva de que eventos de baja probabilidad ocurran frecuentemente. En términos subjetivos, domina la sorpresa.

………

Ésos son los rasgos de un caso extremo y abstracto de “apuesta difusa”, que, no obstante, puede ser más pedagógico a la hora de comprender el tipo de situación que confrontamos. Un modelo más cercano a la realidad modera la gravedad de esos rasgos y puede ser descrito, a su vez, en los siguientes términos:

a. Una cierta proporción de los resultados podrá ser prevista en términos de riesgo (estimación cuantitativa) y en términos de posibilidades (estimación cualitativa). La proporción restante adoptará la forma de configuraciones impredecibles, con discontinuidades y saltos.

b. En una cierta proporción, las situaciones podrán ser diagnosticadas como tendiendo más hacia la discontinuidad o como tendiendo más hacia la continuidad. En una cierta proporción la ignorancia domina, sin que exista la posibilidad de evaluar de antemano las situaciones como conducentes a la continuidad o a la ruptura.

c. La utilidad del empleo de probabilidades establecidas subjetivamente, y la del análisis de decisiones que se base en ellas, la constancia de valores y metas, la capacidad de la inteligencia para contener y reducir la ignorancia, etcétera, dependerán de una mezcla de incertidumbre e ignorancia.

d. Eventos considerados como de baja probabilidad ocurren con frecuencia variable y la sorpresa llega a ser endémica.

………

Puede ser que esta última enumeración no parezca mejorar las cosas demasiado. Sin embargo, permite una aproximación más constructiva al asunto. Por ejemplo, será posible, al menos para el tratamiento de una parte de los posibles eventos políticos o la preadaptación a ellos, una clasificación de los mismos en cuatro categorías a considerar, según sea su probabilidad de ocurrencia y el grado de impacto que tendrían: 1. Eventos de alta probabilidad y alto impacto, para los que sería una locura no prepararse. (Verbigracia, la repetición de Chávez en la Presidencia de la República). 2. Eventos de alta probabilidad y bajo impacto, para los que no se requiere demasiada prevención, dado que modificarían poco el statu quo. (Por ejemplo, la instauración de un esquema opositor unitario para las elecciones parlamentarias). 3. Eventos de baja probabilidad y bajo impacto, los que pueden ser más o menos desatendidos. (Tales como una candidatura presidencial de Raúl Isaías Baduel). 4. Eventos de baja probabilidad y alto impacto, para los que es aconsejable, al menos, tener previsto un plan contingente, ya que de ocurrir aquéllos las cosas cambiarían significativamente. (Estos pueden ser, entre otros, la posibilidad de un verdadero outsider como Presidente o la posibilidad de un golpe de Estado militar).

Es importante advertir que en materia de la clasificación anterior, y para el propósito de este análisis, no se está calificando los impactos en términos de bondad o maldad. Un alto impacto puede ser positivo o puede ser negativo. Puede haber outsiders positivos y negativos; Chávez resultó ser, muy claramente, de este último tipo. (Es opinión de esta publicación, sin embargo, que aún el proceso problemático venezolano no ha llegado a un grado de deterioro tal que un golpe de Estado deje de ser francamente negativo, y que no es probable que un golpe de Estado militar conduzca de inmediato a una mejor forma de gobernar el país o a la solución de sus principales problemas).

Desde el punto de vista de las posibilidades que provee una situación tan turbulenta como la venezolana, es necesario advertir que aumentan las probabilidades de éxito de aventuras que intencionalmente busquen cristalizar a su favor las múltiples tensiones existentes, siempre y cuando sean bien ejecutadas y den realmente salida a tales tensiones. En Road maps to the future (Pergamon Press, 1980), Bohdan Hawrylyshyn decía lo siguiente: “En química, puede uno disolver más y más sólidos en una mezcla hasta que se alcanza el estado de saturación. Un solo cristal adicional puede entonces precipitar a todos los sólidos fuera de la solución. La historia reciente muestra que los eventos pueden ser precipitados en una forma análoga en sociedades en las que se acumulan demasiadas tensiones. Lo que se requiere entonces es sólo un catalizador. En Portugal puede haber sido un libro publicado por un general. En Irán, que también tenía un ejército fuerte y una implacable organización de seguridad interna, fue la voz de Khomeini, oída directamente (como del cielo) en cassettes de audio. En Polonia, el Papa, durante su reciente visita, pudo haber desencadenado casi cualquier conjunto de eventos según su escogencia”.

Es posible que la situación actual de la política venezolana corresponda a la situación de saturación descrita anteriormente en los términos de Hawrylyshyn. (Si esto es así, prácticamente ningún líder opositor de los que habitualmente actúan en la escena nacional tendría la potencialidad de ser el catalizador que cristalice, o mejor, canalice a su favor las tensiones. La gran mayoría de ellos han tenido ya exposición pública suficiente, por lo que, si hubiera sido percibido alguno como el líder buscado, hace tiempo ya que se hubiera producido la estampida y hace tiempo ya que esto se hubiera manifestado en los registros de opinión pública).

No todas las personas perciben, no obstante, la situación de esa manera, como inminencia de cambio radical. Sobre todo en personas de relativa alta cultura política, y que pertenecen de algún modo a las élites políticas o económicas, es marcada la tendencia a considerar la situación como pasajera y resoluble mediante expedientes más o menos tradicionales (o necios). Esto es una tendencia relativamente común. Alexis de Tocqueville destacaba, en L’Ancien Régime et la Revolution, la paradoja de la presencia evidente de los signos prerrevolucionarios y la ceguera de muchos de los actores sociales de Francia en 1789. “Ningún gran evento histórico está en mejor posición que la Revolución Francesa para enseñar a los escritores políticos y a los estadistas a ser cuidadosos en sus especulaciones; porque nunca hubo un evento tal, surgiendo de factores tan alejados en el tiempo, que fuese a la vez tan inevitable y tan completamente imprevisto… Las opiniones de los testigos oculares de la Revolución no estaban mejor fundadas que las de sus observadores foráneos, y en Francia no hubo real comprensión de sus objetivos aún cuando ya se había llegado al punto de explotar”.

Yehezkel Dror empleó varias sugestivas imágenes para el enfoque del tema en Cómo sorprender a la Historia (How to spring surprises on history). Por ejemplo, nos recordaba a Maquiavelo, para “considerar la posibilidad de convergencia entre oportunidades históricas raras (ocassione) que provee la historia (fortuna) y que pueden ser utilizadas por gobernantes que tengan las raras cualidades necesarias (virtu)”.

Dror ha ofrecido la tesis de que en el mundo contemporáneo la probabilidad de discontinuidades va en aumento, lo que proveería “situaciones en las que es posible estimular o hacer surgir algunas discontinuidades mediante la intervención consciente”. (Algunas variables exógenas—no controladas desde dentro de un sistema político en particular—así como tendencias de creciente aproximación a soluciones de crisis, son los tipos principales de factores que hacen aumentar las ocurrencias sorpresivas). A su juicio, son tres las situaciones que pueden justificar o motivar intentos conscientes de provocar mutaciones políticas: “a. Si las tendencias actuales son vistas como crecientemente negativas y cada vez más peligrosas para los valores aceptados. b. Si se ha dado un salto en los valores que lleva consigo un imperativo categórico de tratar de cambiar la realidad, aun cuando ésta sea satisfactoria para los valores previos. c. Si la realidad se percibe en cualquier caso como turbulenta y mudable, requiriendo respuestas bajo la forma de saltos en políticas como el único modo de tener, tal vez, feedback positivo, bien sea para evitar cambios negativos o para aprovecharse de oportunidades positivas”.

Es también útil tomar en cuenta los pocos comentarios tentativos que puede Dror ofrecer—él mismo reconoció que en este terreno se movía en terra incognita—ante el problema práctico de cómo planificar una sorpresa a la historia. Dice textualmente:

a. La selección y el éxito de intentos por mutar tendencias depende del macroanálisis de situaciones socio-políticas y político-estratégicas y su evolución. Algunas veces un solo individuo se muestra capaz de asir tales Gestalten. Pero, para hacerlo sistemáticamente, son necesarias unidades especiales compactas, altamente calificadas e interdisciplinarias. Los equipos de análisis político y de inteligencia del tipo convencional son  incapaces de hacer el trabajo.

b. Es posible definir situaciones en las que se justifiquen intentos de ir más allá del incrementalismo y de sorprender a la historia. Ciertas tendencias al deterioro que constituyan amenazas cada vez más serias; ideologías y aspiraciones que no tengan chance sin rupturas radicales de la continuidad; una turbulencia histórica que o se vuelve demasiado riesgosa o provee oportunidades que no volverán; todo esto, como ya ha sido mencionado, son condiciones que pueden ser analíticamente diagnosticadas y que justifican políticas de shock.

c. Puede ser posible a veces el diseño de una política de shock como política dominante, la que en el mejor de los casos logra desplazamientos muy deseables en los eventos y que en el peor de los casos no involucra costos serios. En otras situaciones puede ser posible reducir los riesgos de fracaso o sus costos, mediante un sondeo y aprendizaje preliminares, construyendo sobre la base de la reversibilidad o por varias estrategias de “compensación de apuestas”. (Hedging). En vista de la incertidumbre de la postdiscontinuidad, las políticas de cambio radical usualmente confrontan riesgos irreductibles e indefinibles. Por tanto, a pesar de las posibilidades arriba mencionadas, tales políticas son intelectual y emocionalmente “apuestas difusas”. Todas las metodologías de confrontación de incertidumbre son útiles, pero de utilidad limitada.

d. La prudencia (que es un juicio de valor en “loterías”) requiere por tanto de un “análisis del peor caso”, en el que lo pésimo de la continuación de tendencias o de la no intervención en la turbulencia ambiental se compara con lo pésimo de los intentos de causar discontinuidad. La comparación de lo pésimo de la no intervención con lo óptimo de la intervención es un enfoque muy riesgoso que no puede ser recomendado. (Aunque, inherentemente, esto es un asunto de juicios de valor sobre las actitudes ante el riesgo). Por otra parte, la comparación de lo óptimo de la no intervención contra lo pésimo de la no intervención tampoco puede ser recomendada, por más que esto sea una difundida postura intelectual del incrementalismo y del conservatismo.

Por último, vale la pena considerar este párrafo de Dror sobre una de las condiciones esenciales a la mutación histórica: “Los emprendedores políticos (policy entrepreneurship) son un requisito para darle sorpresas a la historia. Requiere la existencia de políticos singulares que sean innovadores, anulen el conservatismo y quizás sean más aventureros, aceptadores de riesgo y propensos a apostar”. Y finalmente advierte: “Esto hace surgir un dilema: una demasiada concentración de poder en políticos singulares, o en un grupo muy pequeño de tomadores de decisiones, aumenta el peligro de la acción precipitada y la equivocación. Por otro lado, un sistema demasiado cuidadoso de frenos, contrapesos y controles mutuos puede impedir las innovaciones políticas radicales del tipo histórico-mutante. Los pequeños núcleos de políticos de alto nivel, auxiliados por pequeñas islas de excelencia bajo la forma de equipos altamente calificados, puede que sean lo óptimo para darle sorpresas a la historia. Este tipo de estructuras gubernamentales es aceptado en países democráticos bajo condiciones de crisis aguda”.

Habrá que ver si tenemos en Venezuela una crisis de esta clase.

luis enrique ALCALÁ

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FS #245 – Gobernantes malucos

Fichero

LEA, por favor

Si corremos con suerte, para cuando se cumpla el quinto centenario de la publicación original (1513) de El príncipe, en Florencia, tendremos en Venezuela un nuevo gobernante. La obra más conocida de Nicolás Maquiavelo (1469-1527), entre las más de veinte que escribiera como buen renacentista, fue dedicada Al Magnifico Lorenzo Di Piero Di Medici, con el objeto confeso de “alcanzar la gracia y favor” de este príncipe. La dedicatoria, al estilo de la época, concluye sus dos párrafos de este modo: “Si os dignáis leer esta producción y meditarla con cuidado reconoceréis en ella el propósito de veros llegar a aquella elevación que vuestro destino y vuestras eminentes dotes os permiten. Y si después os dignáis, desde la altura majestuosa en que os halláis colocado, bajar vuestros ojos a la humillación en que me encuentro, comprenderéis toda la injusticia de los rigores extremados que la malignidad de la fortuna me hace experimentar sin interrupción”. La esperanza de obtener un cargo de Lorenzo de Médicis nunca fue correspondida por el gobernante de Florencia.

A Maquiavelo no se le aguaba el ojo con los más duros procedimientos de los gobernantes; él mismo fue objeto de torturas que le dislocaron los hombros, para que confesara su participación en una conjura que jamás admitió. Es tal vez su más famosa máxima esta recomendación: “Y aquí se presenta la cuestión de saber si vale más ser temido que amado. Respondo que convendría ser una y otra cosa juntamente, pero que, dada la dificultad de este juego simultáneo, y la necesidad de carecer de uno o de otro de ambos beneficios, el partido más seguro es ser temido antes que amado”. Chavismo puro.

De hecho, el capítulo octavo de El príncipe—reproducido en esta Ficha Semanal #245 de doctorpolítico—lleva por título “De los que llegaron a príncipes por medio de maldades”, y en él se pregunta por qué fracasaron gobernantes que usaron la maldad mientras otros fueron exitosos. Su respuesta a esta cuestión es: “Creo que esto dimana del uso bueno o malo que se hace de la traición y de la crueldad”. Es decir que podría, según Maquiavelo, emplearse bien la traición y buenamente ser cruel.

Tampoco podría tenérsele como precursor del feminismo; en una discusión (capítulo veinticinco) acerca del papel de la suerte (fortuna) en el destino de los gobiernos, explica pedagógicamente: “…pensándolo bien todo, me parece que juzgaré serenamente si declaro que vale más ser violento que ponderado, porque la fortuna es mujer y por ello conviene, para conservarla sumisa, zaherirla y zurrarla. En calidad de tal se deja vencer más de los que la tratan con aspereza que de los que la tratan con blandura. Por otra parte, como hembra, es siempre amiga de los jóvenes porque son menos circunspectos, más irascibles y se le imponen con más audacia”.

Pero, a pesar de estas cosas, Maquiavelo jamás deja de aconsejar prudencia, y en el capítulo acá reproducido sugiere que es preferible hacer pronto y juntas todas las maldades: “Los actos de severidad mal usados son aquellos que, pocos al principio, van aumentándose y se multiplican de día en día, en vez de disminuirse y de atenerse a su primitiva finalidad”. Entre tantos consejos que el actual gobierno venezolano se complacería en obtener de El príncipe, este último es uno en el que ciertamente pudiera encontrar el modo de no bajar tanto en las encuestas.

LEA

Gobernantes malucos

Supuesto que aquel que de simple particular asciende a príncipe, lo puede hacer todavía de otros dos modos, sin deberlo todo al valor o a la fortuna, no conviene omita yo tratar de uno y de otro de esos dos modos, aun reservándome discurrir con más extensión sobre el segundo, al ocuparme de las repúblicas. El primero es cuando un hombre se eleva al principado por una vía malvada y detestable, el segundo cuando se eleva con el favor de sus conciudadanos. En cuanto al primer modo, la historia presenta dos ejemplos notables: uno antiguo y otro moderno. Me ceñiré a citarlos, sin profundizar demasiado la cuestión, porque soy de parecer que enseñan bastante por sí solos si cualquiera estuviese en el caso de imitarlos.

El primer ejemplo es el del siciliano Agátocles, quien, habiendo nacido en una condición, no sólo común y ordinaria, mas también baja y vil, llegó a empuñar, sin embargo, el cetro de Siracusa. Hijo de un alfarero, había llevado en todas las circunstancias una conducta reprensible. Pero sus perversas acciones iban acompañadas de tanto vigor de cuerpo y de tanta fortaleza de ánimo, que habiéndose dedicado a la profesión de las armas, ascendió, por los diversos grados de la milicia, hasta el de pretor de Siracusa. Luego que se vio elevado a este puesto resolvió hacerse príncipe, y retener con violencia, sin debérselo a nadie, la dignidad que le había concedido el libre consentimiento de sus conciudadanos. Después de haberse entendido sobre el asunto con el general cartaginés Amílcar, que estaba en Sicilia con su ejército, juntó una mañana al Senado y al pueblo en Siracusa, como si tuviera que deliberar con ellos sobre cosas importantes para la república y, dando en aquella asamblea a los soldados la señal convenida, les mandó matar a todos los senadores y a los ciudadanos más ricos que allí se hallaban. Librado de ambos estorbos de su ambición, ocupó y conservó el principado de Siracusa, sin que se encendiera contra él ninguna guerra civil. Aunque después fue dos veces derrotado, y aun sitiado, por los cartagineses, no solamente pudo defender su ciudad, sino que, además, dejó una parte de sus tropas custodiándola, y marchó a actuar a África con otra. De esta suerte, en poco tiempo libró a la cercada Siracusa, y puso en tal aprieto a los cartagineses, que se vieron forzados a tratarle de potencia a potencia, se contentaron con la posesión de África, y le abandonaron enteramente a Sicilia. Donde se advierte, reflexionando sobre la decisión y las hazañas de Agátocles, que nada o casi nada puede atribuirse a la fortuna. No por el favor ajeno, como indiqué más arriba, sino por medio de los grados militares, adquiridos a costa de muchas fatigas y de muchos riesgos, consiguió la soberanía, y, si se mantuvo en ella merced a multitud de acciones temerarias, pero llenas de resolución, no cabe, ciertamente, aprobar lo que hizo para lograrla. La traición de sus amigos, la matanza de sus conciudadanos, su absoluta falta de religión, son, en verdad, recursos con los que se llega a adquirir el dominio, mas nunca gloria. No obstante, si consideramos el valor de Agátocles en la manera como arrostró los peligros y salió triunfante de ellos, y la sublimidad de su alma en soportar y en vencer los acontecimientos que le eran más adversos, no vemos por qué conceptuarle como inferior al mayor campeón de diferente especie moral a la suya. Por desdicha, su inhumanidad despiadada y su crueldad feroz son maldades evidentes que no permiten alabarle, como si mereciera ocupar un lugar eminente entre los hombres insignes. Pero repito que no puede atribuirse a su valor o a su fortuna lo que adquirió sin el uno y sin la otra.

El segundo ejemplo, más inmediato a nuestros tiempos, es el de Oliverot de Fermo. Educado en su niñez por su tío materno, Juan Fogliani, fue colocado por éste más tarde en la tropa del capitán Pablo Viteli, a fin de que allí llegase, bajo semejante maestro, a alguna alta graduación en las armas. Habiendo muerto después Pablo, y sucediéndole en el mando su hermano Viteloro, a sus órdenes peleó Oliverot, y como, amén de robusto y valiente, era inteligentísimo, llegó a ser en breve plazo el primer hombre de su ejército. Juzgando entonces cosa servil su permanencia en él, confundido entre el vulgo de los capitanes, concibió el proyecto de apoderarse de Fermo, con ayuda de Viteloro y de algunos ciudadanos de aquella ciudad que amaban más la esclavitud que la libertad de su país. Para mejor llevar a cabo su plan escribió, ante todo, a su tío Juan Fogliani. En la carta le decía ser muy natural, al cabo de tan prolongada ausencia, que quisiera abrazarle, ver de nuevo su patria, volver a Fermo y reconocer en algún modo su patrimonio. Le añadía que, en efecto, regresaba, pero que, no habiéndose fatigado, durante tan larga separación, más que para adquirir algún honor y deseando mostrar a sus compatriotas que no había perdido el tiempo en tal respecto, creía deber presentarse con cierto atuendo, acompañado de amigos suyos, de varios servidores y de cien soldados de a caballo. Por ende, le rogaba hiciera de modo que los ciudadanos de Fermo le acogiesen con distinción «atendiendo a que semejante recibimiento no sólo le honraría a él mismo, sino que redundaría también en gloria del tío, su segundo padre y su primer preceptor». Juan no dejó de hacer los favores que solicitaba, y a los que le parecía ser acreedor su sobrino. Procuró que los ciudadanos de Fermo le recibiesen con gran honra, y le alojó en su palacio. Oliverot, luego de haberlo dispuesto todo para la maldad que había premeditado, dio en el palacio un espléndido banquete, al que invitó a Juan Fogliani y a las personas de más viso de la población. Al final del convite, y cuando conforme al uso de entonces, se departía sobre cosas de que se habla comúnmente en la mesa, Oliverot hizo recaer diestramente la conversación sobre la grandeza de Alejandro VI y de su hijo César Borgia, como asimismo sobre sus empresas. Mientras él respondía a los discursos de los otros, y los otros contestaban a los suyos, se levantó de repente, manifestando ser aquella una materia de que no debía hablarse más que en apartado sitio, y se retiró a un cuarto particular, al que Fogliani y las demás personas de viso le siguieron. Apenas se hubieron sentado allí cuando, por salidas ignoradas de ellos, entraron diversos soldados, que los degollaron a todos, sin perdonar a Fogliani. Terminada la matanza, Oliverot montó a caballo, recorrió la ciudad, fue a sitiar al primer magistrado en su propio alcázar, y los habitantes de Fermo, poseídos de súbito e inaudito temor, se vieron obligados a obedecerle, y a formar un nuevo Gobierno, del que se constituyó soberano. Desembarazado por tal arte de todos aquellos hombres cuyo descontento podía serle fatal, fortificó su autoridad con nuevos estatutos civiles y militares, de suerte que, por espacio del año que conservó su soberanía, no sólo se mantuvo seguro en la ciudad de Fermo, sino que además, se hizo respetar y temer de sus vecinos, y hubiera sido tan perdurable como Agátocles, si no se hubiese dejado engañar por César Borgia, cuando, en Sinigaglia, sorprendió éste, como indiqué ya, a los Ursinos y a los Vitelios. Aprehendido con éstos el propio Oliverot en aquella ocasión, un año después de su parricidio, le ahorcaron en compañía de Viterolo, que había sido su mentor de audacia y de maldad.

Podría preguntarse por qué Agátocles, Oliverot y algún otro de la misma especie lograron, a pesar de tantas traiciones y de tamañas crueldades, vivir largo tiempo seguros en su patria, y defenderse de los enemigos exteriores, sin seguir siendo traidores y crueles. También podría preguntarse por qué sus conciudadanos no se conjuraron nunca contra ellos, al paso que otros, empleando iguales recursos no consiguieron conservarse jamás en sus Estados, ni en tiempo de paz, ni en tiempo de guerra. Creo que esto dimana del uso bueno o malo que se hace de la traición y de la crueldad. Permítame llamar buen uso de los actos de rigor el que se ejerce con brusquedad, de una vez y únicamente por la necesidad de proveer a la seguridad propia, sin continuarlos luego, y tratando a la vez de encaminarlos cuanto sea posible a la mayor utilidad de los gobernados. Los actos de severidad mal usados son aquellos que, pocos al principio, van aumentándose y se multiplican de día en día, en vez de disminuirse y de atenerse a su primitiva finalidad. Los que se atienen al primer método, pueden, con los auxilios divinos y humanos, remediar, como Agátocles, su situación, en tanto que los demás no es posible que se mantengan. Es menester, pues, que el que adquiera un Estado ponga atención en los actos de rigor que le es preciso ejecutar, a ejercerlos todos de una sola vez e inmediatamente, a fin de no verse obligado a volver a ellos todos los días, y poder, no renovándolos, tranquilizar a sus gobernados, a los que ganará después fácilmente, haciéndoles bien. El que obra de otro modo, por timidez o guiado por malos consejos, se ve forzado de continuo a tener la cuchilla en la mano, y no puede contar nunca con sus súbditos, porque estos mismos, que le saben obligado a proseguir y a reanudar los actos de severidad, tampoco pueden estar jamás seguros con él. Precisamente porque semejantes actos han de ejecutarse todos juntos porque ofenden menos, si es menor el tiempo que se tarda en pensarlos; los beneficios, en cambio, han de hacerse poco a poco, a fin de que haya lugar para saborearlos mejor. Así, un príncipe debe, ante todas las cosas, conducirse con sus súbditos de modo que ninguna contingencia, buena o mala, le haga variar, dado que, si sobrevinieran tiempos difíciles y penosos, no le quedaría ya ocasión para remediar el mal, y el bien que hace entonces no se convierte en provecho suyo, pues lo miran como forzoso, y no se lo agradecen.

Nicolás Maquiavelo

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CS #334 – Nacimiento o conversión

Cartas

Observada a distancia clínica, Venezuela presenta la superposición de un proceso oncológico a una condición previa de insuficiencia política. (Médicamente, una insuficiencia cardiaca alude a la enfermedad caracterizada por una deficiencia en el bombeo de la sangre que debe hacer el corazón; una insuficiencia renal a la incapacidad de los riñones de filtrar la sangre como es necesario. Cuando el aparato público de una nación—los poderes públicos a toda escala—no resuelven los problemas públicos, única actividad que justificaría su existencia, puede hablarse con toda propiedad de un caso de insuficiencia política).

La patología política venezolana más preocupante, sin duda, es el chavoma: el proceso canceroso, invasivo y maligno que la amenaza, últimamente de modo acelerado. Es el cuadro clínico más agudo y peligroso. La atención del país se ha concentrado de modo más que natural en este proceso desde que Hugo Chávez llegara al poder en Venezuela. Pero reducido el chavoma, aun por medios clínicos, no quirúrgicos, el cuadro de insuficiencia continuaría manifestándose.

La etiología de esa insuficiencia no debe buscarse en una intencionalidad culpable en el político profesional promedio—que a fin de cuentas es un animal de cuarenta y seis cromosomas y, por eso mismo, de cualidad moral equidistante del santo y el felón—sino en su esclerosis paradigmática. Es la impertinencia de los paradigmas políticos prevalecientes, acompañada de una pertinaz resistencia a abandonarlos, la causa, como en casi todas partes del mundo, de nuestra insuficiencia política.

Los miembros más importantes de la constelación de paradigmas que guían la práctica política convencional son el concepto de Realpolitik (política de poder) y la “necesidad” de ubicarse en un punto del continuo cuyos polos son la extrema derecha y la extrema izquierda.

Esto último es lo que cede cada vez más, de modo inexorable. A pesar de la insistencia de Chávez en el socialismo y de los Vargas Llosa en el liberalismo, lo que es tendencia de mayor masa e inercia es el “moderno molde postideológico” (expresión de Tony Blair). Hoy en día pudiera decirse que ser socialista—a lo Bernard-Henri Lévy—no es ser estatista sobre principios marxistas, sino preocuparse por la “anormal” distribución de la riqueza en la mayoría de las regiones de la tierra. Si el buen socialista de antaño fue estatista es porque creía que la estatización era una terapéutica eficaz; el buen socialista de hoy admite al mercado como sistema fundamentalmente natural y a la libre empresa como sistema superior al manejo centralizado de la economía, aunque ambos deban ser objeto de corrección cada cierto tiempo.

En cambio, la idea básica de la Realpolitik, que en el fondo la política no es otra cosa que una lucha por el poder, es más difícil de erradicar, sobre todo en nosotros, que debemos sufrir las obsesiones de un Presidente de la República que lleva esa noción a extremos enervantes. No obstante, para allá va la cosa.

………

El año en que Chávez era electo Presidente por primera vez, John A. Vasquez publicaba una segunda edición muy ampliada de su clásico de 1983: The Power of Power Politics. Ya hace más de un cuarto de siglo de que sostuviera que el paradigma “realista”—basado en la opinión de que los humanos no somos inherentemente benévolos sino egocéntricos y competitivos—es inadecuado para el científico de lo social y crecientemente ineficaz. En 1998 añadió mucho más material al libro para arribar a un último capítulo de conclusiones, al que llama The continuing inadequacy of the realist paradigm (La continua inadecuación del paradigma realista).

Vasquez es un estudioso del asunto en el terreno de las relaciones internacionales, las relaciones entre estados, pero las observaciones del paradigma realista en este campo son descripción aplicable a la práctica política intranacional. El “realista” internacional sostiene que el interés nacional supremo de cada estado son su seguridad y supervivencia; que para buscar la seguridad nacional los países luchan por acumular recursos; que las relaciones entre los estados vienen determinadas por su nivel comparativo de poder, el que se deriva principalmente de sus capacidades económicas y militares. Es claro que estos mismos rasgos—opiniones y acciones—caracterizan las pujas intranacionales de las “fuerzas” políticas que compiten por el poder. En ambas esferas, el resultado de la política entendida de ese modo es el engrandecimiento de un actor político—nación, partido, candidato—a expensas de sus competidores, y este desenlace no guarda relación con la solución de los problemas de carácter público, sean éstos las guerras entre naciones o la distribución de la riqueza en un país.

Y aunque sólo rarísima vez los ciudadanos, nacionales o planetarios, establecen consciente y explícitamente la conexión entre la ineficacia o la insuficiencia políticas y la conducta combativa de la Realpolitik, tarde o temprano aprenden que esta última, lejos de resolver los problemas más bien los agrava.

Esto está sucediendo, de forma creciente, con el gobierno de Hugo Chávez a escasos tres meses de su triunfo electoral en un referéndum que le ha abierto las puertas a su repetida postulación y su reelección indefinida. Una vez emprendido a raíz de ese éxito, en costosísimo error, un obsceno avasallamiento de quien se le pare enfrente, ahora las dos terceras partes del electorado venezolano prefieren que su mandato no se prolongue después del año 2012. (Según encuesta recentísima del Instituto Venezolano de Análisis de Datos, presidido por Félix Seijas, antiguo Jefe de la Oficina Central de Estadística e Informática de la Presidencia de la República).

Este hallazgo se suma, con un registro de intenso rechazo al atropello chavista, a mediciones como las de Alfredo Keller y las de Datanálisis. Estas últimas han sido reveladas por el propio Luis Vicente León, Director General de la firma, en su más reciente artículo dominical: el rechazo de las recientes políticas de Chávez es de 75% contra las expropiaciones, de 70% a la obstaculización de gobernadores y alcaldes de oposición, de 78% al irrespeto de la propiedad privada, de 83% al modelo cubano, y sólo 10% aprueba la estatización de ciertas empresas del sector de alimentos. Por lo que toca a Keller, notó el mes pasado que 54% de sus entrevistados cree que la situación del país empeorará, que 61% piensa que sus condiciones económicas mejorarían si se atrajera inversión de los Estados Unidos mientras que 53% estima que empeorarían si se procurara lo mismo de Cuba e Irán, que 74% considera negativa la estatización de las grandes empresas, que 58% considera mala la legislación que permite al presidente Chávez nombrar autoridades por sobre los gobernadores y los alcaldes. Por su parte, el IVAD obtiene que 87% de los encuestados en mayo piensa que el gobierno debe dialogar con la oposición (lo que propuso José Vicente Rangel justo después del referéndum), y que 77% desaprueba el atropello contra los gobernadores y alcaldes que no controla.

………

La utilidad política de atropellar a opositores, sean éstos funcionarios electos, empresarios o comunicadores, va más allá del inmisericorde debilitamiento de sus fuerzas. Como ha enfatizado el doctor Arístides Hospedales, miembro de la dirección política de Un Nuevo Tiempo, Chávez intuye que su salvación electoral reside en la posibilidad de reavivar la candela abstencionista en el seno de quienes se le oponen. Por esto sus acciones desalmadas, que buscan sembrar en los electores que lo repudian la idea de que no vale la pena votar, porque los resultados que le fueren contrarios no serían respetados, ni tampoco las garantías constitucionales o las opiniones disidentes. Las expropiaciones sirven para no pagar acreencias, naturalmente, pero también para que Chávez pueda demostrarse como “socialista”; la suspensión de las elecciones en 2009 ahorra recursos, por supuesto, pero en verdad elude la paliza que se iba a propinar al gobierno en cualquiera de las elecciones sindicales programadas para este año, como ha apuntado Melquíades Pulido, del Grupo La Colina.

Más en general, la división de 54% de los votantes a favor y 46% en contra (con una tercera parte de abstenciones) que disfrutó el oficialismo el 15 de febrero ya no existe. Como destaca el editorial de ayer del diario Tal Cual, Félix Seijas ha puesto especial atención a la dinámica de los actuales “bloques políticos” en Venezuela. IVAD pondera el “bloque chavista” en 45% de sus entrevistados, pero quienes se ubican en el “bloque no chavista” constituyen el 43%. El editorial mencionado relaciona este dato con una tendencia desfavorable al gobierno y favorable a la oposición y dice: “¿A dónde conducen estas tendencias? Ambas líneas de desarrollo están inexorablemente destinadas a cruzarse”.

No hay duda de que la intención del editorial es decididamente sana. Precisamente en momentos cuando Chávez persigue anular la oposición a sus designios metiendo miedo, la convocatoria a perseverar, a no abandonar el instrumento del voto, sobre la sólida base del medible nivel de la opinión nacional, es el mejor antídoto contra el amedrentamiento, contra el terrorismo del Estado.

Ahora bien, es preciso interpretar correctamente el hallazgo de Félix Seijas. Ni puede indentificarse el “bloque” de los no chavistas en su encuesta con la suma de agentes formales de la oposición (los partidos), ni puede creerse que el mandado está hecho, que no hay que trabajar porque la caída del régimen sería ineludible en 2012, independientemente de qué clase de fuerza se le oponga.

Si se entiende por bloque un trozo grande de la opinión nacional las etiquetas del IVAD se mantienen, pero sus “bloques políticos” no obedecen a la definición de la cuarta acepción del DRAE para el término: “Agrupación ocasional de partidos políticos, países o asociaciones con objetivos comunes”. Ni todavía existe tal cosa—varios actores trabajan con denuedo y paciencia en su constitución—ni la federación del archipiélago opositor formal garantiza que Chávez será vencido. A pesar de la medición de Seijas, la gente no alineada sigue estando allí, insatisfecha crecientemente con el gobierno nacional, pero insatisfecha también, y muy especialmente, con el discurso de los partidos de oposición. Cuidado conque una reedición de la Coordinadora Democrática o el MUN de Ledezma se comporten según la definición de bote salvavidas propuesta por Enrique Jardiel Poncela: “Lancha que sirve para que se ahoguen juntos los que se iban a ahogar por separado”.

Y es que ni siquiera es el “bloque no chavista” de Seijas algo que responda a la quinta acepción del diccionario: “bloque. 5. Conjunto coherente de personas o cosas con alguna característica común”. Obviamente, hay un gentío que tiene la característica común de repudiar a Chávez, incluyendo gente que hasta recientemente había aprobado su gestión. (Y que echa en falta una “nueva opción, porque con esta oposición tampoco se puede”). La división descrita por Seijas, cuidado, es la de la polarización Chávez-antiChávez, y no equivale a la distinción entre el PSUV y el resto de los partidos. Ese “bloque” con la característica común de rechazo al régimen en su estilo pendenciero, por lo demás, no es lo que la definición exige, un conjunto coherente. Para que sea eficaz es necesario trabajar en el logro, justamente, de la coherencia.

Tal cosa es imposible de lograr en el promedio de las posiciones de oposición, en la combinación negociada de sus respectivas ideologías. Una cosa así sólo puede provenir de un discurso esencialmente diferente, de una nueva especie de organización política.

Pero esto último puede ser alcanzado de dos maneras. La más radical es la construcción de esa nueva opción desde cero, la inauguración de una asociación política fresca. La otra es la metamorfosis de organizaciones existentes, y en principio ésta sería la ruta más económica. Hasta una entidad tan rayada como la sucursal venezolana de Stanford Bank es apetecible por un banquero de lujo, José María Nogueroles, y seguramente le sacará provecho a su adquisición.

Claro está, esta segunda posibilidad sólo es viable—esto sí una “política realista”—a partir de la disposición de los actuales partidos democráticos a transformarse en especímenes políticos inéditos, y entonces tendrían que autorizar que en ellos se practicara lobotomía frontal e implante de nuevos circuitos conceptuales, en los que venga impreso un paradigma clínico de la política.

Sería necesaria mucha valentía y una elevación grande, en nuestros políticos convencionales, para lograr lo que se necesita a partir de una metamorfosis de lo existente. Pero ¿quién sabe? A lo mejor el aprendizaje de diez años de sobresaltos y desafueros, de ineficacia y de fracaso, ha puesto las conciencias políticas a punto de caramelo.

luis enrique ALCALÁ

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