por Luis Enrique Alcalá | May 21, 2009 | Cartas, Política |

Desde el comienzo de la democracia larga en Venezuela—puede decirse que hubo antes una democracia corta, compuesta por la conjunción de los períodos de Medina Angarita y Betancourt-Gallegos—existió la preocupación por cambiar al Estado. No más arrancaba, se creó con ese objetivo en mente la Comisión de Administración Pública, al frente de la cual se puso al economista Héctor Atilio Pujol.
En general, el norte de la CAP de Pujol fue la búsqueda de una mayor eficiencia del aparato estatal. De allí que el modo común de su actuación se centró en la introducción de mejores sistemas y procedimientos. ¿No hay suficiente control con original, duplicado y triplicado? Introdúzcase el cuadruplicado en copia rosada y el quintuplicado en copia amarilla. ¿La cedulación progresa muy lentamente? ¿Cuántas taquillas de cedulación hay? ¿Tres? Habilítese cinco más para un total de ocho. Etcétera.
Naturalmente, la descripción precedente es una caricatura pero, en verdad, hasta fines del gobierno de Raúl Leoni la CAP, nunca excesivamente dotada de recursos, no pudo pasar de una acción incrementalista de buena calidad.
Esto cambió al llegar Rafael Caldera al ejercicio de la Presidencia. La sucesión de dos presidentes socialdemócratas por uno demócrata-cristiano introdujo entonces un cambio cualitativo en la aproximación al problema de la reforma del Estado en Venezuela.
Rafael Caldera es abogado, cristiano muy practicante, latinoamericano, deductivista, que se mueve de los principios a las realidades. Si bien compartía con sus predecesores la tecnología clásica del poder—la promulgación de una ley como acto político fundamental, la conciliación de intereses como herramienta de uso más frecuente, el conocimiento personal de los factores importantes en la sociedad, el dominio de máximas sobre el uso del poder, disciplina sobre sí mismo—y una familiaridad con la historia y la geografía—sobre todo la geografía humana—nacionales, ya los acciondemocratistas, al origen tan comunistas como Guillermo García Ponce, se habían dejado de esas cosas y hacían una política mayormente pragmática con una preferencia residual por los más pobres: una política de izquierda moderada.
Caldera también se inclinaba a la izquierda. En el mitin de cierre de campaña en 1963 había dicho en la Plaza Venezuela que COPEI era un partido de centro-izquierda. Pero en él era más marcado el sello impuesto por la profesión de abogado que descendía de la doctrina social de la iglesia católica a la constitución, de ella a las leyes orgánicas, de éstas a las leyes comunes hasta que, al fin y luego de los decretos y ordenanzas, llegaba al problema concreto que tenía entre manos.
Por esto el sustituto que bajo él se encargó del feudo de Pujol fue un notable jurista de Derecho Público: el Dr. Allan-Randolph Brewer-Carías. (En su segunda presidencia Caldera repetiría con un especialista en Derecho Público para encabezar la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado, el Dr. Ricardo Combellas). Y si Pujol se había conformado con una estrategia gradualista de mejoras sucesivas, Brewer produjo dos tomos de quinientas páginas cada uno, en los que especificaba cómo se reformaría por entero el Estado venezolano, desde la Corte Suprema de Justicia hasta el ayuntamiento de Humocaro Alto, pasando por todos los ministerios, todos los institutos autónomos y todas las empresas del Estado.
Naturalmente, no existía (ni existe) en el país la capacidad gerencial que manejara eficaz y coherentemente una tal cantidad de cambio. Pero es que aun si el ingreso del que dispondría Carlos Andrés Pérez cinco años más tarde hubiera estado a disposición de Caldera, y con él hubiera podido pagar los servicios de Peter Drucker, Robert McNamara, Lee Iacocca, Henry Kissinger y unos cuantos más como ellos, para gestionar la omnicomprensiva transformación prescrita por la CAP-Brewer, el país se habría desquiciado. Si al más fornido de los atletas se le trepana el cráneo mientras se le reduce una fractura de esternón, y se le saca al mismo tiempo la vesícula y se le reseca el bazo, y se le transplanta simultáneamente un riñón y se le pone una cadera prostética, en cuanto se desahogue una espinilla en su espalda se le matará de shock. Los ejecutivos públicos pueden ser fácilmente excedidos en su capacidad de manejar demasiados cambios; las sociedades en su capacidad de absorberlos.
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Yehezkel Dror formuló, dentro de su protocolo “español” de decisiones (no procurar lo óptimo sino lo preferible, lo mejor es enemigo de lo bueno), una estrategia alterna: “En materia de fabricación de políticas, el problema puede ser formulado en términos de incrementalismo vs. cambio radical… Aquí, la cuestión es la de saber si es aconsejable, o cuándo es aconsejable, tomar los riesgos de luchar por lo desconocido y cuáles son las condiciones de factibilidad política de hacerlo”. (How to spring surprises on history). Lo que recomendaba Dror era un “radicalismo selectivo”: seleccionar unas pocas áreas o despachos en los que se ensayara transformaciones a fondo.
Ahora bien, la actual experiencia política es la peor de las pesadillas: la revolución total incesante. La política à la manière de Heráclito.
Todo se cambia todos los días: la hora del país; los nombres de los ministerios, los parques y las estaciones del Metro; la historia nacional y mundial; la constitución; el gabinete de ministros; las políticas; el tejido institucional; el movimiento obrero; el concepto de autonomía universitaria; la idea de propiedad; la organización armada; las prioridades; los aliados; los símbolos nacionales; pare de contar.
Pero esto ocurre, además, en grado canceroso. El Estado venezolano invade cada vez más territorios de la ciudadanía; el campo de lo personal, de lo corporativo, de lo filantrópico y voluntario se constriñe con cada día que pasa. ¿Hay en el gobierno capacidad gerencial y ejecutiva para ocuparse con responsabilidad y eficacia de cada esfera que arrebata y añade a su ámbito de modo arbitrario y caprichoso? Se encuentra a punto de tomar el control del Banco de Venezuela pero ¿no acaba de perder un banco suyo, el Banco Industrial de Venezuela, 88 millones de dólares, forzando su intervención?
A juzgar por los reiterados enroques y cambios en su dispositivo de comando, no hay suficiente gerencia capaz en las filas del gobierno. Giordani, Chacón, Rodríguez, Cabello, Farías. Son realmente muy pocos. Sólo un liderazgo enfebrecido, que no duerme, mantiene a punta de voluntarismo la ilusión de control. Pero su logística de recurso humano es exigua, escuálida, para la cantidad de líos en que se mete. Y fue la logística, en concreto la escasez de gasolina, lo que detuvo en seco (muy seco) la guerra que Erwin Rommel hacía en los desiertos africanos.
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Uno debe considerar, obviamente, la calidad del jefe. En tanto jefe, Venezuela no conoció en toda su historia alguien como Hugo Chávez. A fines de 2005, para un libro editado por Libros Marcados (Chávez es derrotable), el suscrito escribió que Chávez había “adquirido una estatura mundial que, independientemente de su corrección, es superior a la de cualquier candidato emergido o emergente y a la de cualquier otro presidente venezolano de la historia, en verdad segunda sólo tras la de Bolívar”.
Esta misma semana se ha dado a conocer el extenso estudio anual de opinión del mundo árabe para 2009, realizado por la Universidad de Maryland y la encuestadora Zogby International. El año pasado, el líder mundial preferido por el mundo árabe fue Hassan Nasrallah, el jefe de Hizbollah, según la misma encuesta. En 2009, superando no sólo a Nasrallah sino a los demás favoritos usuales—Osama bin Laden, Mahmoud Ahmadinejad y Hosni Mubarak—se ha destacado en el primerísimo lugar Hugo Rafael Chávez Frías. A la usanza de Lawrence, ahora le dicen Chávez de Arabia.
El impacto de la expulsión del embajador israelí en Venezuela, a raíz de las recientes operaciones de Israel en la franja de Gaza, fue de tal magnitud que un diputado islámico en el parlamento kuwaití propuso que la Liga Árabe mudara su sede de El Cairo a Caracas. El propio Nasrallah elogió a Chávez, luego de la expulsión mencionada, en los siguientes términos: “Él hizo eso por su humanidad y su sentido de revolución y, de esta forma, dio un duro golpe a aquellos que acogen a los embajadores de Israel en sus capitales y no tienen suficiente coraje para pensar siquiera en pedirles que se vayan”.
¿Puede con todo eso el gobierno de Chávez? ¿Equivale ese alcance mundial a la corrección de sus ejecutorias?
En opinión de quien escribe, se trata de asuntos separados. La revolución de Chávez es, por sobre todo, efectista, una revolución fácil. Chávez torea, por así decirlo, no según los cánones estéticos de la tauromaquia, sino para los tendidos. Es perfectamente previsible que un gesto vistoso, como el de la expulsión de un embajador (lleva varias) cause aprobación en ciertas clientelas habitualmente menospreciadas.
Chávez es, por tanto, el primero entre los demagogos planetarios. Es el Savonarola global del siglo XXI. Preside, como el monje dominico que murió en la pira, sobre una previa hoguera de las vanidades—ser rico es malo, el rico no es humano—con el mismo frenesí moralizante y la misma convicción de ser un iluminado necesario.
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Pero el país se está preparando, a veces con urgencia excesiva, muchas veces con tropiezos y roces considerables, a dejarlo en cesantía, y ha aprendido las lecciones de 2002, 2003 y 2004 para no intentar los métodos empleados en esos años.
Lo que se construye, aunque todavía sea en gran medida una creatividad divergente, centrífuga, pero en proceso de confluencia, es nada menos que una nueva comprensión de la política, que deje atrás concepciones y costumbres convencionales. Nada más convencional que el proyecto de Hugo Chávez, aunque en apariencia sea nuevo.
El Premio Nóbel de Química de 1977, el ruso-belga Ilya Prigogine, acuñó el término “estructuras disipativas” para referirse a sistemas termodinámicos abiertos (que intercambian energía y materia con lo que los rodea) mientras operan bastante lejos de la condición de equilibrio termodinámico. A veces asumen formas caóticas o destructivas; los huracanes, por ejemplo, son estructuras de ese tipo.
Pero en ellas se dan con mucha frecuencia procesos espontáneos de auto-organización. La vida misma, el despliegue de lo biológico en el universo, exhibe una dinámica disipativa, pues ocurre en equidistancia del gélido equilibrio de un cristal y el desorden de la total entropía. La vida progresa “en el borde del caos”, según la feliz frase.
Esto ocurre ahora bajo la superficie de la espesa nata del chavismo. La sociedad venezolana se auto-organiza y se reagrupa políticamente. Pronto habrá nueva vida política, nuevas especies políticas en Venezuela.
Paciencia.
luis enrique ALCALÁ
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por Luis Enrique Alcalá | May 21, 2009 | LEA, Política |

La inteligente analista que es Rocío San Miguel ha sonado las campanas de alarma, con la descripción de un escenario que estaría siendo seriamente estudiado por el gobierno: la convocatoria de elecciones de una Asamblea Constituyente para este mismo año 2009. El viernes de la semana pasada explicó el asunto en artículo (La campaña) publicado por el diario Tal Cual.
He aquí sus propias palabras:
“¿Hacia dónde va Chávez? El Presidente está en campaña electoral de cara a la única salida para la cual no está preparada la sociedad plural. La convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente que será anunciada del mismo modo que el referéndum del 15 de febrero pasado. Con fecha ya establecida desde Miraflores y que no demore tanto como para permitir que se prepare la oposición, incluso los sectores independientes.
Las elecciones parlamentarias del 2010 quedarían anuladas y quién sabe si las presidenciales del 2012 también. Chávez se siente triunfador. Está haciendo sus encuestas y se encarga además de darlas a conocer. El centro de gravedad de su permanencía en el poder pasa por una maniobra no exenta de riesgos pero sorpresiva, que impida a sus adversarios organizarse. Esta hipótesis da, como fecha probable de una convocatoria, el mes de junio. Y el de una realización de elecciones para una Asamblea Nacional Constituyente el 15 de septiembre de 2009. Agarrando un país desmovilizado después de las ‘convenientes’ vacaciones estudiantiles, una oposición sin logística presupuestaria y una Fuerza Armada Nacional en su punto de desmoralización más alto en los últimos 10 años, vale la pena reflexionar en torno a esta hipótesis”.
Dos opiniones polares suscitó el artículo de inmediato. Una dijo: “¡Caramba! Ése es el problema de la oposición, que opera su sala situacional en público, muchas veces por televisión. Si al gobierno no se le había ocurrido la cosa, ese artículo le da ideas”.
La otra opinión, totalmente contraria, decía que, en efecto, tal era el plan del oficialismo y que, por consiguiente, había que “reventarlo” anunciándolo (denunciándolo) de antemano, ventilando el avieso designio a plena luz.
Supongamos que San Miguel tiene razón y comenzara a operar en octubre una constituyente muy mayoritariamente chavista, con ayuda de morochas y tripochas y todo el ventajismo acostumbrado por el gobierno. Seguramente el socialismo, los conceptos de propiedad social, se propondrían ahora a nivel constitucional, y ya Fedecámaras no podría recordar la vigencia del Artículo 115 de la Constitución. Pero ninguna constitución puede ahora imponerse en Venezuela sin la anuencia del pueblo en referéndum aprobatorio final. En consecuencia, el terreno de la batalla final, el Waterloo de tal intento, sería ese referéndum.
Es a la opinión del pueblo, no a otra cosa, a la que hay que hablar. Que los preparativos, entonces, se hagan si acaso para esa guerra de opinión.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | May 19, 2009 | Fichas, Política |

LEA, por favor
Quien firma abajo completó, en diciembre de 1990 o hace diecinueve años, un estudio de unas cincuenta páginas bajo el título siguiente: Un tratamiento al problema de la calidad de la educación superior en Venezuela. En el breve ensayo, abogaba por la instalación de los estudios generales en las universidades venezolanas como ciclo previo a una especialización profesional.
Así, observaba:
“Nuestro sistema educativo ofrece una sola oportunidad a los educandos para formarse una concepción general del mundo. Esa oportunidad se da a la altura de la educación secundaria, cuando todavía el joven puede examinar al mismo tiempo cuestiones de los más diversos campos: de la historia tanto como de la física, del lenguaje como de la biología, de la matemática y de la psicología, del arte y de la geografía. Si no existe, dentro del bachillerato venezolano, la previsión programática de intentar la integración de algunas de sus partes o disciplinas, al menos permite que ‘se vea’ un panorama diverso. Luego, nuestro sistema encajona al alumno por el estrecho ducto de especialización que le exige nuestra universidad. Ya no puede pensar fuera de la disciplina o profesión que se le ha obligado a escoger, cuando, en la adolescencia, todavía no ha consolidado su entendimiento ni su visión de las cosas y mal puede tener convicción sólida acerca de lo que quiere hacer en el mundo”.
Pero además criticaba que, en general, nuestro sistema educativo y, sorprendentemente el estadounidense (liberal arts), enfatizara más lo canónico, lo clásico, el pensamiento antiguo que el más moderno. El egresado de estos sistemas estará más o menos versado en Platón e ignorará a Popper, tendrá idea de lo dicho por Juan Jacobo Rousseau sin conocer el aporte de John Rawls, y pensará mas en términos de mecánica newtoniana que relativista. Por esto prescribía: “…debe dedicarse un espacio educativo marcadamente menor a la consideración de los clásicos que al pensamiento más reciente, al que se acuerda en nuestro sistema educativo un examen definitivamente escaso”. Llegaba a esa conclusión después de postular: “Si es conveniente, y potencialmente muy útil, el estudio de los clásicos, es necesaria una dosificación diferente que permita el acceso a otros estados mentales, tanto de la contemporaneidad, como hemos venido argumentando, como de otras culturas y modos de pensamiento distintos a los de Occidente. La planetización que experimenta la humanidad, el concepto en formación de un mundo ‘global’, son fenómenos que exigen conocer modelos intelectuales y procesos culturales hasta ahora ignorados por nosotros”.
En esta Ficha Semanal #242 de doctorpolítico se reproduce algún pasaje del trabajo donde se discute este último punto y se recomienda el estudio de unos pocos grandes pensadores temporalmente más inmediatos—Wittgenstein, Gödel, Kuhn, Foucault, Prigogine, Mandelbrot, etcétera—como ruta preferible. La persona que sea capaz de navegar el siglo XXI requiere contenidos mentales más actuales, pues habitamos un mundo en gran medida inédito. Y ya había dicho el gran John Stuart Mill: “Es lo que los hombres piensan lo que determina cómo actúan”.
No puede esperarse una política nueva del pensamiento viejo.
LEA
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Last in/first out
El siglo XX, a punto de concluir, ha representado para la humanidad una fase de insólito aumento de la complejidad. Usualmente nos referimos a ella en sus manifestaciones tecnológicas o económicas. Con frecuencia aproximadamente igual tratamos de interpretar los cambios políticos del siglo y los destacamos como expresión del profundo grado de transformación de esta época. Menos frecuente es el examen de los cambios al nivel gnoseológico e ideológico, que desde un punto de vista no marxista del cambio social, en gran medida son responsables de este último, el cambio observable en sistemas más tangibles. Las revoluciones en el pensamiento, en la comprensión del universo, de la sociedad, de las relaciones del hombre y de su entorno, ocurridas en el siglo XX, han sido profundas.
Más aún, es característico del siglo XX la sensación de crucialidad de la época. Nunca antes alguna época histórica se pensó a sí misma como anfitriona de posibles resultados tan cataclísmicos como los que ocupan la atención de la humanidad contemporánea, obsesionada con la existencia misma de su hábitat, amenazado como aún lo está por el impacto directo de actividades destructivas, militares o civiles. La sensación es la de que aumenta la frecuencia o intensidad de decisiones cruciales.
A nuestra escala nacional, estamos al borde de radicales modificaciones de nuestra institucionalidad, de nuestra definición de país, de las relaciones del Estado y del individuo, y hasta del ámbito y asiento del Estado mismo, si se piensa en una cierta inevitabilidad de la integración de Venezuela en algún conjunto político-económico de orden superior. Estamos ante el reto de la Tercera Ola, de la reducción y replanteo del ámbito del Estado, de la normalización de nuestra patológica distribución de la riqueza, de la eventual invigencia de nuestro sustento petrolero, sea por agotamiento de nuestras fuentes o por obsolescencia de la tecnología de los hidrocarburos ante opciones energéticas diferentes. Estamos ante una agenda abrumadora y ante ella un recetario clásico es decididamente insuficiente. Es importante saber que las soluciones o adecuaciones que habrá que poner en práctica para un exitoso tránsito de esa turbulencia societal estarán condicionadas de manera sustancial por los conceptos, percepciones e interpretaciones que se tenga acerca del mundo, acerca de la sociedad, acerca de la persona. No poco de la observable ineficacia política de nuestros días debe atribuirse a la persistencia, en la mente de los actores políticos que deciden la vida de nuestra nación, de esquemas mentales antiguos y sin pertinencia; esquemas que fueron fabricados como producto de una deducción de principios o de la observación de sistemas sociales mucho más simples.
El método de enseñar a través de grandes textos no es, en ningún caso, desdeñable. Se trata de un modo de enseñanza menos rígido que el de tratar de cubrir un programa temático completamente concatenado o con aspiraciones de cobertura completa de una determinada disciplina. En el fondo, el modo de enseñanza sobre grandes textos no es poco semejante al famoso método de casos de la Escuela de Negocios de Harvard, sólo que aquí se trata de unos “supercasos” del pensamiento humano. Lo que hemos advertido es lo desperdiciador y hasta peligroso que viene a ser una educación superior que prescinda del pensamiento reciente por cualquier género de excusa. Pero si se quiere una educación eficaz y compacta—tampoco es el caso de obtener especialistas o expertos en el pensamiento moderno—y, por tanto, de duración relativamente corta sobre enfoques modernos de los temas principales de la humanidad—esos enfoques que constituyen su Weltanschauung, su “episteme”—muy probablemente el método de casos, el método de los grandes textos, resulte ser la estrategia preferible.
En primer lugar, porque pareciera ser que hoy en día habitamos una fase de la historia de la conciencia humana que, precisamente, se halla en fase de sustitución de paradigmas y teorías. Por esa razón mal podría presentarse una “suma gnoseológica” a fines del siglo XX. La física fundamental parece haberse acercado al límite de la integración de las fuerzas, de los campos, de las interacciones. Pero todavía no ha podido formular esa fuerza única, ese campo unificado, esa interacción de las que todas las demás interacciones fuesen casos especiales o manifestaciones. Mucho menos puede esperarse que esté listo, si es que eso va a ser posible alguna vez, un sistema orgánico del pensamiento de la humanidad al borde del tercer milenio cristiano. Lo que puede exhibirse, sin duda, es un conjunto intelectual variado, riquísimo y profundo, del que será difícil excluir instancias cuando haya que hacerlo por cuestiones de espacio y de tiempo disponibles a la educación formal o explícita. Lo que escasea es el espacio y el tiempo para pensar, no la importancia de lo pensado en este siglo.
Luego, es más económico enseñar por el método de casos de pensamiento, el método de los grandes textos. Los acontecimientos, muchísimos y variados, globales y locales, su crucialidad, nos imponen la urgencia de la respuesta. No nos es lícito asumir la postura del griego, que contemplaba al mundo, sino la del romano que lo transformó, según la comparación de Hegel, que en algunas clasificaciones ocurre como pensador “de derechas”. No nos será suficiente comprender la realidad, si no logramos transformarla, como destacó Marx, alumno de Hegel, y a quien algunas clasificaciones ubican a la izquierda. En el fondo ambos se habían topado con lo mismo, con una dualidad tan resistente como la historia. El hombre de pensamiento no puede eximirse de cooperar en la acción, pero tampoco el hombre de acción puede abstenerse de pensar. Sobre todo en una época como la actual, en la que el propio recambio paradigmático y epistémico induce a la incertidumbre conceptual, es criminal que aquél que vea lo que se puede hacer no procure que se haga, como es altamente peligroso que el que puede hacer rechace contemplar y entender lo que hace. Como auxilio a esta dualidad conocimiento-poder que debe encontrar solución a los problemas de la actualidad, los grandes textos de fines del siglo XX son indespreciables. (Una de las dimensiones del pensamiento importante, en algunas de sus expresiones, es su grado de penetración temporal. Muchas de las nociones importantes de cualquier siglo tienen carácter de predicción acertada, así sea por alguna manifestación de autocumplimiento. Tan solo esto justificaría la utilidad de su estudio.) Pero también puede seguramente encontrarse, en las huellas documentales de los pensadores importantes, muchas soluciones pospuestas que fueron “muy avanzadas para su tiempo”, que todavía son útiles y las que corren el riesgo de que se venza su eficacia. Habrían sido, entonces, desperdiciadas, porque habrían sido soluciones sin aplicación mientras estaban dispuestas a la mano.
De allí la importancia de acceder a nociones que corresponden mejor a la realidad, tanto física como social, lo que justifica el inventario y el estudio del pensamiento de nuestro tiempo. De allí que sea importante que un sistema educativo se readecúe, se reconstituya, en cuanto a contenidos y métodos, tomando en cuenta la necesidad de nuevos paradigmas e interpretaciones.
luis enrique ALCALÁ
por Luis Enrique Alcalá | May 15, 2009 | Cartas, Política |

Es época de elaboración. Hay gente histérica que condena la pasividad, que para ella es cobarde, ante los desmanes del Estado venezolano. Pero la verdad es que muchas abejas ciudadanas por sí solas, y un buen número de enjambres, quieren hacer algo y se ponen a inventar opciones de acción, bastantes entre ellas interesantes, más de una ineficaz o impráctica, alguna estúpida y criminal. Lo cierto es es que hay inquietud y sentido de emergencia en muchos individuos y conjuntos del gran enjambre ciudadano.
En algún momento habrá que escoger un plan sabio y completo, suficiente. Un plan tan bueno, además, que conocido por el gobierno, éste no podrá inventar excusa para impedirlo.
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Poco a poco se van levantando instituciones: el 18 de abril el Colegio Nacional de Periodistas reunió su cuadragésimo primer Secretariado en Carabobo, y desde allí emitió un comunicado en el que se declaraba “en conflicto en todo el país, para defender la democracia venezolana y, con ella, la libertad de expresión y el derecho a la información de todos los ciudadanos de esta nación”. En el mismo documento, nuestros periodistas, después de exponer que el gobierno “ha puesto en marcha un golpe de Estado al detal”, emitieron un voto de censura contra la Presidente de la Asamblea Nacional, diputada Cilia Flores, “por el constante acoso, seguimiento, irrespeto, abuso y desconocimiento de las libertades fundamentales de la democracia, al no permitir el ingreso al Hemiciclo de la Asamblea Nacional de las cámaras de televisión privadas e independientes”, y también por negarse a recibir a la directiva del Colegio, cosa que éste considera “hecho inaudito en sociedades democráticas y modernas del siglo XXI”.
Ayer fue una valiente Fedecámaras la que, por boca de su Presidente, José Manuel González, recordó al Ejecutivo Nacional el artículo 115 de la Constitución: “Se garantiza el derecho de propiedad. Toda persona tiene derecho al uso, goce, disfrute y disposición de sus bienes. La propiedad estará sometida a las contribuciones, restricciones y obligaciones que establezca la ley con fines de utilidad pública o de interés general. Sólo por causa de utilidad pública o interés social, mediante sentencia firme y pago oportuno de justa indemnización, podrá ser declarada la expropiación de cualquier clase de bienes”. González emplazó a la Presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Luisa Estela Morales Lamuño, a aclarar si el Presidente de la República, que el domingo pasado dijo “No hay tierra privada” mientras ordenaba un nuevo arrebatón estatal de diez mil hectáreas, está por encima de la Constitución.
Abierto al diálogo democrático—“Queremos decirle al Presidente que abandone el miedo a convocar y escuchar a quienes piensan distinto que Usted; Venezuela sale adelante con el esfuerzo de todos”—, González sin embargo advirtió: “Alguien va a reventar, y no todo el mundo está dispuesto a permitir que le quiten lo suyo y que lo arruinen”.
Son éstas posturas que van a verse con más frecuencia y deben ser apoyadas. Era hora de que se le hablara así al gobierno. Verdaderamente, el Presidente de la República excedió el domingo sus propios, amplísimos, límites. Hasta hizo teología económica (¿economía teológica?) al postular absurda e irresponsablemente, alegremente, que el capitalismo “es una maldición que viene desde que Judas vendió a Cristo”. Él sabe que emite falsedades al hablar de esa manera, y parece no importarle.
Todavía llegó a decir una enormidad más: “El rico no es humano. Es un animal con forma humana”. Autorización a la delincuencia: a los ricos puede tratárseles como perros, animales que no tienen derecho de propiedad. A la usanza maquiritare, pues. El maquiritare (yekuana) es hombre; el waika (nombre que los maquiritare asignan a los yanomamis) es infrahumano. Por tal concepto los maquiritares se sintieron autorizados al genocidio contra los waikas. (No todo era idílico en estas tierras antes de la llegada de Colón, a quien muy irónicamente algunos demagogos indigenistas acusan de genocida. Decía la Carta Semanal #60 de doctorpolítico el 30 de octubre de 2003: “Esto es: incluso para decir barrabasadas Evo Morales y Hugo Chávez emplean el español, piensan en español, piensan español. Si fuesen lógicamente consistentes Morales debiera amenazar en quechua y Chávez despotricar en pemón. Debieran negar sus nombres, pues Morales no es apellido inca ni Chávez es caribe. Debieran resistir los micrófonos y las cámaras, puesto que son de marca Sennheiser o Ikegami, en lugar de modelos Paramaconi XC o Atahualpa Special Edition”. El Airbus que usa Chávez para viajar, que no posee ni siquiera Bill Gates para lo mismo, es un producto capitalista, aunque posterior a Judas Iscariote).
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En otra de las pistas del circo gubernamental, se desarrolla la ofensiva recrudecida contra Globovisión. De no haber sido porque ayer le veía la cara y escuchaba su voz, habría pensado que lo que decía Tarek El Aissami provenía de un político opositor. Sumado al coro anti Ravell, el Ministro del Interior y “Justicia” se quejaba de un canal de televisión, que no nombró, porque éste se dedicaría a la siembra del odio y la tensión en la sociedad. Era evidente que lo que decía se aplicaba con gran exactitud al propio gobierno y, en particular, al jefe para el cual trabaja, aficionado a mantener al país en vilo con una o más arbitrariedades agresivas por semana.
La nueva ronda de denuestos y amenazas, coronada el fin de semana por nadie menos que el Presidente de la República, ha sido provocada porque la revolución pacífica-armada, como comentó Alberto Federico Ravell, fue sorprendida durmiendo en la madrugada del alarmante sismo caraqueño de hace nueve días. El canciller de la República fue el primer cañón liviano en emprenderla contra Globovisión. José Vicente Rangel, que a la conclusión del referéndum del 15 de febrero hizo, como pretendido jefe del “chavismo sin Chávez”, un amago a favor de establecer un diálogo gobierno-oposición (que rápidamente fue desechado por este último), habló por enésima vez del Plan Jaque al Rey, para presumir de informado y congraciarse con quien no tardó en sacarle la alfombra del piso.
Pero acá también puede enredársele el papagayo al Presidente. No sólo es que Néstor Kirchner se ha sentido impulsado a declarar, desde bien lejos, contra un posible cierre y confiscación de Globovisión—“Prefiero que haya 100.000 medios que digan lo que digan, que todos digan lo que quieran”—, sino que en este mismo patio la diputada Fosforito, la furibunda Iris Varela, “aseguró que no está de acuerdo con que algún medio de comunicación sea cerrado” y recomendó al canal “que se suavice, que sea más imparcial y objetivo”. (JMS, Globovisión). La planta colocó también en su sitio web el siguiente reporte:
“El periodista Mario Villegas sostuvo que el Presidente Chávez lo que desea es un periodismo aclamacionista y no uno que sea equilibrado ni crítico. En su opinión, si lo consigue sería la muerte del periodismo y para el país una dictadura. Villegas considera que el cierre de Globovisión sería más grave que el de RCTV. ‘Chávez está jugando con candela’, dijo. Resaltó que el canal del Estado lo que hace es propaganda, en tanto que Globovisión permite que voces distintas se pronuncien. Villegas cree que lo que debe hacerse ante las amenazas es resistir y se puso a la orden del canal de noticias”.
Mario Villegas aludió en passant al caso de enfurecimiento del Alcalde del Municipio Libertador, el polifacético Jorge Rodríguez. A juzgar por algunos discursos de asambleístas nacionales, el periodista Nelson Bocaranda Sardi expuso a los hijos de Rodríguez a agresiones, al peligro, quizás, de sus vidas. Bocaranda había escrito en El Universal hace exactamente una semana: “Otro ejemplo de la doble cara robolucionaria la da el alcalde Rodríguez cuando pide a la Alcaldía de Chacao registrarse como habitante del municipio para poder usufructuar los excelentes servicios municipales y para que sus hijos vayan a la piscina del parque en La Castellana. Su apartamento en La Corniche de Altamira, con vidrios blindados por seguridad, tiene un costo superior al millón de dólares. Su caravana de protección asusta a los vecinos”. Pero uno se pregunta si a Bocaranda no se le fue la mano cuando la semana anterior (30 de abril) dijo: “En Panamá, en la sucursal del Banco Indosuez, habrían congelado—hasta que revele el origen de los fondos—una cuenta de la esposa de un energúmeno funcionario rojito—que ha pasado por varios cargos importantes—por un total de $ 36 millones. La dama está de psiquiatra”. ¿Sería esto una irrespetuosa alusión a la esposa de Rodríguez, que vive con uno? Si es así, se explicaría mejor la furia del personaje y sus amenazas contra el periodista.
Entretanto, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos no ceja en su presión. Reporta El Nacional:
“En un documento firmado por el secretario de la Corte Interamericana de Derechos Humanos dirigida a la Agente del Estado venezolano ante esta instancia, Margarita Escudero, se solicita información sobre las agresiones que contra la sede y el personal que labora en el canal de noticias Globovisión acometió el colectivo La Piedrita.
El exhorto obedece a una carta enviada a la Corte-IDH el pasado 24 de abril de 2009 en la cual le informan sobre la ‘reciente agresión contra periodistas, productores independientes, directivos y demás trabajadores de Globovisión por parte de personas abierta y públicamente simpatizantes del Gobierno’. Hace referencia el documento al vencimiento del plazo, el pasado 9 de marzo, para que el Estado adoptara medida provisionales de protección, solicitándole un informe sobre el particular”.
En el comunicado aludido del Colegio Nacional de Periodistas, el organismo explicó que había decidido “enviar a la Organización de los Estados Americanos (OEA), a la Relatoría de Libertad de Expresión de las Naciones Unidas y a Organizaciones No Gubernamentales de Derechos Humanos del Mundo Entero, expedientes y pruebas de denuncias sistemáticas que reflejan todos los atropellos que viven hoy los periodistas y los medios de comunicación privados e independientes en Venezuela”. La CIDH es, justamente, un órgano de la OEA.
Sobre el incendio sabanero de la revolución chavista, arrecia ahora el aguacero local e internacional que terminará por apagarlo.
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Hasta ahora es una revolución relativamente fácil: con real y con una oposición estratégicamente ineficaz. Ambas cosas están cambiando drásticamente.
La revolución chavista no va a encontrar el camino más allanado de aquí en adelante.
Es una guerra de clases, en apariencia, contra los ricos (que no son humanos). Pero no es una lucha de clases marxista. Ni Carlos Marx se atrevió a decir alguna vez que los ricos no eran gente, y el mismo Presidente de la República ha indicado la imposibilidad de que existan en Venezuela “cinco millones de ricachones”, que votaron contra su enmienda constitucional el 15 de febrero de este año. Entre los cinco millones que se abstuvieron de votar, al menos dos de ellos tampoco aprueban la reelección indefinida de un jefe que se considera no sólo necesario, sino imprescindible.
La Sociología, claro, ha venido variando en su definición del concepto de clase social. Antes (Marx) se establecía únicamente en términos de ingreso. Más modernamente, se ha pensado que la noción de clase se expresa mejor en actitudes (William Lloyd Warner) y en estilos de vida.
Visto así el asunto, uno puede entender que son muy contados los miembros del jet set que pudieran competir largo tiempo con el estilo de vida de nuestro Presidente. Consume muchos recursos y dispone de muchos más a su capricho. Por consiguiente, Hugo Chávez es rico, para la ciencia social reciente. Por otro lado, muchos se han enriquecido súbita y exageradamente con él. Es decir, han pasado de la humanidad a la infrahumanidad. Tal vez es por esto que sostiene que ser rico es malo.
luis enrique ALCALÁ
por Luis Enrique Alcalá | May 14, 2009 | LEA, Política |

Hans Rosling propugna una “visión del mundo basada en los hechos”. Es un profesor sueco de Salud Internacional en el Instituto Karolinska en su país. En la Universidad de Uppsala, ciudad en la que nació en 1948, estudió medicina y también estadística, antes de cursar salud pública en el Colegio Médico de San Juan en Bangalore. En 1986 recibió un doctorado de su alma mater, de regreso de Mozambique, donde fungió de funcionario médico de distrito en Nacala. El nuevo galardón académico fue la consecuencia de su descubrimiento de una clase desconocida de parálisis (konzo), enfermedad a cuyo estudio dedicó dos décadas de su vida en África.
En el sitio web www.ted.com se encuentra un tesoro de conferencias breves (veinte minutos cada una), en videos grabados en vivo por personalidades de bien ganado prestigio. Hace nada, TED (Technology-Entertainment-Design) puso en el sitio un video transmitido desde Caracas, con la Orquesta Juvenil Simón Bolívar dirigida por Gustavo Dudamel. (TED confiere premios a deseos de gente muy especial. José Antonio Abreu deseó: “Deseo que ustedes [TED] ayuden a crear y documentar un programa especial de adiestramiento para al menos 50 músicos jóvenes dotados, apasionados por su arte y la justicia social y dedicados a desarrollar El Sistema en los Estados Unidos y otros países”. TED respondió lanzando el programa de una vez desde el Conservatorio de Boston). Apartando este hecho de orgullo patriótico, vale la pena escudriñar TED frecuentemente, para ver y oír a gente como Murray Gell-Mann, Al Gore o Richard Dawkins.
Bueno, Hans Rosling ya ha dictado varias de sus charlas compactas ante audiencias presenciales (y virtuales mucho más numerosas) de TED. Una espectacular—a la que puede solicitarse títulos en español—es Hans Rosling shows the best stats you’ve ever seen.
Y es que Rosling desarrolló un software que permite la espectacularidad pedagógica de ver cómo se desarrollan ante nuestros ojos las tendencias más importantes, sociales y económicas, de la historia reciente de la humanidad. En cuestión de segundos, es posible alcanzar una comprensión estadística dinámica a la que no se llega aunque se memorizara las tablas de datos enteras que se emplea en la generación gráfica.
El software (Trendalyzer) es capaz de manejar el despliegue en el tiempo de interacciones complejas de una multitud de países simultáneamente. (Vale la pena visitar, además de TED, el sitio web de la Fundación Gapminder, que Rosling dirige). Fue su poder didáctico e informativo lo que llevó a Google a adquirir el software en marzo de 2007, el que ahora ofrece como Motion Chart Google Gadget.
¿A qué viene todo esto? A que las explicaciones de Rosling, enormemente enriquecidas y potenciadas con esa herramienta estadística y gráfica, permiten entender los grandes procesos históricos y desechar más de un mito. Nuestros políticos, ergo nuestros ciudadanos, debieran todos hacerse amigos de Gapminder.
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