por Luis Enrique Alcalá | Mar 20, 2010 | Económica, Política |

Cuentas claras
Un libro, que seguramente pretenderá estatura de manual oficial para la conversión de la economía natural venezolana en una socialista, acaba de ser presentado por su autor, Haiman El Troudi , ex Ministro de Planificación y Desarrollo. Se trata de La política económica bolivariana y los dilemas de la transición socialista en Venezuela.
El Troudi justifica el paso al socialismo sobre una sola afirmación genérica: “Tenemos que reconocer que en este país la manera en que se definen las ganancias es dantesca”. Es decir, que el cálculo económico del empresario promedio en Venezuela genera distorsiones espantosas, dignas del canto de Dante, las que exigirían numerosas instancias de control del proceso económico para impedirlas. Luego, con el cambio generacional, la propiedad de los medios de producción estaría en manos del poder comunal. Entonces todos seríamos felices.
Ahora bien, ¿qué es lo que ocurre realmente en el flujo económico habitual de una empresa capitalista típica? Tomemos por caso una industria imaginaria y esquemática que actúe en ambientes financieros en los que la tasa de interés sea parecida a la de países desarrollados o, más bien, a la que prevaleció en Venezuela (9% anual) durante el período democrático hasta 1989, el año de introducción del “paquete económico” del segundo gobierno de Pérez, para los intereses que los bancos pagaban a los depósitos a plazo fijo. A lo largo de esa etapa, un industrial exitoso se daba con una piedra en los dientes cuando la ganancia de su empresa, típicamente de 10% o 15% de sus ventas, llegaba a representar cada año un 20% del capital que había invertido en ella. La diferencia de 11% sobre la tasa de interés era el incentivo que le movía a arriesgar capital y esfuerzo, y a someterse a riesgos adicionales de otra índole. (El riesgo al fracaso o el riesgo jurídico, por ejemplo). Ese margen diferencial era suficiente para que no se conformara con recibir 9% de un banco sobre el capital que depositara en él, o 12% si se atrevía a prestarlo él mismo con los riesgos implicados en la actividad de prestamista.
Digamos que en esa industria imaginaria hay un total de 400 personas trabajando (entre empleados y obreros) y que cada uno devenga, en promedio, 8.000 bolívares (fuertes) de remuneración mensual por su trabajo. (Unos ganan menos de 8.000 y otros ganan más, como es lo usual). El total de la remuneración del trabajo sería en este caso de 3.200.000 bolívares mensuales, o 38.400.000 anuales.
Supongamos ahora que esta fuerza de trabajo es dirigida por cuatro socios ejecutivos, cada uno de los cuales posee un 25% del capital y devenga un sueldo mensual de 65.000 bolívares (65.000.000 en bolívares débiles), u ocho veces el promedio de la remuneración promedio a los trabajadores, para una remuneración ejecutiva total de 260.000 bolívares mensuales o 3.120.000 anuales.
Supongamos también que por la magia del socialismo del siglo XXI se logra que estos ejecutivos ya no perciban sueldos, sino que trabajen con el mismo ahínco que antes como esclavos, y que lo que antes ganaban se reparta entre los 400 trabajadores. Bueno, en este caso la remuneración mensual de toda la fuerza de trabajo pasaría de ser 3.200.000 bolívares a ser 3.460.000 o, lo que es lo mismo, la remuneración mensual promedio de cada trabajador crecería de 8.000 bolívares mensuales a 8.650. Es decir, para conseguir un aumento salarial de sólo 8% debo reducir todo ejecutivo a la esclavitud, confiando en que su dedicación y su productividad permanecerían inalteradas bajo ese régimen.
En una industria típica la remuneración del trabajo está alrededor de 40% del costo total de producción, y éste es un 70% del total de costos y gastos. (Los gastos generales no asociados a la producción serían el 30% de ese total). Esto provendría de la siguiente estructura: un total anual de costos de la producción de 96.000.000 bolívares—de los que 38.400.000, como hemos dicho, corresponderían a la remuneración del trabajo—y gastos generales de 41.142.857 para un total de gastos y costos de 137.142.857 bolívares. Si la ganancia fuese, como es típico, de 10% de las ventas, entonces la empresa tendría que vender 152.400.000 bolívares por año para que, restado de ellos el total de costos y gastos, esa ganancia quedara en algo más de 15.000.000. (Exactamente, 15.257,143).
Si ahora consideramos que con ese monto se cumple el objetivo de un rendimiento anual de 20% sobre el capital invertido, lo que los accionistas han arriesgado en la empresa es un poco más de 75.000.000 de bolívares (76.285.714).
Ahora bien, es igualmente política habitual de una industria apartar la mitad de la ganancia para reinversión en la empresa que la mantenga viable, de modo que lo que realmente llega a repartirse de dividendos a los accionistas es asimismo la mitad de aquélla. En este caso, 7.628.571 bolívares por año. Ah, pero el socialismo del siglo XXI hace otro acto mágico al obtener de los ejecutivos accionistas su tesón de siempre aunque les arrebate los dividendos para repartirlos, una vez más, entre los trabajadores. Por este acto contrario a la “exclusión” cada trabajador recibiría al año 19.071 bolívares adicionales, o el equivalente de 1.589 bolívares mensuales más.
En síntesis, la desaparición de la remuneración ejecutiva y los dividendos vendría a representar un aumento mensual en la remuneración promedio de los trabajadores de 2.239 bolívares. Su sueldo pasaría de 8.000 bolívares por mes a 10.239, para un aumento de 28%.
¿Representaría tal cosa el paso de algún trabajador de la “exclusión” a la “inclusión social”?
De más está repetir que los cálculos presentados son esquemáticos—no se ha considerado cosas tales como las habituales comisiones pagadas a vendedores ni el impepinable rubro del impuesto sobre la renta—y corresponden a una empresa ficticia, pero se trata de un ejemplo bastante cercano a las condiciones frecuentes de una industria promedio.
¿Es esto tan difícil de explicar a la población?
La conclusión es clarísima: no hay nada de ciencia en la interpretación marxista de la economía de las unidades productivas. La verdad es que la labor empresarial, erróneamente tenida por excluyente, se remunera (salvo casos especiales particularmente escandalosos) de modo muy razonable. Si se eliminara la remuneración ejecutiva y el pago de los dividendos, se “excluiría” (esta vez sí) la función imprescindible de aquel que arriesga considerablemente para obtener una justa ganancia. En nuestro caso: cada uno de los cuatro socios recibiría una alta remuneración mensual (65.000 bolívares) por la delicada gestión que implica imaginar y definir el negocio, mantenerlo unido coherentemente y dirigir sus operaciones en medio de un ambiente competitivo y estatalmente regulado. Además recibiría un dividendo que debe compensarle la inmovilización de los recursos que invierte como capital y el riesgo nada trivial de perderlo. En el ejemplo discutido, cada accionista habría tenido que aportar 19.071.429 bolívares, y recibiría por año 1.907.143 bolívares como dividendo, un 10% de su inversión.
¿Es esto algo censurable? ¿Debe esto impedirse para que cada trabajador reciba 1.589 bolívares adicionales por mes, suponiendo que la rentabilidad de la empresa seguiría siendo la misma al suprimir el incentivo al capitalista salvaje?
De nuevo, ¿son estas claras cuentas algo de dificilísima explicación a los ciudadanos de este país por los órganos empresariales encargados de defender la libre iniciativa? LEA
por Luis Enrique Alcalá | Mar 15, 2010 | Argumentos, Política |

Tras la huella de Savonarola
Muchos mecanismos han sido propuestos como explicación del persistente enlace entre el presidente Hugo Chávez y una proporción muy significativa de la población venezolana, aún hoy considerable a pesar de una paulatina declinación, recientemente más apresurada, de su popularidad. Desde la mera relación clientelar y utilitaria, hasta la inmediata identificación con un presidente venido de los estratos pobres, pasando por la convicción de que Chávez ha traído a las capas de población “excluida” una visibilidad que antes no tenían.
Seguramente, todas estas vinculaciones funcionan como explicación parcial del fenómeno de su arraigo político, pero una poco explorada ofrece una estructura más convincente: Hugo Chávez es un líder religioso. Se adquiere fe en Hugo Chávez del mismo modo que se la pone en un predicador elocuente, en un líder de culto o secta.
El fenómeno no es nuevo. Un caso de antonomasia es el de Girolamo Savonarola (1452-1498) en Florencia, ciudad-estado renacentista que controló a partir de 1492, el mismo año en el que, sin intención, Colón descubría un mundo desconocido para los afro-euro-asiáticos. (Tampoco conocían Oceanía a la fecha).
Savonarola predicaba fieramente contra la corrupción de la iglesia y las costumbres. Alcanzó su cumbre cuando patrullas de jóvenes organizadas por él fueron casa por casa para recoger ostentosos y vanos objetos, que iban desde cosméticos hasta obras de arte, pasando por vestimentas, libros, instrumentos musicales, que quemarían luego en inmensa «hoguera de las vanidades» en la plaza principal. Era un orador mesiánico y carismático, que creía que Dios le hablaba y le pedía que hiciera cosas. Para él era malo ser rico, y pretendió instaurar una democracia teocrática y un modo de vida en extremo puritano.
Ese exceso fue su perdición. La bondad compulsiva no era del agrado de muchos, y él no sabía que no se puede restaurar la moral de la noche a la mañana y que no se la puede forzar. Excomulgado por Alejandro VI (el papa Borgia), comenzó a perder apoyo cuando el pontífice amenazó con lanzar un interdicto contra Florencia, lo que impediría su comercio. Savonarola fue apresado por el propio pueblo que lo había encumbrado y luego juzgado—sobre pruebas forjadas de herejía—y colgado y quemado en la hoguera.
Hay una diferencia de escala—y naturalmente de tiempo y tecnología—entre Chávez y Savonarola. Chávez es el primero entre los demagogos planetarios (honor que le cabe a Venezuela). Es el Savonarola global del siglo XXI. Preside, como el monje dominico que murió en la pira, sobre una previa hoguera de las vanidades—“ser rico es malo”, “el rico no es humano”—con el mismo frenesí moralizante y la misma convicción de ser un iluminado necesario. Pero su prédica se extiende, gracias a los modernos medios de comunicación sobre los que tanto arroja sospechas y críticas, por un ámbito mucho más extenso que el de una ciudad-estado renacentista.
A pesar de eso, y de haber conseguido entusiastas defensores fuera de las fronteras venezolanas—Sean Penn, por ejemplo o, por otras razones, Ignacio Ramonet—los seguidores que lo consideran infalible están prácticamente todos dentro de Venezuela. Y su asociación con Chávez tiene todos los visos de un fanatismo religioso.
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El 4 de marzo publicaba el Diario de América un claro y sencillo artículo de Jesús Seguías—Dilemas del pueblo chavista—, en el que apuntaba: “Hugo Chávez no es Dios (lamento la decepción de muchos). Nadie en el planeta lo es. Por lo tanto, Hugo Chávez sí se equivoca, comete errores, y si no hay nadie que lo controle y regule, entonces se irá al barranco en cualquier momento y se llevará con él a todo el país y al pueblo chavista también”. También dijo con la mayor sencillez, directamente: “Reconozco que la mayoría de los chavistas confiaron ciegamente en su líder (es lógico y comprensible), pero ya comenzaron a descubrir que éste no sólo es falible sino un pésimo gobernante”.
La pedagógica pieza de Seguías apunta, sin decirlo, a la altísima conveniencia de controlar el poder acumulado por Hugo Chávez mediante una nueva Asamblea Nacional que no sea obsecuente. Así pone: “El pueblo y las autoridades chavistas están comprobando que no es verdad que Hugo Chávez gobierne mejor cuanto más poder tiene. Ha sido todo lo contrario. A medida que ha acumulado poderes, más incompetente ha sido”. Y ofrece esta simple lección: “El equilibrio de poderes no es ningún capricho aristotélico. Desde la antigua Grecia se viene hablando de la necesidad de mantener a raya a los gobernantes. Es lo sano. Es lo recomendable para todos los pueblos del mundo. Nadie jamás ha logrado éxito a base de disponer del poder absoluto. Los gobiernos más fracasados de la historia han sido los gobiernos caudillistas, totalitarios, unipersonales. Por el contrario, los gobiernos más exitosos son aquellos donde el poder está repartido entre distintas manos, que se controlan mutuamente. Es el poder colectivo. Es el poder democrático”.
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Los fanatismos son—así lo mostró Eric Hoffer en The True Believer (1951)—fenómenos inestables: “…donde los movimientos de masas están en violenta competencia entre sí, no son infrecuentes las instancias de conversos—incluso los más fervientes—que cambian sus lealtades de uno a otro”. A pesar de que Hugo Chávez ha sabido desarrollar un vínculo seudorreligioso con sus más fervientes adeptos—con su constante referencia a figuras como Jesucristo, con la que se compara—, que le creen tan infalible como un papa, nada le garantiza que esa afiliación será eterna. La opinión pública es pendular, y puede cambiar de un extremo a otro de modo repentino.
Es ese rasgo esencial de la opinión de las masas lo que llevó a Savonarola a la hoguera. En cuanto las masas florentinas entrevieron que Savonarola les ponía en peligro, le dieron la espalda. La opinión pública venezolana viene mostrando consistentemente una mudanza paulatina y creciente, desde un decisivo apoyo a Chávez hacia un rechazo mayoritario. No es la primera vez que esto ocurre, por supuesto, pero esta vez el escenario de llegada no es, como en 2004, la revocación de su mandato, sino la elección de una Asamblea Nacional que pudiera equilibrar su excesivo poder, controlarlo, pararle el trote. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Mar 11, 2010 | Argumentos, Política |

Sesión del Europarlamento
Exactamente a un mes de la resolución de urgencia del Parlamento Europeo sobre Venezuela, el supremo órgano legislativo de la Comunidad Europea vuelve por sus fueros. En esta ocasión, enfila contra el gobierno cubano, al que ha censurado más de una vez, a raíz de la muerte de Orlando Zapata Tamayo. Hugo Chávez, Luis Inazio Lula Da Silva y José Luis Rodríguez Zapatero verán qué hacen, pero la resolución de hoy implica que, al menos en lo tocante a Cuba, sus gobiernos están enfrentados a Europa.
El Viejo Continente ya no come cuentos. A continuación, el texto de la resolución aprobada hoy. LEA
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Resolución del Parlamento Europeo, de 11 de marzo de 2010, sobre la situación de los presos políticos y de conciencia en Cuba
El Parlamento Europeo,
–Vistas sus anteriores resoluciones sobre la situación en Cuba, en particular las Resoluciones de 17 de noviembre de 2004, 2 de febrero de 2006 y 21 de junio de 2007,
–Vistas sus anteriores resoluciones sobre los informes anuales de la situación de los derechos humanos en el mundo en 2004, 2005, 2006, 2007 y 2008, y la política de la Unión en materia de derechos humanos,
–Vista la Resolución, de 14 de diciembre de 2006, sobre un mecanismo de seguimiento del Premio Sájarov,
–Vista la Declaración de la Presidencia del Consejo, de 14 de diciembre de 2005, sobre las Damas de Blanco, así como las anteriores Declaraciones, de 26 de marzo de 2003 y 5 de junio de 2003, sobre la situación en Cuba,
–Vista la Posición Común del Consejo 96/697/PESC, adoptada el 2 de diciembre de 1996 y actualizada periódicamente,
–Vistas las Conclusiones del CAGRE, de 18 de junio de 2007, de junio de 2008 y de 15 de junio de 2009, sobre Cuba,
–Vistas las declaraciones del portavoz de Catherine Ashton, Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y Vicepresidenta de la Comisión, y del Presidente del Parlamento sobre el fallecimiento en Cuba del preso político y preso de conciencia Orlando Zapata,
–Visto el artículo 110, apartado 2, de su Reglamento,
A. Considerando que la protección de la universalidad e indivisibilidad de los derechos humanos, incluidos los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, sigue siendo uno de los principales objetivos de la Unión Europea,
B. Considerando que docenas de periodistas independientes, disidentes pacíficos y defensores de los derechos humanos, miembros en su mayoría de la oposición democrática, siguen en prisión en Cuba por haber ejercido los derechos fundamentales de libre expresión y de reunión,
C. Considerando que el Parlamento concedió en 2005 el Premio Sájarov a la libertad de conciencia a las Damas de Blanco; que la negativa de las autoridades cubanas a permitir a las Damas de Blanco que acudieran a la sede del Parlamento Europeo para recibir su galardón viola un derecho humano fundamental, es decir, el derecho a salir y entrar del propio país, recogido en la Declaración Universal de Derechos Humanos,
D. Considerando las gestiones realizadas por las instituciones comunitarias en favor de la liberación y un trato humanitario hacia los presos políticos y de conciencia en Cuba,
E. Considerando que la muerte de Orlando Zapata Tamayo—la primera vez en casi cuarenta años en que un activista cubano ha muerto a consecuencia de una huelga de hambre en protesta contra abusos del Gobierno—se ha interpretado como un serio retroceso de los derechos humanos en Cuba y ha dado lugar a una ola de protestas a nivel internacional, así como al inicio de huelgas de hambre por otros presos políticos y disidentes cubanos,
1. Condena enérgicamente la muerte evitable y cruel del disidente preso político Orlando Zapata Tamayo, ocurrida tras una huelga de hambre de 85 días, y expresa su solidaridad y sus condolencias a su familia;
2. Condena la detención preventiva de activistas y el intento del Gobierno de impedir a la familia de Orlando Zapata Tamayo celebrar sus funerales y rendirle un último homenaje;
3. Deplora la ausencia de todo gesto significativo de las autoridades cubanas en respuesta a los llamamientos de la UE y del resto de la comunidad internacional en favor de la liberación de todos los presos políticos y del pleno respeto de las libertades y derechos fundamentales, en particular de la libertad de expresión y asociación política;
4. Pide al Gobierno cubano la liberación inmediata e incondicional de todos los presos políticos y de conciencia;
5. Expresa su preocupación por la situación de los presos políticos y disidentes que se declararon en huelga de hambre tras la muerte de Zapata; celebra que la mayoría de ellos la hayan abandonado ya pero llama la atención sobre el alarmante estado en que se encuentra el periodista y psicólogo Guillermo Foriñas, cuya persistencia en la huelga de hambre pudiera conducir a un fatal desenlace;
6. Lamenta que no se hayan atendido las reiteradas demandas del Consejo y del Parlamento Europeo respecto a la inmediata puesta en libertad de todos los presos políticos y de conciencia, e insiste en que el encarcelamiento de la disidencia en Cuba por sus ideales y su actividad política pacífica es contrario a la Declaración Universal de Derechos Humanos;
7. Insta al Consejo y a la Comisión a que se intensifiquen las medidas pertinentes para exigir la libertad de los presos políticos y promover y garantizar el trabajo de los defensores de los derechos humanos en la línea de lo acordado por las conclusiones del CRE de 8 de diciembre de 2009;
8. Insta a las instituciones europeas a que den apoyo incondicional y alienten sin reservas el inicio de un proceso pacífico de transición política hacia una democracia pluripartidista en Cuba;
9. Expresa su profunda solidaridad con todo el pueblo cubano, y lo apoya en su avance hacia la democracia y el respeto y fomento de las libertades fundamentales;
10. Insta a la Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y a la Comisaria responsable de Cooperación a que entablen de inmediato un diálogo estructurado con la sociedad civil cubana y con aquellos sectores que apoyen una transición pacífica en la isla, de acuerdo con las conclusiones aprobadas sucesivamente por el Consejo de la UE, utilizando los mecanismos comunitarios de cooperación al desarrollo, en particular a través de la Iniciativa europea para la democracia y la protección de los derechos humanos;
11. Encarga a su Presidente que transmita la presente Resolución al Consejo, a la Comisión, a la Presidencia rotatoria de la UE, a la Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, a la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana y al Gobierno y a la Asamblea del Poder Popular de la República de Cuba.
P7_TA-PROV(2010)0063
Cuba
por Luis Enrique Alcalá | Mar 9, 2010 | General, Política |

La solución de los problemas públicos
Ésta es la cuarta entrada de una serie de breves lecciones sobre los principios de la Política Clínica. Es el punto de vista asumido explícitamente por el suscrito desde 1984, y la aproximación que ha guiado las publicaciones de doctorpolítico. Entre los servicios que se anunciará prontamente en este blog, se encuentra un curso formal de Introducción a la Política Clínica, a ofrecer en varias ciudades del país.
Aquí en archivo de audio:
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político, ca. 7. f. Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados.
clínico, ca. 1. adj. Perteneciente o relativo al ejercicio práctico de la medicina basado en la observación directa de los pacientes y en su tratamiento.
Diccionario de la Real Academia Española
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Política Clínica (4)
Si el Ministerio de Salud se encontrase ante la necesidad de construir un nuevo hospital público, seguramente no convocaría a una masiva reunión de arquitectos, médicos, pacientes, enfermeros, administradores de salud, aseguradores y sepultureros a celebrarse en un gran espacio como el Parque del Este para que, “participativamente”, se pusieran de acuerdo sobre el diseño del hospital.
En cambio, determinaría como primera cosa, técnicamente, los criterios de diseño: debe ser un hospital para 1.500 camas, debe cubrir las especialidades tales y cuales, no debe pasar de un costo de tanto, etcétera.
Una vez con tales criterios en mano, procedería a llamar a licitación a unas cuantas oficinas de arquitectura demostradamente capaces. Las oficinas de arquitectos que participaran en la licitación desarrollarían, cada una por su lado, un proyecto completo y coherente. No serían admitidas, por ejemplo, proposiciones que sólo diseñaran la sala de partos o la admisión de emergencias. Cada oficina tendría que presentar un proyecto completo. Sólo así podrían competir, la una contra la otra, en una licitación que compararía una proposición coherente y de conjunto contra otras equivalentes.
Este es el mismo método que debe emplearse para la emergencia de una solución política. Lo que el espacio político nacional debe alojar es licitaciones políticas con claras reglas para el contraste de proposiciones de conjunto.
¿Cuáles son estas reglas? Si a la discusión se propone una formulación que parece resolver un cierto número de problemas, la decisión de no adoptar tal formulación debiera darse si y sólo si se da alguna o varias de las siguientes condiciones:
a. cuando la formulación no resuelva, más allá de cierto umbral de satisfacción que debiera en principio hacerse explícito, los problemas planteados.
b. cuando la formulación genere más problemas que los que puede resolver.
c. cuando exista otra formulación—que alguien debiera plantear coherentemente, orgánicamente—que resuelve todos los problemas que la formulación original resuelve, pero que además resuelve puntos adicionales que ésta no soluciona.
d. cuando exista otra formulación explícita y sistemáticamente propuesta que resuelve sólo lo que la otra soluciona, pero lo hace de un modo más sencillo. (En otros términos, da la misma solución pero a un menor costo).
Si ninguna de las condiciones precedentes existe, la formulación propuesta debe ser llevada a la práctica. Los problemas públicos exigen su tratamiento, y no puede hacerse eterna la espera por una solución teóricamente perfecta. Lo mejor es enemigo de lo bueno, y la Política no es Matemática. LEA
por Luis Enrique Alcalá | Mar 3, 2010 | Argumentos, Política |

Una misma gente
usurpar. (Del lat. usurpāre). 1. tr. Apoderarse de una propiedad o de un derecho que legítimamente pertenece a otro, por lo general con violencia. 2. tr. Arrogarse la dignidad, empleo u oficio de otro, y usarlos como si fueran propios.
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En Trinidad, la Quinta Cumbre de la comunidad americana abrió las puertas a Cuba, y el 3 de junio de 2009—25 días antes de la deposición de Manuel Zelaya—la OEA aprobó en San Pedro Sula, Honduras, dejar sin efecto “la Resolución VI adoptada el 31 de enero de 1962 en la Octava Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, mediante la cual se excluyó al Gobierno de Cuba de su participación en el sistema interamericano”. Sólo se condicionaba la apertura de este modo: “Que la participación de la República de Cuba en la OEA será el resultado de un proceso de diálogo iniciado a solicitud del Gobierno de la República de Cuba y de conformidad con las prácticas, los propósitos y principios de la OEA”. Es decir, que Cuba, entre otras cosas, tendría que atenerse a lo pautado por la Carta Democrática Interamericana.
Nada más lejos de las intenciones de los hermanos Castro que, puestos en evidencia, rápidamente declararon no estar interesados en retornar a la organización.
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Cuba no es Castro, Chávez no es Venezuela. No es Martí de Fidel, ni Bolívar lo es de Hugo. Para Chávez y Castro los símbolos, los verdaderos héroes, las historias—adulteradas por ellos—no son otra cosa que coartadas, meros elementos para la propaganda de su dominación.
En Venezuela padecemos, es cierto, la enfermiza dominación chavista, pero mucho peor y cinco veces más longeva es la castrista, que ha maniatado a los cubanos durante medio siglo. ¿Cómo pagar a Cuba lo sufrido? ¿Cómo podríamos resarcirla de su largo dolor, de su total presidio?
Por supuesto que conviene la unión de Cuba y Venezuela, pero la unión de su gente, no la complicidad de sus actuales sojuzgadores. Es la unión de los cubanos y los venezolanos lo que nos interesa, no la confabulación de dictaduras, el complot de los usurpadores. LEA
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