Complaciendo peticiones

La Rectora Presidente del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, anunció que el organismo auditará el 46% restante de las cajas que contienen las papeletas de la votación del domingo 14 de abril: “El poder electoral toma esta decisión en aras de aportar a la preservación de un clima de armonía entre venezolanos y venezolanas. Pero también para aislar a los sectores violentos que buscan irresponsablemente lesionar la democracia”.

El Presidente electo anticipó que acataría la decisión que en este asunto tomara el Poder Electoral. Por su parte, el candidato de la alianza opositora, Henrique Capriles Radonski, había declarado previamente y en varias oportunidades que aceptará los resultados electorales que esta auditoría complementaria arroje. En consecuencia, habiendo logrado su objetivo, ya no ordenará más cacerolazos y tendrá que retirar la caracterización de ilegítimo que endilgara a Nicolás Maduro, en caso de que el exhaustivo examen confirme el orden anunciado a las 11:20 p. m. del 14 de abril. El comunicado que leyera esta noche Lucena es una contribución extraordinaria a la paz de la República, y es una actuación que debe ser recibida con alivio y orgullo por la ciudadanía en general, independientemente de preferencias políticas.

Entretanto se completa el procedimiento previsto, en presencia de los técnicos designados por los comandos de campaña de los candidatos, he aquí los números del CNE en actualización de hoy a las 6 de la tarde. (Aún no se ha incorporado las cifras de la votación en el exterior).

Votación nacional

Votación nacional

En forma gráfica

En forma gráfica

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Votación por estados

Es clarísimo que la oposición venezolana tuvo un desempeño notable, del que puede estar satisfecha. José Vicente Rangel  ha reconocido hoy: «Desde luego, a la oposición le asiste el derecho a objetar el resultado. Sólo que tiene que hacerlo respetando la legalidad y las instituciones. Hay instancias que no es posible poner de lado. La oposición tiene que canalizar su denuncia a través del CNE e impugnar el resultado recurriendo a la instancia correspondiente. De lo contrario, estará reaccionando contra el Estado de derecho. La excelente campaña electoral que ese sector hizo y el liderazgo conquistado por Capriles, lo puede arruinar un paso en falso».

El país debe su reconocimiento y su gratitud al Consejo Nacional Electoral. Las aguas podrán ahora volver a su cauce. LEA

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Terapia antihistérica

La nación debe ser sedada

La nación debe ser sedada

histeria. (Del fr. hystérie, y este del gr. ὑστέρα, matriz, víscera de la pelvis). 1. f. Med. Enfermedad nerviosa, crónica, más frecuente en la mujer que en el hombre, caracterizada por gran variedad de síntomas, principalmente funcionales, y a veces por ataques convulsivos. 2. f. Estado pasajero de excitación nerviosa producido a consecuencia de una situación anómala. ~ colectiva. 1. f. Comportamiento irracional de un grupo o multitud producto de una excitación.

Diccionario de la Lengua Española

Histeria, en su uso coloquial, describe excesos emocionales inmanejables. Las personas «histéricas» a menudo pierden su autocontrol, a causa de un miedo abrumador que puede originarse en eventos del propio pasado que involucraron algún tipo de conflicto severo.

Wikipedia
(traducción del artículo en inglés)

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La primera obligación de un gobernante es la preservación de la paz y la seguridad de la comunidad. Un verdadero jefe de Estado procura siempre esas condiciones esenciales de la vida social; no se conduce como miembro prominente de una pandilla pendenciera. El Presidente electo, Nicolás Maduro, está fuera de ese deber, con su verbo incesantemente belicoso e insultante. También el Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, que niega arbitraria e ilegalmente a diputados de oposición el derecho de palabra y permite su asalto físico y verbal. Si amenaza con abrir investigación de la Asamblea Nacional acerca del comportamiento de Henrique Capriles Radonski, antes debió iniciarla sobre los partidarios del gobierno que amedrentaban, armados y en gavillas motorizadas, a votantes de opinión contraria a la suya; antes ha debido señalarle al Presidente encargado su obligación de destituir al Ministro de la Defensa por la violación pública y descarada del Artículo 328 de la Constitución: «La Fuerza Armada Nacional (…) está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna».

En el instante de la metamorfosis

En el instante de la metamorfosis

El actual líder de la oposición acicatea esa conducta inaceptable cuando él mismo se refiere a Maduro como «el ilegítimo». Maduro se encargó de la Presidencia de la República por interpretación correcta de la Constitución, texto al que Capriles se opuso en 1999 y ahora blande como todo el resto de los opositores. Al producirse la falta absoluta de Hugo Chávez, Maduro dejó de ser Vicepresidente—cargo sobre el que pesa el impedimento del Artículo 229 constitucional—e ipso facto se convirtió en Presidente habilitado para presentarse a la elección del 14 de abril. Previamente, el 9 de enero, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia resolvió defectuosamente la laguna constitucional acerca de una falta temporal del Presidente electo (el 7 de octubre): decidió que se iniciaría al día siguiente el período 2013-2019 aunque Chávez no pudiera juramentarse en tal oportunidad. También incurrió el TSJ en negligencia al no someter la enfermedad de Hugo Chávez al escrutinio de una junta médica que pudiera certificar su incapacidad física o mental permanente. Pero una vez que decidiera así el 9 de enero, Maduro era el Vicepresidente del nuevo período en suplencia de Hugo Chávez y, al deceso de éste, pasó a ser Presidente encargado. Es la decisión del 9 de enero la que Capriles debió impugnar si no estaba de acuerdo con ella; no le asiste derecho para desconocer la correcta decisión del 8 de marzo y por tanto irrespeta al Presidente encargado, ahora Presidente electo por estricta aplicación de la ley, al llamarlo «ilegítimo».

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George W. Bush fue reelecto Presidente de los Estados Unidos en 2004 por una ventaja de 2,4% sobre John Kerry (50,7% a 48,3%), históricamente la menor alcanzada por un presidente en ejercicio, y a nadie se le ocurrió entonces solicitar allá un recuento de los votos. En cambio, cuando fue electo por primera vez en 2000, obtuvo su cargo gracias a los votos electorales de Florida, estado del que su hermano era gobernador; ganó por 5 votos electorales—271 votos contra 266 obtenidos por Al Gore—, y Florida le aportó 25. Esa vez, hubo recuento de votos en Florida (nadie exigió un recuento total en todos los estados) que determinó una ventaja de Bush de 537 votos en más de seis millones de sufragios. A pesar de que superó nacionalmente a Bush por 543.895 votos, el Premio Nóbel de la Paz—por algo lo es—respetó la microscópica diferencia y las reglas del sistema estadounidense de segundo grado y concedió la elección a su oponente. El Departamento de Estado de los EEUU no tiene el menor derecho de desconocer la proclamación de Nicolás Maduro como Presidente electo, por una diferencia de 234.935 votos (234.398 más que los que dieron a Bush su primer triunfo), cuando se disponía del 99,12% de las actas y éstas habían sido auditadas, como lo determina la normativa electoral, en 54% del total, lo que es sin duda una muestra muy representativa, bastante más que suficiente. Las previas y desconfiadas declaraciones de Roberta Jacobson (a El País de Madrid, el 15 de marzo), Secretaria de Estado para América Latina, indicaban la predisposición de Washington, y el editorial artero e irrespetuoso de El Nacional que la defendió el 20 del mes pasado delataba la existente en algunos opositores venezolanos. (Ver en este blog El sentido de María Bolívar).

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Es ciertamente muy pequeña la ventaja de Maduro sobre Capriles. Aunque las cosas resultaron en ella, hay mucho fundamento para imaginar que una semana más de campaña habría redundado en un triunfo del candidato de oposición; era la candidatura oficialista la que colapsaba con rapidez creciente en un bandazo pendular de la opinión. En sólo 39 días, Maduro se encargó de dilapidar una buena parte de la fortuna electoral que Chávez legara el 8 de diciembre y su heredero cobrara el 5 de marzo. No es, por consiguiente, descabellada la petición de la oposición; lo que ésta debe hacer es atemperar su retórica y hablar en términos de respeto, pues hasta ahora no hay prueba firme de fraude electoral alguno. (No es una prueba, sino mera retórica efectista, sugerir que es imposible creer que Maduro haya podido superar la votación de Chávez en algún centro electoral; más de una explicación alternativa de ese dato, distinta de algo sospechoso y enteramente natural, puede también imaginarse). De todos modos, luce conveniente una revisión de la cosa en procura de la paz, y hubo un acuerdo inicial entre Maduro y Capriles para el recuento total de la votación, con una muestra del tamaño del universo. Pero las mutuas andanadas insultantes—más de parte del gobierno que de la oposición—amenazan con impedir ese procedimiento tranquilizador.

Considero poco probable que un recuento del 100% de los votos invierta el orden de llegada pero, si ése fuere el caso, entonces Capriles resultaría ser el Presidente electo con legitimidad igualmente bajísima, y cabría aplicarle a su hipotético triunfo todo lo que ahora se le observa al de Maduro. (El propio candidato opositor, y otros voceros de su comando, han declarado que habría ganado «por una pequeña diferencia»). Esto, sin contar con que tendría que gobernar con el resto de los poderes nacionales en su contra; una inmediata presidencia suya sería tanto o más inestable como la que ahora es la de Maduro.

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jugando-con-la-histeria-colectiva

Un tal gioco è meglio non giocarlo

Buena parte de los partidarios de ambos candidatos ha alcanzado el paroxismo; basta para convencerse de eso leer el tráfico de mutuas agresiones en las redes sociales. Los ánimos han llegado a cotas histéricas. Es por esto que el Estado en particular, y el liderazgo político en general, deben por encima de cualquier cosa asegurar la tranquilidad del país; a nadie sino a los más radicales de cada bando conviene la prolongación de esta condición crispada. Ayer me indicaba Eduardo Fernández, una voz prudente entre las prudentes, que de continuarse en la insensata descalificación de nuestro sistema electoral, no habrá base para estimular la votación en las pendientes elecciones municipales ni la de un eventual referendo revocatorio. Es necesario recuperar la confianza en nuestras instituciones electorales; no debemos permitir que las suspicaces especulaciones en su contra, con grave sesgo y distorsión y en ausencia de pruebas, destruyan la columna vertebral de nuestro procedimiento democrático.

La mayor responsabilidad recae sobre Nicolás Maduro; su conducta permite dudar de su competencia política. Es justamente su iracundia lo que le puso en grave riesgo de perder la elección; la repetición de la cólera lo descalificaría como estadista y barrería con la poca legitimidad que le resta. En 2007 ya se deterioraba el apoyo al mismo Chávez, de un modo que le significó la derrota en su estratégico referendo de reforma constitucional de ese año que, por cierto, perdió por sólo 1,41 puntos, en desempeño peor en 0,18 puntos que el de Maduro. (Chávez no exigió que la exigua diferencia se verificara en recuento, ni total ni parcial, de los votos, pero «Mucho antes del proceso canceroso de su organismo, partidarios que habían sido suyos ya lo desahuciaban políticamente, tan evidente era su agresivo engreimiento». Las élites culposas, pág. 380). El país pide mayoritariamente la reconciliación; no puede el Jefe del Estado conducirse como baladrón siempre amenazante, por más que su predecesor, su modelo, haya sido un redomado perdonavidas. No debe vomitar odio y presentarse, hipócrita y descaradamente, como amoroso.

Pero Capriles no debe diferenciarse de él solamente en urbanidad; la cosa no está en comer con cubiertos, en decir, como los japoneses de caricatura, honolable desglaciado. Si el Presidente de Uruguay debió ofrecer sus excusas a la Presidente de Argentina por un comentario imprudente, Capriles debe cesar de inmediato en su caracterización de Maduro como ilegítimo; yo le aconsejaría que se disculpara por eso, pues acrecentaría su autoridad moral para exigir que Maduro le respete.

Después del fracaso, en 36 horas, de la conspiración de Carmona, un grupo de militares antichavistas «liberó» la Plaza de Altamira y se asentó en ella como un forúnculo. Entonces no se habían recuperado suficientemente los partidos opositores, que entraron en catatonia en diciembre de 1998 con el primer triunfo de Chávez. (Henry Ramos Allup intentó esconder su condición adeca al postularse a la Constituyente en Apure por iniciativa propia, y Capriles Radonski, Presidente de la Cámara de Diputados, continuó despachando luego de la «preeliminación del Senado» en 1999; entonces no protestó como lo hace ahora). La resistencia contra Chávez fue liderada al comienzo por operadores atípicos, medios de comunicación y organizaciones no gubernamentales, que intentaron llenar el vacío partidista. Pero la copiosa asistencia a la plaza «forzó» a los dirigentes de partido a aparecer en su tarima, primero tímidamente, luego a ritmo cotidiano. Poco a poco se envalentonaron.

La audiencia de Altamira es la misma que exige a estas alturas el voto manual—«¡Como se hace en todos los países civilizados!» (el nuestro, según ella, no lo sería)—, cuando la reforma de diciembre de 1997, antes de Chávez, a la Ley Orgánica del Sufragio, ya establecía: «Artículo 154. El proceso de votación, escrutinio, totalización y adjudicación será totalmente automatizado». Es la misma que condenó a Manuel Rosales en diciembre de 2006 por reconocer con prontitud, como un hombre serio, la victoria de Hugo Chávez; la oposición neurotizada que hizo lo mismo a Capriles Radonski el 7 de octubre de 2012 por reconocer responsable y prontamente lo mismo. Luego vino la transformación del gentil Dr. Jekyll-Capriles en Mr. Hyde-Radonski. La breve campaña hacia el 14 de abril lo mostró más agresivo que el año pasado, y ahora puede pensar que este cambio de actitud fue lo que casi le reportó la victoria. Si esto es así, es natural que crea que debe continuar en esa tónica pugnaz, pero estaría equivocado. En la medida que alimente la cólera de su clientela, con insinuaciones que no ha demostrado, malgastará lo que ha crecido como político, que es mucho. La oposición profesional venezolana ha logrado un éxito considerable, que no creí posible; no debe mancharlo con inmadura imprudencia. LEA

Para descargar esta entrada en .pdf: TERAPIA ANTIHISTÉRICA

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Reparación

Obligación autoimpuesta

Obligación autoimpuesta

Lo que sigue es el texto de una comunicación enviada hoy por mí a la lista de correos de este blog, que se alimenta frecuentemente con avisos acerca de sus nuevas entradas. LEA

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El domingo 14 de abril, día de la reciente elección presidencial, recibí la llamada de un amigo muy informado en materia política. Llamaba especialmente para decirme que tenía una información de la que estaba seguro porque la había verificado. Confié en ella… y quise pasarme de vivo. Redacté y publiqué de inmediato una entrada que repetía esa información, falsa, y le avisé a Ud. con estas palabras:

En posesión de datos firmes acerca del resultado electoral de hoy (alrededor de 55-45 a favor de Nicolás Maduro), el Blog de Dr. Político se atreve a sacar conclusiones preliminares en Se cae de maduro (con ayuda de Michael Rowan).

Esa actuación fue ligera e irresponsable, además de enteramente decidida por mí. El amigo no tiene la menor culpa de mi apresuramiento. Ofrezco, por tanto, mis sinceras excusas y lamento haberle informado datos que a la postre resultaron equivocados. Mi Código de Ética me obliga así:

*Consideraré mis apreciaciones y dictámenes como susceptibles de mejora o superación, por lo que escucharé opiniones diferentes a las mías, someteré yo mismo a revisión tales apreciaciones y dictámenes y compensaré justamente los daños que mi intervención haya causado cuando éstos se debiesen a mi negligencia.

Dicho esto, sostengo las afirmaciones del resto del artículo. Mi evaluación de las deficiencias conceptuales de la oposición profesional venezolana ha sido expresada consistentemente a lo largo de años, y Se cae de maduro trata por su mayor parte de las dificultades que enfrentará el nuevo Presidente, agudamente enumeradas por Michael Rowan.

Ahora hay una tensión política recrecida en el país, suscitada por la pequeñísima diferencia en la votación de los dos principales contendores del domingo. Los decibeles del prolongado cacerolazo de ayer no se escuchaban desde 2004, en la época del referendo revocatorio. Es de esperar que ceda en breve ese paroxismo, de modo que sea posible navegar la inédita situación con tino, cuidando de reducir la histeria que ha cundido en filas opositoras y que ya antes alimentó un razonamiento estratégico defectuoso.

Ayer enfatizó Capriles Radonski que la emoción debe dar paso al trabajo de los cerebros. Es un sano aporte al manejo de la difícil coyuntura. El teatro de la proclamación de Maduro en el Consejo Nacional Electoral, con la reiteración de lenguaje falaz y agresivo, no pudo ocultar su debilidad. Ésta determina posibilidades de cambios positivos que no deben ser desaprovechadas.

Cordiales saludos

 

luis enrique ALCALÁ

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Consideraciones puerperales

DE LA PRISA SÓLO QUEDA EL CANSANCIO

De la prisa sólo queda el cansancio

 

puerperio.

(Del lat. puerperĭum).

1. m. Período que transcurre desde el parto hasta que la mujer vuelve al estado ordinario anterior a la gestación.

2. m. Estado delicado de salud de la mujer en este tiempo.

DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA

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La teoría define a la información como aquello que cambia el estado mental de quien la recibe. Si alguien me avisa hoy que murió Carlos Gardel, esto no es información para mí; el dato no cambia mi estado mental, puesto que ya lo sabía. Si alguien señala hoy el ventajismo del gobierno, llueve sobre mojado. Por eso he dicho frecuentemente que el carácter del reo era conocido desde el 4 de febrero de 1992, hace más de veintiún años; ese día, Hugo Chávez se manifestó como alguien perfectamente capaz de abusar. Pero la acusación ritual de los sucesivos gobiernos de Chávez y su heredero es menos eficaz que la refutación de su discurso, asunto en el que su oposición profesional se ha mostrado particularmente incompetente, como lo muestra el hecho de que la mitad del país todavía vota en su recuerdo tras catorce años de desaguisados. Después vino la implantación de su sistema, pernicioso y abusivo. He aquí un fragmento de la Carta Semanal #246 de doctorpolítico (20 de julio de 2007), que obviamente tampoco es información en el sentido de la definición del comienzo:

La historia venezolana no registra un caso de ventajismo tan sistemático y extenso como el protagonizado por Hugo Chávez. Todo el aparato propagandístico del Estado, acrecentado enormemente desde 1999 por el creciente control de medios radioeléctricos e impresos—sin contar la profusión de vallas publicitarias y volantes y panfletos de toda índole, o las cadenas de radio y televisión—está puesto al servicio de un obsceno culto a la personalidad de Hugo Chávez. Una elección en la que éste participe como candidato desde el ejercicio de la Primera Magistratura será verdaderamente asimétrica (como ya lo ha sido), y cualquier contendor que se le oponga estará en considerable desventaja. Al tsunami mediático con el que monopoliza la noticia, la propaganda, la mentira, añádase los discursos rojos-rojitos de Rafael Ramírez, los juramentos militares de “patria, socialismo o muerte”, las listas de Tascón, las amenazas de Iris Varela, el control del Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Supremo de Justicia, el manejo de la cedulación y los impedimentos que varios despachos gubernamentales interponen en el curso de candidaturas opositoras. La alternabilidad democrática de la que habla Cilia Flores es tan ficticia como la ficción contractualista de John Rawls.

Más recientemente, anticipaba el 10 de marzo de 2011 (El pelotón opositor, en comentario acerca de los aspirantes de entonces a la candidatura presidencial opositora en la elección del año siguiente): «Puede señalarse en cada uno de ellos algunas bondades, sin la menor duda, pero pareciera que ellas son insuficientes para la tarea de alcanzar la Presidencia de la República en un cotejo que, indefectiblemente, incluirá la candidatura de Hugo Chávez, quien repetirá y ampliará su comportamiento ventajista».

No constituye información señalar que el oficialismo venezolano es reiterado cultor del ventajismo.

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Esta tarde, ha proclamado el Consejo Nacional Electoral a Nicolás Maduro Moros como Presidente electo para lo que resta del período 2013-2019, sobre la base de que la votación registrada en 99,12% de las actas transmitidas, a pesar de que la diferencia en los votos por los dos principales contendientes es muy pequeña (1,59%), no será revertida por el conocimiento del 0,88% restante. Claro que el rector Vicente Díaz, así como el candidato derrotado, han exigido una auditoría del 100% de las cajas con las papeletas impresas, de las que reglamentariamente se auditó el 54%. ¿Es poco este último porcentaje? En camino a la convocatoria del referendo revocatorio de 2004, el CNE que presidía Francisco Carrasquero objetó un poco más de 876.000 firmas de convocantes por considerarlas dudosas. En la misma noche del anuncio, antes de que Julio Borges aclarara sin que nadie se lo preguntase que no estaba «negociando nada»—Pompeyo Márquez había sentenciado: «Político que no negocia no es político»—, los representantes de la Organización de Estados Americanos y el Centro Carter sugirieron al CNE que se dilucidara el asunto auditando ¡una muestra de 5% de esas firmas! (Explicaron que una muestra de ese tamaño, la décima parte de la auditoría normal, había permitido disolver un diferendo electoral en Perú, a satisfacción de las partes. Los factores de la Coordinadora Democrática, fallecida madre de la Mesa de la Unidad Democrática, ignoraron la proposición y prefirieron negociar).

No hay ninguna razón de peso para la prisa en la proclamación de Nicolás Maduro. Para proclamar a Chávez como Presidente electo el año pasado, el Consejo Nacional Electoral se tomó tres días completos, y eso que ganó por una diferencia de casi 11%. Ante una diferencia tan pequeña en el día de ayer, y dado que Maduro ha acordado que se haga la auditoría del 100% de las cajas, era lo sabio, lo aconsejable, lo responsable en aras de la tranquilidad nacional, que se esperara por los resultados del recuento total. Ni siquiera puede argumentarse que el apuro busca evitar una interrupción de la continuidad administrativa; el 9 de enero de este mismo año, había sentenciado la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia:

En atención al principio de continuidad de los Poderes Públicos y al de preservación de la voluntad popular, no es admisible que ante la existencia de un desfase cronológico entre el inicio del período constitucional y la juramentación de un Presidente reelecto, se considere (sin que el texto fundamental así lo paute) que el gobierno queda ipso facto inexistente. En consecuencia, el Poder Ejecutivo (constituido por el Presidente, el Vicepresidente, los Ministros y demás órganos y funcionarios de la Administración) seguirá ejerciendo cabalmente sus funciones con fundamento en el principio de la continuidad administrativa.

Ergo, no podría desconocerse que la Presidencia de la República es ejercida por Nicolás Maduro hasta que tome nueva posesión del cargo, luego de su proclamación. No hacía falta el cansancio.

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¿Cómo es posible que la gran mayoría de las encuestas diera a Maduro una ventaja de dos dígitos hasta hace pocos días? ¿Es que las registradoras de la opinión pública hicieron mal su trabajo?

La opinión pública, aprendí en 1962 en trabajo del experto Vitaliano Rovigatti, es pendular. Puede estar un día en un punto y al día siguiente en uno diametralmente opuesto. El 12 de mayo de 2005 recurrí a Giacomo Puccini para ilustrar la noción: «La ópera Turandot caricaturiza (…) uno de los rasgos de la opinión pública: su variabilidad instantánea, su volubilidad. Puede que las abejas de un enjambre vuelen posadas sobre un área fija, a veces por un buen tiempo, pero también pueden alejarse con gran velocidad sin previo aviso». José Luis Rodríguez Zapatero se convirtió en Presidente de España en 2004, al producirse en sólo tres días un vuelco en la intención de voto como secuela de los atentados terroristas en Madrid del 11 de marzo de ese año. No fueron las encuestas, que daban ganador a Mariano Rajoy, las que fallaron; fue el candidato del Partido Popular y su gobierno quienes lo hicieran.

En las elecciones de ayer, se consumó casi por completo el colapso de un candidato de bajísimo nivel, políticamente deficiente: Nicolás Maduro. Como he puesto en Por una nariz, éste «ganó con lo que no alcanzó a dilapidar, en poco más de un mes, de la herencia que Chávez le dejara». Aun si la auditoría exigida por la oposición confirmara el orden de llegada anunciado por Tibisay Lucena, Maduro se habría alzado con un triunfo que no merece, no después del obsceno ventajismo oficialista, que entre otros medios empleó el amedrentamiento de antisociales motorizados y organizados para disuadir a votantes de oposición. Esta sola conducta invalida por hipócrita la prédica de una «revolución amorosa», y es harto probable que el ventajismo madurista afectara la población electoral en bastante más que 235.000 sufragios.

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Hay quienes han anticipado que viene una etapa de distensión en el teatro político nacional. Oscar Schemel, por ejemplo, ha argumentado recientemente que el modelo de polarización se ha agotado, y el teórico socialista Javier Biardeau declaraba a El Universal hace exactamente una semana: «La comunicación del PSUV con los aliados ha sido criticada por exceso de arrogancia y es un error que no debe cometerse. Hay que ser muy humildes en este momento y sobre todo reconocer los logros de los aliados, y hay que manejarse con criterios de amplitud. Hace falta mucha amplitud. Los errores de la revolución van por los lados de la amplitud, de la inclusión, que fue vital en los inicios de la revolución». La entrevista de Sara Carolina Díaz prosiguió así:

-¿Y en esa inclusión eventualmente, debe tener cabida la oposición? si es que se quiere un país unido. Son más de 6 millones.

-Obviamente el papel político de la oposición en un régimen democrático es de corrección de políticas públicas y es importante ensayar muchos canales para escuchar diversos factores de oposición. Eso no significa que se deben tomar las decisiones que ellos planteen, pero las demandas y aspiraciones de la oposición siempre tienen que escucharse y procesarse políticamente. Sobre todo de la base social de apoyo de la oposición. Porque la oposición ha crecido electoralmente, y eso hay que reconocerlo, a lo largo de estos 14 años y ese crecimiento indica que hay temas de campaña de oposición que son relevantes para la agenda de políticas publicas y que no están siendo escuchadas.

-¿De qué dependerá un reencuentro con la oposición en caso de ganar Maduro?

-Eso va a depender mucho de los resultados electorales, de la brecha. Creo que si hay un escenario de triunfo contundente de Maduro en términos electorales hay una posibilidad cierta de un mayor diálogo, sobre todo con un sector de oposición.

-¿Dice usted que mientras más brecha a favor de Maduro más posibilidad de diálogo? ¿No debería ser al revés? Que se diga, mira esta cantidad de personas que apoyan a la oposición, vamos a tender puentes, vamos a hablar… no funciona así?

-No funciona necesariamente así porque si hay una brecha muy corta, o una hipótesis negada de que Maduro sea derrotado, los sectores que forman parte de la oposición más radicales van a considerar que ha llegado el momento de pasar factura, eso significa sustituir completamente el legado dejado por Chávez por un nuevo gobierno que se diferenciará radicalmente de lo que fue la revolución bolivariana. Mientras mayor sea la brecha, en ese momento las diferentes tendencias más radicales o moderadas van a tener que tomar una posición más clara con relación al manejo de diálogo entre Gobierno y oposición. Y si se cierra mucho la brecha los sectores más radicales pueden tomar la agenda opositora.

Bueno, también hay radicales a granel en el oficialismo, y la brecha es minúscula; si Biardeau tiene razón, Schemel será desmentido: hoy por hoy, la polarización de dos mitades prácticamente idénticas está en estado paroxístico. Y si la oposición tuviera éxito en demostrar, con la auditoría total, que Capriles fue después de todo el vencedor, nunca lo habría sido con una ventaja marcadamente mayor que la que ha sido adjudicada a Maduro, unos 235.000 votos. El mismo Julio Borges indicaba, luego del primer boletín del CNE, que el comando de Capriles manejaba datos de una «ligera ventaja» de su abanderado. (Carlos Alberto Montaner la reportaba de 200.000 votos).

Pero el paroxismo cederá; la necesidad de conciliación es demasiado grande como para que la lucha por el poder la difiera indefinidamente. Este blog registró el pasado 12 de diciembre (La desembocadura): Entretanto, ya figuras de oposición pintan a Maduro con colores casi tan apetecibles como los que adornarían a Capriles. Eduardo Fernández ha propuesto que se conceda al Vicepresidente “el beneficio de la duda”; según él, ha demostrado ser “proclive al diálogo”. LEA

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Por una nariz

nariz

Un triunfo que poco convence

La estrechísima diferencia que dio el triunfo a Nicolás Maduro sobre Henrique Capriles—1,59%—pinta un cuadro político prácticamente inédito en el lienzo venezolano. Una diferencia tan pequeña no se veía en el país desde 1968, cuando Rafael Caldera alcanzó por primera vez la Presidencia de la República ganando a Gonzalo Barrios por menos de 33.000 votos (0,89% de diferencia). En aquella ocasión, el forcejeo en un Consejo Supremo Electoral no automatizado duró tres días hasta que Acción Democrática aceptara la derrota. Ahora ha ganado Maduro por escasos 234.935 votos, para algo más de 99% de las actas escrutadas.

Encuestadoras como Datanálisis, IVAD, Hinterlaces y GIS XXI esperaban una reducción de la brecha entre ambos candidatos. La primera de ellas midió por última vez un promedio de 7,22 puntos de diferencia y, como se reportó acá ayer—Final cerrado—, su registro en la última muestra fue de sólo 3 puntos de ventaja. Esto es, la candidatura oficialista colapsaba con el paso de los días. Se escuchará ahora que una semana más de campaña habría redundado en una derrota del gobierno lo que, por supuesto, es contrafáctico, pero sin duda una victoria pírrica—»una victoria de m…», habría dicho Chávez—es lo que ha obtenido.

La proximidad llama a la incredulidad opositora—ya el rector Vicente Díaz ha urgido la auditoría del 100% de las cajas—, y seguramente la Mesa de la Unidad Democrática no se conformará de inmediato con el resultado cantado. Tampoco podría pretender demasiado; cuando comenzaba la noche, Carlos Alberto Montaner tuiteó: «La información que se maneja en la cúpula de la MUD le da la victoria a Capriles por 200.000 votos con el 98% de las actas». En todo caso, se trataría de protestar al mismo Consejo Nacional Electoral que en 2007 dijo que el proyecto de reforma constitucional presentado por la Presidencia de la República había sido rechazado por una diferencia de 1,41 por ciento. (El de la Asamblea Nacional fue repudiado por una diferencia de 2,1%).

Se abre un nuevo período en la política nacional, a escasos 39 días de la falta absoluta de Hugo Chávez. Habrá tiempo para comentarios más extensos y considerados. Pero por ahora se puede recordar que Datanálisis midió—del 29 de febrero al 7 de marzo de 2012—que Maduro perdería una hipotética elección contra Capriles (33,7% a 23,3%). Esto es, Capriles habría perdido una ventaja de 10,4 puntos y Maduro ganó con lo que no alcanzó a dilapidar, en poco más de un mes, de la herencia que Chávez le dejara. A lo que Michael Rowan le advirtiera, hay que sumarle la extrema debilidad de su ganancia: medio mandato. LEA

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