Entré al mundo de la música sinfónica de la mano—¿de la oreja?—de una obertura: la Obertura Fantasía Romeo y Julieta de P. I. Tchaikovsky. Entonces había cumplido doce años (el suscrito, no la pieza), y no conocía el significado de ese término musical. Literalmente, la palabra significa que alguna pieza que así sea nombrada sirve para abrir o preceder algo como una ópera, por ejemplo.

Es así como nos informa The Concise Oxford Dictionary of Music:

Obertura ha llegado a significar (a) Una pieza de música instrumental prevista como introducción a una ópera, un oratorio, etc. (b) una pieza de música instrumental (generalmente para teclados o una orquesta) modelada sobre el primer tipo pero con la intención de ser interpretada aisladamente.

Esto último es el caso de Romeo y Julieta aunque, en el Período Barroco, obras como las Suites Orquestales de J. S. Bach fueron tituladas Ouvertüren en alemán. (Incluían la obertura propiamente dicha y además tres o cuatro piezas adicionales que completaban cada suite).

Bueno, acá van, sin más preámbulo, siete oberturas, de las que algunas son piezas autónomas— indistinguibles de las que son llamadas poemas sinfónicos—y otras introducen óperas de las que toman su nombre.

La Obertura Egmont, de Ludwig van Beethoven no introduce una ópera, puesto que la única que él compusiera lleva por nombre Fidelio, para la que produjo cuatro: Leonora I, II, III y IV. Alfred Scholz se encarga de dirigir a la Orquesta Sinfónica de Londres:

Egmont

 

A continuación, escuchemos una obertura algo anterior en su función preoperística, la de Las bodas de Fígaro, de Wolfgang Amadeus Mozart, quien sí compuso más de una ópera. El vigoroso Riccardo Muti está al mando de la Orquesta Filarmónica de Viena:

Las bodas de Fígaro

 

Y es ahora la misma orquesta, esta vez bajo la batuta de Gustavo Dudamel, la encargada de interpretar la obertura de La gazza ladra, ópera de Gioacchino Rossini, a quien le fuera económicamente muy bien como compositor. (Se dice que componía en su cama, y que era tan holgazán que en una ocasión una hoja de la partitura en la que trabajaba cayó al suelo y prefirió escribirla de nuevo antes que agacharse a recogerla). En los inicios de la televisión en Venezuela, los escuchas de radio conocimos tal introducción, pues la agencia ARS de publicidad la seleccionó para presentar el programa de concursos El Torneo del Saber).

La gazza ladra

 

Johannes Brahms compuso la noble pieza que lleva por nombre Obertura Trágica, típica de su hermoso e inconfundible lenguaje musical. Georg Solti dirige a la Orquesta Sinfónica de Chicago, agrupación de la que fuese su Director Titular:

Trágica

 

Franz von Suppé hizo oberturas para varias de las operetas que compuso. Acá ejecuta la de La caballería ligera la Orquesta Boston Pops, dirigida por—¿quién más?—Arthur Fiedler:

Caballería Ligera

 

Es pieza frecuentemente escogida para iniciar un concierto sinfónico la brillante Obertura de Ruslán y Ludmila, compuesta para una ópera del ruso Mikhail Glinka, a quien Balakirev, Borodin, Cui, Mussorgsky y Rimsky Korsakov tuvieron como su padre musical. De nuevo es Solti el director, sólo que con la orquesta londinense escuchada en la pieza de Beethoven, la Sinfónica de Londres:

Ruslan y Ludmila

 

También era ruso, por supuesto, el primer músico mencionado en esta entrada, Pyotr Illich Tchaikosky. Es de él una de las oberturas más famosas y escuchadas, la Obertura 1812, que contrapone melodías rusas a La marsellesaLarga vida al zar, por ejemplo—para aludir a la derrota de Napoleón Bonaparte en su invasión de la Rusia zarista. (Nosotros comenzábamos nuestra propia Guerra de Independencia). Igor Markevitch conduce a la Orquesta Real del Concertgebouw de Ámsterdam y Jean Fournet el Coro de la Radio de Holanda:

  1812

 

Siete oberturas debieran ser suficientes para animarnos a abrir lo que debe ser abierto en Venezuela: la decisiva y civilizada participación del Pueblo en la solución de sus acuciantes problemas. LEA

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Ñapa que no puedo resistir; de nuevo, por Rossini. Es una definición de intelectual: “Aquella persona que puede oír la Obertura de Guillermo Tell sin pensar en El Llanero Solitario”. Es esta obra, prácticamente conocida por todos, la que ejecuta acá la Orquesta Filarmónica de Munich bajo la mágica batuta del gran amigo de Venezuela, Sergiu Celibidache:

Guillermo Tell

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