por Luis Enrique Alcalá | Ene 9, 2017 | Notas, Política |

Una lección de vida
Anoche aceptó Meryl Streep el Premio Cecil B. DeMille en la ceremonia de los premios Golden Globe, para los que ha recibido durante su asombrosa carrera el récord de treinta nominaciones. (Donald Trump comentó hoy, resollando por la herida, que la actriz estaba «sobrevalorada»; ella, que además de tres premios Oscar y 19 nominaciones, ha recibido el Premio al Logro de una Vida del American Film Institute, el Oso de Oro Honorario de Berlín y uno de plata como mejor actriz, el mayor reconocimiento de Francia—Ordre des Arts et des Lettres—, innumerables distinciones en el Festival de Cannes, los premios BAFTA, Screen Actors Guild, Grammy, Critics Choice y People’s Choice, la Medalla de la Libertad, la Medalla Nacional de las Artes, el reconocimiento del Kennedy Center for the Performing Arts y nada menos que cuatro doctorados honoris causa de las universidades de Yale, su alma mater, Dartmouth. Princeton y Harvard, o la mitad de las universidades de la afamada Ivy League).
Streep había admitido en su discurso de aceptación:
Hubo una actuación este año que me aturdiera, hundiendo sus garfios en mi corazón. No porque fuera buena. Nada de bueno hubo en ella. Pero fue eficaz y cumplió su cometido. Hizo que su audiencia escogida se riera y mostrara los dientes. Fue ese momento cuando la persona que pedía sentarse en la silla más respetada de nuestro país imitó a un reportero discapacitado, alguien a quien superaba en privilegio, poder y la capacidad de retaliar. Cuando la vi, de alguna forma rompió mi corazón. Todavía no puedo sacarla de mi cabeza porque no fue en una película, sino en la vida real. Y este instinto de humillar, cuando es modelado por alguien en la plaforma pública, por alguien poderoso, se filtra a la vida de todo el mundo, porque de algún modo autoriza a otras personas a hacer lo mismo. El irrespeto invita al irrespeto. La violencia incita a la violencia. Cuando los poderosos usan su posición para abusar de los demás, todos perdemos.
La Reina del Séptimo Arte pasó por encima de ese desagrado con un recuerdo de Carrie Fischer, recientemente fallecida: «Como me dijera una vez mi amiga, la querida Princesa Leia que nos ha dejado: Toma tu corazón roto y conviértelo en arte».
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En efecto, la violencia incita a la violencia. En Nocivo para la salud (mental), se escribió el 5 de julio de 2007:
La conclusión principal del equipo de [Albert] Bandura y sus colaboradores, en síntesis, es que conductas específicas como la agresión pueden ser aprendidas a partir de la observación y la imitación de modelos. (…) La agresividad se aprende. (…) Cualquier cosa positiva que Chávez haya podido traer a su pueblo es anulada por [su] permanente modelación de la violencia, por cuanto aquí el daño que infiere es a lo psíquico de nuestra sociedad. No hay, pues, nada que pueda salvar a las administraciones de Chávez en el registro de la historia, y esto debe ser explicado a sus partidarios en nuestra ciudadanía. Uno pudiera invitarles a que hicieran una lista de los aciertos de Chávez, pues por más larga que fuese sería reducida a la insignificancia al cotejarla con su perenne modelación de la violencia y la agresión, que deja cicatrices en el espíritu de la Nación. ¿Cómo puede disminuir la delincuencia en un país cuyo presidente la modela, exacerbando el azote que lacera por igual a sus partidarios y sus opositores? ¿Qué asaltante no se sentirá “dignificado” por la conducta presidencial, cuya agresividad y cuyo desprecio por la propiedad puede tomar por modelos?
Es eso lo que Nicolás Maduro ha escogido reproducir; él y su conducta abusiva son «el legado de Chávez». LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Ene 9, 2017 | Miscelánea, Política |

Consagración de los refranes
Cierta medianía política se expresa en dogmas superficiales, simplistas, repetidos como mantras que permiten prescindir del pensamiento. Por ejemplo: «hay que construir una organización de organizaciones» (o «movimiento de movimientos»); entonces tenemos la Mesa de la Unidad Democrática en el patrón genético de su difunta madre, la Sra. Coordinadora Democrática. Prescripciones tácticas como «Hay que calentar la calle» se reducen con el tiempo a un único término bisílabo de pretendida virtud decisiva: «calle».
Otras fórmulas posan como destilación de una sabiduría milenaria: «Político que no negocia no es político» (Pompeyo Márquez en 2004, para justificar el paso por «la rendija» de las exigencias del Consejo Nacional Electoral en el intento revocatorio contra Chávez) o «La política suele hacer extraños compañeros de cama» (Henry Ramos Allup, refiriéndose a la MUD en entrevista para Ciudad Ccs en 2011). Así, se va por la vida (política) aprendiendo clichés, tópicos, lugares comunes que componen el bagaje indispensable, se cree, a los políticos avezados. Lo más frecuente es escucharlos de algún político que los pronuncia envueltos en una sardónica sonrisa de superioridad, que condescendientemente nos «enseña» desde su competente experiencia.
Los casos anteriores, aunque con frecuencia conducen a la ineficacia, son esencialmente inocuos. Hay otros que ejercen efectos perniciosos; por ejemplo, la fórmula «el enemigo de mi enemigo es mi amigo», con su consejo implícito de procurar alianzas por razones enteramente negativas. (Las «lineas estratégicas» que COPEI formulara y comunicara públicamente en 1996—oponerse al gobierno de Rafael Caldera, deslindarse de Acción Democrática, continuar en procura de alianzas con el MAS, La Causa R y otros—estaban todas alienadas, fuera de sí, expresadas negativamente en función de terceros actores). En la idea convencional de la política como «lucha por el poder», esa máxima tiene mucho sentido; es lo que fundamenta lo dicho por Ramos Allup inmediatamente después de la frase citada arriba (definiendo a la MUD): «Hoy compartimos propósitos, no ideales ni visiones”. Los propósitos eran, en 2011, los de salir de Chávez; hoy han trocado en salir de Maduro: «Buscar nosotros, dentro del lapso de seis meses a partir de hoy, una salida constitucional, democrática, pacífica y electoral para la cesación de este gobierno». (5 de enero de 2016, al asumir la Presidencia de la Asamblea Nacional que acaba de transferir a Julio Borges).
O por caso: «Lo que es igual no es trampa». Este cómodo pero mediocre proverbio sirve, entre otros, a quienes sostienen que hay que convocar a una asamblea constituyente para «cambiar no sólo los aspectos mejorables de la constitución, sino todos los poderes como el ejecutivo, el TSJ, el CNE, la Contraloría General, la Defensoría del Pueblo, la Fiscalía, y la Asamblea Nacional». (Bases político-constitucionales del proyecto Constituyente Originaria). Unos pocos entre ellos, cuando se les opone que no hay constituyentes «originarias» que puedan hacer lo que pretendió Carmona—un golpe de Estado que depuso momentáneamente a Chávez y pretendió la eliminación de la Asamblea Nacional en pleno y todo el Tribunal Supremo de Justicia—, argumentan: «Bueno, pero ellos lo hicieron cuando eliminaron desde la Constituyente del 99 la Cámara del Senado. ¿Por qué no podemos hacerlo nosotros?» Esa decapitación del Congreso de la República, que cercenó su cámara alta en lo que dio en llamarse la «Preeliminación del Senado», fue un abuso y desviación de poder que no puede justificar su imitación por quienes se dicen demócratas. Que Henrique Capriles Radonski se abstuviera entonces—dentro de la catatonia que paralizó a los partidos tradicionales a la llegada de Chávez al poder—de protestar el abuso, porque la cámara que él presidía con su sueldo y su chofer permaneció incólume aunque disminuida, no convierte al abusivo procedimiento en algo santo.
La trampa es trampa aunque sea imitativa. La maldad de Iósif Stalin no excusa la mía. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Ene 7, 2017 | Dr. Político en RCR, Política |

Un hombre de paz
El hilo conductor para el programa primero de 2017, #230 de Dr. Político en RCR, fue provisto por la institución humana de las fechas cíclicas del calendario, que ofrecen ocasión para reconsiderar conductas y corregir pasados errores. Se reportó sucintamente la actuación de la Asamblea Nacional, que comienza un ciclo nuevo bajo la presidencia de Julio Borges, el líder principal del partido Primero Justicia. Se observó al Gral. Padrino López, Ministro de Defensa, que sus lemas habituales de «Chávez vive» y «Patria socialista» están en franca contravención de lo que la Constitución establece: que la Fuerza Armada Nacional está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso de persona o parcialidad política alguna. Campanas de Ucrania, de Mikola Leontovich, y Let’s give peace a chance, de John Lennon, reforzaron la reflexión sobre los ciclos anuales de los humanos. Acá abajo está el archivo de audio de la transmisión de este día:
LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Ene 5, 2017 | Argumentos, Política |

Transmisión de mando
Hoy se estrena nueva directiva de la Asamblea Nacional. Controlado por la oposición, presidido por Henry Ramos Allup, el parlamento venezolano aprobó un total de quince leyes en 2016, de las que sólo una entró en vigencia; las restantes catorce fueron anuladas por el Tribunal Supremo de Justicia en Sala Constitucional, argumentando que la Asamblea se encontraba en desacato por la incorporación de diputados cuya elección la misma sala declaró suspendida. Ramos hizo un lastimoso recuento de su conducción para argumentar que el saldo del órgano legislativo nacional había sido positivo (?) bajo su guía, pero sólo pudo exhibir, con desproporcionado detalle, el reconocimiento a los trabajadores de la Asamblea. (Se le olvidó anotar el fundamentalísimo logro de extraer de la sede legislativa los retratos de Hugo Chávez y el de Simón Bolívar con rasgos de afrodescendiente). Julio Borges tiene ahora la oportunidad de ejecutar un decisivo cambio de rumbo.
Lo primero que Borges tiene que hacer es librar a la Asamblea de la situación de desacato. Es más importante para el país que los diputados unicamerales puedan ejercer su delicada función que un indignado, pero inútil, reclamo por la camisa de fuerza que el TSJ le ha colocado arbitrariamente. Es mucho más importante, por ejemplo, que la Asamblea recupere su capacidad de convocar referendos consultivos por mayoría simple, para así dar basamento a una alianza operativa del Poder Constituyente Originario y el Poder Legislativo Nacional, una de Pueblo y legisladores. El 22 de octubre del año pasado se propuso acá—Prontas elecciones—la convocatoria de uno que abriría las puertas a una elección presidencial inmediata. Entonces se observó:
Debiera la Asamblea comprender, por su parte, que no debe ponerse en riesgo la iniciativa. El Tribunal Supremo de Justicia ha ignorado o suspendido las actuaciones del Poder Legislativo Nacional sobre la base de su desacato, al haber incorporado diputados cuya investidura el mismo tribunal declaró suspendida. Que desincorpore esos diputados, pues no son requeridos para formar una mayoría calificada de dos tercios; lo que se necesita es “el voto de la mayoría de sus integrantes”. (Lo más elegante sería que los diputados en cuestión soliciten ellos mismos a la directiva de la Asamblea su desincorporación).
Quince días después, los diputados en cuestión hacían justamente eso, pero Ramos Allup se negó a perfeccionar el asunto; con ineficaz altivez se limitó a observar: «Hemos tomado nota». La pelea por la representación del estado Amazonas debe darse en otras instancias—a estas alturas, lo mejor es una nueva elección, cosa que fue preacordada en la mesa de diálogo con supervisión vaticana y unasúrica—, pero es urgente y fundamental que la Asamblea recupere su eficacia. Se la necesita para permitir un esquema de diálogo que sustituya la asimetría del diálogo Gobierno-MUD por la constitucionalmente prevista cooperación de los Poderes Legislativo y Ejecutivo Nacionales. (Ver en este blog Plantilla del Pacto, del 25 de abril de 2016, donde se replantea elevar a consideración del Soberano la conveniencia del socialismo para Venezuela).
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El tratamiento de abolición del gobierno de Maduro propuesto en este espacio el pasado 17 de diciembre (y en la misma fecha desde el programa #227 de Dr. Político en RCR) fue ideado para el caso de Hugo Chávez en 2002 (expuesto en el programa Triángulo que transmitió Televén el 25 de febrero de ese año). Luego de un período de infructuosa promoción—poco después, consciente de mi propia insuficiencia operativa, ofrecí la iniciativa a Primero Justicia—, retomé la idea en 2003 como ultimátum que pudiera hacer más tragable un referendo consultivo, acerca de su permanencia en el cargo, que el presidente Chávez se comprometiera a acatar con su renuncia si el resultado le fuera desfavorable. (Esa proposición se argumentaba así: «Un posible acuerdo político ante el ultimátum de abolición», e iniciaba su descripción desde esta idea básica: «Las heridas venezolanas son tantas y tan lacerantes, que no hay modo de curarlas sin una apelación perentoria al poder fundamental y originario del Pueblo, a través de un Gran Referendo Nacional»).
La abolición es una iniciativa radical que no puede emanar de la Asamblea Nacional; ella sería únicamente prerrogativa del Pueblo—enteramente constitucional; Corte Suprema de Justicia, 19 de enero de 1999: no todo lo que es constitucional está presente en una constitución cualquiera—, pero ese parlamento sí puede implementar las posibilidades, en creciente orden de agresividad, expuestas en Plantilla del Pacto y Prontas elecciones, que conducirían al mismo resultado de la abolición de modo más suave. (Si se añadiera ahora a la primera opción la consulta popular sobre nueva elección presidencial que prevé la segunda).
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Anteayer daba cuenta José Antonio Gil Yepes de los más recientes registros de Datanálisis, en entrevista concedida a Unión Radio: “Los independientes se encuentran en 45 %, mientras que los opositores alrededor de 27 % y el PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela, principal partido chavista) solo suma 18 %”. Luego abundó sobre el punto, al destacar que quienes representan casi la mitad de la población “quieren diálogo y paz, están hartos del conflicto entre el Gobierno y la oposición; para esa gente el sentarse en la mesa de diálogo era una oportunidad positiva”.
Según se me informara, Primero Justicia prefería hacia septiembre de 2016, a diferencia de Acción Democrática, la confrontación al entendimiento con el gobierno. (Los más radicales en cada polo de esa disyuntiva eran Voluntad Popular y Un Nuevo Tiempo). Pero las investiduras cambian las perspectivas. (Efecto Beckett: quien fuera Arzobispo de Canterbury durante el reinado de Enrique II de Inglaterra, Thomas Beckett, llegó a ese cargo por designación del rey, su camarada de libertinas parrandas; pero al sentir la mitra episcopal sobre sus sienes empezó a pensar y actuar como hombre de iglesia, contraviniendo la expectativa de su actitud complaciente que Enrique había previsto, lo que lo llevó, hay que advertir a Borges, al martirio).
Julio Borges lucirá desde hoy en su cabeza la mitra parlamentaria, y puede conducir un lapso legislativo mucho más eficaz y sensato que lo que pudo ser el presidido por Henry Ramos Allup y sus inútiles desplantes. El país se lo exige. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Dic 31, 2016 | Dr. Político en RCR, Política |

Hector Berlioz en 1857
En la última transmisión del año, el programa #229 de Dr. Político en RCR dio noticia del estudio comparativo de 15 proposiciones para salir del gobierno de Nicolás Maduro anticipadamente, y reprodujo un fragmento del primer programa de 2016, en el que se declaraba toda política ideológica como obsoleta al tiempo que se reconocía la deuda que tenemos con ella por habernos proporcionado las instituciones políticas que ahora existen. Del oratorio La infancia de Cristo de Hector Berlioz, escuchamos El adiós de los pastores. Luego, en inolvidable ejecución de la Billo’s Caracas Boys, la guaracha Año nuevo, vida nueva. El archivo de audio correspondiente a esta edición se coloca de seguidas:
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