El más reciente libro de Yehezkel Dror, sabio y profeta (clic amplía y permite leer la contratapa)
Tengo por amigo y mentor a Yehezkel Dror. Me ha hecho llegar desde Jerusalén su obra más reciente: El político de avanzada – Líderes para una Nueva Época. Me hizo además el honor de dedicarlo así: «A Luis: mi socio en tratar lo casi imposible, remendar el mundo, como se necesita urgentemente. En amistad. Tuyo, Yehezkel». (To Luis: my partner in trying the nearly impossible: mending the world – as urgently needed. In friendship. Yours, Yehezkel». No me avergüenza admitir que esas palabras humedecieron mis ojos.
Le he escrito varias veces para comentarle su opus magnum. He aquí lo que fue mi reacción preliminar:
Acabo de leer—saborear sería un mejor verbo—el Proemio de tu libro. Resonancia inmediata, identificación instantánea con el plan, el alcance y las principales tesis anunciadas. Sonreí a menudo y una abrumadora sensación de alegre alivio me sobrecogió, pues de algún modo me sentí vitalmente reivindicado. Por ejemplo, ya te mencioné el título de mi reciente libro—Las élites culposas, una historia política personal del último cuarto de siglo de la política venezolana—, así que entenderás inmediatamente mi aprecio por la siguiente cita en tu página 4:
«Las sociedades complejas dependen de sus élites para hacer las cosas, si no bien, al menos no grotescamente mal … Las élites tienen que hacerlo mejor. Si no lo hacen, la furia pudiera abrumarnos a todos nosotros». (Wolff, 2014).
Tu descarte de alguna opinión de Tuchman (página 7) me hizo sonreír y recordar: ambos estábamos en un taxi en Manhattan (estabas como investigador visitante senior en alguna fundación estadounidense, a principios de los años 80); después de haberte recogido, y luego de oír tu recomendación de que leyera cierto libro sobre el juego de póquer, aventuré una opinión benévola sobre la dama historiadora, pues me había sumergido en La marcha de la locura, sólo para detonar un agudo comentario despectivo de tu parte.
Puedo imaginar muy bien las reacciones que describes tan ingeniosa y precisamente:
Estoy consciente de que este libro causará bastante controversia. A partir de las reacciones de algunos lectores del manuscrito, por más que a menudo fueron cortésmente formuladas, siento que lamentan no poder colocar el libro en un índice de libros prohibidos, como le sucedió a los principales escritos de Maquiavelo en 1559 (después de su muerte en 1527). Pero ninguna de las reacciones negativas, aun hostiles, a los temas principales del libro ofreció argumentos plausibles que demolieran su contenido fundamental; en lugar de eso expresaron una resistencia emocional a su aproximación parcialmente iconoclasta. Muchos parecen preferir evitar los costos soportables de cambiar de buen grado algunos valores e instituciones ampliamente aceptadas, por los muy altos costos de calamidades y ajustes subsiguientes, mucho más dolorosos.
He estado allí; en los últimos treinta años he escrito y predicado ampliamente—en muchos casos tomando base en tus enseñanzas—sobre política venezolana en forma iconoclasta, y he conseguido las mismas reacciones: una oposición emocional desprovista de aunque fuera un solo argumento válido.
Creo que has abordado los temas dominantes de nuestro incipiente siglo 21, con pleno dominio de la gran política (tu viejo concepto) racional (y razonable).
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El tema del libro es la época metamórfica que vivimos, llena de peligros, y la urgente necesidad de contar con líderes que la entiendan y enfrenten eficazmente. En el Proemio escribe Dror: «…la gran mayoría de los líderes políticos es de sonámbulos en lo que concierne al futuro de la humanidad. Algunos están conscientes de los retos principales, pero la vasta mayoría sufre de puntos ciegos mentales acerca de su significación. (…) El sonambulismo continuado de los líderes políticos ante problemas críticos asegura desastres».
Más de una vez traeré a este blog las enseñanzas de lo que he llamado el libro sobre política más importante en lo que llevamos del nuevo siglo. LEA
Arvo Pärt: la partitura como lienzo, la batuta como pincel
La música es un universo; todo cabe en ella. Por supuesto, el arte pictórico, desde el figurativo hasta el abstracto, pasando por el cubista. Erik Satie sostenía que sus Gymnopédies se entendían mejor como un cuadro cubista: la misma cosa vista desde ángulos diferentes. He aquí las tres que compuso para comprobar su pretensión: en ejecución las dos primeras del fino pianista francés Philippe Entremont, la última en versión de la Orquesta de Cámara Orpheus según la instrumentación de Claude Debussy.
Gymnopédie #1 – Lent et douloureux Gymnopédie #2 – Lent et triste Gymnopédie #3 – Lent et grave
También se puede, simplemente, musicalizar un ejercicio en cubismo con alguna obra que le sea afín. Por ejemplo, la Nana de Manuel De Falla acompaña acá el despliegue del Guernica de Pablo Picasso (mencionado en Las músicas azules), enriquecido con la tercera dimensión que propone la ilusión de la cinematografía:
El estupendo compositor estoniano Arvo Pärt también ha hecho música con esta idea de la yuxtaposición. Así ha creado Spiegel im spiegel (Espejo sobre espejo), en alusión a las imágenes especulares infinitas que se obtiene con el enfrentamiento de dos superficies bruñidas:
Spiegel im spiegel
Por su parte, el inglés Edward Elgar compuso un ciclo de cinco canciones a las que podríamos llamar Marinas en castellano (Sea pictures), para soprano y orquesta. Acá está la que a mi gusto es la más hermosa de ellas (la cuarta: Donde yacen los corales) en la voz de Jane Baker—Dame of the British Empire—acompañada por la Orquesta Sinfónica de Londres que dirige Sir John Barbirolli:
Where corals lie
La casa de Peter Grimes
Compatriota de Elgar, Benjamin Britten supo dar esencia de gélida pintura a los Cuatro Interludios marinos que compuso para su ópera Peter Grimes. (Apropiadamente, pues la acción transcurre en un pueblo ficticio de la costa este de Inglaterra en el muy frío Mar del Norte). Esto se hace más patente en el tercero de tal grupo: Luz de luna, que aquí interpreta la Orquesta Sinfónica de Boston (en la fría costa este de Nueva Inglaterra) bajo un director inusual: Leonard Bernstein.
Moonlight
Estando en campo operístico, recordemos que el señor Giacomo Puccini tuvo dos pintores como personajes. Marcello es el pintor en La Bohéme, y Mario Cavaradossi, su colega, es el protagonista de Tosca. Mientras este último pinta un cuadro de la Magdalena, canta el aria Recondita armonia hablando de su tarea, lo que nos ofrece pretexto para escuchar la voz única, invicta, la voz de titanio de Jussi Bjoerling:
Recondita armonia
V. Hartmann: El judío pobre
Pero son los gloriosos Cuadros de una exposición, la maravillosa suite de Modesto Mussorgsky, la más explícita representación musical de la obra pictórica; en este caso, de la exposición de varios cuadros del pintor y arquitecto Viktor Hartmann, amigo del compositor y su aliado en la proposición de un arte esencialmente ruso. Originalmente compuesta para piano, fue orquestada, entre otros, por Maurice Ravel. Es su versión la más frecuentemente interpretada. (Acá la oímos por la Orquesta Sinfónica de Chicago, bajo la sabia batuta de Sir Georg Solti). Uno de los números de la suite de Mussorgsky (Promenade) se repite cada cierto tiempo—suena ya al inicio—para ilustrar cómo camina de un cuadro a otro el visitante de la exposición. Notables en la orquestación de Ravel son el retrato de una carreta de bueyes (Bydlo, en el original polaco) que se confía a un solo de tuba y uno de saxofón en Il vecchio castello.
Cuadros de una exposición
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Mussorgsky rockero
Encore: Emerson, Lake & Palmer hicieron una versión en rock progresivo de la obra de Mussorgsky, e incluyeron un número—in the mood of a medievalminnesong*, informa Wikipedia—que no es del ruso sino de Greg Lake, el guitarrista del gran trío: The Sage. Cerremos con su hermosura este divertimento musical. (Letra incluida).
The Sage
I carry the dust of a journey that cannot be shaken away It lives deep within me For I breathe it every day.
You and I are yesterday’s answers; The earth of the past come to flesh, Eroded by Time’s rivers To the shapes we now possess.
Come share of my breath and my substance, and mingle our stream and our times. In bright, infinite moments, Our reasons are lost in our rhymes.
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*Minnesang fue un tipo de canción lírica de los trovadores alemanes entre los siglos XII y XIV—los Minnesänger—, y era su tema el amor. (Minne, amor en la lengua germánica de la época).
De nuevo un video en time lapse—como en Video-selfie solar—, pero esta vez de nosotros mismos, de la Tierra; así nos vemos a cierta distancia. Convendrá verlo a pantalla completa (se activa desde las flechitas en diagonal a la derecha del reproductor). Vale la pena. LEA
Una vez másDr. Político en RCR, en su emisión de hoy (#131) tomó como guión material de este blog (Dos cepas del virus salidista), que fue precedido por consideraciones acerca del modo de pensar de los socialistas «bolivarianos». Siendo Día de los Enamorados, sonó en el programa el Claro de luna de Claude Debussy (pieza clave en una película con historia de amor, Frankie y Johnny) y Hello, young lovers, del musical El Rey y yo (Richard Rodgers & Oscar Hammerstein). Acá está el archivo con el audio de esa transmisión:
Y ésa es la tragedia política de Venezuela: que sufre la más perniciosa dominación de nuestra historia—invasiva, retrógrada, ideologizada, intolerante, abusiva, ventajista—mientras los opositores profesionales se muestran incapaces de refutarla en su discurso y superarla, pues en el fondo emplean, seguramente con mayor urbanidad, el mismo protocolo de política de poder afirmada en la excusa de una ideología cualquiera que, como todas, es medicina obsoleta, pretenciosa, errada e ineficaz.
Las élites culposas
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En plan conmemorativo y tal vez detonante, Antonio Ledezma, Leopoldo López y Ma. Corina Machado (en estricto orden de apellidos) publicaron el 11 de los corrientes, un día antes del aniversario de la insensata manifestación del Día de la Juventud en 2014, un comunicado conminatorio. (En versión .pdf: Comunicado). En él declaran al inicio:
El pueblo de Venezuela vive una de las circunstancias más difíciles de su historia, a la que ha sido llevado por un régimen que en los últimos dieciséis años aplicó un modelo fracasado y ha ejercido de manera impune la antidemocracia; un régimen ineficiente y corrupto que robó, regaló y despilfarró recursos públicos cuantiosos, con los cuales se hubiese podido impulsar el bienestar y el progreso de todos, en lugar de generar la ruina que hoy sufrimos. En fin, el desastre que vivimos responde al proyecto de una élite sin escrúpulos de no más de cien personas, que tomó por asalto al Estado para hacerlo totalitario, que se ha apoyado en grupos violentos y en un militarismo de cúpulas corruptas para controlar a la sociedad a través de la represión, que degradó las instituciones y que violentó todo ámbito de la sociedad hasta devastar la economía y dañar gravemente las bases de la paz.
La precariedad y las tensiones que resultan de esta crisis y la insistencia del régimen en “profundizar” el modelo que la genera, pueden llevarnos en muy corto plazo a una emergencia humanitaria y han deslegitimado en extremo al gobierno. Es claro que el régimen no resolverá la crisis y que el gobierno de Maduro ya entró en fase terminal.
Nuestro llamado: construir un acuerdo para conducir la transición en paz.
No es un memorial de agravios que se presenta al gobierno para que enmiende su proceder; es más bien un prontuario judicial. Acá no hay nada nuevo; ya en 2002 alguien había redactado—en el preámbulo a un Acta de Abolición del gobierno de Hugo Chávez—lo siguiente:
Nosotros, la mayoría del Pueblo de Venezuela, Soberano, en nuestro carácter de Poder Constituyente Originario, considerando
Que es derecho, deber y poder del Pueblo abolir un gobierno contrario a los fines de la prosperidad y la paz de la Nación cuando este gobierno se ha manifestado renuente a la rectificación de manera contumaz,
Que el gobierno presidido por el ciudadano Hugo Rafael Chávez Frías se ha mostrado evidentemente contrario a tales fines, al enemistar entre sí a los venezolanos, incitar a la reducción violenta de la disidencia, destruir la economía, desnaturalizar la función militar, establecer asociaciones inconvenientes a la República, emplear recursos públicos para sus propios fines, amedrentar y amenazar a ciudadanos e instituciones, desconocer la autonomía de los poderes públicos e instigar a su desacato, promover persistentemente la violación de los derechos humanos, así como violar de otras maneras y de modo reiterado la Constitución de la República e imponer su voluntad individual de modo absoluto,
Por este Acto declaramos plenamente abolido el gobierno presidido por el susodicho ciudadano, ordenamos a la Fuerza Armada Nacional que desconozca su mando y que garantice el abandono por el mismo de toda función o privilegio atribuido a la Presidencia de la República…
Este mismo documento fue del conocimiento de Ma. Corina Machado. Yo mismo me encargué de llevarlo a sus oficinas en Altamira cuando una incipiente Súmate preparaba un «firmazo» (2 de febrero de 2003), luego de que se invalidara la aprobación de un referendo «no vinculante pero sí fulminante» (que Primero Justicia había preparado) por un CNE mal constituido que presidía accidentalmente Alfredo Avella Guevara. La dirigencia opositora de la época, Gente del Petróleo incluida, hizo caso omiso del procedimiento de abolición. (Propuesto el 25 de febrero de 2002, un mes y diecisiete días antes del Carmonazo, en programa de Televén).
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Los virulentos
Athos Ledezma, Porthos López y Aramís Machado—quizás es más apropiado Juana de Arco en lugar de Aramís—proponen luego tres agendas bastante completas para un «gobierno de transición»: agenda política-institucional, agenda de atención a la emergencia social y agenda económica. No es esa enumeración, por archiconocida, lo que interesa en el documento, sino esta prescripción:
Asumiendo ese compromiso hacemos un llamado, sin distingos políticos y trascendiendo las diferencias, para que pongamos en marcha, con la urgencia del caso, un Acuerdo Nacional para la Transición en el que esté representada la Unidad de todos los ciudadanos de Venezuela, a través de las visiones de los trabajadores, los jóvenes, los empresarios, los académicos, los políticos, los miembros de las iglesias y de la Fuerza Armada, en fin, de todos los sectores nacionales. Los consensos y compromisos del Acuerdo Nacional le darán solidez a las decisiones que deberán ser adoptadas para salir de la crisis en todos los ámbitos; para armonizar socialmente al país y para asegurar la estabilidad política en su paso por un proceso que experimentará riesgos, turbulencias y acechanzas de diverso orden.
Una vez más, se cuela el concepto corporativista en el modo propuesto para la aprobación del tal «acuerdo nacional para la transición». Esto es, el Pueblo no hablaría desde su propia esencia, sino fraccionado en «sectores» (como pedazos de la «torta social»). Cuando Chávez enarbolaba la bandera de la asamblea constituyente en su primera campaña electoral (1998), el artículo Contratesis refutaba esa noción que ahora comparten los comunicadistas à trois:
La constituyente debe componerse, a lo Mussolini, corporativamente. (Chávez Frías et al). Esto es, que debe estar compuesta por representantes de distintos cuerpos o unidades sociales: obreros, empresarios, militares retirados, profesionales colegiados, eclesiásticos, etcétera. Muy incorrecto. Nuestra condición de miembros del Poder Constituyente no nos viene de pertenecer a algún grupo o corporación, sino de la condición simple y original de ser ciudadanos.
Ahora que contamos con avenidas eficaces constitucionalmente establecidas para la expresión de la voluntad de la mayoría, es una mala recomendación ésta de «consensos y compromisos» que, por otra parte, siempre están sujetos a manipulación. (Los «congresos de ciudadanos» que por un tiempo patrocinó Machado o, peor aún, la pretendida, más bien falaz, «activación» del Poder Constituyente que declaró Voluntad Popular en Barquisimeto el 20 de septiembre de 2014, para buscar una constituyente que ya parece olvidada).
Quien debe hablar en esta crisis es la Corona en estado puro, no sus fragmentos «sectoriales». El proyecto de Acta de Abolición tenía eso claro: «Nosotros, la mayoría del Pueblo de Venezuela, Soberano, en nuestro carácter de Poder Constituyente Originario…»
En menos de un año puede iniciarse la recolección de firmas para convocar un referendo revocatorio del mandato de Nicolás Maduro por iniciativa popular, y de los trámites necesarios sabe algo Ma. Corina Machado; su know how sería utilísimo para un esfuerzo de esa clase, pues en 2004 logró la convocatoria del referendo contra Chávez.
Pero si creen que el país no puede esperar ni un minuto más, que en verdad estamos ante una inminente «crisis humanitaria»—profetizada, entre otros, por el economista Orlando Ochoa—, ante una situación como la que resultara del último terremoto de Haití, de una vez pueden recoger las firmas para algo parecido al fulminante referendo frustrado de Primero Justicia: puede preguntarse a los ciudadanos en referendo consultivo si estiman conveniente a la salud de la República que el presidente Maduro continúe en su cargo, y esa consulta puede celebrarse en la misma fecha de elecciones de Asamblea Nacional, en algún momento de este mismo año.
Y si fuera verdad, como afirma el más virulento salidismo, que «el gobierno de Maduro ya entró en fase terminal», entonces cabe otra preparación urgente: la identificación de candidatos competentes para completar en la Presidencia de la República el período trunco por cesantía anticipada, pues suponemos que no quiera el trío comunicadista salirse del cauce constitucional y una falta absoluta del Presidente conduce a una nueva elección presidencial.
¿Es alguno de esos tres salidistas aspirante al coroto? ¿Han acordado ya cuál de los tres se postularía? ¿O es que aceptarían la reincidencia candidatural de Henrique Capriles Radonski?
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Haciendo política clínica
La cepa de salidismo no virulento se expresa en una reciente entrevista a Luis Ugalde S. J., recogida por Reporte Laico (aquí en versión .pdf: P. Luis Ugalde- “El país necesita un nuevo gobierno ya”). Ugalde ya habla, por cierto, con metáforas médicas—¿un nuevo «doctor político»?—: “Tenemos el diagnóstico: así está el paciente, como si estuviéramos en una junta médica…” y “Si usted tiene el enfermo en emergencia, tiene que atenderlo. Luego puede ocuparse del régimen de comida o de decirle si puede caminar”. Así formula una disyuntiva, ciertamente con gran urgencia, que nominalmente concede al gobierno una oportunidad de rectificar: «Pienso que el país necesita un nuevo gobierno ya. Es una necesidad. Y ya es ya: enero, febrero, marzo. Ahí abro dos alternativas: sea porque el gobierno que tenemos cambie radicalmente su estrategia y mejore la situación o sea que es sustituido por otro».
No pone excesivas esperanzas en el inmediato sucesor. A la última pregunta de la entrevista—¿Piensa usted que saldremos de ésta?—responde de este modo:
Saldremos. No en el primer gobierno. Probablemente el primer semi-cambio que haya será tímido, no funcionará del todo y luego tendrán que abrirse, porque necesitan los apoyos. Internos y externos. Fórmulas hay. Y muchas. Hay mucha plata de venezolanos afuera y mucho talento venezolano fuera del país que nos puede ayudar. Hay que estimularlos, ofrecerles opciones, con reglas de juego claras.
Bueno, depende de quien sea el sucesor. Es posible elegir a un verdadero médico político que dirija la necesaria cirugía reconstructiva del Estado y administre cura a la neurotizada psiquis nacional, al tiempo que siente las bases para una profunda metamorfosis creativa y positiva. Si el gobierno que suceda a Maduro estuviere condenado a ser, como Ugalde entrevé, tímido e ineficaz, tampoco duraría mucho y, como en la Argentina de De la Rúa, Camaño, Duhalde, etc., habría que elegir de nuevo.
Es preferible averiguar ahora, con premura salidista, si existe una mejor opción. Es preferible que la «transición» dure lo suficiente. LEA
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