La versión estándar acerca de la caída del régimen perezjimenista es que su desenlace fue el resultado de una avalancha causada por un texto público; esto es, de un comunicado o manifiesto. En este caso, quien habría puesto a rodar la bola de nieve que crecería hasta arrollar el gobierno de Marcos Evangelista Pérez Jiménez fue monseñor Rafael Ignacio Arias Blanco, Arzobispo de Caracas (aún no éramos tan importantes como para tener cardenales). En efecto, su carta pastoral del 1º de mayo de 1957, leída en los púlpitos en día de San José Obrero para defender a los venezolanos pobres, sirvió como estímulo de atrevimientos crecientes: los estudiantes, los profesores universitarios y los académicos, los trabajadores y algunos empresarios, siguieron la pauta con la publicación de sus comunicados a fines de aquel año, y luego se produjeron las reacciones militares del 1º y el 23 de enero de 1958, dando la última al traste con el régimen. Tal interpretación se encuentra con profusión; por ejemplo, escribe Julián Castro Contreras el 20 de abril de 2014 en el diario La Nación del Táchira (Pastoral de monseñor Arias Blanco): «Su pastoral quedó para siempre. La prueba de cómo unas palabras, en el momento preciso, son más fuertes que los fusiles de una dictadura. A los 55 años de esa acción determinante de la Iglesia, hay quienes se preguntan: ¿Surgirá en este nuevo siglo otro monseñor Arias Blanco que indique el camino que debe seguir Venezuela?»
La cosa no es tan simple. En Crisis de la Democracia (CENDES, 1970), José Agustín Silva Michelena repite el título de un libro de Harold Laski para establecer una sugestiva correlación entre los cataclismos políticos venezolanos (la Independencia, la Federación, la caída de Pérez Jiménez) y un marcado descenso en los valores de exportación del monoproducto del caso (cacao, café, petróleo). Los precios del petróleo en el mundo iniciaron una pronunciada disminución un año antes de la pastoral de Arias Blanco, sólo que la Crisis de Suez, que incluyó la nacionalización del canal e invasiones tripartitas a Egipto, protegió por unos meses al barril venezolano.
Y tampoco es que la pastoral de Arias Blanco tuviera un carácter incendiario; en esencia, fue un llamado de atención acerca del problema de la pobreza para la mayoría de la población venezolana de la época:
Estamos ante una nueva prueba de la solicitud de preocupación de la Iglesia por la clase obrera, que llega en hora feliz a nuestra Patria; en la hora en que Venezuela siente, en todo su ser, el estremecimiento de una nueva vida que está naciendo; en la hora de una transformación radical de su economía.
Más adelante, diagnosticaba el mal:
Nuestro país se va enriqueciendo con impresionante rapidez. Según un estudio económico de las Naciones Unidas, la producción per capita en Venezuela ha subido al índice de quinientos cuarenta dólares, lo cual la sitúa de primera entre sus hermanas latinoamericanas, y por encima de naciones como Alemania, Holanda, Australia e Italia. Ahora bien, nadie osará afirmar que esa riqueza se distribuye de manera que llegue a todos los venezolanos, ya que una inmensa masa de nuestro pueblo está viviendo en condiciones que no se pueden calificar de humanas. El desempleo que hunde a muchísimos venezolanos en la desesperación; los salarios bajísimos con que una gran parte de nuestros obreros tienen que conformarse, mientras los capitales invertidos en la industria y el comercio que hacen fructificar esos trabajadores, aumentan a veces de una manera inaudita; el déficit no obstante el plausible esfuerzo hasta ahora realizado por el Estado y por la iniciativa privada, de escuelas, sobre todo profesionales, donde los hijos de los obreros puedan adquirir la cultura y formación a que tienen absoluto derecho para llevar una vida más humana que la que han tenido que sufrir sus progenitores; la falta de prestaciones familiares con que la familia obrera pueda alcanzar una mayor bienestar; las inevitables deficiencias en el funcionamiento de institutos y organismos creados para el mejoramiento y seguridad del trabajador y su familia; la frecuencia con que son burlados la Ley del Trabajo y los instrumentos legales previstos para la defensa de la clase obrera; las injustas condiciones en que muchas veces se efectúa el trabajo femenino; son hechos lamentables que están impidiendo a una gran masa de venezolanos poder aprovechar, según el plan de Dios, la hora de riqueza que vive nuestra patria, que, como dijo el Eminentísimo Cardenal Caggiano, Legado Pontificio al II Congreso Eucarístico Bolivariano, en la Sesión Extraordinaria que en su honor celebrara el Ilustre Concejo Municipal del Distrito Federal: «Tiene tanta riqueza que podría enriquecer a todos, sin que haya miseria y pobreza, porque hay dinero para que no haya miseria».
Con real y medio compré…
Pero la carta pastoral, en ningún caso, fue un llamado a deponer el régimen imperante entonces en el país, ni siquiera a pronosticar que hubiera entrado «en fase terminal». También decía:
Y con las palabras de Nuestro Santo Padre Pío XII, os recordamos que: «No es en la revolución, sino en una evolución armónica donde está la salvación y la justicia. La violencia nunca ha hecho más que derribar en vez de levantar; encender las pasiones en vez de calmarlas; acumular odios y ruinas, en vez de hermanar a los combatientes, y ha lanzado a los hombres y a los partidos a la dura necesidad de reconstruir lentamente, tras dolorosas pruebas, sobre las ruinas de la discordia. Sólo una evolución progresiva y prudente, valiente y acomodada a la Naturaleza, iluminada y guiada, por las santas normas cristianas de la justicia y la equidad, puede llevar al cumplimiento de los deseos y de las honestas necesidades del obrero» (Discurso del 13 de junio de 1943).
Es decir, Arias Blanco daba a Pérez Jiménez y a los empresarios la oportunidad de rectificar, de multiplicar «el plausible esfuerzo hasta ahora realizado por el Estado y la iniciativa privada». (DRAE: plausible. Digno o merecedor de aplauso. Atendible, admisible, recomendable).
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En cabezas políticas clásicas, newtonianas, las cosas ocurren en sociedades que se asemejan a una mesa de billar. Si se golpea una bola con la misma fuerza y en el mismo ángulo, sus sucesivas trayectorias recorrerán siempre el mismo camino: si se aumenta el precio de la gasolina se suscitará un nuevo Caracazo, y si se publica un manifiesto cargado de repudio el gobierno más pintado caerá indefectiblemente. Pero el inicio de lo que se llamó «la salida» (hashtag #lasalida; ver La salida), fue otro comunicado del 7 de diciembre de 2013 que contó con la firma de 55 personas, entre las que destacaban las de Ma. Corina Machado y Leopoldo López (las dos terceras partes de los suscritores del manifiesto para un «acuerdo nacional para la transición» del 11 de los corrientes). Entonces abogaban por la elección de una asamblea constituyente: «…vemos en el derecho legítimo del pueblo a convocar democráticamente una Asamblea Nacional Constituyente a través de una gran movilización popular (…) el mecanismo más eficiente, plural y democrático para recomponer el acuerdo social de la República. Con nuevos funcionarios a la cabeza de los poderes públicos, tendremos en Venezuela unas elecciones presidenciales enmarcadas en un proceso justo, equilibrado y transparente acorde con nuestro arraigo democrático y tradición de libertad». El gobierno no cayó por eso, ni siquiera porque dos meses y cinco días después arrancara un ciclo de airadas y prolongadas protestas cuyo saldo fue de varias decenas de muertes. (Ver en este blog La marcha de la insensatez). Los sistemas complejos, nos dice la ciencia de la complejidad, son altamente sensitivos a las «condiciones iniciales»; es decir, pequeñas variaciones en ellas conducirán a futuros que pueden ser muy diferentes.
Del comunicado de 2013 puede decirse que los líderes del asunto (López & Machado), proponentes de una asamblea constituyente—que ya ha sido sustituida por el «acuerdo nacional para la transición»—como medio para salir del gobierno de Maduro, también se habían adherido el 23 de enero de 2012 a los Lineamientos para el Programa de Gobierno de Unidad Nacional, cuya estipulación #46 decía enfáticamente: “La prioridad político-institucional del nuevo gobierno no ha de cifrarse en el cambio global de esa Constitución, ni en la convocatoria de una Asamblea Constituyente”. Una de tres: o son muy volubles—la donna è mobile qual piuma al vento—, o tienen muy mala memoria o entonces actuaron con insinceridad. En todo caso, la volubilidad parece ser la explicación más probable: un poco más de un año después de su prescripción constituyente ya la han abandonado. (¿Qué pasó con la recolección de firmas para convocarla que anunciara Voluntad Popular, un partido que hace un año contaba con una afiliación declarada de apenas 2,1% de los electores?) El comunicado del 11 de febrero de este año ha sido suscrito, además de por Ledezma, López y Machado, por Román Duque Corredor y varios ciudadanos de los que acostumbran suscribir alguna «petición» en petitiononline.com—ninguna causó jamás el menor efecto, y ahora el sitio mismo ha sido clausurado— y por COPEI, reciente e imprudentemente adherido según proclamara su presidente, Roberto Enríquez. Ninguna organización asociada a Ma. Corina Machado aparece en la pantalla de radar de las encuestas, pero puede sumarse al porcentaje de Voluntad Popular el 0,8% de COPEI y una parte del 0,5% de la categoría «Otro» en la que debe estar incluida la Alianza Bravo Pueblo de Ledezma, según registros de Datanálisis. (No dispongo de mediciones posteriores a abril de 2014). Un poco más de 3% de preferencias es lo que respalda al trío salidista-comunicadista, que impone una estrategia de inminentismo mediante periódicas y vistosas tácticas comunicacionales.
Ya se ha destacado acá, por otra parte, un error fundamental en el concepto del tal «acuerdo nacional para la transición»: que unos pocos protagonistas encaramados en tarimas o reunidos en hoteles procederían a organizar «consensos y compromisos» sectorialmente construidos, cuando es el Pueblo en su conjunto el actor que debe protagonizar el arreglo de lo que está muy desarreglado. (Ver Dos cepas del virus salidista).
El forúnculo de la Plaza Francia
La actuación del trío comunicadista ha causado graves problemas a la federación de partidos opositores que conocemos como Mesa de la Unidad Democrática. Ha jugado aparte de la MUD en tres ocasiones sucesivas: el comunicado del 7 de diciembre de 2013, un día antes de las elecciones municipales pretendidamente plebiscitarias; la detonación de las protestas aguerridas el 12 de diciembre de 2014; el nuevo comunicado del 11 de febrero de este mismo año. Esa actuación concede permiso a José Vicente Rangel para decir cosas como éstas: «Todo cuanto declara y hace en la práctica un importante sector de la oposición sirve de plataforma a los fines de la ruptura del orden constitucional. Y hablo de importante sector porque es así. Porque es el que lleva la batuta. El que impone la línea, el que cuenta con apoyo mediático nacional e internacional irrestricto, y el que dispone de los vastos recursos que el gobierno norteamericano le asigna a la subversión en Venezuela. (…) Por eso Ledezma, López y Machado le imprimen el sello a la oposición, en tanto que los otros, AD, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo y otros marchan a la cola». (En el editorial del programa de Televén José Vicente hoy del 22 de febrero). Esta dinámica no es nueva; cuando unos militares rebeldes «liberaron» (más bien tomaron) la Plaza Francia de Altamira en 2002, luego del fracasado golpe de Carmona Estanga, los líderes de los partidos más veteranos declinaron por un tiempo apersonarse en el sitio—incluso declararon en contra de la acción—, pero al ver que se trataba del happening político de moda, se contagiaron de tarimitis y allá fueron para dar discursos ante el público que diariamente concurría al sarao. Por otra parte, ninguno, salvo Primero Justicia, se deslindó del «Carmonazo».
Así como Francisco I, Papa, ha logrado un refrescamiento de la Iglesia Católica al repudiar sin remilgos la pederastia eclesiástica y la corrupción financiera del Vaticano, le sale a la MUD divorciarse del salidismo. Hay métodos mucho más democráticos y, sobre todo, más eficaces para la instalación de alternativas sanas a la presente situación nacional. LEA
Pero, en verdad, pensarnos como ciudadanos del planeta nos sirve doblemente. Por un lado, coloca en sus exactas proporciones de teatro bufo la gestión del gobierno nacional. Si sé que soy un ciudadano del mundo me percato más claramente de las pequeñeces intrascendentes de nuestra política, y veo con mayor nitidez la escasez de los discursos habituales. Y también, por supuesto, se adquiere con esa conciencia el nivel correcto para el acceso a la modernidad y la superación de un proceso político generalmente mediocre. La solidaridad necesaria, la sintonía con el prójimo y sus necesidades (…) no debe ser formulada en términos guerreros y excluyentes.
Gracias a la inserción en Facebook que compartieran Nacha Sucre y José Gabriel Alcalá, esposa y hermano, de un video con palabras aleccionadoras de Carl Sagan, el gran astrofísico y divulgador de ciencia, logré ubicar en YouTube su mensaje traducido al español, que aquí pongo a su consideración. LEA
Pocas personas tan autorizadas como José Antonio Gil Yepes para interpretar el estado de la nación. Su encuestadora (Datanálisis)—en la que participa ejecutivamente el agudo y benéfico criterio de Luis Vicente León—es una de las más confiables empresas entre las que registran regularmente la opinión del país. Sociólogo de la Universidad Central de Venezuela y Ph. D. de la Universidad Northwestern de Chicago, el Dr. Gil Yepes exhibe, como rasgos fundamentales de su aporte al conocimiento de nuestra sociedad, la profundidad y responsabilidad de sus análisis, orientados siempre como prédica seriamente positiva.
Ayer fue entrevistado durante media hora en el programa Golpe a golpe (RCR 750AM) que dirige Fausto Masó y acompañó el periodista Pedro Pablo Peñaloza. Vale la pena escuchar su percepción de nuestro proceso político, y por eso se coloca acá el audio de su participación:
En día de hoy el programa #132 de Dr. Político en RCR se centró sobre el tema de un golpe de Estado que habría sido develado por el gobierno, una de cuyas secuelas ha sido la dramática detención del alcalde Antonio Ledezma. La serena hermosura del Andante religioso de Edvard Grieg y el Kyrie del Requiem de Wolfgang Amadeus Mozart acompañaron la transmisión, cuyo audio se pone a continuación:
El preso Antonio Ledezma: «¡Pónganme las esposas!» (foto de venezolanonews.com a través de Google Images)
La paranoia es un proceso mental que se cree está fuertemente influido por la ansiedad o el miedo, a menudo hasta el punto de la irracionalidad y la alucinación. Típicamente, el pensamiento paranoide incluye creencias persecutorias, o en una conspiración que concierne la percepción de una amenaza contra uno mismo. (P. ej. “Todo el mundo está contra mí”). La paranoia se distingue de las fobias, que también envuelven un miedo irracional pero usualmente sin culpar a nadie. También acompañan a la paranoia las acusaciones falsas y una desconfianza general en los demás. Por ejemplo, una persona paranoide puede creer que ha sido intencional un incidente que la mayoría de las personas vería como accidente o coincidencia.
Wikipedia
Detectar conspiraciones cuando no hay ninguna es un síntoma de paranoia; detectarlas cuando sí existen es un signo de salud mental. Un conocido mío dice que si uno no es un poco paranoico en los Estados Unidos hoy en día entonces está loco.
Carl Sagan – Los dragones del Edén
El autoengaño de Fausto (…) ilustra en forma dramática la tendencia de los líderes políticos a distorsionar y falsear las imágenes de sus logros. Tienden a ver los resultados ambiguos como grandes éxitos, los éxitos menores como tremendos logros y sus encandilantes fracasos como una empresa heroica que ha sido arruinada por terceros.
Yekezkel Dror – Avant-Garde Politician: Leaders for a New Epoch
La casi totalidad de los ciudadanos de Venezuela carece de elementos de juicio para afirmar o negar, seria y responsablemente, la veracidad de la denuncia gubernamental acerca de un frustrado plan de golpe de Estado, y yo formo parte de ese masivo contingente. La inmensa mayoría del país, ante el enésimo sobresalto político de los últimos años, no sabe si la denuncia es verdad o es falsedad. Los más opuestos construirán sus respuestas opuestas según, casi exclusivamente, el «carácter del reo»; los que condenan al chavismo dirán que lo mentiroso es habitual en el gobierno, los que condenan a la burguesía que ella hará lo que sea por restituir sus privilegios de clase.
Pero la verdad es que la mayoría de la nación no sabe. Si quiere pensar responsable y seriamente sobre el asunto, no puede descartar por imposible ninguna de estas posibilidades: 1. que la cosa sea verdad, 2. que la cosa sea media verdad, 3. que la cosa sea inventada, 4. que la cosa sea creída por paranoia gubernamental. Sólo es serio sostener que cada una de tales afirmaciones es posible.
Leopoldo Puchi da por sentado que en verdad fue develado un golpe de estado: «…lo más inquietante no es el reciente movimiento desmantelado, sino lo que pudiera venir. Ni al Gobierno ni a la oposición democrática le puede interesar que Maduro sea desalojado por la fuerza». (En Hay que tener cuidado con los pasos en falso, donde asimismo opina: «Julio Borges es de los dirigentes de oposición que se ha ubicado con mayor persistencia en la línea electoral. Es constantemente cuestionado por ‘blando’ y ‘colaboracionista’. Tal vez estaba como mucha gente al tanto de la conspiración develada, pero no luce creíble que haya participado en la organización del conato de golpe». Fue justamente éste el argumento que se ofreciera en el programa #131 de Dr. Político en RCR, cuando se reprodujo palabras de Borges del 29 de mayo de 2005: “Los que piensan que acá no hay salidas electorales, pues que organicen su conspiración. Los invito a que lo hagan. Conmigo no cuenten”).
Objetivos de un Tucano
Es posible que, en efecto, existiera realmente la conspiración denunciada por Nicolás Maduro y a medias detallada por Diosdado Cabello: «En todo tiempo, en todo sistema político, subsiste una fracción de personas, muy reducidas las más de las veces, que piensan en un golpe de Estado por la fuerza como solución a los problemas. Hay conspiradores por vocación, que necesitan la excitación del secreto y la urdimbre de siniestros planes para hacerse con el poder». (Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela, septiembre de 1987; esas palabras del trabajo fueron citadas, junto con las que anteceden de Julio Borges, en Opinión perniciosa, artículo en este blog del 27 de enero). Una particular fracción de personas «que piensan en un golpe de Estado por la fuerza como solución a los problemas» fue, por supuesto, la de los conjurados de 1992. Por esto no es tan injustificada cierta propensión a pensar mal y aducir el conocidísmo refrán castellano: «Cada ladrón juzga por su condición».
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El gobierno ha ofrecido una interpretación del comunicado del 11 de los corrientes—acá en versión .pdf: Comunicado—, firmado por Antonio Ledezma (hoy preso), Leopoldo López (preso hace un año) y Ma. Corina Machado (despojada de su condición de diputada y la protección de la inmunidad parlamentaria), en el que abogaron por un tal «acuerdo nacional para la transición». Según la interpretación oficialista, esa fórmula es un llamado al golpe de estado tanto genérico como específico, pues habría sido la señal convenida para iniciar una insurrección criminal que tendría entre sus propósitos asesinar a Nicolás Maduro. (Tal como sostuvo Carlos Andrés Pérez, cuando se apresuró a afirmar el 4 de febrero de 1992, en los considerandos del decreto de suspensión de garantías de esa fecha, que entre los fines de la asonada del MBR 200 estaba matarlo). Los comunicadistas no son los únicos que leen que «el gobierno de Maduro entró en fase terminal». De modo menos extremo, opiné el 18 de noviembre de 2014 que aumentaba el caudal del caño de futuro que conduce a la cesantía anticipada del presidente Maduro (en programa con Nehomar Hernández, transmitido por Radio Caracas Radio el 30 de diciembre), y la semana pasada cité recientes palabras de Luis Ugalde S. J.: “Pienso que el país necesita un nuevo gobierno ya. Es una necesidad. Y ya es ya: enero, febrero, marzo». La terminación anticipada del gobierno de Maduro está desde hace tiempo en el ambiente; más de una encuesta mide que dos terceras partes del país la prefieren, y ese gentío no está empatado en ninguna conspiración.
El triunvirato salidista
Que la publicación del comunicado de los salidistas haya sido una señal es también posible. En 1993, un amigo me comunicó que se planeaba un atentado contra el sistema eléctrico de Guri—el 30 de octubre de ese año, bajo la presidencia de Ramón J. Velásquez, se produjo un apagón masivo en el país—y me mostró unos cuantos titulares en la primera página de deportes en El Nacional que entendía como mensajes crípticos para el previsible levantamiento. Pero por sí mismo esto no confiere veracidad a la interpretación de Maduro, y su triunfal declaración—»¡Yo tengo el manifiesto! ¡Yo lo tengo!»—no tiene el menor valor. Todos lo tuvimos, pues fue justamente publicado en la prensa nacional.
Claro que los señalados son políticos de cierta radicalidad. Ya en época de la Coordinadora Democrática, Ledezma era el líder principal del «Comando Nacional de la Resistencia»— con Oscar Pérez y Patricia Poleo por socios—y abogaba por la abstención electoral, pues a su criterio las elecciones no eran una solución. Machado admitió en 2006 que sus esfuerzos eran conducentes a una «crisis de gobernabilidad»—aludida en la Carta Semanal #187 de doctorpolítico, 27 de abril de ese año—, y con López estableció un discurso salidista, aparte de la postura de la Mesa de la Unidad Democrática, desde el 7 de diciembre de 2013. Su reunión con George W. Bush (31 de mayo de 2005) y su conexión panameña no pueden ser sino signos sospechosos a los ojos de los policías de Maduro, para no mencionar la conversación que se le grabó con Germán Carrera Damas (reproducida parcialmente en La salida). Sin embargo, ninguno de esos indicios es comprobación fehaciente de su participación en un golpe de Estado en grado de frustración.
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La cosa puede ser una media verdad. Puede que haya habido militares a punto de rebelión armada sin que todos los civiles señalados estuvieran involucrados en el alzamiento planeado. No lo sabemos.
Puede que todo el asunto sea un montaje del gobierno. Los revolucionarios marxistas se creen en posesión de «valores superiores» que les autorizan a la inmoralidad vista por ojos burgueses; guerra es guerra. Además, la credibilidad del gobierno en materia de denuncias de golpes, sabotajes y magnicidios es bajísima; son demasiadas las instancias en las que ha asegurado que tan aviesos procedimientos existieron, pero nunca ha presentado pruebas convincentes de las tantas veces que ha dicho que viene el lobo (o la iguana). Todavía espera el país por una explicación suficiente acerca del siniestro de Amuay del 25 de agosto de 2012, que el gobierno intentó atribuir (Eulogio Del Pino) a sabotaje.
Los paras de Alonso
Pero también se creyó que era un montaje gubernamental el asunto de los paramilitares de la finca Daktari (Robert Alonso) en 2004. Entre otros, Antonio Ledezma, Jesús Torrealba, Alejandro Peña Esclusa, Rafel Huizi Clavier, Felipe Mujica, César Pérez Vivas, Henry Ramos Allup y Henrique Capriles Radonski interpretaron la cosa como puro teatro; «novela», la llamó Ledezma. Poco después, nada menos que el gobierno de Álvaro Uribe Vélez admitió que la intención de un atentado violento contra Hugo Chávez era verídica. Francisco Santos, el Vicepresidente de Colombia, declaró por entonces: «Nos alegra muchísimo que las fuerzas de seguridad venezolanas hayan capturado el domingo a gente que está o pretende delinquir allá”.
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Sin ser un montaje, la denuncia del golpe puede provenir de un estado paranoide del oficialismo. El gobierno está grandemente preocupado por la situación general del país, pero en lugar de reconocer su responsabilidad primaria en tal estado de cosas, prefiere creer que su Plan «de la Patria» es «una empresa heroica que ha sido arruinada por terceros». (Ver Alquimia de la culpa, 9 de diciembre de 2014). Las encuestas mantienen al gobierno en ascuas, enfrentado como está a las cruciales elecciones de Asamblea Nacional, con el reiterado registro de un rechazo mayoritario y creciente de la administración de Maduro. Ese estado psicológico puede llegar a considerar como hechos lo que sólo son especulaciones más o menos verosímiles. En todo caso, conviene a sus necesidades electorales la desarticulación de la dirigencia opositora por cualquier medio y que cunda en los votantes la útil idea de que no habrá jamás elecciones limpias bajo su régimen.
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Noticias 24 informaba ayer:
El presidente del Parlamento Latinoamericano capítulo Venezuela, Ángel Rodríguez, rechazó el llamado a un Acuerdo Nacional de Transición que hicieron la semana pasada varios dirigentes de oposición. En este sentido, manifestó que en Venezuela “no hay ningún mecanismo constitucional que hable de transición”.
Bueno, tampoco está en la Constitución ninguna mención o prescripción del socialismo, a pesar de lo cual todo decreto presidencial publicado en Gaceta Oficial lleva ahora este encabezado: «Con el supremo compromiso y voluntad de lograr la mayor eficacia política y calidad revolucionaria en la construcción del socialismo…»
El rey Juan (Bimba)
Resulta incomprensible cómo en esta enorme crisis no se busca un pronunciamiento del poder supremo de nuestro Estado, el Poder Constituyente Originario, el Soberano, la Corona. (Una vez más está equivocado Eduardo Fernández, quien hoy firma en Últimas Noticias el artículo Elecciones parlamentarias, donde asegura: «De acuerdo con la Constitución Nacional el Poder Legislativo es el primer poder del Estado. En consecuencia, de acuerdo con la teoría constitucional y con la letra de la Constitución vigente, nada puede ser más importante que la elección de la Asamblea Nacional». El primer poder del Estado es el Pueblo, y nada puede ser más importante que la manifestación de su voz en referendo).
Nada es más necesario en esta atribulada hora de la República que la manifestación soberana del Pueblo en un referendo que coincida, para ahorros financieros y logísticos, con las próximas elecciones parlamentarias. Para resolver los problemas de fondo que agobian a la sociedad venezolana, que la neurotizan, nada más indicado que dejarla hablar. El tratamiento verdaderamente definitivo es la decisión soberana sobre la implantación en Venezuela de un esquema socialista. (En noviembre, Datanálisis midió 80,1% de opinión contraria al «socialismo del siglo XXI», y el gobierno hace como si tal opinión no existiera).
Un referendo sobre el socialismo resultaría en un claro y contundente repudio de la arrogante y extraviada pretensión oficialista. Un referendo así forzaría la renuncia de Nicolás Maduro (no es asunto de «pedirla», sino de mandarla). Un referendo consultivo sobre el socialismo se convoca con la mitad de las firmas requeridas para un referendo revocatorio (10% de los electores en vez de 20%), y no se necesita esperar al año que viene.
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