En dos platos (21/06/10)

Entre dos fuegos, más bien

La hospitalidad de Argelia y Aymara (Ríos y Lorenzo), y de su productora Martha Hernández, es reincidente, culpable en grado de continuidad. El viernes 18 de junio me invitaron a decir cosas En dos platos, el programa que hacen al mediodía, de lunes a viernes, por la Frecuencia Mágica 99.1 FM. Comenzaba ese día a dialogar con ellas cuando el Presidente de la República paralizó, por enésima vez, toda otra transmisión radiofónica y televisiva en el país con una de sus impertinentes cadenas. En esta ocasión, actuaba en el papel de gerente de mercadeo de una de sus tiendas socialistas, arrancada a manos privadas para relanzarla en la urbanización El Paraíso. («El Estado [cubano] decidió involucrarse nacionalmente en un comercialismo que llegó a los más desquiciados límites, incluyendo la burocratización de los expendios de papas fritas. Todavía estamos pagando por eso”. Silvio Rodríguez, Nueva York, 2 de junio de 2010).

Impertérritas, me comprometieron para el lunes siguiente, 21 de junio, y esta vez no sufrimos cadena egomaníaca. Hablamos de política nacional, naturalmente; en una primera parte me empeñé en discurrir indisciplinadamente sobre generalidades, a pesar de los repetidos intentos de las entrevistadoras de impedir que divagara; en la segunda, la suave pero firme persistencia de las anfitrionas me obligó a decir cosas más concretas: a hablar del Referendo Consultivo sobre el Socialismo. Sobre todo Argelia, que días antes ya se había interesado en la idea, representó dudas ciudadanas acerca de la proposición, y afortunadamente hubo tiempo para responderlas. El intercambio concluyó con un dictamen: la propuesta es controversial, suscita debate, y esto es en sí mismo bueno.

Luego, Martha se ocupó de que pudiera tener el archivo mp3 para montarlo en este blog, y de editarlo para dejar sólo los fragmentos correspondientes a la conversación. Abajo, el audio de lo que dije En dos platos. LEA

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Nota del día 01/07/10: La depresión de Krugman

Desempleados de 1929

La cosa comenzó ayer por una baja pronunciadísima de los mercados asiáticos, pero los europeos no se dieron por aludidos y cerraron en terreno positivo. Luego llegó el turno de los Estados Unidos, cuyas bolsas iniciaron la jornada al alza, para caer estrepitosamente por la tarde y cerrar en rojo rojito. Hoy, tanto Oriente como Europa han continuado la rubicundez. El índice Nikkei ha cerrado ya con una caída de 191 puntos (2,04% de su valor de conjunto), y a la 1:30 del mediodía londinense el STOXX 50 ha perdido 32 puntos o 1,24%. No hay respiro; el sobresalto bursátil reaparece y estremece, una y otra vez.

Las explicaciones son muchas; una, de Perogrullo, dice que las bolsas estadounidenses bajaron porque las asiáticas cayeron antes; otra, que el desempeño económico de los norteamericanos—cifras de desempleo peores que las esperadas—y los chinos ha anulado evaluaciones optimistas; otra, que el anuncio de la agencia Moody sobre la probable degradación de la deuda española—en abril y mayo ya Standard and Poor y Fitch, respectivamente, lo habían hecho—ha reavivado los temores sobre el problema global de las deudas soberanas; que las nuevas regulaciones sobre el mundo financiero de los Estados Unidos—aprobadas ya en la Cámara de Representantes—desestimulan la actividad bursátil. Etcétera.

Ayer dijo Bill Fleckenstein (Presidente de Fleckenstein Capital Inc. en Seattle), que el mercado se había convertido en un “casino especulador” que ya no descontaba los problemas, pero el domingo precedente ya había pegado más duro un agorero artículo de Paul Krugman (Premio “Nóbel” de Economía) en el New York Times. Su título: La tercera depresión.

Krugman aventuró la conjetura de que la economía mundial está en las fases iniciales de una depresión económica comparable con la de 1873 (la Depresión Larga) y la iniciada en 1929 (la Gran Depresión). En este caso, el prestigioso economista estima que el factor principal de la nueva, la Tercera Depresión, es una falla sistémica de política económica. En sus términos, pareció que la crisis financiera de 2008-2009 sería enjugada por el apoyo al crédito emprendido por la Reserva Federal de los EEUU y el Banco Central Europeo, pero ha resurgido, en su estimación, a partir de temores por la magnitud del proceso, una política ortodoxa de presupuestos balanceados. Krugman advierte que el temor a la inflación es suicida cuando la dinámica subyacente es la de una “trampa de deflación”.

Krugman es, ciertamente, un “liberal” (en el sentido anglosajón de estar “a la izquierda” del monetarismo conservador), y cree que la cosa es un error de comprensión; no ahorra críticas a quienes, según él, sostienen que el modo de exhibir liderazgo en tiempos difíciles es imponer sufrimiento sobre los demás.

Sea o no correcto lo que dice, la lectura dominical de Krugman contribuyó mucho a las evaluaciones negativas de los mercados de valores. LEA

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Visita a los indios guatires

Un chamán hospitalario

Ayer me llevó el Chamán del Guaraira Repano a una de las cuevas que visita con cierta regularidad. Quería que escuchara de un grupo de aborígenes, dirigido por un colega suyo, las cosas que andan diciendo sobre la marcha del país. Cuando llegamos, hablaba un visitante, hechicero de fama, sobre las elecciones del 26 de septiembre.

Armado de petroglifos especialmente hechos sobre el tema y pintados con manchas rojas, negras y azules, expuso ante los circunstantes el mapa previsible de la próxima Asamblea Nacional. Hablaba en el plural de la primera persona. «Nosotros probablemente podamos conseguir un poco más de la tercera parte de los diputados, evitando así que el oficialismo alcance la mayoría calificada que se requiere para aprobar leyes orgánicas. Con muchísimo esfuerzo tal vez podamos llegar a un máximo de 89 diputados. No es tan exigente otra meta: sacar un total de votos superior a la suma de los candidatos del gobierno, pero el diseño de los circuitos electorales daría siempre una mayoría de escaños oficialista. El Presidente sigue estando solo en el patio, sin contendor visible. Por esto hace falta una campaña paraguas, distinta de las campañas individuales de nuestros candidatos. A nosotros nos mata la abstención. No la de los opositores propiamente dichos, sino la de los Ni-ni, cuyo 75% está con nosotros».

Luego tomó la palabra un viejo sabio que quiso predicar el optimismo, sobre la base de lo que significa nuestra supervivencia a once años de desgobierno, el rechazo de casi 90% de la población al comunismo y los vientos de cambio que empiezan a sentirse en Cuba.

El dueño y jefe de la cueva dijo que era una promesa equivocada de la oposición la mayoría en diputados; tal prédica, propuso, debe cambiarse por la de una mayoría de votos, que sí es posible. De lo contrario, la gente pensará que fue engañada una vez más. Pero también dijo que había que pensar en otras acciones políticas distintas de la meramente electoral. Antes, había cuchicheado con el Chamán del Guaraira Repano, con quien parecía estar de acuerdo. Luego, le pidió que hablara a la reunión de la tribu.

El Chamán habló y tres cosas dijo que fueron asentidas por el brujo anfitrión, puesto que él mismo así lo había pensado. Que el Presidente intentaría convertir el 26 de septiembre en un acto referendario, plebiscitario sobre su persona y su gestión. De aquí que fuera tan importante el número total de votos, aunque no se obtuviese una mayoría de curules. La otra fue que el Presidente, aun en el caso poco probable de obtenerla, guardaba más de una carta poderosa bajo su manga izquierda, como hacer que la actual Asamblea le diera una ley habilitante que pudiera tener vigencia de dos años—hasta las elecciones presidenciales de 2012—antes de ser disuelta, o convocar una nueva asamblea constituyente si la votación de septiembre le fuere favorable. Apoyó la noción de la anfitrionía: el problema va mucho más allá de conseguir unos escaños más o menos en la Asamblea y añadió, por último: «La MUD ha cumplido su misión de especificar las candidaturas unitarias y ya no funciona para las tareas que hacen falta».

Luego habló la tribu. Varios aborígenes asintieron a la noción de que la MUD debe cesar en sus funciones al haber cumplido, con uno o dos defectos que señalaron, la misión para la que fue creada. Uno de los indios dijo que gente del interior le había expuesto su más grave preocupación, y que ésta no era la cantidad de diputados que se lograra colocar en la Asamblea, sino lo que había que hacer para terminar el dominio del Presidente. Otro intentó concretar más y aludió al empleo del Artículo 350 de la Constitución.

Recordé que en la tribu vecina de los twitteros se anda hablando de lo mismo, y pensé que por eso el santero Aristóbulo había entendido: «Está cobrando mucha fuerza la conspiración en el seno de la oposición. Tenemos que estar mosca; desde el magnicidio hasta las guarimbas». Es idea que le conviene para restablecerse como héroe de postrimerías; el 13 de abril de 2002, cuando Diosdado estaba escondido y José Vicente daba declaraciones ambiguas, el tamborero Aristóbulo fue muy fotografiado en Miraflores, esperando el retorno de su jefe. LEA

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Nota del día 29/06/10: Fractura abierta

La culpa es de la vaca

La culpa no es mía

La distribución de culpas difusas es un asunto complicado. Si en un caso donde el culpable parece indudable, a la persona señalada le es posible decir “yo no fui” o “fue aquél”, mientras hay más manos en la masa los señalamientos rebotan de un lado a otro. Y esto adquiere características pirotécnicas cuando el caso es grave.

A estas alturas, se computa un total de 122.000 toneladas de alimentos perdidas por pudrición, por causa de la desidia o la mera ineficiencia socialista. El Contralor General de la República, el socialista Clodosbaldo Russián, se ha quejado airadamente de que “la oposición” esté formando un escándalo con este asunto que llama a la incredulidad. Pues bien, la cosa es verdaderamente escandalosa, independientemente de lo que voces opositoras señalen; es un descaro de marca mayor que los funcionarios del régimen—y teóricamente el Contralor no es uno de ellos—procuren minimizar su importancia: la pérdida equivale a la alimentación de todos los habitantes del país para quince días.

Luego, si la décima parte de los alimentos desperdiciados hubiese sido encontrada en almacenes de compañías privadas, el Presidente de la República no pararía de twittear, escribir indignadas Líneas de Chávez, encadenar cuarenta horas seguidas al sistema de radiotelevisión del país para despotricar de “la burguesía”, “el imperio” y “el capitalismo” y gritar “¡exprópiese!” cada cinco minutos. En cambio, el monstruoso desperdicio socialista debe pasar desapercibido, a juicio de los jerarcas encaramados. Incapaces de culpar al fenómeno de El Niño, o sugerir que la putrefacción fue causada por arma secretísima gringa como la que habría producido el terremoto de Haití, reviran con ira hacia quien ose comentar la descomunal irresponsabilidad.

Pero Russián quiso desvincularse de culpas, al apuntar que la Contraloría habría estado siguiendo la pista al caso desde 2008 (obviamente, sin efecto beneficioso de ninguna clase), y que él no es el llamado a poner presos a los culpables (aunque sí a inhabilitar políticamente en violación del Artículo 42 de la Constitución).

Esta pelota fue recogida rápidamente por la mediocampista Luisa Ortega Díaz, Fiscal General socialista, al señalar ayer que Russián “nunca informó al Ministerio Público” socialista. Dijo Ortega: “No queremos especular nada, pero no tenemos la información y, como hemos dicho, el Ministerio Público no trabaja sobre presunciones”.

Es decir, entre los componentes principales del Poder “Moral” socialista, la Contraloría y la Fiscalía socialistas, se ha abierto una grave y profunda fisura. Hasta ahora no ha dicho nada el tercer componente: la Defensoría del Pueblo, al que se le robó 122.000 toneladas de alimentos. LEA

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Nota del día 28/06/10: Contenedores de palabras podridas

Soberana pudrición

Neil Postman y Charles Weingartner sostenían en La enseñanza como actividad subversiva (1969), que una de las tareas fundamentales de la educación era proporcionar a los educandos un “detector de porquería”. (Crap detector). El estudiante debía aprender a distinguir entre un discurso válido y con sentido, y uno construido con falsedad. Así el paciente racional debe preferir la medicina científica a cacareadas “medicinas sistémicas” o “alternativas”, independientemente de la propaganda televisada que nuestros canales de televisión admitan. Así debe el ciudadano preferir, más bien exigir, una política científica, y rechazar la payasada que busca imponérsenos.

El primer deber del político es el de educar al pueblo, para que sea cada vez más autónomo, menos tutelado, políticamente. (Claro que entonces él mismo debe ser educado en la verdad política). Así que recordaremos a John Stuart Mill y Bárbara Tuchman. Dice ésta en conjetura profundamente democrática: “El problema pudiera ser no tanto un asunto de educar funcionarios para el gobierno como de educar al electorado a reconocer y premiar la integridad de carácter y a rechazar lo artificial”.

Dice Mill: “Si nos preguntamos qué es lo que causa y condiciona el buen gobierno en todos sus sentidos, desde el más humilde hasta el más exaltado, encontraremos que la causa principal entre todas, aquella que trasciende a todas las demás, no es otra cosa que las cualidades de los seres humanos que componen la sociedad sobre la que el gobierno es ejercido… Siendo, por tanto, el primer elemento del buen gobierno la virtud y la inteligencia de los seres humanos que componen la comunidad, el punto de excelencia más importante que cualquier forma de gobierno puede poseer es promover la virtud y la inteligencia del pueblo mismo… Es lo que los hombres piensan lo que determina cómo actúan”.

Pero también advierte: “Un pueblo puede preferir un gobierno libre, pero si, por indolencia, descuido, cobardía o falta de espíritu público, se muestra incapaz de los trabajos necesarios para preservarlo; si no pelea por él cuando es directamente atacado; si puede ser engañado por los artificios empleados para robárselo; si por desmoralización momentánea, o pánico temporal, o un arranque de entusiasmo por un individuo, ese pueblo puede ser inducido a entregar sus libertades a los pies de incluso un gran hombre, o le confía poderes que le permiten subvertir sus instituciones; en todos estos casos es más o menos incapaz de libertad, y aunque pueda serle beneficioso tenerlo así sea por corto tiempo, es improbable que lo disfrute por mucho”. LEA

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