FS #102 – Une autre fois, Maurois

Fichero

LEA, por favor

doctorpolítico reincide este martes con la Carta abierta a la juventud de hoy de André Maurois. Y es que entre sus capítulos, que rezuman todos política, hay uno en particular dedicado al tema. (Hasta cuando habla de las damas la política se cuela: «Su mujer ejercerá mayor influencia política sobre usted que usted sobre ella. Si usted no está bien seguro de sus ideas, ella lo atraerá a las suyas. Tienen una tenaz capacidad de corrosión y (por lo menos en su juventud) una eficaz política de almohada». Maurois tiene, es cierto, un enorme respeto por las mujeres. Así dice hermosamente en el capítulo en que habla de ellas, del que está tomada la cita anterior: «La mujer permanece más optimista porque su necesidad toma forma humana. Ella depende de un ser que puede seducir, convencer, enternecer, suplicar. Cree en los milagros porque ella los hace»). Pero así y todo escoge un capítulo especial para aconsejar a su joven interlocutor, y a través de él a todos los jóvenes, en cuanto a la política. Es de allí de donde se toma la sección inicial—que concluye con una tersa y sabia cita de Blas Pascal, su eximio compatriota—y la sección final, perfectamente consistente, para conformar esta Ficha Semanal #102.

Maurois, de nuevo, tenía 80 años cuando escribía su larga y oportuna Carta. Pero no es ella el ensayo de un alma fatigada o cínica, sino la expresión de una pasión serena por el equilibrio y la tolerancia, por mucho realismo que contenga. Ya él mismo había escrito en El arte de vivir: «La vejez es mucho más que cabellos blancos, arrugas, la sensación de que es muy tarde y el juego ha terminado, que el estrado pertenece a la siguiente generación. El verdadero demonio no es el debilitamiento del cuerpo, sino la indiferencia del espíritu».

Tampoco, naturalmente, era una persona resignada a las obras de la maldad de los hombres, con la que no se engañaba. Por esto prescribía: «El horizonte es negro, la tempestad amenaza; trabajemos. Éste es el único remedio para el mal del siglo». Mucho menos era pagado de sí mismo, escritor que se tomara demasiado en serio su propio arte de la escritura. Su peculiar humor así lo delataba: «Un libro es un regalo estupendo, porque muchas personas sólo leen para no tener que pensar».

El biógrafo insuperado que fue Maurois nunca fue tentado de hacer su autobiografía. No hace falta. Una vida límpida como la suya se entiende a partir de cualquiera de sus epigramas: «Vivir en la sombra, realizar bien lo que se hace, gustar los placeres y los días, es uno de los caminos de la felicidad».

LEA

Une autre fois, Maurois

¿Hará usted política y bajo qué máscara? Rehusarse a hacer política, es una manera de hacerla. Es como decir: «Yo me desintereso de mi ciudad, de mi país, de los negocios del mundo». Es maniobrar muy cerca entrelazando a cada instante la elección o la falta de elección, a los intereses personales o pasajeros. Sacrificar a una tranquilidad frágil sus intereses permanentes, puesto que se trata de sus asuntos. O más aun como el perro muerto que una corriente fuerte arrastra, y un remolino rechaza a las aguas dormidas. Pero usted está bien vivo, usted nada, usted se manda; luego, usted hará política. No necesariamente política activa, militante. Todo lo que le pido es que trate de reunir los elementos necesarios para juzgar, en una palabra, para representar su papel de ciudadano.

¿Intentará obtener funciones públicas? En eso es usted quien debe elegir. Su carácter y la ocasión le servirán de guía. Hay animales en política. Si ama la lucha, si es naturalmente elocuente, si la experiencia le demuestra que usted logra pronto dominio sobre un auditorio, sobre una multitud, y más todavía, en nuestro tiempo, que tiene «presencia» en la televisión, entonces ¿por qué no? Me gustan en política las carreras no premeditadas. El otro día, un hombre fue elegido intendente de una gran ciudad porque las canillas de su cuarto de baño no dejaban correr el agua. Había investigado la causa, encontrado el remedio y mejorado un servicio municipal importante. Eso lo lanzó.

Herriot, profesor de letras, pensaba en el comienzo de su vida mucho más en Madame Récamier que en la intendencia de Lyon. Las circunstancias, una popularidad local, una hermosa voz lo elevaron. Fue el escalón. Porque demostró ser un buen administrador en una gran ciudad, el gobierno durante la guerra le confió el aprovisionamiento. De un ministerio a la Presidencia del Consejo no es un camino largo. Si el azar (ayudado por el instinto), le pone el pie en el estribo, usted seguirá naturalmente la carrera de los honores.

¿Aspiraría al poder si éste se pone a su alcance? Alain, que tenía elocuencia, ideas, fe y que dominaba en Rouen, por su brillante dialéctica, la Universidad popular, habría podido permitirse todas las ambiciones. Y se lo prohibió. Él deseó ser un hombre libre. El elegido de un partido, el favorito de un amo es también el prisionero. Tiene que agradar. Alain no se preocupaba de ello. Por otro lado, pensaba que hacen falta simples ciudadanos de espíritu agudizado para vigilar a los Importantes. Él quería ser uno de esos ciudadanos. De la misma manera, durante la guerra del 14-18, incorporado voluntariamente, rehusó todos los galones, salvo aquellos de brigadier. Como él, he rehusado también todas las funciones públicas que se me han ofrecido, aunque algunas eran elevadas y tentadoras. Pero esos son casos, no ejemplos; una nación tiene necesidad de dirigentes activos. Usted puede ser uno de ellos.

Si es así, manténgase al tanto de verdaderos trabajos. Lo que importa, para el administrador de una ciudad o de un país son menos las etiquetas que la acción. Una buena inspección de caminos y canales, hospitales modernos, suficientes viviendas, terrenos para deportes, un teatro vivo, he aquí lo que hace un buen intendente. Una defensa militar adecuada, alianzas prudentes, presupuestos equilibrados, impuestos no demasiado pesados, bastantes escuelas, liceos y universidades para la población de edad escolar, una seguridad social eficaz sin ser ruinosa, una justicia igual para todos, la garantía de los derechos del hombre, he aquí lo que hace un buen gobierno. Me puede preguntar: «¿Entonces poco le importa que sea de derecha o de izquierda?» Yo no digo esto. Pero pienso que entre un conservador reformista y un laborista moderado no hay gran diferencia en Inglaterra. En todos los partidos (locos y monstruos excluidos) se encuentran corazones nobles y pillos. Esta clasificación me parece más importante que la que separa, en forma tan arbitraria, socialistas y radicales, republicanos, populares e independientes, M. R. P. y U. N. R. No sea el hombre de un clan. La nación es una, la prosperidad de cada uno está ligada a la prosperidad de todos. Los ultras han arruinado siempre el régimen que defendían.

Sobre todo no sea un partidario de mala fe que rehúsa examinar las tesis adversas. Es más fácil excomulgar a los que no piensan como nosotros que refutarlos. Es natural tener pasiones políticas. Su vida hará de usted un conservador, o un rebelde. Pero sea capaz de distinguir lo que es conocimiento de lo que es prejuicio. Conozco hombres que defienden con frenesí una medida si ella ha sido tomada por su partido, y la condenan despiadadamente, si la misma medida es recomendada por el adversario. ¡Atención! La locura y el odio no hacen una política. «No se muestra grandeza por ser una extremidad, sino tocando los dos extremos a la vez, y llenando el medio». (Pascal).

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Le sucederá dejarse tentar por la demagogia. Es una política que apela a las pasiones populares y promete para triunfar todo lo que el mundo desea, aunque se sabe incapaz de realizar lo que anuncia. Estas mentiras pueden asegurar éxitos temporarios, pero ellos son seguidos de penosos despertares, que acarrean, ya sea una reacción (Termidor, Brumario), ya sea, si el demagogo quiere mantenerse a pesar de su derrota, una dictadura. Que yo le desaconseje toda demagogia, no le sorprenderá. Ella procura éxitos personales a veces; pero son efímeros. «Los molinos de los dioses muelen muy despacio, pero excesivamente fino». Tarde o temprano las promesas mentirosas engendran descontento y contragolpes. En última instancia sólo la franqueza asegura victorias durables.

A menudo hallará en conflicto la eficacia y la pureza. Un marxista de corazón puro desaprueba las concesiones que sus dirigentes deben hacer a la economía de mercado para asegurar la eficacia del régimen. Sin embargo, sin esas concesiones, todo el régimen se derrumbaría. Los puros de la Revolución Francesa se echaron en los brazos de Barras, después en los de Bonaparte. ¿Cómo encontrar el equilibrio entre la eficacia y la pureza? Todo depende, bien seguro, de las circunstancias, pero es importante distinguir la verdadera de la falsa pureza.

Mantener estricta obediencia a una doctrina contra la terquedad de los hechos no es pureza, es terquedad. Marx, hombre de poderosa inteligencia, dedujo de las realidades económicas de su tiempo, un sistema. Él hubiera sido el primero en corregirlo si hubiera conocido los hechos de que hoy somos testigos. A la inversa, la tesis del liberalismo puro no es más aplicable, ni aplicada. La propiedad de los suelos, la propiedad comercial son debatidas y serán enmendadas, aun en los países llamados de «libre empresa». Sostener un sistema contra la experiencia sería menos puro que tonto. Lo mismo debe distinguirse entre verdad y falsa eficacia. Practicar la política de lo peor y asegurarse una mayoría aliándose al más peligroso de sus adversarios, no es mostrarse en verdad eficaz, sino colocarse en una situación de puerta falsa que no permitirá gobernar. La eficacia a corto término debe ser sacrificada a la eficacia a largo plazo.

André Maurois

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LEA #194

LEALos locos son ocurrentes, no hay duda. Dígame el Presidente de Polonia, Lech Kaczynski, a quien no se le ha ocurrido otra cosa que despedir a su primer ministro, Kazimierz Marcinkiewicz, que era mucho más popular que él. (Marcinkiewicz registraba aprobación de más del 80% del electorado polaco, mientras que sólo 21% de éste cree que Kaczynski puede con su cargo). Y el presidente Kaczynski ha duplicado su ocurrencia al postular para el cargo de Primer Ministro de Polonia ¡a nadie menos que su propio hermano, nada menos que gemelo, Jaroslav Kaczynski, que no tiene la menor idea de economía y jamás ha desempeñado un cargo público! Es interesante la idea de que presidente y primer ministro puedan intercambiarse como sus propios dobles, y compliquen así el trabajo de algún sicario centroeuropeo que pudiera empeñarse en magnicidio.

Por aquí también tenemos nuestros ocurrentes, y no todos están locos. El Conde del Guácharo, por caso, que simula una campaña por la Presidencia de la República «a paso de bebedores». El mero hecho de su lanzamiento habla volúmenes acerca de la miseria de nuestra política, pero quizás la impensable aventura sirva, justamente, para hacer contraste que resalte la peligrosísima insuficiencia política que nos aqueja. Ojalá la divertida campaña haga despertar conciencias, como bálsamo histriónico que sustituye a la anestesia ya agotada del campeonato mundial de fútbol, al tiempo que como indignante acicate. Lo que Benjamín Rauseo nos está diciendo, en un período constitucional que ha sido pasto de humoristas, es que nuestros políticos son asunto de risa.

Pero nadie supera en inventiva y ocurrencias a nuestro inefable Presidente. La última que ha inventado fue lanzada en Maracaibo, con motivo de la primera piedra—soldadura de tubo—del Gasoducto Transcaribe, en presencia de Álvaro Uribe Vélez y Martín Torrijos, Presidente de Panamá. Al presidente Chávez le ha parecido muy ocurrente e ingenioso bautizar la primera etapa del gasoducto con el nombre ¡de Antonio Ricaurte, patriota experto en voladuras autoinmolatorias! Esto, además, con discurso en el que arriesga la ira de guerrilleros colombianos, pues según reporta Mercopress (Agencia de Noticias del Atlántico Sur, órgano de MERCOSUR), Chávez habría aprovechado la ocasión para enfatizar vehementemente que ni ha apoyado ni apoyará a ningún grupo levantado en armas contra el gobierno colombiano. Dice Mercopress en su sitio web—traducimos del inglés; no hubo manera de acceder a una página en castellano—que Chávez afirmó: «Toda Colombia debe saber esto, todos los elementos políticos y militares y todo el pueblo de Colombia: ni el gobierno ni el pueblo venezolano apoyan o apoyarán ningún movimiento armado en Colombia». ¿Qué pasó con la veneración al Che Guevara? ¿Está Chávez incitando a los Ricaurte guerrilleros de Colombia a que vuelen el feto de gasoducto, asunto en el que son peritos?

LEA

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CS #194 – Zinedine Petkoff

 

¡Gol de Italia!

¡Gol de Italia!

Uno se entera por Internet de que un poco más de tres mil millones de personas—tres millarditos—vio por televisión el cabezazo con el que Zinedine Zidane derribara al defensa italiano Marco Materazzi, casi al término del match final de la Copa del Mundo. (Una genial caricatura de Weil muestra a la bota itálica perforando con un gol al Arco de Triunfo). Ni siquiera aquel repentino pecho descubierto de Janet Jackson, que encontrara como explicación el eufemismo de «disfunción de vestimenta», fue contemplado por tantos ojos. Mientras Zidane promete que hablará, las conjeturas ruedan por el planeta sobre la afrenta detonante de Materazzi: que éste habría llamado «musulmán terrorista» al astro galo, aludiendo a su origen argelino: Meritate tutti ciò, voi gli enculato di musulmani, sporchi terroristici (suena horrible); que se habría metido procazmente—según lectura de labios de una televisora brasileña—con la hermana de Zidane; que lo habría tildado de chavista; etcétera. Lo cierto es que tres millardos de televidentes vimos, atónitos, el frentazo del armador francés que dejara en el suelo a Materazzi. (Quien ahora dice que él es inculto, y que ni siquiera sabe lo que significa terrorista).

Lady Windermere no habría aguantado la tentación de identificar a Teodoro Petkoff con Zinedine Zidane. El viernes de la semana pasada quedó Petkoff fuera de la copa de las primarias, al propinar no uno sino varios cabezazos sobre la humanidad de Súmate, en declaración que muchos han tenido por destempladas. Al igual que con Zidane, tanto críticos como partidarios de Petkoff han apreciado que su declaración—si se la lee escrita no suena tan agresiva—se excedió, que el tono de su rechazo a las exigencias de la ONG fue violento, que su famoso carácter duro—que está en el fondo de mucho del rechazo que suscita entre los electores—emergió fuera de sus casillas, que no ha debido mostrarse tan molesto. Que, como Zidane, habría destruido con topetazos lo que había venido construyendo, no con los pies, sino con su pluma y su voz.

Otros críticos, sin embargo, no se quedaron en observaciones relativas a la urbanidad de su declaración, sino que propusieron censuras de fondo, comenzando por Alejandro Plaz, quien sugirió que la línea de Petkoff era la misma de José Vicente Rangel. Claro, así ripostaba lo más incómodo de lo dicho por el Director de Tal Cual. Refiriéndose a las exigencias del ultimátum de Súmate, dijo: «Estas condiciones parecieran surgidas del mismo espíritu que animó el decreto de Carmona del 12 de abril de 2002 y que llevaron a otros costosos errores en este largo lapso. Esos errores contribuyeron significativamente a reforzar el poder de Chávez en lugar de debilitarlo».

Ahora sus antiguos socios de triunvirato, Rosales y Borges, le sacan el cuerpo.

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Esta publicación previó, en la madrugada del pasado jueves, lo que iba a ocurrir. Rosales iba a inscribirse en las primarias y Borges no tendría más remedio que hacerlo. El tránsfuga es el primero de la pareja. Fue él quien se reuniera con María Corina Machado a puertas cerradas, y él quien «rescatara» las primarias cuando Súmate anunció el 27 de junio que no las organizaría. Henry Ramos Allup, que lo conoce bien, había pronosticado en petit comité: «Rosales terminará traicionándolos a todos».

El que Manuel Rosales haya mantenido por tan largo tiempo la indefinición de su candidatura ha detenido, como observara Argelia Ríos en alguna parte, el desarrollo de las demás, pero también la suya. Como se ha advertido acá más de una vez, la candidatura Rosales es la más vulnerable de todas las de oposición ante los ataques gubernamentales. Rosales está incurso en apoyo público y notorio al indescifrable decreto de Carmona Estanga, hecho del que fue testigo de excepción María Corina Machado, por encontrarse en el Salón Ayacucho de Miraflores esa fatídica tarde del 12 de abril de 2002.

El gobierno, que se divierte como gato cazador con ratón desesperado, incitó a Rosales por boca de Isaías Rodríguez, quien prometió detener el proceso por el antejuicio de mérito contra el gobernador del Zulia entretanto se definía si iba a ser candidato, para que no se dijese que la Fiscalía se empleaba como instrumento político. En otras palabras, que si Rosales se lanzaba a competir con Chávez por la Presidencia de la República, el procedimiento en su contra quedaría congelado. (Obviamente, hasta el 3 de diciembre. Al día siguiente un Rosales derrotado podría contar con que sería reabierto de inmediato, y entonces ya no sería gobernador, cargo del que habría tenido que separarse. El Artículo 229 de la Constitución dice a la letra: «No podrá ser elegido Presidente o Presidenta de la República quien esté de ejercicio del cargo de Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Ministro o Ministra, Gobernador o Gobernadora y Alcalde o Alcaldesa, en el día de su postulación o en cualquier momento entre esta fecha y la de la elección»).

De modo que lo más «sensato», «políticamente hablando», sería que Rosales no se lanzara como candidato presidencial, aun si ya se ha retratado con Súmate y llegare a triunfar en las primarias. No le ganaría a Chávez y se quedaría sin el chivo y sin el mecate, a la espera de la caída sobre su cuello de la espada de Damocles—o Danilo, que se la mostró en vida—que ahora blande el fiscal Rodríguez antes de envainarla. Que el procedimiento se suspenda temporalmente no significa que todo el asunto no sería ventilado amplia y ruidosamente por el gobierno durante toda su campaña.

Pero la numerosa insensatez (folly) política a lo largo de los siglos le valió a Bárbara Tuchman (dos veces Premio Pulitzer de Historia) para escribir medio millar de páginas acerca del fenómeno, que ella define como la prosecución de políticas contrarias al propio interés, a pesar de la existencia de políticas alternas viables y de la presencia de reiterados consejos contra la metida de pata. (Bárbara Tuchman, The March of Folly: From Troy to Vietnam. Murió antes de añadir lo que habría sido un seguro apéndice: el recuento de la actual ocupación de Irak). Esto es, la estupidez política, es su conclusión, es la regla y no la excepción. (Eco de Friedrich Schiller: «Contra la estupidez hasta los propios dioses luchan en vano»). No debiera descartarse, pues, que Manuel Rosales se empeñe en ser candidato contra Chávez, embobado con el espejismo de que le vencería.

Sería humanamente peor, de todos modos, que él siempre hubiese pensado en no postularse, que siempre hubiera tenido clara la estructura de su problema, y que hubiese dejado correr el expectante suspenso y así servir al desleal propósito de una tarjeta roja para Petkoff, con quien había suscrito un pacto, junto con Borges, del que ahora se desentienden.

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El guión de la película todavía está por completarse, y el domingo pasado fue revelado por Carlos Blanco, muy pero muy cercano a Súmate, en su acostumbrado artículo de prensa en El Universal. El título recuerda a Pompeyo Márquez: Se abre una rendija. Escribe Blanco:

Para que las primarias sean exitosas deben (sic) despejarse algunas circunstancias que todavía no están del todo claras. Una, es la de combatir los justificados temores de la población ante la persecución gubernamental; otra es la de asegurarse que las primarias no sean un trampolín de algunos precandidatos para desentenderse de las condiciones irrenunciables para la participación electoral».

Los psicólogos de la comunicación sostienen que, en la mayoría de los casos, quienes exponen una enumeración de puntos están realmente interesados en el último. Son las condiciones del sistema electoral lo que realmente importa a Carlos Blanco. Esta evidente cosa se reconfirma por la reiteración del tema a lo largo del artículo:

También es esencial que Súmate haya planteado lo de las condiciones electorales… El problema de fondo es que las primarias y la lucha por las condiciones electorales forman parte de un mismo y único proceso. Si el propósito de alguno de los candidatos es usar las primarias para encumbrarse y, luego, desentenderse de las condiciones electorales que se han planteado como irrenunciables, estaría mintiendo miserablemente al electorado. Sería una engañifa de patas muy cortas porque un candidato resultado de unas primarias, que luego pretendiera alzarse con el santo y con la limosna, desentendido del mandato del electorado de las primarias [destacado nuestro, para mostrar que continúa habiendo intérpretes de «mandatos»], para concurrir como fuese a las elecciones del 3 de diciembre, podría ser repudiado masivamente… Además, las condiciones que colocó [Súmate] en su emplazamiento son parte orgánica de la realización de las primarias; la idea de que éstas van por un lado y la lucha por las condiciones electorales por otro, es equivocada e inaceptable para la disidencia democrática… este camino tiene que ser mostrado como una vía en la cual se va a luchar en forma unitaria por unas elecciones limpias y libres. Si se advirtiera que no es éste el propósito, sino el de participar a como dé lugar, entonces el esfuerzo por las primarias se devolvería como un tsunami abstencionista». Esto es, no se va a las primarias para obtener un candidato, no se obtiene un candidato para conquistar la Presidencia de la República; todo se hace para «luchar en forma unitaria por unas elecciones limpias y libres».

Como buen guionista, Blanco deja para el final la insinuación de la verdadera finalidad: «Es la construcción de una poderosa herramienta, aun si después se hace necesario llamar a la abstención o a otros objetivos, en caso de no darse las demandadas condiciones«.

¿Por qué nos vendrá a la memoria el Informe Waller? («¿Qué hacer con Venezuela?», Center for Security Policy, Peace through Strength). Pues porque el guión es el mismo: «Para las elecciones de 2006 debe ponerse en práctica un nuevo proceso y modelo electoral para desanimar o por lo menos entorpecer la clase de fraude que ocurrió en 2004. Es probable que el régimen sabotee la implementación de cualquier nuevo proceso. Esto, por sí mismo, ayudará a consolidar el cambio de paradigma en la percepción precisa del gobierno venezolano como una dictadura… Aumentar significativamente la cooperación con socios hemisféricos y reunir inteligencia acerca de la asociación existente entre el régimen venezolano y estados patrocinantes del terrorismo, y exponer las conexiones bolivariano/terroristas. Una vez completado esto, es probable que otras opciones de acción reciban apoyo multinacional». (Destacado nuestro). Son conceptos y prescripciones del Informe Waller—publicado días antes de la visita de María Corina Machado a la Casa Blanca—que el Centro de Política de Seguridad presenta con palabras que incluyen las siguientes: «El informe enfatiza que todavía es posible un cambio de régimen en Venezuela sin el uso de la fuerza, aun cuando la acción militar pudiera necesitarse si el dictador decide hundir la infraestructura económica del país consigo, como trató de hacer Saddam Hussein en Irak». (Destacado de doctorpolítico). ¿Serán las «otras opciones de acción» de J. Michael Waller los «otros objetivos» de Carlos Blanco? ¿Será esto el «método Plaz»? Entonces ¿no se «estaría mintiendo miserablemente al electorado»?

Es notable en el escrito de Blanco que ataca no sólo a Petkoff, sino sobre todo a Manuel Rosales. A Borges lo menciona muy de paso sin criticarlo. A fin de cuentas, Julio Borges siempre—casi—abogó a favor de las primarias, y en años anteriores Primero Justicia y Súmate cooperaron. (Por ejemplo, con ocasión de las «encuestas de salida» del referendo revocatorio). Borges es, además, bastante más «de derecha» que Rosales o Petkoff. Parecería natural que fuera el favorito de los intereses más cercanos a Súmate. Si se tratara de postularse para retirarse con la idea de detonar una «crisis de gobernabilidad», sin embargo, sería más fácil contar con Rosales—involucrado en el «Carmonazo», no se le agua el ojo—que con Borges, quien ha dicho que llegaría hasta al final independientemente de las condiciones electorales que finalmente se impongan, y que ya ha declarado contundentemente: «Los que piensan que acá no hay salidas electorales, pues que organicen su conspiración. Los invito a que lo hagan. Conmigo no cuenten». (El Nacional, 29 de mayo de 2005).

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Aunque usted no lo crea, todavía existen partidarios de la restauración de una monarquía en Francia. Una de sus más recientes actividades ha consistido en intentar una reivindicación de María Antonieta, la imprudente y decapitada consorte de Luis XVI. Pero la reacción ante tal absurdo no se ha hecho esperar para poner las cosas en su sitio, y ciertos hechos han saltado a la luz. Por ejemplo, que María Antonieta prefirió rechazar la ayuda del «medio pelo» del Marqués de Lafayette, e instruyó a sus pocos partidarios en la Convención Nacional para que apoyasen a sus más radicales enemigos, pues según su juicio las peores amenazas en su contra suscitarían la intervención de las potencias extranjeras que vendrían en su auxilio. Esperaba sobre todo el salvamento de manos del prusiano duque de Brunswick; a fin de cuentas ella era princesa de Austria. Brunswick, en efecto, invadió Francia y profirió terribles amenazas contra los parisinos, que cumpliría en caso de violencia contra la familia real. La proclama fue hecha pública, y este hecho aceleró la decapitación del ciudadano Hugo Capeto y la de su esposa, María Antonieta de Austria, Reina de Francia, a sus 38 años de edad. Además, Brunswick fue derrotado poco después en la Batalla de Valmy (10 de septiembre de 1792), en la que se distinguiría heroicamente el mariscal de campo Francisco de Miranda, cuya conducta fuera premiada con su nombramiento como Comandante en Jefe de los Ejércitos de la República Francesa, y más tarde exaltada al inscribir su nombre en el friso del Arco de Triunfo. Diez días después de Valmy las fuerzas austro-prusianas iniciaban su retirada de suelo francés. La reina que había dicho que dieran tortas a los franceses que pedían pan, puso ella misma una torta mayúscula. Otro caso para la crónica de la estupidez.

Ahora se prepara una con ingredientes largamente macerados: las elecciones primarias que Súmate horneará. Como la Coordinadora Democrática, estas elecciones se asemejan a una lancha salvavidas que Enrique Jardiel Poncela definiera en Para leer mientras sube el ascensor: «Lancha que sirve para que se ahoguen juntos los que se iban a ahogar por separado».

José Vicente Carrasquero decía el viernes, ante asedio de Leopoldo Castillo, que tal vez Petkoff calculaba el fracaso primario para presentarse en ese momento a recoger los vidrios rotos. ¿Quién sabe? Zinedine Zidane, a pesar del agresivo cabezazo, fue distinguido como el mejor jugador del Mundial de Fútbol 2006 y claro, en cerradísima votación, con el Balón de Oro. LEA

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FS #101 – Legado de palabras

Fichero

LEA, por favor

En 1971 Oxford University Press publicaba el contenido de diálogos—más bien entrevistas—sostenidos entre Arnold Toynbee y el profesor Kei Wakaizumi, de la Universidad Kyoto Sangyo, obviamente en el Japón. El propósito de las conversaciones: examinar en conjunto una nutrida lista de preocupaciones de la generación emergente japonesa. Ciento setenta y siete años antes Friedrich von Schiller iniciaba sus Cartas para la educación estética del hombre, que tanta influencia ejercieron sobre la juventud alemana de la época, incluido en ella el futuro titán Georg Wilhelm Friedrich Hegel, cuya Fenomenología del espíritu tanto debe a aquéllas. Inscrito en esa tradición, André Maurois escribió en 1966, un año antes de su muerte, Carta abierta a la juventud de hoy, un fluido y poderoso texto sintético de su pensamiento. Dirigida a un joven amigo francés—en todo momento el discurso alude a la segunda persona—fue para Maurois una experiencia placentera. Así dice justo al comienzo: «Tengo ochenta años, usted veinte. Todos cuantos lo conocen me hablan de sus condiciones. Y he aquí que me pide usted algunos consejos sobre cómo conducirse en la vida, un ‘aprendizaje de experiencia’… Debo confesarle que su pedido me hace feliz… El que hubiera usted recorrido a mí, me conmueve y me da ánimo. Trataré de hacer con usted una recorrida en torno del horizonte».

André Maurois nació en Normandía llamándose Émile Salomon Wilhelm Herzog. El nombre por el que se hizo famoso es nom de plume que legalizaría en 1947. En 1938, luego de una prolífica carrera de escritor—historia, novela y hasta literatura infantil—fue admitido en la Academia Francesa, el más grande honor para un intelectual de tierra gala. Sirvió en el ejército de su país en ambas guerras mundiales, y a pesar de eso no perdió nunca su equilibrado y realista optimismo.

La Ficha Semanal #101 de doctorpolítico recoge las páginas iniciales del tercero de los capítulos de su Carta abierta, Los peligros de nuestro tiempo, de traducción (Emecé) proporcionada por Luis Alejandro Aguilar, uno de los entusiastas del libro. Hace cuarenta años de esta escritura, y sus palabras parecen aplicarse con asombrosa precisión a nuestras circunstancias, tanto venezolanas—Sukhoi, Kalashnikov—como mundiales—misiles coreanos, uranio iraní y fundamentalismo así wasp como islámico, liberal o socialista.

Maurois dice a su interlocutor que todo está por hacer para las futuras generaciones: «La función de ustedes tanto en el Este como en el Oeste será la de demostrar que se puede gobernar contra los fanatismos o mejor todavía sin ellos». La tarea es difícil, admite. No en vano Schiller había advertido en La doncella de Orleáns: «Contra la estupidez hasta los propios dioses luchan en vano».

LEA

Legado de palabras

Muchos hombres de mi edad se inclinan a loar el tiempo de su juventud y a criticar el actual. «Traten de imaginar, dicen, la seguridad de los franceses antes de 1914. No tuvieron guerra desde la de 1870, que comparada con nuestras matanzas, fue un juego de niños, sin destrucciones masivas. Se hablaba a veces de una guerra futura sin que se la creyera posible. Las armas, entonces, no amenazaban sino a los combatientes; los civiles podían creerse, lejos de los frentes de combate, en un estado de paz casi total. Las monedas eran estables; un dólar valía cinco francos, una libra esterlina veinticinco. Parecía que eso era un decreto inmutable de la Providencia. Nuestros padres hacían proyectos minuciosos para el porvenir de sus familias. Sus impuestos, sus alquileres, permanecían en niveles razonables. El átomo se mantenía tranquilo; los sólidos permanecían sólidos. La mayor parte de las jóvenes llegaban vírgenes al casamiento. Agricultores, industriales, comerciantes se sucedían de padres a hijos. Los negocios de familia conservaban su tradición. Hoy…»

Yo también amé el comienzo de este siglo; era entonces joven y confiado. Pero reconozco que ese cuadro idílico no era cierto. Una minoría se sentía segura de su porvenir; las masas no tenían ninguna garantía en caso de enfermedad o de vejez. La mayoría de los franceses vivía mal, sin confort, sin vacaciones; las horas de trabajo devoraban los días y los meses, sin despidos pagos. La ilusión de la seguridad militar no suprimía la amenaza de guerra, como los hechos lo han demostrado. Los impuestos directos eran livianos, es verdad, pero el Estado no asumía las cargas que le correspondían; los desdichados, los enfermos, los viejos sufrían más que hoy. No, no veo la edad de oro en nuestro pasado. En realidad no creo en una edad de oro; los hombres serán siempre hombres, es decir, una mezcla de héroes y de animales feroces.

Las leyes de la naturaleza no han cambiado. «Las nieves de antaño tenían la misma blancura que las de hoy. Sus copos remolineaban con la misma liviandad y caían igualmente silenciosos». Las gentes, cuando envejecen creen añorar el pasado. El buen tiempo viejo», dicen. «En el buen tiempo viejo se sabía amar; en el buen tiempo viejo los adolescentes, respetuosos, no llevaban blusones negros ni dorados». No es verdad. No se trata de que todo ande bien hoy. Pero todo ha andado siempre mal. ¿Las mujeres eran más virtuosas? ¿Las muchachas menos libres? No por cierto. Nunca la licencia de costumbres fue peor que en tiempos de Luis XV. ¿El mundo no vivía entonces en la angustia? Por cierto que sí. Las guerras de religión del siglo XVI fueron a su manera tan terribles como las guerras ideológicas del siglo XX. «Hay que aceptar lo que es y admitir lo que venga… Vivo en el tiempo del avión; y no tengo nostalgias de la diligencia… No hay nieve de antaño. Existe la nieve y su blancura».

Cuentas hechas, me siento feliz de haber vivido en nuestra asombrosa época. Que el hombre haya descubierto en medio siglo más secretos de la naturaleza que nuestros antepasados en veinte mil años, que haya conquistado fuentes de energías tan abundantes hasta hacerse casi demasiado fuerte, que haya emprendido la exploración del cosmos y se haya sumergido en el vacío interestelar, que vuele sobre la tierra de ciudad en ciudad a tres veces la velocidad del sonido, que construya máquinas que calculan y organizan mejor que los cerebros, es a la vez interesante y admirable. Su generación continuará esta marcha de descubrimientos con una velocidad acelerada. Todo les queda por hacer: elevar la biología a la precisión de la física, desmontar el mecanismo de la herencia, transformar la economía política en ciencia exacta. El trabajo no les faltará. No les faltará nunca. A medida que descubramos más, más sabremos que no sabemos nada.

Por otra parte no basta descubrir; es necesario, decía Valéry, adaptarse a lo que se descubre. No hemos asimilado todavía nuestros recientes inventos. ¿Conoce el dicho de Jean Rostand? «Es necesario que el hombre aprenda a ser poderoso». Poderoso y no todopoderoso. Porque no debemos exagerar. Saltar de la tierra a la luna, ir hasta Marte mismo y a Venus, hasta los cometas y las Galaxias, da una alta idea del valor y del ingenio del hombre; pero en proporción al Universo no es gran cosa. Si algún habitante de un electrón encontrase el modo de ir de su electrón al electrón vecino, todos los «electronianos» vociferarían el milagro. ¿Y qué? Eso que pasaría en la escala de los infinitamente pequeños, no tendría ninguna importancia cósmica. ¿Hemos hecho cuatro pasos en el vacío? ¿Qué son cuatro pasos en comparación con el infinito? Creemos saber lo que son las cadenas de moléculas portadoras de la herencia, pero cada una de esas moléculas es un mundo, e ignoramos lo que en ese mundo pasa. Los dos infinitos de Pascal permanecen fuera de nuestro alcance y así permanecerán siempre. No somos dioses. Sólo que nos hemos vuelto, de acuerdo con nuestra escala y sobre nuestra gota de barro, endiabladamente fuertes. Nos falta ser dignos de esa fuerza.

Tenemos los medios físicos para destruir la civilización y la especie, pero carecemos de poderes morales para oponernos a esa destrucción. Las naciones continúan blandiendo con aire amenazante sus rayos intercontinentales y nada prueba que de escalada en escalada no vayan a aniquilar al hombre antes que abandonar la delantera. Una de las tareas de su generación será (de ser capaces) poner fin a esos juegos pueriles y tontos. Que los héroes de Homero tuviesen entera libertad para injuriarse, se concibe; sus cuestiones de honor se resolvían en combate singular. Que los soberanos del siglo XVIII se hayan disputado territorios por las armas, es cosa que en rigor se puede admitir (aunque se los censure); esto no comprometería sino soldados de oficio. Pero que los dirigentes de nuestro tiempo estén prontos a provocar una guerra nuclear, es intolerable. Ninguna querella vale la muerte de centenares de millones de seres humanos y menos aun, una querella por palabras.

Y he aquí que son palabras sobre todo—y orgullos al vivo—lo que nos divide. «Los intereses transigen siempre, las pasiones nunca». El Este y el Oeste hacen hoy canjes provechosos para ambas partes. Se entienden con bastante facilidad en sus contratos comerciales. Sus sistemas políticos, económicos, son diferentes, pero tienden a acercarse. De hecho, Occidente, dominio de la libre empresa, admite innumerables intervenciones del Estado; el Este, imperio del socialismo, tolera y hasta alienta en su economía, el empleo de métodos occidentales. «Nadie se achispa ni se sacia con las etiquetas de las botellas». Comprendo que sea difícil para los jefes de ambos campos renunciar a sus querellas verbales. De ellas viven. Evocando al monstruo enemigo, justifican su autoridad, fanatizan las multitudes y calientan a rojo vivo los odios. Pero, de cuando en cuando la llama se vuelve. La función de ustedes tanto en el Este como en el Oeste será la de demostrar que se puede gobernar contra los fanatismos o mejor todavía sin ellos. Ya algunos jefes de Estado, capaces, con amplitud de miras y sentido realista, así lo han comprendido. Han renunciado a las justas de injurias. Pero todavía quedan en el mundo muchos rabiosos y la tarea no será fácil. La victoria sobre las palabras será cuestión de vida o muerte para la especie humana.

André Maurois

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LEA #193

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Mientras la oposición venezolana se escinde cada vez más profundamente entre participacionistas y abstencionistas, entre decantacionistas y primaristas, el presidente Chávez arropaba tan poco entusiasmantes diatribas con la firma de la entrada de Venezuela a MERCOSUR y volvía a picar adelante al sugerir un pacto de defensa del área. Así dijo durante el desfile del 5 de julio, en presencia de los presidentes de Argentina, Bolivia y Paraguay: «Debe llegar el día que el Mercosur tenga una organización de defensa, donde vayamos fusionando las fuerzas armadas de nuestros países y donde enmarquemos una estrategia propia de seguridad, de soberanía y de defensa».

No es la primera vez que Chávez alude a una «OTAN» de América del Sur. Tan temprano como en 1999 ya hablaba de la idea. Ésta es una conclusión natural de quien entienda que la integración que hace falta en el continente suramericano es, antes que económica o cultural, de carácter político. El suscrito, por ejemplo, opinaba en 1984: «En lo que se propone, pues, no se va más allá de justamente la misma previsión de los norteamericanos. No se va en contra de facultades actuales que no sean, por ejemplo, el derecho de practicar la guerra contra terceros, cosa que no creo sea muy interesante o práctica para ningún miembro de la confederación que se postula. No es éste el espacio para delinear lo que serían unos artículos de la Confederación Iberoamericana, pero se trataría en todo caso de cosas tales como la mencionada de la guerra y en general la diplomacia, el establecimiento de una moneda general del ámbito, la fusión de las deudas externas, el libre tránsito y comercio de los nuevos ciudadanos. Cosas, por ejemplo, como una policía federal, más potente, concederemos, que nuestras policías locales ante la vigente realidad de un crimen transnacionalizado».

Es decir, ya en aquel momento creía que había que seguir el ejemplo de la integración inmediatamente política de los Estados Unidos, en lugar del modelo tantas veces emulado, con poco éxito, de la multietápica integración europea. Los Estados Unidos crearon en 1776 un estado federal para transferirle, esencialmente, tres facultades monopólicas: la emisión de moneda, la cancillería, la defensa. Si América del Sur va hacia una integración política, es correcto que se piense en su unidad militar. El problema es que lo propone Chávez. En 1998 debió quitársele la bandera constituyente; ahora es preciso arrebatarle la de la integración.

Claro, Chávez aprovecha que el gobierno de los Estados Unidos está mas enredado que un mocho prendiendo un cohete: regañado y puesto en su sitio por la Corte Suprema respecto de las detenciones en Guantánamo, empeñado en Irak, ocupado con Irán, preocupado por los misiles de Corea del Norte, desvelado con los acontecimientos electorales de México, que tiene una peculiar historia de guerras civiles. López Obrador ha declarado en tono ominoso, sobre el diferendo electoral, que se estaría jugando con «la estabilidad» de México.

A los Estados Unidos la fuerza de las cosas terminará por imponerles lo que Rusia tuvo que hacer: contraerse en sus objetivos e intereses, so pena de una peligrosísima extensión excesiva. Con eso cuenta quien ahora tiene los nuevos juguetes de Sukhoi.

LEA

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