No mandarás (2)

Si uno observa con un poco de detenimiento a las sociedades dominantes, se dará cuenta de que en ellas abundan organizaciones para el pensamiento organizado sobre los problemas públicos. No debe ser casualidad que prolifere en los Estados Unidos toda clase de institutos de investigación y desarrollo de políticas. Las sociedades avanzadas procuran alcanzar racionalmente un destino favorable. Y ya no dudan de la enorme utilidad que estos centros de recomendación pueden rendir. Las ganancias que pueden derivarse de un solo estudio pueden justificar por sí solas toda la vida de un instituto.

Yo creo que hay una razón profunda para esa mayor presencia de los institutos de política en las sociedades dominantes, de un mayor espacio para ellos: en los sistemas biológicos y los sistemas sociales más evolucionados hay una mayor presencia de pensamiento organizado, que en lo social se concentra sobre la búsqueda de soluciones a los problemas públicos.

Resulta científicamente válido estudiar la arquitectura de los sistemas biológicos para obtener claves que orienten el diseño de sistemas políticos viables. Desde la emergencia de la cibernética como cuerpo teórico consistente ha demostrado ser muy fructífero el análisis comparativo de sistemas de distintas clases, dado que a ellos subyace un conjunto de propiedades generales de los sistemas. El descubrimiento de la «autosimilaridad», en el campo de las matemáticas fractales, refuerza esta posibilidad de estudiar un sistema relativamente simple y extraer de él un conocimiento válido, al menos analógicamente, para sistemas más complejos. Esto dista mucho de la ingenua y ya periclitada postura del «organicismo social», que propugnaba una identidad anatómica casi absoluta entre lo biológico y lo social. Con esta salvedad, vale la pena extraer algunas lecciones del funcionamiento y la arquitectura del cerebro humano, el obvio órgano de dirección del organismo.

El cerebro humano, a pesar de constituir el órgano nervioso más desarrollado de todo el reino de lo biológico, regula directamente muy pocas cosas. Más específicamente, la corteza cerebral, asiento de los procesos conscientes y voluntarios de mayor elaboración, sólo regula directamente los movimientos voluntarios del organismo. La gran mayoría de los procesos vitales son de regulación autónoma (muchos de ellos ni siquiera son regulados por el sistema nervioso no central, o sistema nervioso autónomo). La analogía con lo económico es inmediata. La economía, según la observamos, tiende a funcionar mejor dentro de un ambiente de baja intensidad de regulación.

La corteza cerebral puede emitir órdenes incuestionables al organismo… por un tiempo limitado. Puede ordenar a los músculos respiratorios, por ejemplo, que se inmovilicen. Al cabo de un tiempo más bien breve esta orden es insostenible y el aparato respiratorio recupera su autonomía. Este hecho sugiere, por supuesto, más de una analogía útilmente aplicable  para la comprensión de la relación entre gobierno y sociedad. Ninguna sociedad tolera por mucho tiempo los gobiernos dañinos u opresores.

Más aún, es sólo una pequeña parte de la corteza cerebral la que emite estas órdenes ineludibles. La circunvolución prerrolándica, o área piramidal, es la única zona del cerebro con función motora voluntaria, la única conectada directamente con los efectores músculo-esqueléticos. Esa corteza motora, la corteza de las células piramidales, abarca la extensión aproximada de un dedo sobre toda la amplia superficie de la corteza cerebral. En el cerebro los caciques son, como debe ser, los menos.

Un tercio de la corteza restante es corteza de naturaleza sensorial. A través de los cinco sentidos registra información acerca del estado ambiental o externo; a través de las vías sensoriales propioceptivas se informa acerca del estado del medio interno corporal.

La gran mayoría de la superficie cortical del cerebro humano es corteza asociativa. Emplea la información recibida por la corteza sensorial, coteja recuerdos almacenados en sus bancos de memoria, procesa emociones y es la que verdaderamente elabora el «telos», la intencionalidad del organismo humano. Es interesante constatar este hecho: en la corteza cerebral hay más brujos que caciques. Y este otro: mientras más evolucionada es la especie más corteza asociativa posee el cerebro de sus miembros. Parece ser que el pensamiento es una necesidad vital, ya no de le especie homo sapiens, sino en ella, y a través de ella, como vio Pedro Teilhard, de toda la evolución, de toda la vida.

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Yugo Chávez es un mentiroso

El Diario

Quiero dejar constancia de que yo me contaba, bastante antes del intento chavista de 1992, entre quienes pensaban que Carlos Andrés Pérez debía renunciar a su investidura presidencial. En este mismo diario escribí el 21 de julio de 1991: “El Presidente debiera considerar la renuncia. Con ella podría evitar, como gran estadista, el dolor histórico de un golpe de Estado, que gravaría pesadamente, al interrumpir el curso constitucional, la hostigada autoestima nacional. El Presidente tiene en sus manos la posibilidad de dar al país, y a sí mismo, una salida de estadista, una salida legal”.

Esto es, propuse esa salida bajo la angustia de la matriz de opinión que ya se había formado en el primer semestre de 1991, acosado de escándalos, y que consistía en suponer que sólo existía la disyuntiva Pérez o golpe. Fue precisamente en un intento, obviamente infructuoso, de mostrar un cauce constitucional. Estaba seguro de que la presión popular y democrática era el camino correcto para desalojar a Pérez del gobierno, ante la posibilidad de un expediente conspirativo y antidemocrático, como el que después intentaría Hugo Chávez Frías.

Dicho sea de paso, ese artículo suscitó unas pocas reacciones. Herminio Fuenmayor declaró que había en marcha una campaña para lograr la renuncia de Pérez. (¡Un artículo!) El General Alberto Müller Rojas, hoy en día jefe de campaña de Hugo Chávez Frías, escribió en El Diario de Caracas sobre la ingenuidad de mi proposición. (Al año siguiente, y luego de la intentona, volvió a escribir en adulación a Uslar Pietri, señalándolo como “el primero” que había solicitado la renuncia de Pérez. La verdad era que un mes escaso antes del golpe Uslar proponía que ¡Pérez se pusiera al frente de un gobierno de emergencia nacional! El interés oportunista de Müller Rojas era obvio: habiendo gravitado antes por los predios de aquel “Frente Patriótico” que lideraba Juan Liscano, quería ahora ser contado entre “los notables” que rodeaban a Uslar Pietri). Y también el director de El Diario de Caracas de la época, Diego Bautista Urbaneja, publicó un extenso artículo para comentar mis ideas al respecto y las de Luis Alberto Machado. Urbaneja opinó seis meses antes del 4 de febrero de 1992 que no había peligro de golpe de Estado—gran visión—y además, echando en falta argumentos éticos en mi proposición, dijo no tener duda de que Pérez daría una gran lección de ética renunciando, pero que el país “no estaba en condiciones de asimilar lecciones morales”. En un segundo artículo en respuesta a tan asombrosas declaraciones de Urbaneja, escribí: “Donde discrepo de Diego Urbaneja es en cuanto a su apreciación de que Venezuela no está en capacidad de aprovechar lecciones morales. Es precisamente eso lo que el país está solicitando a gritos. Pero no es Pérez  quien nos va a dar lecciones de moral con la renuncia que debiera comenzar a redactar. Es el país quien se la daría a Pérez, exigiéndosela”. Urbaneja jamás permitió que ese segundo artículo fuese publicado.

Vedados los caminos de Urbaneja, el relanzado diario El Globo publicó varios artículos míos sobre el tema de la renuncia de Pérez, el más virulento de los cuales salió publicado ¡el 3 de febrero de 1992, un día justo antes del fracasado golpe chavista! (Admito haber temido que la DISIP o la DIM me visitaran, pues sería natural que pensaran que yo estaba “dateado”. En realidad mis “datos” provenían de una predicción que había adelantado en 1987, en trabajo sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela: “Así, la probabilidad de un deterioro acusadísimo sería muy elevada y, en consecuencia, la probabi­lidad de un golpe militar hacia 1991, o aún antes, sería considerable”. También, como ya he señalado, porque ese deterioro acusadísimo se había dado a comienzos de 1991, con la sucesión de escándalos como el caso Florida Cristal, la extorsión televisada de Lamaletto, los escándalos militares en torno a Gardenia Martínez y el jefe de seguridad de Pérez, la muerte criminal de Lorena Márquez, etc.) En el artículo que me fue publicado en vísperas del abuso chavista decía así: “Esto es lo que debemos decir en febrero: que Carlos Andrés Pérez ha fracasado. Que no queremos su mando. Que nuestra armazón constitucional, por fortuna, tiene modo de suplirle. Que necesitamos de vuelta las facultades que le dimos, porque es él la encarnación y la síntesis de lo que no puede seguir siendo políticamente en Venezuela. Que todo eso lo hemos venido diciendo en las encuestas. Que no queremos esperar hasta febrero de 1994. Que la cosa es ya”.

Los lectores perdonarán, espero, esta larga enumeración de credenciales, la que considero necesaria para afirmar con autoridad lo siguiente: Hugo Chávez Frías miente. Y lo peor es que lo hace a conciencia.

Una de sus reiteradas explicaciones, cuando intenta defender su infeliz ocurrencia del 4 de febrero de 1992, es que el frustrado levantamiento de esa fecha se produce como rectificación “bolivariana” de los acontecimientos del 27 y el 28 de febrero de 1989. La lógica chavista procede más o menos de este modo: primero, Simón Bolívar había señalado que un ejército sería maldito si enfilaba las armas contra su pueblo; segundo, Carlos Andrés Pérez ordenó al ejército venezolano enfilar sus armas contra el pueblo en 1989; tercero, en consecuencia, la asonada del 4 de febrero no fue otra cosa que el castigo merecido por el pecado perecista.

Eso es mentira. Mentira dicha con el mayor desparpajo, con el mayor irrespeto por la inteligencia y la memoria de ese pueblo que él dice defender. Durante su breve prisión en el penal de Yare, cuando no preveía aún el posterior desarrollo de los acontecimientos y por tanto se encontraba algo descuidado, Hugo Chávez Frías admitió que el grupo que encabezó el intento de golpe de Estado de 1992 llevaba muchos años conspirando, por lo menos cinco años antes de que se produjeran los disturbios de 1989, la excusa que ahora ofrece como explicación.

Hugo Chávez Frías miente. Miente cuando dice y repite que el artículo 250 de la Constitución Nacional lo obligaba a la asonada. (Así declaró, por ejemplo, a la revista Newsweek en 1994). Hugo Chávez Frías miente. Porque el texto del artículo 250, que por sí solo constituye el Título XI (De la inviolabilidad de la Constitución) lo que dice en su primer inciso es lo siguiente: “Esta Constitución no perderá vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o fuere derogada por cualquier otro medio distinto del que ella misma dispone. En tal eventualidad, todo ciudadano, investido o no de autoridad tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia”.

Veamos entonces. Hugo Chávez Frías estaría diciendo la verdad, por una parte, si el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez hubiera dejado de observar la Constitución por acto de fuerza o la hubiera derogado por un medio distinto del que ella misma dispone. Y es muy claro que ninguno de esos dos casos estuvieron presentes en 1992. Por otra parte, no creo que puede sostenerse que una conspiración militar, preparada largamente, puede ser entendida como una “colaboración” para el restablecimiento de la efectiva vigencia de la Constitución. Al contrario, nada hay más inconstitucional que la única acción notoria de Hugo Chávez Frías. (Artículo 115 de la Constitución: “Los ciudadanos tienen el derecho de manifestar pacíficamente y sin armas, sin más requisitos que los que establezca la ley”. Artículo 119: “Toda autoridad usurpada es ineficaz, y sus actos son nulos”. Artículo 120: “Es nula toda decisión acordada por requisición directa o indirecta de la fuerza, o por reunión de individuos en actitud subversiva”.)

Hugo Chávez Frías no ha admitido, y parece que nunca lo hará, que el episodio del 4 de febrero de 1992 fue un verdadero abuso contra el pueblo. El derecho de rebelión es un derecho sagrado y serísimo cuya residencia es el pueblo y jamás puede pretenderse que es prerrogativa de una logia conspirativa. Así lo recoge, por ejemplo, la Declaración de Derechos de Virginia (1776): “…cuando cualquier gobierno resultare inadecuado o contrario a estos propósitos—el beneficio común y la protección y la seguridad del pueblo, la nación o la comunidad—una mayoría de la comunidad tendrá un derecho indubitable, inalienable e irrevocable de reformarlo, alterarlo o abolirlo, del modo como sea considerado más conducente a la prosperidad pública”. La norma de Virginia exige como sujeto de la acción una mayoría de la comunidad, y ni los oficiales sublevados representaban una mayoría de la comunidad ni una mayoría de ésta admitía un golpe de Estado como salida a la muy desagradable situación. En estricto sentido, pues, Hugo Chávez Frías y el resto de los conjurados, abusaron de nosotros, enviando a la muerte a soldados que no sabían a lo que iban y que terminarían matando a sus compañeros de armas. Hugo Chávez Frías, que continúa mintiendo respecto del origen de su periplo político, es claramente una personalidad autoritaria, totalitaria, que insiste en justificar su abuso, su irrespeto al ciudadano, su desconsideración acerca de la opinión de la mayoría. Ese autoritarismo no haría otra cosa que exacerbarse en posesión del poder que ya pretende arrogarse. Más honesto sería de su parte admitir que se le conozca más bien como Yugo Chávez Frías. Gloria al bravo pueblo que el yugo lanzó.

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Un bateador emergente

La Verdad

Ahora que comienza a ponerse de moda la posibilidad de un “emergente” en materia de candidaturas presidenciales—lo que es permitido por el artículo 151 de la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política—puede resultar interesante fijar los parámetros que pueden regir la emergencia exitosa de un líder no convencional, de un outsider.

El primer rasgo indispensable en el líder que pueda orientar a su favor la considerable potencialidad de un voto harto de lo tradicional y de su ineficacia, es que sea un verdadero outsider. Hay, al menos, dos sentidos en los que este concepto de outsider se aplicaría en este contexto.

Para comenzar, el candidato debe ser un político que pueda ser percibido como estando fuera del establishment de poder venezolano. No necesariamente significa esto que el candidato deba estar contra  la actual articulación de poder en Venezuela. Simplemente es necesario que no se le perciba como formando parte de la red de compromisos que caracterizan a la configuración actual.

En una reunión del “Grupo Santa Lucía” de hace unos años, Allan Randolph Brewer Carías advirtió a los asistentes: “Estamos hablando del Estado como si se tratara de un caballero que se encuentra en la habitación de al lado, que está a punto de entrar y de ser presentado a nosotros. Pero la verdad es que todos nosotros hemos sido el Estado. De quien estamos hablando es de nosotros”.

Lo que Brewer quería decir es que las elites de Venezuela forman parte de un sistema consensual que determina una buena parte de las políticas principales, o al menos el esquema general de la cosa política. En el caso de un líder político tradicional, por ejemplo, sus buenas intenciones hacia, digamos, una mayor democratización, se encuentran impedidas por las trabadas reglas de juego de su partido.

El pueblo sabe, empírica o intuitivamente, que una persona, participante directo de la configuración de poder actual, carece de la libertad necesaria para acometer los cambios que sería necesario introducir a través de tratamientos novedosos a la situación política. Para ponerlo en otros términos: un líder que ostente en los momentos actuales una cantidad significativa de poder, estará al mismo tiempo muy impedido por la serie de transacciones en las que, con toda probabilidad, habrá debido incurrir para acceder a la posición que ocupa y para mantenerla.

Hay un segundo sentido, más específico, en el que el candidato que pueda resultar la sorpresa debe ser un outsider. Debe serlo también en términos de estar afuera o por encima del eje tradicional del “espacio” político. Tal eje viene determinado por un continuum más o menos lineal, que va desde las posiciones de “izquierda” hasta las posiciones de “derecha”. Esta es una división tradicional del campo político, pues responde al criterio de que el principal “problema social” (o político), consiste en distribuir la renta social: si se acomete este asunto con preferencia para “los pobres” entonces se es izquierdista; si esto se hace con preferencia por “los ricos”, entonces se es derechista.

No es éste el sitio para describir otra noción política más moderna que considera obsoleto el planteamiento anterior, definitorio de “derechas” e “izquierdas”. Pero el candidato que pretenda tener éxito deberá ser outsider también en el sentido de no situarse en alguna posición del eje referido, sino en un plano diferente.

La segunda característica importante (a nuestro juicio más importante que la condición de outsider ) que debe ostentar un candidato con posibilidades de “dar la sorpresa”, es la posesión de tratamientos suficientes y convincentes para la crisis.

La base de esta condición consiste en poder partir de una concepción de lo político que comprenda importantes y hasta radicales diferencias con las concepciones convencionales. En la raíz de tal concepción está la necesidad de una sustitución de paradigmas políticos, en el sentido que Tomás Kuhn da al término paradigma. Es decir, nos hallamos ante una realidad social y política que ya no puede ser comprendida por los planteamientos y enfoques convencionales, lo que es la causa de fondo de la crisis de gobernabilidad. No es el caso que los políticos tradicionales tengan las recetas adecuadas y por “maldad” se resistan a aplicarlas. El punto es que no las saben.

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Turmoil or disarray

El Diario

Me dice Francisco que uno debe distinguir entre agitación y desarreglo. El país no está agitado, me dice; el país está desarreglado.

Claro que hablábamos de lo que estaba pasando en Copei, en la Causa R, en torno a la candidatura de Irene Sáez. Ya se ha pedido públicamente la renuncia de Luis Herrera Campíns y Donald Ramírez y la convocatoria de un directorio nacional del partido verde para manejar el desastre. Por lo menos en cinco estados del país ha habido confrontación de autoridades nacionales y regionales, renuncias y pases a tribunal disciplinario. Por lo que respecta a la Causa R nada menos que su líder principal Andrés Velásquez inició un proceso de separación de la candidatura de Irene Sáez. Viendo con claridad que Sáez perderá irremisiblemente, se aferró del pretexto de la alianza de AD, Copei e Irene en el Distrito Federal para el rompimiento de vestiduras de estilo. Está comenzando a generalizarse una clara impresión de que Alfaro Ucero ni siquiera llegará a un 10% real. Continúa la consolidación en torno a Salas Römer y a Chávez. Eduardo Fernández intenta promover una alianza en torno a uno de los candidatos existentes (Salas Römer, por supuesto) o en derredor de alguien que no haya sido nominado aún porque así lo permitiría la declinación de uno o varios de los postulados según el artículo 151 de la ley electoral y dice que él nunca sería ese emergente. Fermín lo refuta y le acusa de querer recuperar un protagonismo que no tiene. Un conocido banquero planea recibir en su casa a Chávez para una séance priveé.

En una sola semana es puesto en libertad Larry Tovar Acuña, la Corte Suprema de Justicia confirma la prescripción de la causa contra la esposa del Dr. Lusinchi, fracasa la licitación que aspiraba “privatizar” las empresas estatales del sector alumínico. Ninguno de estos hechos ayuda a la felicidad psíquica de los venezolanos y refuerza la desesperación y el apoyo a Chávez como salida destructora de un estilo político cada vez más odiado o, al menos, despreciado.

Por tanto, lo próximo que veremos será la confrontación de Salas Römer y Chávez, puesto que el primero va de segundo en estos momentos. Mi vaticinio: gana Chávez de calle una confrontación con Salas Römer. (En cabeza del mayor número de votantes). Y a la hora de que claramente, ninguno de los actuales pretendientes pueda detener a aquél, el esquema dibujado originalmente en público por Pompeyo Márquez, el emergente postulado bajo los supuestos del 151 de la Ley del Sufragio y Participación Política, se convertirá en una necesidad. Y si entonces se pretende que ese emergente es Ledezma—que nunca superó 1% en las encuestas—o Giusti—que necesitamos como chivo expiatorio de la situación petrolera—o cualquier otro que no sea un verdadero outsider, tampoco podrá impedirse, por medios democráticos, que Chávez llegue al poder. Siempre quedan, por supuesto, las alucinaciones del golpe de Estado preventivo o curativo y la estupidez y el crimen horrendo del atentado. A Chávez sólo podrá ganarle un verdadero outsider que sepa presentar al país una propuesta entusiasmante, no un paladín cuyo único norte sea combatirlo. El pueblo sabe, empírica o intuitivamente, que una persona, partici­pante directo de la configuración de poder actual, carece de la libertad ne­cesaria para acometer los cambios que sería necesario introducir a través de tratamientos novedosos a la situación política. Para ponerlo en otros términos: un líder que ostente en los momentos actuales una cantidad signi­ficativa de poder, estará al mismo tiempo muy impedido por la serie de tran­sacciones en las que, con toda probabilidad, habrá debido incurrir para ac­ceder a la posición que ocupa y para mantenerla.

Chávez trae toda la carga, por supuesto, de violencia y autoritarismo. Hoy en día, por poner un caso, su jefe de campaña es Alberto Müller Rojas—un ex general de división jefeado por alguien que sólo llegó a alcanzar un rango de tres escalones por debajo de él, un ex teniente coronel—y que, dicho sea de paso, ha declarado ya varias veces que él fue uno de los nueve que votó en contra de esa candidatura en el seno del PPT. Pareciera que Chávez se venga de esa oposición mandándole. Pues bien, de visita en mi casa en el año 1991, Müller Rojas quería venderme la siguiente fórmula: “Este país se arregla con tres mil entierros de primera clase”. Luego me sugirió una operación bastante más económica: una bomba plantada en el entierro de Gonzalo Barrios, que para la época no había fallecido todavía. Cuando le pregunté qué vendría después, me contestó que eso no importaba. Que ya se vería. Recuerdo haberle sugerido que es una gravísima irresponsabilidad intervenir quirúrgicamente si se desconoce lo que habrá que hacer en el proceso postoperatorio.

Pero esa percepción de Müller es la percepción básica de Chávez y del núcleo principal de quienes le acompañan. No es, todavía, una percepción generalizada en todo aquél que manifiesta una intención de votar por él, y mucho menos entre quienes pueden ofrecerle y darle, como ya se hace, un apoyo económico significativo.

En todo caso, el país camina actualmente por las rutas del desarreglo, sin haber entrado aún en el cauce de la agitación. Y esta es una situación que permite, estimula, exige, la invención y la creatividad en materia política. En el estudio de los sistemas complejos se conoce cómo es que un sistema puede evolucionar, por decirlo así, en el borde del caos, en gran diferencia respecto de los sistemas plenamente caóticos. Esto es un resultado de la tendencia, observable en cualquier sistema complejo, hacia la autorganización. Más aún, la condición que los expertos llaman “caos débil”, es muy común en la naturaleza. Es el estado normal de los sistemas más dinámicos en cuanto a potencialidad evolutiva. Tan castrante del cambio creativo es el excesivo rigor, el excesivo orden, como el caos pleno.

Resbalemos, pues, por este borde del caos, en este desarreglo, con los ojos bien abiertos y la imaginación bien dispuesta, porque así vamos a encontrar la verdadera salida, la que no puede ser, naturalmente, la de la aniquilación prevista por el jefe de campaña de Chávez. Y es que sobre la candidatura de Chávez pende la misma condena que ahora se ejecuta sobre la candidatura de Irene Sáez, quien hasta no hace nada estaba exactamente en el sitio y nivel que Chávez ahora ocupa en las encuestas. Lo que han hecho los Electores es sustituir a Irene por Hugo, como expresión de un descontento generalizado con la política que está llegando a su fin. De nuevo me atrevo a vaticinar: va a llegar el momento del desplome de la candidatura de Chávez.

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Oración fúnebre por Adolfo Aristeguieta Gramcko

adolfo

El explorador

Para Eva y sus hijos

 

Yo estaba esperando que Adolfo regresara de El Junko, donde seguramente estaría durante el fin de semana, para hablarle del último número de Newsweek o enviarle por fax las páginas pertinentes de una edición cuyo tema de portada era el siguiente: la ciencia encuentra a Dios. Porque hace mucho tiempo ya que la ciencia de Adolfo había hecho eso precisamente: encontrar a Dios. Su conversación, en el fondo, era siempre sobre eso.

Profesor, médico, psiquiatra, homeópata, médico alterno, lo que buscó y encontró siempre fue a Dios. En todo lo veía.

Nos presentó Pedro, Pedro Teilhard, la Nueva Piedra. Yo hablaba por radio de vez en cuando y él me oyó decir que yo canonizaría a Pedro Teilhard, a Pierre, le Nouveau Pierre. Entonces me llamó por teléfono e intercambiamos textos y almorzamos juntos y se inició nuestra amistad. Una amistad totalmente teilhardiana. Adolfo era un intenso y seguro teilhardiano; nos conmovía la Misa sobre el mundo, del Himno al universo, que dice así: “Porque una vez más, Señor, no ya en los bosques de l’Aisne, sino en las estepas de Asia, yo no tengo ni pan, ni vino, ni altar, me elevaré sobre los símbolos justo hasta la pura majestad de lo Real y te ofreceré, yo tu sacerdote, sobre el altar de la Tierra entera, el trabajo y la pena del mundo”.

Puisque, une fois encore, Seigneur, non plus dans les forêts de l’Aisne, mais dans les steppes d’Asie, je n’ai ni pain, ni vin, ni autel, je m’élèverai par-dessus les symboles jusqu’à la pure majesté du Réel, et je vous offrirai, moi votre prêtre, sur l’autel de la Terre entière, le travail et la peine du Monde.

Palo’e misa, sí señor.

Ese culto a Teilhard que compartíamos nos acercó, no hay duda, pero pronto encontramos otros intereses comunes. Realmente nos reuníamos y comunicábamos para hablar de política nacional, y naturalmente nos confiábamos problemas o alegrías personales. Pero Adolfo Aristeguieta Gramcko era político. Era infalible, para empezar, en materia de justicia social. Esto le venía de una sensibilidad especial y una rapidez prodigiosa para relacionar la varia simultaneidad del flujo político. Le venía de una invariable irritabilidad ante lo injusto.

Luego, él era, por encima de todo, un político de la educación. Y aquí lo vemos de nuevo defendiendo la utilidad humana de la información acerca de Dios. En sus Reflexiones ante un Plan de Educación y Asistencia al Menor, lo decía con toda claridad: “En última instancia: una cosa es adoctrinar en la escuela pública y laica para la adhesión a un credo religioso, y otra es educación sobre las religiones en el mundo, su sentido cultural y social, su importancia en la conducta humana y para la vida del hombre, dando a éste una proyección trascendente… Negarse a esto último es actuar contra la persona, contra el desarrollo cultural del hombre. Es como amputar un aspecto central del desarrollo de su pensamiento y su personalidad”.

Si en Venezuela se educara como quiere Adolfo sus habitantes seríamos mucho mejores. Siempre en sintonía con el soma y con el alma de sus connacionales, a cuya profundidad llegaba en tanto psiquiatra, propone en esas Reflexiones, por ejemplo, lo siguiente: “En una sociedad como la nuestra, donde la carencia de la figura paterna es frecuente, es un error que cada año el alumno cambie de maestro. Proponemos que el maestro siga con su grupo de alumnos hasta verlos terminar la etapa escolar en la cual aquellos se encuentran. Terminado el proceso gozará de su año sabático y estará listo para comenzar, no con una nueva clase sino con una nueva generación de alumnos”. Sus proposiciones son así: claras, poderosas, simplísimas. “Más útil que combatir las drogas es enseñar a valorar la vida”.

…………

Adolfo era un explorador, un scout. Un explorador de ambos mundos, porque fue importantísimo dirigente Scout en Venezuela, con una fe de bretón en el contacto directo con la Naturaleza, y porque su curiosidad intelectual lo llevaba por el Tarot y por Jung, por la homeopatía y el I Ching, por lo alterno, por lo poético, por lo literario, por lo musical. Siempre exploraba.

Y lo que estaba buscando era a Dios. Si de algo de Adolfo estoy seguro es de que lo encontró. Por eso yo sé dónde está ahora: conversando con Pedro Teilhard en la Noosfera, en la que él creía sin la menor duda. Lo que sigue lo he tomado del final de su discurso de incorporación a la Academia de Historia de la Medicina:

Entonces, pues ¿a dónde vamos? Es la misma terrible pregunta de siempre. La misma del comienzo de todo comienzo; ésa también la misma en la que se ancla la angustia existencial óntica del hombre, que no ha podido a fuerza de tranquilizantes –ni podrá– calmar la Medicina. ¿A dónde vamos? Pues a lo desconocido, al misterio. Adonde sólo sabemos que vamos por una intuición, y que sólo tenemos cuando nos lleva la vida con la marca de la fe de la esperanza… El inolvidable pensador Teilhard de Chardin nos ofreció su respuesta: vamos al Punto Omega, pero antes habría que aparecer sobre la faz de la tierra una nueva capa, una que sólo podía darse por la inteligencia y el arte del hombre, cumpliendo su tarea de socio de la Divinidad en la construcción del Universo: la Noosfera, un tejido planetario invisible de conciencia en desarrollo. En esa nueva capa de la Tierra una vez constituida, surgirá un nuevo hombre con una nueva conciencia ecológica planetaria y una nueva ética centrada en el fenómeno de la vida… Ante la incertidumbre de lo que nos espera, volviendo la vista a la lección del pasado comprenderemos que ante lo desconocido esta vez no debemos temer. Los cambios por venir son incomparables con cuantos se han vivido. Vienen hermosos tiempos. Estamos a las puertas de un MOMENTO CUMBRE de la HISTORIA.

………

Adolfo, tienes razón. Las cosas que tú soñaste van a ocurrir. Sólo te pido que no te olvides de nosotros.

LEA

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