La tarea principal de la edición #305 de Dr. Político en RCR fue la de desmontar un vistoso y falaz artículo de Rafael Ramírez, cuyo fin era el de salvaguardar las ejecutorias de Hugo Chávez con la tesis de que sus presuntamente asombrosos logros habrían sido destruidos por Nicolás Maduro. Ramírez también propuso que la Asamblea Nacional Constituyente se ocupe de asegurar su cesantía desde dentro del chavismo. De autor desconocido, la canción Llorona, del folclor mexicano, se escuchó en recuerdo de Eduardo Quintana Benshimol. En homenaje a otro amigo desaparecido, Eduardo Plaza Aurrecoechea, la Fuga Criolla, de su tío Juan Bautista Plaza, fue la segunda ofrenda musical de la ocasión. He aquí el archivo de su audio:
En el día de hoy, el programa #304 de Dr. Político en RCR esbozó elementalmente el problema hiperinflacionario venezolano, y luego destacó la contradicción de señalar violaciones del oficialismo a la Constitución para abogar porque se la viole para dar al traste con el Gobierno. En atención a los deseos de una oyente se escuchó el comienzo de la Suite para guitarra de Inocente Carreño en ejecución de Alirio Díaz, y en sintonía del Campeonato Mundial de Fútbol una versión instrumental del Himno Nacional de Rusia, cuya música compuso Alexander Alexandrov en 1939. He aquí el registro de audio del programa:
La refutación de un pasaje aristocratizante de Javier Marías, en su más reciente novela (Berta Isla), estableció la línea de defensa del Pueblo en la transmisión #303 de Dr. Político en RCR. La hermosa canción Viena, ciudad de mis sueños, de Rudolf Sieczyński, y el vals antonomástico de Johann Strauss hijo, El Danubio Azul, rindieron homenaje a la capital cultural de Europa a inicios del siglo XX. Éste es el archivo de audio de hoy:
La disertación de Asdrúbal Aguiar en el video acá insertado es de las más serias y agudas que haya visto recientemente acerca del caso venezolano. Naturalmente, el Dr. Aguiar es un testigo excepcional; en la primera fila de muchos procesos críticos de la política inmediatamente prechavista, almacena en su experiencia, vívidamente relatada, lecciones útiles que aunque insuficientes son imprescindibles para la comprensión de nuestra patología nacional.
La conversación con Gaby Perozo se inicia con algo a lo que se le da más importancia que la que tiene: su pregunta acerca de si vivimos bajo una dictadura y de qué tipo es ésta. En La conspiración de los holgazanes (1º de marzo de 2018) dejé caer: «Bautizar un problema no es lo mismo que resolverlo. Nuestro problema no es taxonómico, no es decidir si Maduro es morrocoy o cachicamo, si su régimen es una dictadura, una democracia, una subdictadura (una vez diagnosticaron a mi madre de tiroiditis subaguda) o una subdemocracia». La contestación de Aguiar es de las mejores que he escuchado, pues implícitamente admite que puede decirse muchas cosas distintas acerca del tipo de régimen de la actualidad; esto es, que ubicarlo taxonómicamente no es un problema crucial. Por lo demás, todos los gobernantes autoritarios se parecen:
Napoleón Bonaparte enseñó a todos los líderes autoritarios que le han sucedido los elementos esenciales de la dictadura: la propaganda, una policía secreta eficaz e inexorable que constituye un estado dentro del estado, el empleo de dispositivos democráticos como el plebiscito para suscitar apoyo popular del régimen, la burocratización de las instituciones críticas como la educación y la religión de forma que puedan convertirse en instrumentos de adoctrinamiento, y el valor de las aventuras externas para hacer soportable la represión doméstica. (Jerome Blum, Rondo Cameron &Thomas G. Barnes: The European World, 1966).
El comunismo, el nazismo, el fascismo, el pinochetismo, el perezjimenismo aprendieron al caletre la lección bonapartista.
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Las anécdotas referidas por Aguiar son precisas y al punto; también son pertinentes y pedagógicas. Sin embargo, echo en falta algunas omisiones; por ejemplo, la determinante influencia de la esclerosis del paradigma convencional, que entiende la política como lucha por el poder que se legitimaría con la excusa o coartada de una ideología cualquiera. Es decir, lo que causa ya no una crisis política particular en un país específico, sino la crisis de la política misma en todo el mundo, manifestada en la disfuncionalidad de los estados de la actualidad. (Hasta en Suiza; ver acá El peso político de las palabras, 12 de junio de 2018). Casi siete años le tomaría a Arturo Úslar Pietri entender ese diagnóstico, que le expuse en conversación en su biblioteca de enero de 1985; el 30 de octubre de 1991 escribió: “…de pronto el discurso político tradicional se ha hecho obsoleto e ineficaz, aunque todavía muchos políticos no se den cuenta. Toda una retórica sacramentalizada, todo un vocabulario ha perdido de pronto significación y validez sin que se vea todavía cómo y con qué substituirlo… Hasta ahora no hemos encontrado las nuevas ideas para la nueva situación…”
Más allá de eso, Asdrúbal Aguiar no propone solución concreta alguna y, en particular, el Pueblo como actor político determinante está totalmente ausente de su discurso. Antes de que el suscrito completara su serie de prescripciones referendarias (1994, 1998, 2003, 2007, 2009, 2010, 2015, 2016, 2017, 2018), ya reivindicaba un papel protagónico para el Pueblo; el 25 de febrero de 2002 expuse públicamente en Televén un tratamiento de abolición del gobierno de Hugo Chávez:
Nosotros, la mayoría del Pueblo de Venezuela, Soberano, en nuestro carácter de Poder Constituyente Originario, considerando que es derecho, deber y poder del Pueblo abolir un gobierno contrario a los fines de la prosperidad y la paz de la Nación cuando este gobierno se ha manifestado renuente a la rectificación de manera contumaz… que el gobierno presidido por el ciudadano Hugo Chávez Frías se ha mostrado evidentemente contrario a tales fines… [p]or este Acto declaramos plenamente abolido el gobierno presidido por el susodicho ciudadano, ordenamos a la Fuerza Armada Nacional que desconozca su mando y que garantice el abandono por el mismo de toda función o privilegio atribuido a la Presidencia de la República…
Bueno, yo también tengo mis anécdotas:
El miércoles 5 de marzo [de 2002] me llamó la productora de Marta Colomina para que anotara el número de un teléfono celular de Hermann Escarrá, asegurándome que él mismo lo había ofrecido porque estaba muy interesado en que lo llamara, tan pronto como pudiera, para discutir el tema de la abolición que la periodista le había mencionado en entrevista reciente que le hiciera. No lo llamé hasta el viernes 8, a eso de las 11 de la mañana desde la casa de mi madre, donde estaba de visita. (…) El experto constitucionalista me saludó con su solemnidad característica, y luego de apuntar que la idea de la abolición tendría que hacerse compatible—fácilmente, opinó—con lo establecido en la Carta Democrática Interamericana, adelantó esta opinión: “Pero puedo decirle de una vez que su propuesta es, como decimos en Filosofía del Derecho, ontológicamente correcta”. (…) Dos días después de esa conversación, era entrevistado por su colega, Asdrúbal Aguiar, en el programa que éste tenía los domingos por la noche en CMT Canal 51. Ambos habitaban el Olimpo de los juristas, y allí conversaron sobre las opciones para resolver el problema Chávez. Escarrá comentó con escepticismo que había comenzado a hablarse de un procedimiento de abolición: “Su proponente—un sociólogo—lo llama Acta de Abolición”. Y repitió: “¡Un sociólogo!”, en el tono con el que se habría referido despectivamente a un criado de librea. (Las élites culposas).
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La mayor ausencia en la exposición de Aguiar, llena de referencias a actores políticos profesionales, a líderes, es la del Pueblo venezolano. Es mi convicción de años que la clave de la solución de nuestros problemas está en convocarlo para que decida sobre materias de especial trascendencia nacional—Artículo 71 de la Constitución—, para que mande en lugar de quejarse y protestar. LEA
El circuito Unión Radio titula así sobre una conversación de ayer entre Felipe VI de España y Donald Trump: «Rey Felipe pide ayuda a Trump para resolver crisis de Venezuela». De inmediato pensé que ha podido solicitar su ayuda para mantener en cintura a Cataluña, o lograr que la prisión de su corrupto cuñado, el esposo de la infanta Cristina, sea lo más breve posible. Pero si se tratara de pedir para países distintos del suyo, entrometiéndose, consideré que también pudiera haber pedido auxilio para los más de dos mil niños separados de sus padres que buscaron refugio en los Estados Unidos, o para México, con una sustancial rebaja de la factura por el megamuro entre ambas naciones que empalidecería al de Berlín o, finalmente, si quería simpatizar con la ciudadanía estadounidense, el auxilio para que las muchas decenas de asesinados, gracias a la absurdamente sostenida Segunda Enmienda (la franquicia de la National Rifle Association), no se vean aumentadas.
Pero no, lo que está de moda es Venezuela; ahora es comme il faut exhibirse internacionalmente como «demócrata», con alguna vistosa declaración que deja de entender que la solución del problema político venezolano está en manos de nuestro Pueblo, no en las del desalmado Sr. Trump, quien ahora elogia descaradamente al sanguinario dictador de Corea del Norte.
Felipe: ¿por qué no te callas, como pidiera tu padre a Hugo Chávez? LEA
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