por Luis Enrique Alcalá | Jul 14, 2010 | Miscelánea, Notas, Política |

Reporte de mediciones barométricas
A la manière de James Burke
Decíamos ayer que España anda de fútbol mientras el canciller Moratinos rescata presos políticos de Cuba. El mismo día llegaron a suelo español los primeros siete liberados, alegres pero incapaces de reforzar a la selección española. Los andares exitosos del Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero fueron posteriores al levantamiento de datos de una encuesta—27 de mayo al 18 de junio—en la que no le va tan mal al gobierno del PSOE, al menos en lo que atañe a su presidencia semestral de la Unión Europea. Tampoco, a pesar de las penurias macroeconómicas, al Banco de España; siendo justamente la UE la entidad internacional mejor valorada por los españoles (calificación de 5,9), la OTAN ha sacado una nota de 5,4 y el instituto emisor español una de 5,1, por delante del Banco Central Europeo (4,8). De penúltimo y último aparecen el Fondo Monetario Internacional (4,6) y el G-20 (4,8).
El estudio no es otro que el Barómetro del Real Instituto Elcano, un “foro de análisis y discusión sobre la actualidad internacional y muy particularmente sobre las relaciones internacionales de España”. El instituto es una fundación privada bajo la Presidencia de Honor de S.A.R. el Príncipe de Asturias, establecida en diciembre de 2001 con el fin de ser de utilidad “para la toma de decisiones de los agentes españoles, públicos y privados, que trabajan en el plano internacional”. De allí que el Barómetro se enfoque sobre temas, instituciones y actores internacionales y los países mismos. Por ejemplo, los españoles consultados (1.200) opinaron peor de Cuba (4,5), Marruecos (4,5), Israel (4) e Irán (3,4), y mejor de Alemania (6,3), Francia (6,1), Estados Unidos (6), Inglaterra (5,9) y Argentina (5,7), cuando aún Maradona no había fracasado tan feo.
Se pone la cosa interesante cuando la calificación se adjudica a los gobernantes. El consentido de los españoles es Barack Obama, con la máxima calificación de 7,6. La Sra. Merkel obtuvo 6,4 puntos, Sarkozy 5,7 y Cameron, el recién llegado, 5,2.
Entre los peores alumnos de la clase están, en orden infamante, Mahmoud Ahmadinejad (3,1), Silvio Berlusconi (2,9), y Raúl Castro (2,3). El último del lote, el peor del curso: Hugo Chávez, quien con 1,9 puntos está, si no ponchado, al menos muy raspado.
En cambio, como decía hace cinco días Fray Luis Vicente León (vía UberTwitter): “La iglesia católica lideriza la lista de instituciones con mayor credibilidad en Venezuela”. Y también: “Dentro de los grupos chavistas, la iglesia católica es también la institución con mayor credibilidad en Vzla”.
¡Qué broma como opina la gente! LEA
por Luis Enrique Alcalá | Jul 13, 2010 | Miscelánea, Notas, Política |

En atuendo deportivo gringo, capitalista y burgués
Fidel Castro no es tan viejo. Es menor, por ejemplo, que Hugh Hefner (9 de abril de 1926), el fundador de Playboy Magazine. Castro es cuatro meses y cuatro días menor (13 de agosto de 1926) que el fauno millonario, quien en estos días batalla con su competidor, Penthouse, por el control del grupo de las conejitas.
Castro tampoco quiere perder—o parecer que pierde—control de su imperio en Cuba. La Revolución Cubana también es una marca, posicionada desde hace tiempo entre los consumidores políticos izquierdistas, especialmente los franceses, como algo chic. Acaba de aparecer en un programa de opinión (Mesa redonda) de la televisión estatal cubana—¿es que hay televisión en Cuba que no sea estatal?—, justamente cuando el régimen que preside su hermano menor—mucho menor; Raúl tiene sólo 79 años—está en las noticias porque, en magnanimidad por cuotas, concederá la libertad a 52 presos políticos, luego de intercesión de los prelados católicos de Cuba y el gobierno español, hoy inflado con vientos de fútbol.
Por supuesto que la noticia de esa liberación debe alegrar los corazones, como la de Ingrid Betancourt—que mete la pata con peregrinas demandas contra el Estado colombiano—en su momento. Pero es que ni Betancourt, por más imprudente que fuera, ni los disidentes cubanos que recuperarán su libertad física (no la política) tenían por qué estar privados de ella. La pretensión de Castro el mayor, de coger cámara en la liberación de unos presos que él mismo encerró hace siete años, es una muestra más del caradurismo socialista.
Apareció, pues, como oráculo, como viejo sabio, como grande y experimentado timonel, para advertir de la inminencia de una guerra nuclear en el Cercano Oriente. Hace no mucho escribió que los Estados Unidos e Israel procurarían usar el Campeonato Mundial de Fútbol como distracción para lanzar desapercibidos un ataque contra Irán. (¿Creería, realmente, que el alto mando militar iraní podía ser sorprendido mientras miraba encuentros deportivos en Sudáfrica?) Ayer concluyó el mes futbolístico y no hubo ataque alguno, quizás porque su astucia desmontó la aviesa maniobra a tiempo.
Ahora fue más allá, advirtiendo a los Estados Unidos que guerrear con Irán no es lo mismo que combatir con Irak: “Cuando Bush atacó a Irak, Irak era un país dividido. Irán no está dividido”. Aparentemente, durante su larga e inconclusa convalecencia, no se enteró de la represión que Ahmadinejad se vio forzado a emplear para aplacar la protesta post electoral de la mitad de ese país.
Hasta ahora, por lo que se conoce de la entrevista en Mesa redonda, Castro el viejo no objetó en modo alguno el barbárico procedimiento penal de la lapidación en Irán. LEA
por Luis Enrique Alcalá | Jul 12, 2010 | Miscelánea, Notas, Política |

Predicción del pulpo Diego
La rendición de Breda o Las lanzas es un óleo sobre lienzo, pintado entre 1634 y 1635 por Diego Rodríguez de Silva y Velázquez y que se conserva en el Museo del Prado de Madrid desde 1819.
Para entender desde un punto de vista histórico esta obra de Velázquez hay que remontarse un poco a lo que estaba sucediendo desde finales del siglo XVI y principios del XVII. Los Países Bajos (liderados por su noble más importante, Guillermo de Orange) estaban inmersos en la guerra de los ochenta años o guerra de Flandes, en la que luchaban por independizarse de España.
En 1590, con Mauricio de Nassau-Orange (cuarto hijo de Guillermo) como estatúder de las Provincias Unidas de los Países Bajos, la ciudad de Breda fue tomada por los holandeses. La tregua de los doce años mantuvo el país en calma entre 1609 y 1621. Cuando el rey de España Felipe IV subió al trono en 1621, la tregua expiró y la guerra comenzó de nuevo. La intención de Felipe IV era recuperar esa plaza tan importante desde la cual se podría maniobrar para otras conquistas.
Felipe IV nombró como jefe supremo de la expedición a Breda al mejor estratega a su servicio conocido en aquella época, al aristócrata genovés Ambrosio de Spinola, que se puso al mando de 40.000 hombres más un buen número de generales españoles, como el marqués de Leganés y don Carlos Coloma, militares muy famosos.
La ciudad de Breda estaba defendida por Justino de Nassau, de la casa de Orange. El cerco y sitio a la ciudad fue una lección de estrategia militar. Algunos generales de otras naciones acudieron allí en calidad de lo que hoy se entiende como «agregado militar», para conocer y observar la táctica del gran Spinola. Lo principal era impedir que hasta el sitio llegaran refuerzos de víveres y municiones. Para ello se realizaron una serie de acciones secundarias; una de las que más éxito tuvo fue el anegar los terrenos inmediatos e impedir así el paso a la posible ayuda.
Las crónicas de la época cuentan que la defensa de Breda llegó a ser heroica, pero la guarnición tuvo que rendirse y levantar la bandera. Justino de Nassau capituló el día 5 de junio de 1625. Fue una capitulación honrosa que el ejército español reconoció como tal, admirando en su enemigo la valentía de los asediados. Por estas razones permitió que la guarnición saliera formada en orden militar, con sus banderas al frente. Los generales españoles dieron la orden de que los vencidos fueran rigurosamente respetados y tratados con dignidad. Las crónicas cuentan también el momento en que el general español Spinola esperaba fuera de las fortificaciones al general holandés Nassau. La entrevista fue un acto de cortesía, el enemigo fue tratado con caballerosidad, sin humillación. Este es el momento histórico que eligió Velázquez para pintar su cuadro.
(Tomado de Wikipedia en Español).
por Luis Enrique Alcalá | Jul 11, 2010 | Miscelánea, Notas, Política |

Inmovilización previa de una víctima de lapidación
Debe ser una decisión estrictamente personal ofrecer a alguien su cuerpo para propósitos sexuales. Si está casado o casada, si es novio o novia formal de otra persona, seguramente comete infidelidad y afecta directamente con dolor, vergüenza, rabia, humillación, celos a la persona cuya confianza traiciona. Pero eso será una ofensa civil en la que el Estado no debe tener parte interesada. Convertir el adulterio en un crimen es algo muy equivocado.
Mucho más equivocado todavía es asignar como pena de ese delito inexistente la pena capital. La máxima aberración es que esa pena sea la muerte del amante por lapidación.
El ajusticiamiento a pedradas es una práctica consagrada en la Tora judía; el mismo Jesús de Nazaret se levantó contra su aplicación a una mujer retando a quienes estaban a punto de apedrearla con la famosísima advertencia; “Quien esté libre de culpa que levante la primera piedra”. El Corán en cambio, no contempla la lapidación como castigo.
A pesar de esto, la muerte a pedradas forma parte del Código Penal Islámico adoptado en Irán en 1983, con la instauración del régimen retrógrado de los ayatolás. En ese país, al cabo de nueve ejecuciones por lapidación, Sakineh Mohammadi Ashtiani fue condenada a recibir esa pena. Luego de la muerte de su esposo, fue condenada en 2006 por mantener una relación amorosa con dos hombres. Entonces recibió 99 latigazos, en otra forma inhumana y troglodita de castigar algo que no debiera ser delito.
Después de eso, Sakineh, madre de dos hijas, fue convicta de adulterio sobre la base de una confesión extraída con presión indebida, de a que posteriormente se retractó. Es con esta belleza de procedimiento penal que se llega a la conclusión de que hay que matarla y que esto debe hacerse apedreándola.
La presión internacional, estimulada por la muy activa campaña de las hijas de Sakineh, de 43 años de edad, parece haber detenido la ejecución e inducido a la conmutación de la pena por otro método de acabar con su vida. De modo misericordioso, pudiera ser solamente ahorcada. La Embajada de Irán en Inglaterra dejó saber que se revisa la sentencia.
¿No debiera el Presidente de la República “Bolivariana” de Venezuela, en este caso, comunicarse con su pana Mahmoud para indicarle que esa clase de castigo lapidario iraní es “indigna y troglodita”, para protestar esa barbarie?
Ya es tiempo de que desaparezcan de la faz de la tierra prácticas tan bárbaras como ésta de la lapidación, o la ablación clitorídea que mutila a miles de niñas cada año en el continente africano. La Corte Internacional de La Haya debiera tomar cartas en el asunto de inmediato, y el canciller Maduro pudiera echar una despotricadita al respecto. LEA
por Luis Enrique Alcalá | Jul 10, 2010 | Miscelánea, Notas, Política |

JVR tapa a Mezerhane
Los timoratos ricachones que pretenden salvarse de una previsible degollina chavista están ellos mismos anudándose la soga al cuello.
Luis Enrique Alcalá
El efecto Munich, Diario La Verdad, Maracaibo, septiembre de 1998
……………
Uno se pregunta de qué sirvió la defenestración de Alberto Federico Ravell, ex Director General de Globovisión. Supuestamente, su cabeza compraría la inmunidad de Guillermo Zuloaga y Nelson Mezerhane, así como la supervivencia de la combativa planta televisora.
El 11 de febrero de este año se anunció la salida de Ravell; la planta no ofreció ninguna explicación convincente de la ominosa decisión corporativa. Justamente una semana después, Ravell daba una rueda de prensa para explicar cómo las presiones gubernamentales tenían tiempo buscando que Mezerhane lograra adquirir las acciones de Zuloaga, el socio más grande, y las suyas. Luego, banquero y gobierno se entenderían para permitir a éste el control de las transmisiones. Entre los villanos de este intento de extorsión, Ravell nombró a José Vicente Rangel, Isaías Rodríguez, Alí Rodríguez y Nelson Merentes.
El ablandamiento de Mezerhane es más antiguo que el intentado contra Zuloaga, el que ha incluido la acusación de acaparamiento de vehículos y por prédica antidemocrática en el exterior. Mezerhane, en cambio, estuvo preso como presunto autor intelectual del asesinato de Danilo Anderson, sobre la base de un testigo mitómano (“estrella”), bastante antes de que se enfilara contra sus intereses financieros.
Ahora resulta que tanto Guillermo Zuloaga como Nelson Mezerhane están fuera del país mientras pesan en su contra órdenes de captura policial, emitidas por tribunales nacionales y ampliadas por solicitudes a Interpol. La cesantía de Alberto Federico Ravell sólo sació el apetito oficialista por unos cuatro meses.
El canal trabaja ahora en un clima de desconcierto y temor. Sus empleados cuentan los días que tomará al hacha del gobierno decapitar su autonomía informativa. La intervención del Banco Federal y las empresas financieras relacionadas, la expropiación de un yate, no es lo que en realidad interesa al gobierno; lo que busca el gobierno es poner su mano a las acciones de Mezerhane en Globovisión.
Por eso es que uno se pregunta: con Zuloaga y Mezerhane fuera de juego, ¿no será tiempo de que el experimentado y aguerrido Ravell regrese a su cargo de Director General de Globovisión, donde tanta falta hace su liderazgo?
El miedo no calma la furia del perro rabioso. LEA
por Luis Enrique Alcalá | Jul 9, 2010 | Miscelánea, Notas, Política |

Hacia atrás, como el cangrejo
El Presidente de la República ha capitulado, a su manera, a regañadientes, en el intercambio de declaraciones con Jorge Cardenal Urosa Savino. Su magnánima frase de retirada: “Que Dios perdone a Urosa; no me ocuparé más de él”.
Pero siguió ocupándose por un rato, mientras se retiraba. Ardido por la reacción unánime de apoyo al cardenal Urosa y, muy especialmente, por el demoledor comunicado que éste redactó en Roma y apareció ayer en los medios de comunicación, lo retó a que “saque sus armas trogloditas”. Ya no es la persona pastoral la que habitaría en cavernas; sólo sus armas, según la enmienda de capote. (Moronta ya no podrá objetar que esta reformulación, que este desplazamiento semántico “no es propio de la investidura del Presidente”). El modo de huir presidencial es en sí mismo confirmación de lo advertido por Urosa, quien dijo que Chávez, “en lugar de reflexionar y ponderar los argumentos expuestos, y rectificar su línea de conducta, se limita a descalificar y ofender”.
Hizo, hay que notar, un débil intento por dirigirse al fondo del asunto pero, de nuevo, evadiendo la materia y pasando la responsabilidad a otro. Eso fue cuando dijo: “Ese cardenal que me acusa de estar violando la Constitución tendría que demostrarlo ante un tribunal señora Fiscal, por ejemplo. El cardenal me está acusando a mí que soy Presidente de que estoy violando la Constitución, de que estamos haciendo leyes inconstitucionales, señora Presidenta, tendría que explicarle a la Asamblea Nacional en qué se fundamenta”. Aparentemente, cree que estas frases atemorizarían al Cardenal.
Hugo Chávez sabe perfectamente bien de qué está hablando Urosa, y sabe que tiene razón. En una de las más débiles defensas de sí mismo que se le hayan oído, pretendió vender la tontería de que sus opositores “ante cualquier cambio a favor de los pueblos, sacan la excusa del marxismo, leninismo, dictadura, para atropellar a los pueblos”. Él mismo fue quien se declarara marxista en sesión de la Asamblea Nacional del 15 de enero de este año (y antes el 19 de diciembre de 2009); él es quien dice que La Hojilla, vergüenza de la televisión venezolana que pone imágenes de Lenin y de Marx como telón de fondo, es un gran programa; él es quien hace caso omiso de la Constitución, cuyo Artículo 2 establece que Venezuela tiene al pluralismo político como uno de los “valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación” y, por consiguiente, la viola cada vez que pretende enjaular al país en un régimen socialista; es él quien no ha ocultado nunca su obsesión de fundirse con el régimen dictatorial y comunista que sojuzga a Cuba.
Pero ni siquiera esa dictadura cree que esté de moda pelearse con la Iglesia Católica. Raúl Castro, en vez de insultar a los prelados cubanos, se reúne largas horas con ellos y los acepta como intercesores a favor de la libertad de sus presos políticos. Ya ha anunciado la liberación de 52 de ellos, y los Castro saben desde hace tiempo, como Urosa ha demostrado, que alguien que se queja de que lo llamen marxista después de haberse declarado como tal no es sino un farsante. LEA
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