A diferencia del editorial de EL PAÏS, reproducido en la entrada inmediatamente anterior a ésta, EFECTO COCUYO escogió citar palabras de Anthony Blinken, Secretario de Estado de los EE. UU. A continuación, la nota que publicara al día siguiente de las elecciones del 21 de noviembre.
El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, aseguró este lunes que las elecciones regionales y municipales del domingo 21 de noviembre «no reflejan la voluntad del pueblo venezolano».*
Para el jefe de Exteriores de la Casa Blanca, los resultados de los comicios en los que el chavismo obtiene hasta el momento 21 de 23 gobernaciones y 205 de 335 alcaldías «estaban cantados» por el «régimen de Nicolás Maduro».
«El régimen de Maduro privó a los venezolanos una vez más de su derecho a participar en un proceso electoral libre y justo durante las elecciones regionales y locales del 21 de noviembre en Venezuela», dijo Blinken en un comunicado este lunes 22 de noviembre.
En este proceso, de acuerdo con los datos oficiales del Consejo Nacional Electoral (CNE) participó el 42.26 % de las y los electores inscritos, con una transmisión del 99,20 % de los resultados.
Blinken aseguró que «el régimen distorsionó enormemente el proceso para determinar el resultado de esta elección mucho antes de que se emitieran los votos».
Respaldo a Guaidó
Se refirió a detenciones arbitrarias, el hostigamiento a dirigentes políticos y la sociedad civil, que sumados a «la criminalización de las actividades de los partidos de oposición, la prohibición de candidatos en todo el espectro político, la manipulación de las listas de votantes, la censura persistente de los medios y otras tácticas autoritarias casi anularon el pluralismo político y garantizaron que las elecciones no reflejaran la voluntad del pueblo venezolano».
Añadió que seguirán apoyando a las y los venezolanos en su lucha por unas elecciones libres y justas, en las que puedan decidir la salida a la crisis política, social y económica que viven desde hace más de cinco años.
«Continuamos apoyando las negociaciones lideradas por Venezuela para restaurar la democracia que los venezolanos merecen y aliviar el sufrimiento que les provocó Maduro y sus colaboradores».
También ratificaron su respaldo a Juan Guaidó como «presidente interino de Venezuela» ** y su liderazgo para trabajar «por la liberación de todos los detenidos injustamente por razones políticas, la independencia de los partidos políticos, el respeto a la libertad de expresión y otros derechos humanos universales, y un poner fin a los abusos contra los derechos humanos».
………
* Lo que no reflejan es la voluntad del gobierno estadounidense, y Blinken ni ninguno de sus dirigidos observó de cerca las votaciones—como sí la Unión Europea—para opinar al día siguiente sobre las mismas de modo tan tajante.
** Juan Guaidó no es y nunca ha sido «presidente interino de Venezuela».
Se repoduce a continuación editorial de EL PAÍSde España publicado anteayer
VENEZUELA TRAS LAS ELECCIONES
Martes 23 de noviembre de 2021
El país latinoamericano dio un paso el domingo pasado hacia una ruta positiva al celebrar sin incidentes graves y con garantías una jornada electoral, pese a la alta abstención
Las elecciones locales y regionales de Venezuela son los comicios con más garantías que se han celebrado en los últimos años, como ha destacado la misión de observación electoral de la Unión Europea. Pese a que el país latinoamericano dista aún mucho de vivir en una democracia plena, el domingo vivió un paso hacia adelante en esa dirección.
La jornada electoral estuvo marcada por la alta abstención. Cerca del 60% de la población decidió no ir a votar en unas elecciones en las que no se registraron anomalías alarmantes. Se trata de la mayor abstención en unos comicios sin que haya habido un llamamiento a quedarse en casa, como sí ocurrió en ocasiones anteriores. La baja participación, en cualquier caso, es achacable a quienes no supieron convencer a los ciudadanos de que el voto es un instrumento útil para revertir la situación. El hartazgo y la desafección con las autoridades de la sociedad venezolana, en crisis permanente desde hace más de un lustro, son mayúsculos y la política ya no está entre las principales preocupaciones de los ciudadanos. La dolarización de facto y una tibia apertura económica han aliviado la situación de muchas personas pero a muchos los ha dejado a expensas de la supervivencia diaria.
El chavismo ha dado suficientes muestras de que hará todo lo posible para no abandonar el poder. Es el principal responsable de la situación del país y durante el último lustro propició la salida de Venezuela de millones de personas, elevó el grado de corrupción en las instituciones hasta niveles desconocidos y la persecución a sus rivales políticos ha sido permanente. Las bases chavistas tampoco son ajenas a esa desafección generalizada, como muestran los peores datos del oficialismo que se recuerdan, pese a haber obtenido la mayor parte de las gobernaciones.
Los resultados en las urnas también han reflejado la profunda crisis de los críticos con el chavismo. Lograron la presencia de observadores de la Unión Europea, pero confirmaron tarde la participación y no lograron unificar las candidaturas. De haberlo hecho, como muestra la suma de votos de todas las opciones, hubiese obtenido una fracción sólida contra el Gobierno cuando solo han logrado tres de las 23 gobernaciones.
Venezuela se adentra ahora en un escenario más complejo si cabe. A todos los actores les urge reflexionar sobre el desapego ciudadano. En paralelo, como resaltó la misión de la UE, se debe seguir trabajando para reforzar el nuevo Consejo Nacional Electoral y conseguir una plena independencia de poderes, algo de lo que el país carece, con miras a unas elecciones presidenciales con garantías. Las conversaciones entre el Gobierno y la oposición aparecen como la única vía para recuperar la normalidad. Sin ellas crecerá aún más el alejamiento del pueblo de Venezuela de quien lo gobierna: un tiempo perdido del que el país no dispone ya.¶
Ramón Guillermo Aveledo. Doctor en Ciencia Política con diplomados en Gerencia, Literatura Inglesa y Técnica Legislativa.
Nadie ha demostrado fraude electoral que adulterase resultados desde que entrase en funciones la dominación chavista-madurista en 1999. Son patentes, por supuesto, el abuso y el ventajismo oficialistas en campañas y actos electorales, los que podrían minimizarse mediante la presencia de observación internacional confiable.
Una vez más, tomo del servicio de noticias de Costa del Sol FM una de sus notas, esta vez para reproducir la opinión clarísima y sensata de Ramón Guillermo Aveledo respecto de las inminentes elecciones regionales y municipales del próximo domingo 21 de noviembre. La suscribo enteramente. LEA
Estoy seguro que usted, como yo, no es indiferente a lo que pasa en el municipio donde residimos, en nuestra región, así como a su vinculación con lo que ocurre y lo que puede ocurrir en toda Venezuela. No quiero que nadie decida por mí y tampoco confío en la utilidad de dejar que aquellos con responsabilidad de gobierno y también los que aspiran gobernar, interpreten mi silencio.
Corro riesgo al definirme y votar, pero me parece que el riesgo es peor si no lo hago. Y si me permite una opinión, creo que esa opinión vale para todos.
No perderé la oportunidad de votar. No la pierda usted. ¿Cómo será de fuerte la imperfecta democracia que varias generaciones de lucha venezolana nos entregaron que sigue viva en nosotros? El espíritu democrático sigue teniendo el beneficio de la duda que le da esa esperanza a la que no renunciamos, a pesar de los pesares. Por más que lo intenten, sea la mandarria brutal o la sibilina daga no han podido arrancárnosla. El voto nos da una vía de expresarnos. Vía hoy más accidentada que nunca, tiene huecos y derrumbes, pero podemos abrirnos paso en medio de los escombros y entre todos comenzar las obras para que sea carretera y llegue a autopista, señalizada y mantenida por una institucionalidad confiable. El voto es secreto, personalísimo. Con él podemos enviar un mensaje. Un mensaje de verdad.
No perderé mi voto. No lo pierda usted. Mi voto, como en el pasodoble que cantaba Memo Morales, “ni se compra ni se vende”. Tampoco se regala ni se esconde, como quieren los que han trabajado maliciosamente para desprestigiarlo y así perdamos la confianza en ese pedacito de poder que sí está en nuestras manos. Engordarlo, como si fuera un terreno, no es negocio. Es lo contrario, valdrá más la próxima vez si empezamos a revalorizarlo ahora.
No votaré a la ligera. No lo haga usted. Vote a conciencia, pensando en lo que les conviene a usted y a su familia, en el derecho que tienen a vivir y progresar en paz y en libertad. Vote con su conocimiento de la realidad local y regional y con su legítima aspiración porque en nuestro país las cosas tomen otro rumbo, para bien de todos.
Es una lógica sencilla y clara. No recomiendo a otros lo que yo no haré. Votaré, no perderé mi voto dejándolo en mi casa o dándolo a quien no le veo chance de ayudar a un cambio, quiero que sea útil. Votaré a conciencia, responsablemente, por aquella propuesta que más se parezca al futuro que aspiro. ¶
Río Caribe, Península de Paria, Estado Sucre, la cuna de Juancho
A Sylvia Josefina en su cumpleaños
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En Noventa años de luz(17 de mayo de 1996) se dijo: «un país en el que nace Úslar, en el que vive Úslar, al que regresa Úslar, en el que se queda Úslar prefiriéndolo entre todos los que le ofrecerían patria de inmediato, no puede ser un mal país». Venezuela es un buen país, y lo es porque ha parido hombres excepcionalmente buenos. Del descomunal ingeniero que fuese Juan Francisco (Juancho) Otaola Paván puede decirse lo mismo que de Úslar Pietri: si Venezuela lo vio nacer, vivir, procrear y trabajar, nuestra patria no puede ser un mal país.
Nuestro corazón se llena a la vez de agradecimiento y orgullo al ver el documental de CINESA acerca de su personalidad y su obra. Saber de su tránsito entre nosotros nos cura de todo mal. Tenemos remedio.
Gracias, Dr. Otaola, por ser nuestro, por haber nacido en Río Caribe, tierra de pesca y cacao próxima a Macuro, donde Cristóbal Colón bajó a pisar por primera vez la masa continental de América en 1498. Sus compatriotas somos mejores por usted. LEA
Un mordaz artículo publicado en Salon, una publicación electrónica estupenda
Un expresidente con gorro de necio
Nuestro mayor problema de seguridad nacional es la «vasta y militante ignorancia» de los Estados Unidos. Millones de estadounidenses abrazan insípidas mentiras y teorías de conspiración, y al orgulloso líder estúpido que las difunde
Por Brian Karem *
Publicado el 28 de octubre de 2021 a las 10:57 a.m. (EDT)
Con el perdón de Paul Simon, y a pesar de toda la información disponible para el común mortal, todavía hay millones de estadounidenses que actualmente creen que se están deslizando por la carretera cuando en realidad escapan resbalando.
Mientras el presidente Biden se prepara para viajar a Europa a reunirse con el Papa y nuestros aliados de la OTAN la próxima semana, deja un gran problema de seguridad nacional con el que debe lidiar, uno que no se ha abordado de manera significativa durante muchos años.
Es la causa fundamental de nuestros problemas con China. Es por ella que algunas personas no quieren vacunarse. Es por ella que algunos todavía siguen alegremente a Donald Trump. Explica por qué el Congreso no puede reunirse de manera bipartidista para ocuparse de la infraestructura, la atención médica y el control de armas. Es por eso que tenemos problemas para comprender el cambio climático. Ella explica la supresión de electores. Es por eso que la «teoría crítica de la raza» se ha vuelto controvertida, por lo que algunos elementos de nuestra población de izquierda y derecha están en guerra entre sí y por qué algunos creen que la tierra es plana y que el Holocausto no ocurrió. Es por eso que algunos de nosotros creemos que seguimos siendo la nación «número uno» del mundo cuando, más allá de tener el ejército más grande, estamos claramente a la zaga de otras naciones importantes en muchos factores críticos. Más que cualquier otra cosa, explica por qué fallamos.
Los Estados Unidos son una nación de gente militantemente ignorante, arrogante en sus creencias, incapaz de cambiar de opinión y reacia a intentarlo. Carecemos de educación.
Y la falta de educación en este país es un problema tal que el asesor de seguridad nacional Jake Sullivan lo describió esta semana como un tema crítico para nuestra seguridad nacional. «Lo considero un problema de seguridad nacional», me dijo el martes durante una sesión informativa en la Casa Blanca. «De hecho, es la Dra. [Jill] Biden quien ha dicho repetidamente, y el presidente la cita con frecuencia, que cualquier país que supere en educación a Estados Unidos superará a Estados Unidos, y ése es un problema fundamental de seguridad nacional».
NPR informó el martes que, en parte debido al COVID-19, tenemos este año 500,000 estudiantes menos inscritos en las universidades. Realmente ¿piensa alguien que podemos competir en los modernos lugares de trabajo con sólo una educación secundaria?
Fui entrenador de fútbol americano en la escuela secundaria durante muchos años. Puedo decirles de primera mano que la calidad de la educación del estudiante «promedio» de hoy en día habría estado por debajo del nivel de una educación de reparación cuando estuve en la escuela secundaria. Hay cantidades de estudiantes que son analfabetas funcionales y analfabetas en ciencias y matemáticas, y que no tienen idea de cómo funciona el gobierno o cuáles son sus responsabilidades en una democracia. Muchos gritan por «derechos». Son menos quienes entienden la responsabilidad.
Muchos esperan y rezan para encontrar un trabajo de baja categoría donde puedan «sobrevivir», y rara vez se atreven a soñar que podrían prosperar. Muchos claman por la atención médica universal, pero no creen que la obtengamos. Algunos ni siquiera entienden cómo obtener un salario decente, permisos médicos remunerados y otros beneficios laborales, y mucho menos cómo unirse a un sindicato podría ayudarlos a realizar esas tareas. No saben qué es el socialismo o el capitalismo, más allá de creer que uno es malo y el otro es estadounidense. No conocen nuestra historia, no ven el futuro y son moribundos en un presente que temen, odian y no entienden.
Tenemos que hacerlo mejor. Las razones son claras. Biden tiene razón: sin una educación competitiva, sentenciamos a nuestra progenie a la servidumbre industrial, mientras que aquellos que estén educados acumularán poder y riqueza. Veamos a nuestro alrededor. Estamos en una nueva carrera espacial con China. Estamos atrasados en tecnología hipersónica. Nuestros científicos dicen que debemos tener un cohete nuclear para ganarle a los chinos la carrera a Marte, pero millones de personas creen que Clorox podría tratar el coronavirus. Algunos incluso lo probaron.
Biden quiere brindar educación postsecundaria gratuita o asequible, y nos ha recordado deliberadamente lo inútil que es hoy un mero diploma de escuela secundaria, y eso nos asusta a algunos de nosotros. George Carlin nos advirtió que los señores supremos de la sociedad nos quieren lo suficientemente inteligentes como para operar máquinas, pero no más inteligentes que eso. Algunos creen que eso es cierto. Otros, en el Congreso, nos dicen que los necesarios desembolsos educativos del presupuesto tienen un costo prohibitivo, mientras que al mismo tiempo asentimos reflexivamente cada vez que aumentamos nuestro inflado presupuesto militar.
Esto no es un desarrollo reciente. Nuestra dedicación a la educación ha caído constantemente durante los últimos 40 años y, como de la mayoría de la podredumbre que ha ocurrido en este país, culpo a Ronald Reagan y a los ultraconservadores por los que solía ser electo y a los que ayudó a incorporarse al cauce principal.
Si no se quiere aceptar que Reagan fue un tonto irresponsable que destruyó los sindicatos, la educación, la prensa libre y la atención médica, llevándonos por el camino de la ruina, entonces piénsese en el hedor causado por George W. Bush y su infame política educativa («Ningún niño se queda atrás»).
Ese mantra idiota se convirtió en que todos los niños se quedaron atrás, creando una generación entera de estadounidenses a quienes se les enseñó cómo aprobar exámenes, pero nunca cómo pensar críticamente.
Muchos de esos niños que crecieron y fueron entrenados para aprobar exámenes son ahora adultos y están comenzando a ocupar puestos gerenciales de nivel medio en la fuerza laboral estadounidense. Se han convertido en parte de lo que H.L. Mencken describió hace un siglo como una «ignorancia vasta y militante», lo que nos recuerda que la ignorancia arrogante no es un fenómeno nuevo, solo que “Ningún niño se queda atrás” exacerbó el problema. «Team America: La policía del mundo” e «Idiocracia” parecen películas documentales en lugar de sátiras en estos días.
¿Cuál es el ejemplo más llamativo de la falta de educación? Dos palabras: Donald Trump.
Y tengo una pregunta real que me gustaría me fuera respondida: ¿alguien dejará de enviarme correos electrónicos de Donald Trump y sus hijos, parientes, subordinados y secuaces, pidiéndome dinero y garantizándome tiempo privado con Donald?
¡Don Jr. me envió incluso un correo electrónico diciéndome que le diría a su papá si no le daba una cantidad de dinero ¡AHORA! También me prometieron una pelota de fútbol si contribuía con Donald Trump, quien ni siquiera se está postulando oficialmente para un cargo, pero ciertamente ha perfeccionado, con una precisión similar a la de un láser, el arte de estafar a la gente el dinero que tanto le costó ganar.
Conozco a docenas de otros reporteros de la Casa Blanca que aparentemente están en la lista de correo electrónico de Donald, y ninguno de nosotros se suscribió a sus sistemáticos acoso y mendicidad. Es un acosador de Internet y un vagabundo sin hogar combinados en uno. Aparentemente, el ex presidente se llevó la lista de correo electrónico de los corresponsales de la Casa Blanca cuando huyó de DC. Desde entonces, también recibo correo de la campaña de Sarah Sanders y de otros estrechos asociados de Trump con cargos públicos. Sólo puedo suponer que me envían sus escatológicas reflexiones porque Trump ha compartido la lista de correo electrónico con sus acólitos itinerantes, enfurecidos, con muerte cerebral.
Todos me envían contenido diseñado para hacer que los ignorantes aúllen a la luna y se rasquen como un perro de depósito de chatarra con pulgas. Estos «comunicados de prensa» de los idiotas discípulos de Trump son recibidos con gritos de placer por parte de sus fanáticos. Dejando a un lado la mala gramática y la ortografía, estas liberaciones fecales generalmente no tienen sentido y parecen ser los murmullos de tontos que han ingerido alucinógenos contaminados.
La idea de que el candidato más calificado del Partido Republicano para el cargo más alto del país podría otra vez ser un tipo que fue acusado dos veces y nos alentó a ingerir Clorox y a hacer brillar luz ultravioleta dentro de nuestros cuerpos, eso es algo que no puede explicarse ni siquiera por una sobredosis de psilocibina en el torrente sanguíneo.
Pero una falta de educación lo explica todo, incluyendo, entre otros, a Jim Jordan, Matt Gaetz, Lauren Boebert, Joe Manchin y Kyrsten Sinema.
Nuestra falta de educación es la mayor amenaza para la existencia de nuestra nación. Jake Sullivan tiene razón: es un problema de seguridad nacional.
También nos dijo Paul Simon: «Aun cuando mi falta de educación no me ha hecho daño ninguno / puedo leer la escritura en la pared».
Hoy en día, no estoy seguro de cuántas personas son capaces de leer eso. ¶
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* Brian Karem, corresponsal de la Casa Blanca desde hace mucho tiempo, escribe una columna semanal para Salon.
No es que la difamación por razones políticas sea algo nuevo; en La Guerra Civil ¿Cómo pudo ocurrir?, Julián Marías apunta al exponer el tercero—pereza—de once factores que explican su eclosión: “¿No era una época en que los intelectuales gozaban de gran prestigio, no había entre ellos unos cuantos eminentes y de absoluta probidad intelectual? Ciertamente los había; pero encontraron demasiadas dificultades, se les opuso una espesa cortina de resistencia o difamación”.
El amigo Orlando Amaya me envió el enlace al documental de la Deutsche Welle* que se coloca a continuación. Se explica por sí mismo y vale la pena verlo y aprender. LEA
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* Deutsche Welle («Onda alemana» en alemán) o DW es un servicio de radiodifusión internacional financiada por el presupuesto fiscal federal alemán. El servicio está disponible en 30 idiomas. El servicio de televisión por satélite de DW consta de canales en inglés, alemán, español y árabe. Aunque financiado por el gobierno, el trabajo de DW está regulado por la Deutsche Welle Act, lo que significa que el contenido está destinado a ser independiente de la influencia del gobierno. DW es miembro de la Unión Europea de Radiodifusión.
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