FS #126 – Secretario atento

Fichero

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Una brevísima Ficha Semanal #126 de doctorpolítico recoge recientes declaraciones de José Miguel Insulza, el Secretario General de la Organización de Estados Americanos. El día 5 de enero Insulza quiso hacer referencia específica al anuncio del presidente Hugo Chávez de que no será renovada la concesión de señal abierta de televisión a las Empresas 1BC. Como se sabe, ésta es la señal que transmite Radio Caracas Televisión por el canal 2 de la banda VHF.

Según el gobierno, es potestad del Estado venezolano la concesión de estas frecuencias—de acuerdo con legislación remozada en época de la presidencia de Jaime Lusinchi—y la que favorece a RCTV expiraría en mayo (28) de este año. La empresa, por su parte, aduce que su documentación indica que su licencia estaría vigente hasta el año 2020. (Hasta ahora esta documentación no ha sido hecha pública).

Insulza advirtió que no es su propósito entrar en consideraciones legales, al estimarlas asunto propio de las leyes venezolanas, limitándose a anticipar las consecuencias políticas de la medida. A pesar de tal cosa, el presidente Chávez considera que el Secretario General se ha entrometido en asuntos internos del país, y un comunicado de la Cancillería exhorta a Insulza a retractarse.

Lo que Insulza ha expuesto es absolutamente razonable. Si las acusaciones proferidas por Chávez y el Ministro de Información, Willian Lara, en contra de RCTV tuvieran algún fundamento, éstas debieran ser llevadas a la atención de la Fiscalía General para su procesamiento por vías judiciales. En lugar de tan razonable y democrática ruta, el gobierno quiere optar por una medida administrativa de carácter discrecional.

Puede darse por descontado que el caso será debatido en sesión plenaria de la OEA, donde el embajador de Venezuela deberá ofrecer explicaciones y fundamentar su declaración de que Insulza habría violado, con esta actuación, la carta del organismo.

LEA

Secretario atento

El Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, manifestó hoy su preocupación ante el anuncio formulado por el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, de no renovar la concesión de la emisora Radio Caracas Televisión.

Insulza manifestó que, sin entrar en consideraciones legales sobre una medida de esta naturaleza —lo que estimó como materia propia del ordenamiento jurídico interno de cada Estado— es necesario tomar en cuenta las repercusiones políticas que la misma podría acarrear. El cierre de un medio de comunicación masivo es un hecho muy poco común en la historia de nuestro continente, y no tiene precedentes en las últimas décadas de democracia.

El gobierno venezolano ha justificado su decisión en base a cargos políticos graves en contra de la emisora, que van desde su apoyo al frustrado golpe militar de 2002, hasta una sistemática política en contra del proceso democrático. Ciertamente se trata de acusaciones severas, sostuvo Insulza, pero, de una parte, la existencia de una pluralidad de medios es lo que permite la expresión de las más diversas opiniones; y por otra, si se ha cometido algún ilícito, el camino que corresponde en democracia es acusar a los presuntos autores ante la Justicia.

Si en cambio se adopta una medida administrativa de cierre del medio, agregó, ello aparece como una forma de censura contra la libertad de expresión y, a la vez, se transforma en una advertencia a los demás, llevándolos a limitar su acción a riesgo de correr la misma suerte.

Tal decisión, advirtió Insulza, es contraria al clima político generado a partir de las elecciones de Diciembre, cuando el reconocimiento, por parte de la oposición, de la victoria del Presidente Chávez, pareció abrir camino a un clima de diálogo y concordia entre todos los venezolanos. En ese proceso positivo la presencia de una prensa libre y plural jugó un papel fundamental.

El Secretario General expresó su esperanza de que esta decisión sea revisada y que se permita la continuación normal de las transmisiones de Radio Caracas Televisión, en concordancia con la voluntad señalada por el gobierno de proteger las libertades democráticas. Al mismo tiempo, llamó a los medios de comunicación a seguir ejerciendo su función informativa de manera veraz, libre y objetiva, al servicio de todos los ciudadanos.

José Miguel Insulza

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FS #125 – Nueva sociedad

Fichero

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La generosa gentileza de Monseñor Ramón Ovidio Pérez Morales me ha permitido el acceso al utilísimo libro Documentos Conciliares, que recoge los documentos y decretos del Concilio Plenario de Venezuela. Este prolongado evento tuvo su origen en la decisión expresa de la Conferencia Episcopal Venezolana en su LXVI Asamblea Ordinaria. (12 de julio de 1996). Poco después—10 de enero de 1998—la CEV hizo el anuncio y la convocatoria del Concilio, el que finalmente fuera inaugurado, luego de ardua tarea preparatoria, el 26 de noviembre de 2000. Los trabajos llegaron a su término el 7 de octubre de 2006, en solemnes clausura y promulgación de los documentos conciliares.

La colección de dieciséis documentos que componen el volumen ha sido realizada con extraordinario cuidado. Así lo revela el enjundioso y preciso índice analítico que aumenta grandemente la utilidad del libro. Es evidente, pues, el celo crítico que ha guiado la publicación, la que muestra una organización impecable, e incluye las introducciones necesarias con claros esquemas, una tabla de abreviaturas y una cronología de las labores conciliares.

Los documentos se presentan en seis grandes capítulos o «dimensiones», a saber: Primer anuncio, Catequesis, Liturgia-Oración, Comunidad Visible, Nueva Sociedad, Diálogo. La dimensión de la Nueva Sociedad comprende cuatro documentos. (La contribución de la Iglesia a la gestación de una nueva sociedad, Evangelización de la cultura en Venezuela, la Iglesia y la educación, La pastoral de los medios de comunicación). La Ficha Semanal #125 de doctorpolítico reproduce tres secciones del documento No. 3: La Contribución de la Iglesia a la Gestación de una Nueva Sociedad. Ellas corresponden a los desafíos de la acción de la Iglesia referidas a lo económico, lo social (centrado sobre los derechos humanos) y lo político.

La política es declarada como actividad central de los seres humanos: «El compromiso cristiano exige construir el Reino de Dios, y éste pasa también por las estructuras temporales. El cambio estructural de la sociedad es como la conversión del cuerpo social». (2.4.9 La actividad política). Los criterios rectores de esta actividad son claramente expresados: «Todo cristiano debe asumir en la acción política, y para el logro del bien común, los principios de solidaridad y subsidiaridad, la defensa de la libertad y la justicia, la promoción de la participación ciudadana, la organización social, la formación socio-política, y el compromiso del amor cristiano». (2.4.9, 117).

Previamente, el documento estipula una sección clarísima acerca de la «Opción por los pobres» (2.3) que dice en el No. 85: «Una exigencia concreta de ese amor lo constituye la opción preferencial por los pobres. Opción que debe manifestarse como conocimiento objetivo, analítico y pastoral de la realidad de la pobreza que existe en el país; como vivencia de la auténtica pobreza evangélica predicada y vivida por Jesús; como forma de solidaridad con los pobres. Toda persona debe tener, con respecto a los demás —y especialmente con los más necesitados—, una actitud de solidaridad y ésta es una virtud cristiana. Ella nos obliga a no olvidarnos de los demás».

LEA

Nueva sociedad

Desafío 2: Desde la opción preferencial por los pobres, ejercer un influjo real de transformación hacia un sistema económico más justo, más solidario y más propicio al desarrollo integral de todos y cada uno de los  habitantes de Venezuela.

134. Como punto de partida para la transformación social de los venezolanos, para lograr vidas más felices y una sociedad más funcional, la Iglesia dará la debida importancia a la educación desde la infancia en valores y virtudes, tales como la justicia, la fraternidad, la honestidad, la integridad, el amor a la verdad, la laboriosidad, entre otros.

135. Ante el tremendo peso de la deuda externa, la Iglesia insistirá en la búsqueda de una renegociación que permita invertir los pagos en políticas sociales para beneficio de los sectores más necesitados.

136. En su predicación, la Iglesia insistirá en la responsabilidad del Estado y del sector privado con la participación activa de las comunidades, en la generación de fuentes de empleo que garanticen una adecuada retribución de su trabajo.

137. Con sus organismos de pastoral social, la Iglesia estimulará la producción y la economía solidaria, participando en ellas en la medida de sus posibilidades, con esquemas cooperativos, de microempresas colectivas u otras alternativas. Igualmente promoverá actividades, programas y proyectos que lleven a los pobres a participar en la solución de sus problemas.

Desafío 3: Concretar la solidaridad cristiana y defender y promover la paz y los derechos humanos ante las frecuentes violaciones de los mismos.

138. En la línea de una pastoral de conjunto, la comunidad eclesial propiciará, alentará y acompañará la organización y formación de instituciones y grupos que trabajen en el vasto campo de la caridad, de la acción social, de la solidaridad, de la promoción y defensa de los derechos humanos, y en el fomento de la conciencia del cumplimiento de los propios deberes.

139. Los laicos asumirán el valor y la importancia del trabajo como instrumento de la transformación del mundo en beneficio de los seres humanos y para la producción de la riqueza necesaria para el país.

140. Todos los miembros de la Iglesia trabajarán fuertemente por promover y defender la paz y afianzarla tanto a nivel social como político, evitando las divisiones, los odios y la violencia.

141. Los pastores insistirán en la necesidad de fortalecer la familia y el hogar, y en la grave responsabilidad de los padres, para evitar el terrible escándalo que constituye la multitud de mujeres y niños abandonados.

142. Asimismo, los católicos promoverán iniciativas e instituciones que creen conciencia sobre la necesaria unidad y estabilidad de la familia, que velen por el respeto a ésta y a su derecho, —superando la mentalidad antinatalista— a procrear hijos según su conciencia cristiana, así como a educarlos en la fe, en el ejercicio de las virtudes, a tener una vivienda adecuada, ingresos suficientes y seguridad social.

143. A través de sus diversas instancias, la Iglesia instrumentará organismos para promover y defender el derecho de cada persona a la vida, desde el momento de su concepción hasta la muerte natural, luchará contra la eutanasia, el aborto provocado, la violencia contra las personas y la familia, y apoyará la acción e iniciativas de instituciones que trabajen en este campo.

144. De manera particular, velará por el derecho a la calidad de vida de la niñez y la juventud en situación de peligro, y procurará darles atención especial.

145. Se fortalecerán todas las instituciones que ya estén actuando en beneficio de los niños y los jóvenes, tales como AVEC, APEP, INVECAPI, Fe y Alegría, Hogares Crea, Centros de Formación para el trabajo, Casas Hogar, y otras instituciones educativas, que deberán ser centros vivos de evangelización, así como de transformación ético cultural.

146. Igualmente, y especialmente en los centros educativos, se continuará promoviendo el voluntariado social.

147. La Iglesia promoverá una lucha frontal de la sociedad venezolana contra el alcoholismo y el consumo y tráfico de todo tipo de drogas, insistiendo en la acción preventiva y reeducativa, y especialmente señalando la responsabilidad del Estado en prevenir y combatir el narcotráfico.

148. Se prestará una mayor atención a la pastoral penitenciaria que incluya la acción evangelizadora de capellanes, voluntariado general y especializado, la elaboración de proyectos de asistencia por parte de las Vicarías y equipos de Derechos Humanos, que promuevan la agilización de los procesos y atiendan a las diversas necesidades de los internos, sus familiares y los funcionarios. La Iglesia reconocerá los múltiples esfuerzos de personas y organizaciones sociales que trabajan en este campo y cooperará con ellas en redes de acción.

149. Así mismo, a través de sus diversas instancias, promoverá el acompañamiento y apoyo a las comunidades indígenas en la defensa de su cultura, sus derechos y especialmente la propiedad comunitaria en sus tierras.

150. Se promoverán asociaciones civiles de laicos, especializadas según áreas de acción, con la necesaria asesoría y con suficiente autonomía en los asuntos de su competencia.

151. En el campo de la atención sanitaria la Iglesia urgirá al Estado y a los particulares a intensificar sus esfuerzos a favor de la salud de la población.

152. Por otra parte se promoverá el voluntariado hospitalario y se fortalecerá el servicio de capellanía en los hospitales para brindar una mayor atención espiritual y social a los enfermos.

Desafío 4: Ayudar a construir y consolidar la democracia, promoviendo la participación y organización ciudadana, así como el fortalecimiento de la sociedad civil.

153. Los obispos, sacerdotes y religiosos orientarán y apoyarán la formación socio-política de los venezolanos en la línea de la construcción de la paz y la justicia. Insistirán en la participación política de los seglares como una opción de servicio y compromiso en la construcción de nuevos modelos de sociedad.

154. La Iglesia fomentará la organización de la sociedad civil para generar una mayor participación libre y consciente en las opciones políticas, sindicales, grupales y vecinales, a fin de que las personas, y especialmente los pobres, sean sujetos sociales de su propia superación y desarrollo humano.

155. Los laicos participarán en la política entendida como búsqueda del bien común, confrontaqción no antagónica, y concertación de los grandes intereses de todos los venezolanos.

156. Desde las parroquias se favorecerá cualquier iniciativa que lleve a propiciar un mayor desarrollo local mediante el mejoramiento del entorno y el trabajo conjunto con organizaciones vecinales.

157. La Iglesia, mantendrá un diálogo permanente con organizaciones no eclesiales para armonizar las diversas visiones en el respeto a la dignidad humana y en la búsqueda del bien común.

158. Promoverá especialmente entre sus miembros la práctica de la honestidad, y continuará denunciando la corrupción como un gravísimo pecado y como una perversión del ejercicio de cualquier actividad pública, lo cual requiere la aplicación de graves sanciones.

159. Igualmente solicitará que se prosiga realizando la urgente y necesaria reforma del Poder Judicial como un poder realmente independiente y con presupuesto autónomo, y que los logros que se alcancen se mantengan actualizados en el futuro.

160. Insistirá en la celeridad de los juicios y en la correcta aplicación de la justicia por parte de jueces competentes, honestos y valientes.

Concilio Plenario de Venezuela

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FS #124 – Carta clara

Fichero

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Para esta última Ficha Semanal de doctorpolítico del año 2006, la #124, se recurre una vez más a la elegantísima y certera prosa de Ángel Bernardo Viso, reproduciendo acá la décima quinta de las cartas —fechada el 8 de mayo de 1990 desde Madrid— que componen sus Memorias marginales. (Monte Ávila Editores, 1992). En ella hace varias alusiones que conviene aclarar.

La primera de ellas, justo al comienzo, refiere a la carta inmediatamente anterior (4 de mayo de 1990), en la que rescata una admisión de Simón Bolívar que José Domingo Díaz reproduce en sus Recuerdos de la rebelión de Caracas: «No tema usted por las castas: las adulo porque las necesito; la democracia en los labios y la aristocracia aquí», señalando el corazón, habría dicho el Libertador a Iturbe al término de la Campaña Admirable. Ligada a esta referencia, la segunda alusión recuerda al corresponsal de Viso que Bolívar no opinaba demasiado bien de los pardos, pues también citó antes la carta en vena profética del héroe a Juan José Flores, donde se lee: «…la América es ingobernable para nosotros… …este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles de todos los colores y razas…» (Además de la contradicción entre el liberalismo de Bolívar y el socialismo de Chávez, y la del primero con Carlos Marx, que lo detestaba, esta opinión aristocrática del Libertador, despreciativa del genotipo chavista, es inconsistencia flagrante ante el «pardismo» de la «Quinta» República, tenida equivocadamente por «bolivariana»).

Después hace Viso examen reiterado de la biografía de Juan Vicente Gómez por su gran amigo, Tomás Polanco Alcántara. (Mi entrañable y difunto amigo, Adolfo Aristeguieta Gramcko, quiso un día hacer mi presentación a Viso, y para eso inventó un almuerzo que fue un privilegio, pues en la reunión gastronómica también estuvo Polanco). Con extraordinarios afecto y respeto, Viso le enmienda la plana a este último.

La misma delicadeza empleará en la carta siguiente (10 de mayo de 1990) para disentir en un punto de Ramón J. Velásquez. En la reproducida aquí anticipaba esta referencia al considerar texto de excepción las Confidencias imaginarias del dictador andino escritas por el ex presidente, a quien llama «fino observador de nuestra realidad». Así cita a Velásquez, quien recuerda carta de Gómez a Cipriano Castro: «Compadre, ahora que la república nos pertenece…»

Todo el texto de Viso, escrito, como es su costumbre, con hermosa erudición, ofrece exactos criterios e intuición poderosa para entender clínicamente, con imparcialidad y objetividad dignas de Tucídides, el significado de los tiempos actuales.

LEA

Carta clara

Conoces a cabalidad la hipócrita y ambivalente manera en que el venezolano aborda cualquier asunto relativo al color de la piel… Estando en cuenta del posible resentimiento de Díaz, podría ponerse en duda la veracidad de esa anécdota, que él mismo califica de memorable; desgraciadamente, las referidas palabras se corresponden en un todo con los temas de la literatura bolivariana —con sus esperanzas de la primera hora, y en especial con el tono sombrío de sus últimas cartas—, y explican a cabalidad la tragedia final del Libertador; más que temer una muerte desafiada tantas veces, a éste le dolía que América fuese gobernada por personas vinculadas a las castas antaño sometidas, como casi literalmente dice a Juan José Flores en la carta antes transcrita, donde confiesa: «…la América es ingobernable para nosotros», manifestando luego su desagrado ante los futuros tiranuelos de color… Pero la tragedia de los próceres de la Independencia es pálida al compararse con la de las castas inducidas a error —un error que tendrá la perdurable vida del culto a los héroes—, cuando ya era imposible echar marcha atrás, pues lo mejor de las culturas indígenas había sido hecho polvo hacía tres siglos, junto con la maravillosa Tenochtitlán, y la única posibilidad de desarrollo armonioso era una plena y fecunda occidentalización, que no dejase duda sobre la identidad de nuestros pueblos.

Los compañeros del Libertador, más o menos infieles a su persona, aunque no a su causa independentista, al cabo mantuvieron el poder en contra de las predicciones de aquél, halagando y distanciando la plebe, a pesar de las inevitables mezclas y de episodios revolucionarios como los de la Guerra Federal venezolana. La historia de nuestro país es de una notable continuidad de propósitos, sin que importe el origen de los gobernantes, a veces inicialmente desvinculados de la clase dirigente colonial. No asombra saber que Juan Vicente Gómez fuese descendiente de un oscuro prócer neogranadino de la Independencia, cuyo nombre carece de importancia; ni que en el siglo pasado los Guzmán se hubiesen emparentado con la oligarquía criolla y luego en Francia con la degradada y crepuscular nobleza del Segundo Imperio. También en Roma, antes del colapso final, los generales llegados de las remotas provincias, semibárbaros soldados de fortuna, eran rodeados por las familias patricias y rápidamente asimilados…

En su erudito libro, Juan Vicente Gómez, Aproximación a una biografía, Tomás Polanco Alcántara acumula centenares de datos suficientes para juzgar al tirano, callando apenas algunos hechos que su pudor aconseja reservar. En ese texto se dibuja a un pequeño hacendado del limes tachirense, con rudimentaria cultura y sobresaliente inteligencia, apoderándose en pocos años del poder más absoluto conocido en Venezuela y reuniendo ilícitamente una fortuna personal comparable a la de Creso. El libro de Polanco, a pesar de su deseo de ser imparcial, es francamente favorable al dictador, no sin carencia de razones. Es impresionante la obra material realizada por éste, la reorganización de la hacienda pública intervenida durante su gobierno, la exitosa política petrolera, el cauteloso manejo de las relaciones exteriores y muchos otros aciertos suyos, gracias al asesoramiento de ministros competentes y, en la mayoría de los casos, de comprobada honestidad. De ese texto sólo asombra que en el terrible juicio entre el preso político y el carcelero, la víctima y el victimario, mi distinguido amigo siempre concluya, después de maduro análisis, que la razón pertenece a los segundos, sancionando así a posteriori todas las prisiones y atropellos de Gómez… Ninguno de los presos del dictador habría tenido razón contra él, mientras su ascendiente, el prócer neogranadino, habría sido martirizado por Pablo Morillo: curiosamente, Gómez pertenecería a la noble estirpe de las víctimas…

Desde joven aprendí a admirar la imparcialidad y la objetividad antiguas. Al leer la Historia de la guerra del Peloponeso me produjo una impresión perdurable el que Tucídides, condenado a muerte por Pericles e impedido de regresar a Atenas durante la guerra, fue capaz de describirnos la política y acciones de su archienemigo sin un temblor de cólera o de resentimiento en la pluma —algo difícil de lograr del todo para quienes padecemos de vehementia cordis—, poniendo en labios del estratega ateniense el hermosísimo discurso pronunciado con motivo de los funerales de las primeras víctimas de los combates, suma del pensamiento político de su ciudad y la mejor oración fúnebre jamás escrita; ni siquiera Shakespeare, con su genio deslumbrante, pudo imaginar algo semejante al escribir las palabras de Marco Antonio ante los despojos de César. Pues bien, ése y otros ejemplos que humedecieron mis ojos, un tiempo propensos a esas efusiones del corazón caras a Rousseau y a Bolívar, me obligan a admitir la veracidad de muchos de los alegatos a favor del dictador; es cierto que su gestión no careció de aspectos positivos.

Sin embargo, más que contribuir a absolver a Gómez por sus crímenes, dichos alegatos llaman la atención por su punto de partida; éste supone una depauperada realidad, a pesar de las tardías luces guzmancistas; un territorio arruinado por un siglo de inútiles guerras, sin vías de comunicación y carente de escuelas; con tan débiles fuerzas para rechazar la agresión extranjera que, temiendo ser desconocido o atacado por la comunidad internacional y especialmente por Norteamérica, a veces Gómez no se atreve a asumir la presidencia de manera directa, confiándola astutamente a terceros de su elección; de modo que su gobierno, no obstante sus facultades ilimitadas y su innegable crueldad, es una larga dictadura vergonzante, disfrazada detrás de un remendado manto de legalidad, cuyo inicio es la complaciente decisión judicial que declara la incapacidad de su antecesor para ejercer el poder y cuyo fin ocurre veintisiete años más tarde, cuando el numen de los felinos —o, según Eliade, el señor de las fieras—, recibe su último aliento, dejándonos como prueba de su pertenencia a aquella especie zoológica la mascarilla funeraria exhibida en la fundación John Boulton, donde perdura ¿hasta la eternidad? la expresión de tigre satisfecho con el sabor de su presa, apenas matizada por cierta mueca de socarronería tropical.

Gómez es un personaje positivo desde los puntos de vista financiero y material, pero ¿y los otros ángulos posibles para analizar su gobierno? Descendiente ilegítimo de un general que no pasaría de ser experto en algaradas —basta leer en El diario de Bucaramanga el juicio de Bolívar sobre los altos oficiales neogranadinos—, tiene la bastardía tan arraigada que rechaza la idea del matrimonio y puebla el país con numerosos hijos naturales, habidos en incontables mujeres, perpetuando la ilegitimidad de su estirpe, en un afán posesivo apenas igualado por su sed de bienes materiales, no menos espuriamente adquiridos… Y este hombre, rodeado de competentes funcionarios, realiza una obra importante en comparación con la de otros gobernantes que ha tenido el país, y logra pacificar a una Venezuela turbulenta, dejándonos divididos en profundidad sobre la forma de juzgarle; mientras algunos han agotado los epítetos denigratorios y las condenas sin apelación de su memoria, otros no se han cansado de añorarle y de encenderle cirios, no sólo en el altar interior, sino —como nos cuenta Polanco con estupor—, en su tumba real, intacta en Maracay la Predilecta, donde su culto no debe carecer de hieródulas ni de iniciaciones secretas.

Dejando a un lado el esfuerzo hecho por Ramón J. Velásquez en sus Confesiones imaginarias, a las que me referiré más adelante, ninguno de los jueces de su obra ha tratado de comprenderla desde lejos, como si fuese un espíritu errante sobre una tierra para siempre perdida… Una parte de sus críticos acerbos ya no existe, la de los viejos caudillos impotentes para evitar su ascenso y luego para derrocarle; integrados a la sociedad civil, sus herederos no levantan más las antiguas banderas. El resto de los opositores a la dictadura de Gómez estaba básicamente formado por idealistas de izquierda, agrupados en torno a la generación del 28 y de sus epígonos, cuyos dirigentes han determinado la vida del país desde el momento en que comprendieron la necesidad de aliarse con la clase dominante tradicional, a pesar de los sobresaltos periódicos y de la retórica del doctor Sánchez Ocaña… Quedan, desde luego, personajes irreductibles y fieles a sus posiciones juveniles, pero la mayoría ha llegado a la decrepitud, confundiéndose con los defensores de otras causas perdidas en la nebulosa de todos los fracasados movimientos izquierdistas del planeta. Si existiese un paraíso de los felinos, Gómez debería haber trocado su mueca burlona en carcajada.

Más interesantes son los partidarios del tirano; especialmente quienes, alejados de la acción política, se limitan a confiar sus pensamientos en las veladas familiares; ellos calan hondamente nuestra realidad, aunque no quieran expresarla con crudeza; como te he repetido otras veces, los hombres silencian lo que de veras cuenta. Para comprenderlos del todo hay, sin embargo, una clave y es Cesarismo democrático, el libro de Laureano Vallenilla Lanz, quien en esa obra logró con aguda inteligencia conciliar su interés especial de amigo de la causa gomecista con una concepción de la historia que pretende coincidente con la ideología bolivariana, y uno de cuyos méritos es la coherencia entre sus conclusiones y sus puntos de partida.

Para Vallenilla, la oposición a la Independencia la realizó una mayoría de la población venezolana, integrada por pardos y por criollos de todas las clases sociales; al triunfar los libertadores «Venezuela ganó en gloria lo que perdió en elementos de reorganización social, en tranquilidad futura y tangible progreso moral y material». Quienes habían propugnado la ruptura «no pensaban, no veían, que alterando el orden, rompiendo el equilibrio colonial, elevando todos los hombres libres a la dignidad de ciudadanos, destruían la jerarquía social… La más horrible anarquía se desencadenó entonces con todos los caracteres de las grandes catástrofes de la naturaleza…». El período de disgregación, la anarquía, e incluso las tendencias centrífugas del federalismo, únicamente podían remediarse con la tiranía gomecista, identificada con la presidencia vitalicia propuesta por Bolívar para el país que llevaría su nombre: «La única manera de liberarse de la anarquía es bajo la autoridad de un hombre eminente, capaz de imponer su voluntad, de dominar los egoísmos y de ser el dictador necesario entre pueblos que evolucionan hacia la consolidación de su individualidad nacional».

La teoría del gendarme necesario, inventada por razones de praxis política, responde al temor de las clases sociales conservadoras ante el riesgo de una incivilizada conducta popular. Cuando nació el autor de esa teoría (1870) estaba fresco el recuerdo de los desmanes de la Guerra Federal, teñida de racismo a su manera, de odio hacia los blancos y los hacendados —que era casi decir la misma cosa—, pero el talentoso director del Nuevo Diario va más allá de la historia reciente y la vincula con la ruptura del orden colonial, describiendo el estado subversivo surgido a raíz de la Independencia; su ágil pluma evoca una vez más las hordas de Boves, cuyo movimiento amenazador hacia el centro de la República pareciera fijado eternamente en sus escritos —como la inmóvil y mortífera flecha de Zenón en las hermosas imágenes de Cimetière marin—, poniendo en peligro las vidas y los bienes de la aristocracia criolla. Para salirles al paso y detenerlas es preciso asociar a Gómez con Bolívar; de ahí la identidad entre la dictadura del primero y la presidencia vitalicia del segundo; como si este último, pasada la hora de la demagogia, en lo adelante dejase hablar al aristocrático corazón.

El temor a los pardos sirve así para justificar a Gómez, como hubiese servido en el caso de otro dictador absoluto; se les teme por insumisos, en potencia o en acto, desde el día en que los dos bandos en pugna, al comenzar la revolución republicana, quisieron conquistar su apoyo y permitieron sus desmanes; para impedir éstos y construir la República, se requiere mano dura: los pardos son hijos del rigor… La contradicción histórica en que incurre la clase dominante —cuyo refinado fruto es Cesarismo democrático— tiene numerosos antecedentes en otras latitudes y en otros países; esa clase olvida la mansedumbre de los pardos durante la Colonia, a pesar de algunas sublevaciones aisladas, hasta el espléndido crepúsculo de aquéllas en el siglo XVIII; incitados por los mantuanos, y, ante el acoso de éstos, por los realistas, a subvertir el orden político y social, son temidos luego por los descendientes de sus mentores, en busca de un gendarme para contener su amenaza. La dictadura propuesta con tan buenas razones, y en nombre del positivismo científico, esconde un motivo irracional profundo: la nostalgia del pasado, del tiempo en que los esclavos obedecían y las numerosas servidumbres permitían el ocio de los señores. El pasado regresa, en forma de teorías, que en verdad son fantasmas.

Ángel Bernardo Viso

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FS #123 – Crisis de comando

Fichero

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En Venezuela era necesario un proceso constituyente, argumentó el suscrito durante todo el segundo gobierno de Rafael Caldera, porque el «sistema operativo» del Estado venezolano ya no daba más. Cuando un computador corre con un sistema operativo obsoleto, no se llega al más nuevo mediante apósitos puntuales, sino montando este último de una buena vez sobre el anterior. El asunto no podía lograrse con enmiendas o reformas.

Pero más de una voz respetable se pronunció en contra de la idea de una asamblea constituyente. Entre ellas estaba la del Dr. Arturo Úslar Pietri, quien recomendaba el empleo de otros expedientes para sortear la evidente crisis nacional. A una proposición suya de mediados de 1998, reiteración de fórmulas que expusiera en 1991, opuse el razonamiento de un artículo que escribí para El Diario de Caracas el 3 de julio de aquel año. De algún modo, el artículo reproducido aquí, en la Ficha Semanal #123 de doctorpolítico, desnudaba la vaciedad semántica del habitual discurso político, pleno de vaguedades que realmente no proponen nada.

En realidad esperaba que Rafael Caldera convocara a un referendo para consultar, como se hizo en 1999, por la conveniencia de elegir una asamblea constituyente. En criterio de quien escribe, una asamblea mejor normada, convocada por quien fuera tenido como el «padre» de la Constitución de 1961, habría sido mucho más justa y serena que la elegida en 1999, no poco llena de deseos de vindicta.

Pero el presidente Caldera desoyó el llamado, y ya sabemos cómo la Constituyente de 1999 incurrió ella misma en prácticas inconstitucionales, sobre la errónea tesis de que era una institución «originaria» y por tanto omnímoda. Así, neutralizó el Senado establecido en la Constitución de 1961 mientras ésta aún estaba en vigencia, antes de que fuese derogada. (Lo único originario en el poder público es el Poder Constituyente, esto es, el pueblo mismo).

Por esto pudimos escribir a fines de 1998: «Pero que el presidente Caldera haya dejado transcurrir su período sin que ninguna transformación constitucional se haya producido no ha hecho otra cosa que posponer esa atractriz ineludible. Con el retraso, a lo sumo, lo que se ha logrado es aumentar la probabilidad de que el cambio sea radical y pueda serlo en exceso. Éste es el destino inexorable del conservatismo: obtener, con su empecinada resistencia, una situación contraria a la que busca, muchas veces con una intensidad recrecida».

LEA

Crisis de comando

Cuando Eduardo Fernández, poco después del 4 de febrero de 1992, propuso la conformación de un consejo consultivo que dijera al Presidente Pérez lo que tenía que hacer, un periodista escribió: «En síntesis, el Dr. Fernández propuso que otros propongan». Esto es, él no tenía que proponer otra cosa que un deseo de que Venezuela llegara a tener una «economía humana».

Eso que dijo el Dr. Fernández es lo que dicen casi todos. Alfaro Ucero dice que «hay que pensar» sobre alternativas que no sean la renta petrolera y Sáez «puso a la orden sus economistas para aportar ideas». Salas Römer cree que las huelgas de algunos gremios han sido iniciadas para «rentabilizar» la situación. Chávez propone que se adelanten las elecciones presidenciales, sin que sepamos a ciencia cierta qué haría él si es electo, más allá de poner a pensar unos diputados constituyentes.

Úslar propone, por enésima vez, que quienes piensen conformen «un comando de crisis, de no más de diez ministerios, bien acoplado, formado por gente capaz, que convoque al país a un gran esfuerzo de salvación nacional» y que tiene que «emprender un plan muy sencillo e inmediato» que él llamaría de «salvación nacional». ¿En qué consiste ese esfuerzo? ¿En qué consiste ese «plan sencillo e inmediato? (Sencillo, inmediato, coherente, armónico, racional, moderno, creíble, etc.) Úslar no lo sabe o no lo dice. No lo ha dicho nunca.

Lo que sí hace es oponerse a la celebración de una asamblea constituyente. Dice que «es una de las soluciones mágicas que le presentan al país», que una constituyente no va a cambiar el país, que es una ilusión, que «eso es lo mismo que hemos tenido pero con otro nombre» y que lo que Venezuela necesita son «programas, planes y concepciones de futuro». Y en cambio propone que de un «comando de crisis» (otro nombre), va a salir un plan que él llamaría (otro nombre) «de salvación nacional», mágicamente.

La primera vez que Úslar propuso tan mágico remedio fue en diciembre de 1991, a unos dos meses antes de la intentona de Chávez, y propuso que fuera Carlos Andrés Pérez quien se pusiera al frente de un «comando de crisis». Fue después de los acontecimientos del 4 de febrero de 1992 que comenzó a pedir la renuncia de la misma persona que, dos meses antes, él quería como jefe del «comando de crisis».

Tanta insistencia en tan mágica y sencilla solución de un «comando de crisis» da que pensar, porque la expresión «comando» (otro nombre), refiere inmediatamente al ámbito militar y, repito, la primera vez que Úslar recomendó un «comando de crisis»—mágica solución—fue pocos días antes de un golpe de Estado—esa vez fallido.

Hay quienes han dicho que Chávez daría un golpe de Estado preventivo, hacia el mes de octubre—mágica fecha para Úslar—en la convicción de que este «sistema político» nunca le daría el poder y le robaría las elecciones. Ese no puede ser un golpe que Úslar propiciaría. Úslar jamás permitiría que Presentación Campos se convirtiera en el jefe y el señor. Quizás esto justifique un golpe de Estado preventivo para prevenir el golpe de Estado preventivo que se dice sería ejecutado por Chávez.

El sitio en el que los hombres de pensamiento de Venezuela pueden dar su aporte a la solución de la crisis no es el de un nuevo cogollo de diez comandantes de crisis sino, precisamente, esa asamblea constituyente que Úslar aborrece. Allí podría Úslar aportar su sabiduría, como no lo podría hacer, supongo, en un «comando de crisis». Abiertamente ante el país.

Uno no rechaza, Dr. Úslar, valerse de una herramienta que permite hacer cosas importantes porque no permita hacer otras cosas importantes. No vea Ud. a una constituyente como navaja suiza que es a la vez cuchillo y lupa y sierra y lima y brújula y mondadientes. Pídale a la constituyente únicamente que recomponga este casco político e institucional carcomido de tantas formas en tantos flancos.

O si no que Úslar nos diga, de una buena vez, cuál cree debe ser ese «plan de salvación nacional» sencillo e inmediato. Y precisamente porque el problema es morrocotudo es por lo que uno supone que la herramienta que debe emplearse debe ser conmensurable con su magnitud. Usted convendrá, Dr. Úslar, que una mágica constituyente es una herramienta más poderosa que el décuple cogollo de su mágico «comando de crisis».

Tan solo una de las cosas que hay que hacer, Dr. Úslar, es reunir a la constituyente, pero es una cosa muy importante. Apelar, en medio de una crisis fundamental, nuclear, de composición, de constitución, al Poder Constituyente. Esto es más democrático que convocar a una reducida mesa redonda a diez mágicos barones. Podemos pedirle al Dr. Caldera que convoque de una vez el referéndum que pueda generar una asamblea constituyente.

LEA

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FS #122 – Realidad segunda

Fichero

LEA, por favor

Eric Voegelin (1901-1985) es descrito comúnmente como filósofo político, aunque su docencia, tanto en Europa como en los Estados Unidos, era ejercida en el reino de la ciencia política. Es tal vez más correcta la primera descripción, y en verdad podría decirse más bien que era un filósofo que se ocupaba de la política. A su consideración llevaba sus estudios de la historia y la conciencia de la humanidad y, muy especialmente, su cultura en materia religiosa.

Nacido en Colonia, recibió su educación superior en humanidades en la Universidad de Viena, de cuya facultad de Derecho llegó a ser profesor de ciencias políticas. En 1938 huyó del nazismo para residenciarse en los Estados Unidos, país del que él y su esposa se hicieron ciudadanos. Seguramente su vida corría peligro, pues en el año del ascenso de Adolfo Hitler al poder (1933), publicó obras críticas del racismo nazi. En 1958 recibió el señalado honor de la cátedra de ciencia política en la Ludwig-Maximilians-Universität de Munich, cargo que había estado vacante desde la muerte del gran Max Weber en 1920.

La Ficha Semanal #122 de doctorpolítico es muy breve, y está construida con los párrafos introductorios y la conclusión de su trabajo Sobre debate y existencia, publicado en 1967 en The Intercollegiate Review desde Filadelfia. Versa sobre la dificultad de debatir racionalmente con personas imbuidas de una ideología (una «segunda realidad»), dado que sus supuestos gnoseológicos no son los convencionales. En la introducción enuncia este problema, y al final declara que las ideologías son una enfermedad que debe ser curada médicamente.

En el texto emplea el término «noético», que se refiere en términos generales a lo intelectual e intuitivo, y en sentido técnico (Husserl) al acto intencional de la conciencia. Una vez establecido el problema, en el trabajo se remonta hasta Santo Tomás de Aquino para describir su debate contra los paganos en la Summa Contra Gentiles, lo que lo lleva a referirse a Aristóteles y Platón, así como luego a Leibniz y Heidegger. Como puede verse, es lenguaje de filósofo, y el estilo de Voegelin fue modelo de lo abstruso. Según él, si el problema a discutir era difícil un estilo difícil era lo indicado, para advertir al lector que debía tener cuidado. Los trozos escogidos, sin embargo, se entienden con poca dificultad, y más todavía si se sabe que Voegelin es el autor de Die Politischen Religionen (1938), donde señala las semejanzas estructurales entre las ideologías totalitarias como el marxismo y el nazismo, y las religiones.

LEA

Realidad segunda

En nuestra capacidad en tanto científicos políticos, historiadores o filósofos, hemos todos tenido ocasión en un momento u otro de involucrarnos en debate con ideólogos—sean éstos comunistas o de algún credo algo más cercano. Y todos hemos descubierto en tales ocasiones que no se podía alcanzar ningún acuerdo, ni siquiera un honesto desacuerdo, porque el intercambio de argumentos era perturbado por una profunda diferencia de actitud en relación con todas las cuestiones fundamentales de la existencia humana—con respecto a la naturaleza del hombre, a su lugar en el mundo, a su lugar en la sociedad y la historia, a su relación con Dios. El argumento racional no podía prevalecer porque el socio en la discusión no aceptaba como obligante para él la matriz de realidad en la que las cuestiones específicas que conciernen nuestra existencia como seres humanos están enraizadas en último término; él ha cubierto la realidad de la existencia con otro modo de existencia que Robert Musil ha llamado la Segunda Realidad.

El argumento no podía obtener resultados, tenía que desfallecer y extinguirse, a medida que se hacía claro que no era que un argumento se opusiera a otro, sino que tras la apariencia de un debate racional acechaba la diferencia de dos modos de existencia, de existencia en la verdad y existencia en la falsedad. El universo del discurso racional colapsa, podemos decir, cuando el terreno común de existencia en la realidad ha desaparecido.

Corolario: Las dificultades del debate conciernen a los fundamentos de la existencia. El debate con los ideólogos es bastante posible en las áreas de las ciencias y la lógica. La posibilidad de debate en estas áreas, que son periféricas a la esfera de la persona, sin embargo, no deben ser tomadas como presagio de la posibilidad futura de que las áreas centrales a la persona (la distinción de Max Scheler de las áreas de la personperiphere y la personzentrale) se moverán asimismo hacia dentro de la zona del debate. Entre los estudiosos de la Unión Soviética existe una tendencia a suponer que el universo del discurso, por los momentos restringido a asuntos y temas periféricos, se expandirá, por virtud del poder irresistible de la razón, para incluir los fundamentos de la existencia. Aunque tal posibilidad no debe ser negada de plano, también debe saberse que no hay evidencia empírica sobre la cual basar tal expectativa. El asunto es de algún interés, porque filósofos del rango de Jaspers se regodean en el supuesto de que hay una comunidad humana que existe al nivel de las ciencias naturales, y de que los científicos forman una comunidad. Esto hace surgir la cuestión filosófica de si es posible establecer al nivel de la ciencia un interés común, y esta es una cuestión que en el presente dista mucho de haber sido pensada por completo.

El fenómeno de la ruptura [del discurso] como tal es bien conocido. Más aún, las distintas Segundas Realidades, las llamadas ideologías, han sido el objeto de extenso estudio. Pero la naturaleza de la ruptura misma, sus implicaciones para el avance de la ciencia, y sobre todo los métodos de tratar esta fantástica situación, no han sido todavía suficientemente explorados.

………

Las especulaciones de la metafísica clásica y escolástica son edificios de la razón erigidos sobre la base de la experiencia de la existencia en la verdad; son inútiles en una reunión con edificios de la razón erigidos sobre bases de experiencia diferentes. No obstante, no podemos retirarnos al interior de esos edificios y dejar que el mundo pase, puesto que en tal caso estaríamos descuidando nuestro deber de «debate». El «debate» tiene que asumir, por tanto, la forma de (1) un cuidadoso análisis de la estructura noética de la existencia y (2) un análisis de las Segundas Realidades, tanto en relación con sus construcciones y la estructura que motiva la existencia en la falsedad. El «debate» de esta forma es difícilmente un asunto de razonamiento (aunque sigue siendo asunto del Intelecto), sino más bien de análisis de la existencia que precede a las construcciones racionales; es de carácter médico en cuanto tiene que diagnosticar los síndromes de la existencia falaz e iniciar en su estructura noética, en lo posible, un proceso de curación.

Eric Voegelin

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FS #121 – Yugo Chávez

Fichero

LEA, por favor

El 10 de agosto de 1998, en plena campaña electoral de la que H. Chávez Frías saldría victorioso sobre H. Salas Römer, escribí un artículo que saldría publicado en El Diario de Caracas, por esos días recientemente adquirido por el empresario industrial Hans Neumann. El artículo en cuestión llevó un título no demasiado ocurrente: «Yugo Chávez es un mentiroso».

Ya desde esa época data el vacío argumental de sus opositores que, por obra de algún extraño factor, dejaban que dijera lo que se le ocurriese sin refutarlo. Incluso Salas Römer eludía referirse a él directamente, y prefería la alusión oblicua, nunca frontal.

El suscrito debe admitir un sesgo muy fuerte en contra de Chávez. Desde el año anterior al fracasado intento de golpe de Estado de febrero de 1992, había venido exigiendo públicamente, en una media docena de artículos de prensa, la renuncia de Carlos Andrés Pérez, y creía que ese objetivo podía lograrse mediante la aplicación de una presión democrática, popular. De modo que en la misma madrugada del 4 de febrero, desvelado por los disparos que retumbaban desde La Casona y La Carlota, sentí la asonada como una afrenta personal que los golpistas me hacían, aun sin conocer sus rostros. Con mis muy escasas fuerzas había buscado una salida democrática, a costa de importantes inconvenientes personales, y ahora venían unos soldados, con violencia injustificable, a cercenar la ruta que había previsto. Admito, pues, que me resulta difícil mantener la conveniente distancia clínica a la hora de juzgar los hechos de ese día.

Una vez más, el texto elegido para esta Ficha Semanal #121 de doctorpolítico citaba el artículo de la Declaración de Derechos de Virginia que he reiterado hasta la náusea en numerosas ediciones de esta publicación. (Sin ir muy lejos, en la Carta Semanal #214 de la semana pasada). Tal vez los lectores excusen la insistencia y consientan en pensar que la prescripción virginiana, que sólo una mayoría de la comunidad es titular del derecho de rebelión, es principio que debe ser aprendido de caletre.

LEA

Yugo Chávez

Quiero dejar constancia de que yo me contaba, bastante antes del intento chavista de 1992, entre quienes pensaban que Carlos Andrés Pérez debía renunciar a su investidura presidencial. En este mismo diario escribí el 21 de julio de 1991: «El Presidente debiera considerar la renuncia. Con ella podría evitar, como gran estadista, el dolor histórico de un golpe de Estado, que gravaría pesadamente, al interrumpir el curso constitucional, la hostigada autoestima nacional. El Presidente tiene en sus manos la posibilidad de dar al país, y a sí mismo, una salida de estadista, una salida legal».

Esto es, propuse esa salida bajo la angustia de la matriz de opinión que ya se había formado en el primer semestre de 1991, acosado de escándalos, y que consistía en suponer que sólo existía la disyuntiva Pérez o golpe. Fue precisamente un intento, obviamente infructuoso, de mostrar un cauce constitucional. Estaba seguro de que la presión popular y democrática era el camino correcto para desalojar a Pérez del gobierno, ante la posibilidad de un expediente conspirativo y antidemocrático, como el que después intentaría Hugo Chávez Frías.

Dicho sea de paso, ese artículo suscitó unas pocas reacciones. Herminio Fuenmayor declaró que había en marcha una campaña para lograr la renuncia de Pérez. (¡Un artículo!) El General Alberto Müller Rojas, hoy en día jefe de campaña de Hugo Chávez Frías, escribió en El Diario de Caracas sobre la ingenuidad de mi proposición. (Al año siguiente, y luego de la intentona, volvió a escribir en adulación a Úslar Pietri, señalándolo como «el primero» que había solicitado la renuncia de Pérez. La verdad era que un mes escaso antes del golpe Úslar proponía que ¡Pérez se pusiera al frente de un gobierno de emergencia nacional! El interés oportunista de Müller Rojas era obvio: habiendo gravitado antes por los predios de aquel «Frente Patriótico» que lideraba Juan Liscano, quería ahora ser contado entre «los notables» que rodeaban a Úslar Pietri). Y también el director de El Diario de Caracas de la época, Diego Bautista Urbaneja, publicó un extenso artículo para comentar mis ideas al respecto y las de Luis Alberto Machado. Urbaneja opinó seis meses antes del 4 de febrero de 1992 que no había peligro de golpe de Estado –gran visión– y además, echando en falta argumentos éticos en mi proposición, dijo no tener duda de que Pérez daría una gran lección de ética renunciando, pero que el país «no estaba en condiciones de asimilar lecciones morales». En un segundo artículo en respuesta a tan asombrosas declaraciones de Urbaneja, escribí: «Donde discrepo de Diego Urbaneja es en cuanto a su apreciación de que Venezuela no está en capacidad de aprovechar lecciones morales. Es precisamente eso lo que el país está solicitando a gritos. Pero no es Pérez quien nos va a dar lecciones de moral con la renuncia que debiera comenzar a redactar. Es el país quien se la daría a Pérez, exigiéndosela». Urbaneja jamás permitió que ese segundo artículo fuese publicado.

Vedados los caminos de Urbaneja, el relanzado diario El Globo publicó varios artículos míos sobre el tema de la renuncia de Pérez, el más virulento de los cuales salió publicado ¡el 3 de febrero de 1992, un día justo antes del fracasado golpe chavista! (Admito haber temido que la DISIP o la DIM me visitaran, pues sería natural que pensaran que yo estaba «dateado». En realidad mis «datos» provenían de una predicción que había adelantado en 1987, en trabajo sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela: «Así, la probabilidad de un deterioro acusadísimo sería muy elevada y, en consecuencia, la probabilidad de un golpe militar hacia 1991, o aún antes, sería considerable». También, como ya he señalado, porque ese deterioro acusadísimo se había dado a comienzos de 1991, con la sucesión de escándalos como el caso Florida Cristal, la extorsión televisada de Lamaletto, los escándalos militares en torno a Gardenia Martínez y el jefe de seguridad de Pérez, la muerte criminal de Lorena Márquez, etc.) En el artículo que me fue publicado en vísperas del abuso chavista decía así: «Esto es lo que debemos decir en febrero: que Carlos Andrés Pérez ha fracasado. Que no queremos su mando. Que nuestra armazón constitucional, por fortuna, tiene modo de suplirle. Que necesitamos de vuelta las facultades que le dimos, porque es él la encarnación y la síntesis de lo que no puede seguir siendo políticamente en Venezuela. Que todo eso lo hemos venido diciendo en las encuestas. Que no queremos esperar hasta febrero de 1994. Que la cosa es ya».

Los lectores perdonarán, espero, esta larga enumeración de credenciales, la que considero necesaria para afirmar con autoridad lo siguiente: Hugo Chávez Frías miente. Y lo peor es que lo hace a conciencia.

Una de sus reiteradas explicaciones, cuando intenta defender su infeliz ocurrencia del 4 de febrero de 1992, es que el frustrado levantamiento de esa fecha se produce como rectificación «bolivariana» de los acontecimientos del 27 y el 28 de febrero de 1989. La lógica chavista procede más o menos de este modo: primero, Simón Bolívar había señalado que un ejército sería maldito si enfilaba las armas contra su pueblo; segundo, Carlos Andrés Pérez ordenó al ejército venezolano enfilar sus armas contra el pueblo en 1989; tercero, en consecuencia, la asonada del 4 de febrero no fue otra cosa que el castigo merecido por el pecado perecista.

Eso es mentira. Mentira dicha con el mayor desparpajo, con el mayor irrespeto por la inteligencia y la memoria de ese pueblo que él dice defender. Durante su breve prisión en el penal de Yare, cuando no preveía aún el posterior desarrollo de los acontecimientos y por tanto se encontraba algo descuidado, Hugo Chávez Frías admitió que el grupo que encabezó el intento de golpe de Estado de 1992 llevaba muchos años conspirando, por lo menos cinco años antes de que se produjeran los disturbios de 1989, la excusa que ahora ofrece como explicación.

Hugo Chávez Frías miente. Miente cuando dice y repite que el artículo 250 de la Constitución Nacional lo obligaba a la asonada. (Así declaró, por ejemplo, a la revista Newsweek en 1994). Hugo Chávez Frías miente. Porque el texto del artículo 250, que por sí solo constituye el Título XI (De la inviolabilidad de la Constitución) lo que dice en su primer inciso es lo siguiente: «Esta Constitución no perderá vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o fuere derogada por cualquier otro medio distinto del que ella misma dispone. En tal eventualidad, todo ciudadano, investido o no de autoridad tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia».

Veamos entonces. Hugo Chávez Frías estaría diciendo la verdad, por una parte, si el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez hubiera dejado de observar la Constitución por acto de fuerza o la hubiera derogado por un medio distinto del que ella misma dispone. Y es muy claro que ninguno de esos dos casos estuvieron presentes en 1992. Por otra parte, no creo que puede sostenerse que una conspiración militar, preparada largamente, puede ser entendida como una «colaboración» para el restablecimiento de la efectiva vigencia de la Constitución. Al contrario, nada hay más inconstitucional que la única acción notoria de Hugo Chávez Frías. (Artículo 115 de la Constitución: «Los ciudadanos tienen el derecho de manifestar pacíficamente y sin armas, sin más requisitos que los que establezca la ley». Artículo 119: «Toda autoridad usurpada es ineficaz, y sus actos son nulos». Artículo 120: «Es nula toda decisión acordada por requisición directa o indirecta de la fuerza, o por reunión de individuos en actitud subversiva».)

Hugo Chávez Frías no ha admitido, y parece que nunca lo hará, que el episodio del 4 de febrero de 1992 fue un verdadero abuso contra el pueblo. El derecho de rebelión es un derecho sagrado y serísimo cuya residencia es el pueblo y jamás puede pretenderse que es prerrogativa de una logia conspirativa. Así lo recoge, por ejemplo, la Declaración de Derechos de Virginia (1776): «…cuando cualquier gobierno resultare inadecuado o contrario a estos propósitos—el beneficio común y la protección y la seguridad del pueblo, la nación o la comunidad—una mayoría de la comunidad tendrá un derecho indubitable, inalienable e irrevocable de reformarlo, alterarlo o abolirlo, del modo como sea considerado más conducente a la prosperidad pública». La norma de Virginia exige como sujeto de la acción una mayoría de la comunidad, y ni los oficiales sublevados representaban una mayoría de la comunidad ni una mayoría de ésta admitía un golpe de Estado como salida a la muy desagradable situación. En estricto sentido, pues, Hugo Chávez Frías y el resto de los conjurados, abusaron de nosotros, enviando a la muerte a soldados que no sabían a lo que iban y que terminarían matando a sus compañeros de armas. Hugo Chávez Frías, que continúa mintiendo respecto del origen de su periplo político, es claramente una personalidad autoritaria, totalitaria, que insiste en justificar su abuso, su irrespeto al ciudadano, su desconsideración acerca de la opinión de la mayoría. Ese autoritarismo no haría otra cosa que exacerbarse en posesión del poder que ya pretende arrogarse. Más honesto sería de su parte admitir que se le conozca más bien como Yugo Chávez Frías. Gloria al bravo pueblo que el yugo lanzó.

LEA

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