por Luis Enrique Alcalá | Feb 25, 2015 | Entrevistas, Política |

El autor de El reto de las élites
Pocas personas tan autorizadas como José Antonio Gil Yepes para interpretar el estado de la nación. Su encuestadora (Datanálisis)—en la que participa ejecutivamente el agudo y benéfico criterio de Luis Vicente León—es una de las más confiables empresas entre las que registran regularmente la opinión del país. Sociólogo de la Universidad Central de Venezuela y Ph. D. de la Universidad Northwestern de Chicago, el Dr. Gil Yepes exhibe, como rasgos fundamentales de su aporte al conocimiento de nuestra sociedad, la profundidad y responsabilidad de sus análisis, orientados siempre como prédica seriamente positiva.
Ayer fue entrevistado durante media hora en el programa Golpe a golpe (RCR 750AM) que dirige Fausto Masó y acompañó el periodista Pedro Pablo Peñaloza. Vale la pena escuchar su percepción de nuestro proceso político, y por eso se coloca acá el audio de su participación:
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por Luis Enrique Alcalá | Feb 21, 2015 | Dr. Político en RCR, Política |

Sábados a mediodía en RCR 750AM
En día de hoy el programa #132 de Dr. Político en RCR se centró sobre el tema de un golpe de Estado que habría sido develado por el gobierno, una de cuyas secuelas ha sido la dramática detención del alcalde Antonio Ledezma. La serena hermosura del Andante religioso de Edvard Grieg y el Kyrie del Requiem de Wolfgang Amadeus Mozart acompañaron la transmisión, cuyo audio se pone a continuación:
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por Luis Enrique Alcalá | Feb 20, 2015 | Notas, Política |

El preso Antonio Ledezma: «¡Pónganme las esposas!» (foto de venezolanonews.com a través de Google Images)
La paranoia es un proceso mental que se cree está fuertemente influido por la ansiedad o el miedo, a menudo hasta el punto de la irracionalidad y la alucinación. Típicamente, el pensamiento paranoide incluye creencias persecutorias, o en una conspiración que concierne la percepción de una amenaza contra uno mismo. (P. ej. “Todo el mundo está contra mí”). La paranoia se distingue de las fobias, que también envuelven un miedo irracional pero usualmente sin culpar a nadie. También acompañan a la paranoia las acusaciones falsas y una desconfianza general en los demás. Por ejemplo, una persona paranoide puede creer que ha sido intencional un incidente que la mayoría de las personas vería como accidente o coincidencia.
Wikipedia
Detectar conspiraciones cuando no hay ninguna es un síntoma de paranoia; detectarlas cuando sí existen es un signo de salud mental. Un conocido mío dice que si uno no es un poco paranoico en los Estados Unidos hoy en día entonces está loco.
Carl Sagan – Los dragones del Edén
El autoengaño de Fausto (…) ilustra en forma dramática la tendencia de los líderes políticos a distorsionar y falsear las imágenes de sus logros. Tienden a ver los resultados ambiguos como grandes éxitos, los éxitos menores como tremendos logros y sus encandilantes fracasos como una empresa heroica que ha sido arruinada por terceros.
Yekezkel Dror – Avant-Garde Politician: Leaders for a New Epoch
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La casi totalidad de los ciudadanos de Venezuela carece de elementos de juicio para afirmar o negar, seria y responsablemente, la veracidad de la denuncia gubernamental acerca de un frustrado plan de golpe de Estado, y yo formo parte de ese masivo contingente. La inmensa mayoría del país, ante el enésimo sobresalto político de los últimos años, no sabe si la denuncia es verdad o es falsedad. Los más opuestos construirán sus respuestas opuestas según, casi exclusivamente, el «carácter del reo»; los que condenan al chavismo dirán que lo mentiroso es habitual en el gobierno, los que condenan a la burguesía que ella hará lo que sea por restituir sus privilegios de clase.
Pero la verdad es que la mayoría de la nación no sabe. Si quiere pensar responsable y seriamente sobre el asunto, no puede descartar por imposible ninguna de estas posibilidades: 1. que la cosa sea verdad, 2. que la cosa sea media verdad, 3. que la cosa sea inventada, 4. que la cosa sea creída por paranoia gubernamental. Sólo es serio sostener que cada una de tales afirmaciones es posible.
Leopoldo Puchi da por sentado que en verdad fue develado un golpe de estado: «…lo más inquietante no es el reciente movimiento desmantelado, sino lo que pudiera venir. Ni al Gobierno ni a la oposición democrática le puede interesar que Maduro sea desalojado por la fuerza». (En Hay que tener cuidado con los pasos en falso, donde asimismo opina: «Julio Borges es de los dirigentes de oposición que se ha ubicado con mayor persistencia en la línea electoral. Es constantemente cuestionado por ‘blando’ y ‘colaboracionista’. Tal vez estaba como mucha gente al tanto de la conspiración develada, pero no luce creíble que haya participado en la organización del conato de golpe». Fue justamente éste el argumento que se ofreciera en el programa #131 de Dr. Político en RCR, cuando se reprodujo palabras de Borges del 29 de mayo de 2005: “Los que piensan que acá no hay salidas electorales, pues que organicen su conspiración. Los invito a que lo hagan. Conmigo no cuenten”).

Objetivos de un Tucano
Es posible que, en efecto, existiera realmente la conspiración denunciada por Nicolás Maduro y a medias detallada por Diosdado Cabello: «En todo tiempo, en todo sistema político, subsiste una fracción de personas, muy reducidas las más de las veces, que piensan en un golpe de Estado por la fuerza como solución a los problemas. Hay conspiradores por vocación, que necesitan la excitación del secreto y la urdimbre de siniestros planes para hacerse con el poder». (Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela, septiembre de 1987; esas palabras del trabajo fueron citadas, junto con las que anteceden de Julio Borges, en Opinión perniciosa, artículo en este blog del 27 de enero). Una particular fracción de personas «que piensan en un golpe de Estado por la fuerza como solución a los problemas» fue, por supuesto, la de los conjurados de 1992. Por esto no es tan injustificada cierta propensión a pensar mal y aducir el conocidísmo refrán castellano: «Cada ladrón juzga por su condición».
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El gobierno ha ofrecido una interpretación del comunicado del 11 de los corrientes—acá en versión .pdf: Comunicado—, firmado por Antonio Ledezma (hoy preso), Leopoldo López (preso hace un año) y Ma. Corina Machado (despojada de su condición de diputada y la protección de la inmunidad parlamentaria), en el que abogaron por un tal «acuerdo nacional para la transición». Según la interpretación oficialista, esa fórmula es un llamado al golpe de estado tanto genérico como específico, pues habría sido la señal convenida para iniciar una insurrección criminal que tendría entre sus propósitos asesinar a Nicolás Maduro. (Tal como sostuvo Carlos Andrés Pérez, cuando se apresuró a afirmar el 4 de febrero de 1992, en los considerandos del decreto de suspensión de garantías de esa fecha, que entre los fines de la asonada del MBR 200 estaba matarlo). Los comunicadistas no son los únicos que leen que «el gobierno de Maduro entró en fase terminal». De modo menos extremo, opiné el 18 de noviembre de 2014 que aumentaba el caudal del caño de futuro que conduce a la cesantía anticipada del presidente Maduro (en programa con Nehomar Hernández, transmitido por Radio Caracas Radio el 30 de diciembre), y la semana pasada cité recientes palabras de Luis Ugalde S. J.: “Pienso que el país necesita un nuevo gobierno ya. Es una necesidad. Y ya es ya: enero, febrero, marzo». La terminación anticipada del gobierno de Maduro está desde hace tiempo en el ambiente; más de una encuesta mide que dos terceras partes del país la prefieren, y ese gentío no está empatado en ninguna conspiración.

El triunvirato salidista
Que la publicación del comunicado de los salidistas haya sido una señal es también posible. En 1993, un amigo me comunicó que se planeaba un atentado contra el sistema eléctrico de Guri—el 30 de octubre de ese año, bajo la presidencia de Ramón J. Velásquez, se produjo un apagón masivo en el país—y me mostró unos cuantos titulares en la primera página de deportes en El Nacional que entendía como mensajes crípticos para el previsible levantamiento. Pero por sí mismo esto no confiere veracidad a la interpretación de Maduro, y su triunfal declaración—»¡Yo tengo el manifiesto! ¡Yo lo tengo!»—no tiene el menor valor. Todos lo tuvimos, pues fue justamente publicado en la prensa nacional.
Claro que los señalados son políticos de cierta radicalidad. Ya en época de la Coordinadora Democrática, Ledezma era el líder principal del «Comando Nacional de la Resistencia»— con Oscar Pérez y Patricia Poleo por socios—y abogaba por la abstención electoral, pues a su criterio las elecciones no eran una solución. Machado admitió en 2006 que sus esfuerzos eran conducentes a una «crisis de gobernabilidad»—aludida en la Carta Semanal #187 de doctorpolítico, 27 de abril de ese año—, y con López estableció un discurso salidista, aparte de la postura de la Mesa de la Unidad Democrática, desde el 7 de diciembre de 2013. Su reunión con George W. Bush (31 de mayo de 2005) y su conexión panameña no pueden ser sino signos sospechosos a los ojos de los policías de Maduro, para no mencionar la conversación que se le grabó con Germán Carrera Damas (reproducida parcialmente en La salida). Sin embargo, ninguno de esos indicios es comprobación fehaciente de su participación en un golpe de Estado en grado de frustración.
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La cosa puede ser una media verdad. Puede que haya habido militares a punto de rebelión armada sin que todos los civiles señalados estuvieran involucrados en el alzamiento planeado. No lo sabemos.
Puede que todo el asunto sea un montaje del gobierno. Los revolucionarios marxistas se creen en posesión de «valores superiores» que les autorizan a la inmoralidad vista por ojos burgueses; guerra es guerra. Además, la credibilidad del gobierno en materia de denuncias de golpes, sabotajes y magnicidios es bajísima; son demasiadas las instancias en las que ha asegurado que tan aviesos procedimientos existieron, pero nunca ha presentado pruebas convincentes de las tantas veces que ha dicho que viene el lobo (o la iguana). Todavía espera el país por una explicación suficiente acerca del siniestro de Amuay del 25 de agosto de 2012, que el gobierno intentó atribuir (Eulogio Del Pino) a sabotaje.

Los paras de Alonso
Pero también se creyó que era un montaje gubernamental el asunto de los paramilitares de la finca Daktari (Robert Alonso) en 2004. Entre otros, Antonio Ledezma, Jesús Torrealba, Alejandro Peña Esclusa, Rafel Huizi Clavier, Felipe Mujica, César Pérez Vivas, Henry Ramos Allup y Henrique Capriles Radonski interpretaron la cosa como puro teatro; «novela», la llamó Ledezma. Poco después, nada menos que el gobierno de Álvaro Uribe Vélez admitió que la intención de un atentado violento contra Hugo Chávez era verídica. Francisco Santos, el Vicepresidente de Colombia, declaró por entonces: «Nos alegra muchísimo que las fuerzas de seguridad venezolanas hayan capturado el domingo a gente que está o pretende delinquir allá”.
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Sin ser un montaje, la denuncia del golpe puede provenir de un estado paranoide del oficialismo. El gobierno está grandemente preocupado por la situación general del país, pero en lugar de reconocer su responsabilidad primaria en tal estado de cosas, prefiere creer que su Plan «de la Patria» es «una empresa heroica que ha sido arruinada por terceros». (Ver Alquimia de la culpa, 9 de diciembre de 2014). Las encuestas mantienen al gobierno en ascuas, enfrentado como está a las cruciales elecciones de Asamblea Nacional, con el reiterado registro de un rechazo mayoritario y creciente de la administración de Maduro. Ese estado psicológico puede llegar a considerar como hechos lo que sólo son especulaciones más o menos verosímiles. En todo caso, conviene a sus necesidades electorales la desarticulación de la dirigencia opositora por cualquier medio y que cunda en los votantes la útil idea de que no habrá jamás elecciones limpias bajo su régimen.
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Noticias 24 informaba ayer:
El presidente del Parlamento Latinoamericano capítulo Venezuela, Ángel Rodríguez, rechazó el llamado a un Acuerdo Nacional de Transición que hicieron la semana pasada varios dirigentes de oposición. En este sentido, manifestó que en Venezuela “no hay ningún mecanismo constitucional que hable de transición”.
Bueno, tampoco está en la Constitución ninguna mención o prescripción del socialismo, a pesar de lo cual todo decreto presidencial publicado en Gaceta Oficial lleva ahora este encabezado: «Con el supremo compromiso y voluntad de lograr la mayor eficacia política y calidad revolucionaria en la construcción del socialismo…»

El rey Juan (Bimba)
Resulta incomprensible cómo en esta enorme crisis no se busca un pronunciamiento del poder supremo de nuestro Estado, el Poder Constituyente Originario, el Soberano, la Corona. (Una vez más está equivocado Eduardo Fernández, quien hoy firma en Últimas Noticias el artículo Elecciones parlamentarias, donde asegura: «De acuerdo con la Constitución Nacional el Poder Legislativo es el primer poder del Estado. En consecuencia, de acuerdo con la teoría constitucional y con la letra de la Constitución vigente, nada puede ser más importante que la elección de la Asamblea Nacional». El primer poder del Estado es el Pueblo, y nada puede ser más importante que la manifestación de su voz en referendo).
Nada es más necesario en esta atribulada hora de la República que la manifestación soberana del Pueblo en un referendo que coincida, para ahorros financieros y logísticos, con las próximas elecciones parlamentarias. Para resolver los problemas de fondo que agobian a la sociedad venezolana, que la neurotizan, nada más indicado que dejarla hablar. El tratamiento verdaderamente definitivo es la decisión soberana sobre la implantación en Venezuela de un esquema socialista. (En noviembre, Datanálisis midió 80,1% de opinión contraria al «socialismo del siglo XXI», y el gobierno hace como si tal opinión no existiera).
Un referendo sobre el socialismo resultaría en un claro y contundente repudio de la arrogante y extraviada pretensión oficialista. Un referendo así forzaría la renuncia de Nicolás Maduro (no es asunto de «pedirla», sino de mandarla). Un referendo consultivo sobre el socialismo se convoca con la mitad de las firmas requeridas para un referendo revocatorio (10% de los electores en vez de 20%), y no se necesita esperar al año que viene.
Es momento de dar la palabra al Pueblo. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Feb 19, 2015 | General, Política, Terceros |

El más reciente libro de Yehezkel Dror, sabio y profeta (clic amplía y permite leer la contratapa)
Tengo por amigo y mentor a Yehezkel Dror. Me ha hecho llegar desde Jerusalén su obra más reciente: El político de avanzada – Líderes para una Nueva Época. Me hizo además el honor de dedicarlo así: «A Luis: mi socio en tratar lo casi imposible, remendar el mundo, como se necesita urgentemente. En amistad. Tuyo, Yehezkel». (To Luis: my partner in trying the nearly impossible: mending the world – as urgently needed. In friendship. Yours, Yehezkel». No me avergüenza admitir que esas palabras humedecieron mis ojos.
Le he escrito varias veces para comentarle su opus magnum. He aquí lo que fue mi reacción preliminar:
Acabo de leer—saborear sería un mejor verbo—el Proemio de tu libro. Resonancia inmediata, identificación instantánea con el plan, el alcance y las principales tesis anunciadas. Sonreí a menudo y una abrumadora sensación de alegre alivio me sobrecogió, pues de algún modo me sentí vitalmente reivindicado. Por ejemplo, ya te mencioné el título de mi reciente libro—Las élites culposas, una historia política personal del último cuarto de siglo de la política venezolana—, así que entenderás inmediatamente mi aprecio por la siguiente cita en tu página 4:
«Las sociedades complejas dependen de sus élites para hacer las cosas, si no bien, al menos no grotescamente mal … Las élites tienen que hacerlo mejor. Si no lo hacen, la furia pudiera abrumarnos a todos nosotros». (Wolff, 2014).
Tu descarte de alguna opinión de Tuchman (página 7) me hizo sonreír y recordar: ambos estábamos en un taxi en Manhattan (estabas como investigador visitante senior en alguna fundación estadounidense, a principios de los años 80); después de haberte recogido, y luego de oír tu recomendación de que leyera cierto libro sobre el juego de póquer, aventuré una opinión benévola sobre la dama historiadora, pues me había sumergido en La marcha de la locura, sólo para detonar un agudo comentario despectivo de tu parte.
Puedo imaginar muy bien las reacciones que describes tan ingeniosa y precisamente:
Estoy consciente de que este libro causará bastante controversia. A partir de las reacciones de algunos lectores del manuscrito, por más que a menudo fueron cortésmente formuladas, siento que lamentan no poder colocar el libro en un índice de libros prohibidos, como le sucedió a los principales escritos de Maquiavelo en 1559 (después de su muerte en 1527). Pero ninguna de las reacciones negativas, aun hostiles, a los temas principales del libro ofreció argumentos plausibles que demolieran su contenido fundamental; en lugar de eso expresaron una resistencia emocional a su aproximación parcialmente iconoclasta. Muchos parecen preferir evitar los costos soportables de cambiar de buen grado algunos valores e instituciones ampliamente aceptadas, por los muy altos costos de calamidades y ajustes subsiguientes, mucho más dolorosos.
He estado allí; en los últimos treinta años he escrito y predicado ampliamente—en muchos casos tomando base en tus enseñanzas—sobre política venezolana en forma iconoclasta, y he conseguido las mismas reacciones: una oposición emocional desprovista de aunque fuera un solo argumento válido.
Creo que has abordado los temas dominantes de nuestro incipiente siglo 21, con pleno dominio de la gran política (tu viejo concepto) racional (y razonable).
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El tema del libro es la época metamórfica que vivimos, llena de peligros, y la urgente necesidad de contar con líderes que la entiendan y enfrenten eficazmente. En el Proemio escribe Dror: «…la gran mayoría de los líderes políticos es de sonámbulos en lo que concierne al futuro de la humanidad. Algunos están conscientes de los retos principales, pero la vasta mayoría sufre de puntos ciegos mentales acerca de su significación. (…) El sonambulismo continuado de los líderes políticos ante problemas críticos asegura desastres».
Más de una vez traeré a este blog las enseñanzas de lo que he llamado el libro sobre política más importante en lo que llevamos del nuevo siglo. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Feb 14, 2015 | Dr. Político en RCR, Política |

Por RCR los sábados a mediodía
Una vez más Dr. Político en RCR, en su emisión de hoy (#131) tomó como guión material de este blog (Dos cepas del virus salidista), que fue precedido por consideraciones acerca del modo de pensar de los socialistas «bolivarianos». Siendo Día de los Enamorados, sonó en el programa el Claro de luna de Claude Debussy (pieza clave en una película con historia de amor, Frankie y Johnny) y Hello, young lovers, del musical El Rey y yo (Richard Rodgers & Oscar Hammerstein). Acá está el archivo con el audio de esa transmisión:
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por Luis Enrique Alcalá | Feb 13, 2015 | Argumentos, Política |

Infografía de Ignacio Bello
Y ésa es la tragedia política de Venezuela: que sufre la más perniciosa dominación de nuestra historia—invasiva, retrógrada, ideologizada, intolerante, abusiva, ventajista—mientras los opositores profesionales se muestran incapaces de refutarla en su discurso y superarla, pues en el fondo emplean, seguramente con mayor urbanidad, el mismo protocolo de política de poder afirmada en la excusa de una ideología cualquiera que, como todas, es medicina obsoleta, pretenciosa, errada e ineficaz.
Las élites culposas
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En plan conmemorativo y tal vez detonante, Antonio Ledezma, Leopoldo López y Ma. Corina Machado (en estricto orden de apellidos) publicaron el 11 de los corrientes, un día antes del aniversario de la insensata manifestación del Día de la Juventud en 2014, un comunicado conminatorio. (En versión .pdf: Comunicado). En él declaran al inicio:
El pueblo de Venezuela vive una de las circunstancias más difíciles de su historia, a la que ha sido llevado por un régimen que en los últimos dieciséis años aplicó un modelo fracasado y ha ejercido de manera impune la antidemocracia; un régimen ineficiente y corrupto que robó, regaló y despilfarró recursos públicos cuantiosos, con los cuales se hubiese podido impulsar el bienestar y el progreso de todos, en lugar de generar la ruina que hoy sufrimos. En fin, el desastre que vivimos responde al proyecto de una élite sin escrúpulos de no más de cien personas, que tomó por asalto al Estado para hacerlo totalitario, que se ha apoyado en grupos violentos y en un militarismo de cúpulas corruptas para controlar a la sociedad a través de la represión, que degradó las instituciones y que violentó todo ámbito de la sociedad hasta devastar la economía y dañar gravemente las bases de la paz.
La precariedad y las tensiones que resultan de esta crisis y la insistencia del régimen en “profundizar” el modelo que la genera, pueden llevarnos en muy corto plazo a una emergencia humanitaria y han deslegitimado en extremo al gobierno. Es claro que el régimen no resolverá la crisis y que el gobierno de Maduro ya entró en fase terminal.
Nuestro llamado: construir un acuerdo para conducir la transición en paz.
No es un memorial de agravios que se presenta al gobierno para que enmiende su proceder; es más bien un prontuario judicial. Acá no hay nada nuevo; ya en 2002 alguien había redactado—en el preámbulo a un Acta de Abolición del gobierno de Hugo Chávez—lo siguiente:
Nosotros, la mayoría del Pueblo de Venezuela, Soberano, en nuestro carácter de Poder Constituyente Originario, considerando
Que es derecho, deber y poder del Pueblo abolir un gobierno contrario a los fines de la prosperidad y la paz de la Nación cuando este gobierno se ha manifestado renuente a la rectificación de manera contumaz,
Que el gobierno presidido por el ciudadano Hugo Rafael Chávez Frías se ha mostrado evidentemente contrario a tales fines, al enemistar entre sí a los venezolanos, incitar a la reducción violenta de la disidencia, destruir la economía, desnaturalizar la función militar, establecer asociaciones inconvenientes a la República, emplear recursos públicos para sus propios fines, amedrentar y amenazar a ciudadanos e instituciones, desconocer la autonomía de los poderes públicos e instigar a su desacato, promover persistentemente la violación de los derechos humanos, así como violar de otras maneras y de modo reiterado la Constitución de la República e imponer su voluntad individual de modo absoluto,
Por este Acto declaramos plenamente abolido el gobierno presidido por el susodicho ciudadano, ordenamos a la Fuerza Armada Nacional que desconozca su mando y que garantice el abandono por el mismo de toda función o privilegio atribuido a la Presidencia de la República…
Este mismo documento fue del conocimiento de Ma. Corina Machado. Yo mismo me encargué de llevarlo a sus oficinas en Altamira cuando una incipiente Súmate preparaba un «firmazo» (2 de febrero de 2003), luego de que se invalidara la aprobación de un referendo «no vinculante pero sí fulminante» (que Primero Justicia había preparado) por un CNE mal constituido que presidía accidentalmente Alfredo Avella Guevara. La dirigencia opositora de la época, Gente del Petróleo incluida, hizo caso omiso del procedimiento de abolición. (Propuesto el 25 de febrero de 2002, un mes y diecisiete días antes del Carmonazo, en programa de Televén).
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Los virulentos
Athos Ledezma, Porthos López y Aramís Machado—quizás es más apropiado Juana de Arco en lugar de Aramís—proponen luego tres agendas bastante completas para un «gobierno de transición»: agenda política-institucional, agenda de atención a la emergencia social y agenda económica. No es esa enumeración, por archiconocida, lo que interesa en el documento, sino esta prescripción:
Asumiendo ese compromiso hacemos un llamado, sin distingos políticos y trascendiendo las diferencias, para que pongamos en marcha, con la urgencia del caso, un Acuerdo Nacional para la Transición en el que esté representada la Unidad de todos los ciudadanos de Venezuela, a través de las visiones de los trabajadores, los jóvenes, los empresarios, los académicos, los políticos, los miembros de las iglesias y de la Fuerza Armada, en fin, de todos los sectores nacionales. Los consensos y compromisos del Acuerdo Nacional le darán solidez a las decisiones que deberán ser adoptadas para salir de la crisis en todos los ámbitos; para armonizar socialmente al país y para asegurar la estabilidad política en su paso por un proceso que experimentará riesgos, turbulencias y acechanzas de diverso orden.
Una vez más, se cuela el concepto corporativista en el modo propuesto para la aprobación del tal «acuerdo nacional para la transición». Esto es, el Pueblo no hablaría desde su propia esencia, sino fraccionado en «sectores» (como pedazos de la «torta social»). Cuando Chávez enarbolaba la bandera de la asamblea constituyente en su primera campaña electoral (1998), el artículo Contratesis refutaba esa noción que ahora comparten los comunicadistas à trois:
La constituyente debe componerse, a lo Mussolini, corporativamente. (Chávez Frías et al). Esto es, que debe estar compuesta por representantes de distintos cuerpos o unidades sociales: obreros, empresarios, militares retirados, profesionales colegiados, eclesiásticos, etcétera. Muy incorrecto. Nuestra condición de miembros del Poder Constituyente no nos viene de pertenecer a algún grupo o corporación, sino de la condición simple y original de ser ciudadanos.
Ahora que contamos con avenidas eficaces constitucionalmente establecidas para la expresión de la voluntad de la mayoría, es una mala recomendación ésta de «consensos y compromisos» que, por otra parte, siempre están sujetos a manipulación. (Los «congresos de ciudadanos» que por un tiempo patrocinó Machado o, peor aún, la pretendida, más bien falaz, «activación» del Poder Constituyente que declaró Voluntad Popular en Barquisimeto el 20 de septiembre de 2014, para buscar una constituyente que ya parece olvidada).
Quien debe hablar en esta crisis es la Corona en estado puro, no sus fragmentos «sectoriales». El proyecto de Acta de Abolición tenía eso claro: «Nosotros, la mayoría del Pueblo de Venezuela, Soberano, en nuestro carácter de Poder Constituyente Originario…»
En menos de un año puede iniciarse la recolección de firmas para convocar un referendo revocatorio del mandato de Nicolás Maduro por iniciativa popular, y de los trámites necesarios sabe algo Ma. Corina Machado; su know how sería utilísimo para un esfuerzo de esa clase, pues en 2004 logró la convocatoria del referendo contra Chávez.
Pero si creen que el país no puede esperar ni un minuto más, que en verdad estamos ante una inminente «crisis humanitaria»—profetizada, entre otros, por el economista Orlando Ochoa—, ante una situación como la que resultara del último terremoto de Haití, de una vez pueden recoger las firmas para algo parecido al fulminante referendo frustrado de Primero Justicia: puede preguntarse a los ciudadanos en referendo consultivo si estiman conveniente a la salud de la República que el presidente Maduro continúe en su cargo, y esa consulta puede celebrarse en la misma fecha de elecciones de Asamblea Nacional, en algún momento de este mismo año.
Y si fuera verdad, como afirma el más virulento salidismo, que «el gobierno de Maduro ya entró en fase terminal», entonces cabe otra preparación urgente: la identificación de candidatos competentes para completar en la Presidencia de la República el período trunco por cesantía anticipada, pues suponemos que no quiera el trío comunicadista salirse del cauce constitucional y una falta absoluta del Presidente conduce a una nueva elección presidencial.
¿Es alguno de esos tres salidistas aspirante al coroto? ¿Han acordado ya cuál de los tres se postularía? ¿O es que aceptarían la reincidencia candidatural de Henrique Capriles Radonski?
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Haciendo política clínica
La cepa de salidismo no virulento se expresa en una reciente entrevista a Luis Ugalde S. J., recogida por Reporte Laico (aquí en versión .pdf: P. Luis Ugalde- “El país necesita un nuevo gobierno ya”). Ugalde ya habla, por cierto, con metáforas médicas—¿un nuevo «doctor político»?—: “Tenemos el diagnóstico: así está el paciente, como si estuviéramos en una junta médica…” y “Si usted tiene el enfermo en emergencia, tiene que atenderlo. Luego puede ocuparse del régimen de comida o de decirle si puede caminar”. Así formula una disyuntiva, ciertamente con gran urgencia, que nominalmente concede al gobierno una oportunidad de rectificar: «Pienso que el país necesita un nuevo gobierno ya. Es una necesidad. Y ya es ya: enero, febrero, marzo. Ahí abro dos alternativas: sea porque el gobierno que tenemos cambie radicalmente su estrategia y mejore la situación o sea que es sustituido por otro».
No pone excesivas esperanzas en el inmediato sucesor. A la última pregunta de la entrevista—¿Piensa usted que saldremos de ésta?—responde de este modo:
Saldremos. No en el primer gobierno. Probablemente el primer semi-cambio que haya será tímido, no funcionará del todo y luego tendrán que abrirse, porque necesitan los apoyos. Internos y externos. Fórmulas hay. Y muchas. Hay mucha plata de venezolanos afuera y mucho talento venezolano fuera del país que nos puede ayudar. Hay que estimularlos, ofrecerles opciones, con reglas de juego claras.
Bueno, depende de quien sea el sucesor. Es posible elegir a un verdadero médico político que dirija la necesaria cirugía reconstructiva del Estado y administre cura a la neurotizada psiquis nacional, al tiempo que siente las bases para una profunda metamorfosis creativa y positiva. Si el gobierno que suceda a Maduro estuviere condenado a ser, como Ugalde entrevé, tímido e ineficaz, tampoco duraría mucho y, como en la Argentina de De la Rúa, Camaño, Duhalde, etc., habría que elegir de nuevo.
Es preferible averiguar ahora, con premura salidista, si existe una mejor opción. Es preferible que la «transición» dure lo suficiente. LEA
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