Con este video se inaugura el canal de Dr. Político en YouTube por el que pronto transmitiré semanalmente, como lo hice desde Radio Caracas Radio entre el 12 de julio de 2012 y el 18 de mayo de este año. LEA
Son muy distintos John Barry y Marc Anthony, pero cada uno en su carácter es músico especialísimo, con una artesanía cuidada, responsable, que rinde piezas extraordinariamente satisfactorias al oído. Bueno, Barry ya no lo es, puesto que falleció en 2011, aunque su música permanece para nuestro deleite. Hijo de un operador y dueño de salas de cine irlandés y de una pianista clásica inglesa, nacido en York, fue la perfecta fusión de ambas raíces: Barry nos legó, precisamente, un buen número de musicalizaciones para películas, todas con su elegante y noble sello, reconocido con cinco premios Oscar; cuatro por la mejor partitura original: Born Free (1966), El León en Invierno (1968), África Mía (1985), Danza con Lobos (1990) y el quinto por mejor canción original, igualmente por Born Free. A esto habría que sumar dos reconocimientos de BAFTA y un Globo de Oro.
Oigamos tres de sus particularísimos temas: el de Born Free, luego el de El León en Invierno (con un coro que canta en latín*) y el especialmente bello de Somewhere in Time, unapelícula de 1980con Jane Seymour, actriz de intrigante belleza—homónima de la tercera esposa del rey Henrique VIII de Inglaterra—que es pretendida, mediante el retroceso en el tiempo, por el personaje que encarna Christopher Reeve.
Born Free
The Lion in Winter
Somewhere in Time
Y ahora escuchemos tres de las numerosas producciones del más refinado genio de la salsa, Marc Anthony. (Esto es unnom de guerre escogido por quien fuera bautizado por sus padres, Felipe Muñiz y Guillermina Rivera, con el mismo nombre del magnífico cantante mexicanoMarco Antonio Muñiz. La escritura inglesa fue la forma escogida artísticamente para evitar la confusión de los homónimos). Primeramente, Valió la pena (Premio Grammy 2005); a continuación Tu amor me hace bien, del mismo álbum que la anterior; finalmente, la estupenda pieza No me ames, en video proporcionado por YouTube que vale la pena ver a pantalla completa y en el que el compositor neoyorquino de origen portorriqueño canta con quien fuera su esposa, la impar Jennifer López.
Valió la pena
Tu amor me hace bien
Debemos estar agradecidos de ambos músicos, creo yo. LEA
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* Regis regum rectissimi prope est dies Domini, dies iræ et vindictæ, tenebrarum et nebulæ, diesque mirabilium tonitruorum fortium, dies quoque angustiæ, mæroris ac tristitæ.
Es poco probable que el nombre de Hugo Alfvén, compositor nacido en Estocolmo, sea familiar incluso para melómanos avezados, pero apuesto a que muchos hemos oído su Rapsodia sueca #1, apodada Midsommarvaka, (Vigilia en medio del verano). Cotejemos nuestra memoria musical con esta versión de la Orquesta de Filadelfia, conducida por quien la puliera hasta la perfección, el húngaro Eugene Ormandy:
Rapsodia sueca #1
Asimismo, apuesto alto a que el nombre de Julius Fučík, músico nacido en Praga, es bastante desconocido entre nosotros, aunque todos recordemos instantáneamente su Entrada de los gladiadores, probablemente escuchada por primera vez en una función de circo (Elgar Howarth dirige el Ensemble de Philip Jones):
Entrada de los gladiadores
Más de una vez vi la carátula de discos con piezas de Ernst von Dohnányi, un compositor húngaro no tan innombrado, en el salón de música de mi compinche y maestro sinfónico, Rafael Sylva, y creo recordar lo mismo en casa de un gran amigo de juventud, Johann Ossott Franklin. El recuerdo es sólo visual; no fue sino hasta hace muy poco cuando oyera su primera sinfonía, cuyo movimiento inicial pongo acá abajo (Leon Botstein dirige la Orquesta Filarmónica de Londres):
Sinfonía #1 en Re menor – 1. Allegro
¿Había oído algo del sueco Johan Svendsen? Nada de nada. He aquí una hermosa pieza suya, con Miklos Szenthelyi en el violín y Gyorgy Gyorivånyi-Råth al frente de la Orquesta Estatal Húngara:
Romance en Sol mayor
Tal vez haya escuchado cuando niño, en casa de mi madrina de bautizo, el aria de Stanislao Gastaldon que continúa este grupo de piezas, pues ella tenía unos cuantos discos de 78 r. p. m. con grabaciones de Enrico Caruso, quien acá la canta. Entiendo que fue o era una canción popular:
Musica prohibita
De quien sí había aprendido algo era de Josef Suk, e incluso que fue discípulo y yerno de Antonín Dvořák, pero no hace mucho que descargué su refrescante Serenata para cuerdas, a cargo de Bohdan Warchal ante la Orquesta de Cámara Eslovaca:
Serenata para cuerdas en Mi bemol mayor – 1. Andante con moto
Deliberadamente, dejé de última la pieza que prefiero en este grupo de obras: el primer movimiento del Concierto para piano y orquesta en Sol mayor de Artur Lemba, la primera obra de esa clase compuesta en Estonia. (Lemba también compuso la primera sinfonía estoniana). Mihkel Poll al piano y Paul Mägi, quien dirige la Orquesta Sinfónica de la Academia Estoniana de Música y Danza, se encargan de cerrar esta ofrenda de música inusual, pero muy satisfactoria.
Ferde Grofé se inclina sobre George Gershwin mientras éste toca el piano
A J. R.
El blues (cuyo significado es melancolía o tristeza) es un género musical vocal e instrumental, basado en la utilización de notas de blues y de un patrón repetitivo, que suele seguir una estructura de doce compases. Originario de las comunidades afroamericanas del sur de los Estados Unidos a principios del siglo XX, en los años sesenta este género se convirtió en una de las influencias más importantes para el desarrollo de la música popular estadounidense y occidental. Se lo lee en géneros musicales como el ragtime, jazz, bluegrass, rhythm and blues, rock and roll, funk, heavy metal, hip-hop, música country y pop.
En la enumeración de Wikipedia faltó la música sinfónica; para incluir la asociación de blues y academia, George Gershwin se ocupó de componer Rhapsody in blue en 1924. Originalmente para piano y banda de jazz, con orquestación de Ferde Grofé (el compositor de la Suite del Gran Cañón), se vistió de orquesta sinfónica en 1942 cuando Grofé se encargó de nuevo de la partitura orquestal. Es la obra más famosa de Gershwin, con razón.
En 2011, la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles se propuso rendir un tributo a Gershwin e invitó a Herbie Hancock, el gran pianista de jazz, a interpretar la Rapsodia con el acompañamiento sinfónico que dirigiría Gustavo Dudamel. En su Conductor of the People, Arthur Lubow escribió para el Magazine de The New York Times (28 de octubre de 2007) un extenso artículo sobre el venezolano y el Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, creación imperecedera de José Antonio Abreu; allí reproduce este testimonio:
Los músicos procuran asir palabras para expresar lo que hace tan excitante tocar para él. “Cuando está dirigiendo la pieza, uno siente como si estuviera siendo compuesta en ese momento; es como si la estuviese creando él mismo”, dice la primera clarinetista de la Filarmónica de Los Ángeles, Michele Zukofsky. “Lanza hacia atrás el pasado. Uno no se queda atascado en lo que está supuesto a ser. Es como jazz, en cierta forma”. (Director del Pueblo, 6 de noviembre de 2007).
Es justamente ella, Zukofsky, quien inicia la Rapsodia con el solo de su clarinete en este video de la feliz colaboración de Hancock con Dudamel y los músicos de Los Ángeles:
Mariss Jansons, un superdotado de la dirección musical
A Oscar Álvarez Sylva, mi compinche insustituible
Hoy me ha hecho una falta enorme Rafael Sylva, al descubrir una grabación de la Segunda Sinfonía en Do menor (Resurrección) de Gustav Mahler, el compositor que supe apreciar gracias a sus lecciones, por la que fuera su orquesta favorita: la Real Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam. Por la época en la que oía música y recibía sus enseñanzas en su casa, sólo llegamos a comparar la versión de Georg Solti frente a la Orquesta Sinfónica de Chicago y la de Leonard Bernstein con la Orquesta Filarmónica de Nueva York; era ésta la que prefería,* esencialmente por un fugaz pasaje tormentoso que emerge en el primer movimiento de la obra (a los 12′ 09″ del audio colocado abajo). Fueron muchas las veces en que puso, en su estupendo equipo de sonido, ese movimiento de la pieza para adoctrinarme. No llegamos a degustar juntos, sin embargo, la rica versión de la orquesta holandesa (que desde hace décadas la revista inglesa Gramophone ubica de primera en su autorizada lista de las mejores orquestas del mundo). El grado de detalle artesanal que logran sus ejecutantes es evidente en esta grabación de ese movimiento del que Rafael conocía hasta la última nota:
Allegro maestoso
Quien marca la pauta es Mariss Jansons, el Director Principal de esa orquesta filigrana desde septiembre de 2004 hasta marzo de 2015, un músico tan increíble como los que guiaba con su batuta y sus gestos. De ellos dijo: «De pie en el podio delante de los músicos, siempre aprecié cuán especiales eran. Su aproximación a la hechura de la música va mucho más allá de cuestiones de sonido; es tan profunda, tan honda, tan noble… crean una atmósfera única, haciéndote sentir que has entrado en un mundo muy especial».
Jansons está doblemente vivo de milagro. Casi murió de un infarto del miocardio en Oslo en 1996, a punto de concluir su dirección de La bohème, de Giacomo Puccini. (Su padre, Arvīds Jansons, igualmente director de orquesta, falleció por lo mismo doce años antes mientras dirigía la Orquesta Hallé, de Manchester). Hoy en día, Mariss Jansons porta en su pecho un desfibrilador encargado de reactivar su corazón en caso de falla. Pero su existencia misma es casi milagrosa: su madre, Iraida, era judía, y debió parirlo escondida, prácticamente contrabandeada fuera del Gueto de Riga (Letonia), donde su padre y su hermano fueron asesinados por los nazis.
Este asombroso director de orquesta es todavía (desde 2003) el Director Principal de la finísima Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera—sexta en la lista de Gramophone—, de la que ha dicho que conducirla es como manejar un Rolls Royce: «He aquí una orquesta que no sólo es muy brillante, sino que no tiene ninguna debilidad, compuesta de ejecutantes enormemente espontáneos y emocionales, que tocan cada concierto como si pudiera ser el último». Antes se desempeñó un año (1979-1980) como Director Musical de la Filarmónica de Oslo, y es esta orquesta la que dirige acá en los poderosos y nobles compases de cierre del primer movimiento de la Sinfonía Manfredo de P. I. Tchaikovsky.
Manfredo – Final del 1er. mov.
Un paseo
He traído acá este fragmento no sólo porque es uno de mis pasajes musicales favoritos, sino porque sigo esperando resultados de la gestión noruega a favor de la apertura de una salida negociada a nuestra enmarañada situación política. De Riga a Oslo, para los nórdicos, es un paso, pero como de Oslo a Caracas el viaje es mucho más largo, los noruegos se habían mudado a Barbados. (Ver De Oslo a Bridgetown).
El diálogo y la música son más fuertes que el odio. «Ohne Musik wäre das Leben ein Irrtum» (Sin la música, la vida sería una equivocación), dijo Federico Nietzsche, y la política es evidentemente parte de la vida. LEA
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*Ésta es la concepción de Bernstein para la erupción musical contra la que Rafael Sylva medía toda otra interpretación de la Segunda Sinfonía de Mahler:
Los Estados Unidos de Norteaméricaproducen música a raudales, todos los días, y han acunado a grandes artistas musicales: Barbra Streisand, Frank Sinatra, Elvis Presley, Bob Dylan, Glenn Miller, Scott Joplin, Louis Armstrong…
La música de los Estados Unidos es un reflejo de la población multiétnica del país a través de una amplia gama de estilos. Entre los géneros de mayor reconocimiento internacional, que tienen sus orígenes en el país, destacan marcha, country, bluegrass, las llamadas músicas afroamericanas, como el blues, Hip_hop, góspel, rhythm and blues, jazz, house, música disco, ragtime y rock and roll. Otros géneros musicales que tienen su origen en el país son pop, techno, reguetón, Salsa (género musical), y Barbershop. Además de varios subgéneros, como el dixieland, y otras músicas regionales. Asimismo, existen variaciones como la música cinematográfica y los musicales. (Wikipedia en Español).
Un cotejo de ese primer párrafo con el del artículo equivalente en inglés (WIkipedia) permite percatarse de que se trata de la misma caracterización; la música, para los estadounidenses, es primordialmente músicapopular. Su producción de música académica es exigua, si se la compara con el variado conjunto de géneros ya enumerados. No es abundante su música académica—ver American classical music—ni numerosa una lista de los compositores de EEUU que se dediquen a ella, y tampoco hay allá obras musicales que pudieran ubicarse en la primera fila de las composiciones junto con las italianas, alemanas, francesas, españolas o rusas.
En lo que sí se destacan es en la producción de grandes ejecutantes, tanto individualmente como de conjuntos orquestales. En la muy autorizada lista de la prestigiosa revista musical inglesaGramophone, publicada desde 1923, la Orquesta Sinfónica de Chicago ocupa el quinto lugar en el mundo, y las de Cleveland (7ª), Los Ángeles—la dirigida por Gustavo Dudamel—8ª), Boston (11ª), Nueva York (12ª), San Francisco (13ª), Metropolitan Opera (18ª) superan en número a las cuatro orquestas alemanas incluidas y a todas las demás, con el 30% de la representación total. Ejecutantes como William Kapell, Leonard Bernstein, Murray Perahia, Leon Fleisher, Isaac Stern, Van Cliburn, Joshua Bell, Oscar Levant, Gary Graffman, Byron Janis y muchos nacionalizados, atestiguan cuán importante es la música clásica en los Estados Unidos.
Copland
En todo caso, en los Estados Unidos se ha producido música «culta» que vale la pena escuchar, como constataremos en esta entrada. Comencemos por alguien que dirigió la Orquesta Sinfónica de Venezuela en 1956, Aaron Copland, tal vez el más importante de sus compositores. De su ballet Billy the Kid, oigamos la sección del duelo de pistolas y la subsiguiente celebración por la captura del delincuente, que llevan a la conclusión de la obra. Luego, una de sus piezas más acabadas, El Salón México, inspirada por un salón de baile real que el compositor conociera. (La primera obra es interpretada por la Orquesta de Filadelfia, conducida por Eugene Ormandy; la segunda por el mismo compositor a cargo de la New Philharmonia Orchestra de Londres, Inglaterra).
Billy the Kid
El Salón México
Hovhaness
Con tales aperitivos, podemos acometer como curiosidad musical, advierto, un plato de difícil degustación: la rarísima composición de Alan Hovhaness—nacido en Somerville, Massachusetts, de madre estadounidense y padre armenio—que tituló Y Dios creó grandes ballenas. (En el Génesis—1:21—se lee «Y dios creó los grandes monstruos marinos», que en una Biblia en inglés resulta en el título de la pieza). Se trata de un poema sinfónico en lenguaje musical ultramoderno (1970) y ¡grabaciones de sonidos emitidos por ballenas reales! Troy Peters dirige la Orquesta Juvenil de San Antonio (Texas):
Y Dios creó las ballenas
Grofé
Mucho más fácil de disfrutar es la Suite del Gran Cañón, de Ferde Grofé. Es música descriptiva, que llega a pintar en sonido un chaparrón con truenos y relámpagos distinguibles—más fielmente que la tormenta de Ludwig van Beethoven en su Sexta Sinfonía (Pastoral)—, e incluye hermosas melodías. En cinco movimientos, he aquí los tres últimos. (De nuevo, son Ormandy y los músicos de Filadelfia los ejecutantes):
En el sendero
Puesta de sol
Chaparrón
Gershwin
Es sabido que George Gershwin—Porgy and Bess, Rhapsody in blue, Un americano en París—se inspiró en temas afroamericanos y tomó prestado del jazz para componer música. Una de sus más brillantes composiciones es su Concierto en Fa, del que aquí se coloca el tercero (último) movimiento. Earl Wild al piano, y Arthur Fiedler comandando la OrquestaBoston Pops (integrada por músicos de la Sinfónica de Boston) se encargan de la ejecución del Allegro agitato:
Concierto en Fa
Barber
Para el cierre, la proposición es el Adagio para cuerdas de Samuel Barber, no sólo porque es hermoso sino porque es la obra de mayor calidad musical de esta muestra. Por tercera vez, los convocados son los músicos de la Orquesta de Filadelfia dirigidos por Eugene Ormandy, el húngaro sucesor de Leopold Stokowski que la condujera y la puliera, durante 44 años, como conjunto reconociblemente opulento.
La Orquesta de Filadelfia desarrolló a lo largo de su duradera etapa con Ormandy una sonoridad que la diferenciaba de las demás orquestas de élite. Mientras que Fritz Reiner en la Sinfónica de Chicago consolidaba su sonido sólido y George Szell en la Orquesta de Cleveland conseguía una penetrante perfección; mientras que Mitropoulos y luego Bernstein hacían de la Filarmónica de Nueva York una formación muy técnica aunque de sonido un tanto áspero, Ormandy formó a los profesores de Filadelfia hasta convertirlos en insuperables virtuosos de la brillantez y de la puntuación exquisita. (Wikipedia en Español).
Adagio para cuerdas
Música bellísima, que a alguien que conozco muy bien le produce ansiedad. (Explicablemente). LEA
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