Por una nariz

nariz

Un triunfo que poco convence

La estrechísima diferencia que dio el triunfo a Nicolás Maduro sobre Henrique Capriles—1,59%—pinta un cuadro político prácticamente inédito en el lienzo venezolano. Una diferencia tan pequeña no se veía en el país desde 1968, cuando Rafael Caldera alcanzó por primera vez la Presidencia de la República ganando a Gonzalo Barrios por menos de 33.000 votos (0,89% de diferencia). En aquella ocasión, el forcejeo en un Consejo Supremo Electoral no automatizado duró tres días hasta que Acción Democrática aceptara la derrota. Ahora ha ganado Maduro por escasos 234.935 votos, para algo más de 99% de las actas escrutadas.

Encuestadoras como Datanálisis, IVAD, Hinterlaces y GIS XXI esperaban una reducción de la brecha entre ambos candidatos. La primera de ellas midió por última vez un promedio de 7,22 puntos de diferencia y, como se reportó acá ayer—Final cerrado—, su registro en la última muestra fue de sólo 3 puntos de ventaja. Esto es, la candidatura oficialista colapsaba con el paso de los días. Se escuchará ahora que una semana más de campaña habría redundado en una derrota del gobierno lo que, por supuesto, es contrafáctico, pero sin duda una victoria pírrica—»una victoria de m…», habría dicho Chávez—es lo que ha obtenido.

La proximidad llama a la incredulidad opositora—ya el rector Vicente Díaz ha urgido la auditoría del 100% de las cajas—, y seguramente la Mesa de la Unidad Democrática no se conformará de inmediato con el resultado cantado. Tampoco podría pretender demasiado; cuando comenzaba la noche, Carlos Alberto Montaner tuiteó: «La información que se maneja en la cúpula de la MUD le da la victoria a Capriles por 200.000 votos con el 98% de las actas». En todo caso, se trataría de protestar al mismo Consejo Nacional Electoral que en 2007 dijo que el proyecto de reforma constitucional presentado por la Presidencia de la República había sido rechazado por una diferencia de 1,41 por ciento. (El de la Asamblea Nacional fue repudiado por una diferencia de 2,1%).

Se abre un nuevo período en la política nacional, a escasos 39 días de la falta absoluta de Hugo Chávez. Habrá tiempo para comentarios más extensos y considerados. Pero por ahora se puede recordar que Datanálisis midió—del 29 de febrero al 7 de marzo de 2012—que Maduro perdería una hipotética elección contra Capriles (33,7% a 23,3%). Esto es, Capriles habría perdido una ventaja de 10,4 puntos y Maduro ganó con lo que no alcanzó a dilapidar, en poco más de un mes, de la herencia que Chávez le dejara. A lo que Michael Rowan le advirtiera, hay que sumarle la extrema debilidad de su ganancia: medio mandato. LEA

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Se cae de maduro

Pudo preservar la banda... por ahora

Pudo preservar la banda… por ahora

Nicolás Maduro Moros está a punto de ser proclamado Presidente electo de la República de Venezuela; Capriles Radonski no pudo, otra vez, convencer a una mayoría de los electores venezolanos. (¿Seguirá María Corina Machado repitiendo «Somos mayoría», su mantra favorito?) Hacia las 4 y media de la tarde de hoy las encuestadoras daban una ventaja de 8 a 9 puntos para Maduro; el díscolo y siempre optimista Alfredo Keller reportaba que Capriles perdería por sólo 6 puntos. La lloradera, el pataleo, la racionalización freudiana y la neurótica negación tardarán un tiempo en agotarse, pero después los ciudadanos que saben que el socialismo es tan anacrónico como pernicioso deberán sacar la conclusión evidente: la dirigencia que perdió con Salas Römer, con Arias Cárdenas, con Rosales y dos veces con Capriles, está constitucionalmente, intelectualmente impedida (no por mala voluntad o falta de diligencia) de producir lo que políticamente hace falta.

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Hace dos semanas, el inteligente y atinado analista Michael Rowan escribía un artículo para el diario El Universal—La estrategia electoral de Maduro: El asunto es gobernar1º de abril de 2013, con traducción de Conchita Delgado—; en él iniciaba su lección así:

Sr. Maduro, piense en el 15 de abril. La elección es pan comido, comparado con el hecho de gobernar.

Para la elección, todo le está marchando a pedir de boca: la bendición del fallecido presidente Hugo Chávez, las exequias dignas de un santo, el inmenso poder y el ingente erario en manos del gobierno, el balón en una parte del campo de juego en el proceso electoral, el poco tiempo que tuvo la oposición para montar su campaña y la carencia de un mensaje opositor que atrape a los votantes.

Lo más importante de todo: hasta el 15 de abril, usted tendrá el apoyo de Diosdado Cabello, la Asamblea Nacional, los militares—entre ellos 11 actualmente gobernadores en representación del PSUV—, Rafael Ramírez y los dólares de Pdvsa, los cubanos que tienen ojos y oídos en todas partes y los burócratas, tribunales, fiscales, policías, colectivos y millones de dependientes de las dádivas gubernamentales. Pero hasta allí lo trajo el río.

El problema no es la elección; el problema es gobernar.

Entonces le enumeró lo que se le viene encima: una deuda de 160.000 millones de dólares (en Venezuela cundía la alarma cuando, en época de Lusinchi, el mono alcanzaba 35.000 millones); la inflación y la devaluación, la caída de la producción, la escasez de divisas para importar y la de alimentos, medicinas y otros bienes esenciales, la recrecida dependencia del petróleo, mientras debe satisfacer la demanda aprendida de una población que «depende de subsidios insostenibles». (El Programa de Gestión de María Bolívar contuvo un axioma impepinable: ningún Estado puede darle entera satisfacción material ni cultural a la sociedad).

Rowan cerró su invalorable admonición con recomendaciones muy concretas:

Con ligeros cambios en la política, usted puede lograr que las compañías petroleras extranjeras inviertan en el país. Esto puede traer de regreso a algunos de los cerebros que se fugaron después de 2002. Si usted pudiera elevar la productividad de Pdvsa en 10%, iría camino a la reelección en 2019. (…) La política de cambio monetario puede atraer inversiones en respaldo del comercio venezolano si encaja el bolívar al dólar de manera sensata. Las inversiones protegidas contra todo riesgo en agricultura, industria manufacturera, banca e infraestructura pueden estimular ipso facto cientos de miles de empleos. (…) La despolarización es su mejor estrategia. Así desarma a sus enemigos externos e internos a la vez que siembra nuevas esperanzas para la prosperidad.

Se valió de las palabras de un izquierdista (Luis Inazio Lula Da Silva, The New York Times, 7 de marzo): «La unidad venezolana, y la supervivencia de los logros alcanzados con esfuerzo por Chávez requerirán (… ) liderazgo (… ) para potenciar el diálogo con los partidos de la oposición y fortalecer los sindicatos y las asociaciones civiles», y añadió de su propia cosecha para sugerir:

La oposición puede aportar su granito de arena para convencer a los venezolanos que todos tienen la responsabilidad de pagar un precio razonable por la gasolina; caso contrario, el gobierno no tendrá suficientes fondos para costear las misiones de los barrios. Ya no puede suministrar 800.000 barriles diarios con grandes pérdidas para Pdvsa y las misiones.

Allí me separo de Rowan (y de Lula): es preciso salir de la caja opositora. (Ver en este blog la enésima advertencia a este respecto, formulada con grado variable de detalle y numerosamente desde febrero de 1985). No se superará al chavismo oponiéndosele, sino superponiéndosele desde un nivel superior de discurso.

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No puedo nombrar a un amigo que entiende mucho de política para no comprometerle sin su autorización, pero debo advertir que lo que diré a continuación no es de mi invención—Reconoceré según mi conocimiento y en todo momento la precedencia de aquellos que hayan interpretado antes que yo o hayan recomendado antes que yo aquello que yo ofrezca como interpretación o recomendación…, Código de Ética—, sino pronóstico procedente de su avezado ojo clínico. A comienzos de febrero nos dijo a mí y un amigo común: «Maduro ganará la elección, Capriles no sacará más votos que el 7 de octubre, y el gobierno resultante será muy inestable. Pudiéramos ver algo como la volatilidad de la época de Duhalde en Argentina. Presiento que vendrá una tercera elección».

Bueno, en gente chavista ya ha sonado la posibilidad de un referendo revocatorio—constitucionalmente convocable desde el 11 de enero de 2016—, y pudiera una renuncia ser necesaria antes para aplacar un generalizado descontento. El Presidente electo haría bien en leer a Rowan, no vaya a ser que se caiga de maduro. LEA

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Final cerrado

Agentes pendientes

Agentes pendientes

Gracias a los buenos oficios del Chamán del Guaraira Repano, este blog ha podido ponerse en parte de un informe de Barclays, que se afinca sobre datos levantados por Datanálisis para alertar sobre una elección cerrada. No es imposible un triunfo de Capriles. Abajo está una traducción del texto inglés, con cuatro gráficos que no pudo reproducirse a mejor calidad. Associated Press publicó antes una nota de Alexandra Olson con información parecida pero no idéntica: «Una encuesta por la firma local Datanálisis dijo que cerca de 55 por ciento de los entrevistados favoreció la candidatura de Maduro, comparado con 45 por ciento de quienes dijeron que votarían por Capriles. Es una ventaja cómoda, pero menor que la ventaja de 14 puntos que Maduro obtuvo en una encuesta de Datanálisis justo después de la muerte de Chávez. La encuesta, hecha para Credit Suisse y otras firmas privadas, fue conducida entre el 1º y el 5 de abril y liberada el jueves». Con fecha de hoy, Olson escribió una segunda nota en la que de nuevo registra la disminución de la ventaja de Maduro. LEA

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VENEZUELA: LA AFLUENCIA SERÁ LA CLAVE

A medida que nos acercamos a la elección del domingo, las encuestas (o sea, Datanálisis, IVAD) han venido reportando un rápido y marcado cierre de la brecha entre el candidato del chavismo, Nicolás Maduro, y el candidato de oposición Henrique Capriles Radonski. Después de tener una gran ventaja hace menos de dos semanas, el último resultado medido (del 4 al 11 de abril) saca a Maduro de su cómoda ventaja. Si la tendencia se mantiene, ésta pudiera ser una elección muy cerrada, cuyo resultado final dependería de la asistencia efectiva de los votantes de cada lado. El mercado ya ha estado actuando sobre una victoria de Maduro; por tanto, reiteramos nuestro llamado a posición larga sobre Venezuela puesto que creemos que ofrece una interesante oportunidad asimétrica de comercio.

Según el último sondeo de Datanálisis, la brecha se ha cerrado a 7,22 puntos, con Maduro alcanzando 44,4% de apoyo y Capriles 37,2%. Esto es menos de la mitad de lo que era hace menos de dos semanas (15 puntos). Las encuestas han estado mostrando consistentemente una pérdida de terreno de Maduro y una mejoría progresiva para Capriles, mientras ha habido un incremento en el número de votantes indecisos. Es importante que la proporción de votantes indecisos (18%) es más del doble de la brecha que separa los candidatos, lo que podría obviamente afectar el resultado final.

Maduro pierde terreno

Maduro pierde terreno

Brecha volátil estrechándose

Brecha volátil estrechándose

 

 

 

 

 

 

 

 

En las muestras diarias tomadas por Datanálisis, la brecha ha sido muy volátil, oscilando entre 1,3 y 13,1 puntos , pero con una clara tendencia a declinar, fluctuando con las noticias diarias y los eventos de campaña. Por tanto, el resultado de esta campaña atípicamente breve e intensa es incierto. La brecha de 7,2 puntos de la última encuesta es el promedio de brechas en el período de levantamiento, sin embargo, tiene que decirse que el último resultado de un día es de alrededor de 3 puntos. Esta rápida inversión del resultado muestra la debilidad del liderazgo de Maduro, que sigue dependiendo de la conexión emocional que Chávez tenía con una porción importante de la población. A medida que pasa el tiempo, el efecto del aval de Chávez está disminuyendo, haciendo a Maduro más vulnerable. No obstante, la aprobación del presidente Chávez está a un nivel mucho más alto (69%), y dado su apoyo a Maduro antes de su muerte, todavía pudiera ofrecer soporte adicional. A pesar de todo, esto saca claramente a Maduro de su cómoda ventaja. En el pasado, Datanálisis ha declarado que el mejor predictor del voto ha sido la tasa de aprobación del candidato (en octubre de 2012, Chávez tenía una tasa de aprobación de 58% y obtuvo 55% del voto, en 2006, tenía 63% de aprobación y obtuvo 63% del voto). En la actualidad, Capriles se coloca en ligera ventaja sobre Maduro, 47,4% a 46,9%, en términos de aprobación, lo que pudiera hacer a esta elección mucho más cerrada que lo que el mercado ha estado esperando.

La asistencia será la clave. Hasta ahora, las encuestas han apuntado a un nivel muy alto de participación que parece difícil de alcanzar. Aun sin la participación de Chávez, Datanálisis está estimando una afluencia de 83%, ligeramente sobre la afluencia de octubre pasado (82%), que significó un récord para los últimos 25 años. Por consiguiente, si la afluencia es menor, dependiendo de cuál lado se abstenga más pudiera cambiar el resultado de la elección.

El mercado ha estado calculando una victoria de Maduro. Por tanto, reiteramos nuestra advertencia de que un sobrepeso de activos venezolanos pudiera ser rentable en la eventualidad de un cisne negro (p. ej. un triunfo de la oposición). Los inversionistas usualmente asignan una alta probabilidad a su escenario básico, aun cuando las «sorpresas» son más comunes de lo que perciben. Esto redunda en oportunidades comerciales asimétricas interesantes (recuérdese el triunfo sorpresivo de Ollanta Humala en la elección presidencial de 2011 en Perú, cuando los mercados tenían una percepción negativa del actual presidente). Por estas razones, mantenemos recomendación larga en activos venezolanos. Barclays

Capriles sobre Maduro en aprobación

Capriles sobre Maduro en aprobación

Abrobación es el mejor predictor del voto

La abrobación ha sido el mejor predictor del voto

 

 

 

 

 

 

 

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Política mágica

Mitin político prehistórico

Mitin político prehistórico

La superstición trae mala suerte.

Umberto Eco

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El nivel de la campaña electoral que acaba de concluir ha sido bajísimo; en mi memoria, el más bajo que he presenciado desde que cobrara conciencia política a la caída de Pérez Jiménez. Claro que se trataba de una campaña relámpago—Manuel Felipe Sierra dijo que fue una pelea de boxeo de sólo un round—, pero más claro aún es que reflejaba el nivel general de nuestro proceso político: la pretensión pueril y arrogante de gobernantes de ideología radical y anacrónica ante la incompetencia de sus opositores profesionales. Ataques personales, ausencia de proposiciones, imitación de los contendientes y, lo peor de todo, una demagogia bilateral supersticiosa.

Veneración del tótem

Veneración del tótem

El candidato del continuismo aseguró que el espíritu de Hugo Chávez encarnaba en una avecilla para hablarle. Con esto, que bien pudiera creerse él mismo, intenta perpetuar la religiosidad del chavismo más primitivo, que ya ha producido el rosario de Chávez y todo género de oraciones y ensalmes. Ayer, en Barquisimeto, al candidato de la oposición le dio por hablar de vírgenes que le apoyan (en especial la Divina Pastora) y ángeles que vigilarán las votaciones desde muy temprano. Un ingeniero formado en ciencias duras, ex ministro de algún gobierno anterior y miembro del equipo financiero de la Mesa de la Unidad Democrática, repartió a sus corresponsales el pronóstico electoral de un tarotista local: «Capriles será proclamado Presidente de la República. Importante: Cada uno de los lectores de este mensaje debe encender una vela verde invocando a San Rafael Arcángel para que cuide a los venezolanos y a Capriles».

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Para que lo proteja

Para que lo proteja

A mediados de 2004, la psicóloga Magaly Villalobos llevó a un congreso de colegas su ponencia Caimanes de un mismo caño. Su objeto fundamental era el de resaltar cómo es que los mitos son categorías operantes en el actual proceso político venezolano, y mostrar cómo es que no sólo un lado de la contienda emplea mitos como base o elementos de su discurso. De allí el juicio resumido en el nombre de la presentación: en ese aspecto serían los oponentes caimanes de un mismo caño. Si en el chavismo era posible encontrar ritos santeros y equiparaciones con el Negro Miguel y María Lionza, si Chávez mismo blandía crucifijos y pedía una corona de espinas y una cruz, Juan Fernández, líder de la Gente del Petróleo, agitaba ante las cámaras estampitas marianas cada vez que declaraba al final de una sesión de la Coordinadora Democrática. Facebook y Twitter están ahora llenos de apelaciones mágicas: «Que esta lucesita (sic) se mantenga encendida para que Dios y la Virgen iluminen a toda Venezuela!!!» Una oyente llamó a un programa radial y exigió notar que un dios todopoderoso e implacable había resuelto el problema político nacional, al llevarse a Chávez del mundo de los vivos en intervención especial.

Nuestra política ya no se conforma con la vuelta al siglo XIX, ya no bastan Bolívar y Zamora; ahora cae, en retroceso más penetrante aún, en el pensamiento prehistórico. El realismo mágico literario ha sido superado por esta política de amuletos y pajaritos, pero el negocio importante es el de la modernidad. Si se continúa siguiendo a estos «dirigentes», rojos y antirrojos, nunca podremos alcanzarla. LEA

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El sentido de María Bolívar

He aquí el audio de la entrevista que Manuel Felipe Sierra me hiciera en Radio Venezuela, en la misma fecha de inserción de esta entrada. Previamente, el audio de un micro sinóptico para el noticiero de la emisora.

En 790AM hoy

Entrevista en 790 AM – 20/03/13

La legitimadora

María, la legitimadora

Entendiendo que ningún Estado puede darle entera satisfacción material ni cultural a la sociedad, le corresponde mantener un ambiente propicio para que la sociedad trabaje en su propia satisfacción y en la provisión de recursos para el Estado. No debe subordinarse la sociedad al Estado. Debe subordinarse el Estado a la sociedad.

Programa de Gestión de María Bolívar

Uno de ellos argumentó que el gobierno no era demócrata y por tanto jamás sería derrotable por vía electoral, (…) razón por la cual “lo que había que hacer” era crear, mediante el retiro de la candidatura, una “crisis de gobernabilidad” que pudiera ser aprovechada por otros factores de poder que acabaran con el régimen.

Las élites culposas

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Además de Henrique Capriles y Nicolás Maduro, María Bolívar, Eusebio Méndez, Julio Mora, Reina Sequera y Fredy Tabarquino son candidatos a la Presidencia de la República en las elecciones del próximo 14 de abril. ¿Qué sentido tienen sus candidaturas? Bolívar y Sequera también fueron postuladas para las elecciones anteriores, las del 7 de octubre de 2012; la primera obtuvo 0,04% de la votación total, la segunda diez veces más: 0,47%. ¿Es que alguna de las dos cree que tiene el más mínimo chance de suceder a Hugo Chávez, venciendo al Presidente en funciones?

La utilidad real para el oficialismo de, no uno, sino cinco candidatos adicionales, es la de proveer legitimidad al inminente acto electoral, suscitado por la falta absoluta de Hugo Chávez Frías, en caso de que se retire la candidatura de Capriles, como ya ocurrió en 2005 con las candidaturas de oposición a la Asamblea Nacional. En aquella ocasión, un hallazgo en la Fila de Mariches—donde el Consejo Nacional Electoral sometió las máquinas de Smartmatic a un examen técnico—que no significaba la posibilidad de fraude electrónico, aunque sí una potencial violación del secreto del voto, sirvió de pretexto para que Henry Ramos Allup llamara a la retirada en estampida. Como refiero en Las élites culposas, «recordé que el 31 de octubre, un mes antes del descubrimiento en la Fila de Mariches, me había escrito un precandidato presidencial de oposición: ‘…estamos preparando un retiro masivo de candidatos… seguido de un evento espectacular de lanzamiento de campaña 2006′. La demostración de González [el técnico del Grupo La Colina llevado por Primero Justicia] fue un golpe de suerte a favor de una retirada que estaba decidida de todos modos». (Pág. 275). Y no quiero decir con esto que alguno o todos los candidatos menesterosos hayan sido colocados en la boleta electoral del 14 de abril por obra del gobierno; para serle útiles basta que estén allí.

Al año siguiente de la entrega de la Asamblea Nacional por forfeit de la oposición, una insólita alegría se manifestaba en algunos personajes de la periferia opositora: creían que había sido un acierto estratégico profundo la retirada de noviembre de 2005, pues habría deslegitimado a la Asamblea Nacional enteramente roja, al causarse una abstención electoral de 75%. Ya nadie osa defender esa torpe maniobra; junto con el Carmonazo y el paro petrolero de 2002-2003, es ahora generalmente evaluada como una grande estupidez política.

Pero antes de que tal toma de conciencia llegara a generalizarse, se creyó que la fórmula era repetible, con mayor eficacia, en el proceso electoral de 2006, que enfrentó a Hugo Chávez y Manuel Rosales.

El miércoles 5 de abril de 2006, una reunión extraordinaria de la peña más longeva de Caracas, cuyo anfitrión es Luis Ugueto Arismendi, antiguo Ministro de Hacienda de Luis Herrera Campíns, se convocaba para escuchar a María Corina Machado, quien había solicitado la sesión con urgencia. Unas setenta personas, entre quienes me encontraba, asistieron a la exposición de la indiscutible líder de Súmate.

Machado comenzó con el enunciado de la premisa mayor de su presentación: nos hallábamos enfrentados a un gobierno que no creía en la alternabilidad democrática, uno que jamás entregaría el poder si lo llegare a perder en elecciones. La premisa no fue más comentada ni expandida durante toda la exposición, aunque proyectó su sombra sobre todo el resto de lo argumentado.

Luego, describió a grandes rasgos el mecanismo de primarias y rebatió, de forma persuasiva, los inconvenientes que usualmente se oponían a la idea de las mismas. Lo que más enfatizó, sin embargo, fue la exigencia de que el candidato más votado tendría que convertirse en el sumo adalid de la lucha por condiciones electorales confiables para retirarse de las elecciones, no con 5% en las encuestas, sino con 40% gracias a las primarias, lo que era preferible y sí “tendría impacto”, en caso de “ser necesario”.

Fue luego de todo eso que se suscitó una ronda de intervenciones de algunos asistentes. Uno de ellos* argumentó que el gobierno no era demócrata y por tanto jamás sería derrotable por vía electoral—la premisa mayor del inicio—, razón por la cual “lo que había que hacer” era crear, mediante el retiro de la candidatura, una “crisis de gobernabilidad” que pudiera ser aprovechada por otros factores de poder que acabaran con el régimen. Entonces, María Corina Machado se dirigió al ponente de la receta descrita para decirle: “Pues mira, eso es exactamente lo que estamos buscando”.

Las primarias, definitivamente, permitirían que los electores participaran en la decisión de escogencia del candidato. Serían, era obvio, más democráticas. Pero si se las quería emplear, en diabólica, insincera y arrogante manipulación, para entusiasmar a muchos electores en una candidatura cuya misión, sin que los ciudadanos lo supieran, era retirarse para generar problemas de gobernabilidad al gobierno y ejecutar después alzamientos o intervenciones extranjeras, entonces debíamos rechazarlas con el mayor denuedo. Ya se nos había llevado una vez, como corderos, al riesgo de la muerte el 11 de abril de 2002, mientras una necia conspiración se aseguraba de capitalizar, para una autocracia que jamás fue escogida en primarias, el beneficio del sacrificio.

Un articulista con seudónimo había ya sugerido que un supuesto pacto de Teodoro Petkoff con Fidel Castro, buscaba evitar “una gigantesca crisis de gobernabilidad que empuje definitivamente a Chávez a su propio abismo. De Miraflores al infierno… dadas las condiciones internacionales y el endurecimiento de las posturas del Pentágono hacia Caracas, una profunda crisis interna con el aislamiento internacional y la dureza de los Estados Unidos, el futuro para Chávez, para Castro y sendas ‘revoluciones’ sería de pronóstico reservado”. Ha habido siempre quienes celebran en Venezuela que los militares de los Estados Unidos se endurezcan.

De nuevo, los sostenedores de este récipe creían haber descubierto, luego de la masiva ausencia electoral del 4 de diciembre de 2005 y el evidente impacto sobre el discurso gubernamental, que la abstención en retirada de último minuto era el fusible eficaz que detonaría impepinablemente la crisis buscada. Pero claro, se añadía, para que la retirada surtiera efecto debía primero adquirirse fuerza, una masa crítica opositora construida, por ejemplo, mediante la organización de elecciones primarias que “calentaran la calle”. Naturalmente, no debía explicarse toda la estrategia al elector común, quien no tenía por qué saber que lo de las primarias era una carantoña, pues de sospecharlo no se produciría la participación masiva que el plan requería. De nuevo, como “teníamos la razón”, estaríamos moralmente autorizados a manipular a la población opositora mediante el engaño. (Las élites culposas, págs. 283-285).

Ayer, Día de San José, el diario El Nacional publicó un irrespetuoso editorial, enteramente alineado con entrometidas declaraciones de Roberta Jacobson, Secretaria de Estado para América Latina de los Estados Unidos de Norteamérica. (En entrevista concedida a El País de Madrid el 15 de los corrientes). Allí dijo Jacobson: «Creemos que los venezolanos merecen unas elecciones abiertas, justas y transparentes en las que todos pueden ejercer su voto con la confianza de que su decisión será respetada». Más adelante, y luego de cuestionar el proceso venezolano en materia de la observación internacional, reiteró: «…lo importante ahora es que las elecciones sean limpias y transparentes. Será un poco difícil, pero eso es lo que los venezolanos y la comunidad internacional debe [sic] de [sic] apoyar». El periódico madrileño quiso que la funcionaria estadounidense cuestionara la celeridad de la elección—que la Constitución Nacional manda en treinta días ante una falta absoluta del Presidente de la República—, al preguntarle: «¿No han sido convocadas estas elecciones con demasiada rapidez?» Aquí, El Nacional dijo que la reacción enteramente explicable de Tibisay Lucena, Presidenta del CNE, equivalía a haber «montado en cólera» y a salir «como Juana de Arco del trópico» por sugerencia de, tal vez, Nicolás Maduro, Diosdado Cabello o Elías Jaua. También aludió cobarde y desalmadamente a problemas de salud de la Sra. Lucena. ¿Cómo reaccionaría el Departamento de Estado de los EEUU a la declaración de un vocero autorizado de la Unión Europea, que expresara deseos de que alguna elección en ese país fuera abierta, justa, limpia y transparente? Es una vergüenza que El Nacional haya publicado la insultante pieza; el digno Miguel Otero Silva se revuelve en su tumba. ¡Cómo se nota la ausencia del sentido común de Simón Alberto Consalvi! (Apunte de Manuel Felipe Sierra).

La razón real de la estampida opositora en 2005 fue que los sondeos de opinión no auguraban a sus partidos más de 15% (entre todos) de la votación de diciembre de ese año. Ahora las encuestas conocidas colocan a Capriles Radonski, de quien todas las mujeres estarían enamoradas, en desventaja insalvable. Espero que él no se preste a una maniobra artera retirando su pobre candidatura—casi tan pobre como la de Maduro—, como estoy seguro de que con estas líneas aumenta mi propensión a accidentes o encuentros con el hampa asesina y mi favoritismo entre opositores neuróticos. LEA

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*Luis Betancourt Oteyza

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