por Luis Enrique Alcalá | Jul 4, 2013 | Argumentos, Política |

Tito Salas: Los causahabientes, 1971
causahabiente. Der. Persona que ha sucedido o se ha subrogado por cualquier título en el derecho de otra u otras.
Dicionario de la Lengua Española
__________________________
Audio de entrevista con Manuel Felipe Sierra en Noticias 24 Radio
Nicolás Maduro es el causahabiente de Hugo Chávez. Hasta 1999 ignoré la existencia del término y, por supuesto, su significado. Pero ese año asistí al bautizo del último libro de Rafael Caldera—Los causahabientes: de Carabobo a Puntofijo—, en el hotel Eurobuilding. Supe entonces que en 1971, durante su primera presidencia, el Dr. Caldera había encargado a Tito Salas el cuadro que aparece arriba y dispuesto su exhibición en una de las paredes de La Casona. El libro trata, obviamente, de la sucesión que viene desde Simón Bolívar hasta 1958, cuando en la casa del autor se firmara el importante Pacto de Puntofijo, que dio estabilidad a una democracia que estaba por nacer en Venezuela.
Es ahora el presidente Maduro quien tiene sobre sus hombros el peso de una tarea enorme: nada menos que suceder al líder planetario Hugo Rafael Chávez Frías, de quien dije en un texto de 2005: «…ha adquirido una estatura mundial que, independientemente de su corrección, es superior a la de cualquier candidato emergido o emergente y a la de cualquier otro presidente venezolano de la historia, en verdad segunda sólo tras la de Bolívar». (Tío Conejo como outsider).
………

De Hinterlaces de junio 2013 (clic amplía)
En su carrera demoscópica de una docena de años, Oscar Schemel ha traído a la conciencia nacional más de una lectura original; por ejemplo, sus apuntes sobre la nueva cultura política del país, la importancia de los electores no alineados (Ni-ni) o los rasgos religiosos en el liderazgo de Chávez. Ayer propuso conclusiones muy serias a partir del último estudio de Hinterlaces (19 al 23 de junio). Luego de destacar que de febrero a esta parte el apoyo al gobierno había caído 12 puntos (de 53% a 41%) y el de la oposición había subido 9 (de 21% a 30%, para un cierre total de la brecha de 21%), sentenció: “El país es mucho más homogéneo de lo que parece. La muerte del presidente Chávez está reconfigurando la cultura política, está desradicalizando y despolarizando a la sociedad venezolana, que se está moviendo más hacia el centro y está rechazando mayoritariamente las posiciones extremas».
Claro que la noción de centro está referida al eje ideológico de derecha a izquierda, y la cosa es en verdad que la política se desplaza en busca de un plano postideológico, pero aún cabe esa terminología bipolar. Hace un poco más de siete años, escribía el suscrito:
Pero mientras se produce la sustitución de un paradigma esclerosado, exacerbado por la decimonónica opción izquierdista del gobernante actual, impulsor a ultranza, a sus últimas consecuencias, de un esquema de política como lucha o polémica, habrá todavía que hablar con palabras conocidas. ¿Qué tal una oferta de centro? (…) ¿Será lo adecuado presentar una oferta que, entendiéndose a sí misma como trascendente de la vieja dicotomía izquierda-derecha, pueda ser comprendida por los electores como de centro? ¿Y será el candidato correcto ese caballero desconocido que responde al maracaibero nombre de Ninguno Nosabe Nocontesta? (El mero centro, 15 de junio de 2006).
A pesar de los recalentamientos de la polarización por los recientes eventos electorales—7 de octubre y 16 de diciembre de 2012 y 14 de abril de este año—y la inminencia de las elecciones municipales (8 de diciembre próximo), Hinterlaces mide la proporción de electores no alineados en 25% o uno de cada cuatro venezolanos. Schemel anota «…que en circunstancias políticas y electorales, [el país] se radicaliza en extremo». Dicho de otra manera, cuando no estamos en medio de una campaña electoral los no alineados alcanzan una proporción mayoritaria, que en ocasiones ha excedido 60%.
No ha habido hasta ahora una organización política que haya sabido hablar con modernidad y responsabilidad, primeramente, a ese mercado primario de considerables proporciones. En cuanto hiciera presencia efectiva, buena parte de lo que permanece en estado de polarización se le adheriría. Pero mientras no exista, el estado de opinión que Schemel describe puede manifestarse como un movimiento que no responda a líneas partidistas, como la expresión de un enjambre de abejas ciudadanas que, en la medida en que predominen emociones de frustración, puede africanizarse con violencia. El año que viene conmemoraremos un cuarto de siglo del Caracazo.
………
El pasado sábado, en la quincuagésima emisión del programa Dr. Político por Radio Caracas Radio, sugerí al presidente Maduro la utilidad de verse en el espejo egipcio, cuatro días antes de que los militares depusieran el gobierno de Mohamed Morsi, que el domingo pasado cumplió escasamente un año de haber sido electo. Ayer, diecisiete millones de egipcios protestaban su gobierno en muchas de las ciudades de Egipto, y ese enorme enjambre ciudadano forzó su término y la transición en circunstancias que llaman a la preocupación. Wael Ghonim, un respetado ícono cívico en Egipto que había apoyado a Morsi hace un año, lo acusó de polarizar y paralizar al país, y opinó así: «Ningún país avanza cuando la sociedad está dividida de este modo, y el principal papel del Presidente de la República es unir, pero, desafortunadamente, el Dr. Morsi, el Presidente de la República, ha fracasado miserablemente en este objetivo».
Si el aprecio del gobierno baja muy marcadamente en breve plazo mientras la oposición sube en aceptación, el causahabiente de Chávez debe asumir el papel que Morsi no supo desempeñar. Sin dejar de poner atención a posibles intenciones aviesas, debe elevarse sobre las diferencias para procurar la unión de los venezolanos, debe buscar el diálogo con las cabezas más sensatas de la oposición—Ramón Guillermo Aveledo, por caso, saludó la incipiente mejoría de las relaciones entre Venezuela y EEUU a raíz del encuentro Jaua-Kerry—, puede tal vez aceptar los esfuerzos de COPEI para posicionarse como «la fuerza del diálogo» y pedir a Eduardo Fernández que se encargue de la mediación. (Para no tener que recurrir a un agente externo, como la OEA o el Centro Carter en los tiempos de la mediación de César Gaviria y Jimmy Carter).
Hay señales positivas, aunque todavía escasas. Hay un nuevo diálogo gobierno-empresarios, en procura de un tratamiento eficaz a la parálisis productiva y el desabastecimiento; hay algo de distensión con los norteamericanos. (Ayer, el Secretario de Estado John Kerry tuvo la ocurrencia de felicitar a Venezuela «por su independencia» y destacar que entre su país y el nuestro hay más de un rasgo o interés común). Y aquí la oposición tiene la oportunidad de contribuir a la reconciliación nacional; no debe caer en la tentación de mantener los ánimos caldeados, envalentonada por su magnífico desempeño electoral del mes de abril.
El papel que le toca al presidente Maduro no es el de ser un clon del presidente Chávez; al contrario, como Eleazar López Contreras, causahabiente a la muerte de Juan Vicente Gómez, su fin último debiera ser el de pacificar y reunir a la nación. Las virtudes que debe cultivar son las recomendadas por el viejo general: «Calma y cordura». LEA
_________
por Luis Enrique Alcalá | Jun 28, 2013 | Notas, Política |

No le reconocen su capacidad de Canciller
…puede decirse que Bush ha dado la alternativa a María Corina Machado. Con la entrevista del martes, Machado pasa a ocupar un indiscutido primer lugar en el liderazgo político venezolano, opacando los municipales intentos de Julio Borges, por ejemplo. Aunque se cuida muy bien de mencionar siquiera la idea de una candidatura, es claro que se ha posicionado con más fuerza que nadie con este viaje norteño.
Carta Semanal #140 de doctorpolítico (2 de junio de 2005)
………
Fragmento difundido de conversación Machado-Carrera Damas
___________________________________________________________________________________________________
Según se ha sabido por grabación ilegal y abusiva de una conversación entre María Corina Machado y el historiador Germán Carrera Damas, la lideresa opositora se siente frustrada porque no se le permite conducir la representación internacional ejecutiva de la Mesa de la Unidad Democrática. Según sus palabras, Ramón Guillermo Aveledo no quiere aflojar ese coroto, «quiere los dos sombreros». Y esto después de que Machado estableciera de una vez por todas que, si a Henrique Capriles Radonski lo recibió el Presidente de Colombia, a ella la recibió el Presidente de los Estados Unidos, ¡nadie menos que el mismísimo George W. Bush!
Claro que no todo el mundo aprobó la entrevista Bush-Machado. En la misma fecha del epígrafe, Milagros Socorro escribió en El Nacional:
Lo peor de todo son las rodillitas. Esas manzanas de mármol (minuciosamente depiladas) asomando de la minifalda, un look entre ejecutivo y sexy, muy al uso entre las jóvenes ambiciosas del momento. Están las sandalitas, desparpajadas, audaces, veraniegas. Pero lo descorazonador son esas rodillas apretadas para hacer más llevadero el piconcito, esas rodillas ateridas porque a su lado no se encuentra un buen muchacho, un “admirador”, como se decía antes, un amante tierno y caballeroso sino el hombre más poderoso de la Tierra, el más frío cuando toca ordenar un bombardeo, uno de los más sedientos a la hora de los bloody marys… Y allí, a su lado, con cara de colegiala elegida para recitarle un poema al general Perón de visita en el plantel, está María Corina Machado, con una sonrisita forzada porque algo dentro de sí debía estarle advirtiendo que en ese momento cometía el peor error de su vida. (Ay, María Corina, qué fastidio, 2 de junio de 2005).
Al quejarse con Carrera Damas—éste le dijo que su aislamiento por la MUD es «una grosería»—, adjudicó a Aveledo los rasgos de mezquindad y pequeñez, pero también aseveró que el Secretario Ejecutivo de la MUD fue a decir al Departamento de Estado de los EEUU «que la única manera de salir de esto es provocar y acentuar una crisis, un golpe de Estado o un autogolpe… o un proceso de atornillamiento y domesticación donde se genera un sistema de control social total». A esto, el historiador pregunta: «Se está poniendo bajo el amparo del Imperio. ¿No?» (Antes había concurrido con la opinión de Machado acerca de las presuntas mezquindad y pequeñez de Aveledo: «Yo lo he tenido sentado allí, y él me dio esa impresión también». Igualmente aprobó la tesis de Machado de que «el golpe ya ocurrió»; en entrevista en Santiago de Chile, Machado dijo el 29 de mayo: «…el golpe militar ya tuvo lugar, porque el señor Maduro al final es una marioneta del gobierno cubano…»)
De nuevo, Machado lleva la ventaja histórica sobre Aveledo:
El miércoles 5 de abril de 2006, una reunión extraordinaria de la peña más longeva de Caracas, cuyo anfitrión es Luis Ugueto Arismendi, antiguo Ministro de Hacienda de Luis Herrera Campíns, se convocaba para escuchar a María Corina Machado, quien había solicitado la sesión con urgencia. Unas setenta personas, entre quienes me encontraba, asistieron a la exposición de la indiscutible líder de Súmate.
Machado comenzó con el enunciado de la premisa mayor de su presentación: nos hallábamos enfrentados a un gobierno que no creía en la alternabilidad democrática, uno que jamás entregaría el poder si lo llegare a perder en elecciones. La premisa no fue más comentada ni expandida durante toda la exposición, aunque proyectó su sombra sobre todo el resto de lo argumentado.
Luego, describió a grandes rasgos el mecanismo de primarias y rebatió, de forma persuasiva, los inconvenientes que usualmente se oponían a la idea de las mismas. Lo que más enfatizó, sin embargo, fue la exigencia de que el candidato más votado tendría que convertirse en el sumo adalid de la lucha por condiciones electorales confiables para retirarse de las elecciones, no con 5% en las encuestas, sino con 40% gracias a las primarias, lo que era preferible y sí “tendría impacto”, en caso de “ser necesario”.
Fue luego de todo eso que se suscitó una ronda de intervenciones de algunos asistentes. Uno de ellos argumentó que el gobierno no era demócrata y por tanto jamás sería derrotable por vía electoral—la premisa mayor del inicio—, razón por la cual “lo que había que hacer” era crear, mediante el retiro de la candidatura, una “crisis de gobernabilidad” que pudiera ser aprovechada por otros factores de poder que acabaran con el régimen. Entonces, María Corina Machado se dirigió al ponente de la receta descrita para decirle: “Pues mira, eso es exactamente lo que estamos buscando”.
(Las élites culposas, Libros Marcados, 2012, pág. 284).
De modo que si el asunto es representar en Washington la estrategia de provocar una crisis de gobernabilidad en Venezuela como «única manera de salir de esto», Aveledo—a quien Machado le reconoce la posesión de «una capacidad de chantaje enorme» (?)—no es sino una segunda edición. Ella cree, naturalmente, que es mejor la primera edición; que para sentarse «con los actores claves, llevándoles información clave» para que el Congreso de los EEUU «reaccione», que para reunirse con «el Departamento de Estado, con los senadores, o con personas que puedan tener capacidad de influencia y posicionar una línea radical (como me califican), confrontacional, no dialogante, no electoral», ella lo haría mucho mejor que el barquisimetano. Ya predicaba eso siete años antes de la presunta representación de Aveledo, sólo diez meses después de su reunión con George W. Bush.
Claro que hay otras diferencias; a Machado le pareció «terrible» que Aveledo declarase en bienvenida de una mejora de las relaciones entre Venezuela y los Estados Unidos, con ocasión del encuentro de Elías Jaua y John Kerry. (Carrera Damas admitió haber sentido «ganas de llorar» con la declaración del jefe de la MUD. A criterio de este blog, ella fue una de las posturas más atinadas de Aveledo y el consorcio que coordina).
Pero no fue Aveledo solamente quien recibió las cándidas críticas de Machado; también Henrique Capriles Radonski. Machado considera que Capriles falló gravemente al desactivar la marcha de protesta contra los resultados electorales del 14 de abril, programada para el 17 de ese mismo mes. Machado mencionó «al grupo que está alrededor de Capriles» como alineado con el mensaje que Aveledo supuestamente habría entregado en Washington. Machado prometió dotar a Carrera Damas con una dirección electrónica segura para enviarle información—»este correo»—y no «aparecer como que [está] socavando o conspirando contra Henrique». Bueno, nos quedamos sin conocer qué pudiera minar al «gran líder» de la oposición venezolana.
………
Por supuesto que la grabación Machado-Carrera es una intromisón vil e ilegal. Blanca Rosa Mármol opinó que esa grabación no sería admisible como prueba en un juicio, «a menos que fuese un seguimiento autorizado por el tribunal para evitar la comisión de un delito”. Pero es que el gobierno no pretende llevar a juicio a María Corina Machado ni a Ramón Guillermo Aveledo, o Henrique Capriles Radonski o Germán Carrera Damas sobre la base del audio ilícito, sino entorpecer las relaciones en el seno de la MUD y desacreditar lo que considera una mera pose democrática. Es, por otra parte, de conocimiento público que desde hace tiempo el oficialismo interviene conversaciones indiscriminadamente; por ejemplo, aquella comunicación de 2002 entre Carlos Andrés Pérez y Carlos Ortega, en la que el Presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela recibió el consejo de coordinarse con Pedro Carmona Estanga. Un poco más de dos años después, el 25 de julio de 2004, el diario El Nacional publicaba una entrevista a Pérez en la que éste asentaba «que el gobierno de Chávez sólo cesaría mediante la aplicación de violencia en su contra y que él, Carlos Andrés Pérez, estaba personalmente involucrado en una conspiración que la ejercería». (Carta Semanal #97 de doctorpolítico, 29 de julio de 2004).
Quizás no recordemos cosas como ésas o aun anteriores; por ejemplo, el video de la extorsión del abogado Braulio Jatar—asesor de Douglas Dáger, copeyano, entonces Presidente de la Comisión de Contraloría de la Cámara de Diputados—al empresario Camilo Lamaletto en 1991. Pero desde el año pasado hemos presenciado un verdadero festival de grabaciones, mayormente de audio. Primero fue el video de Juan Carlos Caldera en el acto de recibir dinero en efectivo—que no reportó al Consejo Nacional Electoral—de parte del boliburgués Wilmer Ruperti; luego vino el opus magnum de Mario Silva y sus delaciones a un agente extranjero, y más tarde supimos de los manejos de Ruperti y Heliodoro Quintero. Ahora el audio delictivamente obtenido de la conversación de María Corina Machado con Germán Carrera Damas es uno más, y debe saludarse, al menos, que no emerjan en él indicios de corrupción, como sí los hay abundantemente en los tres anteriores.
Pero Machado se encuentra ahora en una posición política extremadamente difícil ante quienes son los dos dirigentes más importantes de la oposición: Ramón Guillermo Aveledo y Henrique Capriles Radonski. ¿Quién de estos dos le concederá confianza en lo sucesivo? Ahora verá Machado que el consejo de Carrera Damas le será aplicado: va ser ella quien será driblada. Mientras ella ande en lo que llamó «avanzando mi cosa», su entendimiento con ambos líderes será una pura e hipócrita apariencia.
Y su cosa es alcanzar la Presidencia de la República. En cuanto Capriles perdió la elección del 7 de octubre del año pasado contra Hugo Chávez y suponía la supervivencia del reelecto, decidió reelegirse él como Gobernador de Miranda. Machado no perdió tiempo:
Más aborrece un vacío la política que la naturaleza. El campo opositor está de nuevo sin cabeza indiscutida y se mueven ostensiblemente algunos, y más discretamente otros, para postularse a esa función capital. La aspiración más notoria es la de María Corina Machado, ciertamente la cabeza más articulada entre los precandidatos opositores que compitieron, el 12 de febrero, por el estandarte presidencial de la Mesa de la Unidad Democrática. Evaluando correctamente que Henrique Capriles Radonski no tiene cómo imponerse como líder de la oposición, ha iniciado una intensa campaña de reposicionamiento; ahora declara sobre todo y, más sintomáticamente, ha emitido una proclama que redactó, como la reina Victoria, en plural mayestático: “Tenemos la determinación de construir la Venezuela donde estos valores imperen y estamos dispuestos a liderar esta transformación. (…) Nos corresponde a nosotros asumir esta responsabilidad y liderar esta ineludible tarea”. (Horror vacui, 25 de noviembre de 2012).
La fase terminal de la enfermedad de Chávez «cambió el contexto» y desbarató sus planes, y Capriles no tiene entre los suyos el relevo de su propia figura por Machado, menos ahora, cuando la candidez de ésta le ha servido en bandeja de plata su anulación. Más pendiente debe estar de Aveledo; el Chamán del Guaraira Repano me aseguró que el Secretario Ejecutivo de la MUD espera, como caimán en boca de caño, el desplome definitivo del errático liderazgo de Capriles para lanzarse como el próximo candidato de la oposición.
Por lo demás, es una lástima que María Corina Machado no hubiera recibido una lección de hace casi veinte años:
El texto de John R. Vásquez, The power of power politics, destaca la crisis de ineficacia explicativa y predictiva del paradigma que concibe a la actividad política como proceso de adquisición, intercambio y aumento del poder detentado por un sujeto de cualquier escala. (Individuo, corporación, estado). Aun cuando su investigación se centra sobre la inadecuación de esa visión en el campo académico de las ciencias políticas, este fenómeno tiene su correspondencia en el campo de la política práctica. (A fin de cuentas, lo que la baja capacidad predictiva de ese paradigma significa es que en la práctica política el estilo de la Realpolitik parece, al menos, haber entrado en una fase de rendimientos decrecientes).
Una de las razones para esta situación de crisis del paradigma del poder por el poder, puede ser encontrada en la informatización acelerada del planeta y sus consecuencias. La Realpolitik ha necesitado siempre del secreto para garantizar su eficacia. Pero en los últimos tiempos hemos sido testigos del descubrimiento y exposición pública de los más elaborados planes de ocultamiento político. Un caso particularmente notable fue el del financiamiento de la Administración Reagan a los «contras» en Nicaragua. Un complicadísimo y retorcido esquema de ocultamiento, que involucraba a insospechables aliados momentáneos (Irán, que para los efectos de relaciones públicas era enemigo de los Estados Unidos), resultó ser imposible de ocultar.
Por esto es que el glasnost, la política de «transparencia» declarada por Gorbachov en la antigua Unión Soviética, más que un deseo inspirado en valores éticos, era una necesidad. Ante el asedio de los medios de comunicación, que se ha unido a las previsibles acciones de los adversarios políticos que intentan descifrar las intenciones del contrario, el actor político de hoy se ve forzado, cada vez más, a determinar sus planes suponiendo que van a ser, a la postre, conocidos públicamente. La política de hoy tiende a parecerse cada vez más a un juego de ajedrez, en el que cada oponente posee información completa acerca de la cantidad, calidad y ubicación de las piezas del contendor. (Los rasgos del próximo paradigma político, referéndum #0, febrero de 1994).
Sin embargo, no sólo es Machado quien está en problemas. Después de su desprevenida manifestación, tanto Aveledo como Capriles necesitan controlar el daño infligido a su planteamiento ostensible: que la Mesa de la Unidad Democrática y quien fuera su candidato presidencial, su candidato a gobernador y, de nuevo, su candidato presidencial en un período de catorce meses, han escogido la ruta electoral por razones de principio, que no andan en procura de la desestabilización del gobierno de Nicolás Maduro.
Cierro estas consideraciones con un audio más amable, un epílogo musical. LEA
María Cristina me quiere gobernar
___________________________________________________________
por Luis Enrique Alcalá | May 20, 2013 | Política |

Mario Silva, Ministro del Poder Popular para Cloacas y Albañales
Protegeré a los lectores de este blog de la vulgaridad en castellano: The shit hit the fan. Es difícil recordar alguna infidencia más deletérea en la historia política del mundo; ni el telegrama Zimmermann, ni el caso Profumo, ni las cintas de Richard Nixon, ni las indiscreciones de Clinton o Berlusconi, fueron develaciones más letales que la conversación de Mario Silva con Aramís Palacios. No podía venir la porquería de alguien más autorizado que Mario Silva, maestro de la difamación procaz. Su sola presencia en la principal televisora estatal ya era un indicador de la calaña del gobierno. Las cosas que dijo al oficial del ejército cubano se corresponden con su carácter y su estilo.
Es claro de la grabación que ya ha escuchado media Venezuela y conocido buena parte del mundo, que la figura oficialista más comprometida de todas en la delación protagonizada por Silva es el Sr. Diosdado Cabello, presentado como gran corrupto y corruptor que estaría conspirando para arrebatar a Nicolás Maduro la silla presidencial. Una cosa así explica por qué Hugo Chávez, el líder del proceso, dispuso su sucesión sin permitir que Cabello, el líder del absceso, llegara a ejercer la Presidencia de la República aunque fuera por un minuto. Igualmente claro es el grado de injerencia del régimen cubano en asuntos públicos venezolanos, como que la extensión de la podredumbre gubernamental ha alcanzado el grado de gangrena.
Lo dicho por Silva crea problemas enormes, quizás insalvables, al gobierno presidido por Maduro. Es muy posible que éste no disponga de la fuerza y estabilidad necesarias a una purga, que pudiera devolver parte de la muy considerable pérdida de credibilidad que ha sufrido el oficialismo. Lo de Juan Carlos Caldera es ahora un juego de niños, y cualquier estudio de opinión que midiere mañana la popularidad del gobierno reportaría cifras verdaderamente macilentas. No es nada que convenga a un gobierno asediado por numerosos y graves problemas y cuestionado en su legitimidad.

El abrazo de la insinceridad
Pero hay algo más profundo que esa consecuencia evidente: el masivo desengaño de antiguos creyentes en la revolución «bonita». ¿Quién creerá ahora las arrogantes arengas de un sistema que se presentaba como poseeedor de la más alta moralidad? La tomografía del régimen que el conductor de La Hojilla ha mostrado certifica la extensión del cáncer revolucionario. A pesar de esto, probablemente las próximas horas mostrarán a Maduro y Cabello hermanados por conveniencia, declarando a dúo que Silva es un traidor. Ninguno de los dos puede todavía eliminar al otro.
De todos modos, ya sabemos que Hugo Chávez murió por causas naturales tratadas por la medicina cubana y que Mario Silva es el matador del chavismo. Nos ha hecho un gran favor. LEA
………
Conversación de Mario Silva y Aramís Palacios
_________
por Luis Enrique Alcalá | Abr 17, 2013 | Argumentos, Política |

La nación debe ser sedada
histeria. (Del fr. hystérie, y este del gr. ὑστέρα, matriz, víscera de la pelvis). 1. f. Med. Enfermedad nerviosa, crónica, más frecuente en la mujer que en el hombre, caracterizada por gran variedad de síntomas, principalmente funcionales, y a veces por ataques convulsivos. 2. f. Estado pasajero de excitación nerviosa producido a consecuencia de una situación anómala. ~ colectiva. 1. f. Comportamiento irracional de un grupo o multitud producto de una excitación.
Diccionario de la Lengua Española
Histeria, en su uso coloquial, describe excesos emocionales inmanejables. Las personas «histéricas» a menudo pierden su autocontrol, a causa de un miedo abrumador que puede originarse en eventos del propio pasado que involucraron algún tipo de conflicto severo.
Wikipedia
(traducción del artículo en inglés)
________________________
La primera obligación de un gobernante es la preservación de la paz y la seguridad de la comunidad. Un verdadero jefe de Estado procura siempre esas condiciones esenciales de la vida social; no se conduce como miembro prominente de una pandilla pendenciera. El Presidente electo, Nicolás Maduro, está fuera de ese deber, con su verbo incesantemente belicoso e insultante. También el Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, que niega arbitraria e ilegalmente a diputados de oposición el derecho de palabra y permite su asalto físico y verbal. Si amenaza con abrir investigación de la Asamblea Nacional acerca del comportamiento de Henrique Capriles Radonski, antes debió iniciarla sobre los partidarios del gobierno que amedrentaban, armados y en gavillas motorizadas, a votantes de opinión contraria a la suya; antes ha debido señalarle al Presidente encargado su obligación de destituir al Ministro de la Defensa por la violación pública y descarada del Artículo 328 de la Constitución: «La Fuerza Armada Nacional (…) está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna».

En el instante de la metamorfosis
El actual líder de la oposición acicatea esa conducta inaceptable cuando él mismo se refiere a Maduro como «el ilegítimo». Maduro se encargó de la Presidencia de la República por interpretación correcta de la Constitución, texto al que Capriles se opuso en 1999 y ahora blande como todo el resto de los opositores. Al producirse la falta absoluta de Hugo Chávez, Maduro dejó de ser Vicepresidente—cargo sobre el que pesa el impedimento del Artículo 229 constitucional—e ipso facto se convirtió en Presidente habilitado para presentarse a la elección del 14 de abril. Previamente, el 9 de enero, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia resolvió defectuosamente la laguna constitucional acerca de una falta temporal del Presidente electo (el 7 de octubre): decidió que se iniciaría al día siguiente el período 2013-2019 aunque Chávez no pudiera juramentarse en tal oportunidad. También incurrió el TSJ en negligencia al no someter la enfermedad de Hugo Chávez al escrutinio de una junta médica que pudiera certificar su incapacidad física o mental permanente. Pero una vez que decidiera así el 9 de enero, Maduro era el Vicepresidente del nuevo período en suplencia de Hugo Chávez y, al deceso de éste, pasó a ser Presidente encargado. Es la decisión del 9 de enero la que Capriles debió impugnar si no estaba de acuerdo con ella; no le asiste derecho para desconocer la correcta decisión del 8 de marzo y por tanto irrespeta al Presidente encargado, ahora Presidente electo por estricta aplicación de la ley, al llamarlo «ilegítimo».
………
George W. Bush fue reelecto Presidente de los Estados Unidos en 2004 por una ventaja de 2,4% sobre John Kerry (50,7% a 48,3%), históricamente la menor alcanzada por un presidente en ejercicio, y a nadie se le ocurrió entonces solicitar allá un recuento de los votos. En cambio, cuando fue electo por primera vez en 2000, obtuvo su cargo gracias a los votos electorales de Florida, estado del que su hermano era gobernador; ganó por 5 votos electorales—271 votos contra 266 obtenidos por Al Gore—, y Florida le aportó 25. Esa vez, hubo recuento de votos en Florida (nadie exigió un recuento total en todos los estados) que determinó una ventaja de Bush de 537 votos en más de seis millones de sufragios. A pesar de que superó nacionalmente a Bush por 543.895 votos, el Premio Nóbel de la Paz—por algo lo es—respetó la microscópica diferencia y las reglas del sistema estadounidense de segundo grado y concedió la elección a su oponente. El Departamento de Estado de los EEUU no tiene el menor derecho de desconocer la proclamación de Nicolás Maduro como Presidente electo, por una diferencia de 234.935 votos (234.398 más que los que dieron a Bush su primer triunfo), cuando se disponía del 99,12% de las actas y éstas habían sido auditadas, como lo determina la normativa electoral, en 54% del total, lo que es sin duda una muestra muy representativa, bastante más que suficiente. Las previas y desconfiadas declaraciones de Roberta Jacobson (a El País de Madrid, el 15 de marzo), Secretaria de Estado para América Latina, indicaban la predisposición de Washington, y el editorial artero e irrespetuoso de El Nacional que la defendió el 20 del mes pasado delataba la existente en algunos opositores venezolanos. (Ver en este blog El sentido de María Bolívar).
………
Es ciertamente muy pequeña la ventaja de Maduro sobre Capriles. Aunque las cosas resultaron en ella, hay mucho fundamento para imaginar que una semana más de campaña habría redundado en un triunfo del candidato de oposición; era la candidatura oficialista la que colapsaba con rapidez creciente en un bandazo pendular de la opinión. En sólo 39 días, Maduro se encargó de dilapidar una buena parte de la fortuna electoral que Chávez legara el 8 de diciembre y su heredero cobrara el 5 de marzo. No es, por consiguiente, descabellada la petición de la oposición; lo que ésta debe hacer es atemperar su retórica y hablar en términos de respeto, pues hasta ahora no hay prueba firme de fraude electoral alguno. (No es una prueba, sino mera retórica efectista, sugerir que es imposible creer que Maduro haya podido superar la votación de Chávez en algún centro electoral; más de una explicación alternativa de ese dato, distinta de algo sospechoso y enteramente natural, puede también imaginarse). De todos modos, luce conveniente una revisión de la cosa en procura de la paz, y hubo un acuerdo inicial entre Maduro y Capriles para el recuento total de la votación, con una muestra del tamaño del universo. Pero las mutuas andanadas insultantes—más de parte del gobierno que de la oposición—amenazan con impedir ese procedimiento tranquilizador.
Considero poco probable que un recuento del 100% de los votos invierta el orden de llegada pero, si ése fuere el caso, entonces Capriles resultaría ser el Presidente electo con legitimidad igualmente bajísima, y cabría aplicarle a su hipotético triunfo todo lo que ahora se le observa al de Maduro. (El propio candidato opositor, y otros voceros de su comando, han declarado que habría ganado «por una pequeña diferencia»). Esto, sin contar con que tendría que gobernar con el resto de los poderes nacionales en su contra; una inmediata presidencia suya sería tanto o más inestable como la que ahora es la de Maduro.
………

Un tal gioco è meglio non giocarlo
Buena parte de los partidarios de ambos candidatos ha alcanzado el paroxismo; basta para convencerse de eso leer el tráfico de mutuas agresiones en las redes sociales. Los ánimos han llegado a cotas histéricas. Es por esto que el Estado en particular, y el liderazgo político en general, deben por encima de cualquier cosa asegurar la tranquilidad del país; a nadie sino a los más radicales de cada bando conviene la prolongación de esta condición crispada. Ayer me indicaba Eduardo Fernández, una voz prudente entre las prudentes, que de continuarse en la insensata descalificación de nuestro sistema electoral, no habrá base para estimular la votación en las pendientes elecciones municipales ni la de un eventual referendo revocatorio. Es necesario recuperar la confianza en nuestras instituciones electorales; no debemos permitir que las suspicaces especulaciones en su contra, con grave sesgo y distorsión y en ausencia de pruebas, destruyan la columna vertebral de nuestro procedimiento democrático.
La mayor responsabilidad recae sobre Nicolás Maduro; su conducta permite dudar de su competencia política. Es justamente su iracundia lo que le puso en grave riesgo de perder la elección; la repetición de la cólera lo descalificaría como estadista y barrería con la poca legitimidad que le resta. En 2007 ya se deterioraba el apoyo al mismo Chávez, de un modo que le significó la derrota en su estratégico referendo de reforma constitucional de ese año que, por cierto, perdió por sólo 1,41 puntos, en desempeño peor en 0,18 puntos que el de Maduro. (Chávez no exigió que la exigua diferencia se verificara en recuento, ni total ni parcial, de los votos, pero «Mucho antes del proceso canceroso de su organismo, partidarios que habían sido suyos ya lo desahuciaban políticamente, tan evidente era su agresivo engreimiento». Las élites culposas, pág. 380). El país pide mayoritariamente la reconciliación; no puede el Jefe del Estado conducirse como baladrón siempre amenazante, por más que su predecesor, su modelo, haya sido un redomado perdonavidas. No debe vomitar odio y presentarse, hipócrita y descaradamente, como amoroso.
Pero Capriles no debe diferenciarse de él solamente en urbanidad; la cosa no está en comer con cubiertos, en decir, como los japoneses de caricatura, honolable desglaciado. Si el Presidente de Uruguay debió ofrecer sus excusas a la Presidente de Argentina por un comentario imprudente, Capriles debe cesar de inmediato en su caracterización de Maduro como ilegítimo; yo le aconsejaría que se disculpara por eso, pues acrecentaría su autoridad moral para exigir que Maduro le respete.
Después del fracaso, en 36 horas, de la conspiración de Carmona, un grupo de militares antichavistas «liberó» la Plaza de Altamira y se asentó en ella como un forúnculo. Entonces no se habían recuperado suficientemente los partidos opositores, que entraron en catatonia en diciembre de 1998 con el primer triunfo de Chávez. (Henry Ramos Allup intentó esconder su condición adeca al postularse a la Constituyente en Apure por iniciativa propia, y Capriles Radonski, Presidente de la Cámara de Diputados, continuó despachando luego de la «preeliminación del Senado» en 1999; entonces no protestó como lo hace ahora). La resistencia contra Chávez fue liderada al comienzo por operadores atípicos, medios de comunicación y organizaciones no gubernamentales, que intentaron llenar el vacío partidista. Pero la copiosa asistencia a la plaza «forzó» a los dirigentes de partido a aparecer en su tarima, primero tímidamente, luego a ritmo cotidiano. Poco a poco se envalentonaron.
La audiencia de Altamira es la misma que exige a estas alturas el voto manual—«¡Como se hace en todos los países civilizados!» (el nuestro, según ella, no lo sería)—, cuando la reforma de diciembre de 1997, antes de Chávez, a la Ley Orgánica del Sufragio, ya establecía: «Artículo 154. El proceso de votación, escrutinio, totalización y adjudicación será totalmente automatizado». Es la misma que condenó a Manuel Rosales en diciembre de 2006 por reconocer con prontitud, como un hombre serio, la victoria de Hugo Chávez; la oposición neurotizada que hizo lo mismo a Capriles Radonski el 7 de octubre de 2012 por reconocer responsable y prontamente lo mismo. Luego vino la transformación del gentil Dr. Jekyll-Capriles en Mr. Hyde-Radonski. La breve campaña hacia el 14 de abril lo mostró más agresivo que el año pasado, y ahora puede pensar que este cambio de actitud fue lo que casi le reportó la victoria. Si esto es así, es natural que crea que debe continuar en esa tónica pugnaz, pero estaría equivocado. En la medida que alimente la cólera de su clientela, con insinuaciones que no ha demostrado, malgastará lo que ha crecido como político, que es mucho. La oposición profesional venezolana ha logrado un éxito considerable, que no creí posible; no debe mancharlo con inmadura imprudencia. LEA
Para descargar esta entrada en .pdf: TERAPIA ANTIHISTÉRICA
_________
por Luis Enrique Alcalá | Abr 15, 2013 | Argumentos, Política |

De la prisa sólo queda el cansancio
puerperio.
(Del lat. puerperĭum).
1. m. Período que transcurre desde el parto hasta que la mujer vuelve al estado ordinario anterior a la gestación.
2. m. Estado delicado de salud de la mujer en este tiempo.
DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA
___________________________________________
La teoría define a la información como aquello que cambia el estado mental de quien la recibe. Si alguien me avisa hoy que murió Carlos Gardel, esto no es información para mí; el dato no cambia mi estado mental, puesto que ya lo sabía. Si alguien señala hoy el ventajismo del gobierno, llueve sobre mojado. Por eso he dicho frecuentemente que el carácter del reo era conocido desde el 4 de febrero de 1992, hace más de veintiún años; ese día, Hugo Chávez se manifestó como alguien perfectamente capaz de abusar. Pero la acusación ritual de los sucesivos gobiernos de Chávez y su heredero es menos eficaz que la refutación de su discurso, asunto en el que su oposición profesional se ha mostrado particularmente incompetente, como lo muestra el hecho de que la mitad del país todavía vota en su recuerdo tras catorce años de desaguisados. Después vino la implantación de su sistema, pernicioso y abusivo. He aquí un fragmento de la Carta Semanal #246 de doctorpolítico (20 de julio de 2007), que obviamente tampoco es información en el sentido de la definición del comienzo:
La historia venezolana no registra un caso de ventajismo tan sistemático y extenso como el protagonizado por Hugo Chávez. Todo el aparato propagandístico del Estado, acrecentado enormemente desde 1999 por el creciente control de medios radioeléctricos e impresos—sin contar la profusión de vallas publicitarias y volantes y panfletos de toda índole, o las cadenas de radio y televisión—está puesto al servicio de un obsceno culto a la personalidad de Hugo Chávez. Una elección en la que éste participe como candidato desde el ejercicio de la Primera Magistratura será verdaderamente asimétrica (como ya lo ha sido), y cualquier contendor que se le oponga estará en considerable desventaja. Al tsunami mediático con el que monopoliza la noticia, la propaganda, la mentira, añádase los discursos rojos-rojitos de Rafael Ramírez, los juramentos militares de “patria, socialismo o muerte”, las listas de Tascón, las amenazas de Iris Varela, el control del Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Supremo de Justicia, el manejo de la cedulación y los impedimentos que varios despachos gubernamentales interponen en el curso de candidaturas opositoras. La alternabilidad democrática de la que habla Cilia Flores es tan ficticia como la ficción contractualista de John Rawls.
Más recientemente, anticipaba el 10 de marzo de 2011 (El pelotón opositor, en comentario acerca de los aspirantes de entonces a la candidatura presidencial opositora en la elección del año siguiente): «Puede señalarse en cada uno de ellos algunas bondades, sin la menor duda, pero pareciera que ellas son insuficientes para la tarea de alcanzar la Presidencia de la República en un cotejo que, indefectiblemente, incluirá la candidatura de Hugo Chávez, quien repetirá y ampliará su comportamiento ventajista».
No constituye información señalar que el oficialismo venezolano es reiterado cultor del ventajismo.
………
Esta tarde, ha proclamado el Consejo Nacional Electoral a Nicolás Maduro Moros como Presidente electo para lo que resta del período 2013-2019, sobre la base de que la votación registrada en 99,12% de las actas transmitidas, a pesar de que la diferencia en los votos por los dos principales contendientes es muy pequeña (1,59%), no será revertida por el conocimiento del 0,88% restante. Claro que el rector Vicente Díaz, así como el candidato derrotado, han exigido una auditoría del 100% de las cajas con las papeletas impresas, de las que reglamentariamente se auditó el 54%. ¿Es poco este último porcentaje? En camino a la convocatoria del referendo revocatorio de 2004, el CNE que presidía Francisco Carrasquero objetó un poco más de 876.000 firmas de convocantes por considerarlas dudosas. En la misma noche del anuncio, antes de que Julio Borges aclarara sin que nadie se lo preguntase que no estaba «negociando nada»—Pompeyo Márquez había sentenciado: «Político que no negocia no es político»—, los representantes de la Organización de Estados Americanos y el Centro Carter sugirieron al CNE que se dilucidara el asunto auditando ¡una muestra de 5% de esas firmas! (Explicaron que una muestra de ese tamaño, la décima parte de la auditoría normal, había permitido disolver un diferendo electoral en Perú, a satisfacción de las partes. Los factores de la Coordinadora Democrática, fallecida madre de la Mesa de la Unidad Democrática, ignoraron la proposición y prefirieron negociar).
No hay ninguna razón de peso para la prisa en la proclamación de Nicolás Maduro. Para proclamar a Chávez como Presidente electo el año pasado, el Consejo Nacional Electoral se tomó tres días completos, y eso que ganó por una diferencia de casi 11%. Ante una diferencia tan pequeña en el día de ayer, y dado que Maduro ha acordado que se haga la auditoría del 100% de las cajas, era lo sabio, lo aconsejable, lo responsable en aras de la tranquilidad nacional, que se esperara por los resultados del recuento total. Ni siquiera puede argumentarse que el apuro busca evitar una interrupción de la continuidad administrativa; el 9 de enero de este mismo año, había sentenciado la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia:
En atención al principio de continuidad de los Poderes Públicos y al de preservación de la voluntad popular, no es admisible que ante la existencia de un desfase cronológico entre el inicio del período constitucional y la juramentación de un Presidente reelecto, se considere (sin que el texto fundamental así lo paute) que el gobierno queda ipso facto inexistente. En consecuencia, el Poder Ejecutivo (constituido por el Presidente, el Vicepresidente, los Ministros y demás órganos y funcionarios de la Administración) seguirá ejerciendo cabalmente sus funciones con fundamento en el principio de la continuidad administrativa.
Ergo, no podría desconocerse que la Presidencia de la República es ejercida por Nicolás Maduro hasta que tome nueva posesión del cargo, luego de su proclamación. No hacía falta el cansancio.
………
¿Cómo es posible que la gran mayoría de las encuestas diera a Maduro una ventaja de dos dígitos hasta hace pocos días? ¿Es que las registradoras de la opinión pública hicieron mal su trabajo?
La opinión pública, aprendí en 1962 en trabajo del experto Vitaliano Rovigatti, es pendular. Puede estar un día en un punto y al día siguiente en uno diametralmente opuesto. El 12 de mayo de 2005 recurrí a Giacomo Puccini para ilustrar la noción: «La ópera Turandot caricaturiza (…) uno de los rasgos de la opinión pública: su variabilidad instantánea, su volubilidad. Puede que las abejas de un enjambre vuelen posadas sobre un área fija, a veces por un buen tiempo, pero también pueden alejarse con gran velocidad sin previo aviso». José Luis Rodríguez Zapatero se convirtió en Presidente de España en 2004, al producirse en sólo tres días un vuelco en la intención de voto como secuela de los atentados terroristas en Madrid del 11 de marzo de ese año. No fueron las encuestas, que daban ganador a Mariano Rajoy, las que fallaron; fue el candidato del Partido Popular y su gobierno quienes lo hicieran.
En las elecciones de ayer, se consumó casi por completo el colapso de un candidato de bajísimo nivel, políticamente deficiente: Nicolás Maduro. Como he puesto en Por una nariz, éste «ganó con lo que no alcanzó a dilapidar, en poco más de un mes, de la herencia que Chávez le dejara». Aun si la auditoría exigida por la oposición confirmara el orden de llegada anunciado por Tibisay Lucena, Maduro se habría alzado con un triunfo que no merece, no después del obsceno ventajismo oficialista, que entre otros medios empleó el amedrentamiento de antisociales motorizados y organizados para disuadir a votantes de oposición. Esta sola conducta invalida por hipócrita la prédica de una «revolución amorosa», y es harto probable que el ventajismo madurista afectara la población electoral en bastante más que 235.000 sufragios.
………
Hay quienes han anticipado que viene una etapa de distensión en el teatro político nacional. Oscar Schemel, por ejemplo, ha argumentado recientemente que el modelo de polarización se ha agotado, y el teórico socialista Javier Biardeau declaraba a El Universal hace exactamente una semana: «La comunicación del PSUV con los aliados ha sido criticada por exceso de arrogancia y es un error que no debe cometerse. Hay que ser muy humildes en este momento y sobre todo reconocer los logros de los aliados, y hay que manejarse con criterios de amplitud. Hace falta mucha amplitud. Los errores de la revolución van por los lados de la amplitud, de la inclusión, que fue vital en los inicios de la revolución». La entrevista de Sara Carolina Díaz prosiguió así:
-¿Y en esa inclusión eventualmente, debe tener cabida la oposición? si es que se quiere un país unido. Son más de 6 millones.
-Obviamente el papel político de la oposición en un régimen democrático es de corrección de políticas públicas y es importante ensayar muchos canales para escuchar diversos factores de oposición. Eso no significa que se deben tomar las decisiones que ellos planteen, pero las demandas y aspiraciones de la oposición siempre tienen que escucharse y procesarse políticamente. Sobre todo de la base social de apoyo de la oposición. Porque la oposición ha crecido electoralmente, y eso hay que reconocerlo, a lo largo de estos 14 años y ese crecimiento indica que hay temas de campaña de oposición que son relevantes para la agenda de políticas publicas y que no están siendo escuchadas.
-¿De qué dependerá un reencuentro con la oposición en caso de ganar Maduro?
-Eso va a depender mucho de los resultados electorales, de la brecha. Creo que si hay un escenario de triunfo contundente de Maduro en términos electorales hay una posibilidad cierta de un mayor diálogo, sobre todo con un sector de oposición.
-¿Dice usted que mientras más brecha a favor de Maduro más posibilidad de diálogo? ¿No debería ser al revés? Que se diga, mira esta cantidad de personas que apoyan a la oposición, vamos a tender puentes, vamos a hablar… no funciona así?
-No funciona necesariamente así porque si hay una brecha muy corta, o una hipótesis negada de que Maduro sea derrotado, los sectores que forman parte de la oposición más radicales van a considerar que ha llegado el momento de pasar factura, eso significa sustituir completamente el legado dejado por Chávez por un nuevo gobierno que se diferenciará radicalmente de lo que fue la revolución bolivariana. Mientras mayor sea la brecha, en ese momento las diferentes tendencias más radicales o moderadas van a tener que tomar una posición más clara con relación al manejo de diálogo entre Gobierno y oposición. Y si se cierra mucho la brecha los sectores más radicales pueden tomar la agenda opositora.
Bueno, también hay radicales a granel en el oficialismo, y la brecha es minúscula; si Biardeau tiene razón, Schemel será desmentido: hoy por hoy, la polarización de dos mitades prácticamente idénticas está en estado paroxístico. Y si la oposición tuviera éxito en demostrar, con la auditoría total, que Capriles fue después de todo el vencedor, nunca lo habría sido con una ventaja marcadamente mayor que la que ha sido adjudicada a Maduro, unos 235.000 votos. El mismo Julio Borges indicaba, luego del primer boletín del CNE, que el comando de Capriles manejaba datos de una «ligera ventaja» de su abanderado. (Carlos Alberto Montaner la reportaba de 200.000 votos).
Pero el paroxismo cederá; la necesidad de conciliación es demasiado grande como para que la lucha por el poder la difiera indefinidamente. Este blog registró el pasado 12 de diciembre (La desembocadura): Entretanto, ya figuras de oposición pintan a Maduro con colores casi tan apetecibles como los que adornarían a Capriles. Eduardo Fernández ha propuesto que se conceda al Vicepresidente “el beneficio de la duda”; según él, ha demostrado ser “proclive al diálogo”. LEA
______________________________________________________________
intercambios