LEA #122

LEA

Estos son días de portentosa conmemoración. Sesenta años se cumplen de la liberación de los prisioneros judíos del infierno de Auschwitz, uno de los más terribles entre los campos de concentración creados por el régimen de Adolfo Hitler.

No ha faltado quien considere que el siglo XX, época de enormes logros civilizatorios pero también de espantosos acontecimientos, pudiera en propiedad ser tenido como “el siglo judío”. Naturalmente, una de las razones para tenerlo de esa forma es el holocausto mismo. Seis millones de vidas aniquiladas en la primera “guerra asimétrica” de la historia marcan al siglo XX con una infamia imborrable, y a la humanidad misma con una culpa difícil de asimilar.

No ha bastado, sin embargo, que tan incomprensibles números sean conocidos por el mundo para acabar con la xenofobia y el racismo, y lamentablemente los movimientos neonazis no han desaparecido de un todo. Hasta la banal inconsciencia de algún vástago de la parasitaria familia real inglesa le impele a lucir una svástica en una reciente fiesta de disfraces. Por esto es que el recuerdo, aunque doloroso y deprimente, es necesario. No puede permitirse nunca más una pesadilla de esa clase. Un cierto revisionismo proclive al perdón constructivo, a lo Peter Sloterdijk, no puede ser pretexto para el olvido.

Pero el siglo XX fue también un siglo judío porque una desproporcionada porción del progreso de la humanidad en ese tiempo se debe a esfuerzos sobresalientes de personas excepcionales de religión judía. El más descuidado inventario de aportes culturales importantes en el siglo XX tiene que registrar la destacadísima presencia de sus protagonistas judíos. De la gran física de Alberto Einstein a la revelación de Sigmund Freud en la psicología de los hombres, del cine magistral de Steven Spielberg a la música enérgica de Ernest Bloch, de la fantasmagórica pintura de Marc Chagall a la poesía cibernética de Gerd Stern. Los judíos marcaron el siglo XX con un sacrificio que no tiene parangón en la historia humana, pero también con un aporte de cultura de magnitud invalorable. No hay esfera de elevación espiritual en la que personalidades judías se hallen ausentes.

Por ambas cosas, el martirio y el aporte, el mundo debe estar agradecido. Por ambas cosas los judíos orgullosos.

LEA

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FS #30 – Historia de dispendio

Fichero

LEA, por favor

Como saben los suscritores de doctorpolítico, este servidor se aproxima a la Política desde un punto de vista médico; esto es, hace Medicina Política. Comoquiera que se trata de un punto de vista poco común, ha sido un alivio comprobar que una honestidad y capacidad intelectuales y profesionales como las del Dr. José Toro-Hardy hace tiempo han indicado que la insistencia médica no es un desvarío. El Dr. Toro-Hardy es, sin duda, uno de los más prestigiosos economistas venezolanos, y uno de los más conocidos también, gracias a sus recientes y aleccionadores programas de televisión, en los que exhibe el dominio de su profesión y del especial tema petrolero enmarcado en un detallado conocimiento de la historia pertinente, sea ésta local o mundial.

En uno de sus múltiples y positivos roles, el de educador, el Dr. Toro-Hardy propone que se organice a la Economía según el patrón de la Medicina: una Anatomía Económica, una Fisiología Económica, una Patología Económica. Así dice en el capítulo Conceptos Fundamentales de sus Fundamentos de Teoría Económica (Panapo, mayo 2003): «En un intento por facilitar la comprensión de la economía, nos ha parecido oportuno sugerir que ésta sea enfocada de la misma forma como se estudia la medicina».

Fundamentos de Teoría Económica es un transparente y utilísimo libro de texto de Economía que además contiene una extensa segunda parte: Un Análisis de la Política Económica Venezolana. Se trata de un compacto y bastante completo recuento de las políticas económicas del Estado Venezolano de 1936 hasta fines de 1992, organizado por períodos presidenciales y presentado desde la virtud pedagógica que caracteriza al autor. Pero el Dr. Toro-Hardy ha escrito otros libros, y esta Ficha Semanal # 30 de doctorpolítico se compone de un trozo de la amplia introducción de Oil: Venezuela and the Persian Gulf, libro que puede ser considerado la biblia argumental de la apertura petrolera venezolana. Publicado en 1994 y escrito originalmente en inglés, constituyó el discurso promotor principal del regreso de operadoras petroleras a Venezuela durante la segunda presidencia del Dr. Rafael Caldera. En este período el Dr. Toro-Hardy perteneció al Directorio de PDVSA que presidió el ingeniero Luis Giusti.

Este libro-motor esboza su tesis fundamental en una sucinta nota introductoria de dos de los obsequiantes del libro, la Editorial Panapo y el Grupo Zuma, empresa privada venezolana a la que el Dr. Toro-Hardy estaba entonces asociado. Al advertir que el libro repasaría las crisis petroleras más importantes de la segunda mitad del siglo XX, la nota en cuestión expone y anticipa: «Todos estos conflictos y factores han interrumpido periódicamente la estabilidad de los mercados petroleros mundiales. En cada crisis Venezuela vino al rescate de un mundo atribulado por la escasez de energía. En la actualidad, este país ha admitido la necesidad de promover nuevas fórmulas de asociación en su industria petrolera con participación de capital privado extranjero y nacional».

Todo el libro es un impecable discurso sobre la profunda lógica de la inversión extranjera en la industria petrolera venezolana desde el punto de vista de las compañías transnacionales, vista la estabilidad política ofrecida por el país a lo largo de la media centuria recontada en el libro: «Venezuela nunca ha puesto el petróleo al servicio de ninguna causa política…» Este rasgo otrora distintivo de Venezuela ha dejado de poderse asegurar al mundo con las orientaciones del gobierno de Hugo Chávez, que justamente hace lo contrario. El gobierno del sobresalto es, ante todo, el mayor factor de inestabilidad endógena para los venezolanos y, como mantiene un esquema de despliegue transnacional, asimismo uno de los mayores desestabilizadores en América del Sur. Y si el libro del Dr. Toro-Hardy funciona como un nutrido y válido teorema, no debe ser tan difícil sacar conclusiones. LEA

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Historia de dispendio

Tal vez el efecto más sorprendente de los drásticos aumentos de los precios del petróleo a partir de 1974 se sintió en las propias naciones de la OPEP. En términos de ingreso, el petróleo había contribuido con 7 mil millones de dólares a las naciones de la OPEP en 1970, mientras que en 1980 la cifra excedió los 300 mil millones.

La pregunta a formular es la siguiente: ¿qué ha sucedido con el enorme volumen de recursos que estas naciones tuvieron a su disposición? ¿Qué efecto tuvo esta riqueza sobre estas sociedades?

La respuesta es simple. Ninguno de estos países estaba en condiciones de absorber eficientemente el volumen de ingreso en un tiempo tan breve. De hecho, la calidad y cantidad de los recursos humanos no fueron suficientes para lograr las ambiciosas metas de desarrollo que habían sido establecidas. Por tanto, en la mayoría de los países miembros de la OPEP la bonanza trajo más daño que beneficio.

Examinemos por ejemplo el caso de Irán. Hacia 1979 la desestabilización debida al exceso de riqueza había alcanzado tales proporciones que la posición política del Shah se hizo insostenible y éste fue forzado a abandonar el país. El control pasó a manos de un gobierno teocrático encabezado por el Ayatollah Khomeini. A partir de entonces Irán, dirigido por musulmanes fundamentalistas pasó a ser por un buen tiempo—quizás todavía—un elemento desestabilizador en toda la región del Medio Oriente.

Poco tiempo después, en 1980, explotó la guerra entre Irán e Irak, causando el sacrificio de la vida de cientos de miles de jóvenes, con notable éxito en ocasionarse mutuamente el mayor daño posible. Ahora ambos países sufren las ominosas consecuencias de una guerra que terminó ocho años más tarde, sin que rindiera ventajas especiales para ninguno de los bandos y dejando exhaustos a ambos contendores.

Como resultado de esa guerra, la economía de Irak quedó en serios problemas y la tasa de endeudamiento del país llego a ser astronómicamente elevada. Para resolver el problema, Irak decidió, unos años después, invadir a Kuwait, un estado vecino pequeño pero inmensamente rico, que antaño había sido uno de sus principales benefactores—cerca de 16 mil millones de dólares habían sido prestados a Irak por esa nación durante el conflicto con Irán. Esta invasión dio origen a un serio trauma en todo el mundo en momentos cuando se creía que el fin de la guerra fría pudiera introducir una prolongada era de paz que pudiera beneficiar a toda la humanidad.

Incluso Arabia Saudita, el más rico de los miembros de OPEP, ha tenido que enfrentar serios problemas económicos que han llevado a esta nación a sucesivas devaluaciones monetarias y la posposición de sus ambiciosos programas de desarrollo. Muchos analistas consideran que la casa reinante en Arabia Saudita podría encontrar dificultad a largo plazo para sobrevivir ilesa el trauma causado por la invasión de Kuwait a manos de Irak.

En una situación igualmente comprometida está Nigeria, un país sumergido en problemas sociales tremendos como consecuencia de una población recrecida de casi 95 millones de habitantes. Desde 1979 ha habido allí varios intentos de golpe de Estado.

Por lo que respecta a Libia, los problemas de esta nación son también de proporciones dramáticas. Este país se ha convertido en un factor desestabilizador cuyos tentáculos se han extendido por el mundo entero en el patrocinio de las más variadas actividades terroristas. La consecuente y trágica pérdida de incontables vidas por este concepto es difícil de evaluar. Según autoridades norteamericanas, existe evidencia de que Libia es capaz de fabricar armas de guerra química, incluyendo gas letal. Los intentos de esta nación para la procura de cohetes que puedan alcanzar territorio israelí son bien conocidos. En diversas ocasiones Libia ha tenido confrontaciones agresivas abortadas con los Estados Unidos, incluyendo el bombardeo norteamericano de varios enclaves estratégicos en territorio libio.

En el caso de Venezuela, después de la bonanza de los 70, la aguda y prolongada crisis que ha sufrido el país es conocida por todos. En 1990 el nivel y estándar de vida de los venezolanos era inferior al de 1973. La más deplorable consecuencia de la súbita riqueza que envolvió a esta nación durante esos años fue la profunda crisis moral y el tremendo desarreglo de valores que había sufrido la sociedad.

Como resultado de los ingresos extraordinarios cosechados con ambos shocks petroleros, el país se acostumbró a un nivel de gasto público que se hizo insostenible una vez que los precios petroleros bajaron. Sin embargo, los gobiernos sucesivos fueron incapaces de reducir los gastos. Esto trajo consigo un endeudamiento externo masivo, la progresiva devaluación de la moneda y niveles inflacionarios desconocidos en esta nación hasta ese momento. Una reducción en el salario real de los trabajadores y la percepción de una corrupción generalizada condujo al enjuiciamiento del presidente Carlos Andrés Pérez por el Congreso en 1993. No obstante, Venezuela nunca abandonó el camino constitucional y continúa siendo la nación democrática más vieja de América Latina.

José Toro-Hardy

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CS #121 – Política ambidextra

Cartas

En 1996 el señor Amos Davidowitz introdujo al espacio digital de la Internet un extenso artículo en el que explicaba sus andanzas partidistas en Israel, donde se había afiliado al MAPAM, partido al que describe posicionado a la izquierda del Partido Laborista. (Al comienzo de la república de Israel—1948—el MAPAM era el segundo partido israelí en importancia y predicaba un «sionismo socialista»). Davidowitz manifiesta con gran candor cómo había llegado a la conclusión de que «no tener una postura política clara en Israel era un lujo inaceptable», y que ésta debía incluir la afiliación a un partido. Así, refiere, salió a «ver las vitrinas de los partidos» y tomó su decisión luego de esa excursión de compras. (The Internet and the Transformation of the Political Process: MAPAM, a Case Study).

Demos ahora la palabra a Davidowitz para que nos cuente lo que encontró:

«Al convertirme en un miembro activo y al asumir responsabilidades dentro del partido me di cuenta de que la estructura organizativa del partido no estaba funcionando tan bien como pensaba. Inicialmente creí que el problema fuese gerencial, pero a medida que estudiaba los asuntos en profundidad caí en cuenta de que éstos eran más profundos.

Los partidos políticos alrededor del mundo son un fenómeno relativamente nuevo que es desarrollo de la Revolución Industrial. Cada partido afronta los problemas creados por el nuevo orden social según su propia filosofía política. El MAPAM, como partido, estaba operando de acuerdo con ese modelo. Un segundo aspecto de esto es que los partidos políticos clásicos, y el MAPAM es uno, son una manifestación de los grandes movimientos sociales de principios de siglo. [Del siglo XX. N. del T.] Todo esto implica una estructura organizativa de segunda ola. [El analista social y futurólogo Alvin Toffler, autor del best seller El Shock del Futuro, argumentó que la humanidad entraba, a comienzos de la década de los ochenta, en una «tercera ola» civilizatoria—comunicacional, informática, de bioingeniería—luego de haber experimentado la primera gran ola de la agricultura y la segunda ola, que correspondió a la era iniciada a partir de la Revolución Industrial. N. del T.] Al percatarme de esto se hizo claro que el problema no era gerencial sino un sistema estructural inapropiado. En los partidos políticos de segunda ola, los temas principales han sido el control de los medios de producción, el trabajo y los recursos naturales. Un partido de segunda ola proveía LA RESPUESTA: socialismo, capitalismo, marxismo, fascismo, dando por sentado que si todo el mundo siguiera sus dictados todos los problemas del mundo se resolverían. No es necesario decir que ninguna de las agendas mencionadas ha traído la era utópica que anunciaban».

El señor Davidowitz emprende a partir de aquí un camino en el que prescribe funciones muy diferentes a las de un partido tradicional: «Me parecía que si un partido de segunda ola centra sus actividades sobre la producción, el trabajo y los recursos en una estructura jerárquica centralizada, un partido moderno debía tratar con información, comunicaciones, medios y servicios en un sistema más abierto, interactivo y distributivo, un sistema que necesita los medios para procesar y distribuir información. Sólo una red computarizada como la Internet puede proveer el vehículo necesario para esto».

Ciertas circunstancias (la celebración de la undécima convención anual del partido, en marzo de 1995) permitieron que el señor Davidowitz introdujera computadoras e Internet, así como la propia red interna, al MAPAM y suscitara cambios que describe de este modo: «El primero es que el centro de actividad se desplaza del cuartel general del partido en Tel Aviv a las comunidades locales. En lugar de un sistema de segunda ola que provee LA RESPUESTA, el sitio de Tel Aviv se convierte en un nodo que provee información y servicios a los nodos de las comunidades locales donde suceden las actividades partidistas principales. El segundo desplazamiento es de una mentalidad partidista que estaba basada en los grandes movimientos sociales que implicaban sacrificio por parte del individuo a favor del partido, a un partido cuya función es proveer soluciones reales a gente real con necesidades reales».

Digamos ahora adiós al señor Davidowitz para comentar sobre la médula de su planteamiento: que el partido tradicional es disfuncional porque permanece anclado sobre agendas y problemáticas excedidas y obsoletas. Una de ellas—problema ideológico de «segunda ola»—es la persistente discusión sobre la ubicación política en términos de un eje derecha-izquierda. Para algunos actores no parece haber manera de eludir una «obligada» definición a este respecto.

No es que la distinción entre derechas e izquierdas no haya tenido su utilidad. Así como en la fisiología del sistema nervioso autónomo hay dos subsistemas contrapuestos—el subsistema simpático acelera la respiración y el ritmo cardiaco mientras el parasimpático hace todo lo contrario—siempre ha podido distinguirse entre temperamentos conservadores (derecha) que procuran el mantenimiento del statu quo y posturas radicales a favor de la modificación del estado de cosas imperante. (Izquierda). Luego, a partir de una definición del «problema social moderno» (libros enteros se han escrito bajo exactamente ese título) se entiende por izquierda a los actores y organizaciones políticas (buscadoras de poder) que prefieren favorecer a los obreros antes que a los empresarios. Lo contrario es la derecha. (En efecto, se definía como «problema social moderno» la cuestión de dirimir cuánto de la renta social debe ir a los patronos y cuánto a los trabajadores, o en un sentido estricto al sufrimiento de pobladores pobres en las ciudades como consecuencia de la Revolución Industrial). De este modo, los «liberales» son gente de derecha y los «socialistas» gente de izquierda.

Pero esa distinción derecha-izquierda (proveniente terminológicamente de la ubicación de diputados en las asambleas de la Revolución Francesa) ya no es capaz de explicar todo lo político. Su utilidad ha sido excedida.

Veamos un ejemplo. Supongamos que se constituyese una asociación política que formulase sus objetivos así: «La Asociación tiene por objeto facilitar la emergencia de actores idóneos para un mejor desempeño de las funciones públicas y el de llevar a cabo operaciones que transformen la estructura y la dinámica de los procesos públicos nacionales a fin de: 1. Contribuir al enriquecimiento de la cultura y capacidad ciudadana del público en general y especialmente de personas con vocación pública; 2. Procurar la modernización y profesionalización del proceso de formación de las políticas públicas; 3. Estimular un acrecentamiento de la democracia en dirección de límites que la tecnología le permite; 4. Aumentar la significación y la participación de la sociedad venezolana en los nuevos procesos civilizatorios del mundo». ¿Es esa asociación hipotética una organización de derecha o una de izquierda?

La verdad es que tal pregunta es incontestable, puesto que la asociación así dibujada no se define en términos de la vieja dicotomía. Su discurso y su finalidad se encuentran en otro plano enteramente diferente, que ha dejado atrás, como parte de una vieja concepción, la «necesidad» de definirse como de derecha o de izquierda.

A pesar de estas constataciones, todavía se pretende que la nueva reflexión y creación política que el país necesita debe venir determinada en términos de izquierdas y derechas. Por ejemplo, Alonso Moleiro da cuenta en El Nacional del domingo 9 de enero de una iniciativa que busca establecer una nueva organización y anota (refiriéndose a información aportada por Ernesto Alvarenga y Pablo Medina): «Se trataría, dicen, de crear un bloque ‘de centro izquierda’, que asume que el Gobierno es ilegítimo y que constituye una minoría incrustada en el poder a través del ilícito y la trampa». Más adelante, en el mismo trabajo, menciona Moleiro que Luis Manuel Esculpi—antes del MAS y luego de Unión con Arias Cárdenas, partido del que sale al «descubrir», después de las recientes elecciones regionales, que el golpista del 4 de febrero en Maracaibo mantenía una posición ambigua frente a Chávez—está también involucrado en el esfuerzo. Así habría declarado Esculpi: «Estamos tratando de nuclear un frente opositor desde la perspectiva de la izquierda, con personas valiosas y experimentadas».

Y esto no puede ser, en virtud del análisis precedente, la organización política que sustituya con ventaja los partidos tradicionales a punto de extinción, puesto que sus promotores parten nuevamente de esquemas que nuestro amigo Davidowitz calificaría como «de segunda ola». La iniciativa reseñada por Moleiro, definitivamente, «no va p’al baile».

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LEA #121

LEA

Vuelve a ser atravesada la frontera política colombo-venezolana, su interfase, su ventana y su puerta. El gobierno colombiano admite haber pagado por información que condujo a la detención del «canciller» de las FARC pero no admite haber violado nuestra soberanía. El gobierno venezolano mete presos a policías y guardias nacionales de nosotros, presuntamente involucrados en el secuestro de Granda. (No Bienvenido). Y Silvino Bustillos pidiendo asilo en Colombia, después de que ciertas histéricas fuentes le dieran, una vez más, por muerto. En esta dinámica pareciera convenirle a los colombianos negar la solicitud de asilo de Bustillos, a menos que la Casa de Nariño esté buscando pleito. Bustillos no pudo escoger peor momento para buscar asilo en Colombia. Cuidado como cambiamos a Granda por Bustillos.

Al mismo momento se prosigue en el curso de reforma agraria. Todas las huestes estadales y algunas municipales han tomado posiciones, y ahora cuentan con decreto presidencial y pronto con reforma a la ley de tierras. Hasta Rosales, que hoy por hoy le firmaría a Chávez un decreto idéntico al que le firmó a Carmona, se ha sumado a la revolución en el agro.

Mientras tanto, idénticamente implacable agenda se cierne sobre la CTV. El gobierno irá, como es su costumbre y su disfrute, a unas elecciones sindicales, regidas por reglamento de su CNE y en las que inscribirá a los sindicatos que le dé la gana.

La Conferencia Episcopal Venezolana advierte sobre la poca autonomía de los poderes y pide amnistía para los perseguidos políticos. (Políticos perseguidos, en la nomenclatura del gobierno). André Dupuy ofreció una de sus hábilmente construidas piezas, y la misma habilidad de parte de los obispos se manifiesta en su asunción—en discreta pero clara alusión—del emplazamiento de Caldera: «Perdone, Presidente, que usted fue perdonado». Pero también hacen notar que ni la oposición ni el gobierno han trabajado suficientemente por la paz.

Este enero mojado y peligroso ha comenzado a calentarse, pues. Como parece calentarse el futuro para Fidel con el contacto con el Papa y su noticia del año: que ha habido hallazgos petrolíferos importantes en aguas cubanas. Ya se argumenta que se debiera permitir el ingreso de petróleo cubano a los Estados Unidos. Mejora el flujo de fondos de la revolución.

LEA

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FS #29 – De un viejo maestro

Fichero

LEA, por favor

Una larga vida de 86 años (1889-1975) fue la de Arnold Toynbee, el historiador británico que entendía la historia como una sucesión de civilizaciones antes que como secuencia de regímenes políticos. Este más alto punto de vista le convirtió en figura señera de la disciplina histórica en el siglo XX, y en sabio a quien su opinión le fuera solicitada con frecuencia.

Entre 1934 y 1961 se ocupó de producir su monumental Estudio de la Historia, en doce volúmenes. En esa obra despliega un análisis comparativo de 26 civilizaciones, para las que registra su origen, su desarrollo y su final desintegración. Las civilizaciones mueren, según Toynbee, no porque fracasen en adaptarse a retos físicos o ambientales, sino porque no son capaces de responder a los de índole moral o religiosa. Así, por ejemplo, Toynbee no cree que el Imperio Romano se derrumbara por causa del asedio bárbaro, sino porque el «proletariado interno» del cristianismo, portador de valores muy diferentes a los que permitieron el desarrollo del imperio, habría erosionado a Roma desde sus propias entrañas.

Oxford University Press publicó en 1971 el libro Surviving the Future, que recoge varios días de diálogo entre el decano de los historiadores y el profesor Kei Wakaizumi, de la Universidad Kyoto Sangyo en Japón. Wakaizumi invitó a Toynbee a dialogar sobre los temas que más interesaban a la juventud japonesa cuando comenzaba la séptima década del siglo pasado. El maestro aceptó la invitación, según sus propias palabras, «con alegría y presteza de ánimo», y se dispuso a entablar la conversación con la guía de una lista de 67 preguntas formuladas por Wakaizumi. El diálogo entero fue publicado en japonés, en forma seriada, en el periódico Mainichi Shimbum. La publicación de Oxford reagrupó los materiales, con la ayuda editorial de la señora Toynbee, en el libro mencionado, consistente de siete grandes capítulos. (Más un prefacio, una introducción y unos comentarios finales). La Ficha Semanal #29 de doctorpolítico se compone con unos pocos fragmentos del capítulo V del libro, bajo el título «La Educación: Un Medio de Cambio Constructivo». A sus 82 años Toynbee parecía haberse vuelto, a juzgar por sus respuestas en este punto, alguien bastante comunista.

La primera de las preguntas formuladas a Toynbee por Wakaizumi da origen al primer capítulo, El Propósito de la Vida, en el que el entrevistado se explaya en contestación a la siguiente cuestión: «La consecuente confusión, presión, tensión que sufrimos hoy nos mueve a reconsiderar la pregunta fundamental del significado y finalidad de la vida. ¿Para qué debe vivir el hombre?» Toynbee contesta: «Diría que el hombre debe vivir para amar, para comprender y para crear».

Siendo que todo el ejercicio tenía por público preferente la juventud japonesa, Toynbee se dirige directamente a ella al cierre de su propio prefacio: «Si quieren tener éxito, deberán arreglárselas para retener las virtudes de la juventud cuando hayan alcanzado su madurez y hayan asumido las responsabilidades que vienen con ella. Las virtudes de la juventud son el desinterés y la apertura de mente. Aférrense a ellas. Las necesitarán el doble cuando sean el doble de viejos de lo que hoy son».

LEA

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De un viejo maestro

Si no ponemos cuidado, el destino de la gran mayoría de la población duplicada o triplicada de este planeta puede ser el de vivir desempleada en poblados de ranchos, subsistiendo de limosnas inadecuadas ofrecidas con resentimiento por la minoría productiva, la que viviría ella misma con el temor de ser masacrada por la resentida mayoría desempleada. La minoría productiva dominante pudiera tratar de impedir cualquier intento de la mayoría por deponerla enfrentando su número contra la habilidad y el poder de la minoría. La minoría pudiera tratar de protegerse reuniendo a las masas en manadas y reservaciones cercadas con alambres de púa electrificados; o pudiera tratar de exterminarlas, como los nativos de Tasmania, Australia, los Estados Unidos y el Brasil han sido de hecho exterminados en gran medida en la era moderna. Pero en vista de la gran disparidad numérica entre la indeseada e inempleable mayoría y la minoría productiva, me parece más probable que sea la minoría la que fuera en gran parte exterminada. Si tal cosa llegare a ocurrir, la mayoría pronto sería drásticamente reducida en magnitud por la hambruna, la enfermedad y la mutua carnicería, y entonces la humanidad se encontraría de regreso al estado que dejó atrás al despuntar la edad del Paleolítico Superior.

Esta predicción puede sonar como una pesadilla fantástica, pero se haría realidad si no adoptamos medidas activas para impedir que suceda. Si queremos evitar esta situación, la mayoría desempleada tendrá que recibir algo más que una mera limosna de la minoría productiva; tendrá que ser subsidiada generosamente, con tacto, y de manera creativa.

Tendremos que compartir los frutos de la tecnología con toda la humanidad. La noción de que los productores directos e inmediatos de la tecnología tienen derechos de propietario a estos frutos tendrá que ser olvidada. Después de todo ¿quién es el productor? El hombre es un animal social, y el productor inmediato ha sido ayudado a producir por la estructura toda de la sociedad, comenzando con su propia educación. Así que no es razonable que pretenda tener un derecho propietario a su producto y, bajo las nuevas condiciones de automatización, tal cosa no tendría ningún sentido. Nuestro principio futuro deberá ser: «A cada hombre según sus necesidades en vez de según su producción». Y entonces, cuando hayamos satisfecho las necesidades materiales del hombre, deberemos ofrecerle ámbito para satisfacer sus necesidades espirituales. Tendremos que vencer la sensación de que es casi una desgracia no estar empleado en el sentido técnico de no estarlo en trabajo por el que se perciba un salario. Buda y Jesús fueron desempleados en este sentido—esto es, en términos económicos. Pero nadie se aventuraría a decir que fueran de hecho improductivos. Sólo si confinamos nuestra definición de productividad a la producción material podremos llamar improductivos a Buda y Jesús.

El lado material de la naturaleza humana no es un fin en sí mismo. Es sólo el medio para un fin. Ya he mostrado creer que los propósitos verdaderos de la vida humana son espirituales; seguramente deberemos hacer que las máquinas sean nuestro sirviente para ayudarnos a lograr estos propósitos espirituales. Serán nuestro dueño, quizás, en el sentido de que tendremos que vivir en el ambiente no propicio de las fábricas y las oficinas de las grandes ciudades; pero, en cualquier ambiente podemos llevar una vida espiritual, y es para esto que es el hombre.

Los seres humanos, en su mayor parte, se aburren rápidamente con el ocio, y tarde o temprano, creo, también se sacian de ver deportes o incluso practicarlos. La mayoría desempleada tendrá que ser estimulada para que encuentre satisfacción en algún empleo no económico. En otras palabras, tendrá que ser educada en el uso apropiado del tiempo libre. Ya he indicado los campos de actividad no económica en los que creo hay un espacio ilimitado para un número ilimitado de personas. El pensamiento, el arte y la religión son campos en los que el lado espiritual de la naturaleza humana puede hallar un ámbito infinito. Será difícil y tomará tiempo reeducar al hombre industrializado, o mostrarle cómo reeducarse a sí mismo, de forma que pueda hacer un uso positivo de su ocio. Si podemos tener éxito en lograrlo, podremos ver un nuevo florecimiento de la cultura—un segundo Renacimiento—en lugar del desarrollo de una sociedad parasitaria, la que, como el proletariado urbano del Imperio Romano, viva para «pan y circo» y revierta al salvajismo si no los obtiene.

Arnold Toynbee

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