FS #96 – Programa de liberación

Fichero

LEA, por favor

En el año de 1963, el Frente de Liberación Nacional—que integraban entre otras organizaciones el Partido Comunista de Venezuela, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria y las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional—publicó su Programa de Acción. En su sección VI (UN GOBIERNO NACIONALISTA Y DEMOCRÁTICO) se definía: «El FLN no es una organización comunista, ni este programa plantea hoy una solución comunista al país. Pero queremos declarar categóricamente que en sus filas están presentes todos los sectores progresistas, comunistas o no, marxistas en general y demócratas en actitud de coincidir en las tareas que informan esta plataforma de acción del FLN». Esto es, proclama que no es comunista pero no se compromete a no serlo en el futuro.

En efecto, antes declara: «Es necesario afirmar en todos los tonos que el gobierno nacional y democrático no será un gobierno para aplicar medidas comunistas. Por la sencilla razón de que lo planteado en Venezuela son medidas de carácter nacionalista y democráticas, que abran cauce a la liberación nacional en marcha hacia el socialismo». Y también hacía una promesa limitada en el tiempo: «el apoyo más resuelto tendrán los capitalistas nacionales por parte de un gobierno nacionalista y democrático. Durante todo un período no habrá contradicción entre ese desarrollo industrial en manos privadas y el desarrollo de las industrias básicas en poder del Estado».

En cuanto a las inversiones foráneas decía no tener nada en contra, y aun respecto de las norteamericanas afirmaba: «estas inversiones serán respetadas, siempre y cuando el gobierno norteamericano adopte una actitud comprensiva y respetuosa al derecho que tenemos los venezolanos a dotarnos del gobierno que más creamos conveniente».

La Ficha Semanal #96 de doctorpolítico reproduce las dos últimas secciones, VIII y IX (LAS FUERZAS DE LA REVOLUCIÓN VENEZOLANA SON INVENCIBLES; LAS TAREAS DEL PUEBLO), precedidas del fragmento correspondiente a la política internacional del gobierno propugnado por el Frente de Liberación Nacional. Su retórica es inevitablemente semejante a la actualmente ordinaria en el gobierno venezolano.

Las contradicciones son patentes: en política internacional Venezuela «procurará tener y mantener relaciones diplomáticas con todos los estados que integran la gran comunidad de pueblos del mundo, sin consideración de su régimen interno.» Tal redacción, naturalmente, buscaba romper la doctrina Betancourt de no relaciones con gobiernos no electos democráticamente y estaba muy pensada sobre el caso de Cuba. Pero al mismo tiempo dice el FLN que iría «contra toda forma de política que desconozca la dignidad del hombre, la democracia o la justicia.», es decir, lo negado precisamente en Cuba.

Las menciones del texto a Arcaya e Iragorry (el documento escribe este apellido con i latina al final) delatan la proximidad de Unión Republicana Democrática, que durante el período de la insurgencia armada fue la rebeldía light y defensora del Frente de Liberación Nacional en escenarios como el Congreso de la República.

LEA

Programa de liberación

POLÍTICA INTERNACIONAL: el FRENTE DE LIBERACIÓN NACIONAL hace suya la plataforma sobre política exterior contenida en el discurso pronunciado por el canciller Ignacio Luis Arcaya, ante el Cuerpo Diplomático en febrero de 1959.

Estos puntos se pueden sintetizar así:

1.- Cooperación internacional de lo económico, cultural y político sobre bases de igualdad y sincero respeto de tratados y obligaciones y a todo el orden jurídico internacional.

2.- Afirmación y firme defensa de nuestra independencia y de los intereses nacionales de Venezuela.

3.- No intervención. Venezuela procurará tener y mantener relaciones diplomáticas con todos los estados que integran la gran comunidad de pueblos del mundo, sin consideración de su régimen interno.

4. Política internacional de franca simpatía y solidaridad hacia los pueblos que luchan por su independencia y autodeterminación; y contra toda forma de política que desconozca la dignidad del hombre, la democracia o la justicia.

El gobierno nacionalista y democrático al aplicarlo se guiará por el respeto a la soberanía de los otros pueblos, por relaciones amistosas con todos los pueblos del mundo socialista al igual que con el mundo capitalista, una política de coexistencia pacífica y de estrechas relaciones con los países latinoamericanos, con el pueblo norteamericano y, a su cabeza, sus sectores progresistas y revolucionarios. Las relaciones internacionales del gobierno nacionalista y democrático se guiarán por el principio de la coexistencia pacífica, de que la paz es la tarea fundamental de todos los pueblos del mundo en lo que respecta a la esfera de sus relaciones internacionales (Carta de la ONU); Venezuela recobrará, de esta manera, su voz propia en los organismos internacionales, dejando de ser simplemente títere de los funcionarios norteamericanos en esos organismos internacionales.

………

VIII. LAS FUERZAS DE LA REVOLUCIÓN VENEZOLANA SON INVENCIBLES

El FRENTE DE LIBERACIÓN NACIONAL declara que las fuerzas nacionales de la revolución venezolana son invencibles.

Nuestro movimiento es un movimiento nacionalista, democrático y revolucionario. Brota de las propias condiciones nacionales. Se nutre, en lo fundamental, de las fuerzas internas. Nada más falso y calumnioso que obedezcamos órdenes extranjeras, sirvamos a potencias extranjeras, o seamos simples copias de otros movimientos revolucionarios triunfantes.

La inmensa mayoría de nuestro pueblo quiere un gobierno nacionalista y democrático.

La inmensa mayoría de nuestro pueblo quiere una revolución que ponga fin al coloniaje, al atraso, a la pobreza.

En la actualidad, sólo una minoría se opone a estas aspiraciones. Y esa minoría es la que se encuentra en el poder. Desalojarla de allí sería satisfacer los anhelos de la mayoría. Sería la única manera de colocar en armonía el poder político con las aspiraciones nacionalistas y democráticas de nuestro pueblo.

Pero al mismo tiempo que disponemos de poderosas fuerzas internas, representadas en la clase obrera, en los campesinos, en la pequeña burguesía nacional; representadas en hombres y mujeres de las más diversas ideologías en el campo civil, también contamos con oficiales patriotas, así como con un instrumento armado como son las FALN; al mismo tiempo, repetimos, que contamos con ello, nos podemos apoyar en la existencia del campo socialista, en el movimiento obrero de los países capitalistas y en los movimientos de liberación nacional que sacuden a todo el mundo capitalista.

La unión de nuestras fuerzas internas con esas fuerzas externas colocan a nuestros enemigos en una situación difícil, hace apuntar con más decisión hacia la victoria de la revolución venezolana.

Al mismo tiempo que somos un movimiento profundamente nacionalista nos inspiramos en el más amplio internacionalismo, para decirlo con las frases de Don Mario Briceño Iragorri.

Los movimientos liberadores triunfantes, han demostrado a la faz de la tierra que pueden encontrar apoyo en otras áreas, especialmente en el mundo socialista, en los países neutrales y en los países liberados del colonialismo. Nuestro movimiento no despreciará tales hechos objetivos y acudirá a ellos en demanda de ayuda y solidaridad, para acortar nuestros sacrificios, para acelerare nuestras tareas emancipadoras y de justicia social.

El FRENTE NACIONAL DE LIBERACIÓN tiende su mano esperanzada a todos los movimientos nacionales liberadores y socialistas del mundo entero en demanda de solidaridad moral y material; en demanda de apoyo político y diplomático en los organismos internacionales; en demanda de popularizar nuestras luchas y certeza de que conquistaremos la victoria.

IX. LAS TAREAS DEL PUEBLO

Las grandes masas populares tienen que tomar en sus manos esta plataforma del FRENTE DE LIBERACIÓN NACIONAL, hacerla suya, difundirla por todos los medios a su alcance.

La línea del FLN es una línea de masas. Esto significa hacer comprender a las amplias masas su papel en la historia, señalarle sus tareas principales en un momento dado. El FLN le dice a nuestro pueblo: hoy la tarea fundamental es la de conquistar un gobierno nacionalista y democrático que inicie la recuperación del país, que abra cauce a un desarrollo independiente de Venezuela.

Hay tareas comunes para todos los patriotas venezolanos:

1.- Formar Comités del FLN en todos los sitios donde se puedan agrupar tres o cuatro personas. Esos Comités tendrán funciones varias:

a) Difundir la plataforma de acción del FLN.

b) Difundir las luchas políticas de las masas.

c) Difundir las acciones de las FALN.

d) Levantar la solidaridad con los combatientes guerrilleros.

e) Levantar la solidaridad con los secuestrados y perseguidos políticos, sindicales y militares, haciéndoles sentirse rodeados del afecto popular.

f) Difundir los órganos de publicidad del FLN (EL PATRIOTA) y de las FALN (PUEBLO Y REVOLUCIÓN). Hacer propaganda por todos los medios.

g) Establecer contactos con los soldados, clases y oficiales; con policías y guardias nacionales, convencerlos de que no disparen contra el pueblo, que se sumen a nuestra justa y hermosa causa.

h) Formar pequeños destacamentos de las FALN que puedan operar, a través de su propia iniciativa, en los momentos de crisis aguda y de combates callejeros.

i) Recabar las informaciones (en los Ministerios, dependencias oficiales, organismos y represivos, en todas partes) para el FLN y para las FALN.

j) Guardar los secretos conspirativos del movimiento: no dar nombres, ayudar a esconder las armas, los materiales de propaganda; esconder a los combatientes.

POR EL FRENTE DE LIBERACIÓN NACIONAL

EL COMITÉ POLÍTICO

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LEA #188

LEA

Al Gore se ha reciclado como líder mundial con su cruzada contra el calentamiento planetario. (Ver http://www.climatecrisis.net). Otros dirigentes no andan en lo mismo, y prefieren proferir advertencias distintas. Por ejemplo, Condoleezza Rice ha comunicado que su gobierno pudiera sumarse a las conversaciones europeas con Irán sobre el desarrollo de su energía nuclear, siempre y cuando este país convenga en permitir una verificación internacional de que ha detenido su programa de enriquecimiento de uranio.

Cualquier ciudadano medianamente informado sabe lo que contestará directamente el presidente Amahdinejad o por boca de su ministro de relaciones exteriores: que la condición estipulada por Rice es sencillamente inadmisible. Por consiguiente, el Departamento de Estado de los Estados Unidos sabe lo mismo y, en ulterior consecuencia, ha formulado una proposición que sabe será rechazada.

¿Qué busca el gobierno de Bush? ¿Poder decir que Irán rehúsa el diálogo? Resulta por la medida chiquita ominoso que nadie menos que Henry Kissinger, en almuerzo organizado por el Diario Digital de Lisboa el pasado 12 de mayo, se sintiera en la obligación de advertir que una invasión de Irán «sería una pesadilla». ¿Es que Kissinger, quien ocupara destacadamente la posición de Rice en un gobierno también republicano—Nixon—conoce datos que sugieren alguna inminencia a tal respecto? (Kissinger, por cierto, ha vuelto a la escena con la reciente publicación de unas doce mil páginas de notas y memorandos de su paso por el Departamento de Estado. En uno de ellos recogió algo que manifestó al liderazgo chino poco antes del cese de la guerra de Viet Nam: que si los Estados Unidos podían vivir con un régimen comunista en China también podrían vivir con un régimen comunista en Indochina. Lo único que pedía es que los norvietnamitas no pretendieran cogerse a Viet Nam del Sur demasiado pronto después de una retirada de las tropas norteamericanas, para que la reputación de los Estados Unidos no se afectara demasiado).

Mientras, por estos lares el especialista Alberto Garrido asegura que el Caribe ya está tomado militarmente por los Estados Unidos, que la escala de sus ejercicios navales en la zona y su dotación de efectivos y armamento es realmente desusada.

Los chinos consideran la peor maldición de todas desear a sus enemigos que vivan una época importante.

LEA

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CS #188 – Lo mejor no es bueno

Cartas

¿Ha significado el gobierno de Hugo Chávez un progreso real para los venezolanos menos dotados de recursos y oportunidades?

A juzgar por las muy confiables y serias mediciones de Datos (Encuesta Pulso Nacional), hay progreso evidente. En reciente presentación a VenAmCham—cuyo actual Presidente es Edmond Saade, también Presidente de Datos—se reporta la mejoría apuntada: más de la mitad de los venezolanos está satisfecha de su «situación actual de bienestar». Para el año 2000, sólo 21% de los venezolanos manifestaba que su situación personal había mejorado o era igual de buena con respecto al previo ejercicio. A las alturas de 2005 este indicador había subido a 45%, nivel en el que se ha mantenido durante el primer trimestre de 2006.

Estas son cifras generales; si se indaga por esta dinámica en los sectores D y E, se mide un progreso del ingreso real por hogar. Entre 2003 y 2006 este incremento es de 137% para el Nivel E. (En bolívares corrientes ha pasado de Bs. 286.022 a Bs. 680.419 mensuales). La clase D experimentó en el mismo lapso una mejoría de sólo 17%, mientras que la clase C menos (clase media baja) progresó en 31%. Conclusión oficial de Datos: «Hay una clara mejoría en el nivel de ingreso por hogar de los venezolanos, especialmente en quienes representan la mayoría del país». (Datos reporta la siguiente composición poblacional: Nivel socioeconómico ABC+, 4%; Nivel C-, 15%; Nivel D, 23%; Nivel E, 58%).

Naturalmente, también señala la encuestadora déficits en varios renglones: el progreso ocurre en «alimentación y cierta ampliación en los servicios de salud y educación». Rubros como vivienda, seguridad y empleo—a pesar de una mejora en la composición de éste: entre 2003 y 2004 el empleo formal, según cifras que Datos toma del Instituto Nacional de Estadísticas, habría pasado de 47% a 53%—no satisfacen las expectativas de la mayoría. Pero en términos generales la gente ubicada en los niveles más bajos está económicamente mejor que antes. Si sumamos a esto que también hay una mejora en el reconocimiento social de clases antes muy diferidas o poco tomadas en cuenta ¿qué razones puede ofrecerse al 81% de los electores (niveles D y E) para cambiar de gobierno?

Un simple cálculo nos permite estimar a qué se enfrenta quien quiera arrebatarle a Hugo Chávez la Presidencia de la República. Supongamos que la mejora del ingreso mensual en la clase E (prácticamente cuatrocientos mil bolívares: Bs. 394.397) comenzara a producirse ahora. Entonces por el próximo año los hogares de 58% de la población recibirían un total de unos catorce billones de bolívares, o un poco más de seis mil millones de dólares. (El presupuesto nominal de 2006, por comparar, es de 85 billones). Esto es una descomunal transferencia a favor de los más necesitados, que ni siquiera toma en cuenta los componentes de ahorro (principalmente Mercal) y los no monetarios de las misiones, las gigantescas transferencias del Ministerio de Educación y las restantes avenidas que llevan recursos públicos a la población. Una avalancha real, efectiva, existente de tal magnitud, no puede ser emulada por la promesa de «un fondo autónomo con una parte del ingreso petrolero para la distribución del ‘cesta ticket petrolero’, mediante el cual se ayudará a las familias a superar su condición de pobreza y a sufragar parte de los gastos en educación, salud, alimentación y arreglo de vivienda». (Proposición estelar de la oferta programática de Teodoro Petkoff).

………

Hasta los momentos se conoce varios esbozos programáticos de parte de unos pocos entre los pre-candidatos presidenciales. (No hay todavía, por supuesto, ningún candidato inscrito ante el Consejo Nacional Electoral, ni siquiera el propio Chávez). Son las proposiciones de Roberto Smith, Julio Borges, Cecilia Sosa y Teodoro Petkoff. La que parece ser la más articulada y pensada de las fórmulas es la de Petkoff. (Puede leérsela completa en www.conteo2006.com).

Smith tiene indudables aciertos de percepción. Por ejemplo, su rechazo a la fórmula de las elecciones primarias pretendidas por Súmate se debe a que las percibe, correctamente, como un evento para obtener un candidato único «de oposición», y Smith no quiere entenderse como tal, sino como un candidato «de proposición». A partir de su «proposición», comoquiera que es distinta y en consecuencia opuesta a los designios de Chávez, lo de oposición le vendría por añadidura, pero no porque en el origen haya justificado su presencia política como mera oposición.

El problema con Smith es que luego no puede plenar con contenido suficiente el habitáculo que él mismo diseña. A partir de tan excelente distinción, su oferta se desgrana en eslóganes repetitivos—full empleo/delincuencia cero—y la venta de una marca—Venezuela de Primera—con resonancia clasista: una Venezuela que viaja en primera clase, que pertenezca al «Primer Mundo». Seguramente será capaz de mostrar un vistoso manojo de megaproyectos sugestivos, que sugieran que un presidente con cualidades de ejecutivo disciplinado y exitoso, como él, es justamente lo que se necesita. También, aun cuando declare no ser candidato de oposición actúa como uno, a juzgar por sus críticas duras y constantes, que van desde el derrumbe del Viaducto #1 hasta su calificación del Consejo Nacional Electoral, al que ha dirigido ataques que están muy cerca de los formulados por los abstencionistas más radicales. Es una lástima, pues, que un análisis formalmente correcto no pueda ser llenado con sustancia.

Pero Julio Borges pudiera muy bien salirse con la suya, pues una mutación terminológica le permite postular el siguiente eslogan, mucho más enfocado: Venezuela es primero. («Borges… anunció la realización de una extensa gira nacional, que llevaría el nombre ‘Primero Venezuela’—evocadora de Proyecto Venezuela— el que pareciera competir por una ‘marca’ con Venezuela de Primera de Roberto Smith…» Carta Semanal #171 de doctorpolítico, 5 de enero de 2006). En términos de contraste alude, naturalmente, al dispendio del gobierno de Chávez en sus objetivos de política exterior. (En el orden de 18 mil millones de dólares, o tres veces la transferencia a la clase E por incremento en el ingreso de los hogares. Si Chávez empleara el criterio adelantado por Borges, y usara los recursos con los que procura cuadrar alianzas—como la reciente con Bolivia, de $1.500 millones—en el alivio de los venezolanos menos favorecidos, el aumento del ingreso doméstico mensual sería de 1 millón 600 mil bolívares, en lugar de 400 mil bolívares).

De resto, la oferta conocida de Borges tiende a expresarse igualmente en eslóganes: justicia para todos, empleo para todos, oportunidades para todos, sin dejar de remachar la noción de que una nueva generación es la respuesta a los problemas venezolanos. A pesar de esto, la rectitud de ciertas posiciones de Borges, su constancia y su organización, parecieran posicionarle mejor para lo que pudiera ser el verdadero objetivo estratégico de una participación electoral no chavista: el establecimiento de una alternativa al gobierno, aunque no gane. Y si acá se previó que pudiera tener impacto una dupla de Petkoff como Presidente y Borges como Vicepresidente, lo recíproco tiene también sentido, pues entonces la experiencia de Petkoff apuntalaría a Borges como Rangel, mayor en edad que Chávez, le complementa y refuerza.

Ahora bien, una lectura de la oferta programática de Petkoff—esto es, del boceto contenido en la dirección de Internet antes mencionada—revela en éste una mayor articulación y un mayor pensamiento. En términos escuetos: Petkoff tiene el mejor programa al compararlo con los de Borges y Smith. Veamos qué contiene. (Esta carta prescindirá del análisis de la propuesta de Cecilia Sosa).

El documento en cuestión—»Teodoro, un candidato con propuestas»—está compuesto de cuatro partes, enfocadas por un lema de campaña: «Venezuela sin miedo», que inicia y cierra la exposición en tipografía destacada. La primera parte consiste en la enumeración de ocho «propuestas», a saber: 1. recuperar la convivencia entre los venezolanos, 2. hacer reformas avanzadas apegadas a la ley, 3. desterrar el miedo, 4. crear un clima de tolerancia política y cultural, 5. reducir la polarización, 6. buscar un gran acuerdo nacional para lograr justicia social, igualdad y mayor participación democrática, 7. arrancar de raíz las causas de la pobreza, que tienen su principal fuente en lo económico y, en particular, en el desempleo, 8. adelantar un plan de acciones contundentes para enfrentar los problemas de seguridad personal.

Resulta obvio que las propuestas 1, 3, 4, 5 y 8 tienen todas que ver con el lema contra el miedo. En este sentido son consistentes, pero también algo repetitivas. En todo caso, cinco de ocho proposiciones son formuladas en torno a lo que parece ser el tema central de la campaña y, como se trata tan sólo de un esbozo programático, necesitan desarrollo o explicación ulterior: ¿cómo, por ejemplo, se «destierra» el miedo? (¿Tal como se «reactiva la economía» o se «acaba con la corrupción», para mencionar dos formulaciones típicas del discurso político vacío?) Si lo del miedo se refiere al temor por la seguridad personal, amenazada por una delincuencia recrecida, el foco puede ser de anclaje universal. Si, en cambio, alude al miedo político ante la pugnacidad de Chávez y el resentimiento social expresado en la tensión entre clases sociales, esa promesa contra el miedo se vendería en las clases media y alta, que en cifras de Datos suman nada más que 19% de los pobladores.

Las otras tres propuestas son más problemáticas. Para comenzar, nadie puede responsablemente prometer que «arrancará de raíz» las causas de la pobreza, que «tienen que ver» con lo económico y el empleo. (¿No es el empleo algo económico?) Además, tal cosa se haría en seis años. Petkoff ha aclarado que de resultar electo no pretendería reelegirse para un segundo período.

Luego, lo del «gran acuerdo nacional» huele a «consenso-país», al «Pacto Social» de Lusinchi, al acuerdo nacional que han propugnado, en su oportunidad, Antonio Ledezma, Juan Liscano, Luis Raúl Matos Azócar (por mencionar tres nombres de una lista casi infinita), a los «encuentros de la sociedad civil» organizados por la Universidad Católica Andrés Bello en la primera mitad de los noventa… en fin, al que proponía José Tadeo Monagas. Es decir, una vez más se propone ir a la búsqueda de un mítico y nada original acuerdo, de contenido impreciso, indeterminado, y que por tanto no puede ser en sí mismo nada que se prometa, puesto que aún no existe. (Algo así como el «socialismo del siglo XXI» de Chávez, que hasta ahora no ha podido ser «inventado»).

Y es también típica la construcción de la restante «propuesta»: «hacer reformas avanzadas apegadas a la ley». («¿Con qué se come eso?», preguntaría Luis Miquilena). Se trata, más bien, de una seudoproposición: por su forma parece ser una proposición, pero no lo es. La manera de determinar esta condición es simple: basta construir la proposición contraria, lo que tendríamos que defender en caso de que quisiéramos oponernos. Así tendríamos que promover: «hacer reformas atrasadas desapegadas de la ley» ¿Es que habría quien quisiera proponer tal desatino? Aquella proposición, por tanto, en ausencia de mayor desarrollo, no pasa de ser un titular sin noticia, una formulación semánticamente vacía.

La segunda parte del esquema programático de Petkoff contiene su desahucio de Chávez, amén del eslogan secundario, repetido, por técnica de remache publicitario, en muchas de las emisiones del candidato. Ese otro lema es: «Esto no puede seguir así». (Conceptualmente, de la misma familia que el «¿Dónde están los reales?» de la campaña de Luis Herrera Campíns en 1978). El caso del fiscal Petkoff contra el reo Chávez comprende las siguientes imputaciones (todas compartidas por esta publicación, aunque las considera incompletas): el actual gobierno irrespeta permanentemente a los venezolanos, se burla de la Constitución y las leyes, no busca soluciones concertadas a los problemas, toma medidas ilegítimas e inestables, ha creado una gran conflictividad política. Todas valen, pero son causales de deslegitimación del actual gobernante, no de legitimación de ninguno de sus contrarios.

La tercera y cuarta parte arrancan con una formulación análoga, asemejadas adrede para efectos pedagógicos. Se trata de la «deuda social» y—el término más novedoso—la «deuda democrática» que tendría «el país» con «la mayoría de los venezolanos». (Aparentemente, «el país» tiene una deuda con «la mayoría» del país. Esta desatenta construcción recuerda aquella fórmula del—¿abortado?—»Movimiento 4 de diciembre» auspiciado por Marcel Granier, Oscar García Mendoza, Oswaldo Álvarez Paz, Antonio Sánchez García, etcétera: «Un mandato del país a la Nación». Es decir, el país mandándose a sí mismo).

Para saldar la deuda social Petkoff «se compromete» a:

1. adelantar una clara y estable política económica que estimule la inversión nacional y extranjera, que genere empleos. (Pruébese a defender esta fórmula alterna: adelantar una opaca e inestable política económica que desestimule la inversión nacional y extranjera, que reduzca el empleo).

2. expansión y diversificación de la industria petrolera aguas abajo para la producción de una gran diversidad de productos diferentes a la gasolina. (La muy trillada—no por eso incorrecta—aspiración o vocación petroquímica nacional. De la época del primer gobierno del antiguo jefe de Petkoff, Rafael Caldera, data el gran «Plan Petroquímico Nacional», en una decena de tomos, que jamás fue llevado a la práctica, tal vez por una combinación de enjundiosidad con rigidez).

3. estimular la reactivación de gran cantidad de industrias paralizadas, con especial énfasis en la industria metalmecánica y manufacturera. (Concepto de «Segunda Ola» con foco industrial. Mención cero de actividades de «Tercera Ola» en nuevas tecnologías).

4. desarrollo intenso del turismo aprovechando los recursos naturales del país. (De nuevo, la evocación del Dorado turístico que reiteramos desde la Conahotu de Pérez Jiménez. «Pertenece a la esencia de una proposición que sea capaz de comunicarnos un nuevo sentido». Ludwig Wittgenstein, Tractatus Logico-Philosophicus, Proposición 4.027).

5. reactivar la agricultura con reformas en el marco de la Ley. (La agricultura está desactivada, así que la voy a reactivar. Dice el médico a quien le consulta porque se siente mal y quiere curarse: «Usted está enfermo: la solución es que sane». Y legalmente).

6. desarrollo inmediato de un gran plan de obras públicas para mejorar la vialidad, escuelas, servicios de salud y viviendas. (Muy bien).

7. crear un fondo autónomo con una parte del ingreso petrolero para la distribución del «cesta ticket petrolero», mediante el cual se ayudará a las familias a superar su condición de pobreza y a sufragar parte de los gastos en educación, salud, alimentación y arreglo de vivienda. (Es decir, un nombre nuevo—no «misiones», claro—para un tratamiento de subsidios, mas sin radicalidad. Lo claro, lo profundo sería intentar un ejercicio de devolution. Heredamos del derecho español colonial el principio de que las riquezas del subsuelo pertenecen a la Corona, por las que debe percibir «regalías», que se llaman así precisamente porque se pagan al rey. Pero desde la Revolución Francesa las repúblicas reconocen que la Corona ha sido suplantada por el Pueblo. Es al Pueblo, por tanto, a quien se debe pagar las regalías petroleras, no al Estado, pues sólo Luis XIV—L’État c’est moi—confundiría Estado y Corona. Esta es noción de la que no reivindico paternidad alguna, pues nunca la entreví antes de aprenderla de Julio Juvenal Camero).

En cuanto a la «deuda democrática», son ocho los compromisos asumidos por Petkoff:

1. acabar con el autoritarismo, la autocracia, el militarismo y la corrupción. (Tal vez pueda prometer las tres primeras cosas. La experiencia venezolana—y la rusa, la ucraniana, la japonesa, la europea en general, la norteamericana, etc.—es que la corrupción es de dificilísima, más bien imposible, erradicación. Seguramente puede atenuársele, pero nadie debiera prometer deliberadamente que la llevará a cero).

2. separar los poderes públicos y asegurar su eficacia e independencia. (Muy bien. Pero un presidente sólo puede prometer eficacia por el Ejecutivo. Si lo hace por los demás poderes éstos ya no serían tan independientes).

3. relanzar la descentralización administrativa. (Decía Stafford Beer—Platform for Change, Wiley, 1975—que la oposición de centralización y descentralización es en gran medida un falso dilema, pues la observación de cualquier organismo biológico viable revela en él la feliz coexistencia de procesos enteramente descentralizados y procesos altamente centralizados. La promesa genérica de descentralización es una proposición difusa, borrosa).

4. estimular la creación de nuevas formas de organización popular autónomas. (Muy bien. Serán entonces los «círculos venezolanos» en lugar de los «círculos bolivarianos», o algo así. La generalización de las asambleas de ciudadanos. Muy bien).

5. asegurar que la Fuerza Armada sea una institución del Estado sin parcialidad política o personal. (Magnífico).

6. promover el restablecimiento (corrección del original, que dice «promover el restableciendo») de la representación en los órganos colectivos (¿?) y el financiamiento público de los partidos políticos. (En esto último contaría con el apoyo del PPT, que anda buscando esos churupos).

7. facilitar la existencia de un CNE confiable, neutral e idóneo. (Muy encomiable).

8. consultar a los venezolanos para cambiar el actual régimen presidencialista, por un régimen parlamentarista, que minimice los riesgos de crisis políticas. (Interesante proposición. Requiere una reforma constitucional, que Petkoff sometería, como está previsto constitucionalmente, a referendo. Es obvio que el asunto es discutible, pues al igual de cualquier otro tratamiento público, en este caso de carácter estructural y funcional, se puede enumerar tanto pros como contras).

………

Ése es el mejor de los programas expuestos hasta ahora. No en balde algunos hablan de un «ambiente de frustración» en las filas opositoras. Si a esta inanidad se suma lo registrado por las encuestas—IVAD mide 62% de reciente intención de voto por Chávez—tal desazón es explicable, como lo sería un recrudecimiento del abstencionismo, una repopularización del récipe de una «crisis de gobernabilidad» y del golpismo y la invasión.

Pero los programas pueden ser, todavía a estas alturas, sustituidos. Es posible hacer mucho mejor las cosas. Entretanto declara Francisco Layrisse—Jefe del Comando de Campaña—a Tal Cual (el periódico que dirige Petkoff lo escribe «Layrisi») que se continuará el amorochamiento con Borges (estupendo) y con Rosales (horror; con el cohonestador más destacado del «carmonazo»): «¿Cree que el G-3 seguirá unido? —Hay toda la intención. Petkoff, Rosales y Borges han trabajado por un proyecto de unidad, para un gran acuerdo de gobernabilidad». De hecho, se le pregunta cuál debiera ser el candidato para 2012 y no vacila en responder: «Sería Rosales o Borges». No está mal haber acertado en un cincuenta por ciento.

LEA

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FS #91 – Veto minoritario

Fichero

LEA, por favor

Los venezolanos tuvimos nuestro primer congreso en 1811. En ese mismo año John C. Calhoun resultaba electo a la cámara baja del congreso norteamericano, que ya llevaba treinta y cinco años de existencia.

Calhoun llegaría al Senado de los Estados Unidos en ocasión posterior, cuando ya había renunciado a la Vicepresidencia de su país como gesto de oposición a la política arancelaria del gobierno, que afectaba los intereses de los estados sureños. Su carrera política le llevó a ocupar casi todo cargo de importancia entre 1807 y 1850 (el año de su muerte): legislador estatal, congresista, Secretario de Guerra, Vicepresidente, Senador, candidato presidencial y Secretario de Estado.

Nacido en Carolina del Sur (1782), era un año mayor que nuestro Libertador. De profesión abogado, era un decidido nacionalista en sus años tempranos, aunque luego fue haciéndose cada vez más un defensor formidable de los estados del sur, incluyendo a la institución de la esclavitud. Preocupado por el abuso de las mayorías que luego interesarían al gran John Stuart Mill—que acuñó la frase «tiranía de la mayoría» en su ensayo Sobre la libertad—Calhoun trató el tema y su posible remedio en el opúsculo La mayoría concurrente, cuya sección intermedia se traduce acá para formar la Ficha Semanal #91 de doctorpolítico. Naturalmente, veía con inquietud la imposición a los sureños de políticas decididas por las mayorías del norte y el oeste en los Estados Unidos.

Calhoun escribe con el engorroso estilo de principios del siglo XIX, elemental y reiterativo en extremo. Remacha una y otra vez, prácticamente con las mismas palabras, las nociones que quiere establecer. Pero su simplicidad no deja de poner el dedo en la llaga de un problema tan viejo como la democracia, y para esto razona y argumenta con la sencillez de un maestro de escuela primaria. Al comienzo de su ensayo, antes del trozo escogido para esta ficha, propone una distinción a la vez sencilla y poderosa: «…aunque la sociedad y el gobierno están así íntimamente conectados y son dependientes el uno del otro—entre ambos la sociedad es la más grande. Es la primera en el orden de las cosas y en la dignidad de su objeto: siendo primario el de la sociedad, preservar y perfeccionar nuestra raza; y el del gobierno secundario y subordinado, preservar y perfeccionar a la sociedad».

No es raro encontrar en la historia gobiernos que se consideran, equivocadamente, superiores a la sociedad sobre la que actúan.

LEA

Veto minoritario

Por sí mismo el derecho al sufragio no puede hacer otra cosa que dar un completo control de los que eligen sobre aquellos que han elegido. Al hacer esto logra todo lo que puede posiblemente lograr. Tal es su objetivo, y cuando lo logra su finalidad se ha completado. No puede hacer más, independientemente de cuán ilustrado sea el pueblo, o cuán ampliamente extendido o protegido pueda estar ese derecho. La suma total, entonces, de sus efectos, cuando es más exitoso, es hacer a los elegidos los verdaderos y fieles representantes de aquellos que los eligieron—en lugar de gobernantes irresponsables—como lo serían sin él; y así, al convertirse en una agencia, y a los gobernantes en agentes, para despojar al gobierno de toda reivindicación de soberanía y retenerla sin daño para toda la comunidad. Pero es manifiesto que el derecho al sufragio, al hacer estos cambios transfiere, en realidad, el control real sobre el gobierno de aquellos que hacen y ejecutan las leyes al cuerpo de la comunidad y así coloca los poderes del gobierno plenamente en la masa de la comunidad como si en verdad ella se hubiera reunido, y hubiera hecho y ejecutado las leyes por sí misma sin la intervención de representantes y agentes. Mientras haga esto con más perfección, más perfectamente logra sus fines; pero al hacerlo sólo cambia el asiento de la autoridad, sin contrarrestar, en lo más mínimo, la tendencia del gobierno a la opresión y el abuso de sus poderes.

Si la comunidad toda tuviera los mismos intereses, de forma que los intereses de todas y cada una de sus partes fueran afectados de tal modo por la acción del gobierno que las leyes que oprimiesen o empobreciesen a una parte necesariamente oprimieran o empobrecieran a todos los demás—o a la inversa—entonces el derecho al sufragio sería en sí mismo más que suficiente para contrarrestar la tendencia del gobierno a la opresión y el abuso de sus poderes y, por supuesto, formaría en sí mismo un perfecto gobierno constitucional. Siendo el mismo el interés de todos, hipotéticamente, en cuanto a la acción del gobierno, todos tendrían intereses parecidos respecto de cuáles leyes debieran ser dictadas y cómo debieran ser ejecutadas. Toda lucha y combate cesarían acerca de quiénes debieran ser electos para promulgarlas y ejecutarlas. La única pregunta sería quién es más idóneo; quién el más sabio y más capaz de entender el interés común del conjunto. Decidido esto, la elección ocurriría quietamente y sin discordia partidista, puesto que ninguna parte podría promover su propio interés peculiar sin considerar el resto al elegir un candidato favorito.

Pero ése no es el caso. Por lo contrario, nada es más difícil que ecualizar la acción del gobierno en referencia a los varios y diversificados intereses de la comunidad; y nada más fácil que pervertir sus poderes en instrumentos para engrandecer y enriquecer uno o más intereses al oprimir y empobrecer a los otros; y esto también bajo leyes escritas en términos generales—y que, en apariencia, lucen justas y equitativas. Ni es éste el caso de sólo algunas comunidades particulares. Es así con todos; los pequeños y los grandes, los pobres y los ricos, independientemente de emprendimientos, producciones o grados de civilización—con esta diferencia, sin embargo: que mientras más extenso y populoso es el país, más diversa la condición y los emprendimientos de su población; y mientras más rico, más lujoso y disimilar el pueblo, más difícil es ecualizar la acción del gobierno y más fácil para una porción de la comunidad pervertir sus poderes para oprimir y hundir a las otras.

Siendo tal el caso, necesariamente resulta que el derecho al sufragio, colocando el control del gobierno en la comunidad debe, por la constitución misma de nuestra naturaleza que hace al gobierno necesario para preservar la sociedad, conducir al conflicto entre sus diferentes intereses—cada uno en lucha para obtener posesión de sus poderes, como los medios de protegerse los unos contra los otros, o de promover sus respectivos intereses, independientemente de los intereses de los otros. Por esta lucha, ocurrirá una lucha entre los distintos intereses para obtener una mayoría con el fin de controlar el gobierno. Si ningún interés es suficientemente fuerte para obtenerla, se formará una combinación entre aquellos de intereses más parecidos—cada uno concediendo algo a los otros, hasta que se logre un número suficiente para constituir una mayoría. Puede que el proceso sea lento, y que se requiera mucho tiempo para pueda formarse así una mayoría compacta y organizada; pero con el tiempo llegará a formarse, aun sin concierto o plan previos, mediante el seguro funcionamiento del principio o constitución de nuestra naturaleza de la que el gobierno mismo se origina. Una vez formada, la comunidad se dividirá en dos grandes partidos—uno mayor y otro menor—entre los que habrá luchas incesantes para retener de un lado y obtener del otro la mayoría—y de esta manera el control del gobierno y las ventajas que confiere.

Como, entonces, el derecho al sufragio, sin otra provisión, no puede contrarrestar esta tendencia del gobierno, la siguiente pregunta a considerar es:¿cuál sería esa otra provisión? Esto exige la más seria consideración, puesto que, de todas las otras cuestiones involucradas en la ciencia del gobierno, implica un principio que es el más importante y el menos comprendido, y que, cuando es entendido, es el más difícil de aplicar en la práctica. Es, de hecho, enfáticamente, el principio que hace a la constitución, en su sentido estricto y limitado.

De lo que ha sido dicho es manifiesto que esta provisión deberá ser de un carácter calculado para impedir que algún interés, o combinación de intereses, emplee los poderes del gobierno para engrandecerse a expensas de los otros. Aquí yace el mal; y justamente en la proporción que impida, o deje de impedir, en el mismo grado obtendrá, o dejará de obtener, el fin que se intenta lograr. No hay sino un modo cierto con el que este resultado puede asegurarse, y es mediante la adopción de alguna restricción o limitación que deberá prevenir eficazmente que un interés, o combinación de intereses, pueda obtener el control exclusivo del gobierno que deje sin esperanza cualquier intento dirigido a tal fin. De nuevo, sólo hay un modo con el que tal cosa puede lograrse, y es el de tomar separadamente el sentido de cada interés o porción de la comunidad, que puede haber sido desigual e injuriosamente afectado por la acción del gobierno, a través de su propia mayoría, o en alguna otra forma como pueda su voz expresarse justamente; y requerir el consenso de cada interés bien sea para poner o mantener el gobierno en acción. Esto, igualmente, sólo puede lograrse de una manera—y esto es por tal organismo del gobierno—y si es necesario para el propósito de la comunidad también—para, dividiendo y distribuyendo los poderes del gobierno, dar a cada división o interés, a través de su órgano apropiado, o una voz concurrente en la promulgación y ejecución de leyes o un veto sobre su ejecución. Es sólo mediante un órgano tal que el asentimiento de cada uno puede ser hecho necesario para poner al gobierno en movimiento; o para ser eficaz para detenerlo cuando se haya puesto en movimiento—y es sólo a través del uno o el otro que los diferentes intereses, órdenes, clases o porciones en los que la comunidad pueda dividirse pueden ser protegidas, y todo conflicto y lucha entre ellas prevenida—haciendo imposible colocarlo o ponerlo en movimiento sin el consentimiento concurrente de todos.

Un organismo como éste, combinado con el derecho al sufragio, constituyen, de hecho, los elementos del gobierno constitucional. El uno, haciendo a aquellos que hacen y ejecutan las leyes responsables a aquellos sobre los que operan, impide a los gobernantes oprimir a los gobernados; y el otro, haciendo imposible para cualquier interés o combinación de intereses o clase, u orden, o porción de la comunidad el obtener control exclusivo, impide que cualquiera de ellas oprima a la otra. Es claro que la opresión y el abuso vendrán, en cualquier caso, de uno o el otro lado. No puede ser de otra manera. Se sigue que ambos, el sufragio y el organismo adecuado combinados, son suficientes para contrarrestar la tendencia del gobierno a la opresión y el abuso del poder y restringirlo al logro de los altos fines para los cuales es establecido…

John C. Calhoun

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El gobernador del Zulia, Manuel Rosales, ha estado en primer plano los últimos días, luego de que ese sitial estuviera copado por el lanzamiento de Teodoro Petkoff. Primero fue el lanzamiento de su candidatura. («El zuliano está en la pelea», tituló un diario caraqueño).

Luego sirvió de anfitrión en Maracaibo para una reunión tripartita de él mismo con Petkoff y Julio Borges, quien también refrescó su candidatura con la presentación de «su programa» por las mismas fechas. María Corina Machado, que estuvo invitada, no asistió. Adujo inconvenientes atmosféricos que habrían impedido el viaje en avión a tierra zuliana. Los tres acordaron apoyar a quien, entre ellos, resalte como el candidato de más fuerza, sin especificar el método para determinar esto último y sin desestimar las elecciones primarias en principio.

Recuperan así los candidatos la iniciativa que Súmate asumió para convocar—»proponer»—primarias en julio y sugerir que sólo esas primarias, llevadas a la práctica por la organización, legitimarían a un candidato unitario, que debería, por encima de todo, luchar por condiciones electorales confiables. Esto sería el centro, la médula del problema político nacional.

Pero el gobierno tampoco perdió tiempo en resaltar aún más la figura de Rosales. El Fiscal de la boca que desconoce el derecho al respeto, anunció la tramitación de antejuicio de mérito en contra del gobernador ante el Tribunal Supremo de Justicia, por el pecado democrático de haber firmado un decreto que destituía las autoridades judiciales y legislativas.

Rosales esgrime en su defensa la tesis del vacío de poder que la famosa declaración del general Rincón habría creado en las pequeñas horas del 12 de abril de 2002. Esto, sin embargo, tal vez habría justificado la asunción del poder ejecutivo, dada la emergencia nacional, pero jamás podrá legitimar la clausura de los restantes poderes. Rosales va a tener que procurarse una mejor excusa.

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