CS #187 – Sensatez y sentimientos

Cartas

Ocurrió en una estación de tren en Moscú de la época de Stalin. Dos amigos, Ilya y Mikhail, se encuentran en un andén a la espera de un tren que partirá hacia el sur. Luego de los saludos acostumbrados uno pregunta: «Dime, Ilyia, ¿adónde vas?» E Ilyia contestó: «Pues, Mikhail, voy a Kiev». Entonces Mikhail se quedó pensando: «Ilyia me dice que va a Kiev para que yo piense que va a Vladivostok. Entonces debe ir a Kiev».

Ese chiste, leído alguna vez en un viejo ejemplar de Selecciones del Reader’s Digest, merececería el rango de fábula, en razón de su esencia pedagógica. Lo que le falta para ser fábula es tan sólo una moraleja: «Después de todo, la mejor cura contra la suspicacia es creer lo que nos dicen». Vamos a tomar al pie de la letra, sobre todo porque el lenguaje gestual confirmaba la sinceridad de la aserción, dos frases reales del pasado reciente, hace nada; esto es, dos afirmaciones proferidas realmente por dos destacadas personas de nuestra realidad política. Una, la que trataré de segunda, dice así: «Pues eso es exactamente lo que estamos buscando». La primera, que comentaré a continuación, sostiene lo siguiente: «El pueblo lo que quiere que un candidato le diga es qué va a hacer con el país».

No es la primera vez que se emplea una expresión como la última. En un viejo modelo político los caciques mandan, los héroes matan dragones, pero no tienen que pensar en la solución a los problemas públicos. De eso deben ocuparse, subordinados siempre a quienes mandan, los sabios que encuentran los significados y los brujos que producen menjurjes y encantamientos. Profesionales que encuentren soluciones. El modelo, el arquetipo, el paradigma en el viejo sentido de ejemplo, prescribe a quien detente o quiera detentar el mando el papel y el carácter de un combatiente. No en vano las imágenes con las que los actores políticos convencionales hacen autoreferencia tienden a ser las de «combatiente» o «luchador» político o social, y se refieren a la «arena» y a la «lucha» políticas y a los procesos de «vencer» y «derrotar».

Y piensan ellos, así como la mayoría de nosotros, que su papel consiste en «mandar». No en mandar a secas, lo que pudiese ser moderado si se restringiera al mando sobre los órganos ejecutivos del Estado, sino que se entiende como mandando sobre la Nación. Un candidato que en la campaña de 1998 declaró con la mayor frescura desconocer cuál era el modelo político que necesitaba Venezuela se refirió, en un conocido programa de televisión, a quienes pretendan «gobernar sobre un país». (Como él pretendía). Y esta idea de que se gobierna sobre un país es, con seguridad, algo que debe ser cambiado, justamente, en un nuevo modelo político para Venezuela y, si a ver vamos, para cualquier país. No se gobierna sobre un país, se gobierna para un país.

O se dice que necesitamos alguien que sepa manejar el país, o hacer algo con el país. Un presidente no debe hacer nada con el país. Los países tienen la mala costumbre de hacerse a sí mismos, muchas veces a pesar de sus gobiernos e incluso contra ellos. Los candidatos a presidente, a lo sumo, pueden tratar de explicar qué harían desde la jefatura del Poder Ejecutivo Nacional, que es lo que les sale. Debieran explicar cómo pondrían el aparato ejecutivo del Estado al mejor servicio de la ciudadanía, jamás a mandarla. Punto.

………

En cambio, la segunda frase requiere se la muestre en la secuencia que precedió a su elocución. Fue empleada por persona conferencista, ante auditorio al que quería convencer de la bondad de unas elecciones primarias para escoger un candidato único de oposición.

La conferencia se inició asentando como premisa—según se dijo suprema—de todo el asunto, la absoluta seguridad en que el actual titular del cargo presidencial no cree en la alternabilidad democrática y, por tanto…

No se dijo más nada. La premisa no fue más comentada ni expandida durante toda la exposición, aunque proyectó su sombra sobre todo el resto de lo argumentado.

Luego se describió a grandes rasgos el mecanismo de primarias y se rebatió, de forma persuasiva, los inconvenientes que usualmente se oponen a la idea de las mismas. Lo que más se enfatizó, sin embargo, fue la exigencia de que el candidato más votado tendría que convertirse en el sumo adalid de la lucha por condiciones electorales confiables, y retirarse de las elecciones, no con 5% en las encuestas, sino con 40% gracias a las primarias, lo que es preferible y sí «tendría impacto», en caso de «ser necesario».

Fue luego de todo eso que se suscitó una ronda de intervenciones de algunos asistentes. Uno de ellos argumentó que el gobierno no es demócrata y por tanto jamás sería derrotable por vía electoral, razón por la cual «lo que había que hacer» era crear, mediante el retiro de la candidatura, una «crisis de gobernabilidad» que pudiera ser aprovechada por otros factores de poder que acabaran con el régimen. Entonces quien ofreciera la conferencia se dirigió al ponente de la receta descrita para decirle: «Pues mira, eso es exactamente lo que estamos buscando».

Al suscrito no le convence el argumento de que unas elecciones primarias destruirían la ansiada unidad, pues generarían heridas que sería difícil sanar a tiempo. No son necesarias unas primarias para la práctica de un tal canibalismo, y hasta pudieran ellas regular o moderar una urbanidad de combate. Claro que—Mikhail hablando a Ilya o al revés—agresiones extraprimarias pudieran ser sembradas por quienes las propugnan, precisamente para reforzar esta réplica con ejemplos reales y concretos.

Las primarias, definitivamente, permitirían que los electores participaran en la decisión de escogencia del candidato. Serían, es obvio, más democráticas. Pero si se las quiere emplear, en diabólica, insincera y arrogante manipulación, para entusiasmar a muchos electores en una candidatura cuya misión, sin que los ciudadanos lo sepan, es retirarse para generar problemas de gobernabilidad al gobierno y ejecutar después alzamientos o intervenciones extranjeras, entonces debemos rechazarlas con el mayor denuedo. Ya se nos llevó una vez, como corderos, al riesgo de la muerte el 11 de abril de 2002, mientras una necia conspiración se aseguraba de capitalizar para una autocracia que jamás fue escogida en primarias, el beneficio del sacrificio.

No olvidemos que un articulista—¿un seudónimo?—escribió, mientras denostaba de un candidato—justo lo contrario de lo que se dice querer evitar—que lo que procede es crear: «una gigantesca crisis de gobernabilidad que empuje definitivamente a Chávez a su propio abismo. De Miraflores al infierno… dadas las condiciones internacionales y el endurecimiento de las posturas del Pentágono hacia Caracas, una profunda crisis interna con el aislamiento internacional y la dureza de los Estados Unidos, el futuro para Chávez, para Castro y sendas ‘revoluciones’ sería de pronóstico reservado». Hay quienes celebran, en nuestro seno, que los militares norteamericanos se endurezcan.

LEA

________________________________________________________

 

Share This:

FS #95 – Moneda unificada

Fichero

LEA, por favor

En un libro publicado en 1981 en Caracas—El desarrollo financiero de América Latina y el Caribe—y compilado por Bernardo Paúl, en su carácter de Presidente del Instituto Interamericano de Mercados de Capital, se recogió una buena veintena de notables trabajos presentados en una Primera Conferencia Internacional sobre el tema, reunida en Caraballeda en 1979 bajo los auspicios del instituto, que había sido creado dos años antes en co-patrocinio de la Organización de Estados Americanos y el gobierno de la República de Venezuela. El evento reunió «a los más destacados investigadores del mundo en materia de teoría financiera, a la que en nuestra América no se le ha prestado suficiente importancia, y cuyo análisis sistemático es de reciente data». (De la introducción al volumen por Bernardo Paúl). Entre los nombres de los participantes se puede mencionar los de Lord Nicholas Kaldor, Claudio González-Vega, Ronald I. McKinnon, Jeffrey Knight, Sho-Chieh Tsiang, Felipe Pazos, Donald Lessard, Francisco Gil Díaz y Robert A. Mundell. Este último se hizo acreedor de agradecimiento especial, pues no sólo se contó entre los ponentes ordinarios, sino que tuvo a su cargo los comentarios finales de la reunión.

Es de la trascripción de estos comentarios de cierre de donde se extrae el contenido de la Ficha Semanal #95 de doctorpolítico. Desde un evidente gran sentido del humor y un dominio del campo, el profesor Mundell expresa su preferencia por un régimen monetario ordenado y confiable, echando en falta el patrón oro que confería solidez al intercambio internacional de divisas. La sección escogida para esta ficha corresponde a su análisis sobre la conveniencia de una moneda común para América Latina, la que creía tanto necesaria como factible.

Naturalmente, Mundell hace alusión a los incipientes esfuerzos de unificación monetaria europea que dos décadas después culminarían en la creación del euro. Mundell reconoce las dificultades de este esfuerzo, y por tal razón viene al caso recordar palabras de Milton Friedman, Premio Nóbel de Economía y líder de la «escuela monetarista» de Chicago, en ocasión de serios problemas a este respecto en la Europa de 1993. En entrevista concedida a la revista italiana «L’Espresso» el 26 de septiembre de 1993, dijo Friedman con radical claridad: «Si los europeos quieren de veras avanzar en el camino de la integración, deberían comprender que la unidad política debe preceder a la monetaria. El continuar persiguiendo algo que se acerca a una moneda común, mientras cada país mantiene su autonomía política, es una receta segura para el fracaso».

Es una advertencia perfectamente válida a la hora de considerar los esfuerzos integracionistas en América del Sur. A ella puede sumarse la recomendación operativa de Bernardo Paúl, expresada en su intervención inaugural de la conferencia aludida: «El sistema financiero debe… facilitar la inversión real de los ingresos excedentes de una colectividad, en términos de maximizar su productividad social. (…) Es preciso, en tal sentido, que aquellos sectores de actividad que presentan perspectivas de mayor dinamismo y crecimiento puedan contar con facilidades de financiamiento adecuado, en cuanto a volumen y condiciones. De esa manera, el patrón de desarrollo económico reflejaría verdaderamente los intereses reales de la colectividad y sus necesidades futuras».

Exactamente veinte años después de la conferencia Robert Mundell se hacía acreedor al Premio Nóbel de Economía. (1999). Era un desenlace ineludible como reconocimiento a una carrera profesional de importante contribución teórica y penetrante visión. (En el extracto acá publicado ya anticipaba la fuerza económica de China). A Mundell se le atribuye la paternidad del euro aunque, con característica modestia, él mismo sólo acepta la condición de padrino. Asistiría aún a dos conferencias sucesivas (1981 y 1985) organizadas por el Instituto Interamericano de Mercados de Capital, en las que nuevamente fue una de sus más brillantes estrellas.

LEA

Moneda unificada

Si estuviéramos viviendo en un mundo perfectamente competitivo sería probablemente acertado seguir una política de «laissez faire», controlando los monopolios. Pero no estamos viviendo en ese tipo de mundo (y en realidad nunca existió). Tampoco tenemos el «standard oro», tenemos, eso sí, grandes monopolios internacionales y eso causa dificultades. Debemos, sin embargo, tratar de hacer las cosas lo mejor posible con lo que tengamos disponible en esta coyuntura histórica; y un dólar basado en el oro podría ser de nuevo una unidad de cuenta atractiva, hasta que podamos llegar a lograr un apropiado sistema monetario mundial. En el futuro vamos a tener una serie de áreas monetarias; la mayor va a ser el dólar, pero vamos a tener áreas del marco, un mercado de Euro-divisas centrado en el marco y el franco y probablemente habrá un área del wan chino en algún momento en el futuro. Si nos acercamos más a casa; ¿podremos tener un área monetaria latinoamericana? Francamente no sé si los latinoamericanos desean la integración de la región, como fue el sueño bolivariano. Pero si hablamos de mercados de capital en «América Latina», como si representara una adecuada unidad de coordinación, tenemos que pensar en términos de una moneda común para propósitos de denominación y si ésta no va a ser el dólar, tendría que haber una moneda latinoamericana paralela relacionada con el dólar. ¿Por qué no se podrían desarrollar nuevos mercados de capital? Para centralizar hay que resolver el problema de la localización y el problema de la moneda, que repito es un problema de denominación.

El problema con la localización es que nadie quiere que sea en el país de otros. Se puede tratar de solucionar situando el centro financiero a bordo de un barco en el medio del Atlántico. Si se pudiera encontrar la Atlántida, en el medio del Atlántico, equipar un barco con la tecnología moderna o quizás reflotar y restaurar el Graf Spee, se podría obtener una localización neutral para el mercado de capital.

Se puede tener también una moneda paralela para América Latina, como la que los europeos (o los países del Golfo) están tratando de crear. Pero los europeos tienen grandes dificultades para hacer funcionar su moneda. Y por más que parezca sorprendente, sería más fácil crear una moneda paralela en América Latina, que en Europa; debido a que las represiones históricas son más cortas y los egos de los europeos son probablemente más fuertes. Los movimientos integracionistas progresan de la debilidad y el fracaso, nunca del éxito.

Las grandes nuevas monedas son huérfanas. Sin embargo, algún objetivo común, alguna meta común puede ser desarrollada en el sentido de cierto marco para la centralización. Tendría que haber también una centralización de la información de la información y una regionalización de muchas actividades que antes se llevaban a cabo en otra parte. Una posibilidad sería preguntarse si no sería más conveniente tener oficinas regionales del Fondo Monetario Internacional en América Latina. Quizás podría llevarse el Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo a América Latina. Esta sería una solución muy poco popular en Washington, porque debilitaría al Fondo como institución (porque descentralizaría las decisiones. Podría también reducir el interés que Estados Unidos tiene en el Fondo…)

Cabe preguntarse qué país tendría la ventaja de una base de información como esa. Dudo que los latinoamericanos puedan crear una Nueva Centralización en esta etapa de su historia, siempre que no ocurra algo que los obligue, como un colapso en el mundo del dólar o en Estados unidos como el super poder. Tendría que decir que el interés de los Estados Unidos en el Fondo Monetario disminuyó por un par de años durante 1974-1976. Tenemos que mantener el Fondo funcionando, los DEG funcionando, todas estas cosas funcionando, porque en ciertos momentos el mundo puede volver a fijar las condiciones, en las cuales el Fondo va a volver a ser útil de nuevo; y es caro eliminar una institución tan difícil de crear como el Fondo o el Banco Mundial. Aquí debemos volver a las políticas monetarias, y fiscal y cambiaria. En la ausencia de una iniciativa para establecer un centro latinoamericano—y supongo que esta omisión es inevitable durante los próximos años—sólo podemos acometer una política de descentralización. El dólar no es muy bueno, pero es lo mejor, con el mejor mercado monetario, que tenemos. Y si ligamos nuestras tasas de cambio al dólar (o a un tipo de cambio fijo respecto al dólar) y seguimos una política monetaria que nos permita mantenerla, lograremos un mundo más cercano al mundo de Bretton Woods, siguiendo a los Estados Unidos, hasta que logremos encontrar un líder monetario en el Mundo Occidental capaz de sustituirlo. Esta es para mí la mejor política que los países pueden seguir. Si volvemos a algún tipo de sistema de paridad de nuevo con políticas monetarias determinadas a defender las tasas fijas, las tasas de interés volverán de nuevo a converger y el proceso de integración monetaria y por lo tanto de integración financiera, va a recibir un gran impulso.

Se volvería entonces a una situación de segundo óptimo en la cual el mundo de las tasas fijas de cambio haría disminuir las tasas de interés, de tal manera que no sean muy diferentes con las prevalecientes en Nueva York (en el caso que por consentimiento unánime existan tasas fijas de depreciación diferentes a cero) o tengan una diferencia fija con respecto a las tasas de Nueva York.

El hacer de las tasas de cambio un instrumento de ajuste es para mí, en el mundo de la política en el cual los gobiernos cambian por lo general cada cuatro años, a veces más frecuentemente, una invitación para obtener un montón de enredos. Convertiría en una burla todos los intentos de formar las bases para emitir capital a largo plazo, que son necesarias, si vamos a tratar de movernos en dirección a la creación de mercados de capital.

Una estrategia para el desarrollo industrial debe tomar en consideración la meta básica de la mayoría de las economías, que es el mantenimiento o el logro del pleno empleo, que es el pan y la mantequilla del pueblo. Debe complementarse este objetivo básico, con el libre ingreso de otras industrias y servicios para romper los monopolios locales, disminuir a un mínimo los sistemas de patronazgo y de protección local, con un régimen de ingreso de importaciones de productos básicos y bajas tarifas.

Robert A. Mundell

Share This:

LEA #186

LEA

En un nuevo ejercicio de su magnífica inconsistencia, Hugo Chávez ha declarado desde La Asunción, Paraguay, que la Comunidad Andina de Naciones (CAN) ha fallecido. El escenario, una reunión de MERCOSUR en la que participaban además los presidentes de Bolivia, Paraguay y Uruguay—a los que ofreció eliminar los aranceles a sus exportaciones hacia nuestro país—para hablar del oleoducto que les llevaría recursos energéticos. (No estaban en la reunión ni Argentina ni Brasil).

Como el clásico elefante en la cristalería, Chávez anunció la salida de Venezuela de la CAN, cuya muerte habría sido decretada por la firma de tratados de libre comercio de Colombia primero, y Perú después, con los Estados Unidos. Quien se dice ser el máximo bolivariano, ha decidido separarse de los países que conforman justamente el arco de los territorios liberados por Bolívar. Con su prudencia característica, también pronosticó el deceso de MERCOSUR, de no reformarse este pacto según líneas que él sabrá cuáles son.

En busca de indicios acusatorios contra los hermanos países andinos, dictaminó que la CAN sólo sirve a las élites ricas de la región, no así a los pueblos ni a sus indígenas. Cualquiera que se tome la molestia de investigar en el sitio de la Corporación Andina de Fomento en Internet, podrá constatar la importancia de sus programas de desarrollo social, que no están precisamente dirigidos a los estratos más favorecidos de las poblaciones de la zona.

Cuando Chávez hacía una justificación temprana de su asonada de 1992, explicaba que había decidido rebelarse porque en 1989 el ejército comandado por Carlos Andrés Pérez había disparado contra el pueblo en febrero de 1989. Era mentira, por supuesto; como se supo luego, hasta de su propia boca, estaba conspirando al menos desde 1983.

Ahora vuelve a mentir. A Chávez nunca le gustó la CAN, como puede colegirse de los encontronazos y roces que su gobierno provocó desde sus inicios. Ya no es, pues, en esto bolivariano. Más bien se perfila como el bocón Berlusconi de las Américas.

LEA

Share This:

CS #186 – Veneno: recurso de cobardes

Cartas

Una de las recetas «políticas» más persistentes, favorita entre quienes pretenden ser entendidos como los más valientes patriotas que Venezuela haya tenido, se presenta en varias versiones. Una de las más vulgares reza: «No debemos pisarnos la manguera entre bomberos».

Se trata del rechazo que en ciertas cabezas encuentra cualquier crítica que se haga a ciertos planteamientos de la dirigencia opositora, por el mero hecho de que se trata de gente que combate al actual régimen. «No debemos atacarnos entre nosotros mismos». Así, no se debe criticar las ejecutorias políticas de Pedro Carmona Estanga, o la conducción estratégica de la campaña revocatoria por parte de la extinta Coordinadora Democrática.

En la mayoría de los casos la prescripción parece contener una gran dosis de sentido común. Si hay base para presumir que la desunión puede conducir a la derrota, entonces parece suicida e irresponsable la crítica de «nosotros mismos». Tan claro como el récipe dominocístico—falso, por lo demás—de no trancar una mano segura. (Si se tiene seguridad de que se ganará la tranca debe trancarse, aun cuando sin ello se gane también, pues se evita la pérdida de puntos, como sabe cualquier buen jugador de dominó).

Pero ¿qué pasa si lo que se critica es precisamente la aparente sabiduría de una estrategia estúpida? En retrospectiva ¿no hubiera sido mejor que la crítica a la idea del paro de hace tres años se hubiera dejado sentir con más fuerza, si hubiera terminado por imponerse?

En cambio, quienes se opusieron a tan demencial estrategia—excusa petrolera: «Chávez quería fregarnos en año y medio; nosotros le obligamos a quitarse la carreta y derrotarnos en tres meses»—fueron tenidos por poco menos que traidores o cobardes, aun cuando a pesar de su crítica sumaran su concurso final a una aventura que sabían condenada al fracaso.

Por otra parte, si debiera aplicarse a rajatabla la receta de «no atacarnos», dado que la «dirigencia opositora» no es precisamente unánime en cuanto a sus prescripciones, ¿cómo pudiera llegarse a una evaluación coherente? Por ejemplo, entre los dirigentes opositores hay hoy divergencia de opiniones respecto de las bondades de unas elecciones primarias para determinar una candidatura única de oposición. ¿Cómo hacer para tomar partido por una de las posturas opuestas sin «atacarnos a nosotros mismos»?

Hay quienes, además, emplean la excusa de la manguera para otra cosa distinta que preservar una unidad que no resiste la revisión: la usan para tapar su incompetencia. «Lo que tenemos es malo, tal vez lleno de defectos, pero es lo que tenemos».

No reaccionan como debiera hacerlo la gente responsable: «¿Encontraron un defecto? Gracias por decírnoslo. Vamos a corregirlo». Por lo contrario, la condenación se proyecta de quien lo hace mal a quien se lo señala. Se trata de una de las formas que reviste aquella vieja «solución» de matar al mensajero.

………

Dentro de un esquema de Realpolitik, por supuesto, el debate sobre líneas o posturas, sobre políticas concretas, se traslada comúnmente al ataque personal. Es allí donde la crítica se convierte en corrosivo ácido de utilidad nula o negativa. En una política madura la descalificación de un adversario no debiera tenerse como legitimación suficiente de quien lo ataca. En una política seria debiera señalarse, no tanto la negatividad de algún actor político, sino más bien la insuficiencia de su positividad.

Más aún, si nos decimos demócratas ¿a qué viene quejarse de la diversidad de opiniones cuando la democracia debe caracterizarse, precisamente, por la tolerancia a esa variedad?

Pero es que quienes señalan con mayor insistencia que no debemos criticarnos «entre nosotros», con marcada frecuencia son quienes pretenden que se siga como santa palabra estratégica lo que formulan como proposiciones—que no debemos atacar—y, más allá de eso, quienes por mampuesto ejercen la maledicencia calculada.

Tomemos el caso de un artículo de Carlos Gutiérrez F.—un articulista que, como Antonio Sánchez García y, en menor medida, Emeterio Gómez, han considerado su deber emprenderla con ataques descalificadores de la persona de Teodoro Petkoff—en el que se sostiene, sin apelación a ninguna fuente seria, que Petkoff, luego de asistir a la toma de posesión de la presidenta Bachelet, viajó secretamente a Cuba para acordar con Fidel Castro una estrategia política general de participación electoral que legitime a Chávez. (Al artículo en cuestión—Teodoro en La Habana, Noticiero Digital—le basta exponer que sus «fuentes» son «Informantes uniformados con acceso a esos sofisticados implementos de navegación y seguimiento a rutas clandestinas» y, de nuevo y un poco más adelante, «fuentes uniformadas de la más alta credibilidad vinculados a los aparatos de contrainteligencia de la oposición dura». Es decir, militares con un estilo de actuación, se sugiere, como el de los generales González González y Poggioli, o el del contralmirante Molina Tamayo).

Tan fantástica construcción se distribuye ahora profusamente por correos electrónicos. Lo recibimos primero de un corresponsal que advierte: «La información contenida la remito tal como me llegó, sin ninguna confirmación por otra fuente independiente. Pero, el texto es preocupante bien sea cierto o no». (!) Al indicarle que esa clase de «información» no debía ser difundida sin verificarla, tal como claramente admitía no haber hecho, quiso justificarla porque Petkoff no habría estado presente en los «momentos cruciales» de la lucha contra Chávez, como el 12 de abril de 2002, ni apoyó el estúpido paro de 2002-2003 y, por si fuera poco, sí habría estado entre «los primeros en reconocer el triunfo de Chávez en agosto de 2004». Esto es, uno de los diseminadores de la patraña habría preferido que Petkoff aplaudiera el «carmonazo», aupado el paro suicida y se sumara al coro de irresponsables e incompetentes «líderes» que vocearon la tesis del fraude en el revocatorio del 15 de agosto de 2004. Se atreve, además, a valorar estas posturas como un «flanco débil» de Petkoff.

Otros difusores no son tan militantes, y disimulan algo mejor su papel de distribuidores de una infamia. Uno de ellos escribió a su lista de corresponsales, entre quienes me encuentro: «Recibí hoy este artículo. ¿Tienes algún comentario?» Pero el articulista mismo deja entrever claramente que concurre con una noción peregrina y necia, al sugerir que el «pacto» Petkoff-Castro buscaría impedir «una gigantesca crisis de gobernabilidad que empuje definitivamente a Chávez a su propio abismo. De Miraflores al infierno. Puesto que José Vicente Rangel perdió toda credibilidad, el asunto debe ser manejado al más alto nivel vía La Habana. Y dadas las condiciones internacionales y el endurecimiento de las posturas del Pentágono hacia Caracas, una profunda crisis interna con el aislamiento internacional y la dureza de los Estados Unidos, el futuro para Chávez, para Castro y sendas ‘revoluciones’ sería de pronóstico reservado».

Una vez más, la estupidez política, de la que Bárbara Tuchman hiciera un retrato tan convincente en La marcha de la insensatez (The March of Folly). No muere, pues, la fórmula que quiere impulsar una alternativa política de derecha, con elecciones primarias y todo, que a última hora se retire de las elecciones del próximo 3 de diciembre, para asestar un golpe «mortal» al régimen de Chávez, cuya súbita deslegitimación, en medio de una supuestamente gigantesca «crisis de gobernabilidad», sería aprovechada, como vemos, por un Pentágono endurecido. Más de una vez hemos escuchado la increíble admonición de que los venezolanos no debiéramos tener escrúpulos ante una invasión norteamericana, puesto que los franceses no los tuvieron ante el desembarco en Normandía en 1944, cuando Hitler todavía les dominaba.

Quien se oponga a tamaña insensatez debe ser destruido, y aquí ya no se escuchan las voces que claman diciendo que no debemos «atacarnos a nosotros mismos». Para este fin es muy buena la Internet. Basta repartir a los cuatro vientos digitales cualquier calumnia. Claro, advirtiendo que la «información» contenida en los mensajes «no nos consta».

LEA

Share This:

FS #94 – Mundialismo democrático

Fichero

LEA, por favor

Luego de la transición inaugurada por el liderazgo de Miguel Gorbachov en la antigua Unión Soviética y el desplome de su sistema, dramáticamente emblematizado por la caída del Muro de Berlín, una optimista predicción se apoderó de muchos analistas, entre quienes descollaba Francis Fukuyama. El mundo todo adoptaría la economía de mercado y revestiría el ropaje de la democracia. Más aún, los Estados Unidos debieran ser los líderes de esta gran transformación.

El Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, por destacar una institución fundada sobre tales premisas, es «una organización educativa sin fines de lucro dedicada a unas pocas proposiciones fundamentales: que el liderazgo americano es bueno tanto para América como para el mundo; y que tal liderazgo requiere fuerza militar, energía diplomática y compromiso con los principios morales». En la redacción precedente, por supuesto, los términos americano y América son apropiados para el uso exclusivo de los estadounidenses.

Un connotado miembro de esa asociación es el politólogo Joshua Muravchik, investigador residente del American Enterprise Institute for Public Policy Research. En 1991 Muravchik publicó un artículo en la revista del instituto bajo el título El avance de la causa democrática, en el que expone su fe en los principios ya esbozados. Los párrafos iniciales de ese artículo componen la Ficha Semanal #94 de doctorpolítico. En ellos intenta refutar a quienes consideran poco realista o probable una difusión planetaria de las formas políticas democráticas.

El punto de vista adoptado por Muravchik es típicamente centrado en la perspectiva de los Estados Unidos. Pudiera tenérsele por moderado, pues es posible sostener sus convicciones sin alcanzar el radicalismo de quienes piensan que la democracia no sólo debe ser objeto de propaganda y evangelización, sino impuesta a sangre y fuego. No deja de llamar la atención, sin embargo, la priorización de los requerimientos para un supuestamente deseable liderazgo mundial de los Estados Unidos: primero la fuerza militar, después una diplomacia enérgica, de últimos los principios morales.

LEA

Mundialismo democrático

La Guerra Fría ha terminado. No fue ganada con la fuerza de las armas o la habilidad de los diplomáticos, sino en virtud del poder de las ideas democráticas en las que se sustenta el sistema de gobierno estadounidense, y por el fracaso de la idea comunista. Los EUA deben trabajar ahora en el fomento de la causa democrática. Aun cuando la exportación de la democracia nunca ha sido fácil, será menos difícil a raíz de la disolución del comunismo. Hay por lo menos tres razones importantes para procurar que aquélla se siga propagando.

La primera es la solidaridad con el resto de la humanidad. La democracia no hace felices a todos, pero cumple su promesa de permitir, según la brillante frase de los padres fundadores de los EUA, «la búsqueda de la felicidad». Algunos nunca encuentran la felicidad, por mucha libertad que tengan para buscarla, pero logran hallarla más personas cuando cada una la busca por su cuenta, que cuando el camino es definido por otros.

La segunda razón es que, cuanto más democrático sea el mundo, tanto más amigable será el entorno para los EUA. Es verdad que algunos gobiernos democráticos han sido molestos para los estadounidenses, pero ninguno de ellos ha sido nunca su enemigo.

La tercera razón es que, cuanto más democrático sea el mundo, tanto más probable será que viva en paz. La investigación ha demostrado que casi nunca habido guerras entre las democracias del mundo moderno.

También es conveniente para los EUA ser abogados de la democracia, aun prescindiendo de las ventajas que implica la creación de un mundo más democrático, porque el desempeño de este papel le permite obtener el respaldo de un crecido número de personas, dentro y fuera de sus fronteras, para sus acciones políticas.

Sin embargo estos argumentos pierden fuerza si, como creen algunos, no hay posibilidades prácticas de propagar más la democracia. Si ésta sólo puede florecer en países ricos, occidentales o de habla inglesa, como se ha dicho a veces, entonces ya se ha difundido hasta sus últimos límites. Sería inútil esforzarse por su mayor difusión.

Los escépticos de las perspectivas de la democracia pertenecen a todos los matices del espectro político, y su voz se puede oír tanto en textos académicos como en debates sobre el tema. He aquí, por ejemplo, la opinión del académico liberal Robert Dahl, de la Universidad Yale, cuando comentó la política de los EUA en América Central en 1984: «Gran parte de la polémica sobre Centroamérica se ha basado en una suposición cuya inexactitud resulta cada día más patente: que todos los regímenes no democráticos de la región se pueden transformar en democracias, mediante la asistencia de los EUA… Empero, la verdad es que esas naciones… probablemente no lograrán crear instituciones democráticas estables en un largo período por venir… Es una realidad desagradable, quizá incluso trágica, que las condiciones más favorables para el desarrollo y mantenimiento de la democracia no existan en gran parte del mundo o que, en el mejor de los casos, sólo se presenten en forma muy débil».

Un académico más conservador, el latinoamericanista Howard Wiarda, expone un argumento similar: «Dudo que sea posible exportar la democracia al estilo estadounidense. En América Latina hay rutas alternativas legítimas hacia el poder, al margen de las elecciones, y con frecuencia la legitimidad de la democracia misma es tenue. En segundo lugar, los latinoamericanos por tradición han sentido la democracia en forma diferente que nosotros».

El argumento expuesto por Dahl acerca de América Central y por Wiarda en el caso de América Latina, se ha aplicado en forma más amplia. El comentarista conservador Irving Kristol, editor de la revista Public Interest, dijo: «En nuestras declaraciones de política exterior, no fingiremos que existe la posibilidad de que la democracia conquiste al mundo en el futuro. El mundo no es así… Las condiciones para que pueda haber democracia son complejas: (se requieren) ciertas tradiciones (y) actitudes culturales vigorosas».

Las opiniones de Kristol no son muy diferentes de las que expresó el politólogo Robert Packenham, de la Universidad Stanford, quien se describe a sí mismo como exponente de la escuela «revisionista» de izquierda, en materia de interpretación histórica. Es probable que él concuerde con Kristol en pocos temas más. Packenham escribió: «Las probabilidades de la democracia liberal en la mayoría de los países del Tercer Mundo no son muy grandes en el futuro previsible, y la factibilidad de que los Estados Unidos puedan apoyar de modo efectivo la causa de la democracia, por medio de la acción directa, es quizá aún menor. El intento de fomentar el constitucionalismo liberal carece de realismo, desde el punto de vista de la factibilidad, y es etnocéntrico desde la óptica de la deseabilidad».

Sean de izquierda o de derecha, todos los escépticos de la democracia hablan en términos de sabiduría y experiencia, cuando refutan el entusiasmo juvenil de los mundialistas democráticos. Esos escépticos señalan en particular el historial de las numerosas naciones creadas en el período de descolonización, después de la Segunda Guerra Mundial. Casi todas nacieron dotadas de constituciones democráticas, pero la democracia no arraigó en ellas.

A pesar de sus pretensiones de empirismo desapasionado, los escépticos tienden a ser dogmáticos. Pasan por alto un cúmulo de hechos que contradicen sus tesis. Alemania e Italia no son países anglosajones; Japón no es una nación occidental y, desde luego, la India no es un país rico. Sin embargo, la democracia florece en todos ellos. Es verdad que muchas naciones pobres y no occidentales no son democráticas. Es cierto que la democracia no se alcanza con facilidad y que a menudo ha sido destruida. Pero esto no demuestra la veracidad del argumento de los escépticos, cuando afirman que la democracia es prácticamente imposible fuera del Primer Mundo. No es necesario creer que la democracia universal se pueda lograr fácilmente, para convencerse de que los ejemplos de Japón y la India demuestran la sensatez de trabajar para el fomento de la democracia en países pobres, ajenos a Occidente.

A veces los escépticos aducen que Japón, o alguna otra democracia no occidental o de evolución tardía, no tiene una auténtica democracia. Señalan que la política japonesa ha estado dominada por un solo partido desde hace largo tiempo, con divisiones faccionales que no se basan en la ideología sino en la personalidad.

De acuerdo con este argumento, los críticos refutan a los mundialistas democráticos desde criterios opuestos. Dicen a menudo que es absurdo esperar que otras sociedades adopten o imiten las estructuras estadounidenses, pero ningún comentarista serio recomienda que la democracia al estilo de los EUA sea reproducida con todos sus detalles. (Los intentos que se hicieron hace 40 años para imponer un federalismo de estilo estadounidense en Japón, a pesar de la unidad jurídica y la homogeneidad étnica de esa nación, pronto tuvieron que ser descartados). Después los mismos críticos cambian de posición y se oponen a que Japón sea citado como un ejemplo de democracia asiática, alegando que sus estructuras son tan diferentes de las estadounidenses, que no se les puede llamar democráticas.

No nos debe sorprender que los japoneses tengan una democracia a su propio estilo y no al estilo estadounidense. Eso es precisamente lo que deben tener. Sus facciones personalistas y la insistencia en la lealtad y la jerarquía son un reflejo de la cultura japonesa. El sistema conserva los rasgos esenciales de la democracia, a saber: los principales funcionarios del gobierno son seleccionados por medio de elecciones abiertas y competitivas, realizadas con honradez, y los ciudadanos tienen derecho de oír un discurso político sin cortapisas y de participar en él. Estas características son la base de lo que los mundialistas democráticos desean universalizar. El hecho de que sea posible alcanzarlas dentro de multitud de formas jurídicas y convencionales no sólo es tolerable, sino deseable.

Joshua Muravchik

Share This: