LEA #341

LEA

La Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas (18 de abril de 1961) dice en su Artículo 39 (numeral 2): “Cuando terminen las funciones de una persona que goce de privilegios e inmunidades, tales privilegios e inmunidades cesarán normalmente en el momento en que esa persona salga del país o en el que expire el plazo razonable que le haya sido concedido para permitirle salir de él, pero subsistirán hasta entonces, aún en caso de conflicto armado”.

El gobierno de facto en Honduras argumentará que una vez vencido el plazo de 72 horas que dio al personal diplomático venezolano para que salga del país, los privilegios e inmunidades concedidos a ése se habrán extinguido, y por tanto podrá deportar a ese personal contra su voluntad anunciada sin violar aquella convención.

El gobierno constitucional venezolano ha emitido instrucciones clarísimas a su personal diplomático: “Permanezca en Honduras”. El choque parece inevitable y el punto lógico-jurídico-político de la cancillería venezolana es razonable: el ultimátum con plazo de 72 horas fue emitido por un gobierno inconstitucional, ilegal, írrito. Por tanto, ningún acto de un gobierno como ése puede tener validez, y en este caso no podría aplicar disposiciones de la Convención de Viena. Venezuela da por no recibida la conminatoria.

Al mismo comienzo de la crisis hondureña, por otro lado, el Presidente de la República advirtió que consideraría un acto expreso de guerra por parte de Honduras cualquier maltrato al embajador venezolano. Si llegare a producirse la expulsión forzada de los diplomáticos venezolanos, y si Chávez quisiera sostener su palabra, habría peligro cierto de guerra entre ambos países.

Los aviones Sukhoi Su-30 MK2 de la Fuerza Aérea Venezolana tienen una autonomía de vuelo más que suficiente para atacar blancos hondureños: 3.000 kilómetros. Pero es que seguramente, en un combate tan desigual como el planteado, Venezuela podría contar con bases de operación concedidas por Nicaragua. (Y se queja de las anunciadas de Estados Unidos en Colombia).

No es de despreciar tan horrible posibilidad. No sería la primera vez en la historia que un gobierno en serios problemas se involucra adrede en un conflicto bélico con otro país, como medio de concitar apoyo interno y superar dificultades de gobernabilidad. Hugo Chávez está de a toque. Tiene motivos doctrinales, políticos, coyunturales, temperamentales y espectaculares para declarar la guerra a Honduras. ¿Qué otra cosa pudiera traer más satisfacción a un militar de su tipo?

LEA

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FS #251 – Antipolítica pura

Fichero

LEA, por favor

Entre nosotros, los venezolanos, no carecemos de fanáticos. Unos cuantos entre ellos son verdaderos creyentes en el sentido de Eric Hoffer (The True Believer, 1951). Hoffer mostró en su célebre ensayo cómo es que el fanático de un extremo puede, con pasmosa facilidad, convertirse en militante radical del extremo contrario. La causa es menos importante que el propio fanatismo.

Así, se consigue uno con ejemplares antaño militantes de causas izquierdistas que, a la vuelta de pocos años, postulan un panteón en el que Ronald Reagan y George W. Bush son dioses fundamentales. El suscrito se topó con uno de ellos en 1996: un economista que antes gravitaba en las filas del Movimiento Al Socialismo (MAS) proponía entonces que el bolívar fuera anclado en el dólar. Cuando se le observó que tal cosa tendría como efecto la transferencia de nuestra soberanía monetaria a la Reserva Federal de los Estados Unidos, contestó lisamente que prefería que Alan Greenspan le cuidara sus reales antes que lo hiciera Antonio Casas González, a la sazón Presidente del Banco Central de Venezuela.

En los mismos Estados Unidos, por supuesto, ha habido especímenes notorios de esa clase. Uno de ellos fue Karl Hess, que alcanzó notoriedad como escritor de discursos para Barry Goldwater, candidato del Partido Republicano en su campaña de 1964 contra Lyndon Johnson. Justamente en el discurso de aceptación de su candidatura en la convención republicana, Goldwater empleó una frase que Hess le suministrara: “El extremismo en defensa de la libertad no es un vicio; la moderación en la búsqueda de la justicia no es una virtud”. (Hess admitiría luego que se trataba de una paráfrasis de Cicerón, tomada a su vez de un historiador del período de Abraham Lincoln).

Cuando Goldwater fue apaleado por Johnson en las urnas, la desilusión de Hess lo llevó a anotarse en el radicalismo de izquierda, afiliándose a nada menos extremista que el movimiento de los Black Panthers, cuyos líderes se confesaban socialistas o comunistas. Finalmente, Hess emergería como teórico de un “anarco-capitalismo” negador de la política misma.

En marzo de 1969 logró que la revista Playboy le publicara el artículo “La muerte de la política” (The Death of Politics), del que la Ficha Semanal #251 de doctorpolítico reproduce sus secciones de inicio y de cierre. Es una pieza clásica del lenguaje radical antipolítico.

Los personajes como Hess constituyen una cepa resistente de la biota política. Ocasionalmente, son útiles como campaneros de la injusticia, pero la mayor parte del tiempo son sus opiniones un factor corrosivo de las posibilidades de hacer política civilizada. Todas las sociedades los incluyen desde la antigüedad, y la nuestra no es una excepción a esa regla.

LEA

Antipolítica pura

Éste no es tiempo de política radical, revolucionaria. No todavía. A pesar del descontento, los motines, la disensión y el caos, la política de hoy es reaccionaria. Tanto la izquierda como la derecha son reaccionarias y autoritarias. Es decir: ambas son políticas. Sólo procuran revisar los actuales métodos de adquirir y blandir el poder político. Los movimientos radicales y revolucionarios no buscan revisar sino revocar. El blanco de la revocación debiera ser obvio. El blanco es la política misma.

Los radicales y los revolucionarios han puesto sus miras en la política desde hace ya un buen tiempo. Mientras los gobiernos fracasan por el mundo, mientras millones toman conciencia de que el gobierno nunca ha podido y nunca podrá manejar los asuntos de los hombres con humanidad y eficacia, la propia inadecuación del gobierno emergerá, al fin, como la base de un movimiento verdaderamente radical y revolucionario. Entretanto, la posición radical-revolucionaria está sola. Es temida y odiada, tanto por la derecha como por la izquierda, aunque ambas tengan que tomar prestado de ella para sobrevivir. La posición radical-revolucionaria es el libertarismo, y su forma socioeconómica es el capitalismo del laissez-faire.

El libertarismo es la visión de que cada hombre es el dueño absoluto de su vida, para usarla y disponer de ella según crea conveniente: que todas las acciones sociales del hombre debieran ser voluntarias: y que el respeto a idéntica propiedad de la vida en el otro y, por extensión, a la propiedad y los frutos de esa vida, es la base ética de una sociedad humana y abierta. Desde este punto de vista, la única—repito, única—función de la ley y el gobierno es la de proveer la clase de defensa propia contra la violencia que un individuo, si fuera lo suficientemente poderoso, proveería por sí mismo.

Si no fuera por el hecho de que el libertarismo admite libremente el derecho de los hombres a formar voluntariamente comunidades o gobiernos sobre esa misma base ética, el libertarismo pudiera ser llamado anarquía.

El capitalismo del laissez-faire, o anarco-capitalismo, es simplemente la forma económica de la ética libertaria. El capitalismo del laissez-faire abarca la noción de que los hombres debieran intercambiar bienes y servicios, sin regulación, sólo sobre la base de valor por valor. Reconoce la caridad y los emprendimientos comunales como versiones voluntarias de esta misma ética. Tal sistema sería el trueque directo, de no ser por lanecesidad ampliamete sentida de una división del trabajo en la que los hombres, voluntariamente, aceptan símbolos de valor como el dinero y el crédito. Económicamente, este sistema es, con orgullo, la anarquía.

El libertarismo es rechazado por la izquierda moderna, que predica el individualismo pero practica el colectivismo. El capitalismo es rechazado por la derecha moderna, que predica la empresa pero practica el proteccionismo. La fe libertaria en la mente de los hombres es rechazada por los religionistas que sólo tienen fe en los pecados del hombre. La insistencia libertaria en que los hombres deben ser libres de hilar alambre de acero tanto como sueños de humo es rechazada por los hippies, que adoran la naturaleza pero desprecian la creación. La insistencia libertaria en que cada hombre es un territorio soberano de libertad, y su lealtad primaria es consigo mismo, es rechazada por los patriotas que cantan libertad pero también gritan estandartes y límites. No hay en el mundo de hoy un movimiento operante que esté basado en una filosofía libertaria. Si lo hubiera, se encontraría en la anómala posición de emplear el poder político para abolir el poder político.

………

El poder y la autoridad, como sustitutos del desempeño y el pensamiento racional, son los espectros que obsesionan al mundo de hoy. Son los fantasmas de ayeres maravillados y supersticiosos. Y la política es su pariente. La política, a través del tiempo, ha sido una negación institucionalizada de la capacidad del hombre de sobrevivir a través del empleo exclusivo de todos sus propios poderes para su propio bienestar. Y la política, a lo largo del tiempo, ha existido sólo mediante los recursos que ha sido capaz de saquear de la gente creativa y productiva a la que, en nombre de muchas causas y moralismos, ha denegado el empleo exclusivo de todos sus propios poderes para su propio bienestar.

En última instancia, esto debe significar que la política niega la naturaleza racional del hombre. En última instancia, significa que la política es sólo otra forma de magia residual en nuestra cultura, una creencia en que de alguna manera las cosas surgen de la nada; que las cosas pueden ser dadas a alguien sin primero tomarlas de otros; que todas las herramientas de la supervivencia del hombre son suyas por accidente o derecho divino y no por pura y simple inventividad y trabajo.

La política ha sido siempre la forma institucionalizada y establecida con la que algunos hombres han ejercido el poder para vivir del producto de otros hombres. Pero incluso en un mundo hecho dócil a estas exigencias, no es necesario que los hombres vivan devorando a otros.

La política devora a los hombres. Un mundo de laissez-faire liberaría a los hombres. Y es en esta suerte de liberación que la más profunda revolución entre todas está justamente comenzando a agitarse. Ella no ocurrirá de la noche a la mañana, así como las luces del racionalismo no se encendieron con rapidez y aún no iluminan brillantemente. Pero ocurrirá, porque tiene que ocurrir. El hombre sólo puede sobrevivir en un universo inclemente mediante el uso de su mente. Sus pulgares, sus uñas, sus músculos y su misticismo no serán suficientes para mantenerlo vivo sin ella.

Frank Hess

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Contribución a la Peña de Luis Ugueto Arismendi (4)

El peñero Ugueto

El peñero Ugueto

¿Qué condiciones necesita Venezuela para ser viable?

La sesión de hoy fue originalmente planteada como un debate entre tesis contrapuestas, las de las posibles contestaciones a la pregunta: ¿es Venezuela viable? Se suponía que un orador tomaría la afirmación a esa pregunta y otro le debatiría con la negación, y que después de su tratamiento por los miembros de la Peña, éstos votarían a la manera de un club inglés de debates. Alguna dinámica incomprensible transformó ese diseño en una estructura pentagonal: además de quien les habla, cuatro ponentes más—el padre Alejandro Moreno, Luis Penzini Fleury, Arnoldo Gabaldón y José Rafael Revenga—intentarán contestar una pregunta diferente: ¿qué condiciones necesita Venezuela para ser viable? Ya no será posible, creo, votar sobre estas proposiciones, pues el referéndum se complicaría mucho. Pero también creo que éste es un experimento interesante: un método que permite el asedio ocasional, de cuando en vez, de temas profundos en esta Peña. Hoy veremos cómo funciona.

………

Naturalmente, acometer la pregunta levantada presupone una clara definición del término “viable”. El DRAE nos dice que viable es, primero y viniendo del francés viable, de vie o vida, “Que puede vivir. Se dice principalmente de las criaturas que, nacidas o no a tiempo, salen a luz con robustez o fuerza bastante para seguir viviendo”. También significa desde esa etimología: “Dicho de un asunto: Que, por sus circunstancias, tiene probabilidades de poderse llevar a cabo”. Luego añade que, igualmente del francés viable, pero esta vez viniendo del latín viabilis, de via o camino, significa “Dicho de un camino o de una vía: Por donde se puede transitar”.

En el caso de un Estado-nación, cuyos rasgos definitorios incluyen por sobre todo el carácter autónomo, para tomar soberanamente sus decisiones y establecer así su destino, la viabilidad debe referirse a la posibilidad de existencia sostenida del particular diseño político y económico de esa entidad. Preguntarse, pues, por las condiciones que harían viable a Venezuela debe entenderse como los rasgos o elementos que tendrían que estar presentes para que fuera sostenible la existencia de Venezuela como país independiente, como país también suficiente para el bienestar general de sus habitantes. En suma, para asegurar el logro de los dos propósitos fundamentales de cualquier Estado: la seguridad y la prosperidad de la Nación que lo crea y lo aloja.

Dice, por ejemplo, la Sección Tercera de la Declaración de Derechos de Virginia—13 de junio de 1776—: “Que el gobierno es, o debiera ser, instituido para el beneficio común, la protección y la seguridad del Pueblo, la Nación o la comunidad; que de todos los varios modos y formas de gobierno es el mejor aquel que sea capaz de producir el mayor grado de felicidad y seguridad y esté más eficazmente asegurado contra el riesgo de la mala administración; y que, cuando quiera que cualquier gobierno fuere encontrado inadecuado o contrario a esos propósitos, una mayoría de la comunidad tendrá un derecho indudable, inalienable e irrenunciable de reformarlo, alterarlo o abolirlo, en manera tal como sea juzgado más conducente al bien público”.

No está lejos de la noción de viabilidad, hablando de esquemas de desarrollo económico, el concepto de desarrollo sustentable, que es término de invención relativamente reciente. Aquí se pone la atención sobre las estrategias o modelos de desarrollo escogidos por una nación, para dilucidar si ellos son sostenibles en el tiempo.

Obviamente, es muy difícil que un país no sea viable, en el sentido de la posibilidad de que dejen de existir. Hasta un diseño tan terrible como el de Zimbabue se muestra resistente. Pero en el pasado se han dado casos de sociedades desaparecidas: Asiria y el reino etrusco ya no existen, Polonia dejó de ser una entidad política autodeterminada a la altura del Renacimiento, y tan recientemente como en el caso de Checoslovaquia, entidad política creada en los mapas del Tratado de Versalles, se produjo la escisión entre las repúblicas checa y eslovaca para alcanzar la viabilidad política. La pregunta, pues, tiene sentido.

………

Llego a este análisis pentagonal con alguna ventaja, por cuanto me he metido antes con el tema. Hace veintitrés años y un mes, compuse mi primer ejercicio en Política Clínica, al que llamé Dictamen. En junio de 1986 escribía:

La exploración de Venezuela pone de manifiesto la coexistencia simultánea—y en gran medida interactuante—de varios síndromes, cada uno de los cuales es la asociación de un conjunto de signos. Los síndromes no son todos de la misma clase, pues corresponden a proce­sos patológicos de distinta gravedad o se mani­fiestan en distintos com­ponentes o estructuras sociales. Sin embargo, es posible re­sumir así el problema somático más importante de la actualidad venezolana: Ve­nezuela padece una insuficiencia política grave.

Tal insuficiencia se manifiesta agudamente en dos planos:

1. insuficiencia política funcional: el mal funcionamiento del sis­tema político impide la producción de respuestas suficientes a un conjunto de problemas, entre los que pueden ser citados un atraso en el desarrollo del tejido político (representatividad deficiente y escasa participación decisional), una ine­ficacia e ineficiencia judicial que pro­duce el contrasentido de la “injusticia judi­cial”, un grado acusado de corrupción administrativa, un desempeño anormal del sistema econó­mico que redunda en una anormal irrigación de recompensas econó­mi­cas. Llamamos a esta condición insuficiencia política funcional por cuanto se re­fiere al desempeño mismo del sistema político.

2. insuficiencia política constitucional: Venezuela, en tanto Estado independiente, no tiene real viabilidad política o econó­mica a largo plazo. No posee la escala poblacional necesaria como para sustentar una economía sólida y diversificada. No posee la potenciali­dad política como para ser realmente autó­noma. La interacción entre países es dominada por actores de gran tamaño y nivel de desarrollo. En ese teatro político inter­nacional, Venezuela tiene muy poca in­fluen­cia y es, inversamente, vulne­rada con gran facilidad.

En esa ocasión, por tanto, puse en duda la viabilidad de Venezuela en tanto polis independiente. En el mismo trabajo relaté lo siguiente:

En un famoso debate televisado entre Rafael Caldera y Arturo Uslar Pietri durante la cam­paña electoral de 1963, el primero de los nombrados quiso defenderse de las acusaciones de “izquierdismo” que Uslar infería a COPEI al recordarle que durante el gobierno de Me­dina Angarita, del que Uslar fue parte importantísima, el partido de gobierno de la época estableció alianzas electorales con el Partido Comunista de Venezuela, y que, además, du­rante ese período se estableció relaciones diplomáticas con la Unión Soviética. En un des­cuido, Uslar Pietri se excusó diciendo que tales relaciones con los rusos se habían esta­ble­cido “por presión abierta y expresa del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica”.

………

Ya creía entonces que, a lo interno, Venezuela estaba urgida de un cambio paradigmático en su práctica política, puesto que diagnosticaba que la etiología de su insuficiencia política funcional radicaba en una esclerosis del paradigma operativo de sus actores políticos convencionales.  Así ponía: Es a la causa fundamental de la insuficiencia política funcional venezolana, la esclerosis paradigmática de los actores políticos tradi­cionales, a la que hay que dirigir el tratamiento de base.

Ese tratamiento no es otro que la sustitución del paradigma prevaleciente—política del poder o Realpolitik, junto con la dicotomía izquierda-derecha—por un paradigma clínico de la Política. En Dictamen decía:

En principio hay dos vías para la curación de la esclerosis pa­radigmática: 1. el reemplazo, en los propios actores políticos tradicionales, de su paradigma político esclerosado por un paradigma político distinto; 2. la emer­gencia de actores políticos diferentes que traigan de una vez consigo el nuevo pa­radigma necesario.

La primera de las rutas terapéuticas parecería ser, en primera instancia, la ruta preferible. En teoría, se mantendría la anatomía del sistema. No sería necesa­rio descartar a los partidos tradicionales como vehículos de cambio y renovación. El problema es que esta terapéutica ya ha sido aplicada y ha fracasado. Los parti­dos han recibido, tanto desde dentro por proposición de algunos de sus miembros, como desde fuera, y en múltiples instancias, proposiciones de cambio en la orien­tación política. La resistencia de los actores políticos tradicionales ha sabido anu­lar o ignorar tales proposiciones.

La situación no ha variado sustancialmente desde entonces, y es por esto que considero difícil la sustitución paradigmática sin la emergencia de una nueva clase de asociación política, con un código genético diferente al de los partidos tradicionales.

………

En relación con lo externo, a su vez, creía que sin la integración política de Venezuela en una entidad de escala superior, su viabilidad sería muy escasa o imposible a largo plazo. Como apunté el lunes pasado, al seguir el modelo integracionista de la Unión Europea, que comenzó por lo económico, hicimos más difícil la integración política, que los Estados Unidos lograron desde su mismo inicio.

Las recientes ejecutorias del Estado venezolano, sin duda, han aumentado la presencia internacional de Venezuela y su influencia. Esto no quiere decir, sin embargo, que por tal cosa seamos más viables a largo plazo. El actual gobierno venezolano ha procurado aliarse con regímenes forajidos o en grupo de ideología similar, pero su agresividad depende, más aun que en el pasado, de una economía monoproductora y monoexportadora., la que en sí misma es inviable a largo plazo. Es decir, la rigidez y debilidad económica que impone esta condición, si va a permitir la supervivencia de Venezuela como nación independiente, conducirá inevitablemente a una debilidad creciente.

La integración política en una entidad de orden superior sigue siendo una necesidad. El perímetro obvio y natural, tanto por razones de continuidad geográfica como de historia bolivariana, era el de la Comunidad Andina. El delirante esquema del actual Presidente de la República ha hecho lo posible por destruir esa posibilidad.

………

Un apunte final sobre, no ya condiciones somáticas funcionales o constitucionales, sino sobre el asunto de la psiquis venezolana. Ya antes del actual régimen Venezuela padecía la condición de sociedad culpable. Decía en Dictamen: “Reiteradamente, la mayoría de los diagnosticadores sociales nos restriega la culpa de nuestra desbo­cada conducta económica en nues­tro pasado inmediato. Esto viene haciéndose desde hace ya varios años de modo sistemático”.

Por esto proponía:

La dimensión del atragantamiento de divisas provenientes del ne­gocio pe­trolero ha sido enorme. Bajo otra luz distinta a la que habi­tualmente se dispone para el análisis de este proceso, bien pudiera re­sultar que halláramos mérito en nuestra sociedad, pues tal vez nos hubiera ido peor, con una menor capacidad de absorción del impacto.

En términos relativos, además, nuestra conducta se compara con similitud ante la de otros países. El Grupo Roraima, en importante tra­bajo sobre la inade­cuación de ciertos axiomas clásicos de nuestra polí­tica económica, no hizo más que constatar la semejanza de comporta­mientos de Venezuela con los de países que, con arreglo a otros indi­cadores, son habitualmente considerados como más desarrollados que nosotros. (Reino Unido, por ejemplo). Es conocido el regaño que Hel­mut Kohl imprimiera a sus compatriotas en el discurso inaugural como Primer Ministro de la República Federal Alemana, hace sólo tres años. La revista “Time” exhibió crudamente la conducta económica desarre­glada de muy grandes contingentes de norteamericanos en un famoso artículo de 1982. Etcétera.

Esto es importante constatarlo, no para refugiarnos en el con­suelo de los ton­tos, el mal de muchos, sino para salir al paso de mu­chas implicaciones, explícitas e implícitas, que suelen poblar la cons­tante regañifa que, desde hace años, soporta el pueblo venezolano. Es decir, implicaciones que establecen comparación desfa­vorable de nuestra inadecuada conducta con la supuestamente regular conducta de países “realmente civilizados.”

Está bien, ya basta. Nos comportamos mal. Dilapidamos. Pero ya basta. No tenemos siquiera ahora la capacidad de dilapidar. Es hora de emprender otra clase de reflexión que no sea la abrumante de la auto­flagelación.

Más aún. Ya basta de hacer residir la explicación de estos hechos en una su­puesta tara congénita del venezolano, en “huellas perennes”, en la inferioridad del español ante el sajón, en la costumbre de la flo­jera indígena o la tendencia festiva del negro. Es necesario acabar con esa prédica, porque ella realimenta el síndrome de la sociedad culpa­ble, que nos anula.

………

En suma, quiero postular hoy que nuestra viabilidad como Estado-nación dependerá de un cambio paradigmático en nuestra actividad política, de una integración política de Venezuela en una confederación compatible y de un repudio de prédicas negadoras de nuestra propia autoestima.

En verdad, el asunto depende de nosotros. Pero no de un nosotros que se entienda en homogeneidad con los miembros de esta peña, sino de un nosotros más amplio que abarque a la totalidad de nuestros conciudadanos.

Allá por 1998 escribí:

Depende, por tanto, de la opinión que el líder tenga del grupo que aspira a conducir, el desempeño final de éste. Si el liderazgo nacional continúa desconfiando del pueblo venezolano, si le desprecia, si le cree holgazán y elemental, no obtendrá otra cosa que respuestas pobres congruentes con esa despreciativa imagen. Si, por lo contrario, confía en él, si procura que tenga cada vez más oportunidades de ejercitar su inteligencia, si le reta con grandes cosas, grandes cosas serán posibles.

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CS #340 – Traído por el Cabello

Cartas

De nuevo en vena jeffersoniana, puede uno apuntar que el gran estadista norteamericano no tuvo muy buenas relaciones con la prensa de su país, ni antes de su presidencia ni durante o después de ella. (Entre 1801 y 1809 no se conoció radio, televisión o Internet, así que no sabemos cómo le habría ido con Twitter). En su segundo discurso inaugural—Jefferson sirvió dos períodos—confió a sus conciudadanos:

Durante el curso de mi administración, y con el fin de perturbarla, la artillería de la prensa ha sido apuntada contra nosotros, cargada con cualquier cosa que su libertinaje pudiera inventar u osar. Estos abusos de una institución tan importante para la libertad y la ciencia deben ser profundamente lamentados, en tanto tienden a disminuir su utilidad y debilitar su seguridad; hubieran podido, en verdad, ser corregidos por los sanos castigos reservados y provistos por las leyes de los distintos Estados contra la falsedad y la difamación; pero deberes públicos más urgentes exigen el tiempo de los servidores públicos, y se permitió por tanto que quienes ofendieron encontraran su castigo en la indignación pública.

Una relación tan antagónica le llevaría a sostener opiniones verdaderamente despreciativas acerca de la prensa. Así dijo: “El hombre que no lee nada en absoluto está mejor educado que quien sólo lee periódicos”. Y también: “La publicidad es la parte más verídica de un periódico”.

Pero Tomás Jefferson era hombre de temple viril y republicano, a diferencia de ciertos mandatarios que se la pasan quejándose del trato que les dan los medios de comunicación y procurando su obliteración. Por esto, y a pesar de haber sido con mucha frecuencia blanco de los ataques de los periódicos de su tiempo, sostuvo con firmeza cosas como las siguientes:

“Siendo la base de nuestros gobiernos la opinión de la gente, su propio primer objeto debe ser el de preservar ese derecho; y si me tocara decidir si debemos tener un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no vacilaría un instante en preferir lo segundo”. (En carta de 1787 a Edward Carrington).

“La única seguridad de todos reside en una prensa libre. La fuerza de la opinión pública no puede ser resistida cuando se le permite expresarse libremente. Uno debe someterse a la agitación que produce. Ella es necesaria para mantener puras las aguas”. (En carta de 1823 a Lafayette. Ya había sido presidente muy criticado).

“Nuestra libertad sólo puede ser preservada con la libertad de prensa, ni puede ser limitada sin peligro de perderla». (A John Jay en 1786).

“Estoy en pro de la libertad de prensa, y contra todas las violaciones de la Constitución para silenciar por la fuerza, y no por la razón, las quejas o críticas, justas o injustas, de nuestros ciudadanos sobre la conducta de sus agentes”. (Carta de 1799 a Elbridge Gerry).

Finalmente, escribió a George Logan en 1816, de nuevo bastante después de ser ferozmente atacado por la prensa de los Estados Unidos y con sencilla concisión: “El hombre que no teme a la verdad no tiene nada que temer de la mentira”.

Naturalmente, Hugo Chávez no es Tomás Jefferson, a pesar de que la Agencia Bolivariana de Noticias quiera presentarlo como si su pensamiento en esta materia fuera idéntico al del estadounidense. (“Aquí en Venezuela somos ejemplo de libertad plena de prensa, libertad plena de pensamiento y seguirá siendo así a pesar de que algunos abusen de esa libertad… ¡Que viva la libertad de expresión! ¡Que viva la libertad de prensa! La verdadera libertad”, lo citaba ABN en nota del 3 de mayo de este año).

Hugo Chávez es, en cambio, el jefe único y directo de Diosdado Cabello y Rafael Ramírez.

………

No es secreto para nadie que Diosdado Cabello recibió indignadas y específicas instrucciones públicas, junto con el Tribunal Supremo de Justicia y la Fiscalía General de la República (“Bolivariana” de Venezuela), de acabar con Globovisión. No es que antes de esa orden el canal de noticias notoriamente opositor tuviera la vida fácil, pero la verdad es que el aguacero de medidas en su contra ha arreciado obscenamente desde que el presidente Chávez emitiera el ominoso ucase. Cabello, además, aprovechando el último pretexto presidencial, ha extendido el mandato para procurar el fin del “latifundio radioeléctrico”, arremetiendo igualmente contra las radioemisoras privadas.

Debe reconocerse que el actual gobierno venezolano es ingenioso a la hora de enmarcar sus pretensiones con términos sugerentes. Según Cabello, es una abominación que haya “27 familias que tienen más del 37% del espectro radioeléctrico”. Estas “familias”, por supuesto, están compuestas por personas que han dedicado décadas de trabajo a la industria radiofónica, y adquirido sus concesiones por vía perfectamente legal, pues de otro modo no podrían realizar transmisiones.

Como también sería abominable la existencia de los circuitos radiales que, en virtud de la garantía constitucional de libre asociación, son producto natural de alianzas informativas complementarias. De complacer la Asamblea Nacional, como es de esperar, al Cabello de Chávez, no se permitirá más de tres emisoras por circuito radial ni más de media hora de transmisión conjunta diaria. Y esto se amenaza junto con el cierre de ¡240 emisoras que presuntamente estarían fuera de la norma legal!

La Cámara Venezolana de la Industria de la Radiodifusión ha emitido, justificadamente, un comunicado en el que apunta:

La radio en Venezuela es esencialmente democrática, prueba de ello es que la Cámara de la Industria de la Radiodifusión afilia a 414 emisoras AM y FM, operadas por más de 300 prestadores de servicio de diferente identidad, de las más diversas procedencias y corrientes de pensamiento y miles de productores y locutores. Esto ha permitido que se garantice a través de sus transmisiones la pluralidad de ideas y el pleno ejercicio de la Libertad de Expresión en Venezuela.

Y asimismo:

…carece de fundamento invocar una “ilegalidad” generalizada de la operación de las emisoras de radio cuando los radiodifusores miembros de la Cámara Venezolana de la Industria de la Radiodifusión han cumplido todos los trámites exigidos por CONATEL a partir del año 2000, para adecuarse a la Ley Orgánica de Telecomunicaciones. CONATEL ha reconocido los derechos, la legalidad y la legitimidad de los radiodifusores, de quienes incluso durante años ha recibido el pago de impuestos por sus actividades; ha realizado inspecciones y fiscalizaciones sin objeciones; y se ha reunido reiterada y oficialmente con los radiodifusores reconociéndolos formalmente como tales, además de haberles remitido numerosas comunicaciones escritas en su condición de operadores.

Es decir, si fuera verdad que el 40% de los radiodifusores venezolanos no cumple con las leyes de la materia, CONATEL habría sido cómplice, en grado de continuidad, de tan horrible delito.

La excusa de este nuevo atropello es que el gobierno rojo busca “democratizar” la radiodifusión. Todos sabemos que esa “democratización” no es otra cosa que el control gubernamental o partidista (del PSUV) de la información que reciben los venezolanos. En 2007, cuando se aproximaba el arrebatón del Canal 2, explicaba el “Noticiero del Sur”, transmitido por Vive TV: “Es potestad del gobierno nacional otorgar los permisos requeridos para usar el espacio radioeléctrico, y a RCTV se le vence la concesión para transmitir en señal abierta el 27 de mayo de este año. Respaldamos la medida de no renovar la concesión a RCTV y de democratizar el espacio que ocupaba en el espectro radioeléctrico, que ahora quedará en manos de la sociedad toda, a través de las organizaciones sociales, y no en manos de un grupo económico oligárquico”. La “sociedad toda” es TVES, uno más de los canales de la grosera y abusiva propaganda oficial, y menos mal que su muy exiguo rating la hace televisora prácticamente clandestina.

Como guinda, al amenazar, Cabello señala ejemplos internacionales que parecieran indicar que el gobierno venezolano es manejado por serafines: “En Estados Unidos a un productor de un programa lo detuvieron por incitar al odio desde un programa de radio”. Insinúa una benevolencia gubernamental que pasaría por alto una práctica similar en Venezuela; en verdad, si se siguiera el supuesto ejemplo estadounidense, el presidente Chávez tendría que despachar desde el penal de El Rodeo (o Yare).

Y no con poca ingenuidad (o descaro) Cabello declara que se reformará la ley del sector porque antes de estas fechas “…no estaba claro el proyecto político y es necesario que sea modificada para adaptarla al socialismo”.

………

Lo que nos trae al próximo asunto. A fin de cuentas, la amenaza de Cabello contra las libertades de opinión, empresa y asociación, es meramente la de cercenarlas. Todavía más insidiosa es la más reciente intimidación proferida por Rafael Ramírez, Presidente de PDVSA, contra los trabajadores petroleros que no adhieran al socialismo, pues ha decretado el pensamiento político único en la empresa.

Ramírez, en el Primer Encuentro Nacional de Comités Socialistas de Trabajadores de la Industria Petrolera, vomitó: “PDVSA está con Chávez. PDVSA está con la revolución… Quien no esté en un comité socialista es sospechoso de conspirar contra la revolución”.

¿Qué tienen que decir al respecto el Tribunal Supremo de Justicia, la Fiscalía General y la Defensoría del Pueblo? ¿Qué queda de la garantía constitucional de la presunción de inocencia? ¿Continúa vigente el Artículo 57 de la Constitución?

Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier otra forma de expresión, y de hacer uso para ello de cualquier medio de comunicación y difusión, sin que pueda establecerse censura. Quien haga uso de este derecho asume plena responsabilidad por todo lo expresado. No se permite el anonimato, ni la propaganda de guerra, ni los mensajes discriminatorios, ni los que promuevan la intolerancia religiosa. Se prohíbe la censura a los funcionarios públicos o funcionarias públicas para dar cuenta de los asuntos bajo sus responsabilidades.

Dijo finalmente Ramírez: “La oligarquía debe tenernos pavor porque nosotros odiamos la oligarquía y no vamos a permitir que atente contra nuestro comandante, nuestra revolución y nuestro pueblo”. ¿Sabrá él que oligarquía significa “gobierno de pocos”? Lo que sí sabe es que de esos pocos él es uno.

En el concurso del Socialist Idol, gente como Cabello y Ramírez compiten por encontrar la mayor torpeza con qué agradar a su arbitrario jefe. (Jorge Rodríguez, os estáis quedando atrás). No importa la inconsistencia, no importa la adulteración de la verdad; sólo importa complacer al rey. Otros funcionarios actúan de modo más subterráneo contra las libertades de pensamiento y opinión. “El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), alertó hoy que más de cincuenta diarios regionales del país están a las puertas de un cierre inminente a causa de que la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) no ha liquidado las deudas pendientes con los importadores de papel”. (El Universal).

Son cosas éstas que pudieran ser elevadas ante la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos, que ha consentido en recibir y escuchar a representantes de la oposición venezolana. ¿Quién quita? A lo mejor se le arranca aunque sea una insulsa declaración.

luis enrique ALCALÁ

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LEA #340

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Últimamente, el oficialismo anda extraviado por los lados del estado Miranda. Confunde política y folklore.

Es cierto que el 24 de junio recordamos la Segunda Batalla de Carabobo de 1821, y que tal cosa es fecha entrañable para un régimen militarista que diseña pasaportes con las imágenes de dieciséis personajes venezolanos, de los que trece son militares. (Los tres civiles son Luisa Cáceres de Arismendi, esposa de un militar, Manuelita Sáenz, querida de un militar, y Simón Rodríguez, maestro entusiasta de un militar). Es cierto que ese mismo día se celebra en Curiepe la festividad de San Juan Bautista, y que los feligreses se visten mayormente de rojo, por atribuir al santo un gusto particular por ese color. Pero estos festejos no tienen nada que ver con batallas, ni el rojo es usado porque los habitantes de Curiepe militen en el PSUV.

Tres semanas después de la última celebración, le dio a la Guardia Nacional, que sólo obedece órdenes del gobierno de Hugo Chávez, por apersonarse en Curiepe con un centenar de efectivos y la misión de tomar la sede de una subcomisaría de la Policía del Estado Miranda en dicha población. ¿El pretexto? ¿La coartada de este nuevo desafuero? Pues que la Alcaldesa del Municipio Brión, del que Curiepe es parroquia, habría determinado que el modesto cuartel está ubicado en un terreno de propiedad municipal. (Si esto hubiera sido verdad, que no lo es ¿no hubiera podido conversarse civilizadamente el asunto con la Gobernación del Estado Miranda y hasta ofrecer, en espíritu cooperativo a favor de la población, una cesión en comodato que facilitara la protección civil?)

De nada valió que Adriana D’Elía, Secretaria de la Gobernación, se acercara al lugar de la toma militar para mostrar el documento de propiedad del terreno. El capitán de la Guardia Nacional a cargo de la impostergable operación indicó que seguía órdenes, y que la funcionaria regional tendría que ir a presentar su queja a la alcaldía mencionada. De inmediato, además, aquélla debió huir de bombas lacrimógenas lanzadas por los heroicos guardias.

Ah, pero los habitantes de Curiepe se molestaron mucho con el abuso. La gente sonó sus famosos tambores dentro de las casas, primero, y luego fue a la calle a protestar y a levantar una barricada que cerró el acceso al poblado. Quemó cauchos, y repelió la visita de cinco extras oficialistas que intentaron penetrar premunidos de armamento más que suficiente.

Todavía están en pie de guerra contra el abuso los habitantes de Curiepe. Que aprenda la lección el gobierno nacional; no vaya a ser que a Venezuela entera se le ocurra seguir el ejemplo que Curiepe dio.

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