por Luis Enrique Alcalá | Abr 15, 2010 | Argumentos, Política |
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No puede ponerse en duda la trascendencia del día 26 de septiembre de este año. En esa fecha, los electores venezolanos elegiremos una nueva Asamblea Nacional. Ese día, habrá elecciones, a pesar de la testaruda paranoia de la contraguerrilla comunicacional opositora, que hace todo género de predicciones apocalípticas sobre la supuesta intención de Chávez de suspenderlas—por un método que nunca se explica—si llegare a creer que sus candidatos no podrán conformar la mayoría que necesita su revolución. Tonterías. Las elecciones van.
Todos sabemos cómo el gobierno ha aumentado su control de los restantes poderes del Estado, especialmente de la Asamblea Nacional. A pesar de la más reciente deserción de Patria Para Todos—ya en 2007 un fragmento de Podemos se había salido del redil—, el Partido Socialista Unido de Venezuela mantiene una mayoría holgada que le permite aprobar cuanta pieza de legislación interese al Ejecutivo. Es, precisamente, la posibilidad fundada de arrebatar este control del Legislativo por parte de Hugo Chávez, lo que hace a las elecciones del 26 de septiembre un evento tan crucial. Una Asamblea fuera de las manos del oficialismo cambiaría radicalmente la escena política: se detendría la invasión legislativa socializante y se haría posible el control sobre un gobierno que no rinde cuentas desde los días del Plan Bolívar 2000. Chávez no podría seguir viajando como lo hace.

Eritema legislativo
El número mágico, en una Asamblea de 167 diputados, es la mayoría simple de 84 representantes; puesto en negativo, arrebatar el control del Poder Legislativo a Chávez equivale a limitar las curules que obtengan el PSUV y el Partido Comunista de Venezuela (el único aliado que le queda) a 83. ¿Cuán probable es este resultado?
Aunque se trata de múltiples elecciones desagregadas, en las que factores de diversa índole determinarán sus resultados, el reciente y creciente deterioro del apoyo de la población al gobierno permite estimar que un voto-castigo pudiera significarle al gobierno la derrota, dependiendo del comportamiento de los votantes no alineados con gobierno u oposición. El Instituto Venezolano de Análisis de Datos ya medía la importancia de este último segmento en su estudio de la opinión pública del mes de febrero, en el que la intención de voto por los candidatos oficialistas era ligeramente inferior a la correspondiente a candidatos independientes y los de la oposición formal (Mesa de la Unidad Democrática), aunque un porcentaje muy significativo (14%) de gente indecisa impide cualquier pronóstico:

Un reparto equitativo
Esa distribución relativamente plana—no hay un segmento claramente dominante—corresponde a la distribución de las simpatías entre los polos oficialista y opositor, hoy en día prácticamente equivalentes. La encuesta de marzo de Alfredo Keller y asociados muestra el mismo aplanamiento de la autodefinición política, aunque pareciera continuar siendo el sector independiente, por su mayor tamaño, la clave de todo el asunto. Por ahora, pareciera que esta distribución hubiera sido ordenada por alguien que hubiera dicho: repártase equitativamente:

Lo que Keller mide
El fenómeno de aplanamiento se debe al crecimiento de la polarización a medida que se conoce la concreción de las candidaturas y se acerca la fecha de la votación. Ambos factores adelgazan la magnitud de los votantes en posición neutral o no alineada, los conocidos y vilipendiados Ni-ni, que hasta fines de 2009 componían la mitad de los electores. Un cómputo compuesto de las mediciones de tres encuestadoras—Datanálisis, Hinterlaces, IVAD—entre 2004 y 2009 ofrece precisamente esa fotografía:

No alineados al frente
Para fines del año pasado, todavía la autodefinición política favorecía al gobierno, con simpatías que duplicaban las suscitadas por la oposición. Pero esto está cambiando de manera radical y acelerada, al aumentar la erosión de la confianza nacional en el gobierno de Hugo Chávez. Hinterlaces ya registraba en noviembre del año pasado un 57% de entrevistados que estimaba que el país iba mal encaminado. A la vuelta de tres meses esta opinión alcanzaba ya una cota de 65%. Y la misma encuesta de Keller ha venido midiendo este deterioro progresivo, según revela la siguiente infografía de El Universal:

El gobierno en caída
No obstante, las elecciones, como se apuntó, dependen en último término de una conjunción de factores múltiples, entre los que cosas como la capacidad financiera de las campañas respectivas—rubro de ventaja para el gobierno—y la concentración o dispersión de esfuerzos en los numerosos circuitos en disputa destacan como los más importantes. A nuestras manos llegó un análisis desprovisto de identificación, razón por la que es imposible atribuirle crédito de autoría; está centrado en una recomendación estratégica para la oposición: que focalice su mayor dedicación sobre una veintena de circuitos clave (por alguna razón, sus tablas fueron confeccionadas en idioma inglés, lo que genera errores con los acentos):

Un modo teórico de ganar
Todo esto, naturalmente, es de un carácter altamente especulativo, pero en términos generales la cosa no pinta bien para el gobierno, y la percepción de que esto es así alimenta los últimos y sucesivos divorcios de antiguos socios de Chávez (Podemos, PPT, Henri Falcón, Alberto Müller Rojas, ahora el grupo de Luis Fuenmayor Toro: De Frente con Venezuela).
Después del 26 de septiembre, por supuesto, se desatará la contienda principal, cuyo foco es la Presidencia de la República en las elecciones previstas para diciembre de 2012. Una vez más, Chávez se ve disminuido; las dos terceras partes del país (IVAD, Hinterlaces) prefieren que deje de gobernar a partir de esa fecha.
Pero eso dependerá de la emergencia de una figura (o contrafigura) cuyo discurso resuene con la distribución nacional de preferencias políticas. Un registro grandemente revelador y poco conocido es el proporcionado por el encuestador Eugenio Escuela a mediados de 2006, al preguntar por esas preferencias en términos del eje izquierda-derecha. Los resultados reconfirman que Hugo Chávez insiste en remar contracorriente:

Una distribución prácticamente ideal
Venezuela es de centro, y quizás quiera expresarse así el 26 de septiembre. La «piedra natal» de ese mes es el zafiro, y su significado «pensamiento claro». LEA

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por Luis Enrique Alcalá | Abr 12, 2010 | Música, Otros temas |

Posturas españolas (clic para ampliar)
La primera vez que expuse con alguna coherencia la tesis de la elegancia innata del español, Alfredo Fernández Porras—economista, ejecutivo de empresas, profesor universitario, pianista clásico—me había invitado a almorzar. Alfredo es el autor del libro más completo en el mundo sobre la ciencia del juego de dominó—El arte de las 28 piedras—, y en una comparación que adelanté entre este juego latino y el bridge anglosajón se coló la cosa.
Resulta que uno de los mejores teóricos del juego de bridge era el inglés Víctor Mollo, y uno de sus más amenos libros es The Bridge Inmortals. En su introducción, Mollo imaginaba que los dioses del Olimpo, encontrándose infinitamente aburridos, optan por seguir la recomendación de combatir el tedio invitando a su divina morada a los más grandes bridgistas de todos los tiempos. El recurso literario sirve para que el autor seleccione una docena o un poco más de nombres de tal Salón de la Fama, a quienes asigna una breve biografía que incluye algunas de sus mejores partidas. Uno entre ellos se distingue, además de por su fino juego, por una característica que Mollo no pudo atribuir a ningún otro de los elegidos: la gran clase de su noble caballerosidad. Era el bridgista español Rafael Muñoz, de cuya refinada cortesía deja Mollo expresa y reverente constancia.
Los ingleses, que son los proverbiales negociantes de jerez (y del vecino oporto portugués), admiran en los españoles su elegancia, la que muy obviamente se expresa en su música—dije a Alfredo—, que nunca había visto el asunto de este modo. Ellos mismos, por supuesto, herederos de una gran tradición real y nobiliaria, tienen música muy elegante, y esto se manifiesta, por ejemplo, en sus himnos y marchas ceremoniales. Un caso de librito es el grupo de cinco marchas militares que compuso Edward Elgar bajo el nombre de Pompa y circunstancia (op. 39). He aquí el tema solemne de la primera de ellas, la más conocida:
La misma distinción habita de manera natural en la música y en la danza españolas. Uno ve el movimiento de los bailarines de Antonio Gades en la película Carmen, de Carlos Saura, y sabe que está frente a una sobrecogedora elegancia, ante una prestancia salerosa y poderosa, existente, por caso, en la sangre primordial del caballero madrileño, orfebre del requiebro amoroso. En gran medida, el donaire de esta música se transmite justamente por su movimiento, su ritmo propio; en el baile flamenco, por caso, hay un ritmo intrincado de doce tiempos por compás, de difícil cuenta para quienes sólo sabemos marcar el más simple binario de los pasodobles o el ternario de los valses.
Las españolas zarzuelas, como las operetas vienesas, son, por supuesto, un género musical “menor”, pero en aquéllas se manifiesta la misma desenvoltura. El Intermezzo de La leyenda del beso, con música de Reveriano Soutullo, es un digno botón de muestra. Es bueno notar el tempo aristocrático que marcan el timbal y el pizzicato de las cuerdas bajas y, en la recapitulación de su tema principal, el apoyo rítmico y armónico del canto grave de los trombones, que contribuye a realzar la elegancia de la pieza, aquí completa:
Claro, hay música española de más alta factura—De Falla, Albéniz, Turina, Granados, Sanz, Sor, Encina, Soler—y alguna de la más elevada es obra de Joaquín Rodrigo, autor del famosísimo Concierto de Aranjuez. Seguramente expresó, de manera espontánea, una exaltación de la elegancia de su gente en la composición que llamó, apropiadamente, Fantasía para un gentilhombre. Simetrías de la humanidad: el carácter de esta pieza recuerda al de la música de corte inglesa de su período isabelino, su Edad de Oro. Éste es su breve movimiento final:
Las peculiaridades únicas de la música española—de obvias raíces melódicas mediterráneas (arábe y hebrea)—la han hecho imán irresistible para compositores de otros países. Hasta un alemán—Richard Strauss—compuso El Quijote, uno de sus más importantes poemas sinfónicos, y antes su obra de juventud, Don Juan. Los rusos como Tchaikovsky—las danzas españolas en El Lago de los cisnes y Cascanueces—y Rimsky-Korsakoff—Capricho español—compusieron estupenda y genuina música española, y el Preludio en Sol menor (op. 23, #5) de Sergei Rachmaninoff es inconfundiblemente ibérico. Cuando Rimsky ensayaba la Orquesta de San Petersburgo para la première de su Capricho, los músicos le aplaudían calurosamente al cabo de cada una de sus secciones, en reconocimiento a la hermosura y fuerza de sus temas y la excelencia de la orquestación. (Tchaikovsky lo declaró “colosal obra maestra de la instrumentación”). Rimsky, conmovido, solicitó permiso de la orquesta para dedicarle la pieza—no sólo colectivamente—, lo que hizo al publicar la partitura con los nombres impresos de todos y cada uno de los ejecutantes. En el concierto inaugural, el público aplaudió a rabiar y no estuvo contento hasta que se la repitiera por completo al concluir la primera ejecución. Aquí está un mínimo fragmento pianísimo de uno de sus episodios, en el que es evidente la donosura de la música de España (con el ineludible timbal marcando el característico tempo):
Los franceses del siglo XIX y el XX también sucumbieron a la fascinación de la música española: Edouard Laló (Sinfonía española), Claude Debussy (Suite Iberia), Maurice Ravel (Alborada del gracioso, Rapsodia española, Bolero y Pavana para una infanta difunta), Jules Massenet (El Cid) y, por supuesto, Georges Bizet, con la ópera que Tchaikovsky tocaba al piano—no había tocadiscos—para solazarse: su Carmen. Mi abuela materna, Mary Chenel-Calcaño de Corothie, traía por el castellanizado apellido italiano sangre musical en sus venas; era una magnífica pianista (como su tía Graziella Calcaño, que tocó en París valses venezolanos junto con Josefina Sucre—bisabuela de mi esposa—durante la Exposición Internacional de 1889, cuando se inaugurara la Torre Eiffel). A Mamá Mary le escuché de niño muchas veces, en versión para piano, la danza Aragonesa del ballet de la ópera El Cid, de Massenet. Adoraba esa pieza, al punto de que puso a su casa el mismo nombre. Aquí está entera en su gloriosa versión orquestal, con un timbal que esta vez es protagonista, no sólo rítmico sino melódico. De nuevo, fue imposible al compositor francés disimular la elegancia consustancial a la música española, que supo aprender a crear:
De modo que un sentido instintivo de la elegancia reúne a ingleses y españoles, a pesar del divorcio de Enrique VIII de Inglaterra y Catalina de Aragón. (Sostengo que la más opulenta ejecución del Concierto de Aranjuez es la que grabara el guitarrista inglés John Williams, con Eugene Ormandy haciendo que la Orquesta de Filadelfia le acompañara. Abajo está su versión del famosísimo Adagio). Es aquel sentido un nexo augural benéfico para una aventura conjunta emprendida recientemente: el acuerdo de fusión corporativa de Iberia y British Airways, las dos grandes líneas aéreas. No podrá viajarse por los cielos con mayor elegancia.

Quod erat demostrandum. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Abr 11, 2010 | Argumentos, Económica, Política, Terceros |

Las manos de Rosling dan forma a ideas para el 2020
El 24 de enero de este año trajimos al blog el ameno poder didáctico de Hans Rosling (Estadísticas motorizadas. Una entrada previa—LEA #331, 14 de mayo de 2009—ya daba cuenta de su extraordinario trabajo desde la Fundación Gapminder. Su nivel de comprensión de los grandes procesos sociales, con el despliegue visual en animación de su dinámica, es algo que no puede conseguirse de ninguna otra manera.
De nuevo, he aquí una de sus mejores presentaciones en TED (Technology, Entertainment, Design), que es un reservorio de extraordinarias disertaciones cortas (no más de veinte minutos cada una) sobre variados temas de actualidad (Ideas worth spreading) por los más acreditados expositores.
Recientemente, Ericsson, la firma de telefonía sueca—la nacionalidad de Rosling—decidió producir una serie de videos futuristas, cuyo cierre fue confiado al profesor del Karolinska Institutet de Estocolmo en vista de su extraordinaria capacidad pedagógica. Por ahora sólo puede verse las piezas, incluida la de Rosling—2020 – Shaping Ideas, la #20—, en idioma inglés. La #8, por cierto, fue requerida a una venezolana, la muy autorizada socióloga del cambio tecno-económico Carlota Pérez, catedrática de Tecnología y Desarrollo Socio-económico en la Universidad Tecnológica de Tallin, Estonia, y Honorary Research Fellow de Política Científica y Tecnológica de la Universidad de Sussex, Inglatera, quien visitara recientemente al país.
Rosling tiene la marca de los mejores profesores: un estupendo sentido del humor. La audiencia corresponde cálidamente a sus jocosos apuntes y seguramente recuerda por ellos su lección con más facilidad. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Abr 9, 2010 | General, Política |

The March of Folly: edición castellana
Barbara Wertheim Tuchman escribió, y le fue publicado por primera vez en 1984 (Alfred A. Knopf, Inc.), un libro de más de 440 páginas para justificar un epílogo o, más bien, para dar basamento a una sola y sencilla conjetura en la penúltima página de ese epílogo: “El problema puede ser no tanto un asunto de educar a los funcionarios para el gobierno como de educar al electorado, para que reconozca y premie la integridad de carácter y rechace lo postizo”.
El libro es, por supuesto, La marcha de la locura (Fondo de Cultura Económica, México, 1989): The March of Folly: From Troy to Vietnam. En la introducción, Tuchman define la locura o insensatez política: se la observa en presencia de un gobernante que, a pesar de disponer de opciones y también consejos oportunos para disuadirlo, insiste en seguir un curso de acción desastroso. Allí mismo introduce dos ejemplos clarísimos: la dispersión de las tribus de Israel y la entrega que Moctezuma hizo de Tenochtitlán a Hernán Cortés.
Luego, Tuchman despliega cuatro grandes lienzos históricos, cada vez más documentados: el episodio del Caballo de Troya, cuya entrada a la ciudad fue permitida en contra de las advertencias de Casandra y Laoconte (Timeo Danaos et dona ferentes); la actitud arrogante de los papas del Renacimiento que llevó a una reforma luterana perfectamente evitable; la necia terquedad de Jorge III de Inglaterra, causante de la Independencia de los Estados Unidos; la intromisión de esta última nación en Vietnam.
Al mostrar por este método histórico que la insensatez política, lejos de ser una excepción, es la regla, inquiere por una posible solución, pues ella afecta a grandes contingentes humanos. Entonces apunta la receta de Platón: tómese una selección de hombres y edúqueseles para ser los mejores, quienes deben gobernar. La historiadora rebusca en la historia para comprobar que ese récipe no ofrece garantías. Por ejemplo, el caso del cuerpo de élite de los jenízaros, en Turquía: depusieron y decapitaron al sultán, violaron a la sultana, dilapidaron el tesoro del Imperio Otomano… Es sólo después de ese examen ulterior cuando Bárbara Tuchman asoma su hipótesis.
El “principio Tuchman” encuentra eco en otros autores. Neil Postman y Charles Weingartner expusieron, en La enseñanza como actividad subversiva (Teaching as a Subversive Activity, 1969), que era probablemente el objetivo primordial de la educación dotar a los educandos con un “detector de porquerías” (crap detector).
Se trata de un principio profundamente democrático, que hace residir la clave del buen gobierno, no en los gobernantes, sino en los gobernados. LEA
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Archivo de audio del texto narrado:
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por Luis Enrique Alcalá | Abr 8, 2010 | Argumentos, Política, Terceros |

Sontag: el rostro de la conciencia noble
El diario argentino La Nación llevó una concisa nota en su sección Enfoques el domingo 4 de este mes, cuyo conocimiento debo y agradezco a Luisa Barroso. Se la reproduce a continuación.
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Susan Sontag contra Gabo
La voz independiente de Susan Sontag fue de las primeras en censurar el viraje hacia el autoritarismo de la revolución cubana. La autora de Contra la interpretación, fallecida en 2004, luchó desde la izquierda contra todos los totalitarismos. Poco después del fusilamiento de los tres cubanos que habían secuestrado una embarcación de pasajeros para llegar a EE.UU., Sontag asistió a la Feria del Libro de Bogotá, en abril de 2003. Fue allí donde la norteamericana exigió públicamente que Gabriel García Márquez explicara su adhesión al régimen cubano. Gabo le contestó por medio de una declaración en el diario El Tiempo : «Estoy en contra de la pena de muerte en cualquier lugar, motivo o circunstancia», se excusó. Y agregó: «Yo mismo no podría calcular la cantidad de presos, de disidentes y de conspiradores que he ayudado en absoluto silencio a salir de la cárcel o a emigrar de Cuba en no menos de veinte años». Unos meses más tarde, Sontag declararía al diario El País que la respuesta de Gabo le había parecido «lamentable»: «¿Es ése un régimen que merezca ser defendido? ¿Un régimen en el que tienes que ayudar a que la gente escape?». La admiración confesa de Sontag hacia García Márquez no le impidió reprocharle su silencio ante los atropellos del régimen: «No puede seguir siendo amigo de Castro y a la vez calificarse a sí mismo de periodista». A la gran ensayista norteamericana le irritaba que algunos sectores de la izquierda se abstuvieran de criticar al régimen cubano bajo el pretexto de no darle munición a Washington. «Me opongo a que se utilice la crítica al imperialismo americano, muy justificada, para defender una dictadura horrenda», solía decir.
La Nación
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Todavía cómplices
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